Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, son propiedad de Inoue Takehiko, pero si me quiere regalar alguno no le diré que no (me conformo con Rukawa, Sendoh, Mitsui, Kogure o Hanamichi, el orden no importa) El resto son míos.

Puede contener shonen-ai.


Cdm presenta... Seis Meses

Cursiva: pensamientos de una persona

Capítulo 8: Febrero

··Rukawa es increíble- dijo Ayako al entrenador -Ha estado casi un mes sin jugar y su juego no se ha visto afectado- Anzai rió -¡Rukawa no te esfuerces mucho!

La normalidad había vuelto a los entrenamientos del equipo de básquet de Shohoku. La vuelta de Rukawa había sido muy esperada. Pero con él también había regresado sus animadoras gritonas y las peleas con el pelirrojo. Había cosas que no cambiaban.

··¿No ha venido Matsumoto?- el entrenamiento había acabado y al moreno le extrañaba no ver a la novia de su amigo. Que fuera a los entrenamientos se había convertido en algo habitual.

··No se encuentra bien- Kaede recordó preocupado donde la había visto días antes. -Pero sólo es un dolor de cabeza- matizó el pelirrojo. Al parecer la preocupación de Rukawa se había reflejado en su rostro.

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Aún se preguntaba que hacía allí. Un día que no había entrenamiento (saltarse un par de clases no le importaba mucho) lo podía haber aprovechado para practicar o llamar a Kudo a quien hacía días que no veía, o dormir. Pero no. Estaba en la puerta de Ryonan esperando a la novia de su amigo. ¿El por qué?. Estaba preocupado. No tardó en divisarla entre un grupo de chicas. Se extrañó al verlo.

··¿No le habrá pasado nada a Hana?- peguntó preocupada. No se le ocurría otra razón por la que el moreno estuviera esperándole.

··No es eso- le alivió -Ni siquiera sabe que he venido.

··¿Entonces?-preguntó extrañada.

··¿Qué te ocurre?- el tacto nunca había sido el punto fuerte de Rukawa. La chica lo miró sin entender. -El otro día te vi en el hospital. Salías de una consulta de la tercera planta- le refrescó la memoria.

La chica palideció -No... no te preocupes. Era sólo una revisión.

··Entonces tú...

··No!- dijo moviendo una mano -Bueno hace años, pero me trataron a tiempo- dijo convincente.

··¿Lo sabe Sakuragi?

··No. Y no quiero que lo sepa. Seguro que se preocuparía. Prométeme que no se lo dirás- Rukawa no pudo resistirse a la mirada suplicante de la chica y asintió. Era decisión suya el decírselo o no. Y si ella decía que estaba recuperada, no había razón para preocupar al pelirrojo.

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Ya hacía casi media hora que tenía el teléfono en la mano. Había empezado a marcar ese número que ya sabía de memoria, pero siempre colgaba antes del último dígito. Estaba nervioso. Y eso que lo había llamado diversas veces y se habían visto otras tantas. Normalmente se encontraban en el parque. Corrían juntos y luego jugaban un poco a básquet. Kudo tenía razón, se le daba fatal ese deporte. Pero lo importante era que se divertían. Rukawa, quien consideraba el básquet una forma de evadirse y un posible futuro que lo llevaría lejos de Japón, por primera vez empezaba a valorarlo como una simple diversión.

Volvió a colgar. -Ahora sí- pensó. Tomó aire. Cuando iba a levantar la bocina el aparato empezó a sonar. Maldijo mentalmente a quien se había atrevido a romperle la concentración.

··Moshi moshi- contestó de mala gana.

··Hola Rukawa- de seguida reconoció a su interlocutor Kudo -Espero no molestar- dijo al notar que el moreno no decía nada.

··No. No hacía nada- Rukawa estaba asombrado ¿Tendrían alguna especie de conexión mental o algo así?

··Te llamaba para saber si el sábado tenías planes. Pero al igual ya has quedado con alguien.

··No. No he quedado- Un "bien" se escuchó desde el otro lado. -¿Decías?

··Nada nada- dijo rápidamente. No creía que lo fuera a escuchar. -¿Te apetece salir?

Que preguntas. -Sí.

··De acuerdo. Donde siempre a las nueve de la noche- Se despidieron y colgaron. Rukawa aún estuvo un rato con el aparato en la mano. Su corazón latía fuertemente. Empezaba a entender que le pasaba con ese muchacho.

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Una pareja paseaba por la playa. Aunque aún fuera invierno y hacía un poco de frío siempre era agradable caminar sobre la arena. El sol estaba empezando a ocultarse y una estrella solitaria se veía en el cielo. La muchacha caminaba unos pasos por delante de su novio. Se detuvo y dejó que la mirada se perdiera en el ancho mar. El pelirrojo se acercó a ella y por la espalda abrazó su estrecha cintura juntando su cuerpo al suyo. Apoyó su cabeza en el hombro de la muchacha y aspiró el suave aroma de sus cabellos.

··No hay porque preocuparle- y besó tiernamente la mejilla de su novio.

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El olor dulce del chocolate aún inundaba la cocina. La muchacha lo tenía todo preparado, el envoltorio y la nota que lo acompañaría. Sólo faltaba que se acabara de enfriar. Por la puerta se asomó la cabeza de su hermano.

··¿Para quién es el chocolate, Haruko?

Ella sonrió -Es un se-cre-to.

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Excitación y entusiasmo. Pero sobretodo nervios era lo que se respiraba en Shohoku. En Shohoku y en casi todo el resto del país del sol naciente. Y no era porque fuese sábado y el día siguiente no hubiera clase, sino porque ese día las chicas declaraban su amor entregando chocolate, mientras que los chicos esperaban recibir uno de esos dulces tan preciados. Era catorce de febrero.

Rukawa iba camino del instituto dormido sobre su bicicleta. Esa noche apenas había dormido. ¿El motivo? Un muchacho de ojos dorados que últimamente le quitaba el sueño. Al mismo tiempo Hanamichi y Youhei se dirigían hacia el mismo sitio hablando de cualquier cosa, cuando una bicicleta pasó por encima del pelirrojo.

··¡Teme kitsune¡Lo haces a propósito!- gritó desde el suelo.

··Uhm? La culpa es tuya por estar en medio- Esto meses atrás hubiera significado la tercera guerra mundial, pero ahora no. Aunque a veces se pegaran o insultaran, no era como antes. Era más bien una forma de expresar su amistad. Un poco bruta, pero una forma como cualquier otra.

··Un día me tienes que decir como lo haces- bromeó Mito aludiendo a la capacidad de Rukawa de ir en bicicleta durmiendo. El aludido se encogió de hombros –Práctica- respondió. Y siguieron su camino.

··Ya veréis. Este año el gran Hanamichi Sakuragi recibirá un montón de chocolate- dijo poniendo su pose de tensai.

··Lo dudo- susurró su mejor amigo, pero al ver la mirada asesina del pelirrojo -Que este año tendrás un chocolate seguro.

La cara se le iluminó -Mi Sakuraaaa (suspiro) Cuento las horas para verte- el pelirrojo había subido a su nube particular -Ya verás que te tengo preparado... jijiji. Primero... jijiji y luego jijiji. Y a la noche... MUAJAJAJA- rió poniendo una cara sospechosamente pervertida.

··¿Qué le pasa a este?- señaló Rukawa al que seguía riendo como un poseso.

··Que está enamorado- respondió sin darle importancia -Y hoy es San Valentín- Cuando se dio cuenta caminaba solo. Rukawa se había parado pensativo -¿Te ocurre algo?

¿Hoy es San Valentín? ¿Cómo podía haberlo olvidado? Si ese era uno de los días más peligrosos del año. Claro, peligroso si eres Kaede Rukawa y tienes un ejército de seguidoras fanáticas que no te dejan ni sabiendo que eres homosexual. ¡Un momento! ¡Hoy es sábado! Hoy es ESE sábado. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un conocido:

··RU-KA-WAAAAA!- precedido por una gran nube de polvo. -Sabemos que no nos puedes corresponder, pero acepta esto por favor- dijeron al unísono. Y tras entregar los chocolates, tal y como llegaron, se fueron. Rukawa seguía en el mismo sitio, con una leve sonrisa en sus labios. -Hoy es sábado- murmuró. Ese día las clases se le hicieron eternas.

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El San Valentín de Hanamichi:

Las clases acababan de terminar. Ese día se había hecho eterno. Y encima ninguna chica le había dado chocolate. No tienen gusto. Por suerte los sábados no había entrenamiento, así que llegaría pronto a su casa y podría arreglarse con calma. La gundam estaba solidarizándose-riéndose de Noma, que había sido castigado, y Rukawa había desaparecido misteriosamente. ¿Tendrá una cita? Naaaa. Cuando abrió su taquilla para coger sus zapatos de calle se quedó atónito. Además de sus zapatos había un paquetito y un sobre. Incrédulo cogió el sobre y miró el destinatario. Hanamichi Sakuragi. No se habían equivocado al dejarlo. Era para él. Miró en el otro lado del sobre pero no ponía el remitente. Si es una broma de los chicos no tiene gracia. Lo metió en su cartera y se fue.

Llegó a su casa y sin acordarse de su contenido, lanzó la cartera sobre el sofá. Primero elegiré la ropa. Abrió el armario y estudió su contenido. Esto no. Esto tampoco. Esto ya me lo he puesto... Creo que mejor me ducho primero.

Ahora sí. Recién bañado, y con sólo una toalla anudada a la cintura, volvió a examinar su ropero. Al final se decidió por un pantalón gris de vestir y una camisa negra que se ajustaba a su cuerpo. Se miró en el espejo. Tenía que reconocer que desde que tenía novia se preocupaba mucho más por su aspecto. Se peinó unos mechones rebeldes y miró la hora. El tiempo había pasado muy rápido. Un poco de colonia por aquí y por allá y ya estaba listo. Cogió sus cosas y se marchó.

A la hora en punto de la que habían quedado llamó al timbre del apartamento de la muchacha. Los labios de la chica fue lo primero que le dieron la bienvenida.

··Es para ti- el pelirrojo le tendió el ramo que había comprado por el camino.

··Es precioso- dijo dándole un beso en la mejilla.

Aprovechó que Sakura se fue a poner las flores en agua para observarla detenidamente. Estaba preciosa. Llevaba una minifalda plisada de cuadros azules y blancos, una camisa blanca y un jersey sin mangas a juego con la falda sobre la camisa. También llevaba unas botas altas por debajo de la rodilla. Se había recogido su larga cabellera castaña, dejando caer graciosamente dos mechones a cada lado de la cara. -Estás preciosa- le dijo abrazándola por la espalda. Un beso en los labios los unió.

Ya se encontraban haciendo cola para comprar las entradas del cine. El pelirrojo había tramado el plan perfecto. Le diría de ver una película de medio y con un poco de suerte...

··Hana tengo miedo. Abrázame.

··No temas, yo te protegeré.

-¿Verdad que te quedarás esta noche para que no tenga pesadillas?Hana. Hana. HANA ¿Me escuchas!- el pelirrojo dejó su mundo particular y asintió con la cabeza -Te decía que si podemos ver la nueva versión del Exorcista. ¿Verdad que sí? Anda di que sí. Di que sí.

Una película después...

Los espectadores salían de la sala, algunos comentando la película, otros planeando que hacer ahora. Nuestra pareja caminaba cogida de la mano. El rostro un poco desilusionado por el fracaso de su plan contrastaba con la gran sonrisa que lucía la muchacha. Y es que si en algo había cambiado precisamente la chica en esos años que vivió fuera, era en sus gustos en cuanto al séptimo arte se refiere. Antes no soportaba las películas de terror y ahora... –No sé si podré esperar a que salga a la venta- decía muy emocionada –Hana ¿por qué tienes esa cara ¿Qué no te ha gustado?

··Si. Si. Si me ha gustado. Me ha encantado. JAJAJAJA- Sakura le miró como diciendo "que a mí no me engañas". Y es que sabía que cuando su pelirrojo reía de esa manera tan escandalosa era porque decía lo contrario de lo que pensaba. Bueno, espero compensarlo con la sorpresa que le tengo preparada. La chica se agarró amorosa al brazo de su novio y siguieron paseando.

Pasaron por la calle principal donde los comercios empezaban a cerrar dando paso a los locales que abrían sus puertas al anochecer. Miraban escaparates. Reían. Hablaban. Se besaban. Jugaban. Se sentían felices.

Grupos de amigos. Jóvenes parejas. Familias con hijos. Matrimonios mayores. Personas solas. Cada uno con una historia distinta a las demás. Todos ellos en la calle, convirtiéndola en un mar de caras desconocidas, pero en el fondo iguales. Y es que el tiempo acompañaba a salir aquella noche. A pesar de que el año aún era temprano hacía una noche inusualmente cálida para las fechas en las que se encontraban. La causa era un frente de anticiclón que había traído una bolsa de aire caliente en aquella parte de la gran isla japonesa, lo que hacía que las personas dejaran las bufandas y cambiaran los gruesos abrigos por otros más finos, por lo menos durante esa semana que durara el tiempo primaveral. Al menos era lo que habían dicho los meteorólogos.

La muchacha miraba a través de la ventana. Hacía una noche preciosa, ideal para acabar la velada con un romántico paseo por la playa. Buscó con la mirada a su novio. Lo encontró esperando a que le atendieran para pagar la cuenta. Sus miradas se cruzaron. Hanamichi le miró como diciendo que podía tardar un poco, ya que delante de él había otras tres personas. La chica le devolvió la mirada: no pasa nada. Te quiero. Volvió a observar el exterior. Un suspiro escapó de sus labios. Recordó el día, cuando apenas llevaban una semana saliendo, que al pasar por delante del restaurante donde ahora se encontraban que comentó que le gustaría comer allí algún día, pero que las listas de espera eran de semanas. Después de eso no lo volvió a mencionar. Ni siquiera recordaba haber vuelto a pasar por allí. Y Hanamichi se había acordado. Sonrió. No podía imaginarse lo que tendría que haber hecho el pelirrojo para conseguir mesa para ese día. Y es que era uno de los restaurantes más románticos de la ciudad, especializado en comida italiana y decorado con tal sencillez y elegancia que bien valía la espera para poder disfrutar de alguna de sus especialidades culinarias. Volvió a suspirar. Para ella Hanamichi Sakuragi era, simplemente, perfecto. Entre la gente que veía pasar al otro lado de la vidriera distinguió una persona conocida. Una sonrisa divertida apareció en su rostro al ver al chico de zorruna mirada con la ropa algo mojada y cubierto de arena, acompañado de un chico rubio en sus mismas condiciones. Ahora sería su turno de hacer las preguntas.

Poco después el pelirrojo regresó a la mesa. -¿Vamos?- preguntó tendiéndole su abrigo.

Romántico y atento. -Vamos.

La luna creciente iluminaba tenuemente sus figuras. Los dos besándose. Abrazándose. Camuflados entre los patines de agua que algún tendero de la playa tenía con la esperanza de que alguien los alquilara, aunque no estuvieran en temporada. La falta de aire hizo que se separaran. Se miraron a los ojos, diciendo sin palabras lo que sentían. El acarició dulcemente la mejilla de la muchacha. Ella cerró los ojos sintiendo la dulce sensación. Sus labios volvieron a unirse. El dulce beso se fue volviendo apasionado mientras sus lenguas luchaban por invadir la cavidad del otro. Empezaron a recorrer sus cuerpos. Una mano traviesa se situó sobre la pierna de la chica y empezó a ascender hacia el interior de su falda.

··Ha-Hana- consiguió articular –Aquí no, que nos pueden ver.- El pelirrojo no tuvo otra opción que hacerle caso. El tampoco se quería arriesgar a tener espectadores. Sakura se le acercó a decirle algo al oído. –Vamos a casa.

Apenas habían cerrado la puerta del apartamento y los abrigos volaron. Estaban deseosos. Querían sentirse el uno al otro. Llegaron a la habitación, y entre besos y caricias la recostó sobre la cama. Los zapatos ya estaban en el suelo y los primeros botones empezaban a ceder.

··Espera un momento- dijo suavemente. El pelirrojo tuvo que resignarse a esperar a que su novia volviera a la habitación. Pero no tuvo que esperar mucho. En la puerta estaba ella. Ahora sólo llevaba la camisa estratégicamente abrochada dejando entrever su ropa interior. En su mano traía un bote de ¿helado?

··Es hora de darte tu chocolate.

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El San Valentín de Rukawa:

Al más puro estilo de las películas de espías Rukawa salió del instituto. Todo era poco para evitar a las locas de sus fans. Pero es que tampoco quería encontrarse a la gundam. Tenía prisa para volver a casa y ellos seguramente lo entretendrían. Y tampoco estaba dispuesto a que descubrieran que había quedado. Ya se los imaginaba, en medio de la escuela lanzándole confeti y tocando sus trompetitas gritando "Rukawa tiene novio. Rukawa tiene novio".

Misión cumplida. Llegó a su casa sano y salvo. Después de ducharse se estiró sobre su cama. Aún falta mucho para las nueve. Una duda le recorría la cabeza. ¿Kudo le invitó a salir sabiendo el día que era¿Era una especie de insinuación¿O era un día como cualquier otro? Perezoso miró el reloj que tenía sobre la mesita de noche.

20:03 –Mierda! Me he dormido- Saltó de la cama y abrió el armario. Unos pantalones tejanos, un jersey negro con cremallera sobre el hombro y una cazadora. Un intento fallido de peinar su cabello azabache, un poco de colonia y rumbo al parque.

Un grupo de chicas miraba con curiosidad el moreno que estaba sentado en un banco cercano a ellas. El chico volvió a mirar la hora. 21:16.

··¿Le habrán dado plantón?- preguntó una.

··No creo. ¿Quién sería capaz de plantar a semejante monumento?- replicó otra.

21: 27

No viene. ¿Y si se ha olvidado¿Y si quería jugar con migo? ¿Y si le ha pasado algo¿Y si le llamó a su casa? Rukawa levantó la vista buscando una cabina telefónica. Pero en vez de eso lo que vio fue a un chico rubio haciendo gala de su habilidad en el atletismo corriendo hacia él.

··Siento-el retraso- tras la carrera le costaba respirar.

··No importa. Acabo de llegar- una mentira piadosa nunca queda mal.

··Es que- dijo sonrojándose -Esta noche no he dormido bien y ahora me he dormido- Rukawa le miró. ¿Es posible que les hubiera pasado lo mismo? No pudo evitar reír ante esta idea. -No se donde le ves la gracia- el rubio tenía la sensación de haberse perdido algo.

··No es nada- respondió dejando de reír -Cosas mías-

··Tendrías que reír más a menudo. Te ves muy atractivo. Aunque ya lo eres- Ahora fue el menor quien se sonrojó. -¿Comemos algo?

Bastante rato después los dos chicos se encontraban saboreando una "suculenta" cena a base de hamburguesas y patatas fritas. Después de buscar en vano un lugar donde cenar, acabaron en un local de comida rápida. Y no era de esperar: sábado por la noche y San Valentín, por lo que al gentío habitual se le había unido las parejas que festejaban el día y que con previsión habían reservado mesa.

El moreno miraba de reojo a su acompañante. Nunca ver comer un simple helado le había alterado tanto. El rubio se llevó otra cucharilla a la boca y a continuación pasó su lengua por el labio inferior, buscando saborear al máximo el dulce sabor. Otro poco fue a parar lentamente a su boca. Tragó. Rukawa dio otro sorbo a su batido.

··Si el entrenador me viera ahora, pondría el grito en el cielo- Shûichi cargó otro poco. Rukawa le miró extrañado -Es que es muy estricto con lo que comemos. ¿Tu entrenador no se preocupa de estas cosas?

··No. El nos dice que nos alimentemos bien. Aunque lo nuestro es un club estudiantil y el tuyo uno federado.

··Será eso...- miró su tarrina y cargó chocolate. A diferencia de las otras veces su trayecto no murió en la boca del rubio sino que paró frente a la del moreno -Di aah- Rukawa sonrojado le dejó hacer. Cuando tragó le tendió el batido de chocolate que había pedido. Kudo bebió también sonrojado. Así de una forma tan sencilla habían intercambiado sus chocolates, haciendo con aquel simple gesto que las palabras sobraran.

Caminando y hablando llegaron sin darse cuenta a la playa. Aunque esa no era su intención, ya que habían planeado ir a Predilection, el bar musical donde acostumbraban a ir. Pero ninguno de los dos dijo nada. Como si se leyeran el pensamiento se descalzaron y se dirigieron a la arena. No había gente en la playa, sólo a lo lejos se veía alguna persona.

El mar estaba en calma. Parecía una balsa sin fin que desprendía leves destellos plateados debido al movimiento del agua. Y sobre esta, como en un inmenso espejo, se reflejaba una luna creciente que brillaba en el cielo acompañada de infinidad de estrellas. El único sonido que se escuchaba era el leve rumor de las olas.

Caminaban uno al lado del otro sin romper la atmósfera de silencio que reinaba en el lugar. Rukawa se inclinó para recoger una concha que le había llamado la atención. Cuando alzó la cabeza se quedó sin respiración. Shûichi tenía la mirada perdida en el mar, que se reflejaba en esos ojos dorados que tanto le fascinaban. La tenue luz que desprendía la luna le hacía ver como algo mágico, irreal. El rubio dejaba que el agua acariciara sus pies desnudos. La temperatura del líquido era un poco fría, pero soportable. Se subió la pernera de pantalón y entró un poco en el agua. Se giró y sonrió a Rukawa.

··Me gusta el mar en la noche. ¿Vienes?

Dudó, pero se decidió a imitarlo. El rubio le lanzó una sonrisa burlona y un chorro de agua fue a para en el rostro de Rukawa. Este le lanzó otra sonrisa y también le salpicó. Entre risas empezó una guerra de agua entre ambos chicos. Cuando se cansaron se miraron y rieron más fuerte. Estaban completamente empapados.

··Mira como me has puesto- dijo Shûichi estrujándose el jersey.

··Tú empezaste- respondió Rukawa sacudiéndose el pelo.

··¿Asi...? Ahora verás- el chico empezó a corre hacia Rukawa, y este tratando de escapar se dirigió a la arena. -No huyas cobarde.

··Atrápame si puedes- le respondió girándose sin dejar de correr. El rubio lo alcanzó cogiéndole del jersey pero con tan mala suerte que tropezó y calló. En un acto reflejo frenó la caída apoyando las manos en el suelo. Cuando abrió los ojos descubrió a Kaede debajo suyo. Se miraron sonrojados. Podían sentir el cuerpo mojado y la respiración agitada del otro. Un calor les recorrió el cuerpo. Sin poder controlar su cuerpo Shûichi bajó la cabeza. Rukawa subió la suya. Cerraron los ojos. Sus bocas estaban a escasos milímetros. Podían notar el cálido aliento del otro.

El ladrido de un perro les hizo volver a la realidad. Con la cara incandescente se separaron.

··Se-será mejor que nos vayamos.

Eran ajenos a las miradas de curiosidad que su aspecto, aún mojado y con bastante arena, provocaba. Sus pensamientos estaban en lo que podía haber sido y no fue. Y así llegaron al apartamento de Rukawa, que con mucho esfuerzo convenció a su acompañante para que subiera a asearse un poco. Tras darle ropa limpia le invitó a darse una ducha. Mientras este se aseaba, Rukawa se contempló en el espejo. Al verse no reconocía al solitario adolescente que era unos meses atrás. Tenía los ojos brillantes de felicidad y el pelo apelmazado por el salitre y la arena, testigos de la "pelea" en la playa. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Eso no lo había hecho ni de niño. De pronto la imagen del rubio sobre él le invadió la mente. Podía recordar perfectamente su cálido aliento rozándole los labios. Sintió un hormigueo en el pecho. Tenía que pensar en otra cosa. Pero no podía dejar de recordar como le miraban esos ojos dorados. Los mismos que le miraron preocupados aquel día en el parque cuando el cansancio hizo que se desvaneciera. Ahora se vio comer el helado que Shûichi le daba. Se sonrojó. Cualquiera que les hubiese visto pensaría que eran pareja. Ojalá, suspiró. Había tomado una decisión. Le haría saber a Kudo lo que sentía por él. Pero... ¿eso cómo se hace?

Mientras tanto, Shûichi se encontraba en la ducha y sus pensamientos no eran muy distintos a los del moreno. Maldecía al perro que los había interrumpido en el mejor momento. Un poco más y le hubiera mostrado sus sentimientos. Aunque no creía que se lo pudiera decir más claro. Y estaba seguro que era correspondido. Al menos eso era lo que intuía. Pero también sabía lo reservado que era Rukawa y que tendría que ser él quien diera el paso definitivo. De esta noche no pasa. Salió de la ducha y se secó. Cogió la ropa limpia que le había dejado. No pudo evitar olerla. Olía a él.

Su ropa le quedaba bien. Por suerte eran de la misma talla. Solamente los pantalones le quedaban un poco largos. Tenía el cabello mojado, lo que le hacía resaltar su color natural. Y peinado de una forma despeinada por haberse pasado la mano por el pelo. Dejó de mirarle. No fuera que se diera cuenta.

··Pon la tele si quieres- indicó el moreno -Y ya sabes donde está la nevera. Siéntete como en tu casa. Acabo rápido- Cuando desapareció tras la puerta del baño el rubio se acomodó en el sofá. Encendió el televisor y lo volvió a apagar. Que cómodo es este sofá. Poco a poco, y sin darse cuenta, el sueño y el cansancio que la ducha había despertado se fueron apoderando de él.

Poco después el dueño del apartamento entró en el salón. Al verle no pudo esconder una dulce sonrisa. Se veía tan tranquilo... Fue a su habitación a por una manta. Recostó cómodamente al rubio y lo tapó. Se sentó juntó a él en el espacio que quedaba y sin dejar de mirar su rostro sereno se dejó abrazar por lo brazos de Morfeo.

CONTINUARÁ…


N/A: He resucitado! (aunque sólo sea por unos días) Weno, no se como pedir perdón por este super mega gran atraso así, que gomen, gomen, gomen, gomen y más gomen.

Nihonko: es todo un honor para mí que alguien empiece leyendo fics de SD con uno mío. Cuando me dejaste el review ya había subido 7 capítulos, así que ya sabrás quien estaba celoso. Y también gracias por el review de ¿Acaso? Me alegro que te haya gustado. Sorry si no es más largo, pero es básicamente como me se sentía ese día. Y también por el de Mi historia con... .Quien sabe, quizás un día me animo y hago más capítulos o una versión larga. Si ganas no me faltan, pero tiempo sí. Muchas gracias y hasta otra!

Nian: muchas gracias por tus reviews. Te expliqué lo que es Sant Jordi en un review que te dejé en no me acuerdo donde. Espero que este capítulo te guste. Hasta otra!

Shadir: perdón por la tardanza. Espero que este capítulo te haya gustado. "Con cariño y con amor, ten paciencia por favor": esto lo escuché de pequeña en no sé donde y me marcó. Jeje.

Lluna kori saishi: muchas gracias por los reviews. Y sí, la primavera es un asco, sobretodo si eres alérgica. Ya sabes que puedes enviarme todos los reviews y mails que quieras. Gracias por aguantar mis paranoias. Petoneeeets! Por cierto, a mí tampoco me regalaron ninguna rosa. Que triste. Snif-snif.

Dewa mata