"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"
por Cecyet Black
¡Saludos desde la Mansión de los Black, en Grimmautl Place #12! Es un placer estar nuevamente con ustedes, mis queridas y nunca bien ponderadas lectoras (y lectores, si hay alguno... chicos¡háganse notar!), a través de esta maravillosa página web. Seguramente se preguntarán si este capítulo va a resultar igual de loco y cruel que el capítulo anterior, y la verdad es que… ¡va a ser peor! (je.je.je. ) ¡NO¡No es cierto! Digo, sé que de repente las hago sufrir un poco, pero no es para que me emocione y quiera que se corten las venas con spaghetti cocido en cada capítulo.
La verdad es que este capítulo es más digerible que el anterior y la temática es menos escabrosa… tanto, que puede que se rían un poco de nuestros protagonistas, que en esta ocasión serán Harry, Ron y Hermione. ¿Por qué el cambio? Bueno, pues porque desde que Harry encontró el Diario de Sirius, he descuidado un poquito a los demás, de ahí la necesidad de escribir este capítulo. Pero no se preocupen: seguirán descubriendo algunas cosillas sobre la vida de mi canino padre (je,je ).
Y bueno, antes de continuar esta historia (que espero siga generando interés en ustedes, para que lean los capítulos que faltan), quiero nuevamente agradecerles que esperen las actualizaciones (que yo sé que tardan mucho... demasiado a veces), lean los capítulos de cabo a rabo yme hagan llegar sus comentariosvía review, pues sin su apoyo nada de esto sería posible y no tendría caso seguir escribiendo. ¡Mil gracias de nuevo!
Y ahí va el disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la gran J.K. Rowling, así como sus características, derechos de autor y publicación; a excepción de Vivian, Orión y Paleydis, que inventé yo, junto una historia que trata de explicar como fue la vida de Sirius desde su infancia hasta su caída detrás del velo del Departamento de Misterios.
La dedicatoria va esta vez a todos los que ya conocen: mis fieles y cautivas lectoras de cada capítulo: Fer Black, Prongs-Sexy-Potter317 (y por supuesto a "Las Merodeadoras": Moony, Wormtail, Paddy y Lily), Alex Black Bird y Laura P.E.
Además de ellas, a los amigos entrañables de los sábados:Nona (a quien algún día le compensaré cada lagrimita que ha derramado por este Fanfic), Pepe, Loyelli, J.C. Black, Christian, Aluckard, Lord Sirius, Viridiana, Hagrid),Allen, Luna, Shelly, Kath, Lex Potter (aunque ya no ha venido el muy ingrato ), Grace, Laura yRabito (¡que es divertidísimo!). También a mis "hermanitas muggles", Rosario y Gaby, a mi mam� y por supuesto, a Sabrina.
Y ya para terminar, vuelvo a pedirles lo mismo de siempre: paciencia para seguir leyendo esta historia sobre mi papá (Sirius) y que por favor, hagan trabajar a mis "lechuzas virtuales", que están de haraganas tomando el sol en la azotea. Cualquier comentario, duda, aclaración, sugerencia, jitomatazo o excomunión, pueden hacerlo llegar al e-mail: Y ahora sí… ¡Comenzamos!
VI. NO LO COMPRENDO.
Harry no pudo soportarlo más. Cerró el diario de golpe y lo aventó al suelo mientras salía corriendo desesperado hacia el piso de abajo. Notó que sus pasos hacía un enorme ruido al pisar la vieja madera de Grimmautl Place, pero no le importó. Sentía mucha rabia y frustración. Así que su padrino y él tenían más cosas en común de las que imaginaba. Recordó todas las veces que los Dursley lo habían encerrado en la Alacena Debajo de la Escalera y se sintió peor: no podía entender las razones de aquel trato, le parecía absurdo. Tenía ganas de gritar y de golpear lo que tuviera más cerca, así que descargó su furia contra la pared de la cocina.
¡Harry¡Por Merlín, que susto me has dado! – exclamó una voz femenina, que venía justo de la cocina y que se acercó hacia la puerta de la pared que acababa de golpear.
Hermione Granger lo observaba con actitud sorprendida y temerosa, mientras sostenía un vaso en la mano derecha. Harry tenía la cabeza apoyada contra la pared, y el puño apretado dispuesto a asestar otro golpe. Se revolvía furiosamente entre la cólera y el llanto, rechinando los dientes. Hermione, dejando el vaso sobre un mueble cercano, se le acercó cautelosamente.
¿Harry¿Te sientes bien¿Puedo ayudarte?
¿Qué haces aquí? – preguntó él en un tono más agresivo del que hubiera querido.
Pues… no podía dormir, así que vine por un poco de agua. Bueno, no importa. ¿De verdad te sientes bien? – agregó tomándolo del hombro y obligándolo a voltear hacia ella.
Harry miró al piso. Se sentía mal, por él y por Sirius, pero no podía expresarlo. No encontraba las palabras. Para asombro de él mismo y de su amiga, levantó el rostro, la miró unos instantes y le lanzó los brazos al cuello. No lloró, pero estuvo a punto de hacerlo. Hermione, asustada, permaneció inmóvil, sin mover siquiera los brazos.
¡Vaya¿Me perdí de algo? – preguntó la voz de un chico que venía bajando las escaleras - ¿Harry, por qué no me dijiste que tendrían una fiesta privada aquí abajo? – agregó finalmente Ron en un tono irónico que no ocultaba sus celos.
Harry, aún sintiendo esa rabia impotente, no supo que contestar. Soltó a Hermione, caminó hacia las escaleras y subió corriendo sin detenerse o hacer caso del pelirrojo, que estaba inmóvil y atónito. Hermione, con un gesto de profundo disgusto, tomó el vaso del mueble en el que lo había dejado y subió las escaleras como una exhalación, mientras pasaba junto a Ron y decía:
Siempre has tenido un tacto de elefante…
Por una parte, a Harry le había alegrado la interrupción de Ron: aún no sabía cómo explicarle a sus amigos lo que había averiguado de la vida de su padrino por medio de aquél libro; pero por otra parte, sentía que él no podría guardarles tantos secretos a sus mejores amigos, y mucho menos, si le provocaban tantas emociones que no sabía bien como manejar.
Lupin le había explicado lo que Sirius siempre le había dicho: que sus padres no lo querían, que trataron de educarlo a su manera (quizá las más cruel e inadecuada) para hacerlo "un digno heredero de la dinastía Black" y que siempre, por alguna extraña razón, habían demostrado una marcada preferencia por su hermano Regulus; pero aún así, revivir recuerdos dolorosos que por momentos parecían ser los suyos, no le hacía ni pizca de gracia.
¡Maldito seas, Sirius¿Por qué siempre tienes que hacer todo tan difícil?
Es que no lo entiendo…
¡Grandioso! Ahora resulta que además de ser un inútil eres un tarado…
Sirius tendría unos cinco o seis años. Estaba de rodillas en el suelo, jugando con unas pequeñas réplicas de escobas de carreras, que se mantenían suspendidas a unos quince centímetros del suelo. Al oír la contestación de su padre, que estaba sentado detrás de su escritorio hojeando unos papeles, dejó de jugar y lo miró, con un atisbo de furia reflejado en su mirada infantil. Entonces habló…
No entiendo por qué cuando vamos a Ministerio no puedo hablar con todos los niños, como los demás…
Porque TÚ no eres como los demás… ¡ERES UN BLACK! – contestó su padre, furioso.
¿Y eso qué? – preguntó inocentemente el pequeño.
¡No cabe duda que eres estúpido! – exclamó Jason Black levantándose de su silla y dirigiéndose hacia donde estaba su hijo mayor, al que tomó violentamente del brazo, sacudiéndolo. - ¡TÚ ERES UN BLACK¡Eres descendiente de una familia noble, que ha mantenido su orgullo y su pureza de sangre durante siglos¡NO PUEDES MEZCLARTE CON NADIE QUE NO SEA IGUAL A NOSOTROS: UN MAGO DE SANGRE LIMPIA!
¿Y cuando vaya a Hogwarts?
¡Sobre todo en ese lugar, niño tonto! Tienes que elegir a tus amigos entre los hijos de las mejores familias: los Nott, los Malfoy, los Crabbe, los Goyle… y tus primos… los Lestrange.
Rodolphus y Rabastan no me caen bien… - dijo Sirius haciendo un gesto de desagrado.
Mira, mocoso, no me importa si te caen bien o no: esas familias son de lo mejor que se puede encontrar en este mundo plagado de inmundicia y sangres sucias. – agregó Jason soltando al niño y regresando a su lugar, detrás del escritorio. -Vas a ir a Hogwarts, te quedarás en Slytherin, que es la casa en donde hemos estado todos los miembros de la familia, y harás amistad con quienes yo te diga. – Terminó en un tono amenazador que no admitía réplicas. – Y ahora lárgate, no te quiero ver en lo que resta del día.
Sí, papá. – contestó el pequeño recogiendo sus juguetes.
¡Eres un tonto, "Estrellita"!
¡No más que tú!
¡Por lo menos yo sí sé lo que significa ser un Black… y no me lo tienen que estar recordando constantemente como su tuviera retraso mental!… - exclamó Regulus con tono burlón.
¡Vaya, "primito"! Parece que ahora sí te dejaron sin palabras para contestar… Regulus tiene razón¿qué clase de estúpido quiere juntarse con sangres sucias y muggles? Tendría que estar uno muy mal del cerebro para querer hacerlo…
¿Por qué no dejan de estar molestando a Sirius, Bellatrix?
¿Por qué no dejas de estarlo defendiendo, Andrómeda? Creo que ya está bastante grandecito como para defenderse él solito de nosotros¿no, "Estrellita"? – preguntó Bellatrix mientras ella y Regulus estallaban en carcajadas.
No les hagas caso, Sirius. Son unos tontos. – agregó Andrómeda mientras tomaba a Sirius por un hombro y se lo llevaba afuera de la casa, cerrando la puerta de golpe.
Andrómeda era una chica muy bella. Tenía el rostro pálido en forma de corazón con rasgos muy delicados y femeninos. Sus ojos eran de color azul claro, alegres y vivaces y tenía el cabello largo, de color castaño, que le llegaba debajo de los hombros. Su expresión era amable y casi siempre adornaba su cara una sonrisa que iluminaba a todos los que la rodeaban. Sirius, a sus diez años, seguía preguntándose como una persona tan amable y dulce como su prima podía estar en Slytherin…
Andrómeda¿siempre va a ser así? – preguntó el chico, volteando a ver a su acompañante y deteniéndose de repente.
¿Así cómo? – preguntó ella, desconcertada.
Quiero decir… ¿siempre va a ser así¿siempre voy a tener que obedecer las órdenes de mis padres¿hacer lo que ellos quieren¿tener los amigos que ellos me elijan e ir a la casa que ellos quieren?
Bueeeno… - respondió la chica, un tanto sorprendida. – Son muchas preguntas, tendrás que esperar dos días para que te las conteste – bromeó divertida, pero al ver la expresión en la cara de su primo, adoptó un semblante más serio y dijo: - Pues, básicamente… sí. Vas a tener que obedecer a tus papás por algunos años y hacer gran parte de las cosas que ellos consideran como mejores para ti. Y respecto a la casa a la que pertenecerás en Hogwarts, pues sólo el Sombrero Seleccionador puede decidir en cuál vas a estar… y seguramente que ahí harás muy buenos amigos…
Todos de sangre limpia¿no? – preguntó Sirius con cierto desdén.
Bueno, eso depende de ti. No creas todo lo que te dicen, Sirius. Hay chicos que no son de las "mejores familias" y son muy buenas personas, son amables y hablar con ellos no te hará daño: no te van a contagiar de nada, ni a pegar ninguna enfermedad; sólo son distintos. – respondió pacientemente Andrómeda. – Además¿no me digas que no te emociona ir a Hogwarts el año que viene?... Seguro que después de todo serás un gran mago…
Eso no lo sé, Andrómeda. No lo sé.
Harry empezaba a inquietarse: los días pasaban rápidamente y faltaban menos de dos semanas para iniciar un nuevo curso en Hogwarts. Sería su penúltimo curso, uno de los más importantes, pues durante ese año se decidiría su futuro dentro del mundo de la magia.
Tal y como se los habían prometido, algunas lechuzas del colegio habían llevado gruesos sobres de pergamino con los resultados de sus TIMOS, en los cuáles se basarían las materias que podrían cursar en 6º. grado. A pesar de que la profesora Mc Gonagall les había dicho que las misivas llegarían a finales de julio, con todos lo acontecimientos que se presentaron durante las últimas semanas de clase del curso anterior, los resultados de los TIMOS se habían demorado casi un mes, hecho que, a medida que transcurrían los días, creaba una mayor tensión en los tres amigos, que trataban de evitar el tema.
Por eso, cuando llegaron las lechuzas de Hogwarts a interrumpir el desayuno de Harry, Ron y Hermione hubo mucha tensión en la antigua mansión de los Black. Los tres amigos se quedaron mirándose unos a otros sin atreverse siquiera a acercarse a las lechuzas, que empezaron a dar picotazos de impaciencia a la mesa de la cocina. Lupin, haciéndose cargo de la situación, tomo los tres sobres de la pata de cada una de las lechuzas que, liberadas de su carga, emprendieron el vuelo hacia un cielo azul y libre de nubes, batiendo las alas; después, el antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, entregó a cada uno el sobre correspondiente.
Hermione fue la primera en abrirlo, con dedos temblorosos: había obtenido S (Supera las Expectativas) en todos los TIMOS que había presentado, a excepción de Runas Antiguas, en la que su calificación había sido una E (Extraordinario) que pareció decepcionarla un poco.
Ron, por su parte, había sacado tres A (Aceptable) en Transformaciones, Encantamientos y Pociones; y para sorpresa de los demás (y probablemente también de él), el resto de sus TIMOS ostentaban sendas E (Excelente) que le permitirían cursar las materias que necesitara sin problemas. Quizá lo único que podría haber empañado un poco la inmensa satisfacción que en esos momentos sentía el menor de los Weasley, era el resultado de su examen de Adivinación: una D (Desastroso) que inmediatamente convirtió en un avioncito de papel que lanzó a volar hacia la ventana de la cocina.
Harry, con un nudo en el estómago que le había suprimido el hambre y le había hecho dejar la tostada que se había llevado a la boca hasta la entrada de las lechuzas, abrió el sobre con desesperación y sacó los pergaminos. Indeciso al ver las miradas de sus amigos puestas en él, extendió el contenido del sobre hacia Lupin y le dijo: - ¿Por qué no los ves tú primero?
Bien. Veamos si son buenas noticias. – dijo Remus amablemente.
Lupin miraba los pergaminos con un gesto indescifrable. Los hojeó varias veces sin decir palabra, y a Harry cada segundo que transcurría se le hacía interminable. Se sentía arrepentido de haberle cedido los pergaminos a su antiguo profesor (que parecía leerlos en cámara lenta) y tuvo que contener el impulso de arrebatárselos. Quizá Hermione, tan suspicaz como siempre, notara alguna de estas emociones en el rostro de Harry cuando preguntó:
¿Podrías quitarle un poco de suspenso a la situación, Remus?
Bueno. Veamos… - dijo el licántropo pasando los pergaminos nuevamente entre sus dedos - Tienes… una D (Desastroso) en Adivinación, una I (Insatisfactorio) en Historia de la Magia, tres A (Aceptable) en Herbología, Cuidado de Criaturas Mágicas y Astronomía… – recitó Lupin mientras Harry sentía que las tripas se le volvían de plomo lentamente – Nada mal, Harry.
¿Y… Pociones? – preguntó el chico de anteojos temiendo más que nunca por su futuro como Auror.
Tal vez quieras verlo por ti mismo…
Harry tomó rápidamente el resto de las hojas y buscó ansiosamente el TIMO de Pociones mientras veía los otros resultados: dos S en Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras, una E en Encantamientos y finalmente:
¡NO¡NO PUEDE SER! – gritó mientras soltaba la hoja de pergamino sobre la mesa y permanecía inmóvil en su asiento.
Harry… lo siento. Lo siento de verdad. – dijo Hermione en un susurro, poniéndole la mano sobre el hombro.
Pero… vaya. Bueno… sabemos que Snape… - articuló Ron, con un gesto extraño que dejaba ver que aún no había olvidado lo de la otra noche.
¿Por qué están tan preocupados¡Véanlo ustedes mismos! – agregó Lupin tomando la hoja y dándosela en la mano a Hermione.
¿UNA E! – exclamaron Ron y Hermione al mismo tiempo.
¡SÍ, UNA E¿Se dan cuenta¡VOY A SER AUROR! – exclamó finalmente Harry, saltando de su silla y abrazando al mismo tiempo a sus dos amigos, que aún sorprendidos, le sonrieron encantados.
¡Esto hay que festejarlo! – exclamó Lupin haciendo aparecer con su varita cuatro cervezas de mantequilla sobre la mesa.
A pesar de todo, de los tiempos difíciles que había vivido durante el último año, de la preocupación por Voldemort que a veces lo invadía a solas en su cuarto, de la falta que le hacían sus padres y su padrino, de los recuerdos amargos del Diario de Sirius que parecían ser los suyos y del aparente enojo de Ron por el incidente de aquella noche, Harry se sentía feliz.
Se sentía feliz como pocas veces en su vida: era una alegría extraña, que invadía su cuerpo y se expandía hacia los que lo rodeaban, que no dejaba lugar para otros pensamientos. Alegría que se completó cuando Ron pareció olvidar por un momento sus celos hacia Harry y que alcanzó el clímax cuando los tres amigos, acompañados de su antiguo profesor, celebraron el gusto de estar reunidos compartiendo buenas noticias.
