Hola! Jojo, un muy buen capítulo

Lo aclaro nuevamente, por si no quedo claro: yo no escribí esto, solamente lo público, y si, sin autorización, no esta del todo legal lo que estoy haciendo pero no estoy diciendo que es mío no? Creo que no estoy haciendo nada malo, si me puedo comunicar con la autora le voy a avisar y le voy a decir que se quede con la cuenta esta o algo así… o lo saco y lo publica ella, como ella quiera, solamente quería que esto este en la colección de maravillosos fan fics que tiene esta página.

Un saludo

Capítulo 16. ¿Sorpresa?

Sintió que le faltaba el aire. Sus manos temblaban, y de pronto se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Pero no le daría el gusto de que la viera llorar. Sin saber como fue capaz de incorporarse, y George, que se sentaba a su lado, se levantó cuando la vió titubear. El silencio se le había establecido en la sala. Todos sabían lo que había pasado, por eso nadie se sintió con fuerzas para decir nada.

Él la estaba mirando con sus impasibles ojos grises. No decía nada. Solo la observaba. Había siente años de cambios para observar. Eso era mucho tiempo. Y muchas cicatrices. Parecía mayor. Era lógico. Tras la batalla final, cuando por exterminaron a Voldemort, Malfoy había perdido el traslado a los Cárpatos. Le habían pedido que no lo hiciera, era un buen auror, uno de los mejores. Ella sabía porque se había ido.

Tenía arrugas en la comisura de los ojos. Y llevaba el cabello largo, demasiado largo, casi hasta la cintura. Brillaba plateado a la luz de las velas. ¿Por qué se estaba fijando en eso?

- Hola Hermione.- su voz la hizo temblar. Traía recuerdos que ella prefería olvidar.

Ella no dijo nada. Estaba paralizada. Sin saber que hacer, se volvió hacia Harry. Él tuvo la decencia de parecer avergonzado. La pequeña Ginny vino en su ayuda.

- Draco, bienvenido a nuestra casa. ¿Quieres sentarte?- un servicio de mesa apareció junto a ella, en la cabecera vacía. – Enseguida volvemos. ¿Me acompañas Hermione? Traeremos… algo… de la cocina.

- Ella no se movió hasta que sintió la mano de Ginny sobre su brazo. No habían dejado de mirarse en ningún momento. Esperaba que su rostro hubiera estado tan impasible como el de él.

Casi como una autómata, de dejo llevar hasta la cocina. Ginny se atareó sacando un tarro de un estante sin dejar de hablar, mientras ella se limitaba a estar de pie ante la mesa de cocina, con la vista perdida.

- De verdad que no se que tiene Harry en la cabeza. ¿Cómo no nos avisó? Te juro que le voy a matar. No puedo imaginar en que estaba pensando. Lo siento, Hermione.- se acercó a ella con un bote y una cuchara- Toma esto.

- No quiero nada.

- Me da igual. Tómalo. Te ayudará a tranquilizarte. ¿No te fías de mi?- Ella sonrió. Ginny era la nueva profesora de pociones en Hogwarts, así que no había nada que temer.

- Voy a subir a mi dormitorio.

- Te acompaño.- Salieron por la otra puerta de la cocina. Ella se negó a mirar hacia el comedor, no quería verle más. Se apresuró. Tenía que recoger todas sus cosas para poder salir de allí. All llegar, Ginny trató de empujarla hacia la cama.- No, no. Tengo prisa. Debo marcharme de inmediato.

- Tú no te vas a ningún lado. Lo que te he dado te hará dormir hasta mañana.

- ¿Qué? ¿Esto es una conspiración?

- No pienses eso ni por un momento, 'Mione. Yo no sabía que Harry pretendía traer a Draco. Te lo hubiera dicho. Sabes que soy la única que conoce vuestra relación del colegio, y que jamás te traicionaría. Entiendo claramente como te sientes.- Hermione se dejó caer en la cama, totalmente agotada. De repente, sentía que tenerse en pie era demasiado complicado, requería demasiado esfuerzo.

- Todos piensan que lo odio porque su padre mató a mis padres, Ginny, solo tu me entiendes. Si Lucius Malfoy asesinó a mis padres fue por mi culpa.

- ¡No digas eso!- su amiga se acercó y se sentó junto a ella.

- Pero es cierto. Cuando Lucius se enteró de que habíamos estado juntos montó en cólera. Al no poder hacer nada en nuestra contra ya que Dumbledore nos protegía, se cebo en mis padres. Todo para castigar el hecho de que su hijo había osado enredarse con una Sangre Sucia. Pero no castigó a mis padres. ¡Me condenó a vivir esta culpa por el resto de mi vida! ¿Por qué tuve que ser tan estúpida? Nunca debí andar con él.- las lágrimas caían por el rostro de Hermione. Ginny la tendió sobre la cama y se limitó a acariciar su espalda hasta que la poción para dormir sin sueños hizo efecto.

Ella entendía a la perfección el sufrimiento de su amiga. Harry le debía más de una explicación. Bajaba la escalera cuando oyó voces que venían del comedor.

- No. No te vas a ninguna parte.- Era la voz de Ron.

- Lo que no voy a hacer es quedarme aquí ahora que se que nadie sabía de mi llegada- Draco sonaba calmado, pero la tensión se adivinaba en sus palabras.

- Sabían que venías.- se disculpó Harry.- Lo que no sabían es que era tú.

- Muy agudo, Potter. Muy agudo. Pero no voy a quedarme.

- ¡HE DICHO QUE NO VAS A NINGUNA PARTE!- el grito de Ron los hizo enmudecer a todos.- Esto ha durado demasiado. Hermione a estado atesorando su dolor mucho tiempo, y nosotros hemos respetado esa pena. Pero no fue tu culpa que tu padre matara a sus padres, y ella tendrá que entenderlo así. Te mereces escapar de todo esto, y ella merece liberarse también. Por eso te pedimos que vinieras. Ahora no puedes echarte atrás.

- No hables de lo que no sabes.- Ahora la voz de Malfoy sonaba algo irritada.

- Quiero mucho a Hermione, ella es una buena hermana para mí. Y he podido trabajar contigo en los últimos años, y aunque no te soportaba, he aprendido a respetarte. Ambos os torturáis por algo que escapaba de vuestro control. La maldad de tu padre no tiene nada que ver contigo.

- Es cierto, hijo.- Arthur hizo un ademán hacia Draco.- ya es tiempo de que dejes de atormentarte. Comparte ese momento con nosotros. Es hora de comenzar de nuevo.

- Eres bienvenido, Draco- Molly le miró a los ojos.- quédate con nosotros.

Ginny entró entonces a la habitación desde el umbral.

- La he hecho dormir. Tal vez mañana amanezca algo enfadada, pero teniendo a Ron aquí, lo mas probable es que vuelvan a pelear entre ellos.- Mientras todos sonreían ante la broma, Ginny miró a su marido: "te vas a enterar".

Tenía que haber imaginado que no le esperaban. ¿Cómo pudo pensar que Hermione sabría de su llegada y estaría allí? Ella jamás le perdonaría. No podía culparla. Tampoco él se perdonaba.

Miró de nuevo su habitación. Era perfecta. Toda la casa era perfecta. No era la magnifica mansión en la que se había criado, pero era un hogar, algo que nunca tuvo la familia Malfoy. Potter había tenido suerte. Una esposa maravillosa, un hijo adorable, una familia política que lo trataba como a un hijo mas. Tenía amor. Amor a raudales. Lo envidiaba. Como en los viejos tiempos, pero era envidia sana. Nada de malos sentimientos.

Podía recordar con claridad los únicos momentos totalmente felices que él había tenido, y sabía que coincidieron con la presencia de Hermione en su vida. Sin embargo, le habían obligado a dejarla, y el nunca volvió a ser el mismo. Ya en sexto curso había decidido que no secundaría s u padre en sus planes con Voldemort, pero no fue hasta que pudo conocer mejor a Hermione que tomó partido en la lucha. Lo días en que habían estado juntos, los primeros meses de séptimo curso, habían sido increíbles. Se sentía tan feliz que daba asco. Claro que tuvo que terminar cuando aquella miserable Pansy se enteró y comenzó a chantajearlo. A pesar de que libraron juntos la batalla final, nunca se atrevió a decirle que aún la amaba, que nunca dejó de amarla. Ella había empezado una relación con Ron, y su orgullo le impidió hablar. Luego… luego fue demasiado tarde. Lucius supo que Pansy que Draco les había traicionado, y en gesto de rabia asesinó a la madre de Draco. No quedó satisfecho con eso. Buscó a los padres de Hermione y acabó con ellos también, para castigarlos por haberse atrevido a estar juntos. Aunque la razón de la muerte de los señores Granger no era de dominio publico, por lo que el sabía. La atribuían a mera maldad por parte de Lucius.

Así que Lucius había ganado al final les había condenado a vivir separados, porque él entendía que Hermione jamás llegase a perdonarle, pero no podía evitar seguir enamorado de ella. Durante todos aquellos años había deseado ponerse en contacto con Hermione, intentar al menos hablar con ella para pedirle disculpas, por muy estúpido que fuera eso. Pero ella no se mezclaba con el mundo mágico. Una vez que salía del ministerio no había forma de dar con ella. Y si dejaba tan claro que no quería ser molestada, él no le impondría su presencia. Bastante la había hecho sufrir ya.

Se tumbó sobre la cama. ¿Había hecho bien en ir hasta allí? Supuso que había valido la pena, porque ella estaba más hermosa de lo que la recordaba. Había pasado de ser una chica guapa a una mujer espectacular. Con el semblante algo triste, cierto, pero maravillosa igualmente. Una vez, tres años atrás, poco antes de que la eligieran Ministro de Magia, la había visto atravesar el recibido central del ministerio con unos papeles en la mano. Le dolió tanto el pecho al observarla que tuvo que sentarse.

Se sonrió ¡Tonto enamorado! Tenía que intentar seguir adelante, pero cada vez que cerraba los ojos por las noches pensaba en ella. Su recuerdo era lo único que le había mantenido vivo en la larga búsqueda de mortífagos en los Balcanes. Su sonrisa. ¿Cuándo había dejado Hermione de sonreír?

La despertó el sol bien alto que se colaba por la ventana. ¿Había dormido toda la noche sin despertar por las pesadillas? Ya no recordaba la última vez que le había sucedido eso. Se desperezó. Se sentía muy relajada y feliz. Estirada la cama, observando el movimiento de las cortinas por la brisa suave que entraba por la ventana. Luego, de golpe, todo lo sucedido la golpeó como una ola, y se sintió mal de nuevo.

¿Cómo había podido olvidar que él estaba allí? Debía irse y pronto. Tomaría sus cosas, las metería en su bolsa y saldría de allí lo más rápido posible. No quería volver a verle. Y ya puestos, tampoco perdonaría jamás a Harry. Se levantó, se cambió y salió al pasillo con su bolsa lentamente. No quería encontrarse con nadie. No tenía ganas de dar explicaciones.

Había gente en la cocina. Podía oír sus voces, pero el salón estaba desierto, por suerte. Se acercó a la chimenea y tomó de la encimera un puñado de polvos flú. Trató de no hacer ruido cuando los lanzó hacia las cenizas e indicó su destino.

- A mi despacho en el ministerio.- dio un paso adelante y cerró los ojos.

Pero cuando los abrió aún estaba en el hueco de la chimenea, con los zapatos llenos de ceniza. Que estaba pasando allí? ¿Por qué no funcionaba? Se mantuvo quieta unos segundos, tan estupefacta que no acertaba a moverse.

- Me han dicho que está temporalmente desconectada de la red de polvos flú.- se giró para ver a Draco apoyado en la puerta. Parece ser que tus amigos piensan que es conveniente que nos quedemos aquí.