Declaraciones

"Volvía a amanecer sobre Konan. Los primeros rayos de sol iluminan las pausadas aguas, donde el barco en el cual se embarcarían para ir en busca de Tamahome se encontraba flotando. Las seis constelaciones de Suzako y la sacerdotisa, se acercaban dispuestos a embarcar en una nueva aventura

- Mira Tasuki! – dijo la sacerdotisa – Agua! Agua! Mira el mar, no crees que será divertido ver como el barco se tambalea de un lado a otro… y luego, imagínate que hay un gran tormenta, entonces empezará a zozobrar y a lo mejor todos nos caemos y…

- Cállate, cállate! – Dijo ya mareado y agitando con fuerza su abanico

- Ahhh, me has quemado el pelo!

- Ahhh, me has quemado el pelo!- Dijo Tasuki imitando su voz – Auch!

Poco después, había callado, pues la sacerdotisa, no dispuesta a ser humillada, le había golpeado. Ya todos en paz, se disponían a empezar su viaje"

- Bestia! – Decía el chico pelirrojo enfadado – Que eres una bestia! Si hay algo peor que una mujer, es una mujer que…

Es un estúpido prepotente que tiene miedo al agua – Mayura esbozó media sonrisa al ver la mirada de odio que le dirigía Tasuki

Va, no pasa nada, intentemos hacer este viaje en paz – Murmuró la grave voz del emperador

Mayura y Tasuki sólo se dieron la espalda, dispuestos a no hablarse jamás.

El viaje transcurrió sin problema alguno, excepto las disputas entre Mayura y Tasuki, el cual estaba siempre ayudado por Noriko. En una de ellas, Mayura hizo un ademán de tirar a Tasuki al agua, el cual horrorizado, huyó despavorido a ocultarse en la bodega de abajo. No, claro, sin vengarse después de Mayura, quemándole la falda mientras ella dormía. Esta, que tenía un sueño profundo, no se dio cuenta de que algo ardía sobre sus pernas, así que, hasta que los demás no se dieron cuenta y le tiraron una jarra de agua helada a la que sacerdotisa respondió muy mal, la falda acabó consumiéndose y ahora apenas pasaba de los muslos.

Maldito pirómano! Estas loco?

Quien es, la que me quería ahogar, eh? Quien?

Era sólo una broma, imbécil!

Imbécil? Imbécil yo?

A no ser que lo seas más de lo creo, no te ha quedado ya claro? Imbécil?

Va, calma, mirar, ya llegamos – Volvía a mediar el emperador.

Los viajantes pisaron tierra firme, al hallarse sobre las tierras de Hokkan, todos, menos Mayura, claro, recordaron nostálgicos su primer viaje, interrumpido por Soi y que finalizó con la muerte de Noriko, que ahora gracias a su condición de constelación, seguía tan viva como sus demás compañeros.

Ah, que frío! – Exclamó Mayura abrazándose y frotando sus manos

Tasuki, haz fuego – Ordeno el emperador

Que? Para esta? – alzó orgullosos la cabeza – Antes que se muera congelada

Trae! – Dijo Mayura empujando a Tasuki al tiempo que le arrebataba su abanico – Oh, que calentito – Dijo mientras lo movía suavemente para darse calor

Ahhh! Mi… Mi abanico! – Protestaba él indignado

Prosiguieron su camino, durante el resto del día, hasta que llegaron a la ciudad. Allí se hospedaron en un viejo hostal que los acogió a todos hospitalariamente al saber que se trataban de las constelaciones de Suzako y su respectiva sacerdotisa. Mientras Mayura reponía fuerza comiendo todo aquello que le quisieran ofrecer, ante el asombro expectante de los hombres que intentaban competir con ella. Acabó ganado algo de dinero, pues ninguno lograba comer más que ella, y las demás constelaciones, excepto el emperador que hacía tiempo que dormía, se encontraban el la barra, viendo la competición de Noriko y Tasuki por ver quien bebía más sin llegar a acabar ebrios, donde se aceptaban apuestas.

Mayura subía uno a uno los peldaños de las escaleras, temerosa ante la idea que estas cayesen, pues no estaban en muy buen estado. Finalmente se adentró en su habitación, cerrando fuertemente al puerta y se tumbó en la cama, pensando e nuevo en dónde demonios se había metido. Aún se mostraba reacia a creer que estaba en el interior de aquel libro que encontró en la biblioteca de su escuela, conservando una esperanza de que aquello no fuera más que un sueño ya muy largo. Cerró los ojos y dirigió su mirada hacia la puerta al ver que alguien la golpeaba con insistencia. Mayura, que no tenía ganas de levantarse, gritó que estaba abierta y segundos más tarde se entreabrió, mostrando las bellas facciones del emperador, ocultas entre la penumbra del pasillo.

Puedo pasar?

Sí, claro – Respondió ella – Que quieres?

Nada, es sólo que – se sentó en el borde de la cama a los pies de Mayura – tú deseas volver a tu mundo?

Pues sí… - Miró nostálgica- Por el momento me resigno a seguir en el libro, pero…

Lo sé

Sabes la forma de volver? De que yo pueda volver?

No. Lo siento – Ante la clara negación Mayura sólo asintió

En fin… Supongo que tendré que invocar Suzako, y eso… al fin y al cabo, me estoy habituando a esto, y si descontamos los infantiles ataques de Tasuki, pues…

Mayura debió parar en seco, pues sus manos se vieron asiendo los hombros del emperador con tal de no perder el equilibrio, y sus labios, atrapados por los de este, sumiéndose ambos en un pasional beso.

Mayura – Dijo él cogiendo suavemente su mano – Por más que haya querido evitarlo no he podido. Me he enamorado de ti, de tus ojos, de tus actos, de tu alma… A mí, me gustaría que cuando todo esto finalizara, te casaras conmigo. Que fueras la nueva emperatriz de Konan… Sólo piénsatelo, y piensa en que te amo, que te amo más que a mi vida…

Al ver que la sacerdotisa, enormemente ruborizada, no rompía aquel incómodo silencio, el Emperador se alejó con su calmado paso, haciendo prometer a Maura que se lo pensaría.

Esta se hallaba más confundida que nunca. Nunca, jamás en su vida nadie se le había declarado, por más que fuera un inocente me gustas en la infancia. Y se alegraba, pues no habría sabido que responder, como ahora le pasaba. Nadie había reparado nunca en su distante y tímido carácter, nadie se había fijado en ella, a nadie le gustaban sus silencios, sus palabras duras y sus constantanes críticas hacia el amor. Ya le habían explicado la historia de Tamahome y Miaka, más ella no había creído que un amor pudiera ser tan grande… Ya había estado enamorada, bien, que le gustara alguien. Takeishi Oda, desde que tenía contienda le había traído, Pero el sólo se dirigía a ella como una amiga, y desde que empezaron secundaria que este había dejado de hablarle… Ella jamás habría confesado su amor, primero por que creía que a él le gustaba Yukari, más tarde porque salía con Yoko, y igualmente, no lo hubiera hecho. Lo creía estúpido, para que, para que le tuviera compasión y le dijera: encontrarás alguien que te corresponda algún día?

Ahora el Emperador le había confesado sus sentimientos, y ella podía leer la sinceridad en sus ojos. Pero quería ella al Emperador? No estaba segura… Le agradaba su serenidad, y su seriedad, era un hombre atento y amable, pero le faltaba aquello que a Mayura le resultaba atractivo en un hombre… Bello era, por descontado, pero sin embargo…

Se tumbó agitada en la cama sabiendo que no iba apegar ojo en toda la noche.