Hola! Que tal?

Bueno, creo que este capítulo es un poco más largo .

Perdón por la demora, tuve muchos exámenes estas últimas semanas…

Que lo disfruten!

Capítulo 21. La Estrategia

La tarde había pasado en un suspiro, y ya era la hora de la cena. Resultaba curioso pensar como habían cambiado las cosas en apenas 24 horas. Era una sensación embriagadora, de leve mareo incluso, de vértigo. Por otra parte era normal. Había que reconocer que Draco estaba increíblemente guapo.

Hermione sonrió tontamente ante el espejo, colocándose los pendientes. Apoyó la mano en la superficie del tocador, y dejó descansar su rostro en ella sin dejar de observarse en espejo, mientras recordaba… ya en el colegio, Malfoy había destacado por ser uno de los chicos mas guapos, pero nunca pensó, o mejor dicho, nunca se había permitido pensar, que Draco se convertiría en alguien así. Era alto, no tanto como Ron, que sacaba una cabeza a todos, pero si como Harry. Tenía un cuerpo que por lo que había podido ver no estaba nada mal. Hombros fuertes, espalda ancha… por la que caía esa esplendida melena rubia. Ella mataría porque su pelo fuera tan obediente. No había forma de mantenerlo en su sitio, se enredaba cuando intentaba cepillarlo, era una tortura…. Ese cabello claro era el marco perfecto para su hermoso rostro. Y su cara se había endurecido, perdiendo aquello redonda inocencia de la adolescencia. Sus rasgos, antes levemente femeninos, se había pulido transformando la belleza renacentista y andrógina de Draco. Ahora seguía siendo hermoso, quizás incluso demasiado hermoso, pero de un modo bastante masculino. Con una dura mandíbula, complementada por los labios delgados, y esos ojos metálicos que podrían dejarte sin respiración.

Supuso que no podía seguir perdida en ensoñaciones durante más tiempo. No la conducía a nada. Aunque pasara horas pensando en lo magníficamente bien que lucía Draco, eso nunca cambiaría lo que sentía por él. No podía permitirse el lujo de dejar de odiarlo, porque eso era lo único que le seguía dando sentido a sus años de rencor. Si ya no le odiaba, si se permitía ceder… entonces todo aquel tiempo dejaba de tener sentido. Todos aquellos años de maldiciones y deseos de venganza se perderían en la bruma… y descubriría que Harry y Ron tenían razón, que su vida no había sido más que una patraña, una mentira.

Tomó su vestido de la cama y lo deslizó sobre su cuerpo. Era un traje de noche muggle bastante caro. Había sido una locura, cometida un día sin pensar cuando lo había visto en el escaparate de una tienda de Londres. No supo porque lo compró, había sido un impulso loco, puesto que nunca usaba esos colores, pero sintió que era extrañamente… adecuado en aquella ocasión. El suave tejido se adaptaba a sus curvas, cayendo estrecho en la cintura y caderas para resbalar suaves ondas que se abrían al caminar ella. Y el escote en V era probablemente un poco demasiado pronunciado, pero que demonios, cuando se lo probó se había sentido espectacular, y esa noche quería toda la seguridad que pudiera sentir, viniera de donde viniera. Con la ayuda de un frasco de poción había conseguido que las ondas de su pelo se mantuvieran todo lo quietas que se podían mantener (lo que no era demasiado, la verdad) y ahora caían en una cascada ordenada por su espalda. Con los pequeños pendientes de diamante de su madre consideró que estaba lista, y tomando aire, bajó las escaleras rumbo al comedor.

Draco estaba allí, tomando una copa con el recién llegado Hill. Éste le estaba contando aventuras mientras el señor Weasley les interrumpía desde el sillón. Reía con una de sus anécdotas cuando se vista se dirigió a la puerta… y tuvo que tomar aire cuando la distinguió allí. Estaba preciosa, espectacular. Y llevaba sus colores. El precioso vestido verde oscuro brillaba con reflejos plateados cuando ella se movía. Y se sintió absurdamente complacido al verla vestir los colores de Slytherin, porque le llegaban al corazón de una manera que no sabía, y no quería descifrar. ¿Era acaso una casualidad? ¿Estaba ella declarando algo, un mensaje tal vez, al usar los colores de la casa de la serpiente? Oh, Dios, como deseba creer que sí. Pero no se atrevía a dar nada por supuesto. No con ella, que siempre lograba sorprenderlo.

No podía moverse, y sabía que debía parecer un estúpido quedándose así, con la boca abierta mientras la miraba… pero no podía dejar de hacerlo. Y Hill pronto se dio cuenta y siguió la mirada de Draco hasta que la vio allí.

- ¡Hey, 'Mione!- el hermano de Ron se alejó de la chimenea junto a él para acercarse a la muchacha. La sonrisa de ella le dirigió llenó de alegría y temor el corazón de Draco. Hill era el más atractivo de los hermanos Weasley, y de golpe sintió una punzada de celos que se esforzó en controlar. No fue fácil, sobre todo porque ella le echó los brazos al cuello y él la levantó en peso, abrazándola a su cuerpo. - ¡que guapa estas!

Y lo estaba, pero ese pelirrojo debería mantener sus manos alejadas de ella si no quería perderlas de un modo muy doloroso. Draco bebió un sorbo de su copa, intentando no dejar traslucir sus pensamientos homicidas.

- Hola, Bill. ¡Cuánto tiempo! Me alegro mucho de verte.

- Y yo también, cariño. ¿Cómo no sacas nunca tiempo para venir a visitarme al banco?

- Apenas saca tiempo para venir a vernos a nosotros, no se porque va a perder tiempo libre metiéndose en ese banco oscuro y lleno de telarañas.- Dijo el señor Weasley haciéndole señas a Hermione de que se sentara junto a él. Ella sonrió y se sentó, sonriendo levemente a Draco a modo de saludo. Éste sintió el corazón más ligero.

- Esto muy ocupada. Pero prometo que desde que tenga otro par de días libres me iré a la Madriguera.

- Si, promesas, promesas- se quejó Arthur Weasley pasando un brazo sobre los hombros de Hermione.- llevas diciendo eso desde que te nombraron Ministro de Magia, y aún no has venido.- la sonrisa de Hermione era levemente culpable.

- Pero carió, ella de verdad tiene muchas responsabilidades- dijo la señora Weasley acercando una fuente de aperitivos- es un trabajo muy importante.

- Aún así. No deberías de mantenerte tanto tiempo alejada de nosotros.

- Prometo que no lo haré mas. De verdad- Miró directamente a Draco mientras decía- Ahora ya estoy mucho mejor. No voy a seguir ocultándome. Ya no mas

Hill no perdía ni una sola de las palabras ni de las miradas que se dirigían Draco y Hermione. Sentados en la larga mesa, observaba todos los movimientos de la pareja mientras se sucedían las conversaciones y las carcajadas. Malfoy no podía alejar la vista mucho tiempo de ella. Se bebía cada una de las palabras de Hermione, la miraba a hurtadillas y cuando ella no le miraba tenía una expresión de arrobo permanente. Se sonrió. Además, al estar Hermione a su lado, a menudo ella comentaba con él, y el podría ver los chispazos de celos que brillaban en los ojos de Draco cuando ella se inclinaba sobre Hill o le tocaba el brazo para llamar su atención. por su parte, ella parecía ajena a las insistentes miradas del chico, pero Hill podía notar su sonrojo, y las leves miradas a hurtadillas que ella le dirigía cuando Draco contestaba alguna pregunta del otro lado de la mesa. Se sonrió de nuevo. Aquello iba a ser divertido.

Acompañó a su hermana a la cocina cuando esta se levanto a ordenar el postre. Ginny era incapaz de ocultarle algo a Hill. Desde muy pequeña, él solo tenía que mirarla fijamente para que ella le contara cualquier secreto, incapaz de aguantar la mirada de los únicos ojos turquesa de toda la familia.

- Cariño, quiero hablar contigo.- Ginny le sonrió, colocando una fuente del horno sobre la encimera de la cocina.

- Tu dirás.

- ¿Qué hay entre Hermione y Malfoy?- ella le miró asombrada.

- ¿Qué… que dices? No se a que te refieres

- No me mientas, Virginia.- ella tragó aire.

- No… no te estoy mintiendo. Tu ya sabes que el padre de Malfoy, ya me entiendes. Así que si has notado algo debe ser la tensión lógica en estos casos.

- Si, claro. Cuando te sientas a la mesa con el hijo del asesino de tus padres, te pasas la cena sonrojada y con miraditas furtivas. Y lo mas lógico es que el fulmine a todos lo que hablan con ella si se atreven a ponerle la mano encima.

- ¿Él te ha lanzado maleficios por estar junto a 'Mione en la mesa?- Ginny parecía encantada- Oh, esto es fantástico.

- ¿Te parece?

- ¿Y ella parecía molesta? ¿O le gustaba? ¡No me digas que ella no se dio cuenta!

- Lo que es extraño es que ninguno de los demás lo haya notado. Si parecía que incendiarían el mantel.

- Que bien, Hill. Si esto se solucionara… solo necesitan un empujoncito.- Ginny lo miró, expectante- ¿dices que Draco te miraba enfadado? Tal vez podrías ayudarme a que se dieran cuenta de lo que sienten el uno por el otro.

Un par de minutos mas tarde, entraron de nuevo en el comedor. Durante los postres, Hill monopolizó a Hermione, haciéndola reír con las anécdotas del Banco, las historias de las travesuras de los gemelos y demás. Hermione no podía parar de reír, y a cada momento que pasaba Draco se iba sintiendo peor. Reconocía que Hermione era una mujer hermosa, pero coquetear de esa manera tan descarada delante incluso de sus padres, le parecía vergüenza. Cuando pasaron al salón a tomar café, ya estaba francamente indignado.

Hermione sabía que Hill coqueteaba con ella, pero no le dio mayor importancia. Después de todo ella sabía que Bill tenía pareja, y que estaba muy enamorado. Pero lo que si la estaba poniendo nerviosa era la mirada de Draco, enfadada, como ligeramente desilusionada.

Sabía que él no tenía derecho a mirarla de esa manera, pero le dolía igualmente. En un momento de la sobremesa en el salón, se levantó de su sillón y se acercó a la ventana, donde Draco miraba hacia el exterior.

- ¿Qué miras? – él se giró hacia ella taladrándola con sus ojos grises. Para ocultar su turbación, Hermione le quito la copa de la mano y le robó un sorbo.

- ¿Estás con él?- ella no esperaba una pregunta así. Y se atragantó.