Bueno esto es un UA, ademas de ser una adaptacion del libro de Miranda Lee, por lo cual los personajes de Rurouni Kenshin no me perteneces.. snif... Algo que se me habia olvidado a decir es que este fics va a contener escenas con Lemon asi que las señalare debidamente cuando empiezan y terminan para que los que no les gusta se salten esa parte...

Gracias a todos las personas que han escrito review (ya no dejan responder a estos asi ke gomen por no poder responderles). Gracias a Carolina, Kao, Michael 888, Gabyhyatt, Laidy Kaoru, Mai, Naoko L-K, Galatea Dreams y Alexandra Shinomori...

Simbologia:

negrita y (): mis comentarios.

cursiva: dialogos de los personajes.

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Bueno aki les va el segundo capitulo... Espero que lo disfruten y me escriban artos comentarios

Chantaje al Novio.

CAPITULO 2.

Kaoru se despertó a media tarde y se quedo un rato en la cama, despierta, mirando el techo y pensando... Estaba en casa.

Se repitió esas palabras, pero no conseguía conjurar con ellas ninguno de los sentimientos de paz y calor que normalmente llevan asociadas esas palabras. En la mansión en la cual se encontraba, Kaoru nunca se había sentido querida ni aceptada. De esa casa no tenia más que recuerdos de fracasos, de vacío y desamor y, siempre, la inseguridad sobre si misma y sobre sus propios deseos y aspiraciones. No recordaba haber sido feliz allí más que una sola vez: el año en que Kenshin Himura fue a vivir allí.

Si había un recuerdo que atesoraba, era el de la primera vez que lo vio. Acababa de empezar el ultimo año de preparatoria y volvía a casa del internado para pasar las vacaciones de Navidad. Iba sola en el tren, triste porque su padre no iría a recogerla a la estación.

- No tienes más que tomar un taxi Kaoru.- es lo que le había dicho la víspera, por teléfono.- Se llega en un momento. Tengo una reunión importantisima y no puedo dejarla por una tontería semejante.

Tontería, eso es lo que ella representaba para él. Una pequeña molestia o un latazo tremendo. Pero quererla, nunca la había querido, ni le había dedicado tiempo jamás. Así que, al bajarse del tren en la estación central, sin esperar a nadie, se había llevado un no pequeño susto al ser abordada por un joven impresionantemente guapo que se presento como Kenshin Himura, el nuevo secretario de su padre.

- Como tu padre dijo que llegabas en tren.- le explico, sin quitarle aquellos ojasos violetas/dorados de los suyos.- me pareció una pena que tuvieras que ir sola hasta tu casa, así que le he dicho que vendría encantado a recogerte. Vamos.- y la tomo gentilmente del codo.

Kaoru estaba cautivada. Cuando el coche entraba en el jardín de la mansión, su corazón rendía al conductor un culto que excluía a cuantos ídolos masculinos había ido recogiendo en su adolescencia sedienta de amor. No había cantante ni actor que se pudiera comparar a Kenshin Himura.

Al final de las dos semanas de vacaciones, tenia forjados miles de sueños y proyectos románticos con él como protagonista. Nunca había llorado así por volver al colegio. Durante el segundo trimestre se pasó las horas muertas fantaseando con su guapo pelirrojo, y termino creyéndose sus propias fantasías. Cada simple sonrisa de él le hubiera dedicado se convirtió en prueba irrefutable de que también él estaba secretamente enamorado de ella.

Naturalmente, sus notas bajaron, y sus profesores se quejaron de su falta de concentración. Pero ella era feliz, con la mente totalmente ocupada por su amor. Cuando con las siguientes vacaciones volvió a casa, fue como si su sueño se hiciera realidad. Tal y como ella lo observaba, todo, las cosas que Kenshin se abstenía de decir, las miradas tórridas que le dedicaba cuando creía que nadie lo veía, los segundos de más que la retuvo entre sus brazos un día que chocaron en las escaleras, la hora que dedico una tarde a ayudarla a localizar un libro en la biblioteca, eran signos inconfundibles. Kaoru estaba segura que de que lo único que él estaba esperando era que ella terminara la preparatoria, para declararse. En cuanto aprobara el examen de entrada a la universidad y cumpliera 18 años, la consideraría una mujer y la trataría como tal.

Estaba tan convencida de que iban a casarse muy pronto y de que tendrían media docena de niños., todos preciosos, todos con los ojos violetas de su padre y cabello rojo. Seria una familia grande y, sobre todo, una familia en la que padres e hijos se adorarían entre si, y serian todos muy felices. Pensaba dar a sus niños todo el amor que no había recibido de su propia familia.

Seguía igual de obsesionada que en el colegio, pero, al verlo a diario, sus fantasías, que habían sido eminentemente sentimentales fueron tomando un cariz más físico. Un buen día desde la ventana de su habitación, lo vio nadar en la piscina, haciendo un largo tras otro, y luego salir y secarse, vestido únicamente con la mínima expresión de un bañador. Mirándolo secarse, Kaoru sintió que el impulso sexual que dormía en las profundidades de sus sentimientos salía a la superficie, pertubandolo todo, aterrador con su urgencia. De golpe, lo que demandaba ya no era solamente el amor de Kenshin, sino que al propio Kenshin en su forma mas inmediatamente física, un deseo que la conmocionaba por su profundidad.

Cuando él levantó la cabeza, sintiéndose observado, y vio que lo miraba desde la ventana, se la quedo mirando unos segundos, en los que Kaoru sintió morir de vergüenza. Pero ya no podía esperar más para declarársele, pero cuando pregunto por él a los empleados, descubrió que su padre había salido de viaje de negocios acompañado de su secretario e iban a tardar una semana en regresar, una de las más largas de su vida que solo era aliviada por su amigo de la infancia Sano.

Para cuando Kenshin estuvo de vuelta, Kaoru estaba resuelta a hablar con él y paradójicamente, convencida que le correspondía. No recordaba las palabras exactas que le dirigió, ni cual fue su respuesta. Pero en algún momento, al insistir ella, la había llamado "niña tonta", lo recordaba perfectamente. Al igual de la humillación que sufrió. Ni siquiera el momento actual, con el susto que se había llevado en casa de Jed, podía comparársele. Jed le había hecho daño físicamente y le había metido miedo a su cuerpo, pero no tenia el poder de hacerle ese daño que no se cura. Ella no lo amaba.

Levanto la mano derecha para apartarse el pelo de la cara y lo colocó tras su oreja, antes de tocarse con mucho cuidado la inflamación que tenia justo debajo de la sien. Se dijo con amargura que era una pena que un golpe así no sirviera al menos para ver las cosas de otro modo. Era estúpido seguir enamorada de Kenshin, como bien veía ella, pero no estaba en su mano alterarlo.

Sano consiguió en su momento que juzgara esos sentimientos como inmaduros (N/A: Qué pasó aquí Sano maduro?), Que el episodio era parte de su crecimiento como adolescente, un enamoramiento de colegiala, una obsesión que no tenía base alguna en la realidad.

Pero si ni siquiera lo conoces.- le había dicho de mil formas diferentes, en los momentos más penosos, que fueron los días posteriores a la visita de Kenshin a la casa que compartían.- Tu amor es una fantasía. Eres una chiquilla romántica, y has conjurado ese sentimiento porque sentías la necesidad de amar y ser amada. Pero no se basa en tu vida, Jou – chan. No compartís nada y, si sigues considerándote enamorada, no será más que una obsesión destructiva para ti. Suéltate cariño. Desengánchate. (NA: medio discurso de Sano hasta yo me impresione .)

Y, por unos meses, así fue. Llegó a sentir por Sano un amor de distinta naturaleza, lo sentía parte de su familia, era como su hermano. Duró menos de un año, pero no se arrepentía de nada. Con ternura, comprensión y sin ninguna posesividad, hizo que ella aprendiera a conocerse mucho mejor, a saber qué le gustaba, a darse cuenta de que, a pesar de los problemas del ultimo curso en el colegio, era una persona inteligente. Él la había animado a matricularse en el instituto de la zona en que vivían para acabar el curso que había quedado pendiente, aun seguiría con él y con Megumi, sino le hubiesen ofrecido a Sano un trabajo en el extranjero. Pero al volver a "casa", aun vivía Kenshin ahí y sabia que todo seguía igual como antes, ella aun continuaba amándolo.

Sin acabar de instalarse, ya estaba marchándose otra vez de aquella casa, en la que no podía residir. Contestó a un anuncio del periódico para compartir un departamento con otras dos chicas y tomó el primer trabajo que encontró como camarera de un café.

No le había quedado más remedio que irse a toda prisa, pero aquello tampoco funcionó. No por el trabajo, que le resultaba fácil, y le permitía ganar bastante, entre sueldo y propinas, sino por la convivencia con las otras chicas. Bueno más exactamente con los novios de sus compañeras de departamento que parecían creer que el verbo "compartir" incluía la persona de Kaoru. Después de un malentendido especialmente violento. Kaoru se encontró de la noche a la mañana en la calle, sin otro sitio al que acudir que no fuera a la casa de su padre.

Esa vez, coincidió con el primer asenso de Kenshin que, al cambiar de puesto, había dejado de residir allí. Era una suerte para ella, lo que no impidió que Kaoru se sintiera secretamente decepcionada y, al mismo tiempo, irritada consigo misma por ser una especie de adicta a las emociones devastadoras.

Algo de dependencia de su propia adrenalina si que debía tener. Una vez mas volvió a buscar otro departamento que compartir, esa vez con mas tiempo, y acabo en una casa preciosa, con dos hombres, homosexuales no declarados ambos, que no le habían causado el menor problema. Aunque su vida estuviera mas menos organizada, Kaoru no renuncio volver de ves en cuanto a la casa paterna. Eso era, hasta cierto punto normal. Lo que no lo era tanto es que eligiera todos los años la época de Navidad cuando su padre daba grandes fiestas (NA:Saitoh dando fiestas? Eso ya me pareció extraño, este fics esta muy raro de verdad) con baile en las que siempre se podía contar con que aparecería Kenshin Himura, que por lo demás, viajaba constantemente fuera de Japón e incluso mas adelante trabajaba en Europa.

Así lo había vuelto a ver unas cuantas veces más, aunque no intercambiaban mas que unas pocas frases corteses y banales, hasta que invariablemente. Él volvía a dirigir la atención a alguna otra mujer. A Kaoru, le constaba que salía con muchisimas (NA: me cambiaron a Ken TT.TT, desde cuando tan mujeriego) aunque no por mucho tiempo con ninguna.

El ultimo consuelo de Kaoru, aparte del muy dudoso sobre la relación entre cantidad y calidad, era no haber visto nunca a Kenshin acaramelado con ninguna de sus acompañantes. Por desgracia, eso termino en la ultima fiesta de Año Nuevo de su padre. Kaoru había cumplido 22 años ese mes, y su espejo y los hombres le decían que jamas había estado tan hermosa. A la fiesta de fin de año llego con el ligero bronceado del verano, con su precioso pelo negro azulado largo y suelto, hasta debajo de la cintura, y ataviada con un mini vestido rojo sin tirantes, tremendamente insinuante, esperando que esta vez Kenshin viera a una mujer y no a una niña tonta.

Él acababa de llegar con una treinteañera, cuya sofisticación sí que hizo sentir a Kaoru como una niña, en comparación. Al verla a ella y casi su inexistente vestido la única reacción apreciable en Himura fue una irritación apenas contenida. Nunca había valorado a Kaoru tan justamente la futilidad de sus sentimientos como aquella noche, viendo a Kenshin pendiente de su pareja, sin dedicarle una segunda mirada. Cada vez que la tocaba, una fina aguja se clavaba en el corazón de Kaoru. Y lo mismo cada vez que le sonreía, le acercaba un vaso o bailaba con ella.

Pero el golpe definitivo llegó al verlos besarse en la terraza, si es que el verbo "besar" era una descripción adecuada de lo que hacían. Porque lo que tenían unido no era solamente las bocas, sino la totalidad de los cuerpos. Estaban pegados el uno al otro, de forma absolutamente erótica, con una pierna de Kenshin entre las de ella, que tenia un pie levantado, con el que recorría sinuosamente el muslo de él.

Kaoru estaba segura de haber gritado al verlos, pero ellos no habrían oído nada que no fuera una explosión nuclear. Habría hecho falta ser mucho mas ingenua de lo que ella era para no comprender a donde iban a pasar aquellos dos en breve, y muy poco observadora para no darse cuenta de que Kenshin debía de ser inolvidable como amante. Pero eso era lo que Kaoru siempre había creído.

Buscando una pasión así, se había vuelto hacia Jed, que parecía estar loco por ella. Se había sentido halagada por la corte que le había hecho pero por desgracia, se había equivocado enormemente. E hizo un gesto de dolor al tocarse el golpe.

Iba a pasar al cuarto de baño, para ver como tenia, cuando llamaron a la puerta de su habitación.

- ¿Quién es?- preguntó, agitada, temiendo que fuera su padre otra vez, dispuesto a sermonearla igual que la noche anterior, empeñado en averiguar lo que sucedió, quien había sido, como se llamaba, donde vivía. ¿Vivían juntos¿Era su novio, su amante?.

La desilusión la había hecho callar, permanecer en el habitual silencio rebelde contra su padre, mirarlo con desprecio antes de escapar a su dormitorio para poder llorar en paz hasta quedarse dormida. Pero el respiro de las horas de sueño había terminado, volvía a la realidad de su casa.

Soy Kasumi. Te traigo algo para comer.

Sin dejarle tiempo para contestar, se abrió la puerta de par en par y Kasumi entro.

- Ha dicho tu padre que no se te permitiera saltarte las comidas mientras estés aquí- anuncio Kasumi, altisonante, mientras depositaba la bandeja que llevaba sobre la mesa-. Debo informarlo de que te lo comes todo. Y, por supuesto, espera que además bajes a cenar esta noche. A las nueve en punto. Y con un vestido.

- Pues no he traído vestidos.- le contesto ella, que ya se había arrepentido de ir a esa casa, aunque en realidad no tenia otro sitio donde ir.

- No digas tonterías, Kaoru- dijo el ama de llaves, no menos pomposa que insolente-, tienes un armario entero lleno de ropa en esta casa. Cuando te fuiste por primera vez, la pase al armario de cuarto de invitados que hay al lado tuyo, al ver que no parecía que fueras a regresar, para hacer una limpieza a fondo. Tienes montones de vestidos ahí.

- Por Dios, Kasumi- dejo Kaoru, sin ganas de enojarse-, no pretenderás que me ponga ahora lo que llevaba a los 17.

- ¿Y por qué no, si mal no recuerdo, toda la ropa que compraste y pusiste ese año, aparte del uniforme del colegio, no se correspondía para nada con tu edad. Y, además, si algo he aprendido trabajando en grandes casas, es que la ropa buena nunca pasa de moda.

- Como tu digas Kasumi- no tenia ánimo para discutir y, además, aquello no tenia trascendencia que quería darla el ama de llaves.

- Vaya golpe que tienes niña.- dijo maliciosamente-. ¿Te has dado con la puerta?

- Algo por el estilo.

- Tienes que fijarte por donde vas, o un día de estos te vas a hacer daño de verdad- esto lo dijo con su expresión de considerar esa eventualidad pura justicia, antes de marcharse, dejando la puerta del dormitorio son cerrar.

Kaoru se levanto con un suspiro y fue a cerrarla antes de mirar lo que había llevado Kasumi para comer. Una vez que logro tragar la mitad de la comida y hacer desaparecer la otra mitad, fue a ver que maravillas iba a heredar de la Kaoru de 17 años. La mayoría de los trajes eran imposibles. Si llegaba el día en que dudara de su obsesión con Kenshin, allí estaba la prueba: aquella colegiala con posibles se había dejado miles de yenes en una colección de disfraces provocativos que daban risa. Ya se explicaba el por que Kenshin se le quedaba mirando cuando bajaba a cenar. Ningún hombre con mas de mil glóbulos rojos habría dejado de mirar lo que tan descaradamente se le presentaba. Kaoru era perfectamente consciente de su atractivo físico que tantos problemas le había traído y seguía causándole. Fue apartando con impaciencia las perchas, buscando algo, cualquier cosa que le sirviera para cenar tranquilamente con su padre. Si se eliminaba todo lo que fuera demasiado corto, demasiado escotado, o demasiado ceñido... la verdad es que no quedaba nada... ¡un momento!. Había un conjunto de casaca y pantalón, en azul claro, que no recordaba haber llegado estrenar. Lo había comprado a final de temporada, porque estaba muy rebajado, y porque la vendedora insistía que le favorecía muchisimo. Pero, de vuelta en casa su inmadurez le había dictado que era demasiado simplón. En ese momento, en cambio, lo encontraba sumamente elegante y si, favorecedor para su pelo y sus ojos azules. Eso si no era un vestido, pero, peor para el que ponía reglas tan restrictivas.

Los zapatos, en cambio no suponía problema alguno. Kaoru media uno setenta y ocho (NA: si se ke tanto Kaoru como Kenshin son bajitos pero a mi se me da la regalada gana de ponerlos más altos XDDD) desde los 14 años y jamas había comprado nada con tacón alto. Se puso el traje azul con un par de sandalias color crema y fue a su habitación a mirarse en el espejo. ¡Por favor¡Vaya pecho que le hace ese traje!. Así que se quito la casaca y el sujetador, y volvió a vestirse pero sin ropa interior. Quedando mucho mejor el conjunto que pensándolo bien le serviría para ir a las entrevistas de trabajo para poder juntar lo mas pronto dinero y poder irse de esa casa. Se volvió a quitar el traje y se metió a la bañera. Le hacia falta un largo baño relajante, pasarse un buen rato descansando, reconsiliandose consigo misma, para dejar de pensar que, una vez más había arruinado su vida. Un buen rato para fantasear con un hombre al que jamas se le ocurriría levantarle la mano, que le pondría un anillo en la mano izquierda para hacer manifiesto su amor y su entrega y se quedaría con ella para dar a los niños que hicieran juntos todo el amor y felicidad que en su propia familia habían faltado.

Esa fantasía era la que a lo largo de los años había sacado a Kaoru a flote cuando más hundida se sentía. Estuvo metida más de una hora en la bañera cuando salió y se arreglo para cenar. Cuando a las nueve menos 5 (o sea 5 para las nueve) bajo la amplia escalera de la mansión, se sentía tranquilizada por las sales y el agua caliente y su alma confortada por su propia imaginación. Atravesó el gigantesco vestíbulo y se dirigió no al comedor sino a una gigantesca salita en la que su padre solía tomar un cóctel antes de la cena.

Como era lunes, Kaoru, suponía que encontraría a su padre solo. Así que al abrir la puerta se sobresalto al ver que no era así. Bueno fue algo mas que un sobresalto. Al encontrarse cara a cara con Kenshin, elegantemente ataviado, sentado en uno de los sillones cercanos a la chimenea, con una copa de champaña en la mano... lo que sintió fue más bien una especie de vahído. La ultima persona que deseaba volver a ver era a Kenshin, y esa noche, con la cara marcada por el desprecio de otro hombre, menos que nunca.

CONTINUARA...


Bueno, espero que les haya gustado este capitulo, gracias por sus animos... y creanme esto cada vez se va a poner mejor...

gracias a todos lo ke han leido y estan por leer este fics...

Beshitos a todos...

Byes...

"Tu lo descubriras con tus propios ojos, si es un sueño o la realidad"