"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"
por Cecyet Black
¡Hoolaa a todas que a pesar de algunas"voldycosas" fuera de nuestro alcance, siguen leyendo esta historia! Es domingo, de madrugada, sin nada mejor que hacer (o más bien con un buen de cosas que hacer, pero sin querer hacerlas ¬¬… así es la vida, ya ven) y aparte de disfrutar de una terrible indigestión, sigo por aquí maquinando historias (o capítulos, todo depende la las musas…) para continuar con este Fanfic que gracias a sus peticiones, comentarios y muestras de apoyo, se pone cada vez más interesante…
Algunas de ustedes me han dicho que las dejé picadas (lo cuál me lleva a deducir que logré mi propósito, muahaha…), así que les adelanto un poquitín de lo que se van a encontrar en este capítulo (que pese a mis supersticiones personales, se quedó con el número 13 y con un título alusivo): ahora sí, se van a enterar de la venganza de Remus y de cómo su aparente odio hacia James y Sirius termina convirtiéndose en una de las amistades más memorables de Hogwarts. Espero les agrade este y los siguientes capítulos…
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling (con sus respectivos derechos de autor, publicación y características). Sólo Vivian, Orión y Paleydis, son personajes míos, junto con esta historia sobre la vida de Sirius.
La dedicatoria de este número va como sigue:
A todos y todas los que leen esta historia (alex black bird, NenaOrion, EneriLupin y Tenshi Lain), a quienes agradezco infinitamente sus reviews que me dan ánimo para continuar.
A toda la "Familia Black": Luna,Pepe, Zoe, Shine, Sabrina y Galia.
Y en lo que se refiere a mi lado muggle: a mis amigas Gaby (que por cierto, ahora es toda una Licenciada en Administración de Empresas… ¡Felicidades!) y Chayo y a mi mamá (musa tanto en las buenas como en las malas… e inspiración de algunos de los diálogos, je,je).
¡Ahora sí viene lo bueno!… el inicio del capítulo (XD!)…
XIII. MALA SUERTE.
Miró de nuevo la fotografía. La verdad, es que a pesar de que hubieran pasado los años, aún seguía manteniendo completamente vívidos en su memoria los momentos que había pasado con sus mejores amigos (los buenos y los malos). Para Remus Lupin era muy fácil recordar su época de estudiante en Hogwarts, sobre todo, porque había estado marcada por el nacimiento de una amistad que parecía imposible, sobre todo después de un mal comienzo. Pero así era: quienes menos se imaginaba, se habían convertido en sus mejores amigos… Dió unos golpecitos con su varita murmurando: - "Reparo!" para que el cristal quedara intacto, como estaba antes de que él tirara la fotografía, y la dejó en la repisa, justamente en el lugar del que había caído. Sería mejor que comenzara a preparar su solitaria cena…
- ¡Vaya¿Entonces en esto consiste la herencia de tu padrino? – preguntó asombrada la pelirroja mientras observaba el libro con curiosidad.
- Esteee… sí… así es… - articuló Harry.
¡Había actuado como un tonto! Cuando Ginny entró, por el nerviosismo de verla enfrente de él sin siquiera percatarse, había soltado el libro y se había quedado inmóvil, sin saber cómo reaccionar. La menor de los Weasley (como era de esperarse), lo recogió y comenzó a hojearlo sin que Harry pudiera impedirlo. No había tenido tiempo siquiera de realizar algún hechizo que pudiera ocultar el contenido, ni la rapidez mental para hacerlo. Y mientras él buscaba explicaciones al respecto (cada una más imprecisa que la otra), Ginny, con la inteligencia y astucia que la caracterizaba, había deducido el contenido y el origen de aquel libro con sólo hojear las páginas que el chico de ojos esmeralda había estado leyendo antes de que ella llegara. Finalmente, luego de echar un vistazo a Harry, le preguntó:
- Harry¿has pensado que este diario podría ser tan peligroso como el de Ryddle que encontré en segundo?
- Bueno… yo… no sé… no lo creo. Es decir, no creo que mi padrino me haya dejado algo sumamente peligroso… - respondió el chico de ojos verdes, reponiéndose del ataque de nervios y totalmente sorprendido de oír hablar a Ginny de aquella experiencia.
- Hummm… es que realmente no quise decir que fuera peligroso para ti en ese sentido, por supuesto. Pero sólo imagínate que en lugar mío hubiera entrado Malfoy… te habrías buscado un buen problema. – respondió Ginny en un tono que a Harry le recordó brevemente a Hermione.
- Sí, lo sé. – dijo finalmente Harry, y luego agregó en un tono más bajo y acercándose a la pelirroja: - Ginny¿podríamos guardar como un secreto la existencia de este diario?
- Bueno, por mí no hay problema. – contestó la chica en un tono más alegre, mientras se acomodaba la túnica (en la que Harry alcanzó a distinguir una insignia de la que no se había percatado antes) para sentarse al lado del chico – Pero pienso que deberías decírselo a Ron y a Hermione… así por lo menos serían tres para protegerlo…
- Oye, Ginny¿puedo hacerte una pregunta? – preguntó Harry en un tono mucho más amigable, mientras la pelirroja asentía con la cabeza, hojeando todavía el libro - ¿Esa insignia significa que ya eres Prefecta de Gryffindor?
- Bueno, eso dicen. – contestó Ginny sin voltear a ver a Harry – La verdad es que no era una de mis aspiraciones, pero al parecer no había nadie más que quisiera o fuera digno del puesto, sobre todo después del último año con tu querida Profesora Umbridge… así que… - agregó apartando la vista del diario de Sirius y mirando fijamente a Harry – pues sí, soy Prefecta de Gryffindor.
- ¿Y eso no significa que deberías estar con Ron y Hermione? – preguntó suspicazmente el chico de ojos verdes.
- La verdad es que me escapé de ellos – respondió la pelirroja en tono culpable – pero no puedes culparme: tú sabes que son insoportables cuando comienzan a pelearse en lugar de aceptar que se importan más de lo que quisieran…
Harry no dijo nada, pero sonrió abiertamente. Definitivamente Ginny era más astuta e inteligente de lo que sus hermanos podían siquiera imaginar. El chico volteó a ver el paisaje que se dibujaba por su ventana: comenzaba a oscurecer, señal de que llegarían en poco tiempo a Hogwarts. Se preguntaba quién sería su nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y cómo sería el año escolar que estaba a punto de comenzar… hasta que Ginny lo sacó de sus pensamientos:
- Harry¿te importaría si leo contigo esto? – preguntó Ginny en el tono que la más pequeña de los Weasley utilizaba frecuentemente para que nadie pudiera negarle nada.
- Pues… no, supongo que no. – dijo un Harry no totalmente convencido. - Aunque tal vez sería mejor si guardáramos el diario… puede venir alguien más…
- ¡Bah! Si te refieres a Ron y Hermione, aún les falta mucho por discutir… y los demás seguramente estarán poniéndose las túnicas…
Pero justo en ese momento, se abrió la puerta del compartimiento y apareció Hermione, con el semblante disgustado:
- ¿Pasa algo, Herm? – preguntó Ginny, ocultando rápidamente el diario a sus espaldas, mientras con el codo golpeaba a Harry en las costillas para que lo tomara y lo guardara en su baúl.
- No, no realmente. Es sólo que Ron… bueno, ya me tiene harta que no asuma su responsabilidad como Prefecto…
- Bueno, no lo culpo… eso de ser Prefecto no es el ideal de todo el mundo… - respondió sinceramente Ginny.
- ¡Ginny¡Creí que tú eras más sensata! – exclamó Hermione frunciendo el entrecejo.
- Bueno, no se peleen. Sería lo único que faltaría – dijo Harry, mientras se levantaba y pasaba descaradamente enfrente de Ginny, que discretamente le puso en las manos el diario de Sirius – Deberías comprender, Hermione, que no todos podemos ser tan responsables, metódicos y organizados como tú – agregó Harry, mientras metía el diario de su padrino entre sus túnicas y cerraba el baúl.
- Bueno… pero deberían hacer el intento… - contestó finalmente Hermione, que pese a la astucia que la caracterizaba, ni siquiera había reparado en el diario.
Si algo era seguro, es que la fría casa de Grimmault Place siempre había sido fría y tenebrosa, y mucho más para alguien que solía estar más tiempo sólo que en compañía de alguien. Pero Remus era distinto: habían dejado de asustarlo los sitios oscuros y tétricos desde que era muy pequeño… sobre todo, porque cada luna llena tenía que dirigirse a alguno de ellos para soportar una dolorosa transformación.
Mientras tomaba un sorbo de la taza de chocolate caliente que se había preparado y veía llover a través de la ventana del cuarto que había sido de Sirius, comenzó a recordar lo que solía decirle su madre, cuando aún era pequeño:
- ¿Recuerdas lo que te dije de la oscuridad, Remus? – le preguntaba aquella mujer de rasgos delicados y mirada dulce, de color miel, mientras tomaba una de las manitas de su hijo, acariciándola.
- Si, lo recuerdo. – respondió Remus mientras algunas lágrimas corrían por sus mejillas – Dijiste que no debo temer… que después de la oscuridad saldrá el sol… y que debo ser valiente para esperarlo y que me ilumine con sus rayos…
- Exacto. – agregó su madre, levantando con los dedos índice y pulgar la barbilla del pequeño – Y yo sé que tú eres muy valiente, Remus, y que sabes perfectamente que nada ni nadie puede hacerte daño porque yo estoy aquí… siempre estaré aquí cuando me necesites…
- ¿Aunque papá no esté? – preguntó el pequeño, frotándose los ojos para dejar de llorar.
- Aunque papá no esté… siempre estaré cerca de ti, cariño…
Por alguna extraña razón, en los días de lluvia siempre le venía a la mente el recuerdo de su madre, que había muerto mientras él cursaba el último curso en Hogwarts. Nunca supo a qué se debió su muerte tan repentina ni en qué circunstancias se había dado… lo que sí sabía es que lo había querido mucho, que había dedicado su vida entera a cuidarlo, y que si alguien realmente sufría sus transformaciones era ella, que había desempeñado el doble papel de padre y madre para él, que no había conocido al autor de sus días…
Ya no le temía a la oscuridad… había sido valiente…
Justo en ese instante, cuando Remus aún estaba pensando en eso, el sonido de un trueno, seguido por la total ausencia de luz, provocó que Remus tirara la porción que aún tenía de su chocolate al suelo. La taza cayó justo a su lado, haciéndose añicos. Fue hasta entonces que apartó la vista de la ventana.
- Vaya, creo que necesitaré algunas velas… - murmuró casi para sí, mientras sacaba su varita del bolsillo izquierdo de su nueva túnica. – "¡Lumos!"
La punta de la varita del antiguo profesor de DCAO se encendió, pero aquel destello no era suficiente para iluminar todo el cuarto, sólo alcanzaba para iluminar el camino de Lupin hacia la puerta. Remus caminaba con precaución, tratando de acostumbrarse a la escasez de luz y entonces, sucedió…
¡PLAF!
- ¡Los de primer año, vayan con Hagrid, él los guiará hasta el castillo! – exclamó Hermione casi corriendo alrededor del Expreso de Hogwarts, mientras una lluvia torrencial caía sobre sus cabezas.
- ¡Ya han oído, los de primer año sigan a Hagrid, los demás pueden subir a los carruajes que están terminando el andén! – anunció Ginny haciendo segunda voz a la advertencia que acababa de lanzar su amiga.
Mientras ellas trataban de organizar a la multitud que salía descontroladamente del tren, tratando de cubrirse en la medida de lo posible de la lluvia, Harry y Ron hacían verdaderos malabares tratando de bajar a la cantidad inusitada de animales que viajaban con ellos: Hedwig, Crookshanks y Pigwidgeon. Las dos lechuzas ulularon fuertemente cuando, por un descuido, ambos chicos chocaron sus jaulas.
- ¡Vaya! Sólo los dejamos un momento y ya están matando a nuestras mascotas… - rió Ginny al ver a Harry y Ron con tantas dificultades para bajar del tren.
- ¡Ginny¿Harías el favor de ayudarnos para que subamos a los carruajes lo antes posible? – preguntó Ron, con el disgusto reflejado en su rostro.
- ¡Dejen de pelear y caminen! – respondió Hermione mientras tomaba cuidadosamente a su gato de uno de los brazos de Harry, quien en el otro brazo sostenía la jaula de Hedwig, que aún ululaba furiosa.
- ¿Quieren que les ayude con sus mascotas? – preguntó repentinamente una voz que ellos no reconocieron, que provenía de una sombra que se iba a cercando cada vez más…
Cuando le dio la luz de la luna, los tres amigos se sorprendieron tanto, que la jaula de Pigwidgeon cayó al suelo, mientras la lechuza chillaba furiosamente.
Cho Chang estaba enfrente de ellos…
Remus Lupin se levantó trabajosamente del suelo. Había tropezado con el baúl escolar de Sirius, que extrañamente, se había movido del lugar donde solía estar. El licántropo se incorporó, sobándose la espinilla que había pegado contra la madera del baúl. No podía ver casi nada a causa de la oscuridad, y la lluvia caía con tanta fuerza que era casi imposible escuchar algo más que no fuera ese sonido. Desafortunadamente había perdido su varita en la caída.
- "¡Accio, varita!" – exclamó en medio de la oscuridad. Cuando la varita llegó a sus manos, volvió a realizar el conjuro que le proporcionó una pequeña cantidad de luz y pudo observar perfectamente el contenido del objeto con el que había tropezado.
A pesar del dolor que todavía sentía en la espinilla, Remus no pudo evitar reírse. Realmente le causaba gracia ver que Sirius aún conservaba aquél objeto, a pesar de los años y la vergüenza que había pasado por su culpa. Lupin movió la cabeza de un lado a otro, cerró el baúl y se dirigió a la escalera de Grimmault Place (esta vez con mayor cuidado), mientras los recuerdos comenzaban a invadir nuevamente su cabeza…
- Bueno, tú sabrás… De todos modos, somos dos contra uno…
Sí, tal vez fueran dos contra uno, pero con lo que Potter y Black no contaban, era que esa persona podía actuar con más inteligencia que ellos, y Remus J. Lupin estaba dispuesto a demostrárselos. Eran casi las 11 de la noche cuando empezó a subir la escalera que lo conduciría finalmente a la Torre de Gryffindor, y haberse pasado la tarde sacándole brillo a todos esos trofeos no había sido en vano. Ya tenía un plan para vengarse de los dos, y en el punto en donde más les dolería… sólo era cuestión de ponerlo en práctica y esperar.
- ¿Contraseña? - le preguntó el retrato de la Señora Gorda que se encontraba cubriendo la entrada a la torre.
- "Mauvaise hassard" – respondió Remus, satisfecho de haberla dicho correctamente.
- Adelante, pero en silencio, ya casi todos están dormidos… - dijo el retrato, mientras con una sonrisa se hacía a un lado para dejar entrar al chico.
Una vez adentro de la Sala Común, el chico de ojos color miel pudo darse cuenta que la Señora Gorda no había mentido: sólo quedaban dos estudiantes de sexto, haciendo sus deberes cerca de la chimenea y el resto de la habitación estaba vacío. Se despidió de ellos cortésmente y subió por las escaleras que se dirigían al dormitorio de los chicos.
Al llegar ahí, abrió la puerta con mucho cuidado (para no despertar a los demás) y observó que todos los que dormían con él (Potter, Black, Longbottom y Pettigrew) estaban en sus camas, profundamente dormidos. Ahora o nunca. Era el momento perfecto para poner en marcha su plan, así que se quitó los zapatos (para no hacer demasiado ruido) y caminó de puntillas hacia el baúl de Sirius.
Ya se enterarían Black y Potter de lo que era capaz…
- ¡Hola, Cho! Disculparás que no nos quedemos a platicar contigo, pero nos estamos empapando bajo la lluvia… - dijo finalmente Ginny (la única capaz de romper el silencio), mientras se agachaba a recuperar la jaula de Pigwidgeon.
- Sólo quería ver si podía ayudarlos en algo, Harry…
Hermione y Ron miraron desconcertados a su amigo, mientras Ginny (sin inmutarse en lo más mínimo) avanzaba hacia el último de los carruajes que aún esperaban al inicio del camino que los llevaría a Hogwarts. Cho miraba fijamente a Harry, esperando una respuesta, mientras que Hermione le lanzaba codazos a discreción al pelirrojo para que tomaran el ejemplo de Ginny y subieran al carruaje.
- Pues… creo que no necesitamos ayuda, Cho… - dijo finalmente Harry, balanceando la jaula de Hedwig mientras hablaba – Pero si quieres hablar conmigo, podríamos vernos en el castillo un día de éstos, cuando no haya lluvia… - agregó finalmente, tratando de ser cortés con la chica.
- En realidad… sólo quería decirte que lo siento… - susurró Cho, bajando la cabeza y avanzando hacia donde estaban los carruajes, mientras los tres amigos tomaban su ejemplo.
- ¿Qué lo sientes¿De qué hablas, Cho? – preguntó Harry totalmente desconcertado por lo que acababa de decir la chica de cabello negro.
- De lo que pasó el curso pasado… de lo que pasó con Marietta… y de lo que pasó con nosotros… - respondió finalmente la chica, deteniéndose repentinamente justo delante de Harry.
- Hermione¿por qué no nos adelantamos al carruaje? – preguntó Ron con una expresión poco habitual en él.
Hermione no respondió, pero siguió a Ron hasta donde ya estaba Ginny, mirándolos impaciente. Los tres subieron al carruaje, aún observando aquella extraña escena, mientras Harry observaba a Cho, en medio de la lluvia…
Era una mañana espléndida: los rayos del sol se asomaban por las ventanas del dormitorio de los chicos de primer grado y los pájaros revoloteaban cerca de los ventanales. Como de costumbre, Sirius Black estaba esperando que su mejor amigo, James Potter, terminara de ponerse el uniforme escolar para bajar a desayunar. Justo en ese momento, James salió del baño del dormitorio completamente listo para empezar un día más de clases.
- ¡Listo¿Qué clase nos toca hoy, Sirius?
- Hummm… Transformaciones, con los de Slytherin… y con tu querida Profesora McGonagall… - dijo Sirius, tratando inútilmente de contener la risa.
- ¿Aún no se le olvida el incidente con mi mochila, verdad? – preguntó James, que se había sonrojado.
- Creo que no. – contestó Sirius riendo. – Así que más nos vale bajar a desayunar rápido, para llegar a su clase puntuales. Tendremos que esforzarnos para no quedar en ridículo frente a los Slytherin¿no crees?
- Síp, sobre todo frente a tus primas y a ese tal Malfoy…
James había puesto el dedo en la llaga. El humor de Sirius (que hasta ese momento había sido muy bueno) cambió radicalmente con sólo oír que mencionaban a su familia. Realmente tendría que aplicarse a las clases de Minerva McGonagall si no quería que los otros Slytherin les confirmaran a sus primas que era un inútil.
El desayuno transcurrió sin ninguna novedad. La verdadera sorpresa los esperaba en el aula de Transformaciones, donde al entrar, al primero que vieron fue a Remus Lupin. Casi al instante, James le guiñó un ojo a Sirius y ambos se dirigieron hacia donde estaba sentado el chico de ojos color miel.
- ¡Hola! – lo saludó James cortésmente - ¿Estás listo para ser nuestro esclavo? Porque hoy empieza tu tortura…
- Bueno¿qué es lo que quieren que haga? – preguntó Remus sin inmutarse - ¿por qué no se sientan y me lo explican?
- De acuerdo. –contestó Sirius mientras trataba de sentarse del lado derecho de Remus. Sin embargo, se detuvo a medio gesto, con gesto confundido y asombrado.
- ¿Pasa algo, Black? – preguntó Remus, con un extraño semblante, mezcla entre burla e indiferencia. - ¡Ahh! Ese lugar ya está ocupado… - agregó mirando a Sirius, tratando de descifrar su mirada.
- ¿Ocupado? – preguntó James, mientras daba la vuelta para observar al extraño ocupante del lugar: era un muñeco de peluche con forma de perro, muy viejo y gastado, de color azul marino, cuya pata trasera estaba descosida y con el relleno casi de fuera. Después de ver al muñeco, James exclamó: - ¡Hipogrifos¿No me digas que aún te gustan esas cosas! – rió divertido.
- Verás… no es mío. – respondió Lupin llanamente. - Es de un amigo. Me lo encargó hace tiempo y me dijo que vendría por él uno de estos días. – agregó mientras sacaba su libro de Transformaciones – Claro que si no cumple su promesa, tendré que deshacerme de él… tal vez lo tire a la basura…
- ¿Y si sabes de quién es, por qué no se lo devuelves? – preguntó Sirius, que había desistido de la idea de sentarse junto a Remus y había trasladado sus cosas a la banca de atrás.
- No es tan fácil. Mi amigo me dijo que regresaría por él pronto, durante una de las comidas… - explicó Remus con absoluta tranquilidad, para después agregar con una sonrisa - … y también me dijo que cuando lo hiciera, me lo pediría de rodillas, frente a la mesa de Slytherin…
No tuvieron tiempo de seguir conversando, porque justamente en ese momento, entró su profesora de Transformaciones, Minerva McGonagall. Fue hasta que se sentaron, cuando James le dijo a Sirius en voz baja:
- ¿No te parece ridículo lo que nos acaba de decir ese chico? Su amigo debe estar totalmente loco para aceptar semejante humillación…
La siguiente clase que tenían después de Transformaciones era su segunda lección de vuelo. Como siempre, James parecía completamente seguro de su desempeño sobre la escoba, y los dos amigos caminaron hacia el estadio de Quidditch a paso veloz. Sirius había permanecido callado durante la clase de Transformaciones, y a juzgar por lo poco que lo conocía, James creía firmemente que estaba molesto por algo. Cuando casi llegaban a donde los esperaba Madame Hooch, al fin se atrevió a preguntarle a su amigo:
- ¿Tanto te molestó que mencionara a tus primas, Sirius?
- Hummm… no es eso… - contestó Sirius, sin mirar a James – es sólo que no amanecí de muy buen humor…
- Bueno, me alegra saber que no estás enojado conmigo… - respondió James echando a correr en el último tramo del camino.
La clase de vuelo se desarrolló con normalidad. Como siempre, los dos alumnos que mejor se habían desempeñado en ella habían sido Potter y Black. Ambos habían conseguido elevar sus escobas al primer intento, mientras algunos aún seguían en el intento de que les hicieran caso. Y ambos había disfrutado dando piruetas en el aire sin caerse y con una sola mano. No obstante, lo que más había alegrado a James no era el buen desempeño de su escoba, sino la noticia que Madame Hooch les había dado al principio de la clase: que por "circunstancias especiales" (que James juraba que se traducían en una "suspensión") Remus Lupin ya no tomaría más clases de vuelo por ese año.
Creyendo que su felicidad no podía ser mejor, James y Sirius aterrizaron su escoba en cuanto oyeron el silbato de Madame Hooch.
- Por hoy ha terminado la clase, vayan al Gran Comedor. – anunció mientras recogía las escobas de los chicos que no habían conseguido elevarse y las ponía en el montón que habían formado quienes sí habían logrado volar.
Sin embargo, al ver que Potter y Black no bajaban de sus escobas, fue hacia donde estaban:
- Yo sé que a ambos les fascina esta clase, pero por hoy HEMOS TERMINADO. ¿Qué esperan para bajar de sus escobas?
- Es que… - comenzó James, sonrojándose y mirando a su amigo para que terminara la frase.
- Bueno, nosotros… - dijo Sirius, devolviéndole la mirada a James.
- Les advierto que no se pueden quedar con las escobas… - agregó Madame Hooch, entre divertida y enojada.
- Es que… - volvió a decir James, pensando cuidadosamente las palabras que diría a continuación – Es que no podemos bajar de las escobas… - dijo finalmente, sonrojándose aún más.
- ¿Qué no pueden bajar de las escobas¡Pero si hace un momento estaban muy alegres dando vueltas en el aire!
- No podemos bajar de las escobas… - respondió Sirius mientras tomaba aire y se sonrojaba - ¡porque estamos pegados a ellas!
- ¿Qué están diciendo¡Eso no es posible!
Remus Lupin volvió a subir las escaleras de Grimmault Place. Ahora llevaba una vela en la mano, que iluminaba el camino hacia su habitación. Cuando estuvo frente a la puerta, giró la perilla y avanzó hacia su baúl, donde guardaba (al igual que Sirius) algunos de sus recuerdos de cuando había estado en Hogwarts y algunas de las cosas que aún ocupaba.
Puso la vela en el suelo, al lado de baúl, pero a una distancia prudente. Revolvió entre algunas túnicas ya demasiado viejas para ser usadas, y finalmente la encontró: aquella fotografía de James y Sirius, en calzoncillos, entrando en el Gran Comedor.
Todo gracias a un útil encantamiento de pegado invisible y permanente que él había puesto sobre sus escobas aquel día…
