Holas! Gracias por los reviews, perdón por la demora.
Este capítulo es tan… mágico! Tan hermoso, tan triste… disfrútenlo!
Capítulo 22. Segundo Asalto
- ¿Qué has dicho?
- ¿Tienes algo con Bill?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? – ella lo miró asombrada
- Contesta
- No tengo nada que decirte sobre ese tema. No tengo porque darte explicaciones. No creo que sea asunto tuyo.- ella iba elevando un dedo cada vez que decía una frase.- ¿Te parecen suficiente tres contestaciones?
- ¿Has tenido algo con Bill o no?
- Te estas poniendo pesado con este tema- Draco abrió la puerta ventana que daba a la galería exterior y la invitó a salir con un gesto de la mano. Sin saber muy bien porque, ella aceptó. Caminaron un poco, hasta que estuvieron en el prado en el que habían pasado la tarde. La luz de la luna lo teñía todo de un espectral resplandor blanquecino.
- ¿Por qué no me contestas?- Draco quiso sonar mas fuerte, pero su voz lo traicionó. Y
Hermione también sintió el lamento no expresado, el secreto anhelo escondido en sus palabras. Durante un momento, se sintió tentada de dar ese paso que la acercaría a él, haciendo desaparecer ese leve espacio que les separaba. Volver a sentirse rodeada por sus brazos… como antes. Como siempre soñaba aunque no quisiera reconocerlo. Pero algo se impuso.
- Perdiste el derecho a interesarte por mi vida sentimental en séptimo curso¿recuerdas?
- Aquella fue la última vez en la que pudiste pedirme explicaciones. Ahora es demasiado tarde. Ya no te debo nada.
Draco la miraba, con sus ojos de plata brillando bajo la luz de la luna. No decía nada. Las sombras jugaban con los ángulos de su rostro, haciendo que sus rastros parecieran distintos, mas duros. Ella tembló, mas por nervios que por frío, pero él se quitó la chaqueta, negra por supuesto, y la colocó cuidadosamente sobre los hombros de ella. Con delicadeza, cuidando de no rozar su piel en ningún momento. Porque no creía que pudiera soportarlo. Pero su olor… el cerró los ojos y le sobrevino el recuerdo cuando el olor de Hermione tomó por asalto sus sentidos. Manzanas, siempre manzanas verdes. Recordó sus besos en los pasillos, sus brazos rodeando su cuerpo, las palabras susurradas contra su cuello, mientras él enterraba su cara entre su pelo. Esas largas conversaciones nocturnas tendidos sobre sus capas en el jardín del colegio, extendiendo los codos en la hierba. Su risa cuando ella le tentaba, la manera que tenía de inclinar la cabeza cuando no entendía lo que estaba leyendo en la biblioteca. Esa costumbre de sujetar su pelo rebelde con los dedos para que no estorbara al trabajar en pociones. Recordó como se mordía el labio inferior cuando escribía, siguiendo las palabras con los labios silenciosos al leer. La forma en que le había besado aquella última noche, el fuego de la chimenea reflejado en sus piel cuando estaban tendidos sobre la cama de Draco. El roce de su cuerpo, tan suave, como seda líquida, caliente bajo sus dedos. Aquellos ojos tiernos clavados en los suyos cuando él estuvo dentro de ella, su dulce boca pronunciando por primera vez su nombre mientras se entregaba a las sensaciones que estaban compartiendo. Siempre manzanas, manzanas verdes. Y l corazón le dolía, porque tenía atascadas en la garganta las palabras que se enredaban entre ellas y no podía sacarlas. Intentó decir algo, algo que rompiera con el frío silencio que se había establecido entre los dos. Pero le faltaban las palabras, sólo podía seguir mirándola, tan bella, tan dura, tan lejana y fría que a pesar de poder extender la mano y tocarla sabía que jamás la alcanzaría.
No sabía que esperaba, que deseaba oír. Pero sabía que era el momento de hablar, porque si no sería demasiado tarde.
- Esto duele.- él parecía sobrecogido.
- Sí. – sintió el corazón latirle desbocado en el pecho. La sangre corría tan rápido por sus venas que pensó que nunca podría recuperar su pulso normal.
- No tengo ningún derecho sobre ti. Mi mente lo sabe – Ella se sintió extraña al oírle. ¿Levemente decepcionada? Pero él siguió hablando. – Pero mi cuerpo me dice lo contrario, me dice que me perteneces. Me has marcado, Hermione, Y no sé que caber para borrar tu huella. Nada la quita.
Le miró con ojos duros. Sacando la fuerza de voluntad de donde podía para no ceder, apretando sus uñas contra sus palmas para sentir un dolor que la despertase y no caer en la trampa que aquella voz de terciopelo le estaba tendiendo.
- ¿Pretendes decirme que no has estado con nadie mas?- el tono de burla estaba tan claro en su voz que el sarcasmo destilado por cada palabra se le estaba clavando en su propio corazón.- No querrás que crea eso.
- Puedes creer lo que quieras. Llegados a este punto, nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión.- Estaba enfadado. Podía verlo claramente por la manera de apretar las mandíbulas.- Sé que no puedo exigirte nada, pero me duele igualmente verte con otro.
- Durante todo este tiempo me he mantenido alejado de ti, estaba demasiado avergonzado como para atreverme a acercarme. Y ahora que te tengo ante mí, siento que en realidad el tiempo no ha pasado, y vuelvo a tener de nuevo diecisiete años. Y no me comporto con madurez porque a mis ojos, Granger, siempre me has pertenecido. Así que perdona por agobiarte con reclamaciones, pero no puedo evitarlo. Estoy celosos como un estúpido, ya me avergüenzo yo solo lo suficiente como para que tengas tu que hacer burla sobre ello.
Se dio media vuelta y siguió caminando hacia el jardín. Ella lo siguió a paso lento.
- La casa esta en dirección contraria..
- No soy ciego, Granger.- Ella sonrió ante el familiar tono Malfoy. Pero ocultó su sonrisa rápidamente.
- Pensé que tal vez tuvieras un leve defecto en la vista, y no pudieras ver las luces.- él paró en seco, y ella se detuvo para no tropezar con su espalda. Draco inclinó la cabeza hacia el suelo, y cuando habló, su tono era de cansancio.
- ¿Qué quieres¿No vas a dejarme en paz? – No se miraban. El cabello de él se movía al compás de la brisa, rozando su cintura en un ritmo hipnotizante. Sin saber lo que hacía, ella deslizó la palma de su mano por la camisa negra, siguiendo los músculos de la espalda de Draco hasta llegar a su cuello, sintiendo el tacto caliente de la piel de él, el roce de seda de su pelo en el dorso de la mano. Se mantenía quieto, en silencio, y ella pudo sentirle temblar bajo su toque. De pronto él se giró y la miró, furiosos los ojos. Realmente parecía un dragón a punto de quemarla con su fuego.- ¿Qué haces¿Qué crees que estas haciendo?
- No lo sé.
- Pues déjalo¿quieres? Me confunde. – No esperaba que se sincerara de esa forma – Me haces daño. Me duele que me toques.
Espero a que ella dijera algo. Pero Hermione solo le miraba. ¿Cuándo aprendió a ocultar así sus pensamientos? Solía ser tan transparente… parecía mas pequeña con la chaqueta sobre los hombros. Ella siguió mirándolo, y luego habló.
- No sé porque lo hago. Pero no me importa que te duela. Quiero tocarte- y dio otro paso más hacia él. Ahora estaban demasiado cerca. Podía sentir su respiración agitada, y supo que el la sentía también. Ella subió despacio a su mano, con lentitud, como desafiándolo a detenerla. Apoyó la palma sobre su pecho, sintió deseos de comenzar una caricia que estaba enervándolo. Entonces ella subió la otra mano, esta vez hasta su cuello, siguiendo con los dedos de la forma de su mandíbula, el dibujo de sus labios. No pudo soportarlo, y cerró sus propias manos sobre las muñecas de ella. Con brusquedad.
- No sigas.- pero ella no quiso hacerle caso. Se puso e puntillas y deslizó su rostro en el hueco de su cuello. Usó su boca para marcar un camino cálido y húmedo hasta su garganta, dejando sus labios descansar en el punto en el que latía su pulso. Él la sacudió, tratando de imponerse, y la chaqueta negra se deslizó hasta el suelo, cayendo sobre la hierba con un susurro de seda. La apartó de él, con los ojos brillantes, sintiéndose como un chiquillo impotente.- No sigas, Hermione. Por favor.
- ¿Por qué no?- ella tenía los ojos duros. Impasibles. La tenía sujeta, pero sabía que ella non estaba allí, se mantenía a salvo, inaccesible.
- Lo sabes.
- No, no lo sé. Dímelo tú. – volvió a acercar su cuerpo al de él, insinuante. Sabía que debía alejarse, no podría resistir mucho mas.
- No quiero que sea… así. No de esta manera.- y ella se enfadó. Agitó sus brazos hasta que él soltó sus muñecas, y entonces le gritó.
- ¡Pues tiene que ser así! Porque esta es la única manera¿entiendes? Yo ya no dispongo de otra forma. Esto es lo único que puedo darte.
Él se sintió terriblemente cansado de pronto. Estaba agotado de luchar consigo mismo. No tenía fuerzas para luchar con ella también. Pero sabía que no era eso lo que había estado esperando por tanto tiempo. Y sus ojos se llenaron de lágrimas sin saber muy bien porqué.
- ¿Vas a llorar?- ella ya no gritaba. Le miraba de forma cínica.- ¿por mi?
- ¿Te sorprende?- ella contestó con una gran carcajada sarcástica. Si llegara a saber que no había sido la primera vez.
- Es irónico. ¿Sabes que? El día que me dejaste, lloré todo el camino a la torre. Y Ginny me dijo que llorara sin vergüenza, que ese día lo haría yo, pero sin duda tú llorarías por mi.
Nunca pensé que lo vería.
- Grandes dotes las de Ginny. Podía hacer tomado el puesto de adivinación. Sin duda hubiera hecho un gran papel.
- Que curiosas las vueltas de la vida¿verdad, Malfoy?
- Desde luego. Si me disculpas, creo que me voy a descansar. Ha sido un día muy largo.
Se agachó a tomar la chaqueta. La limpió de las briznas de hierba y volvió a ponérsela a ella en los hombros. En el momento de separarse, ella de pronto subió los brazos y le sujetó la cabeza. Tenía lágrimas en los ojos cuando la besó, apoyando los labios rojos sobre los pálidos de él. Temblaba, y el quiso cerrar sus brazos alrededor de ella, acercarla a su corazón, pero no se atrevió. En su lugar, alzó los brazos y deshizo el nudo que formaban las manos de ella en su cuello. Sin fuerza, pero con insistencia. Se alejó de ella. Hermione se mantuvo quieta, mirándolo sorprendida mientras él se alejaba.
- Te veré mañana. Que descanses. – y se marchó hacia la casa.
