Holas... como estan? siento la demora pero bucha me han pasado los mil y un atados, especialmente con la tesis snif... bueno tampoco es pa contarle mis dramas con la U, pero bueno a lo ke no interesa... Aki les traje un nuevo capitulo para que lean y se diviertan.. espero terminar luego de escribir el fics (ya voy en el capi nueve) para asi solamente subirles la historia ya ke tare mas ocupadita TTTT
Bueno los personajes de Rurouni Kenshin no me pertenecen (aunke vuelvo a insistir ke amo a kenshin y lo kero pa miiiii y una amiga se compro en Iquique unas figuritas ke yo las keroooooo) emmm tambien les aviso.. este capitulo contendra escenas lemon asi ke a aquellos ke no le gusten no las lean no mas... nadie los obliga XDDD
negrita y (): mis comentarios
cursiva: dialogos..
"..": pensamientos de los perosnajes...
Chantaje al Novio
CAPITULO 7.
Kaoru no conseguía entretenerse con ninguna de las cosas que Kenshin le había propuesto. Así que daba paseos de arriba y abajo, por el vasto salón principal, sin fijarse en ningún detalle de su exquisita decoración, y poniéndose cada vez más nerviosa. Por mucho que se repitiera que a Jed le llevaría algún tiempo recoger sus cosas, su intuición le decía que en el departamento de al lado estaban intercambiando algo más que ropa. Por más que sus oídos se esforzaban por captar voces o cualquier otro ruido procedente del vestíbulo entre ambos departamentos, el aislamiento de aquellas paredes era el que podía esperarse cuando se pagaba más o menos un millón de yenes por vivienda.
Kaoru acabó por salir a la terraza, que era igual de grande que el salón. Tampoco allí se oía nada más que retazos de la música que sonaba unos cuantos pisos mas abajo. Dio un suspiro de frustración, y se apoyo en la barandilla, para que el aire fresco la tranquilizara un poco. Lo que finalmente consiguió distraerla fue el maravilloso panorama de la torre de Tokio. La vista era fabulosa, y completamente distinta de la que conocía mejor, la de la casa de su padre. Lo cual era lógico ya que ambas residencias se encontraban en distintas partes siendo que la casa de su padre estaba en las afueras de la ciudad. Además, claro, el departamento estaba a una altura mucho mayo, con lo que se veía una extensión más grande de agua, más la totalidad del centro urbano.
No había nubes, y las constelaciones competían con las luces de la ciudad, creando un paisaje de ensueño, aunque por lo demás, la ciudad estaba muy tranquila. Era una noche de lunes, a fin de cuentas, estaban a primeros de octubre, y faltaba poco para las frías noches de invierno hicieran su aparición dejando a los ciudadanos de Tokio en casa. De hecho hacia bastante fresco esa noche, y Kaoru, volvió a entrar en el departamento, preguntándose si aun tendría que esperar mucho mas hasta que volviera Kenshin. Por fin oyó el ruido de la llave en la cerradura de la puerta principal, y salió casi corriendo al recibidor, con el corazón latiéndole aceleradamente. Le miró las manos, la cara, buscando señales de pelea, pero no había ninguna. No tenia nada en las manos. Ni marcas, ni ninguna otra cosa.
- ¿No estaba Jed?- preguntó perpleja. "En que habrá pasado en tiempo, si no ha habido altercado y tampoco trae la ropa".
- Sí, sí que estaba- la sonrisa de Kenshin era irónica.
- Ah, pero no quiere darte mi ropa¿no es eso?.
- No puede dármela.
- Ay, Dios mío¿qué le has hecho?- salto ella, con un susto tremendo, porque la expresión de Kenshin le parecía tremendamente feroz, con sus ojos dorados completamente y relampagueantes. Con esa mirada lo juzgaba muy capaz de cometer una locura.
- Nada- negó él, y tomándola del brazo, la llevó de vuelta al salón-. No mucho, por lo menos- añadió en un murmullo.
- Me apetece tomar una copa- anuncio en voz alta y dejándola en el centro, se dirigió al mueble bar, de laca negra y se sirvió un whisky-. ¿Tú quieres beber algo?.
- No, gracias. ¿Y qué quiere decir "no mucho"" exactamente?- le preguntó, con gran agitación, y se quedó mirándolo, mientras él tomaba un largo sorbo de la bebida.
- Digamos que mañana se levantará con un hematoma más grande que el tuyo- contestó él con una media sonrisa-. Ah, y tampoco va a tener prisa por ocuparse de la invitada que tenia en el dormitorio. Por lo demás goza de buena salud.- Kaoru no sabia si gritar de jubilo o de pena. Al final prevaleció la sorpresa ante todo lo que Kenshin acababa de contarle.
- ¿Quieres decir... que había una mujer en casa de Jed?- consiguió decir.
- ¿Por qué crees que le he sacudido?.
Kaoru no sabia que decir, ni que pensar. Se quedó donde estaba, con los hombros vencidos hacia delante, y la cabeza inclinada, diciéndose que había sido una estúpida por sentir culpabilidad, aunque no fuera más que un instante, por causa de Jed. Si reaccionó como lo hizo, no fue porque le hubiera herido el corazón, sino que la vanidad.
- No me podía dar tu ropa- siguió explicando Kenshin-, porque la ha quemado.
- ¡Quemado!- exclamo Kaoru, abrumada por un momento-. ¿Por qué ha hecho una estupidez semejante?.
- Porque no le gusta que le digan que no a nada- dijo Kenshin secamente-. A casi ningún hombre le gusta, la verdad. Creo que al despertarse y al descubrir que te habías ido, echó mano para vengarse de lo que quedaba. Y después, saldría a la calle a buscar otra mujer que apuntalara su maltrecho ego masculino. No te amaba Kaoru. No te ha amando nunca.
Aquello, aun pareció hundirla más, así que lo más natural del mundo fue que Kenshin diera unos pasos hacia ella y la abrazara. Apoyando la cabeza contra su pecho, Kaoru dio un sollozo, y las lagrimas empezaron a correr por su cara.
- Pobresita Kaoru- decía él muy suavemente, rodeándole la cintura con una mano y pasándole la otra por el pelo.
"Pobre Kaoru, sí", se decía ella también, "!pobresita tonta, cómo se ha dejado engañar!".
Y ella que creía haberse hecho con las riendas de su vida en el ultimo año. Había ido a clases, había sacado el titulo, se había inscrito en la agencia, le habían dado un trabajo, había comprado ropa adecuada para ese trabajo, y sobre todo, creía haber encontrado al hombre que podría hacerle olvidar a Kenshin para siempre. Pero estaba ahí son trabajo, el hombre había resultado ser un maldito bastardo¡y hasta se había quedado son sus preciosos trajes nuevos!.
No había conseguido nada, estaba de vuelta en casa de su padre, y más enamorada de Kenshin que nunca. Y con eso, sus pensamientos volvieron gradualmente al presente. Y el presente era que estaba en brazos de Kenshin, tan pegada a él que notaba tanto los latidos de su corazón como la creciente dureza contra su vientre.
Exactamente lo que llevaba esperando toda la vida. Porque era eso¿no?. Se le secaron las lagrimas a medida que le subía la temperatura y aumentaban los latidos de su propio corazón. Al cesar los sollozos, reino en el salón un silencio lleno de tensión. La mano de Kenshin le pasaba por la cabeza se paró en medio de su espalda.
- Quizá debería... –tartamudeo- debería llevarte a casa- y al decirlo, la apartó de sí. Kaoru levanto la cabeza y mi miro.
- Te has llevado un disgusto- dijo él con calor, mirándola con fijeza. Si Kaoru hubiera descubierto lastima en sus ojos dorados habría optado por marcharse; pero no se trataba de eso. Kenshin la miraba con una pasión que actuaba como bebedizo.
- Pero yo no quiero irme a casa- le dijo en voz baja.
- No sé- el rostro de Kenshin reflejaba una tempestad de deseos encontrados-. No creo que sepas lo que quieres Kaoru. Nunca lo has sabido.
- Hay algo que he querido siempre, Kenshin- persistió ella, en un susurro ahogado-. Te he querido a ti.
- ¿Igual que querías a ese bastardo?.
- A él nunca lo he deseado como te deseo a ti.- Kenshin retiro las manos que tenia puestas en los hombros de Kaoru y le tomó la cara y la levanto hacia la suya.
- No esperes que te diga que te amo- le advirtió.
- No lo espero- consiguió responderle ella, disimulando su emoción. La boca de Kenshin se acercó a ella, y se detuvo a unos milímetros.
- En cuanto te bese-
dijo- no habrá vuelta atrás. (NA: Ya besalaaaaaa ¬¬)
- No quiero volverme atrás.
- Hablaba para mi Kaoru- murmuró-. La advertencia no era para ti- y sus labios salvaron la distancia que quedaba entre ellos.
Al empezar a besarla, Kenshin sentía, además de un inmenso deseo de hacerlo, una profunda repugnancia. La repugnancia iba dirigida hacia sí mismo. Sabia que lo que estaba haciendo estaba mal. Mal desde cualquier punto de vista. Puede que Kaoru estuviera muy segura en ese momento, pero a él le constaba que tenia que sentirse especialmente desprotegida, después de lo sucedido la noche anterior.
Oírle decir que siempre lo había deseado a él no era ningún paliativo. Sí acaso lo hacia aun más culpable. Aprovecharse de que había estado enamorada de él en la adolescencia era todavía peor que haberlo hecho cuando tenia 17 años. Lo que su conciencia le dictaba alto y claro, era que no siguiera adelante con la seducción. Para seguir respetándose, debería mandar a Saitoh al infierno. ¡Podía sobrevivir sin Saitoh Productions!.
¿Pero sobreviviría sin hacerle el amor a Kaoru?
La mutua atracción sexual que siempre había existido era esa noche una potente droga que estaba a punto de acallar cualquier escrúpulo. Cuando los labios de Kaoru, dóciles a los suyos, se entreabrieron, la voz de la conciencia dejo de oírse y su orgullo cayó como una cascara vacía. Dejo de pensar en nada que no fuera besar a la bellísima muchacha que estaba entre sus brazos.
-------------------------ATENCION AQUÍ COMIENZA EL LEMON---------------------------
Al empezar su lengua a moverse dentro de la boca de Kaoru, ella gimió suavemente, y Kenshin tuvo el ultimo pensamiento racional. Se preguntó si había preservativos en algún lugar localizable de la casa. Pero al volver a oírla gemir también ese pensamiento fue a reunirse con la voz de la conciencia.
Kaoru le recorrió con las manos el torso, y acabó por enlazarlas en torno al cuello, como para sujetarlo.
- Kenshin- dijo sencillamente, cuando él separo un momento la boca de la suya. Pero no pudo decir nada más. Inmediatamente volvió a besarla, a trastornarla y a la vez, iluminarla profundamente, haciéndole ver que había merecido la pena esperara tanto tiempo por él, dejándole entender al fin por qué había sido incapaz de amar a ningún otro hombre.
Al sentir la boca de Kenshin pegarse con fervor ansioso a la suya, una pasión sin limites empezó a arder en ella, una pasión que exigía la mayor intimidad. Anhelaba recorrer todo su cuerpo, acariciar cada centímetro de su piel, besar las zonas más recónditas. Y a la vez, deseaba que la tocara, que le quitara toda la ropa que explorara su carne, todos los rincones de su cuerpo de mujer. El propósito de su cuerpo era que Kenshin lo disfrutara y se sirviera de él. Ella se lo entregaba.
De todo corazón
Con toda su lascivia.
Con todo su amor.
Estaban ambos jadeando cuando él empezó a quitarle la ropa. Kaoru colaboró soltando los botoncitos de su casaca, que él no conseguía desabrochar. Se la quedo mirando, desnuda hasta la cintura. Kenshin se había quedado sin aliento a la vista de los espléndidos pechos de Kaoru, rotundos, con los pezones rosas erectos y tensos. Pero se abstuvo de tocarlos, y quiso esperar hasta tenerla totalmente desnuda ante él.
- Quítate lo demás- ordenó.
Tras una breve vacilación, ella lo obedeció algo ruborizada. Fueron dos cosas las que cambiaron su relación con Kaoru definitivamente, ante todo, su docilidad ante sus deseos. Y por supuesto, la belleza así desvelada ante sus ojos. Era aun más hermosa de lo que él había imaginado. Una autentica diosa.
Kaoru sentía un desvanecimiento para delante de él, sintiendo como la mirada de él recorría su cuerpo totalmente desnudo, como una lengua de fuego. No podría haber sentido mayor excitación si la hubiera tocado. Toda su musculatura se tensó. Se le hincharon los pechos. Las rodillas, las ingles, le temblaban
- No te muevas- dijo Kenshin y empezó a quitarse la ropa sin dejar de mirarla.
Primero la chaqueta. Sin prisas. Luego el jersey. Ambos cayeron simplemente al suelo. Sus ojos seguían devorando a Kaoru diciéndole con toda elocuencia que la deseaba, que la deseaba como ningún hombre lo había hecho. Se quito los zapatos, y luego rápidamente, los calcetines. Inmediatamente paso a lo más espinoso, los pantalones y calzoncillos. La boca se le seco a Kaoru y un fuerte tono rojo se coloreo en sus mejillas, al ver bajar los primeros y sobre todo, al dejar Kenshin todo atrás, dando un paso hacia ella.
El aire se volvió demasiado denso para respirarlo. Si desde luego... Kenshin la deseaba como ningún otro hombre la había deseado.
Al cabo de unos segundos de contemplar su deseo, Kaoru lo miró a los ojos y comprendió que iba a vivir una experiencia incomparable. Aunque no tenía mucho con que comparar ya que a pesar de lo que pensaran ella aun era virgen.
- Acércate- ordenó Kenshin. Kaoru se sentía mover en cámara lenta, al volver a sus brazos. Se estremeció cuando sus cuerpos desnudos entraron en contacto y al instante se pegaron el uno al otro. Levantó la cara para que él la besara. Pero el beso no llegó sino únicamente la insistente mirada de él clavada en sus enormes y misteriosos ojos azules.
- ¿Comprendes- pregunto Kenshin con la voz ahogada- que no puedo esperara ni un momento más?.
- Yo tampoco.
Al oír la respuesta, Kenshin emitió un sonido que ella iba a recordar toda su vida. Un ronco gemido gutural, que sintetizaba todos sus sentimientos y emociones que ella esperaba que algún día llegara a sentir por ella, sin expresar ninguno. Tampoco ella se sentía capaz de expresar sus sentimientos, puesto que hasta el amor parecía olvidado sustituido por puro apetito. Nunca habría podido imaginar aquella urgencia, aquella desesperación por tener a Kenshin dentro de ella, por sentir que su carne llenaba la suya.
- Hazlo Kenshin- apremio- ¡hazlo!.
Sin más respuesta que otro gruñido, Kenshin la tomó de los muslos, separándole las piernas, y la penetro sin más- Kaoru estuvo a punto de lanzar un grito de dolor, pero se callo, porque al parecer el no se había dado cuenta de que para ella era su primera vez. Cuando las manos de Kenshin le sujetaron firmemente las nalgas, obligándola a despegar los pies del suelo, Kaoru hundió la cara en su cuello, con vergüenza de que él viera su expresión.
Pero si él la había levantado, era para llevarla hasta el enorme sofá de cuero negro que había en el centro del salón. Al tenderla contra el ancho y mullido brazo del mueble, Kaoru no podía ocultarle la cara ni ninguno de sus movimientos. El largo cabello negro, se desparramo, los brazos se soltaron de la nuca de él, soltándole los cabellos de fuego, sus brazos quedaron abiertos, pero su sexo permaneció soldado al de Kenshin.
Nuevamente desconcertada, se lo quedó mirando, mientras se hacia a la idea de aquella postura, que no había imaginado nunca. Resultaba sorprendentemente placentera una vez que el dolor se fue, sobre todo, una vez que hubo enlazado con loas piernas la cintura de él, cruzando los tobillos. El brazo del sofá recogía cómodamente su espalda y las poderosas manos de Kenshin le sujetaban con firmeza los glúteos. La distancia entre el resto de sus cuerpos contribuía al erotismo de la situación, puesto que ambos podían contemplar al otro detalladamente.
Vestido Kenshin resultaba atractivo y elegante. Desnudo, Kaoru lo encontraba magnifico, poderoso, en pie ante ella, sujetándola sin el menor esfuerzo, con la cintura tan flexible como años atrás, junto a la piscina aunque quizás más amenazador, con el dorado de sus ojos y el cabello rojo callendole desordenadamente por la cara.
También sus increíbles ojos dorados/violetas, que ahora estaban completamente dorados, iban recorriendo el cuerpo de Kaoru, haciendo que se encendiera toda su piel, que su boca se entreabriera y sus pezones se irguieran aun más. Solo al alcanzar el punto donde ambos se confundían, empezó a moverse, y a moverla, a ella, acercándola hacia él al mismo ritmo que empujaba hacia delante con su pelvis.
Era como si aquel émbolo bombeara sangre hacia la piel de Kaoru y luego hacia su cabeza. El corazón se le aceleraba. Todo le daba vueltas. Tuvo un momento de verdadero terror, y entonces sintió estallar en mil pedazos y sin solución de continuidad, fluir gozosamente y Kenshin la oyó gritar su nombre, y vio la expresión de tormento en su cara, los espasmos de su cuerpo, y las lagrimas en sus ojos. Porque aquello fue aun peor de lo que ella había imaginado, más extremo. Tanto placer, tanto como el dolor.
CONTINUARA ...
Bueno ahi les dejo este nuevo capitulo, espeork e les guste y no me mateeeen por dejarlo asip jejejejeje
Muchas gracias a todos los ke han dejado reviuws, realmente me encanta ke me escriban y me den sus opiniones...
Bueno nos veremos en el proximo capitulo ya? ojala ke les guste y esperos sus comentarios sip?
Beshos
byes
