"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"

por Cecyet Black

¡Hooolasss de nuevo atodaslas chicas que seguían esperandopacientemente la continuación de este fic! Primero que nada, sé que les debo una enorme disculpa por no haberlo continuado desde hace ya bastantes meses... debo aclararles que la verdad es que después de julio la vida se empeñó en tratarme mal a como diera lugar, por lo que... hum, suena mal decirlo, pero no tenía ganas de escribir. En fin, asunto pasado al que no daré más importancia de la debida. Así que aquí estoy,una vez más dándoles lata gracias a sus peticiones y reviews que a pesar de mi largo silencio computacional, de todos los contratiempos, giros inesperados del destino y problemas de índole muggle que puedan presentarse, siguen aquí (bueno, eso espero).

También espero quevuelva la inspiración para seguir escribiendo yasí saldar mi grandeuda con ustedes, quea pesar de todo, siguieronesperando este fanfic. Ok, basta deintroducciones rimbombantes…. (je,je,je,je). Sólo me gustaría agregar los consabidos agradecimientos para ustedes, mis honorables y distinguidas lectoras (porque siguen siendo mujeres en su mayoría): Laura P.E., alex black bird, Prongs-Sexy-Potter317, fer-black, Paly Messer S.(a la que agradezco que se haya tomado el tiempo de leer esta historia aunque no le guste mucho HP) y a Tenshi Lain (que veo que es la primera vez que me escribe).

Ahora sí,termino pidiéndoles lo mismo de siempre: sigan leyendo esta historia sobre mi papá (Sirius) y tengan un poco de paciencia para esperar los siguientes capítulos. ¡Comencemos!


X. JAMES G. POTTER.

"Athos: honesto, valiente por sobre todas las cosas, noble y con un corazón del tamaño del mundo. Siempre ha tenido sus objetivos muy claros y ha luchado por ellos sin jamás darse por vencido. A veces, cuando las cosas se ponen difíciles para los tres, se convierte en el soporte emocional y en el ánimo constante de Porthos y Aramís..."


- Estoy seguro de que sí lo conocía… tal vez no quiso hablarme porque estaba acompañado… - meditaba James mientras miraba por la ventana del compartimiento que tenía para él solo.

Estaba casi seguro de conocer a aquel chico de ojos azules y cabello negro, de haberlo visto antes, y por alguna razón, no podía apartarlo de sus pensamientos. Tal vez fuera porque no estaba acostumbrado a que la gente lo tratara mal o quizá porque acababa de recordar que ese era el chico al que su padre había salvado de una buena tunda… pero de todos modos, no valía la pena seguir pensando en eso: aquél chico, por lo visto, no quería su amistad…


- Bueno, no sé ustedes, pero yo acabo de pasar las vacaciones de verano en una mansión que tienen mis padres en Cherbourg, cerca de París – dijo un chico de cara larga y pálida, con expresión adusta, al que los demás llamaban Dolohov.

- ¡Vaya! Eso sí que es sorprendente… Pero yo acabo de convencer a mi padre para que me compre una escoba de carreras de última generación… por supuesto, con eso tendré asegurado el ingreso al equipo de Quidditch de nuestra casa… - agregó en tono presuntuoso otro chico, sentado a su lado.

- Yo sólo me pregunto si tendrás tanto talento para el Quidditch como dinero, Avery… - concluyó finalmente Bellatrix.

- ¡Ja,ja,ja,ja,ja!

- Siempre lo he dicho, Bella, eres excelente en lo que a humor negro se refiere… y también en sarcasmo… - dijo conteniendo la risa un chico de cabello castaño y nariz puntiaguda, de apellido Rosier.

- Yo sólo digo lo que veo… y veo más cosas de las que los demás pueden ver… - respondió Bellatrix en tono arrogante.

- Sólo hay algo que me tiene pensativo, Bella – interrumpió otro chico, de cabello rubio peinado con raya de lado, al que los demás llamaban Wilkes – ¿es cierto que este chiquillo es tu primo? – preguntó volteando a ver despectivamente a Sirius, que hasta ese momento había permanecido observando la ventana, sentado al lado de Narcisa, que leía un libro viejo y enmohecido de pasta negra.

- Eso dicen… y créeme, Wilkes, no es algo que me haga mucha gracia… - respondió Bellatrix, volteando a ver a su primo como si hubiera visto una cucaracha.

- ¿Y entonces, tú eres el futuro heredero de la dinastía Black? – preguntó repentinamente Avery, mientras todo el grupo que iba en el mismo compartimiento volteaba a ver al chico de ojos azules.

- Sí. – dijo escuetamente Sirius, que parecía un poco incómodo de ser el centro de atención.

- ¿Y bien, cómo debemos llamarte? – preguntó Rosier.

- Sirius. Sirius Black.

- O "Estrellita", que es como le llamamos nosotros – agregó Bellatrix, divertida.

- ¡Ja,ja,ja,ja,ja!

- ¡Basta de bromas! De verdad que a veces se comportan como chiquillos idiotas… es de dar pena…

La última frase la había pronunciado un chico, de rostro pálido y puntiagudo cuyo cabello rubio platinado contrastaba con sus ojos grises… ¡el chico del Callejón Diagon! Avanzó lentamente hacia donde estaba sentado Sirius y éste pudo darse cuenta de cómo (a pesar de ocultar el rostro detrás de su libro) las mejillas de su prima Narcisa iban adquiriendo un leve tono rosado.

- Así que tú eres el nuevo miembro de la familia Black que ingresa a Hogwarts… - dijo examinando detenidamente a Sirius – pues no pareces muy temible que digamos… ni tan prepotente como Bellatrix… ni tan seguro y agresivo como Narcisa… - ésta última, al instante de oír su nombre, recuperó la compostura y descubrió su rostro del libro con el que antes lo había ocultado – más bien pareces una especie de criatura extraña, débil y temerosa como Andrómeda…

- ¡Ja,ja,ja,ja,ja!

- Por cierto, Bella¿dónde está tu hermanita prodigio¿Merodeando por el vagón de los Hufflepuff o intentando ganarse el cariño de los Ravenclaw? – agregó arrastrando las palabras, en tono irónico – Espero que ya le haya quedado claro que aquí no queremos a nadie con ideas como las suyas…

- Andrómeda sabe que en Slytherin no es bien recibida, Lucius… - agregó Bellatrix en tono serio – y creo que es muy pertinente tu aclaración sobre las personas que realmente deberían estar en esta casa – dijo mientras miraba acusadoramente a Sirius.

- Vamos, Lucius, Bella… no creo que este chico, siendo de la familia que es tenga problemas con nosotros… seguramente tiene claras sus preferencias… - agregó Rosier.

- Hummm… tal vez… podemos examinarlo… - agregó Lucius Malfoy pensativamente, mientras se llevaba una mano a la barbilla – supongo que si quieres integrarte a nuestro círculo antes debes de saber algo de nosotros… por ejemplo¿quién es el abuelo de Rosier¿por qué Dolohov tiene una mansión en Cherbourg¿de dónde proviene la fortuna de Avery?... vamos, contéstanos… son preguntas simples que todo buen partidario de las Artes Oscuras debe conocer…

Sirius se quedó pensativo unos instantes… ¿por qué su padre y madre no le habían dicho que tenía que conocer todos los antecedentes de las familias con las que habría de relacionarse? Todos lo empezaban a mirar expectantes, esperando a que respondiera, y él se sentía como en un juicio, pero sin saber que decir para no herir las expectativas de nadie… resolvió permanecer callado…

- Es imposible. Véanlo con sus propios ojos: el heredero de la gran fortuna Black no sabe ni siquiera con quienes está tratando en este momento. Podríamos ser una manada de muggles y el seguiría sentado aquí con nosotros, sin importarle… esto es una aberración, Bella… - exclamó finalmente Lucius Malfoy lo suficientemente fuerte como para que todo el vagón se enterase.

- Esa no es mi culpa… yo nunca dije que este idiota fuera un candidato perfecto para ingresar al grupo – respondió Bellatrix en tono furioso y salió del compartimiento, azotando la puerta.

- Bueno, entonces tendremos que arreglarlo nosotros – intervino Dolohov, mientras sacaba su varita de una valija que había a su lado. Y dirigiéndose hacia donde estaba Sirius, lo apuntó con su varita mientras decía: - Si no conoces con quienes estás hablando, por lo menos deberás conocer algunas Maldiciones Imperdonables…


- ¿Algo más, cariño? – preguntó la bruja regordeta que llevaba el carrito de la comida en el Expreso de Hogwarts.

- Hummm… no, creo que no… con estos pasteles de caldero será suficiente. Además, no tengo con quién compartirlos… - dijo sonriendo el chico de cabellos alborotados, mientras le daba algunas monedas doradas a la bruja.

- ¿Por qué¿Es que aún no has hecho amigos? – preguntó en tono amistoso mientras le daba el cambio al chico.

- No, aún no. Todos vienen sentados con sus hermanos, pero yo no tengo. – agregó mientras rompía la envoltura del primer pastelillo – Pero mi padre dice que una vez que empiecen las clases, haré tantos amigos que ya no querré regresar a casa – concluyó en tono divertido.

- Bueno, en ese caso, que tengas suerte – contestó la bruja, que sonrió a manera de despedida.

- Gracias.

Y volviendo a su asiento, dejó los pastelillos que recién había comprado en el de enfrente, mientras se disponía a echar las monedas que había recibido como cambio en una bolsa de cuero, donde guardaba el dinero que su padre le había dado para el colegio. En ese momento se dio cuenta de algo: la bruja no le había cobrado los pastelillos… tenía en la mano la misma cantidad de monedas doradas que él le había entregado.

Al principio, pensó que había sido error de ella y que como tal, era culpa suya; pero su padre siempre le había dicho que "el dinero que no se gana con el trabajo, nunca será bien visto" decidió que lo más sensato sería buscar a la bruja y hacerle ver su error. Se levantó y empezó a recorrer el pasillo buscándola… no podía estar lejos…


- ¡Petrificus totalus! – exclamó el chico rubio, Wilkes, apuntando a Sirius con su varita.

Al instante, el chico de ojos azules quedó paralizado y cayó al suelo. Se sentía mal, pero no por el hechizo… en realidad eso era lo que menos le preocupaba, lo que en verdad lo hacía sentirse mal era el estar ahí sin poderse defender, sin conocer ningún hechizo que le pudiera ser de ayuda y viendo cómo todos los chicos de Slytherin se burlaban de él, convirtiéndolo en su principal diversión durante el viaje. ¡Y esas eran las personas con las que su padre quería que entablara amistad¿Aquellos a los que sólo parecía importarles quién tenía más dinero o tradición dentro de las Artes Oscuras¿Los mismos que en este momento se estaban divirtiendo a sus costillas!

Repentinamente se abrió la puerta del compartimiento y surgió de ella un chico de ojos color avellana y cabello alborotado.

- Oigan¿no han visto a la bruja que vende las golosinas del tren? – preguntó en tono amable.

- Vaya, vaya, que tenemos aquí… ¿Potter, verdad? – preguntó en tono socarrón Lucius Malfoy - ¿qué hace un chico como tú en nuestro compartimiento?

- Me llamo, James. James Potter. Y ya dije que vine buscando a la bruja del carrito… - dijo el chico de gafas mientras miraba a su alrededor buscando a la bruja… y lo que halló en el piso lo dejó perplejo: Dolohov estaba encima de aquel chico de cabello negro y ojos azules que se había negado a saludarlo al abordar el tren.

- Pues la bruja del carrito no está aquí, así que lárgate. – agregó Rosier mientras jaloneaba a James de la túnica.

- De acuerdo. Pero si yo me voy, viene conmigo aquél chico. – y señaló a Sirius, que estaba tirado en el piso, con la nariz sangrante.

- ¿Y por qué piensas que vamos a hacer lo que nos digas? – agregó en tono arrogante Malfoy, mientras miraba con desprecio a James.

- Porque si no, iré a hablar con los Prefectos para decirles que estaban peleando… y tal vez también sería bueno que le recordara a mi padre que debe hacer unas visitas a sus casas – agregó el chico de gafas con cierta malicia.

Lucius Malfoy no se amedrentó, pero bajó la varita con la que estaba apuntando a James desde hacía un rato. Los demás deshicieron el grupo que estaba arremolinado alrededor de Sirius, atacándolo, y se sentaron como si nada hubiera pasado. Con pasos rápidos, Malfoy avanzó hasta llegar donde estaba Sirius, lo levantó de la túnica y lo aventó prácticamente sobre James.

- ¡Llévatelo! Y mientras más lejos lo mantengas de nosotros, mejor. A nosotros no nos importa… pero a él debería importarle el hecho de que siempre será rechazado en esta casa, que por supuesto, será la suya. – dijo Malfoy mirando amenazadoramente a ambos – Y ahora ¡lárguense los dos!


Definitivamente era un chico extraño. No había dicho nada desde que habían salido del compartimiento de los Slytherin. Parecía como si no le importara que lo hubieran amenazado, golpeado y humillado enfrente de los demás. Y parecía como si no se hubiera dado cuenta de que había cambiado de lugar y que tenía otra persona enfrente de él. Era sumamente extraño.

- Oye¿no quieres un pastel de caldero? – dijo tímidamente James mientras le ofrecía uno.

- …………

- Bueno, si tienes hambre puedes tomar uno… - agregó dejando el pastelillo a un lado del chico.

- …………

- A todo esto, no me has dicho tu nombre… bueno, me gustaría saberlo… tal vez podríamos ser amigos…

- …………

- Yo soy James G. Potter, y también es la primera vez que vengo a Hogwarts. Mamá y papá dicen que en un principio es difícil acostumbrarse a estar lejos de casa, pero que una vez que uno hace amigos y conoce el colegio, todo se vuelve divertido… ¿tú que piensas?

- …………

- Bueno, no creo que falte mucho para llegar. Aunque ya he visto demasiados paisajes distintos por la ventana…

Permanecieron en silencio durante largo tiempo, mientras James trataba de entablar conversación con aquel chico, pero al ver que no iba a lograr resultados, decidió dormir todo lo que faltaba del trayecto. Se acurrucó en uno de los asientos y se quedó dormido al poco tiempo. El chico de ojos azules permaneció en la misma posición el resto del trayecto, sin hablar, sin moverse y sin parpadear; como si fuera una estatua.


- ¡Vamos, chico, es hora de bajar! Hemos llegado a Hogwarts. – dijo una voz dulce mientras zarandeaba a James, que abrió los ojos asustado.

Miro hacia un lado y hacia el otro. No había nadie, a excepción de la señora del carrito de la comida, que era quien había ido a despertarlo.

- Anda, se te hará tarde para la Ceremonia de Selección, ya bajaron todos.

- ¡Hipogrifos! – exclamó James, mientras recogía sus cosas a toda velocidad, azotando la jaula de su lechuza, que ululó indignada – ¡La Ceremonia¡Lo había olvidado! – y casi corriendo, bajó del tren… pero en el instante que bajaba se acordó de algo y asomando la cabeza nuevamente al tren, dijo… - Disculpe, quería decirle que me cobró mal los pastelillos… ¿cuánto le debo?

- No te los cobré porque son un regalo – agregó la bruja amistosamente – es para que los compartas con los amigos nuevos que harás en la escuela.

- Pero… eran cuatro pastelillos… eso es demasiado…

- No te preocupes, te alcanzarán. Y anda, corre, antes de que partan los botes…


Ya estaban dentro de los terrenos del castillo, justo enfrente de la entrada principal: una gran puerta de roble. Los había conducido hasta ahí un semigigante de aspecto rudo y feroz, cuyo rostro estaba cubierto por una gran barba. Tenía el cabello negro, enmarañado y que también cubría gran parte de su cabeza. Tocó tres veces la aldaba de la puerta y cuando esta se abrió, todo los que estaban ahí reunidos pudieron ver a una bruja alta, de cabello negro y túnica esmeralda. Su rostro revelaba que era una persona estricta y seria.

- Pasen por aquí, por favor. – y mientras los conducía por diverso pasillos ya en el interior del castillo, comenzó a explicarles – Bienvenidos a Hogwarts. Como cada año, iniciaremos los cursos con el Banquete de Bienvenida, pero antes de que eso suceda, ustedes, los de primer año, deberán ser Seleccionados. La Selección es una ceremonia muy importante, porque mientras estén aquí su Casa será como su familia. Tendrán clases con todos los alumnos de su Casa, dormirán, convivirán y pasarán la mayor parte del tiempo con ellos, así que procuren llevarse bien entre ustedes. – agregó mirando fijamente a los alumnos que quedaron más cerca de ella, mientras Sirius volteaba a ver a sus agresores en el tren – Las cuatro Casas que hay en Hogwarts son Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin, cada una con una historia propia y con notables brujas y magos que han salido de ellas. Mientras estén aquí, todas sus acciones harán que su Casa gane o pierda puntos. Sus buenas acciones serán recompensadas con puntos, y las malas harán que los pierdan. Al final del curso, la Casa con más puntos se hará acreedora a la Copa de las Casas. – agregó deteniéndose finalmente, cuando hubieron llegado a un cuarto espacioso, donde había colocados algunos retratos de los miembros más representativos de cada Casa – Volveré en un minuto, cuando el Sombrero Seleccionador esté listo.


Nunca había estado tan nervioso en su vida. Trató de pensar en miles de cosas más, pero por más que lo intentaba, Sirius Black no podía olvidar las palabras que constantemente le había repetido su padre desde la llegada de la carta de Hogwarts:

- "En Slytherin no aceptarán jamás a un inútil, cobarde, llorón y quejumbroso como tú… no aceptaré que un descendiente de la dinastía Black haga el ridículo frente a todo Hogwarts… ¡NO ACEPTARÉ QUE UN BLACK ESTÉ EN OTRA CASA QUE NO SEA SLYTHERIN!"

Lo que sería verdaderamente imposible era que se llevara bien con los Slytherin, sobre todo después de las últimas palabras de Malfoy, antes de que saliera del compartimiento con aquel chico…

Definitivamente, si su destino era ser un Slytherin, tendría que soportar los constantes maltratos de todos o convertirse en uno de ellos. Hubiera dado lo que fuera por no tener que estar en esa Casa, porque los Slytherin lo trataran como lo había hecho aquel chico, porque todo hubiera sido distinto… pero sabía que tenía que estar en Slytherin, por todo lo que significaba para su familia, por la tradición y por las mil y un patrañas que su padre llevaba años tratando de meterle en la cabeza… pero ¿realmente quería él estar en Slytherin?

Cuando se dio cuenta, todos lo alumnos aplaudían. Al parecer, el Sombrero Seleccionador había cantado una canción respecto a las cuatro Casas, y ahora permanecía en silencio, esperando. La bruja que los había recibido a la entrada rompió el silencio y dijo:

- Empezaré llamándolos por su apellido, en orden alfabético. Cuando eso suceda, vendrán aquí, se sentarán en el taburete y se probarán el Sombrero, que será el que decida a que Casa pertenecerán. – y mirando un largo pergamino, agregó: - ¡Avery, Jack!

Sirius permaneció inmóvil. Empezaba a recordar todo lo que había pasado en su vida desde que era pequeño… Sus padres siempre le decían que nunca podría ser un digno heredero de la dinastía Black, que era un inútil, que nunca podrían esperar nada bueno de él… Siempre estaban castigándolo aún por lo más mínimo y de hecho (si lo pensaba bien) no recordaba de su padre una sola palabra de cariño, sólo los golpes que le propinaba a la menor provocación… ¿cambiaría la forma en que lo trataban si se quedaba en Slytherin¿cambiaría él para complacerlos, volviéndose como aquellos que lo habían molestado en el tren?

- ¡Black, Sirius!

Había llegado el momento de saberlo. De saber realmente qué era lo que el destino le tenía preparado y de saber lo que sería de su vida durante los próximos siete años. Estaría preparado para lo que fuera. Avanzó con decisión, se sentó en el taburete y se calzó el sombrero, que le cubrió los ojos. Al instante, oyó una vocecilla que le susurraba al oído:

- ¡Hummm, otro Black¿Qué haré contigo? Te colocaré en Slytherin, a donde toda tu familia pertenece¿O serás tú aquél que se distinguirá entre ellos¿Tú que piensas?

- Yo sólo sé… que… - empezó Sirius, a quien las imágenes de los últimos días se le agolpaban en la cabeza - …"Serás un gran mago, sólo necesitas, al igual que este árbol, condiciones favorables para alcanzar una gran altura… No lo olvides…"

- Si, eso es cierto, serás grande, hay mucho talento en tu cabeza. Inteligencia, sí, una gran mente. Astucia también. Y valor, mucho valor… pero… ¿qué es exactamente lo que quieres tú¿Descubrirte a ti mismo o pasar tu vida complaciendo a los demás¿Quién eres realmente?

- Soy Sirius. Sirius Black… y… - "… En Slytherin no aceptarán jamás a un inútil, cobarde, llorón y quejumbroso como tú…" – yo… - "…¡Llévatelo! Y mientras más lejos lo mantengas de nosotros, mejor. A nosotros no nos importa… pero a él debería importarle el hecho de que siempre será rechazado en esta casa…" – yo no… - "…¡Sirius Black! Pensé que te vería pronto… sin embargo me preguntaba si me daría tanto gusto verte como me imaginé… y veo que no me has decepcionado…" - ¡YO NO QUIERO ESTAR EN SLYTHERIN!"

- Bien, eso era justo lo que quería oírte decir… No lo dudes… serás muy grande… tal como lo dijo Ollivander… mientras no te traiciones a ti mismo… Así que serás¡GRYFFINDOR!

Sirius oyó un centenar de palmas aplaudiendo, se notaba que había gran algarabía en el Gran Comedor. Lentamente, se quitó el Sombrero Seleccionador y se puso de pie… miró hacia la mesa de Slytherin: Bellatrix lo miraba con más desprecio de lo usual (si es que eso era posible), Narcisa tenía la sorpresa reflejada en el rostro, y los demás Slytherin reían a carcajadas… después miró hacia la mesa de Gryffindor: varias manos le hacían señas para que se acercara, y algunas más aplaudían… y en ese instante, por primera vez en su vida, Sirius Black supo que había tomado la decisión correcta, aunque eso significara que todos estuvieran en su contra.