"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"
por Cecyet Black¡Hola una vez más estimadaslectoras! (Porque la mayoría de ustedes son mujeres... espero que pronto haya algunos hombres ). Es un placer estar nuevamente con ustedes a través de esta página. Tal vez a muchos de ustedes les parezca un poco rara la forma en la que voy a empezar esta presentación, pero antes de extenderme más, me gustaría que leyeran la siguiente…
ADVERTENCIA: Lamento decirlo (), pero creo que este capítulo (que me costó bastante trabajo escribir) NO es apto para niños ni para personas demasiado sensibles o que no les gusten las historias sobre el sufrimiento ajeno; así que, quienes tengan estas características, absténganse de leerlo (y si desean hacerlo, bueno pues será bajo su propio riesgo). La razón de esta advertencia es muy simple: dentro de este episodio hay algunas escenas que pueden remitirles a un tema… un tanto escabroso, y que sigue siendo motivo de polémica (por lo que no me extrañaría que enviaran a mi correo algunos howlers y cartas bomba): el maltrato infantil. De antemano, pido disculpas a todas aquellas personas que se sientan agredidas o que no les guste lo que escribo a continuación.
Y bueno, después de las noticias desagradables, y antes de continuar esta historia (que espero siga siendo bastante bien recibida por ustedes), quiero agradecerles una vez más todo lo que hacen por esta escritora: esperar las actualizaciones (que como diría mi maestra de Seminario de Tesis tardan "años y felices lustros"), leer cada capítulo (por largo y extenuante qu sea) y hacerme llegar sus comentarios (por medio de sus maravillosos reviews, que créanme, les agradezcodesde el fondo del alma); ya que sin su apoyo nada de esto sería posible y no tendría caso seguir escribiendo. ¡Mil gracias de nuevo! Y como ya saben, me halaga que esta historia les guste, les despierte algunas emociones y sobre todo, que me sigan pidiendo que la continúe.
Esta vez, también abriré con el acostumbrado disclaimer: Como saben, los personajes le pertenecen a la gran J.K. Rowling, así como sus características y derechos de autor y publicación; a excepción de Vivian, Orión y Paleydis, que inventé yo, junto una historia que trata de explicar como fue la vida de Sirius desde su infancia hasta su caída detrás del velo del Departamento de Misterios.
La dedicatoria va esta vez (junto con las plegarias a mi padre, Sirius) a todas aquellas personitas que por desgracia han vivido muy de cercael maltrato (ya sea físico o psicológico) infantil. Ojalá la magia pueda lograr que algún día esto ya no exista, y que la infancia de cada niño en el mundo sea completamente feliz.
¡Ahh! y por supuesto que no se me olvidan algunas personitas especiales:
Fer Black: Pues no te me pongas triste, chiquilla. Para mí, Sirius sigue vivo... sólo que no va a aparecer por aquí en un tiempo... es un poco difícil de explicar, pero en mi muy particular teoría... ¡NO ESTÁ MUERTO! (perdón, a veces me exalto ). Y bueno, pues espero poder resolver algunas dudas (propias y de ustedes, je,je) respecto a la vida de este galán. ¡Ahh! y gracias por los halagos.
Prongs-Sexy Potter317: ¡Wooow! Mira que leer todos los capítulos de una sola vez... bueno, me da gusto saber que te gustó tanto la historia ¡Mil gracias por tus comentarios, me alimentan el espíritu (sonó a comercial, pero ni modo)¡Ahh! y un gran saludo, beso, abrazo y apapacho a "Las Merodeadoras": Moony, Wormtail, Paddy,Lilyy tú... yo encantada de que todas lean el fic, aunque no sepan enviar reviews... Me basta conque lo lean y les guste. Y por supuesto que te agrego al MSN (¡cómo Voldys no!), y con gusto platicamos...
Alex Black Bird: Pues justamente aquí comienza la historia de nuestro amado Paddy (¿no!.. ¿será por eso que el cap. se llama "El inicio de todo"?...XD), espero que te guste como comienza, sino... pues ya me darás un jitomatazo virtual, je,je,je. Y respecto a lo de que Sirius sea malo... ñam... pues no precisamente, yo creo que más bien tenía las ideas confundidas (con esa familia, cómo no... ). Respecto a lo de actualizar pronto... porfa... ¡ténganme un poco de paciencia! Ando medio desquiciada por aquello de la famosa Tesis... pero cuando acutalice, prometo que serán dos o tres capítulos de corridín... je,je. Y te dejo el review ahorita que vea tu historia, sale?
Laura P.E.: Mi lectora cautiva desde el cap. 2... ¿qué te puedo decir¡Mil gracias! Ñam... y una disculpa por no actualizar todo lo rápido que quisiera, pero a veces no se puede... y menos cuando mi madre baja para decirme que ya me duerma porque ya no son horas de estar en Internet TT... ¡qué le vamos a hacer! Claro que todos tenemos curiosidad por saber los secretos del buen Sirius... pero poco a poco los iremos descubriendo... paciencia... Y por cierto¿quién te dijo que el trabajo fácil era leer la historia? Yo creo que no lo es tanto, sobre todo si te encuentras a escritoras a las que les gusta explayarse, como a mí, je,je,je. Espero que sigas leyendo la historia, amiga.
Y ya para terminar (porque ya me extendí mucho), vuelvo a pedirles dos cosas: un poco de paciencia para seguir leyendo esta historia sobre mi papá (Sirius) y que cualquier comentario, duda, aclaración, sugerencia, jitomatazo o excomunión, la hagan llegar ami e-mail: Y ahora sí… ¡Comenzamos!
V. UNA INFANCIA DIFERENTE.
Cuando Harry terminó de leer la dedicatoria del Diario de Sirius, por un momento pensó que las letras seguirían apareciendo hasta completar el contenido del libro, pero no fue así. La página siguiente, aún en blanco, hizo que hojeara desesperadamente el libro, tratando de encontrar algún otro mensaje escrito con la letra de Sirius. Pero tampoco lo encontró.
¿Y ahora qué¿Debo esperar a que aparezcas de nuevo, Sirius? – preguntó bastante disgustado al libro, a pesar de que sabía que éste no le iba a contestar.
Por supuesto, el libro no respondió. Tal vez Remus había olvidado decirle algún hechizo con el que pudiera seguir leyendo las anotaciones que había hecho Sirius en páginas posteriores… o tal vez el propio Sirius (el de la fotografía, que había hablado con él) había olvidado decirle algo importante…
De repente, Harry tuvo una idea: escribir en la página vacía del libro y esperar una respuesta, tal y como lo había hecho con el diario de Ryddle. Si eso no funcionaba, definitivamente no sabría que hacer…
Mojó la pluma de águila en la tinta commendatus y escribió:
¿Y ahora que sigue?
¿Por qué no lo ves por ti mismo?
Antes de que el chico de ojos verdes pudiera responder, sintió que unos brazos lo arrastraban hacia el libro con una fuerza descomunal, sin que el pudiera defenderse. Quiso gritar, lanzar un hechizo o algo, pero no se atrevió por miedo a despertar a los demás. Sentía un fuerte viento en la cara, que le hizo cerrar los ojos, que empezaban a lagrimear. Sin embargo, lamentó haberlo hecho: la velocidad a la que lo sujetaban era casi la de un huracán y empezó a marearse. Decidido a no soportarlo más, sacó la varita, pero era demasiado tarde: los brazos que lo sujetaban lo habían soltado y el cayó de rodillas contra el suelo.
Harry se incorporó como pudo, bastante molesto y frunciendo el entrecejo. ¿Acaso Sirius creía que podía jugar con él a su antojo¿Era otra de sus bromas tratarlo de ese modo? Justo cuando estaba por abrir la boca para gritar lo que pensaba en ese momento, lo interrumpió la conversación de dos jóvenes que estaban sentados justo detrás de él:
Ya te lo dije, Idelia, lo que pasó no fue culpa mía y por lo tanto, no tengo ninguna responsabilidad en el asunto.
¡Por supuesto que la tienes¿Crees que estoy metida en este lío solamente por mi culpa?
Yo te lo dije desde antes. Tú fuiste la que no me hizo caso… ¡ahora enfrenta las consecuencias de tus actos!
¡Eres un cínico, Jason Black! – dijo ella y le dio la espalda.
¿Black! Harry volteó y observó cuidadosamente a los dos jóvenes: ella, Idelia, era una chica flacucha, de piel blanca y apariencia frágil y enfermiza, que al mismo tiempo, se movía de una manera bastante desenfadada. Su rostro, que en ese momento expresaba bastante enojo, era muy bello, con unos rasgos extremadamente femeninos. Pero su mirada era fría, casi glacial. Tenía los ojos grises, de apariencia felina, pero con la inexpresividad de un frío trozo de metal. El largo cabello, de un tono negro azulado, que le llegaba hasta la cintura, la hacía verse mucho más pálida de lo que era. Sólo había algo que destacaba de su anatomía, digna de una película de vampiros: unas manos sumamente blancas, de dedos largos y finos, perfectamente cuidadas y con un anillo de plata en cada dedo.
Jason, en cambio, era un joven fornido, que parecía estar en excelente condición física y gozar de una salud excelente. No obstante, sus movimientos, a pesar de la arrogancia que les imprimía, eran hasta cierto punto, bastante toscos. Su rostro era una roca: demostraba inexpresividad absoluta, como si nunca hubiera sentido la más mínima emoción por nada ni por nadie. Llevaba el cabello, rubio cenizo y largo hasta los hombros, recogido en una coleta. El único punto de su anatomía que parecía poseer un poco de vida eran sus ojos: de color azul profundo, casi violetas, pero que al igual que su rostro, carecían de calidez y expresividad.
Fue cuando Jason volteó nuevamente a ver a Idelia cuando Harry reconoció aquellos ojos: eran los ojos de su padrino. Y el rostro de Idelia: era casi idéntico al de su padrino. ¡Estaba viendo a los padres de Sirius! Harry comprendió entonces que lo que había pasado guardaba mucha semejanza con el retroceso que había hecho en el tiempo gracias al diario de Ryddle: Sirius había hecho lo mismo, lo había transportado en el tiempo al pasado, a su pasado. Justo cuando estaba reflexionando sobre ello, Idelia volvió a hablar:
¡Vas a casarte conmigo, quieras o no! – exclamó sujetando a Jason de los hombros.
¡No lo haré¡Maldita seas¿No te cabe en la cabeza que no te amo? – respondió él, forcejeando con ella bruscamente.
¡Lo harás¡Juro que lo harás! – gritó Idelia mientras, con la mano que tenía libre le daba una bofetada a Jason - … A menos que quieras que tu "venerable familia" se entere que estás regando hijos por el mundo… - agregó mientras se daba la vuelta y se iba.
¡Maldita seas, Idelia Lestrange!
El chico de la cicatriz en la frente permaneció de pie, inmóvil. Se quedó observando a Jason Black por un momento, mientras éste tomaba su capa negra y se iba lanzando maldiciones contra Idelia. Harry dudó. No sabía si debía seguirlo o no, pero como no parecía haber más personas cerca, decidió hacerlo, mientras empezaban a surgir infinidad de preguntas sobre su cabeza. ¿Era por eso que sus padres odiaban tanto a Sirius, porque él los había "obligado" a casarse?
Siguió corriendo, para alcanzar al padre de Sirius, pero cuando éste dobló una esquina, Harry se detuvo detrás de él: estaban frente a una mujer preciosa, de cabello castaño y ojos color miel, que llevaba una larga túnica rojo oscuro y que al ver al padre de Sirius, lo saludó efusivamente.
¿Cómo has estado, amor? – dijo en una voz cálida y dulce, que Harry creyó haber escuchado anteriormente. – Estaba esperándote. Tengo algo muy importante que decirte…
Rebecca, sólo vine a despedirme…
¿A despedirte?
Idelia me va a obligar a casarme con ella. Está esperando un hijo mío…
¿Entonces es cierto lo que dicen¿Qué su compromiso quedó formalizado desde hace años? – dijo Rebecca mirando a Jason con ojos de sorpresa y decepción.
Pues… - comenzó el padre de Sirius dudando de lo que diría enseguida - Sabes que mi familia y la suya están obsesionadas con la "limpieza de sangre". Así que… no hay mejor partido para Idelia que yo… y ella es la mejor candidata para ser mi esposa…
Hubo un silencio largo y muy tenso en el que ambos se miraron a los ojos. Jason miraba a Rebecca con un destello de ternura y sus ojos eran la única parte de su cuerpo que parecía sentir una emoción al hacerlo. Ella, en cambio, fue transformando aquel rostro dulce y apacible en un inmenso mar de reproches y furia contenida. Finalmente, se acomodó la túnica con ambas manos y dijo:
Perfecto. No necesito saber nada más; acabas de decirlo todo. – y agregó con ironía – Ojalá tengas suerte en tu matrimonio, Jason. Se ve que Idelia y tú son la pareja ideal…
Rebecca sonrió maliciosamente mientras susurraba para sí: - ¡Hasta nunca, Jason Black! Se dio la vuelta y comenzó a caminar con pasos largos y seguros, sin detenerse o voltear hacia atrás, hasta que llegó al parque donde habían estado conversando los padres de Sirius. Entonces echó a correr y se perdió de vista.
Harry volteó a ver a Jason. Estaba parado ahí, inmóvil, observando cómo se le iba la felicidad de las manos, sin saber que hacer o decir y sin saber que jamás volvería a verla en toda su vida…
Me parece que su padre nunca superó eso. Nunca lo admitió, pero le dolió bastante haber renunciado a la persona que más amaba para casarse con la madre de Sirius…
Eso no lo justifica; quiero decir… no por eso debió haber tratado tan mal a su hijo… - agregó Harry golpeando la mesa con el puño y derramando una porción de su desayuno en ella.
Todo lo que había visto dentro del diario lo había impresionado y al mismo tiempo le había hecho entender muchas cosas, aunque seguía sin encontrarles justificación, a pesar de lo que Lupin dijera.
No justifico a su padre, ni mucho menos. Sirius no tuvo la culpa de nada de lo que pasó antes y después de su nacimiento, pero en verdad le tocaron circunstancias muy difíciles. – añadió Lupin mientras daba un sorbo a su taza de chocolate caliente – La boda de sus padres fue un gran acontecimiento dentro del mundo mágico: se unían dos familias tan antiguas como poderosas. "El Profeta" no habló de otra cosa durante semanas, tomaron miles de fotos y publicaron infinidad de artículos… pero lo que no publicaron (y que ambas familias se cuidaron de guardar celosamente) era la falta de amor entre la pareja y el hecho de que se habían anticipado a la boda…
¿El embarazo de Idelia?
Correcto. Incluso al mismo Sirius le hicieron creer durante mucho tiempo que había sido prematuro, hasta que él mismo averiguó la verdad y la guardó en su diario…
Supongo que la verdad no le hizo mucha gracia… - comentó Harry mientras terminaba sus hojuelas de avena.
A decir verdad, él ya se lo imaginaba, Harry. – agregó el licántropo con una sonrisa amarga – Trataron de ocultar a toda costa su nacimiento y nunca terminaron de aceptarlo. Por supuesto, nunca lo quisieron, ni le demostraron un poco de cariño. Su madre se negó a hacerse cargo de él y delegó su cuidado a una nana y por supuesto, a los elfos domésticos de la familia. Tu padrino jamás le inspiró ni una gota de "amor maternal". Lo veía como una carga, como un bulto que había llegado de improviso a complicarle la existencia y a quitarle un poco de libertad. Para su padre, Sirius significaba eso y además, el último eslabón de una cadena que lo ataba con una persona que para él era detestable. No es de extrañar que con esos sentimientos lo trataran de la manera en que lo hicieron…
Tal y como lo hicieron los Dursley conmigo… - concluyó Harry con el resentimiento reflejado en sus ojos verdes.
¿De qué hablan? – preguntó la voz de un joven desde la puerta de la cocina. Iba aún en pijama y se pasó la mano por el cabello (de un rojo intenso) mientras bostezaba de manera descomunal.
De lo que haremos hoy en la tarde, Ron. Siéntate. – dijo su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras - ¿Qué te parece si hablamos de ello mientras desayunas?
Las visitas nocturnas a la habitación que había pertenecido a Sirius se estaban haciendo una costumbre diaria para el chico con la cicatriz en la frente. Lo único que lamentaba era el hecho de que tenía que esperar a que todos los habitantes de la casa se durmieran para poder realizarlas.
Con el paso de los días, Harry iba automatizando la rutina: abrir el diario, derramar unas cuantas gotas de la tinta commendatus, escribir algo y esperar la respuesta del libro. Así se había enterado del principio de la historia, y suponía que todo eso continuaría hasta el final.
No obstante, ese día, al abrir el diario, algo cayó de él y fue a parar a sus pies: una vieja fotografía de Idelia con un niño en brazos. Pero, para sorpresa de Harry, no se trataba de su padrino: era un niño pequeño, de apariencia frágil y debilucha, de cabello rubio cenizo y ojos grises, de mirada gélida a pesar de su corta edad. Ella, la madre de Sirius, sonreía en un gesto extraño, que no parecía acorde con su fisonomía y miraba al bebé con ternura.
Harry examinó la foto detenidamente: aquél bebé debía de ser Regulus, el hermano de su padrino. Tomó aquel papel con cuidado y lo colocó en una hoja en blanco, de donde suponía había caído. Al hacerlo, se dio cuenta de que la fotografía iba aumentando de tamaño hasta abarcar la totalidad de la página y dentro de ella, las imágenes empezaban a moverse como si fuera un video muggle casero. Se acercó al libro, poniendo atención a lo que sucedía…
"Buenas noches, gentil, tengas siempre al dormir, entre cantos de luz y de perfume sutil… duerme y sueña feliz…" - esa era la voz de Idelia que entonaba una canción de cuna, arrullando al bebé que tenía en brazos. Estaba sentada en una mecedora, junto a una cuna, desde la cuál se alcanzaba a ver perfectamente la puerta y el pasillo que daban al cuarto.
De repente, apareció un niño pequeño, de no más de tres años de edad, despeinado, enfundado en un mameluco y secándose unas cuantas lágrimas que corrían por su carita. Se quedó de pie frente a la puerta, observando la escena, mientras acercaba una de sus manitas a la puerta, tocando dos veces.
Mami¿puedo entrar? No puedo dormir… tengo pesadillas… - preguntó con una vocecita débil y temerosa.
Idelia Black pareció no haberse dado cuenta de que su otro hijo estaba casi frente a ella, pidiéndole algo, y siguió arrullando al pequeño Regulus, como si no hubiera existido ninguna interrupción. El otro niño, Sirius, sintiéndose ignorado, avanzó con pasitos inseguros hacia ella, tratando de llamar su atención.
Mami… ¿Mamÿ... – preguntó jalando ligeramente la falda de Idelia.
Lo que sucedió a continuación fue desconcertante para Harry: La madre de Sirius volteó con indiferencia, observó brevemente al niño, dejó a Regulus en su cuna y se lanzó sobre Sirius, tomándolo de una oreja para sacarlo del cuarto mientras le gritaba:
¡OTRA VEZ TE ORINASTE EN LA CAMA, CHIQUILLO IDIOTA¿CREES QUE TU PADRE Y YO TENEMOS TIEMPO Y PACIENCIA PARA SOPORTAR TUS ESTUPIDECES¡Y ENCIMA DE TODO VIENES A MOLESTARME CUANDO ESTOY TRATANDO QUE REGULUS DUERMA¡SABES PERFECTAMENTE QUE DESPUÉS DE LAS DOCE NO PODEMOS ATENDERTE!
¡Mami,… mami¡Te - tenía pesadilla¡Te – tengo miedo! – gemía desesperadamente el niño entre sollozos.
Mira niño tonto: el miedo te lo aguantas mientras vivas en esta casa. Ya estás lo suficientemente grande para no pensar en tonterías. Y no quiero que me molestes, ni mucho menos a tu padre, que se pasa el día trabajando para mantenerte. ¡Que no se te olvide que después de las doce TÚ YA NO ERES MI HIJO! – y diciendo esto, Idelia tomó al pequeño de cuello, como a un cachorro y lo levantó del suelo. ¡KREACHER¡KREACHER!
Un instante después, apareció al pie de la escalera un elfo doméstico que llevaba atado un trapo mugriento alrededor de la cintura. Tenía las orejas largas y puntiagudas, los ojos de color verde claro, con expresión vivaz y maliciosa y una nariz grande con forma de hocico de cerdo. Habló con una voz grave y áspera, casi cavernosa, capaz de erizar la piel con sólo oírla.
Diga usted, mi ama. – preguntó mientras hacia una profunda reverencia, hasta casi tocar el suelo.
Llévate a esta criatura lejos de mi vista. – dijo Idelia mientras bajaba las escaleras con el niño suspendido en el aire. - Enciérralo en el sótano lo que resta de la noche. Ya veremos si no se le quitan esos miedos absurdos de una vez por todas…
¿Con doble llave, madame? – preguntó el elfo con una sonrisa macabra, mientras miraba amenazadoramente a Sirius.
Por supuesto. Procura que esté hasta el fondo. No quiero oír sus berridos durante la noche…
Se hará como usted diga, mi ama. – Y al instante, el elfo tomó al chiquillo fuertemente del cuello, tal y como lo había hecho su madre, mientras Sirius daba patadas tratando de liberarse del elfo y empezaba a llorar casi a gritos:
¡NO, MAMÁ¡MAMÁ¡TE JURO QUE – QUE ME VOY A PO – PORTAR BIEN¡NO DEJES QUE ME LLEVE!... ¡MAMÁ!
Idelia le dio la espalda mientras subía por las escaleras hacia el cuarto donde había estado. Kreacher, aún forcejeando con el pequeño, sacó una llave antigua y grande del bolsillo, mientras el llanto de Sirius se iba alejando cada vez más…
