"Sirius Black: La Verdad detrás del Velo"

por Cecyet Black

¡Hoolaa a todos los magos y brujasque siguen devotamente esta historia!Ahora sí les debo una gran disculpa por tardarme en actualizar más de lo que hubiera querido, pero después de mucho trabajo, problemillas y de casi visitar San Mungo por cuestiones de salud, una vez más estoy aquí dándoles lata gracias a su generosidad de mandarme más reviews, que me motivan a seguir escribiendo a pesar de todos los contratiempos, giros inesperados del destino y problemas muggles que puedan presentarse. Así que antes de empezar con el capítulo, les agradezco una vez más por su paciencia y sus amables comentarios, je,je.

Y bueno, después de un breve alejamiento del teclado de mi compu (y de algunos periodos febriles que me hicieron desvariar con el destino de los Merodeadores) me da gusto decirles que seguimos conotro capítulo de este Fanfic (weeeee!). Así que como podrán imaginarse, también seguiremos descubriendo algunos secretillos de Remus Lupin, James Potter y Sirius Black, sólo que en los próximos capítulos, (por más que queramos imaginar que realmente no sucedió) entrará en acción una personita no muy querida por los fans: Peter Pettigrew (omito comentarios ¬¬).

Agrego el consabido Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la gran J.K. Rowling (igual que sus derechos de autor, publicación y características). Sólo Vivian, Orión y Paleydis son engendros míos, junto con la historia que trata de explicar como fue la vida de Sirius desde su infancia hasta lo que sucede a causa del velo del Departamento de Misterios.

La dedicatoria de este capítulo va como sigue:

A todas aquellas personitas (magos, brujas,muggles y squibs… en masculino y femenino) que leen esta historia...

A las lindas fangirls (o chicas Fanfiction, como ustedes prefieran)que capítulo con capítulo me dejan sus comentarios (y una sonrisa):

EneriLupin: Muchísimas gracias por tus comentarios, linda. Je,je,je...créeme que a nadie le gustaría estar frente al profe de Pociones...¡con esa cara de sargento malpagado que tiene¡y el carácter que se carga! (ya lo verás en este capi)... y bronca... pus ya sabemos que los adorados Merodeadores son expertos en el tema, je. Sigue leyendo, chiquilla, y descubrirás que las cosas que pasan en el capi con Sirius, James y Remus. Y bueno, respecto a lo de la Tesis... pues te diré: la verdad es que no es difícil hacerla, pero es un trabajo muy pesado y engorroso eso de la organización de información. A veces uno se cansa, y para liberar la mente, empieza a escribir Fanfictions, je,je. Pero no temas, linda, finalmente, no es algo imposible de hacer. Muchos saludines. Cuídate.

Tenshi Lain: Hoola de nuevo! Yo estoy muy bien, gracias. Trabajando como afroamericana en lo de la Tesis, pero con la esperanza de terminarla pronto (más me vale¿no crees?). Y bueno, supongo que ya habrás leído lo que pasó con la venganza de Remusín... espero que te haya gustado. Y tienes razón, amiga, se lo merecían. Respecto al adorable perrito de peluche (yo tengo uno así...XDD), pues la idea era esa, que a Sirius se le constiparan la tripitas al saber qué planeaba hacer Remus con él... y en este capi, verás lo que pasa con el peluchín. Y en lo que concierne a Cho... tendrá algunas apariciones esporádicas por ahora... la verdad a mí tampoco me cae bien, pero tengo mis motivos... y lo de "mariposa traicionera" ¡me encantó! (odio esa canción, pero creo que a ella le queda de anillo al dedo, je,je). Bueno, pues cuídate y tenme paciencia para el siguiente capi.

Andry Black: Gracias por las flores, chiquilla. Efectivamente, sabemos que los Merodeadores son los "reyes del desastre"... y una explosión de tal magnitud... pues es sólo el principio¿no crees? Oye, tienes razón: urge saber qué parentesco tenemos (lo de la prueba de ADN puede ser un buen comienzo...siempre y cuando no duela, je,je). Bueno, yo nada más te digo que el buen Sirius es mi papá... así que por ahí ve armando el árbol familiar, je,je, y luego me dices. Y créeme que trato de actualizar lo más seguido que puedo, pero a veces no tengo tiempo... seguiré intentándolo, nada más te pido un poquitín de paciencia. Saludines, querida niña Black, pariente mía desconocida.

alex black bird: Mi querida Álex, no te preocupes. Sé que lees la historia desde el principio, aunque no dejes reviews... realmente me has sido fiel desde el principio. Gracias por eso. ¡Ahh! Respecto a quien se inculpó, lo descubrirás en este capi... junto con otras cositas... cómo qué hacen por ahí los monitos estos del Ministerio. Y respecto a Sirakov... pues tendrás que esperar un poquito más... pero no mucho, ya le tocará. Y sigo dándome de golpes contra la pared para actualizar más rápido, pero a veces no puedo (¡sniff!). También te pido paciencia para el próximo capi, que les prometo será más interesante. ¡Gracias por las felicitaciones! Cuídate mucho.

Tenshi Lain(de nuevo, porque fueron dos reviews, je,je): Sipi, tienes razón... en Pociones se cuece todo, je,je,je (y es literal). Justo ahí debía comenzar la leyenda Merodeadora. ¡Pobre peluchín! Pero no temas por su vida, ya verás lo que sucede con él en este capítulo. Y de Sirakov... pues no puedo adelantarles mucho... aunque aclaro que no era que Dumbledore no lo quisiera seleccionar... por lo menos no en ese momento... ya irán descubriendo al buen Sirakov... Mientras sigue leyendo este capítulo. Espero que te guste, amiga. Saludines.

A toda la "adorable Familia Black": Luna, Kath, Galia, Pepe P. W. Black, Dit Náder, Zoe Gryffindor, Shine Carter Umino, Ericka Black, J. Andersen Black y Oliver (aunque no sé a ciencia cierta a qué familia pertenence)...

Y en mi lado muggle: a mis "hermanitas", Gaby y Chayo y a mi mamá (musa inspiradora y factor de cambio en cada capítulo).

¡Thestrals! Antes de que me corran (por aquello de las introducciones largas) termino pidiéndoles lo mismo de siempre: sigan leyendo esta historia y tengan un poco de paciencia para esperar el siguiente capítulo.¡Comencemos!


XV. "UN POUR TOUS, TOUS POUR UN".

- Definitivamente ese fue un comienzo original para una amistad¿no lo creen Sirius y James? – susurró Remus Lupin a la fotografía mágica que tenía en sus manos, a pesar de que sabía que no podría contestarle – Y siempre fue así, como aquel incidente: nuestra amistad fue tan repentina y espontánea como aquella explosión… y tuvo mucho de explosiva desde que nos conocimos…

Con mucho cuidado (debido a la vela que tenía en sus manos y a la poca luz que había en Grimmault Place), Remus guardó cuidadosamente la fotografía en uno de los bolsillos de la túnica que utilizaba con más frecuencia dentro de ese mar de ropa vieja. Era agradable recordar aquellos días. Buscando en su baúl personal, encontró uno de sus libros favoritos de Defensa Contra las Artes Oscuras: "Las Defensas de los Animagos contra Criaturas Mágicas Malignas"… ese libro también le traía buenos recuerdos… Comenzó a hojearlo distraídamente, mientras veía las ilustraciones que tanto James, Sirius, Peter y él se habían grabado en la memoria bastantes años atrás… al mismo tiempo que comenzaba a recordar a alguien muy especial con quien había leído ese libro infinidad de veces, cuando le hubiera gustado que los minutos duraran siglos…

- ¡Buenas noches, Remus! Pensé que podría encontrarte aquí… y por lo visto, no me equivoqué. Supuse que después de haber pasado el verano con Harry, Ron y Hermione, lo más probable sería que estuvieras un poco melancólico…

El profesor Lupin levantó lentamente los ojos de las páginas del libro, mientras con un movimiento cauteloso colocaba la mano derecha sobre su varita, que estaba en el suelo, al lado de su baúl. Tardó un poco en distinguir a aquella persona; evidentemente, el tiempo suficiente para que la luz regresara a las habitaciones de Grimmault Place. Y mientras la luz iluminaba la estancia, Remus Lupin dejaba caer el libro al suelo y abría desmesuradamente sus ojos color miel para observar a la persona que estaba enfrente de él: Albus Dumbledore.


- ¡QUÉ DEMONIOS PASÓ AQUÍ! – gritó Terribleaw al ver semejante espectáculo en el aula que el había dejado en completo orden y silencio. - ¿QUIÉN ES EL CULPABLE DE ESTE DESASTRE! – Agregó mirando a los tres únicos alumnos que permanecían en el salón, refugiados debajo de una mesa: Sirius Black, Remus Lupin y James Potter.

- Yo, señor… - respondió una vocecilla a punto de llorar.

La vocecita que había respondido a los gritos de Terribleaw había sido la de Remus Lupin, a quien le corrían algunas lágrimas por las mejillas: le dolían bastante las quemaduras que le había provocado la Poción Inflamable en los hombros y en la espalda, pero sabía que tenía gran parte de la culpa, por haber provocado a James y Sirius… por haberlos hecho pasar el ridículo frente a casi toda la escuela… aunque claro, si ellos no lo hubieran acusado primero de algo que no hizo…

Terribleaw estaba completamente furioso, incluso hasta tenía los puños cerrados y amoratados, como si se estuviera aguantando las ganas de irse a golpes sobre los chicos. Por más que lo pensaba, no alcanzaba a comprender como tres estudiantillos de primero había causado tanto desorden en su clase. Finalmente logró articular una frase:

- Y bien, Lupin… ¡QUÉ ES LO QUE ESTÁS ESPERANDO PARA DIRIGIRTE AL DESPACHO DEL DIRECTOR¡O PREFIERES QUE MANDE A ALGUIEN A DECÍRSELO PERSONALMENTE A LA PROFESORA MCGONAGALL Y QUE SEA ELLA LA QUE TE LLEVE CON ÉL? – bramó Terribleaw al ver el gesto de Remus, que entre la indecisión y el llanto, permanecía sentado en el suelo de la mazmorra de Pociones.

- Sí…, profesor…

Mientras Remus intentaba levantarse (con mucho trabajo debido al dolor que le causaban las quemaduras), Sirius y James intercambiaron una mirada: hacía poco tiempo que eran amigos, sin embargo, en ese momento parecía que estaban pensando exactamente lo mismo: ellos también tenían la culpa de lo que había pasado, por haber acusado a Remus de algo que no había hecho y provocar que él quisiera vengarse… claro que si él no los hubiera hecho pasar semejante ridículo…

Finalmente, fue James (que trataba de no pensar en la quemadura que tenía en la mano, que le ardía terriblemente) quien se atrevió a encarar a su profesor de Pociones:

- Profesor… - dijo tratando de llamar la atención de Terribleaw, que guardándose la furia para otra ocasión, había ido a sentarse detrás de su escritorio, a escribir algo apresuradamente – nosotros también tuvimos la culpa de lo que pasó…

Terribleaw se levantó tan apresuradamente que tiró la silla en la que estaba sentado y asustó aún más al resto de la clase. Respiró profundamente y luego golpeó su escritorio con los puños. Cuando ya la clase se escondía debajo de las mesas, gritó:

- ¡Y ENTONCES QUE DEMONIOS ESTÁN ESPERANDO LOS TRES PARA IR CON EL DIRECTOR¡FUERA DE MI VISTA¡Y NO VUELVAN A MI CLASE HASTA QUE NO SE PRESENTE LA PROFESORA MCGONAGALL CON SUS RESPECTIVOS CASTIGOS! – gritó el profesor de Pociones mientras trataba infructuosamente de recuperar la calma. Parecía que estaba a punto de lanzar chispas: seguía con los puños cerrados con tanta fuerza que por momentos se le ponían blancos, sus gruesas cejas se habían convertido en una sinuosa línea negra y el bigote negro se le crispaba sobre los labios fruncidos.

En ese momento, Sirius (quien realmente lo único que tenía herido era el orgullo) comprendió que la advertencia de Terribleaw era lo suficientemente seria como para tomarse en cuenta, por lo que ayudó a James a levantarse con su mano izquierda. Su amigo aceptó el ofrecimiento y se incorporó sacudiéndose un poco de los restos de poción de la túnica. Mientras observaba a James, pudo ver que Remus aún no se había levantado. Evidentemente, le dolían demasiado los hombros como para poder hacerlo solo; así que le ofreció la mano derecha a aquel chico junto con una frase:

- ¿Te ayudo?

Remus dudó un momento. Era difícil perdonarles todo lo que le había pasado por su culpa, pero si utilizaba su sentido práctico, sería más difícil levantarse de ahí por su cuenta. Así que antes de que Sirius retirara su mano, aceptó el ofrecimiento y se incorporó, aún con la espalda adolorida.

- ¡TIENEN EXACTAMENTE UNA OPORTUNIDAD PARA SALIR DE AQUÍ, O SERÉ YO QUIEN LES IMPONGA EL CASTIGO¡AHORA MISMO! – y gritando esto, su profesor de Pociones sacó la varita amenazadoramente.

Por supuesto, Remus, James y Sirius no necesitaron oírlo de nuevo: metieron en completo desorden sus cosas dentro de sus mochilas y salieron corriendo (a pesar del dolor de algunas de sus heridas) de la mazmorra donde se impartían las clases de Pociones.


La mañana del primer día de clases era fría y nublada. Por lo menos no estaba lloviendo como el día anterior, lo que había provocado que muchos de los alumnos llegaran completamente empapados al castillo, pero parecía que en cualquier momento el clima podría trastornar los planes de todos de pasar la primera tarde después de clases (en la que peculiarmente solían no dejarles tantas tareas) paseando por los terrenos de Hogwarts.

Aún era temprano, y el alboroto que había en el Gran Comedor era completamente normal, considerando que muchos de los alumnos no se habían visto desde el final del curso pasado.

Hermione Granger estaba desayunando un plato de hojuelas de avena con vainilla mientras leía "El Profeta", que había apoyado contra la jarra de jugo de calabaza frío que estaba al centro de la mesa. Justo en ese momento, llegaron Harry y Ron, que conversaban animadamente de Quidditch:

- Verás que ahora nadie podrá impedir que volvamos a ganar la Copa de Quidditch, sobre todo, porque ya no volveremos a ver a tu adorada profesora Umbridge… - decía Ron mientras se sentaba enfrente de Hermione y tomaba de la bandeja de pan una tostada que empezó a untar con grandes cantidades de mermelada de durazno.

- Bueno, pero aún nos falta saber quién será el capitán del equipo… y los cambios que hayan hecho los equipos de las otras Casas… respondió Harry mientras se servía un poco de leche en uno de los vasos que había junto a las bandejas.

- ¿Saben que ahora tendremos un Consejo Ministerial dentro de Hogwarts? – preguntó repentinamente Hermione, cuando vió que ambos chicos estaban ya sentados enfrente de ella y que se disponían a desayunar.

- ¡Consejo Ministerial? – exclamaron a coro Harry y Ron.

- Sí, así es. Parece que después de todo, Fudge aún no confía totalmente en Dumbledore…

- ¡Pero cómo puede ser eso¿Es que ese viejo chiflado no se ha dado cuenta de que Quién-tú-sabes será más poderoso si seguimos combatiéndolo por separado?

- ¡Ssshh, Ron! – respondió Hermione, escandalizada por el volumen de voz que había empleado su amigo.

- ¿Y cómo fue que averiguaste eso, Hermione? – preguntó Harry, que había cerrado un puño (en el que en ese momento trituraba una tostada) como muestra de desaprobación.

- Bueno, ya sabes… leyendo entre líneas lo que dice "El Profeta" – respondió la chica con una sonrisa de suficiencia – y después de ver a los representantes del Ministerio ayer, pues ya no me quedan muchas dudas…

- Bueno, yo creo que aún tienes una duda que no has podido responder, amiga – dijo a sus espaldas otra voz, que era de la de una chica pelirroja y bajita: Ginny Weasley. La hermanita de Ron se sentó al lado de Hermione y quitando cuidadosamente el ejemplar de "El Profeta" que estaba en el centro de la mesa, se sirvió un vaso de jugo de calabaza frío.

La sonrisa de satisfacción había desaparecido del rostro de Hermione, pero no parecía que el comentario de Ginny la hubiera ofendido o desilusionado; más bien, parecía haberla metido en una especie de meditación en la que trataba de resolver el asunto por su cuenta y dentro de su cabeza.

Fue Ron el que decidió compartir la duda de Hermione, a tiempo que saciaba su curiosidad respecto a lo que había dicho Ginny:

- ¿Y según tú, cuál es la duda que Hermione aún no ha resuelto?

- Sirakov… - dijo Ginny decididamente, mientras untaba un poco de mermelada de durazno a su tostada.


Ninguno de los tres había mencionado nada desde que habían salido de la mazmorra donde se impartían las clases de Pociones. Simplemente se habían limitado a caminar en línea recta, sosteniendo sus mochilas y aguantándose el dolor de las heridas que les había provocado el incidente con la Poción Inflamable. Repentinamente, Sirius se percató de un hecho que al parecer ni James ni Remus habían tomado en cuenta:

- Ejem… - comenzó, tratando de llamar la atención de los otros - No quisiera interrumpir nuestra placentera caminata¿pero alguno de ustedes sabe dónde está la oficina del Director? – preguntó finalmente, mientras los ojos azules le brillaban.

- Humm… no, no realmente. – contestó James mientras se detenía un momento y bajaba dolorosamente su mochila al suelo.

- Estee… pues… sí, sí lo sé… - agregó Remus, sonrojándose.

Tanto James como Sirius miraron sorprendidos a aquel chico. ¿Cómo era que conocía el camino hacia la oficina del Director, si ninguno de los alumnos tenía conocimiento de dónde estaba y cómo se llegaba a ella¿tenía alguna clase de privilegio o trato especial, o por qué Madame Hooch había mencionado algo de "circunstancias especiales" para justificar la ausencia de Remus de las clases de Vuelo? Por supuesto, ninguno de los dos parecía dispuesto a quedarse con la duda:

- ¿Y cómo es que conoces la oficina del Director? – preguntó James, mirando suspicazmente a Remus y compartiendo una mirada cómplice con Sirius.

Para fortuna de Remus, había una excusa perfecta para disfrazar ese conocimiento que no tenían los demás, y que él tenía gracias a circunstancias no muy placenteras:

- Pues… - comenzó Lupin, tratando de armar cuidadosamente las oraciones de lo que diría a continuación, hasta que un repentino chispazo de ingenio lo resolvió todo – por si no lo recuerdan, fueron ustedes los que provocaron que yo visitara la oficina del Director después del incidente de la clase de Vuelo…

- Oh, claro… - respondió Sirius, apenado.

- Tienes razón… - agregó James.

Se habían detenido en medio del corredor, mientras Remus trataba de descansar y recuperarse de las dolorosas heridas que tenía en la espalda y los hombros. James se examinaba la mano en donde le había caído un poco de Poción Inflamable mezclada con la que habían preparado para Remus, que empezaba a llenarse de dolorosas ampollas. Sirius se sentó en el suelo, mientras abría su mochila y trataba de poner un poco de orden en sus cosas. Justo cuando estaba entretenido en esa tarea, James pudo darse cuenta de algo que no había notado:

- Sirius¿qué es eso? – le preguntó a su amigo mientras señalaba algo que sobresalía de su mochila.

- ¿Qué? – respondió Sirius desconcertado.

No obstante, el tiempo que se había tardado el chico Black en reaccionar lo aprovechó perfectamente su amigo en acercarse a su mochila y jalar de aquello que sobresalía: el perro de peluche que había causado el desastre con la Poción Inflamable. Después del desconcierto evidente de James, lo único que le quedó por hacer fue reírse:

- ¡JA,JA,JA,JA,JA,JA! – se carcajeaba el chico de ojos avellana mientras se alejaba de donde estaba sentado su amigo – ¡No me digas que este monigote es tuyo, Sirius…!

- ¡DEVUÉLVEMELO, JAMES! – dijo el chico de ojos azules mientras corría hacia su amigo.

- ¿Así que era por esta cosa que Remus te tenía chantajeado¿Por eso lo golpeaste y sucedió todo el desastre con la Poción? – preguntó James mirando fijamente a los ojos azules de su amigo, que asintió con la cabeza, sonrojándose - ¡Vamos, Sirius¿Cómo es posible que sigas jugando con muñecos de peluche?

- De la misma forma en que es posible que tú sigas chupándote el dedo cuando duermes, James… - contestó Sirius ligeramente enfadado de la burla de su amigo, que al oír esto se sonrojó también.

- ¡JA,JA,JA,JA,JA,JA,JA!

Remus comenzó a reírse a carcajadas, a pesar del dolor. Sirius y James en un principio parecieron molestarse, pero terminaron contagiándose de la risa del chico de ojos color miel.

- Si les sirve de consuelo, puedo decirles que mi mamá me empacó mi cobija de bebé dentro de mi equipaje, junto con las túnicas – comentó Remus, como quien no quiere la cosa, sonrojándose también.

Los tres siguieron riéndose sin parar. Se les había olvidado por completo lo que había sucedido en la clase de Pociones, las burlas que habían pasado por culpa de los otros y que se consideraban como enemigos. En esos momentos, se reían tanto y tan fuerte, que tuvieron que abrazarse para no caer al suelo. Realmente se estaban divirtiendo. Pero aún había algo que no se habían dicho, y que debían decir para que la diversión fuera completa:

- Oye, Remus – dijo James, apoyándose en Sirius y tratando de contener la risa - ¿crees que podrías perdonarnos que te hayamos acusado de lo que pasó en la clase de Madame Hooch?

- Bueno… - contestó Lupin, también tratando de contener la risa y apoyándose en James – sólo si ustedes me perdonan que los haya hecho entrar en calzoncillos al castillo…

Solamente con recordar aquel incidente volvieron a reír con más ganas, hasta que Sirius finalmente respondió:

- Entonces también tendrás que perdonarnos lo que acaba de suceder… con la Poción… - dijo mientras se apoyaba en Remus, aguantándose las ganas de seguir riendo.

- Y con tu muñeco… - agregó James, todavía riendo.

- Hecho – respondió el chico de ojos color miel, decidido. - ¿Amigos? – preguntó extendiendo ambas manos hacia James y Sirius.

- ¡Amigos! – respondieron ambos a coro.

Justo cuando se estrechaban las manos y parecía que todas las cosas empezaban a tomar matices más amables con ellos, apareció alguien que los devolvería a una realidad que no era muy placentera:

- ¡SE PUEDE SABER QUE HACEN AQUÍ, POTTER, BLACK Y LUPIN?

Cuando voltearon a ver aquella figura que los observaba con el ceño fruncido y ojos centelleantes, supieron que no se librarían tan fácilmente del castigo de la Profesora McGonagall…


La primera clase después del desayuno fue Cuidado de Criaturas Mágicas, una de las optativas que los tres amigos habían decidido seguir tomando (más por Hagrid que por cualquier otra razón de peso); y Hagrid, hasta eso, parecía haberse esforzado por no desagradar a los miembros del Consejo Ministerial. Para empezar el año, había decidido presentarles a la Snidget dorada, un pájaro muy escaso y protegido y que por supuesto, tenía mucha relación con el Quidditch.

Para no variar, Harry y Ron escuchaban embobados todo aquello que tuviera relación con el deporte, pero Hermione no podía quejarse de no tener en sus manos datos interesantes sobre esa especie, que apuntaba afanosamente en su libreta (a pesar de que ya se los supiera de memoria).

La siguiente clase fue Transformaciones (que también tomaban juntos), y como era de esperarse, la Profesora McGonagall les advirtió que este curso resultaría decisivo en la carrera mágica que desearan estudiar en un futuro. Por supuesto, para sustentar sus palabras, les escribió en el pizarrón una serie de complicados movimientos de varita para transformar cosas en animales, tal y como ella lo había hecho en primer año, cuando delante de ellos transformó su escritorio en un cerdo. Al final de la clase (y para no perder la costumbre) sólo Hermione había logrado convertir sus ratones blancos en azucareras. Harry y Ron, en cambio, trataron de no preocuparse demasiado al ver que sus respectivas azucareras aún tenían orejas y cola.

A la hora de la comida, cuando Hermione volvía a consultar su horario mientras comían chuletas de cerdo con puré de papa y jugo de calabaza, apareció Ginny, que se doblaba de la risa, y se sentó junto a ellos:

- ¿Y ahora qué te sucede? – preguntó Ron, bastante desconcertado al ver a su hermana.

- JA,JA,JA,JA,JA,JA – Ginny lo miró tratando de contener la risa, sin ningún logro, hasta que finalmente se sirvió un vaso de jugo de calabaza y respondió: - Es que acabamos de tener clase con tu adorada profesora Trelawney y me hizo una predicción bastante absurda…

- Nada raro en ella… - respondió Hermione, chasqueando la lengua, como lo hacía siempre que se hablaba de la profesora de Adivinación.

- ¿Y qué fue lo que te dijo? – preguntó Harry, intrigado – No me digas que eres la siguiente en morir…

- JA,JA,JA,JA,JA,JA – Ginny lo miró, riendo de nuevo – Claro que no, esa predicción era exclusivamente tuya – Pero me dijo… JA,JA,JA,JA,JA,JA – Ginny se sonrojó por no poder dejar de reírse…

- ¿Qué te dijo, Ginebra? – preguntó Ron, bastante molesto cuando se prolongaba el misterio en algunas situaciones.

- JA,JA,JA,JA,JA,JA – Ginny lo miró, ahora disgustada ante las malas pulgas de su hermano – Me dijo… - agregó finalmente, ya sin reírse - ¡Que me iba a casar con un mortífago¡Con: "un chico que vendría por mí desde las sombras y que me haría perder la razón"¿No es gracioso?

- Pues yo no le veo la gracia… - respondió Ron, ahora de peor humor que antes.

- JA,JA,JA,JA,JA,JA – rieron Hermione, Harry y Ginny al ver la expresión de Ron.

- ¡Ron es que es imposible que Ginny se enamore de alguien así! – dijo Hermione, mientras trataba de recuperar la seriedad que la caracterizaba.

- Bueno, yo sólo te recuerdo que a veces las predicciones de Trelawney no resultan tan mal… - dijo Ron mientras se levantaba de la mesa de Gryffindor y se marchaba enfadado, dejando que sus amigos se rieran a sus anchas…


Después del ataque de risa que habían compartido con la menor de los Weasley, Harry y Hermione se dirigían a la siguiente clase después de la comida. Estaban un poco apenados con Ron, porque él no había encontrado graciosa la predicción de la profesora Trelawney: Harry y Hermione sospechaban que era por los celos que solían acompañar las reacciones de su amigo cuando se trataba de asuntos amorosos respecto a Ginny.

Según el horario de Hermione (100 confiable cuando se trataba de asuntos académicos), la siguiente clase era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero ni el Director ni el Consejo Ministerial se habían molestado en presentar aún al profesor titular de esa materia, por lo que los jóvenes amigos creían que esa hora podrían tenerla libre.

Por esa razón, su sorpresa fue mayúscula cuando observaron al mago que estaba de pie enfrente de la clase: su larga barba plateada, sus anteojos de media luna y su túnica morada, que estaban acostumbrados a ver cada día de su estancia en Hogwarts, no impidieron que al ver a Albus Dumbledore, Harry y Hermione se quedaran petrificados en la puerta del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras…