Y, si… ahora todo esta un poco mejor… ya faltan pocos capítulos… creo que 4 mas… que triste! Jeje. Bueno, gracias por los reviews.
Que lo disfruten!
Capítulo 20. Reconocimiento
Él sabía que no debió resultarle fácil, que lo había hecho forzada, pero aún así no pudo evitar sentir un escalofrío de alegría cuando ella le pidió que no se fuera. Al diablo las razones que ella tuviera para hacerlo. Y al diablo que tuviera que agradecérselo de por vida a ese maldito Weasley. Iba a quedarse allí, con ella. Por lo menos hasta el domingo. Y disfrutaría porque vez fuera su última oportunidad de estar con Hermione.
Habían almorzado magníficamente, y después se habían retirado al salón a tomar una copa. Ahora no quedaban en el salón más que Ron, Harry y él. Al menos conscientes. En el gran sillón blanco de tres plazas, con James abandonado entre sus brazos, Hermione dormía la siesta james no había querido irse a dormir porque dijo que estaba seguro de que Draco se iría si no le vigilaba, y se había quedado con ellos en la sobremesa dando cabezadas sobre unas figuras de ajedrez mágico que retrocedían angustiadas antes en toque de sus manos regordetas. Cuando ya no pudo más, se subió a los brazos de Hermione y se durmió entre ellos. Al final, ella se había recostado cayendo dormida al momento, protegiendo el cuerpecito cálido con su propio calor. Nunca había visto nada tan bonito. Llevaba sin dejar de mirarles un largo rato ya.
- Está preciosa, ¿Verdad?- Ron reía entre dientes. Draco enrojeció.
- Si, lo está. – no debía sentir vergüenza. Estaba preciosa, independientemente de lo que sintiera por ella.
- Es bueno verla relajada. – Comentó Harry- me preocupa que trabaje tanto. Nunca tiene tiempo para disfrutar.
- Eso es porque se niega a vivir. Ha perdido demasiado tiempo. – Ron se calló. Hablaban bajo, no querían despertarles. Ginny asomó la cabeza por la puerta del salón para ver que hacían, sonrió a su esposo y volvió al laboratorio a probar unas pociones.
- Es curioso que estemos aquí sentados después de tantos años odiándonos.- Comentó Harry al desgaire.
- ¿Quién a dicho que ya no nos odiamos? – Repuso Draco
- Oh, bueno. A mi ya no me caes mal, Malfoy.- Rió Ron
- Yo, en cambio, te encuentro igual de irritante.
- ¡Desagradecido! – Contestó Ron de buen humor – Si no fuera por mi estarías reconcomiéndote en la central de aurores.
- No se de que hablas – Mintió Draco
- Habla de esa pequeña escena antes de comer, Malfoy.
- ¿Se supone que tendría que estarte agradecido?
- No estaría mal, la verdad. – Se reían socarronamente, tratando de incomodarlo. Pero no esperaban su respuesta.
- Lo estoy. Gracias, Ron. Así puedo pasar algo más de tiempo con ella.
Enmudecieron. Ron tragó aire, nervioso.
- ¿Te… te gusta Hermione?- No parecía creerlo. Seguro pensaba que si interés por ella era exclusivamente que Hermione perdonara lo de sus padres – No… no es tu tipo.
- Humm – se limitó a decir Harry, incómodo.
- ¿Cuál es mi tipo? – Preguntó, divertido - ¿Más estúpidas? ¿Más antipáticas?
- No sé… ¿Tal vez sangre limpia? – Ron parecía enfadado.
- No parece que eso tenga demasiada importancia ¿no crees?
- Solía parecerte importante en la época de la escuela. De hecho amargaste su existencia durante siete años.
- Todo ha cambiado desde entonces.
- Me pregunto si tú has cambiado lo suficiente.
- ¿Ron! – se quejó Harry. El pelirrojo se limitó a fulminar a Malfoy con la mirada.
- Pareces enfadado por algo, Weasley. Será mejor que lo sueltes ya.
- Ya estamos mayorcitos, esto ya no es el colegio. Supondré que sabes lo que haces. Pero no te olvides nunca de que ella es una hermana para nosotros, y no te dejaremos que le… - Draco le interrumpió, alzando una mano.
- La quiero, ¿de acuerdo, Ron? La amo. Llevo amándola más tiempo del que imaginas. Nunca querría hacerle daño- ellos lo miraron atónitos. Bueno, él también estaba sorprendido de ser capaz de reconocer antes ellos que estaba enamorado. Claro que eso no servía para nada, por lo que no tenía tanto mérito. Ella no le dejaría acercarse lo suficiente. – Pero no importa, porque es imposible que estemos juntos. No después de lo que ha pasado.
Aunque le hubiera gustado que le contradijera, ninguno habló. Sabían que lo que él decía era verdad. Hermione era franca, fuerte, inteligente… demasiado estricta. Nunca cruzaba la línea entre lo correcto y lo incorrecto a menos que fuera completamente necesario… Y sabían que no lo haría jamás. Ya no. Era demasiado tarde.
Tomó un sorbo de su copa. El coñac tenía el mismo color que el pelo de Hermione. Un suave caramelo tostado con brillos rojizos… Hermione y su presencia invadían su sistema tan insidiosamente como la hacía el licor. Incluso a esa distancia percibía el aroma cálido de su piel dormida, el ruido suave de su respiración. Llevaba un buen rato deseando atreverse a estirar su mano y retirar una hebra de rizado cobre de la mejilla de ella. Pero no se atrevía. Era un cobarde.
En realidad no sabía para qué se había quedado. ¿De qué servía torturarse? Ella no lo amaba, y él era un iluso si se quedaba allí esperando lo imposible. Su primer impulso de marcharse había sido lo correcto, y no tenía que haber cedido cuando ella le habló. Cuanto antes empezara a olvidarla, antes podría seguir adelante.
Pero se quedó quieto, mirándola. Sabiendo que lo que su cabeza le dictaba era lo lógico, lo razonable, lo mejor. Pero simplemente, su corazón le impedía marcharse. Y se quedaría allí porque no quería estar en ningún lugar en el que ella no estuviera. Ya tendría que hacerse la idea cuando se fuera al día siguiente. Pero el destino le había dado un plazo de un día mas, y no lo desperdiciaría en la central, emborrachándose como un estúpido si podía estar con ella, aunque fuese sin tocarla, solo para atesorar cada instante juntos y revivirlo una y otra vez cuando ya no la viera. Bebió otro trago y se forzó a desviar la vista de Hermione con James dormido entre sus brazos a la vista de la ventana. Demasiada ternura puede llegar a herirte.
Harry sabía que entre Hermione y Draco había algo más que solo ellos sabían. Demasiada tensión. Amaba a Hermione, siempre la había querido como una hermana. Y deseaba para ella la clase de amor que él compartía con Ginny, porque ella merecía que alguien se encargase de hacerla vivir. Hermione tenía una tendencia demasiado grande de dejarse llevar por las responsabilidades. Y necesitaba que la forzasen a detenerse y disfrutar. Tal vez Draco fuera la persona correcta. Tal vez, él pudiera llegar a ese núcleo que Hermione guardaba tan celosamente. Tal vez le tocara el corazón.
Desde luego no sería fácil, y el hecho de que habían sido enemigos durante mucho tiempo no era el problema principal. El padre de Draco y su salvaje actuación eran un obstáculo demasiado fuerte de salvar. Pero suponía que si Draco la amaba tendría que buscar la manera.
- Te doy mi bendición.- Ron y Draco lo miraron sin comprender. Carraspeó y volvió a intentarlo.- Te doy mi bendición. Con ella- indicó con un gesto de su cabeza a la figura dormida.- Si lo logras solo quiero que me prometas que intentarás hacerla feliz. Pata mi es suficiente.- Malfoy lo miró con una expresión extraña en los ojos. Se limitó a sentir con un gesto seco. Volvió a mirar por la ventana. Harry trató de llamar la atención de Ron. Éste miraba a Malfoy con un gesto extraño. Movió la cabeza. Ron lo miró con fastidio. Negó suavemente.
Harry se movió con mas fuerza y le lanzó una mirada admonitoria. Ron suspiró ruidosamente.
- Está bien, está bien- murmuró, contrito. Draco se giró a mirarlo tratando de borrar la leve sonrisa de su cara bebiendo un sorbo.- también tienes la mía. Pero no te creas que te será fácil. Tiene un carácter de mil demonios.
- Ya lo sé. Debo estar loco, porque me gusta hasta eso.
Las suaves carcajadas despertaron a Hermione. Abrió los ojos, procurando no moverse demasiado y no molestar a James. Suspiró. Allí estaban sentados, riendo de un chiste privado. Se sentía agradablemente descansada. Tenía que aprovechar las escasas ocasiones en las que podía dormir de un tirón.
- ¡Hola! – giró la cabeza hacia un Harry sonriente.
- Hola- contestó en susurros. - ¿De qué se reían?
- De ti, 'Mione. Roncas.- Ron la miró y ella le sacó la lengua. Malfoy rió.
- Eso no es verdad, nunca he roncado.
- Siempre duermes sola. ¿Cómo sabes si roncas o no? No puede oírte.- Repuso Ron con lógica.
- Eres imbécil.- sintió que James se movía abría sus ojitos verdes. La miró levemente despistado, con las mejillas sonrosadas por la siesta. Ella le apartó un húmedo flequillo rojizo de la frente. Hola, mi amor. ¿A qué el tío Ron es imbécil?
Pasaron la tarde fuera, aprovechando el buen tiempo. Draco nunca había pasado una tarde en familia como aquella. Ginny entraba y salía de la casa, debatiéndose entre la obligación (probar pociones para su clase) o el placer (jugar al Quidditch con su familia). Los gemelos, Ron, Harry y él jugaban mientras James daba grititos sentado junto a Hermione. La tarde pasó en un suspiro. Jamás se había divertido así. Y supo que eso era algo que siempre había querido, esa sensación tranquila aceptación, tener un núcleo de personas con las que sentirse totalmente tranquilo.
