"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"
por Cecyet Black
¡De nuevo mis más sinceros saludos a todas las lectoras que capítulo con capítulo nos acompañan en esta gran aventura... o bueno, en esta historia! Yo sigo por aquí creando capítulos (casi a marchas forzadas por el exceso de trabajo muggle... llamado Tesis, por cierto) para continuar con este Fanfic que gracias a ustedes, sigue como una de sus historias favoritas…
Me da gusto saber que cada que doy una revisada a los reviews se incrementa el número de lectoras (y seguidoras)… ¡Imagínense, ya estamos por comenzar con el capítulo 14!. Pero como la maldad es algo inherente dentro de mi persona, seguiré dejándolos picados (muahaha) con las aventuras que viven los adorables Merodeadores. Y también seguimos con las rencillas y travesuras entre este grupo de amigos… muchas sorpresas, en suma, pero mejor ya no les cuento más y empezamos con lo que sigue.
La dedicatoria de este capítulo va como sigue:
A todas las fangirlsque leen esta historia:alex black birdy NenaOrion, aunque no hayan dejado más reviews, y a las que mencionaré enseguida y les contesto los que me dejaron:
Andry Black: Teagradezco los hermosos comentarios (que me hicieron sonrojar, al decir que escribo bien, je)... y a mí también me encanta la historia de los Merodeadores... por cierto¿qué parentesco tenemos¿porque tú también eres Black, o no? Bueno, luego me dices. Cuídate.
Tenshi Lain: Bueno, sip, es curiosa la forma en que empiezan su amistad Sirius y James, pero siempre he pensado que las amistades que tienen inicios... humm.. digamos, diferentes son las que más nos marcan... y todas sabemos que la amistad de Sirius y James los marcó para siempre. Y los Mortis, pues ya hicieron su aparición los mendigos... y la primera travesura de los Merodeadores... humm... buena pregunta, amiga, je,je. Saludines.
EneriLupin: Gracias, amiga. Me da gusto que te siga gustando lo que escribo... es buena señal. Cuando ya no te guste, puedes aventarme jitomates, je,je. Y respecto a lo de la actualizada... trataré, pero tendré que llevármela con calma porque esto de la Tesis me está presionando demasiado (y me seca un poco el cerebro, ñam). A mí también me encanta la "faceta vengadora" de Remusín... creo que la verás más seguido, je,je. Cuídate mucho.
A toda la "Familia Black": Luna, Lía,Pepe, Zoe,Sabrina (a la que aprovecho para mandarle una felicitación virtual por su próximo cumpleaños... ¡ya estás vieja!)y Shine.
A mis amigos mágicos (¡absolutamente a todos, y ustedes saben quienes son, je,je): Lilly Aseneth Black, Esther Radcliffe, Allan Potter, Paola, Montse, Señorita Potter, Cres Potter Yadegall y Moony Black;
Y en lo que se refiere a mi lado muggle: a mis amigas Gaby y Chayo, a mi mamá (aunque a veces se enoje por la cantidad de tiempo que dedico a este fic... je,je).
¡Ahora sí!… (aquí va el redoble de tambor) ¡COMENZAMOS!…
XIV. ¿POCIONES PARA LA AMISTAD?
- ¡Harry¡Si no te apresuras, vamos a llegar cuando ya haya terminado la Ceremonia de Selección! – gritó Ginny desde el interior del carruaje que los conduciría al castillo de Hogwarts.
Harry seguía enfrente de Cho sin saber que hacer. Hacía tiempo que ya no parecía sentir lo mismo hacia ella, pero lo que sí era seguro es que seguía atrayéndolo de una forma especial. Casi había olvidado todo lo que ella acababa de recordarle: la forma en que habían terminado su relación, la discusión que habían tenido durante su visita al Hogsmeade y la traición de su amiga Marietta al Ejército de Dumbledore, que le había costado el puesto al Director de Hogwarts. Todo eso parecía parte de un pasado muy lejano que había quedado sepultado en lo más recóndito de su mente después de la muerte de Sirius.
No obstante, para Cho parecía que el tiempo no había transcurrido… o que si lo había hecho, era de un modo totalmente distinto al que Harry experimentó. Cho, aún después de todo lo que había pasado, era una de las chicas más bonitas que Harry conocía…
- ¡Harry¿Piensas quedarte ahí hasta que termine la lluvia? – gritó ahora Ron desde el asiento del carruaje que daba a la ventana - ¡Te vas a encoger, amigo!
- ¡Harry! – ahora era Hermione la que trataba de llamar la atención de su amigo - ¡Es el último carruaje que hay para el castillo¡Los demás ya deben haber llegado a Hogwarts!
Finalmente, al oír la mención de Hogwarts, Harry volvió a la realidad: sería su sexto curso en la Escuela de Magia y Hechicería, y no debía comenzarlo llegando tarde. Vio a Cho y luego hacia el carruaje donde ya lo esperaban sus amigos. Finalmente, ya más seguro de lo que diría, le dijo a la chica:
- Parece que ya sólo queda un carruaje… ¿por qué no vienes con nosotros y hablamos un poco más en el camino?
- De acuerdo… vayamos hacia allá… - respondió Cho, haciéndose para atrás la larga cabellera negra.
James y Sirius se sentían humillados. El primer sentimiento que pasó por sus cabezas después del incidente de las escobas, fue una profunda rabia, pero después, al entrar en el Gran Comedor y oír las carcajadas de los demás, la rabia había dejado lugar a la vergüenza de saber que antes de llegar a la Torre de Gryffindor, tendrían que pasar por todos los sitios donde los demás estudiantes de Hogwarts (tanto de su curso como de los cursos posteriores) tendrían la oportunidad de burlarse de ellos sin que pudieran hacer nada para defenderse.
Pero lo que más alimentaba su enojo, era el hecho de que Madame Hooch, una bruja experimentada y con perfecto dominio del uso y los pormenores del Vuelo, hubiera sido incapaz de deshacer el encantamiento que los había pegado a sus escobas, y que por ende, era la razón por la cuál ahora ellos estaban caminando en calzoncillos por los corredores del castillo.
Ninguno de los dos había dicho nada desde que se habían despojado de los pantalones, y habían evitado mirarse entre así (aún no sabían si para evitar reírse uno del otro o para no sufrir la vergüenza de verse semidesnudos).
Finalmente fue James el primero en pronunciar palabra:
- Sirius, creo que tendremos que vengarnos…
- ¿Vengarnos? – preguntó Black abriendo aún más sus hermosos ojos azules - ¿y se puede saber de quién¿de Madame Hooch, acaso?
- No, tonto. De ese chico que comparte dormitorio con nosotros… Remus Lupin – respondió James con gesto sombrío.
- ¿Crees que él fue quien nos hizo esto? – preguntó Sirius.
- ¡Por supuesto¿Quién más tendría razones para vengarse de nosotros y justo en esa clase? – dijo el chico de ojos color avellana mientras se detenía justo enfrente de su amigo.
- Entonces… - dijo el chico de ojos azules, con una mirada maquiavélica - Le esperan largas horas en la Sala de Trofeos, limpiándolos una y otra vez…
Y ambos siguieron caminando, integrando sus risas a las de los demás alumnos que los veían pasar…
A pesar del ambiente tan lúgubre que se respiraba en Grimmault Place por la falta de luz y por los objetos tenebrosos que aún quedaban en aquella casa, Remus Lupin había estado riendo por largo rato. Realmente era agradable observar de nuevo (aunque ya sólo fuera a través de fotografías mágicas) el resultado de aquella, una de sus primeras travesuras en Hogwarts. Recordaba cómo le había pedido prestada su cámara mágica al chico Longbottom para fotografiar aquel momento en el que James y Sirius habían entrado con la cabeza gacha al Gran Comedor mientras que todos los que ahí estaban estallaban en carcajadas… y eso que la venganza apenas había comenzado…
- ¿Empezando bien el curso, Potter¿Aún conservas la suficiente soberbia como para seguirte haciendo el importante al llegar tarde?
Harry no contestó. No quería empezar el curso con una pelea, y mucho menos después de haberse jurado a sí mismo (durante todas las vacaciones) que no perdonaría a Snape por lo que le había pasado a Sirius…
Si tan sólo… si Snape hubiera avisado a tiempo… o si no hubiera él el único miembro de la Orden del Fénix con el que hubiera podido hablar Harry… probablemente su padrino aún estaría con él… Pero todos esos sentimientos encontrados no le impidieron mirarlo con la misma expresión de odio con la que su profesor de Pociones lo miraba a él.
- Más vale que todos ustedes se apresuren, Potter, Granger, los dos Weasley y Chang, antes de que tenga que bajarle 40 puntos a Gryffindor y 10 a Ravenclaw por su entrada tardía al Gran Comedor… - dijo Snape con su voz más peligrosa.
- Fue por la lluvia – dijo Ron mientras el grupo de amigos avanzaba por las puertas de roble, con las túnicas completamente empapadas.
- ¡Sshh, Ron! Más vale que mejor no digas nada… - le susurró Hermione al oído.
Tratando de hacer el menor ruido posible (tarea difícil debido a la gran cantidad de agua que traían en los zapatos), Ginny, Harry, Ron y Hermione se acercaron a la mesa de Gryffindor, mientras que Cho, que se había despedido del grupo con la mano, se dirigía hacia la mesa de Ravenclaw, donde casi todos aplaudían: acababa de ingresar un nuevo miembro a esa Casa.
Cuando finalmente se sentaron, Harry observó el rostro siempre severo de la Profesora McGonagall que les lanzó una mirada de desaprobación a través de sus gafas de montura cuadrada. Estaba leyendo la lista de nuevos alumnos de Hogwarts, antes de que éstos pasaran a colocarse el Sombrero Seleccionador y éste los destinara a alguna de las cuatro Casas:
- ¡Miller, Helena!
- ¡HUFFLEPUFF!
Por lo visto, la lista de la Profesora McGonagall iba casi a la mitad… realmente habían llegado tarde a la Ceremonia de Selección… pero hasta ahora que ya estaba sentado en la mesa de Gryffindor y empezaba a ver rostros conocidos, Harry se percató que lo verdaderamente extraño era que Snape no los hubiera mandado directamente al despacho de Dumbledore o les hubiera impuesto un castigo…
- ¡Murphy, Kate!
- ¡RAVENCLAW!
- Hermione¿no se te hace extraño que Snape no nos haya castigado por haber llegado tarde a la Ceremonia de Selección? – susurró Harry a su amiga después de que los aplausos de los Ravenclaw se apagaron.
- No. Sería extraño si sólo estuvieran los Profesores en aquella mesa, pero por si no te has fijado, hay algunos representantes del Ministerio sentados junto a ellos… - respondió su amiga en voz baja.
Harry volteó hacia la mesa de profesores: efectivamente, en ella estaban sentados algunos magos de túnicas negras y largas que parecían ser representantes del Ministerio… y eso lo hizo sentirse extraño¿para qué irían representantes del Ministerio a Hogwarts¿acaso se iba a repetir la desagradable experiencia del año anterior con la Profesora Umbridge?
- ¡Robinson, Jennifer!
- ¡SLYTHERIN!
- ¿Quiénes creen que sean? – preguntó Ginny, que había inclinado la cabeza hacia delante para hablar con Harry y Hermione - ¿Creen que nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras sea alguien del Ministerio? – agregó al pelirroja con la curiosidad reflejada en la cara.
- Hummm… yo lo único que sé es que aún faltan demasiados nuevos y mi estómago empieza a reclamar comida… - dijo Ron, frotándose el estómago.
- Claro, como siempre, pensando en comida – exclamó Hermione, poniendo los ojos en blanco - ¡Ron, esto es importante¿No te das cuenta de que el Ministerio puede tomar otra actitud con nuestro Colegio?
- ¡Sshh! – exclamó Harry, poniéndose un dedo en los labios justo antes de que sus dos amigos empezaran una de sus clásicas discusiones – Tendremos que esperar a que termine la selección para poder enterarnos…
La voz de la Profesora McGonagall seguía con la lista de nombres:
- ¡Sirakov,…
- Profesora McGonagall, recuerde lo que hablamos esta mañana… - interrumpió con serenidad Albus Dumbledore, levantando una de su manos.
- Profesor Dumbledore, creo haberle dicho que eso iba contra las normas del Colegio – puntualizó la Subdirectora, frunciendo el entrecejo.
- Profesora McGonagall, continúe con la Ceremonia de Selección – dijo Dumbledore sin inmutarse en lo más mínimo, y agregó – A menos que quiera que todo Hogwarts empiece a hervir con rumores…
Pero ya era tarde. Nunca había sucedido eso, por lo menos que Harry recordara… y sus amigos parecían pensar lo mismo: ni siquiera Dumbledore había interrumpido la Ceremonia de Selección a lo largo de los seis años que llevaban estudiando en Hogwarts. No obstante, a pesar de los murmullos y del gesto severo que se veía en su cara, la Profesora McGonagall siguió con la lista de nombres como si nadie la hubiera interrumpido:
- ¡Vivierham, Eileen!
- ¡GRYFFINDOR!
La mesa de Gryffindor estalló en aplausos cuando Eileen (una chica pelirroja, de cabello rizado, ojos verdes y muchas pecas en el rostro) dejó el sombrero en el taburete y corrió hacia la mesa. Se sentó a dos lugares de los hermanos Creevey, admiradores de Harry.
- ¿Se dieron cuenta? – preguntó Hermione, mirando a Harry y Ron de soslayo - ¡La Profesora McGonagall se saltó el nombre anterior!
- Tal vez no recordó dónde se había quedado… - dijo Ron tranquilamente – pero ya verás… cuando vea que alguno de esos chicos permanece frente a ella…
- ¡Ron, no seas tonto! – lo cortó Hermione abruptamente – ¡Se saltó al tal Sirakov porque Dumbledore se lo pidió!
- ¿Tendrá algo que ver con los representantes del Ministerio? – preguntó Harry, poniendo a prueba las dotes deductivas de su amiga.
- Humm… no lo sé… - contestó Hermione, pensativa – lo que sí me gustaría saber, es por qué la Profesora McGonagall dijo que el ingreso del tal Sirakov era algo que iba contra las normas del Colegio…
Era un miércoles de una tarde nublada que amenazaba lluvia cuando James y Sirius bajaron al Gran Comedor. Habían pasado dos días después de aquel incidente con las escobas, y los dos estaban más contentos que antes… por lo menos, ya podían pasear por los pasillos durante las horas libres sin que todo mundo volteara a verlos y se carcajeara.
Los dos llevaban sus cuadernos de Pociones, algunas plumas y unos libros que habían pedido prestados de la biblioteca, e iban conversando animadamente:
- Bueno, mañana ya es la clase de Pociones… - dijo Sirius como quien no quiere la cosa.
- Sip, pero ya está todo preparado, no hay nada que se nos haya escapado… - contestó James tranquilamente, mientras bajaban las escaleras – Ya hicimos lo que nos corresponde…
- Pues si es así, entonces podemos tomarnos un descanso¿cierto? – preguntó el chico de ojos azules, mirando con complicidad a su amigo
- Pues… - respondió James con mirada traviesa - ¡Hola¿Estudiando?
Los dos se habían detenido a observar al chico que iba subiendo las escaleras. Se miraron brevemente y adoptaron una expresión de seriedad poco habitual en ellos: Remus Lupin venía de la biblioteca con algunos libros bajo el brazo y el muñeco de peluche asomándose por un extremo de su mochila.
- ¡Hola! Estaba terminando la tarea de Pociones, para la clase de mañana… - respondió sonriente - ¿y ustedes, ya la hicieron?
- Por supuesto – contestó Sirius – desde hace mucho…
- ¿Sigue sin aparecer tu amigo, el del muñeco de peluche? – preguntó James, al ver los ojos de botón del muñeco.
- Sí… parece que es demasiado cobarde para pedírmelo delante de la mesa de Slytherin… - explicó Remus con un tono tranquilo
- ¿Y quién puso esa condición tan ridícula? – preguntó el chico de ojos color avellana.
- No lo recuerdo. Pero si de verdad le interesara, ya habría venido por él¿no creen?
- Probablemente – contestó Sirius, frunciendo el entrecejo.
- El caso es que… - agregó Remus, meditando las palabras que pronunciaría a continuación – si mañana elaboramos la Poción Inflamable, podría probarla en él… - agregó con gesto malicioso – Bueno, luego nos vemos…
James y Sirius siguieron bajando la escalera hacia la biblioteca. Repentinamente, el chico de ojos azules volteó a ver a su amigo y le dijo:
- Está decidido, será mañana…
La primera clase después del desayuno del jueves era Pociones, con el Profesor Terribleaw, que era reconocido por hacerle honor a su nombre. Era un profesor negro, de gesto y aspecto severo, de ojos negros y desafiantes enmarcados por unas enormes cejas que parecían azotadores y un bigote que casi le cubría los labios. Tenía el cabello (negro también) corto y exageradamente chino, por lo que acostumbraba peinarlo con grandes cantidades de poción alisadora. Su voz era grave y era capaz de mantener en silencio a la clase con sólo una mirada. En ese momento estaba de espaldas a sus alumnos (que guardaban un silencio casi sepulcral), escribiendo los ingredientes de la Poción Inflamable:
- Bien, las instrucciones para elaborar la Poción Inflamable están en el pizarrón… si tienen cualquier duda, pregunten antes de echar a perder… Tienen 30 minutos para elaborar la poción. El resto del tiempo será para que la pongan a cocer a fuego lento…
Todos obedecieron sin rechistar. Todos los alumnos de la clase estaban concentrados en medir las cantidades correctas de ingredientes, pesarlas y molerlas en el mortero… menos dos que trataban de esconderse de la mirada de Terribleaw y que se daban codazos a discreción bajo la mesa…
- Ahora o nunca… - decía Sirius en un susurro, tratando de convencer a James, que estaba sentado a su izquierda
- Espera, tendremos que esperar a que se distraiga… - respondía James también en un susurro, señalando al profesor con la cabeza
Repentinamente, la puerta de la mazmorra donde se impartía la clase de Pociones se abrió y apareció Bellatrix, la prima de Sirius, que iba en cuarto año:
- Profesor Terribleaw, dice Madame Hooch que si podría ir al campo de Quidditch con una botella de Veritaserum… - dijo Bellatrix en un tono de voz totalmente falso y almibarado.
- ¿Para qué? – respondió Terribleaw con su voz grave y profunda.
- Es que unos alumnos de Gryffindor derramaron poción para encoger sobre las bludgers y no quieren aceptarlo… - agregó la prima de Sirius, sonriendo maliciosamente y mirando a su primo.
- Entonces no es mi problema, que lo resuelva McGonagall…
- Pero Madame Hooch dice que si no descubre quién es el verdadero culpable, les bajará 50 puntos a ambas Casas, Gryffindor y Slytherin…
Bellatrix había dado en el clavo. Si había algo que preocupaba a aquel hombre de gestos severo y rostro de piedra era precisamente eso: que su Casa fuera comparada (y tratada igual) a las que él creía inferiores. Y por ser Jefe de Casa de Slytherin, el hecho de que pudieran perder 50 puntos de golpe si era un asunto preocupante…
- Voy en un momento – dijo Terribleaw levantándose de la silla en que estaba leyendo hasta hace unos instantes – Y ustedes – dijo refiriéndose a los alumnos que en ese momento voltearon a verlo – más les vale que no hagan nada de lo que puedan arrepentirse antes de que regrese…
Y salió siguiendo a Bellatrix, que volteó a ver a Sirius y le sonrió siniestramente.
- Ahora… - dijo James, que había terminado de agregar los ingredientes en su caldero, a Sirius, que acababa de hacer lo mismo con su poción
Sirius volteó hacia la derecha: ahí estaba sentado Remus Lupin, con el semblante tranquilo, como si no le temiera a nada. Pero ya se encargarían ellos de que les tuviera miedo…
- ¡Hola, Remus¿Qué tal va tu poción? – dijo Sirius, levantándose de su banco y revolviéndole los cabellos a Remus - ¿No quieres que te ayudemos? – agregó enseñándole al chico de ojos color miel un frasquito con un líquido azuloso.
- No, gracias. – respondió Remus sin amedrentarse.
- Bueno, piénsalo, tal vez si agregas unas gotas de este líquido maravilloso, tu poción pueda resultar mejor de lo que esperabas… - dijo James (al que Sirius le había aventado el frasquito con el líquido azul y que se había colocado detrás de Lupin) mientras lo tomaba de los hombros - ¿Por qué no lo pruebas?
- No me amenacen… aún no saben de lo que soy capaz… - respondió Remus, que también se levantó de su asiento.
- Bueno, no creo que lo averigüemos mientras tú estás en el baño vomitando… o haciendo otras cosas… - agregó James con un gesto malvado, mientras empezaba a forcejear con Remus (para que se bebiera el contenido del frasquito), que rápidamente se agachó y tomó algo de su mochila: el perro de peluche.
- Quiero ver que te atrevas, Potter… - dijo Remus, colocándose el perro a manera de escudo, y amenazando con aventarlo hacia el caldero.
- A mí no me importa ese perro… - dijo James en tono despectivo – ¡Sirius, agárralo!
Pero Sirius se había quedado a un lado de Lupin, en un momento de indecisión, sin moverse. James lo miró y señaló al chico de ojos dorados con la cabeza. Sirius se movió hacia Remus, que sostenía el perro justo encima del caldero y le susurró por la comisura de la boca:
- A él no lo metas en esto…
- ¿Y por qué te importa tanto, Black¿Ya se lo dijiste a Potter? – respondió Remus con una sonrisa malvada.
- ¿Decirme qué? – preguntó James, intrigado.
- Nada – dijo Remus volteando hacia Sirius y soltando el peluche…
Lo que sucedió después fue demasiado confuso para los tres. Antes de que Remus soltara el perro de peluche, Sirius lo golpeó en la mejilla. El chico de ojos dorados cayó hacia atrás con el impulso y tiró el caldero con la Poción Inflamable. James, al tratar de evitar el contacto con la poción, había soltado el frasquito con el líquido azul, que se había estrellado en el suelo y se había roto en mil pedazos… la poción inflamable empezaba a escurrir hacia el suelo…
¡KABUUUM!
Muchos de los bancos en que estaban sentados los alumnos pasaron volando sobre sus cabezas, los calderos regurgitaban las pociones inflamables que había en ellos como si fueran volcanes en erupción y muchos de los alumnos de la clase de Pociones salieron corriendo de la mazmorra… justo en el momento en el que el Profesor Terribleaw llegaba del Campo de Quidditch…
- ¡QUÉ DEMONIOS PASÓ AQUÍ! –gritó Terribleaw al ver semejante espectáculo en el aula que el había dejado en completo orden y silencio. - ¿QUIÉN ES EL CULPABLE DE ESTE DESASTRE! – Agregó mirando a los tres únicos alumnos que permanecían en el salón, refugiados debajo de una mesa: Sirius Black, Remus Lupin y James Potter.
- Yo, señor… respondió una vocecilla a punto de llorar.
