Holaaaaaaaaaaaa! como tan? espero que bien... muchisismas gracias por sus comentarios y animos... y como entiendo ke a nadie le gusta esperar mucho para que actualicen los fics... aki les mando un nuevo capitulo... Ustedes ya saben lo ke vieno, los personajes de Samurai X, no me pertenecen (aunke insisito kiero a kenshiiiiiiiiiinnnnn!)
Simbologia:
negrita y (): mis comentarios.
cursiva: dialogos entre personajes.
Chantaje al novio.
CAPITULO 3.
Transcurrieron unos instantes muy tensos, en los que lo único que hacia Kaoru era mirar a Kenshin. Le habría sido imposible no hacerlo, puesto que su corazón nunca había dejado de acelerarse cada vez que lo veía. Esa vez sucedió exactamente lo mismo, con la añadidura de que su cabeza también daba vueltas aceleradamente. ¿Por qué no la había avisado Kasumi de que Kenshin iría a cenar? Tenia que haberlo sabido de sobra. La respuesta era evidente aunque cruel.
Porque el ama de llaves no quería que estuviera sobre aviso. Quería que acudiera desprevenida, y se pusiera en ridículo, como lo hacia siempre que estaba en presencia de Kenshin. Kaoru sabia de sobra que a Kasumi no se le escapaba nada de lo que sucedía en aquella mansión. Casi todo dependía de su autorización, y lo que escapaba de esa esfera, lo espiaba. La había sorprendido varias veces a lo largo de los años con la oreja pegada a las puertas o al teléfono supletorio (NA: es decir a un teléfono que puede estar en otro lugar de la casa pero tiene una misma línea, o sea, si ustedes levantan el otro teléfono escuchan la conversación sin que las dos personas que hablan se den cuenta .) descolgado. El no hacer mención de que Kenshin estaba invitado a cenar esa noche, respondía a su malevolencia y, además, dejaba absolutamente claro que Kasumi sabia lo que sentía por él.
El orgullo acudió a salvarla, y un cierto saber estar, aprendido en la dura escuela de la experiencia. Quizá, después de todo, estaba dejando de ser una chiquilla.
- Vaya Kenshin¿qué tal?.- dijo, entrando al fin en la salita y dirigiéndose al mueble bar.- Me ha sorprendido verte. Nadie me había dicho que vendrías. Tienes muy buen aspecto.- siguió, divirtiéndose con su propia broma, "buen aspecto" era algo que nadie diría, aplicado a Kenshin Himura. Era una expresión insípida para su atractivo físico.
Esa noche estaba insoportablemente atractivo, totalmente de negro. Llevaba un traje excelente, pero no lo complementaba con camisa y corbata, como si fuera una ocasión de negocios, sino con un jersey de seda, con cuello redondo. La sobriedad de líneas y el dramatismo del color se combinaban a la perfección par estrujar el pobre corazón de Kaoru.
- Lo mismo estaba a punto de decir de ti.- le contestó él, con desusada galantería.- teniendo en cuenta...
- Quieres decir, buen aspecto a quien le acaba de pegar el novio¿no?.- preguntó burlona, mirándolo por encima del hombro, mientras tomaba una copa vacía. A lo largo de los años, Kaoru había aprendido que actuar a la defensiva o tratar de suavizar las cosas en la mansión sólo servía para que los sermones fueran más largos. Era mejor entrar en lid de frente, con una careta de desafío, claro está.
- Kaoru¡por amor de Dios!.- trato de refrenarla su padre.
- ¿Por amor, padre?.- repitió, en son de burla, sacando la botella del cubo de hielo y llenando su copa. De pronto, lo de beber antes de la cena era una necesidad impostergable.
- No es ésa una palabra que se oiga mucho en esta casa.- murmuro, y se dio la vuelta a mirarlos a ambos, sujetando la fina copa de cristal con ambas manos, para que no le temblaran.- ¿Y por qué estaban brindando con este champange tan caro? No creo que sea por su salud mutua. Ustedes seguirán revolucionando el mundo de la televisión cuando yo este bajo tierra.
Miro a uno y otro, esperando una respuesta y los dos hombres le devolvieron sendas miradas perfectamente inexpresivas, con lo que, sin decir nada, le revelaron lo principal.
- Aaahhh, ya veo.- dijo, secamente.- es un secreto. Algo relacionado con el negocio, que las niñas tontas no podrían entender, o no deben saber.- redondeo, sarcásticamente y se sorprendió al ver que Kenshin sonreía al oírla.
- No, no es así.- dijo amablemente.- estoy seguro de que tu padre le agradaría que lo supieras.
Kaoru se dio perfecta cuenta de la mirada de advertencia que su padre lanzaba a Kenshin, pero este siguió como si no la viera.
- Lo que celebramos es una muy deseable fusión que esperamos tenga lugar próximamente.- explicó, mientras sus ojos relampagueaban una hilaridad que no asomaba en sus labios. ¿O quizá se trataba de ira contenida? No era fácil saber que sentía Kenshin.- Pero es demasiado pronto y las negociaciones estaban en un punto demasiado delicado para que podamos darte más detalles ahora mismo.
- ¡Que deliciosamente vago!.- exclamó Kaoru, mirándolo con ironía. Qué boba había sido al sospechar ni por un momento que Kenshin fuera a contrariar a su padre. No era servil, desde luego, pero sí muy prudente. En asuntos de negocios, si que tenia una opinión propia, y había defendido con fuerza muchas veces ante Saitoh, saliéndose con la suya. No habría ascendido si no hubiera sido así.
Pero, reconociéndole eso, a Kaoru la molestaba que él se hubiera burlado de ella tan graciosamente. Claro, era lo que había visto siempre hacer a su padre. Si ella hubiera nacido varón, le habrían hecho participar en sus conversaciones serias, no se habrían dedicado a tomarle el pelo. Sus ojos azules, brillaron al levantar su copa y brindar con guasa.
- ¡Por la fusión¡Que tenga lugar próximamente¿Cómo has dicho que era Kenshin?.
- Muy deseable.- respondió él, con gran suavidad, recorriéndola de arriba abajo con la inescrutable mirada de sus ojos dorados.
El corazón le dio un vuelco a Kaoru, y luego dejó de latir por las buenas, porque Kenshin volvió a mirarla, empezando desde la punta de los pies, y subiendo aun más lentamente por su cuerpo, demorándose en todas sus curvas, que se quedaban ardiendo después. Le estuvo mirando la boca una eternidad y ella acabó por entreabrir los labios, para que entrara algo de aire a sus paralizados pulmones.
Entonces pasó a mirarla a los ojos, y sostuvo esa mirada interminablemente, con un interés tan frío como abiertamente sexual. Todos los miembros de Kaoru temblaban. Su alma temblaba. Nunca había tenido una experiencia erótica tan fuerte.
El corazón volvía a latirle, desbocado. Toda la piel le ardía. Así que hizo lo único que literalmente estaba en su mano, para refrescarse: se tomó la copa de champaña, enterita. Dio la fatalidad de que, como respiraba tan agitadamente, parte del liquido entró por donde no debía, y empezó a ahogarse.
Kenshin estuvo a su lado al momento, dándole palmadas entre los omóplatos, y obligándola a inclinarse, para hacer que expulsara el champaña. La mayor parte cayó a la alfombra, pero algunas gotas fueron a parar a la pechera de su casaca.
Trata de respirar despacio y con regularidad.- le dijo una vez que vio que no estaba en peligro de ahogarse.
Que más hubiera querido ella, pero era casi imposible, teniéndolo junto a sí. Claro no podía decírselo, y la situación aun empeoro más, al sacar Kenshin un pañuelo inmaculado del bolsillo de sus pantalones y empezó a limpiar las manchas de champaña. Pasaba y repasaba el pañuelo por la curva de su seno derecho, acercándose más y más al pezón, que se iba endureciendo. Cuando ya la cercanía era desvergonzada, sintió una contracción dolorosa, que le hacia ansiar el contacto.
Al posarse el pañuelo al fin sobre la punta, dio un respingo, y sintió que se mareaba. El pañuelo se apartó e, inmediatamente, volvió a pegarse. Y luego se repitió por una tercera vez. Su turbación era tal, que sobrepaso a la vergüenza y buscó su mirada. ¿Su crueldad era deliberada¿O es que no se daba cuenta de la tortura a la que la sometía? Pero, cuando halló sus ojos, vio por su expresión que él estaba tan enajenado como ella.
Finalmente el pañuelo se detuvo sobre aquel vértice tan explícito, ocultándolo y Kenshin le pregunto con voz baja y pastosa.
- ¿Quieres ir arriba, a cambiarte?
- No... no tengo nada para cambiarme.- la respuesta le salió a sacudidas.
Kenshin frunció el entrecejo, y Saitoh intervino con impaciencia.
- No hay tiempo para que vaya a cambiarse.- dijo poniéndose en pie y acercándose a la puerta del comedor.- están a punto de servir la cena.
- ¿Cómo es que no tienes nada para cambiarte?.- le pregunto Kenshin, en un tono desconcertantemente delicado, mientras la acompañaba hasta su puesto en la mesa.- ¿O prefieres no contármelo?
Pero la verdad es que si quería contárselo. De repente había dejado de ser aquel censor en que se había convertido a lo largo de los años, en señor Himura, remoto e inalcanzable, y volvía a ser aquel otro Kenshin, el que la había ido a recoger a la estación, iniciando así su obsesión. ¿Sería posible que uno de sus viejos sueños estuviera a punto de hacerse realidad?. ¿Había dejado Kenshin de considerarla una niña, la veía por primera vez como una mujer?.
- Después.- le susurro al tiempo que él le apartaba la silla.
- Maravilloso, después hablamos.- contestó él acercándole y asintiendo, haciéndola temblar al sentir el calor de su aliento en la oreja.
La cena fue una tortura, y un hechizo. Tan pronto Kaoru sonreía y hablaba alegremente con Kenshin, como volvía a ser presa de las más negras dudas, y caía en un mutismo absoluto. ¿Qué había sucedido? No veía ninguna justificación para aquel cambio de actitud. ¿Era cosa de su padre¿Era él quien había ordenado a Kenshin que fuese amable con ella?.
No, no podía ser eso, fue la conclusión a la que llegó trabajosamente. Si Kenshin hubiera tenido ese tipo de ambiciones, no habría esperado todos esos años para acercarse a ella. ¿Por qué esa noche?. Pues, tenia que admitirlo, porque esa noche Kenshin se sentía atraído por ella. No podía negar que la atracción era autentica. No le quitaba el ojo y su mirada era la de un cazador hacia su presa. Kaoru sabia lo que era ser objeto de interés sexual de un hombre y eso era exactamente lo que Kenshin le transmitía en oleadas.
Que quería acostarse con ella.
Solo con pensarlo se sentía excitada. Y más valía que fuera así porque por supuesto la cosa no más allá. No era tan ingenua como para pensar que Kenshin, un soltero sin problemas para ligar, que no estaba casado más que con la empresa, estuviera interesado en nada más. Las mujeres entraban y salían continuamente de su vida, exactamente igual como sucedía con su padre. Según los empleados de la mansión, Kenshin no había repetido nunca la compañía femenina que llevaba a las cenas o a las fiestas que allí se celebraban. Si Kaoru consentía en ser seducida, no habría más que efímeros placeres, y luego dolor duradero.
Pero, ay, se moría por conocer esos efímeros placeres. Porque a fin de cuentas, ya sabia bastante del dolor duradero. Estaba loca por pensar siquiera en prestarse a ello.
- ¡Kaoru!.- oyó gritar a su padre.- Te está preguntando Kasumi que si tomas postre. ¿Se puede saber qué té pasa esta noche?. Cinco minutos charlando como un loro y otros cinco dormida.
Recuperó muy deprisa el contacto con la realidad al ver la odiosa expresión del ama de llaves, que le sonreía burlona, parapetada detrás de Saitoh.
- No gracias, no voy a comer postre.- contestó con rígida cortesía, haciendo lo posible por dominar la violenta antipatía que despertaba en ella.
- ¿No te estarás volviendo anoréxica otra vez, verdad?.- pregunto su padre con acaloramiento.
- ¡Yo no he sido nunca anoréxica! ¬¬.- respondió impetuosamente.- Y no sé de donde ha salido semejante mentira.- añadió mirando a Kasumi con ganas de estrangularla. Pero el ama de llaves ni se inmuto.
- Pues entonces demuéstralo tomando tarta de manzana.- insistió su padre.- Tráele un buen pedazo Kasumi, y ponle crema.
Kaoru se sintió furiosa e impotente, mientras el ama de llaves se retiraba con aire triunfal. Si no hubiera estado Kenshin presente, se habría marchado de la mesa. Pero no podía hacerlo, y siguió sentada, rabiosa porque la trataran como una niña. Ni siquiera se atrevía a mirar a Kenshin, no fuera a descubrir que la atracción había desaparecido, al presenciar tal escena.
- Probablemente, si Kaoru ha rechazado el postre Saitoh.- oyó decir a Kenshin, casi sin poder creer lo que oía.- es porque yo la había invitado antes a tomar un café irlandés conmigo. La verdad es que yo tampoco debería haber dicho que sí al postre.
Kaoru lo miraba desde el otro extremo de la mesa tan asombrada como su padre. Había quedado de hablar con Kenshin después de cenar, no en ir a tomar algo con él. Pero, por el momento, su intervención era providencial, y no pensaba protestar.
- ¿Qué Kaoru y tú van a tomar un café juntos esta noche?.- también Saitoh parecía tener dificultad para creer lo que acababa de escuchar.- ¿Esta misma noche?.- Pero a Kenshin no parecía preocuparle la desaprobación implícita en aquellas palabras.
- ¿Supongo que no pondrás objeción?.- pregunto a su vez, con una nota de frío desafío y sus ojos completamente dorados. Kaoru estaba hipnotizada por el intercambio masculino.
- No claro que no. Lo único que pasa es que, bueno, me sorprende, eso es todo.- También a ella le sorprendía.
- Como acabas de llegar, después de un viaje tan largo.- siguió explicándose su padre, sin ninguna necesidad aparente.- supuse que estarías demasiado cansado para salir hoy.
- He dormido en el avión.- dijo Kenshin Tranquilamente.- Mis vacaciones no duran más de dos semanas, como sabes. Seria terrible desperdiciarlas durmiendo ¿no te parece? Hay muchas cosas mejores a las que dedicar tiempo libre. ¿Entonces, qué me dices Kaoru¿Aprovechamos ahora para escaparnos, antes de que vuelva Kasumi y nos obligue a dejar los platos limpios?
A Kaoru no hacia falta insistirle. Antes de que terminara de hablar, ya se había puesto de pie, aunque ya era tarde. Kasumi llegaba, con un carrito lleno de postres. Kaoru vaciló, pero Kenshin dio la vuelta a la mesa y se acerco a ella.
- Discúlpanos Kasumi.- dijo muy afablemente mientras tomaba a Kaoru del codo y la hacia volverse hacia la puerta.- lo sentimos pero Kaoru y yo vamos a salir y no nos da tiempo de comer el postre.- Kaoru esperaba verla enfadarse, o al menos, desconcertada. Pero la condenada les dedicó una sonrisa críptica al verlos salir.
-No pasa nada Kenshin. Los postres no se estropean, se pueden tomar en otro momento. Lo importante es que Kaoru y tú hagan las paces.- La aludida se quedó con la boca abierta ante tamaña hipocresía. ¡Aquella mujer estaba dispuesta a todo con tal de no perder su influencia en esa casa!.
- No la esperes levantado, Saitoh.- dijo Kenshin en el ultimo momento, sin volverse del todo.- Ah, y no te preocupes. Tu hija estará perfectamente a salvo en mis manos.
continuara...
Bueno muchos saludos a todos aquellos que me han escritos reviws muchismas gracias por sus comentarios y animos...
Espero que les guste este capi...
Beshos a todos...
"Tu lo descubrirar por tus propios ojos... si es un sueño o la realidad..."
