"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"
por Cecyet Black
¡Hooolasss a todos los magos y las brujas que añoraban este Fanfic! .Después de algunos problemas técnicos, existenciales, inspirativos y de las más diversas índoles (que a decir verdad, sólo faltaba que Voldy conspirara en mi contra… XD! ) estoy aquí de vuelta y dándoles lata de nuevo.
¿Qué les contaré ahora?... ¿Qué me atropelló un pariente de Paddy mientras iba cruzando la calle¿Qué se me fue el autobús noctámbulo y que por eso no había podido regresar a mi casa?... bueno, a decir verdad… no creo que les interese… la cosa está en que a veces se acumulan los deberes, las responsabilidades (tanto muggles como mágicas) y demás, que nos impiden hacer todo lo que nosotros quisiéramos. Pero… forget it! Yo seguiré aquí mientras la vida y el tiempo me alcance, tratando de darles en cada post (que como ya se habrán dado cuenta, no son tan seguido como quisiera) un pedacito de esta historia, qué creánme, es una de las cosas que me resultan más gratificantes en esta vida. Gracias por eso!
Así que como podrán ver, complacerlos de que siga escribiendo también me complace a mí, y por eso es que para saldar mi deuda con ustedes debido a este intercambio, debo seguir escribiendo aún a falta de musas… (porque se fueron a la huelga… XD! ). Sólo me gustaría agregar una pequeña petición a todos ustedes, mis honorables y distinguidos lectores: sus sugerencias, comentarios y todas aquellas dudas, preguntas o interrogantes que les surjan en sus cabecitas mágicas respecto a este Fanfic, las pueden enviar con Pólux, mi lechuza, por medio de un review para decirme qué piensan de esta historia .
Bueno, después de contarles mis penas viene la consabida dedicatoria para todas aquellas personitas que leen esta historia (buenos amigos y conocidos míos… pero también incluyo a los que por curiosidad o simpatía leen esta historia por primera vez ):
Toda la "adorable Familia Black": Luna, mi hermana mayor (aunque se empeñe en negarlo) Kath, mis tíos Rabito y Galia, mi primo Pepe Potter Weasley Black, mi tía Zoe Gryffindor, mi abuelo Aluckard, el tío abuelo Lord Sirius, Nona Potter y Citlalli Timberlake (que espero siga haciendo hot cakes tan deliciosos como siempre… yumi! ).
Pero esta dedicatoria larga como la Cuaresma no estaría completa sin mis lectoras cautivas (a las que tengo que agradecerles su infinita paciencia para esperar que suba los siguientes capítulos): Laura P.E., alex black bird, Prongs-Sexy-Potter317, fer-black, y mi nueva lectora Paly, que a pesar de que escribe excelentes Fanfics de E.R. (otro de mis vicios favoritos), se tomó el tiempo de leer esta historia de H.P. y ¡le gustó! (lo cuál me halaga sobremanera).
(Prometo que ya voy a terminar, lo juro… porque como siempre ya me extendí demasiado)… Finalmente no puedo olvidar a mis "hermanitas muggles", Gaby y Chayo (a la que por cierto felicito por su cumple ), a mi mamá, y por supuesto, a nuestra amiga Sabrina,a quien sigo agradeciéndole el privilegio de que haya sido la primera en creer en esta historia.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la gran J.K. Rowling, así como sus características, derechos de autor y publicación; a excepción de Vivian, Orión y Paleydis, que inventé yo, junto una historia que trata de explicar como fue la vida de Sirius desde su infancia hasta su caída detrás del velo del Departamento de Misterios.
Ahora sí, por fin… ¡Comenzamos!
IX. LA LLEGADA A HOGWARTS (2ª. PARTE)
El día había sido agotador para todos. Harry, Hermione, Lupin y Ron estaban sentados en una de las mesas de la heladería de Floran Fortescue mientras comían helados dobles de chocolate con nueces.
Ron parecía no querer saber nada más de la escuela a pesar de no haber entrado aún al sexto curso en Hogwarts, y recargó la cabeza sobre su mano izquierda. Hermione, como siempre, con esa tendencia hasta cierto punto obsesiva que tenía hacia las cosas de la escuela, revisaba una y otra vez su mochila y la lista de útiles que había llevado para sus compras con el afán de checar si no le faltaba nada. Harry calculaba que ese movimiento lo había hecho por lo menos unas doce veces. Lupin (que disfrutaba de su helado con el entusiasmo de un chiquillo de tres años), leía las primeras páginas de un libro nuevo que había comprado: "Maldiciones y contramaldiciones eficaces para la lucha contra las Fuerzas Oscuras".
Era curioso como a pesar de que ninguno se hubiera dado cuenta, todos asumían cierto rol mientras estaban juntos… Harry pensó que si alguna vez hubiera deseado una familia diferente a sus padres (a los que en realidad no había conocido), sin duda habría sido esa: Hermione y Ron como sus hermanos y Lupin y Sirius como los "tíos" que a veces fungían ser los padres de los tres… Se limitó a observarlos a todos mientras saboreaba su helado y repentinamente lo invadió la melancolía: al día siguiente regresaría a Hogwarts y dejaría de ver a Lupin… tendría que abandonar a su recién adquirida familia y eso le dolía… pero no tanto como la sensación de vacío que se había apoderado de él debido a la muerte de su padrino…
¿En que piensas, Harry? – dijo de repente la única voz femenina que estaba sentada en la misma mesa que ellos.
Hummm… en nada… sólo recordaba… - dijo el chico de ojos verdes mientras continuaba comiendo su helado.
¿A Sirius? – preguntó abruptamente el chico pelirrojo sentado a su lado.
Pues… sí, recordaba… - articuló distraídamente Harry.
¡Ron¿Cómo se te ocurre soltarle esa clase de preguntas a Harry de esa forma? – dijo Hermione disgustada con el pelirrojo.
Bueno¿y qué querías¿qué le hiciera un millón de preguntas sin sentido antes de decir la verdad?
Hay que ver… - contestó molesta la chica mientras volvía a revisar sus cosas.
Hermione, en realidad no me molestó. Simplemente es que… bueno, mañana regresamos a Hogwarts…
Y todavía tienes demasiados recuerdos en tu cabeza del curso anterior¿cierto? – preguntó Lupin que hasta ese momento se había mantenido apartado de la conversación.
Sí, tienes razón, Remus. – asintió finalmente Harry, quedándose en silencio.
¡Hermione, por todos los dragones¡Deja ya de revisar tus cosas! – exclamó repentinamente Ron al ver que su amiga seguía enfrascada en lo mismo.
¡Es necesario¿No ves que si no lo hago puedo olvidar comprar algo importante? Necesito tener todo en orden… ¡Ron, es el año en que empezamos los ÉXTASIS!
¡Bah! Solamente necesitas un cuaderno y una pluma…
¡Claro que no¿Qué clase de auror piensas ser con un cuaderno y una pluma?
¡Basta ya, muchachos! Hermione, te aseguro que pasamos por todo lo necesario para su estancia en Hogwarts, y si algo les hace falta, siempre pueden mandar una lechuza… yo estaría encantado de ayudarlos y comprarles lo que les falte… - intervino finalmente Lupin
Harry, que no había seguido la discusión por estar ensimismado en sus pensamientos, vio con cierta sorna que detrás de la aparente apatía de Ron por los asuntos escolares, su amigo ocultaba otro tipo de sentimientos hacia Hermione… pero había demasiados recuerdos de la noche anterior que se agolpaban en su cabeza como para que en ese momento pudiera preocuparse por alguien más…
Sirius estaba de pie frente a su cama. Aún seguía sin dar crédito a lo que había pasado aquel día, y ciertamente, era demasiado como para olvidarlo en algunos instantes. Tenía frente a sí mismo todas las cosas que Kreacher y él habían comprado en la mañana y parte de la tarde: sus túnicas, sus libros de hechizos, su equipo para preparar Pociones, su caldero… bastantes cosas. Pero había algo que lo había hecho emocionarse hasta el extremo: su varita (¡sí, su propia varita!). Era de pluma de ave fénix y madera de enebro, y medía 12 ¾ pulgadas… pero lo que realmente importaba no era el material con el que había sido elaborada, sino las palabras que había recibido junto con ella…
Recordaba perfectamente cómo había llegado a sus manos:
¡Ohhh, ya veo, uno más de la dinastía Black! – exclamó el Sr. Ollivander una vez que Kreacher le explicó el motivo que los había conducido a su tienda, mientras Sirius esperaba afuera de la tienda, observando otros escaparates…
Así es, Señor. El joven amo es el heredero de una gran tradición y como tal, mi ama me encargó conseguirle la mejor varita de este lugar, señor – agregó el elfo en un tono bastante irrespetuoso para su condición.
Ya veo, pero el mago no elige a la varita, sino que es la varita la que elige al mago… - respondió el Sr. Ollivander – así que, antes de cualquier cosa, necesito ver al mago…
De acuerdo… - respondió el elfo que inmediatamente salió a buscar a Sirius.
Cuando Sirius entró, le pareció que la tienda era un poco deprimente, y hasta cierto punto, triste. A pesar de que estaba acostumbrado a los ambientes sombríos, la tienda de varitas del Sr. Ollivander contrastaba fuertemente con las demás tiendas del Callejón Diagon, llenas de colores y vida… justo cuando se estaba preguntando el por qué de ese contraste, una voz lo sacó de sus pensamientos:
¡Sirius Black! Pensé que te vería pronto… sin embargo me preguntaba si me daría tanto gusto verte como me imaginé… y veo que no me has decepcionado…
¡Bu – buenas tardes, señor! – saludó Sirius al Sr. Ollivander preguntándose si realmente lo conocía o lo estaba confundiendo con otra persona. – Me gustaría… esteee… comprar una varita… - agregó un poco inseguro.
Sí, lo sé. Pero antes que nada, Sirius Black, debes saber que cada varita Ollivander tiene un núcleo formado por una poderosa sustancia mágica. No existen dos varitas iguales, así como no existen dos personas iguales… por lo tanto, nunca lograrás resultados tan buenos con una varita que no sea la tuya. – recitó pacientemente el Sr. Ollivander mientras tomaba las medidas a Sirius. No pudo evitar sonreír ligeramente mientras observaba cómo el joven Black lo miraba poniendo atención a cada una de sus palabras – Veamos… aquí debo de tener algo especialmente para tí… Pluma de ave fénix y acebo, 10 pulgadas… bonita y flexible… - agregó mientras la cinta métrica caía al suelo y él le extendía la primera varita a Sirius, que permaneció inmóvil al no saber qué hacer. - ¡Vamos, agítala! – ordenó el Sr. Ollivander al ver al muchacho
Y sintiéndose un poco tonto, Sirius obedeció. Al instante, algunas cajas con otras varitas volaron de sus estantes cayendo desparramadas por el suelo…
¡Lo siento, no fue mi intención! – exclamó el chico de ojos azules mientras dejaba la varita en el mostrador.
Hummm… esa no es la correcta. Pluma de ave fénix, madera de arce, 7 ½ pulgadas… veamos si esa es la tuya…
Nuevamente Sirius tomó la varita con la mano izquierda, la agitó y al hacerlo el cristal del reloj de la tienda del Sr. Ollivander se rompió en pedazos. Sintiéndose más apenado que antes, se apresuró a dejar el artilugio en la repisa del aparador, mientras el Sr. Ollivander exclamaba casi para sí…
Mmmm, no, veo que no. Veamos. Fibra de corazón de dragón, madera de fresno, 6 ½ pulgadas…vamos, inténtalo…
¿Sería acaso que no poseía la suficiente dosis de magia para utilizar una varita¿Qué sucedería si probaba todas y cada una de las varitas que había en la tienda y ninguna era la adecuada para él? Si no encontraba una varita… ¿podría ir a Hogwarts¿O era verdad lo que decían sus padres?... que nunca había servido para nada… ni siquiera para obtener una varita…
Con todos esos pensamientos en la cabeza, agitó nuevamente la varita que el Sr. Ollivander le había dado… e hizo un hoyo en el techo de la tienda con el chispazo de energía que desprendió aquella varita.
Habían pasado casi 15 minutos desde que había empezado a probar varitas una tras otra, y seguía igual: sin encontrar aquella que según el dependiente de la tienda, sería su "pareja ideal". Cada vez veía más cajas y varitas desenvueltas de todos los materiales posibles: Pelo de unicornio y madera de sauce de 10 pulgadas… Fibra de corazón de dragón y madera de cedro de 13 pulgadas… y una infinidad de sustancias mágicas que no recordaba ya… Sirius empezaba a ponerse nervioso y al mismo tiempo triste… casi se había hecho a la idea de que no encontraría una varita adecuada para él… pero el Sr. Ollivander seguía pasándole una tras otra:
Veo que estás resultando más difícil de lo que yo pensaba… pero probemos esta otra: Pluma de ave fénix, madera de enebro, 12 ¾ pulgadas…
Algo decepcionado, el chico de ojos azules tomó la varita con su brazo izquierdo y entonces sucedió algo extraño: sintió como si sus dedos estuvieran quemándose. Inmediatamente, y sin pensarlo, la soltó; y la varita cayó al suelo lanzando algunas chispas.
El joven amo nunca encontrará una varita… - dijo Kreacher lo suficientemente fuerte como para que llegara a oídos de Sirius, que se había quedado inmóvil observando la varita que yacía en el suelo - … y el ama reprenderá a Kreacher por tardarse tanto en el Callejón Diagon… ¡Oh, pobre Kreacher, el amo no tiene consideración de su infortunio!
Tal vez… - agregó el Sr. Ollivander – sí, porque no… - dijo casi para sí… - Disculpe, Kreacher… - dijo con un tono de voz más fuerte, dirigiéndose al elfo… ¿podría ser tan amable de dejarnos solos?
Kreacher protege al amo. Kreacher tiene por misión acompañar al amo a todos los lugares necesarios para hacer sus compras… Kreacher no puede irse…
Hummm… ya veo… pero me temo que tal vez los poderes mágicos de Kreacher estén interfiriendo con estas varitas… - dijo pausadamente el Sr. Ollivander. - Tal vez, si usted nos da cinco minutos más para probar otra varita, usted y su amo puedan irse tranquilamente a casa… y su ama no tendrá por qué reprenderlo… - terminó mirando fijamente al chico de ojos azules, con una clara intención en la mirada.
Al sentir la mirada sobre sí, Sirius no tuvo más remedio que mirar directamente a los ojos del Sr. Ollivander, grises y profundos. Sí, eso era. Realmente le incomodaba la presencia del elfo. Entonces recordó que él era el único que podía darle una orden directa que Kreacher no se negaría a obedecer…
Kreacher… - dijo Sirius con una voz segura y fuerte, que por primera vez en su vida no demostraba miedo - ¿serías tan amable de dejarme a solas con el Sr. Ollivander?
Y tal como lo había pensado, el elfo no pudo negarse a obedecer la orden:
Como diga el amo… - respondió sin poder ocultar el profundo desagrado que le producía obedecer aquella orden.
Y arrastrando los pasos, lo más lento que le fue posible, el elfo salió. Aún no había terminado de cruzar el umbral de la puerta, cuando la varita que estaba en el suelo saltó hacia la mano izquierda de Sirius, que al tomarla, descubrió que ya no le quemaba los dedos: al contrario, ahora podía sentir una agradable sensación de calor en todo el brazo. No dijo nada, pero el Sr. Ollivander (que había estado observando todo) interpretó su silencio de la forma correcta:
- Sí, lo sabía. Pluma de ave fénix, madera de enebro, 12 ¾ pulgadas… es una varita especial para alguien que será muy especial dentro de su familia. Esa es tu compañera, sin lugar a dudas, sabía que no podía ser otra… - dijo pensativamente el Sr. Ollivander.
Pero… - articuló Sirius, bastante confundido.
¿Por qué te rechazó la primera vez? – preguntó aquel anciano de ojos grises – Verás, es algo un poco difícil de explicar, pero te bastará con saber que las varitas, como los seres humanos, pueden sentir las emociones de sus portadores, es decir, los magos. Si tú estás nervioso, asustado o triste, tu varita lo sentirá también… y para un mago que aún no tiene suficiente control de su magia, eso puede interferir en el hechizo que realice. – explicó mientras con sus dedos huesudos tomaba la varita de la mano de Sirius y buscaba papel para envolverla – Además, el enebro es un árbol magnífico… en la Antigüedad y en la Edad Media, fue utilizado como panacea universal, tanto así que se decía que sólo una persona muy especial podía reclamar el árbol como suyo… y por lo tanto, alguien que sea dueño de una varita de esta preciosa madera, está destinado a destacar entre los demás… Serás un gran mago, sólo necesitas, al igual que este árbol, condiciones favorables para alcanzar una gran altura… No lo olvides…
Y fue así como Sirius Black salió al fin con una varita mágica de la tienda del Sr. Ollivander…
Volvió a mirar su varita: era especial, tal como lo había dicho aquel anciano de ojos grises. Pero… ¿él también sería especial¿lograría destacar en algo en Hogwarts?... y observando nuevamente sus cosas, que depositó cuidadosamente en su nuevo baúl escolar, pensó que tendría suficiente tiempo de averiguarlo a partir del día siguiente…
¡Ron, por las barbas de Merlín, tuviste tiempo suficiente para acomodar todas tus cosas anoche! – gritó disgustada Hermione al ver que el pelirrojo iba de un lado a otro buscando sus pertenencias.
¿Anoche¡Se te olvida que cenamos tarde y que además Harry y yo teníamos demasiado sueño como para pensar en eso? – respondió el menor de los Weasley que, para colmo, se había levantado de mal humor. - ¡Accio libro de Transformaciones!
Si me hubieras hecho caso, esto no estaría pasando… ¡Vamos a llegar tarde al andén 9 y ¾!
¡Basta ya, Hermione¡Eres realmente fastidiosa¡Ocúpate de tus cosas y déjame pasar para encontrar las mías! – gritó exasperado el pelirrojo.
La chica de ojos marrones no dijo nada; simplemente se dio la vuelta y bajó por las escaleras que llevaban a la planta principal de la Mansión Black, sin siquiera mirar que Harry subía por ella. El chico de ojos verdes se hizo a un lado y dejó que su amiga pasara como un huracán a su lado.
¿Encontraste tus cosas¿El libro de Transformaciones? – preguntó a su amigo, que seguía tratando de invocar sus pertenencias perdidas.
¡No, aún no¡Este endemoniado trasto no quiere traerlas! – y mientras lo decía, movía sus brazos como molinos y agitaba la varita de forma descontrolada.
Bueno, tal vez si te relajas…
¿Cómo quieres que me relaje! Necesito mi libro de Transformaciones y no recuerdo donde lo dejé…
Pero no creo que eso sea tan importante como para hacer llorar a tu mejor amiga…
¿QUÉ!
Cuando bajó pude ver que lloraba… - dijo Harry tratando de no contagiarse del mal humor de Ron – Ron, ella sólo trataba de ayudarte…
Pues no lo hizo muy bien. – respondió molesto el pelirrojo, que entró como una exhalación al cuarto que compartía con Harry, que atónito, decidió que lo mejor era bajar a desayunar.
Eran las seis de la mañana y ya no podía dormir. Estaba demasiado inquieto como para pensar en otra cosa que no fuera Hogwarts. Se levantó, se dioó un buen baño y después de vestirse revisó sus cosas una y otra vez para asegurarse que lo tenía todo preparado. Pero no había nada más que revisar: todo estaba preparado desde la noche anterior.
Sin embargo, Sirius sentía una gran inquietud que no sabía explicarse… tal vez se debía al incidente con el chico Malfoy (al cuál no estaba seguro de querer hablarle de nuevo)… o al accidente que había tenido con aquel otro chico, de cabello grasiento… incluso recordaba a aquel otro chico, el de las gafas, cuyo padre lo había salvado de una buena tunda.
No obstante, aunque se empeñara en negarlo, su mayor preocupación seguían siendo sus padres: Idelia y Jason Black. Ya habían hablado con él y aparentemente habían puesto las cosas en claro; sólo que esta vez no dependía única y exclusivamente de Sirius: él no sabía si iba a poder adaptarse a las exigencias de los Slytherin y ni siquiera podía saber si el Sombrero Seleccionador lo mandaría a esa casa… además… recordaba constantemente las palabras que el Señor Ollivander le había dicho:
… Serás un gran mago, sólo necesitas, al igual que este árbol, condiciones favorables para alcanzar una gran altura… No lo olvides…
Sirius terminó de peinarse y se acomodó bien la túnica. Sentía demasiadas emociones que se agolpaban dentro de él, pero para su desgracia, no podía hacer nada para que no siguieran ahí. Y convencido de que sólo el tiempo podría decirle lo que pasaría durante su estancia en el Colegio de Magia y Hechicería, tomó uno de los libros de hechizos y comenzó a leerlo…
¡Vaya, justo a tiempo! Pensé que nunca llegaríamos… ¿Ron, lograste encontrar todas tus cosas? – preguntó el Profesor Lupin limpiándose el sudor de la frente. Los cuatro estaban bastante agitados después de correr por tres avenidas muggles con otros tres pesados baúles a cuestas.
¿Ehh¡Ahh, sí, encontré mi libro! – respondió distraídamente Ron mientras trataba de acomodar la jaula de Pigwidgeon sobre su baúl. Su humor había mejorado bastante después del desayuno, cuando encontró su libro de Transformaciones sobre la alacena.
¡Qué bien! Empezaba a pensar que tendría que mandarte una lechuza urgente con tu libro a cuestas – respondió Lupin mientras esquivaban a un grupo de turistas muggles ataviados con shorts y camisas floreadas. – Bueno, hemos llegado. Será mejor que los ayude a acomodar esos baúles dentro del tren. Hermione, Ron¿porque no pasan primero ustedes?
Hermione no dijo nada, pero obedeció. Al observarla, Harry supo que aún seguía bastante ofendida con Ron por la forma en que éste le había contestado. Su amigo, a pesar de su aparente distracción, también observaba a la chica con una mezcla de tristeza y arrepentimiento.
Cuando ambos atravesaron la barrera que dividía a los andenes 9 y 10, el Profesor Lupin lo tomó de un hombro y le dijo al oído:
Tal vez harías bien si los hicieras darse cuenta de que en realidad se importan más de lo que aparentan…
Harry, atónito ante tal declaración, no pudo evitar sonreír mientras miraba a Remus, que le guiñó un ojo amistosamente.
¡Por las barbas de Merlín¿Es que ni siquiera eso puedes hacer chiquillo estúpido? – gritó Jason Black mientras veía como Sirius tenía problemas para acomodar su baúl escolar en los carritos de equipaje de la estación.
Tal vez podrías ayudarle… - sugirió Idelia con un dejo de desprecio en la voz.
¡Para eso está Kreacher¡Yo no soy un elfo doméstico!
Pero Kreacher estaba muy lejos de ser un elfo servicial, sobre todo en lo que se refería a Sirius. Y el chiquillo de ojos azules seguía lidiando con ese carro muggle que parecía revelarse a cada paso, haciendo que Sirius luchara por conservar sus cosas arriba de él. Cuando finalmente había logrado controlar un poco aquél artefacto para pasar por la barrera que dividía a los andenes 9 y 10, y para que su baúl no se desparramara con todo su contenido en el piso, tuvo que frenar bruscamente.
¡Estúpido, fíjate! – exclamó malhumorada la voz de una chica unos dos años mayor que él. Era rubia, de piel cetrina y con un gesto de asco permanente que le daba a su rostro un aire algo siniestro. Y lo peor de todo no era eso, sino que Sirius la conocía: su prima Narcisa.
¡Lo siento¡Fue por este carro, que se salió de control! – agregó como disculpa.
Humm, bueno… la verdad es que tu torpeza siempre ha sido algo admirable, "Estrellita"… Me extraña que no te hayas dado cuenta, Narcisa. – respondió otra voz, la de Bellatrix.
Sirius no dijo nada, pero sentía mucha rabia por dentro. Siempre era lo mismo: odiaba a su prima porque siempre que la veía era solamente para ser insultado y humillado. Pero sus padres insistían en que ellos debían ser "casi como hermanos", y la única persona con la que Bellatrix podía llevarse bien en la Mansión Black era con el fastidioso de su hermano, Regulus.
¡Niñas, que bueno que están aquí! – exclamó con una voz tan dulce como falsa Idelia, que se acercó a las dos chicas y las besó en la mejilla. – Nadie mejor que ustedes para hacer que este niño empiece a hacer amistades con personas que realmente valgan la pena…
¡Vamos, Idelia¿Acaso quieres que tu hijo se convierta en una "señorita"? Las niñas deben tener amigas muy lindas, pero tu hijo con quien debe de tratar es con los hombres… - respondió en tono irónico Jason, mientras acariciaba las cabezas de las dos niñas.
Pues… tal vez podríamos ayudarle, Tiíto… los hermanos de algunas de nuestras mejores amigas son Slytherins, además de excelentes personas… - respondió en tono meloso Bellatrix, que con la sola mirada pudo convencer a Sirius de que no tenía muy buenas intenciones…
¿Ves Idelia? Ya te decía yo que estas dos chiquillas son adorables… - agregó Jason en tono socarrón – y tú, más vale que te apresures a acomodar tus cosas antes de que te deje el tren – dijo mirando a Sirius con impaciencia – Kreacher, ayúdalo…
Como diga el amo… - contestó el elfo haciendo una reverencia ridícula y pronunciada.
Con mucho trabajo (debido principalmente a la falta de colaboración del elfo doméstico) Sirius logró subir su baúl al tren. Una vez arriba, pensó en despedirse de sus padres, y bajó corriendo hacia la entrada del andén, donde ellos se habían quedado conversando con los padres de Narcisa y Bellatrix. Las dos chiquillas bajaron detrás de él. Sin embargo, al llegar al sitio donde los había dejado, no los encontró: no había rastro de Idelia, Jason y Kreacher por ningún lado.
¿Qué te pasa, "Estrellita", necesitas a mami y papi? – dijo burlonamente Bellatrix.
¿Tan pronto y ya los extrañas¡Qué ternura! – continuó burlonamente Narcisa.
Sólo quería despedirme… - contestó Sirius, algo triste.
¡Sólo querías despedirte! Pero "Estrellita", si no te vas al fin del mundo… - dijeron ambas, casi a carcajadas.
Sirius volvió a mirar hacia el andén. ¿Acaso les importaba tan poco a sus padres como para que ni siquiera hubieran esperado para despedirlo¿Tenía tan poco valor para ellos? Y mientras pensaba en ello, pudo ver oír una de tantas familias que se despedían en el andén:
Será sólo por poco tiempo, James… - dijo la voz dulce de una mujer.
¡Los voy a extrañar¡De verdad, los voy a extrañar mucho! – respondió el chico, que parecía a punto de llorar.
¡Vamos, vamos! No estarás tan lejos… además, acuérdate de lo que te dije: dentro de unos años…
¡Serás un gran mago, el orgullo de la familia… y lograrás hazañas increíbles, de las que todos hablaran por mucho tiempo…! – respondió más alegre el chiquillo, a coro con su padre, que lo tomó entre sus brazos y lo levantó del suelo mientras daban vueltas. Ambos rieron por unos momentos hasta que oyeron el sonido del tren que empezaba a ponerse en marcha.
James, por favor cuídate y no hagas travesuras – agregó finalmente la madre del chico, que lo abrazó fuertemente mientras sacaba un pañuelo para secarse las lágrimas.
¡Claro, ma'¡Volveré convertido en el mejor mago del mundo! – respondió el chico alegremente mientras se dirigía hacia donde Sirius lo miraba. El joven Black no pudo evitar sentir envidia por aquella familia, y en especial por el chico de cabello azabache.
¿Qué tanto observas, "primito"? – le dijo Narcisa burlonamente al oído - ¡Ay, no me digas que estabas viendo a los Potter! – agregó siguiendo la dirección de la mirada de Sirius - Nada más eso te faltaría…
¿Por qué? – preguntó Sirius sin apartar la mirada de aquella familia.
Bueno, son los peores enemigos de tus padres, por si te interesa saberlo – respondió Bellatrix con una risita – así que si quieres meterte en problemas…
Pero Sirius no tuvo tiempo de pensarlo mucho, pues al pasar, el chico de gafas y cabello alborotado lo saludó alegremente:
¡Hola¿Te conozco, verdad?
¡No, no lo creo! – respondió Sirius de manera cortante, dejando a James con el brazo extendido. Empezaba a recordar las palabras de su padre:
- "Tendremos que estrechar relaciones con los Nott, los Crabbe, los Malfoy y algunas otras familias dignas de ser tratadas. Recuerda esos apellidos, porque serán las únicas personas que merecerán que tú hables con ellas"...
Y dándose la vuelta, Sirius entró al vagón con sus dos primas, que se rieron del chico Potter.
