"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"
por Cecyet Black
¡Hooola a todas las brujas (y magos, si es que los hay)que siguen leyendo esta historia! Sí, ya sé que muchas de ustedes estaban a punto de emprender un atentado terrorista en mi contra, o de perdida, lanzarme algún "Crucio"! para que continuara esta historia que nada más no tenía para cuando actualizarse, je,je,je. Pero no hay más motivos para preocuparse. Muchas de ustedes sabrán (porque lo he dicho hasta el cansancio) que tal y como alguna vez dijera nuestra escritora favorita (o sea, Joanne) voy a continuar esta historia y "…terminaré… aunque sea sólo para mí. Pero me parecerá mentira haber acabado. Me entristecerá abandonar a los personajes, pero sé que los dejaré solos"…"estoy segura de que escribiré hasta que pierda la chaveta"1.
Bueno, una vez aclaradas las cosas (y una vez que las haya convencido de que aún hay Fanfiction para bastanterato, y de que pase lo que pase, las musas y yo seguiremos teniendo algunos duelos para ver quién es más resistente en esto de la inspiración y la escritura… XD), tengo que pedirles un favor muy especial: una buena dosis de paciencia para que sigan los capítulos que aún faltan de esta historia (que de una vez les aclaro, son... algunos). ¿Qué por qué les pido esto?... Bueno, ya saben: a veces se atraviesan cosas que ni con magia podemos resolver (huelgas de lechuzas, vacaciones de las musas, falta de elfos domésticos, exámenes y tesis muggles) que, aunque no quisiéramos, de repente nos impiden continuar con esta historia.
Pero aclaro: quisiera reivindicarme ante ustedes con este capítulo que aunque me costó un poco de trabajo, está hecho con bastante esmero y con el único y nada reprochable objetivo de que lo disfruten; y por supuesto, está de más decir que (de todo corazón perruno) quelo dedico especialmente amis lectoras cautivas: Alex Black Bird (cuyo fic "Ave Negra" es altamente recomendable y muy divertido), Laura P.E. (que desde el principio sigue esta historia), Fer Black (con quien tuve una buena plática por MSN que espero se repita algún día) y Prongs-Sexy-Potter317 (además de sus amigas Las Merodeadoras: Lily, Paddy, Wormtail y Moony); y a los inseparables compañeros de los sábados: que saben quienes son, pero por si las dudas, se los reitero, je,je : Nona (a quien le pido guarde más lagrimitas porque las va a seguir necesitando), toda la "Familia Black": Luna (mi "madre adoptiva" y mi mejor amiga bruja), mi tía Galia, mi primo Pepe Potter Weasley Black (algo largo su nombre, je ), mi hermanita Kath (sí, compartimos a mi padre), a mi abuelo Alucard, al tío abuelo Lord Sirius y a la ex-tía abuela Citlalli (ambos demasiado jóvenes para serlo, pero en fin ),así como amis grandes amigos Allen, Shelly, Lex Potter y Lunático (a los que me da mucho gusto ver aunque sea de vez en cuando, como los cometas --), Grace y Laura. También mis "hermanitas muggles", Rosario y Gaby, mi mamá, y por supuesto, a Sabrina, excelente amiga y paciente compañera.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la gran J.K. Rowling, así como sus características, derechos de autor y publicación; a excepción de Vivian, Orión y Paleydis, que inventé yo, junto una historia que trata de explicar como fue la vida de Sirius desde su infancia hasta su caída detrás del velo del Departamento de Misterios.
Y para terminar (antes de que se aburran con más elucubraciones +), vuelvo a pedirles lo mismo de siempre: paciencia para seguir leyendo esta historia sobre mi papá (Sirius) y que por favor, hagan trabajar a mis "lechuzas virtuales", para que muevan las alas y no sigan de haraganas en la azotea de la casa. Cualquier comentario, duda, aclaración, sugerencia, jitomatazo o excomunión, pueden hacerlo llegar a este e-mail: Y ahora sí… ¡Comenzamos!
1 FRASER, Lindsey. "J.K. Rowling vista por J.K. Rowling, autora de la serie Harry Potter". Editorial RBA Libros (distribuido por Editorial Océano). 2ª. Edición, Barcelona, España, 2001. 79 pp. (Así es: honor a quien honor merece, je,je ).
VII. CARTAS QUE CAMBIAN VIDAS.
Durante algunos días, la felicidad que embargó a Harry gracias a sus buenos resultados obtenidos en los TIMOS, le hizo olvidarse del Diario de su padrino y de las ya ordinarias visitas a su habitación en Grimmault Place. Un poco de la tristeza que lo había embargado desde la muerte de Sirius parecía haberse borrado de su mente, y junto con Ron y Hermione comenzó a hacer planes para el próximo curso en Hogwarts.
Ninguno de los tres sabían con certeza lo que les deparaba el futuro (y mucho menos después de descubrir que no tenían "el don" de la profesora Trelawney), pero estaban casi convencidos de que el nuevo curso en la Escuela de Magia y Hechicería sería mejor que el anterior: por lo menos ahora todos sabían del regreso de Voldemort y ya no había campañas de desprestigio en contra de Harry y Dumbledore.
Tal vez el deseo de Harry de que esa felicidad no desapareciera lo hizo alejarse un poco de las memorias de Sirius (que no parecían muy alegres que digamos), pero cuando faltaba exactamente una semana para el 1º. de septiembre y estaba a punto de acostarse, apareció algo que lo desconcertó y lo hizo recordar que había dejado algo inconcluso: unas huellas de perro al lado de su cama.
El chico de ojos verdes volteó alrededor aguzando los sentidos: sólo escuchaba los ronquidos de Ron y el sonido que producía el viento al pasar por la ventana entreabierta. Tomó su varita (que guardaba en el cajón del buró que estaba junto a su cama) y murmuró: - ¡Lumos!, mientras la inclinaba para seguir el rastro de aquellas huellas…
Como lo esperaba, las huellas lo condujeron a la habitación que había sido de Sirius, y llegaban hasta el sitio donde estaba colocado su antiguo baúl escolar. Harry lo abrió tratando de no hacer ruido y descubrió una última huella sobre un pergamino amarillento y ajado por el tiempo, que estaba casi al fondo del baúl. El chico lo tomó con cuidado entre sus manos y le dio la vuelta…
¡La carta de Sirius! – exclamó casi sin darse cuenta. Después observó el sobre, donde estaba escrita con letras en color verde la dirección de la Mansión Black:
Sr. Sirius Black
Dormitorio del Lado Oeste
Mansión Black
Grimmault Place, 12
Londres
Sin proponérselo, Harry sonrió. Ver de nuevo la caligrafía de Dumbledore y recordar todos los sentimientos que había experimentado al ver por primera vez una carta similar que estaba dirigida a él en Privet Drive, le traía muy gratos recuerdos. Recuerdos que le hacían pensar que a partir de ese momento, su vida había dado un giro de 180 grados. De repente, le surgió una pregunta en la cabeza¿alguien como Sirius y como su amigo Ron (que pertenecían a una larga línea de magos) podía experimentar emociones similares a las que surgían en los hijos de familia muggle al ver esa carta?
Era un hecho que, tanto su padrino como su mejor amigo, sabían desde muy pequeños que una carta de Hogwarts llegaría tarde o temprano a sus manos… pero ¿qué pasaba por sus mentes en ese momento¿les causaba la misma emoción que a alguien como Hermione y él, que hasta ese momento no habían tenido contacto con la magia?
Volvió a leer la dirección impresa en la carta, y entonces, sin saber cómo, sintió que un profundo y pesado sueño lo invadía poco a poco…
Unas manos sostenían la carta. En el sobre de pergamino, Harry podía leer claramente la dirección que había visto momentos antes de sentir ese sopor que lo había hecho quedarse dormido. Pero sabía que en ese momento no estaba dormido… y sin embargo, no sentía su cuerpo ni tenía sensación en las piernas, a pesar de que sabía que estaba caminando.
Una vez más, aparecieron unas manos que sujetaban el sobre. Eran de aspecto verdoso, curtidas por el trabajo doméstico y con dedos nudosos, delgados y frágiles en apariencia. Se sobresaltó: no eran sus dedos, no podían serlo, no obstante… los veía como si surgieran de su cuerpo. Pero antes de que pudiera indagar o gritar, una voz cavernosa, áspera y grave se dejó oír por lo que parecía ser el recibidor de una larga estancia:
¡Ama¡Ama!
¿Qué sucede¿Por qué gritas así, criatura del demonio, cuando sabes que esta jaqueca no me ha dejado en paz en toda la semana?
Lo siento, mi ama – se excusó Kreacher haciendo una reverencia bastante ridícula que hizo que su nariz tocara el suelo – Es solamente que el viejo Kreacher se preguntaba si debía entregar esto al joven amo Black o a madame – y al decir la última frase, extendió un brazo rugoso hacia Idelia, que observó la carta por unos instantes.
Déjamela. Y lárgate a hacer tus tareas, Kreacher.
Como usted ordene, madame. – dijo el elfo en un susurro mientras salía de la habitación.
¡Sirius¡Sirius¿Dónde diablos estás¡Ven aquí inmediatamente!
¿Qué forma de gritar es esa, mujer¿Acaso quieres que todos los demonios del infierno se enteren de tu histeria?
¿Dónde está tu hijo? – respondió Idelia con un tono bastante disgustado.
Desayunando¿dónde más habría de estar? – respondió Jason con ironía – si lo único que sabe hacer la inútil criatura que tienes por hijo es comer y dar molestias. ¿Por qué no te dejas de tonterías y vas a la cocina, a ver si cuando llegues todavía no la ha destrozado? – agregó en tono burlón el mago de ojos azules, fríos como dos témpanos de hielo.
Esto es serio, inútil. Míralo por ti mismo. – dijo Idelia, mientras le aventaba a la cara el sobre de Hogwarts, con aquella figura vampírica que en esos momentos parecía a punto de lanzarse sobre su marido dispuesta a chuparle la sangre.
Así que… después de todo no es un squib. – agregó Jason después de haber examinado la carta como si quisiera descubrir en ella algo que indicara su falsedad. – Bueno, pues tendremos que esforzarnos por encaminarlo hacia un buen sendero… sabes a lo que me refiero. Con esa detestable actitud que tiene, dudo mucho que los demás Slytherin lo vean con buenos ojos.
¿De verdad crees que pueda quedarse en Slytherin? – preguntó Idelia con un dejo de incredulidad.
¡Maldita sea, Idelia! No lo sé. A decir verdad, dudaría incluso de que tuviera la inteligencia necesaria como para sobrevivir un solo día en Hogwarts,… pero sabes bien que toda la familia Black ha estado en esa casa por generaciones… incluso las "malas semillas" como mi hermano Alphard y tu sobrina Andrómeda.
Pues entonces, más vale que vayas hablando con tu hijo para que le digas exactamente qué es lo que esperamos de él y no te decepcione antes de tiempo…
¡Ja¿Decepcionarme? – agregó Jason con una sonrisa maligna – la primera decepción que me dio tu hijo fue justamente el día que nació. No puede decepcionarme aún más. Pero tienes razón: será mejor que pongamos las cosas en claro con él antes de que ingrese a Hogwarts. No creo que quieras que le haga una hermosa cicatriz como la que tienes en la cara¿o sí?
Eres un estúpido, Jason.
Sí, sí, lo que tú quieras, inútil. Vamos a hablar con ese bastardo…
¡Sirius¡SIRIUS!
Tendría entonces casi 11 años, pero aún lo seguía asustando la voz de su padre cuando empezaba a llamarlo. Tal vez porque sabía que no era para nada bueno ni agradable, y que lo único que podía esperar de aquellos breves encuentros eran regaños y reprimendas; y a veces, golpes.
Recordaba que desde muy pequeño se había esforzado en complacerlo, en hacer que nunca estuviera molesto con él y en tratar de seguir todas sus órdenes (por contradictorias que pudieran parecerle) para demostrarle que podía ser un buen hijo… y también recordaba que por más esfuerzos que hacía nunca parecía conseguirlo. Su padre era simplemente impredecible: a veces parecía estar de buen humor (muy a su manera) e ignoraba por completo su comportamiento, y a veces, parecía estar de tan mal talante que todo lo que Sirius hacía lo molestaba.
Realmente el pequeño de ojos azules y vivaces no sabía como comportarse cada vez que se encontraba de frente a Jason Black, pero algo era cierto: le tenía miedo. Y era un miedo tan aterrador, que hacía que su aparente torpeza se incrementara cada vez que se encontraba de frente a él, lo que a su padre le irritaba cada vez más. Esta vez, había tirado la cuchara con la que estaba comiendo su cereal al oír los gritos de su padre.
Con toda la rapidez que le permitieron su movimientos (y dado que aún sus pies no tocaban el suelo al estar sentado en la silla), trató de recoger el utensilio del suelo y, mientras lo hacía, alcanzó a distinguir las siluetas de ambos.
Ese no era un buen presagio.
A pesar de su corta edad, Sirius sabía perfectamente que cuando su padre y su madre se dirigían hacia él sólo podía ser por dos razones: la primera, para reprenderlo por algo que había hecho mal, y la segunda, para propinarle una paliza que haría que llorara pidiendo perdón y que su pequeño cuerpo quedara adolorido por varios días. Ambas ideas le dieron miedo y se quedó inmóvil, sin saber que hacer.
¿Ahora te dedicas a trapear el piso con los pantalones¡Como si la ropa que te pones no costara un solo galeón¿Sabes cuantos días de mi trabajo invierto en mantenerte, chiquillo idiota? – bramó Jason desde la puerta que comunicaba a la estancia con el comedor - ¡Vamos¿Qué esperas para levantarte? – agregó mientras jalaba violentamente a su hijo de un brazo.
Lo – lo si – siento, pa – papá. – respondió Sirius tratando de mantenerse en pie a pesar del jaloneo, acción que lo llevó a pegarse en una rodilla con la pata de la mesa.
Venimos a hablar contigo de algo serio. – agregó Idelia, mientras le señalaba la silla más próxima para que se sentara. – Toma, llegó esto para ti en la mañana. – dijo mientras le aventaba el sobre a su hijo, como quien le avienta una pelota de hule a un perro, para que la recoja y regrese con ella en el hocico hacia donde está su amo.
¿Es mía? – preguntó el pequeño mago mientras observaba con incredulidad el sobre que acababa de recoger del suelo.
Sí, eso dijo tu madre. ¿Qué esperas para leerla?
Entonces Harry, que había permanecido observando la escena como si estuviera sentado frente a cada uno de los personajes que en ella participaban, pudo ver claramente las manos de su padrino que, con dedos torpes y temblorosos, daban la vuelta al sobre de pergamino (previamente abierto) y sacaban la carta que estaba dentro de él. Era como si él mismo estuviera leyendo esa carta, pero con la voz aún infantil de Sirius:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional de Magos)
Querido Señor Black:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de un puesto en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1º. de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente,
Minerva Mc Gonagall
Directora adjunta
Sirius volvió a leerla nuevamente. Y una vez más. ¡Entraría a Hogwarts¡Conocería a más chicos como él! Podría realizar hechizos y aprendería a usar una varita mágica, como esa que veía en el bolsillo de su padre cuando volvía del trabajo…
Pero… ¿no sería una broma¿una equivocación¿realmente tendría la suficiente magia como para sobrevivir en Hogwarts?... sus padres siempre le habían dicho que era un inútil, un bueno para nada…
¿Qué no sabes leer, estúpido¿o por qué te quedaste con esa cara de bobo? – preguntó Jason mientras volvía a Sirius a la realidad por medio de una bofetada.
¿Vo – voy a ir a Ho – Hogwarts?
Parece que sí. – agregó Idelia con profundo desagrado. Irás a Hogwarts y serás un Slytherin… como todos en la familia Black. Espero que una vez que estés allá comprendas lo que significa pertenecer a esta familia.
Los Slytherin saben perfectamente quienes somos. No tendrás problema alguno para relacionarte con los demás magos. Una vez que logres comportarte como es debido, te aceptarán en su círculo… Cuando lo hayas logrado, deberás de invitar a tus amigos a esta casa a pasar la Navidad, o simplemente a una cena. Tendremos que estrechar relaciones con los Nott, los Crabbe, los Malfoy y algunas otras familias dignas de ser tratadas. Recuerda esos apellidos, porque serán las únicas personas que merecerán que tú hables con ellas. Y recuerda también que muchas cosas en el Ministerio dependen de nuestra amistad con otras familias de "sangre limpia".
¿Y – y si ellos no quieren que yo sea su amigo?
¿Acaso eres estúpido? Tu padre acaba de decirte que si te comportas de manera adecuada, no tendrás problema alguno en que te acepten en su círculo. – agregó Idelia como si la sola idea de repetir lo que había dicho Jason le causara repulsión.
Hay algo más, Sirius. – intervino Jason con un tono de voz que le habría erizado la piel al mago más valiente – En Slytherin no aceptarán jamás a un inútil, cobarde, llorón y quejumbroso como tú, así que más te vale ir corrigiendo tu carácter para el 1º. de septiembre, porque no aceptaré que un descendiente de la dinastía Black haga el ridículo frente a todo Hogwarts.
¿Y – y si no me quedo en Slytherin? – preguntó el pequeño mientras el miedo se asomaba en cada una de sus palabras.
¡NO ACEPTARÉ QUE UN BLACK ESTÉ EN OTRA CASA QUE NO SEA SLYTHERIN¿HAS ENTENDIDO? – gritó Jason mientras golpeaba la mesa con el puño, tan fuerte que el desayuno de Sirius voló por los aires y cayó al suelo con un estrépito metálico.
Sí, papá. – respondió Sirius casi en un susurro, mientras el temor que sentía se reflejaba en sus ojos infantiles.
Y termina de comerte eso, que la comida no está para que la desperdiciemos. – agregó Idelia mientras ella y su esposo salían del comedor, dejando a su hijo con muchas preguntas sin resolver y con un hambre que trató de calmar recogiendo lo que quedaba de su miserable desayuno.
Extrañamente, Harry empezaba a experimentar sentimientos que sabía no eran suyos y que le producían un profundo pesar: se sentía confundido, alegre y triste a la vez, pero no sabía por qué. Observó sus pies, que subían pesadamente una escalera de apariencia familiar: era la escalera que conducía hacia la habitación que ahora le pertenecía en aquella vieja casa.
Pero al observar detenidamente, se dio cuenta de que esos no eran sus pies ni tampoco esa era su habitación… o por lo menos no era como él la recordaba: las paredes eran grises, con una pintura muy vieja, que parecía descascarillarse a cada momento que pasaba, las ventanas estaban cubiertas por largas y pesadas cortinas negras, que impedían el paso de cualquier rayo de sol y los muebles eran rústicos, de aspecto predominantemente gótico, tallados en madera oscura y barnizados con una capa de pintura negra. Todo objeto que permanecía en aquella habitación, daba la apariencia de llevar siglos en el mismo lugar y componían un cuadro bastante deprimente para todo aquel que lo viera, y mucho más para quien durmiera ahí. Y aquellos pies (que pertenecían a su padrino), se quitaron los zapatos, se tumbaron sobre la enorme cama y con una mano revolvieron los bolsillos de los pantalones en busca de la carta de Hogwarts.
Era cierto. No había sido un sueño. El pequeño Sirius Black observó nuevamente la carta: estaba dirigida a él, mencionaba su dormitorio y decía que iría a Hogwarts el 1º. de septiembre… lo había logrado… ¡SÍ! Él, de quien los demás no esperaban nada, lo había logrado: iría a Hogwarts y se convertiría en un gran mago. Tal vez…
¡Sí!… si se esforzaba un poco más podría lograr que por una vez en su vida su padre se sintiera orgulloso de él. Sería todo un Black… le costaría trabajo, pero estaría en Slytherin y haría amistad con quienes su padre le dijera… sentía que a partir de su ingreso en Hogwarts su vida empezaría a cambiar… tal vez algún día su madre le dedicara una mirada tierna, como las que le dedicaba a Regulus… tal vez algún día su padre jugara con él como lo hacía con su hermano… y ya no volvería a ser aquél niño rechazado que era ahora, aquél al que sus padres despreciaban sin que supiera por qué… se convertiría en el mejor Slytherin… en el mejor hijo.
Sí. El primogénito de los Black estaba seguro de que su vida cambiaría al ingresar al Colegio de Magia y Hechicería, y con ese pensamiento fue conciliando un sueño profundo y tranquilo… lo que no sabía es que su vida estaba muy lejos de ser como él la había imaginado…
