Hallemos la constelación
No me digas que te has vuelto a perder, pirómano?
No!
Y dónde estamos?
…
Oh! Genial. Haga lo que haga, pase lo que pase, siempre tendré a mi lado a un compañero incompetente…
Incompetente? Incompetente yo?
Sí!
Te recuerdo que si no fuera por que te salvé de aquellos de aquellos hombres…
Quien te rescató cuando te ibas a ahogar, pirómano?
Bestia! Miss ay-que-me-quemas-el-pelo!
Vete a la mierda… a, no, calla… Te pederías por el camino Mr. Sentido de la orientación!
No soy yo el único que se ha perdido!
Oh, vamos, no se suponía que tu me guiabas? Dijiste que aún te acordabas de la ciudad…
Un error lo puede tener cualquiera!
Pero tropezar dos veces con la misma piedra es de imbéciles
Ah, de imbéciles, no? Más imbécil eres tú, antipática
Habló…
Y tú que? Nunca saludas, ni hablas…
Ten por seguro que jamás me dirigiré a alguien como tú de esa forma…
Si sólo sabes insultar!
Es que no hay otra cosa que se me pase por la cabeza cuando te veo… Oh! Me sacas de quicio, sabes?
A sí?
Sabes qué? Aquí te quedas! Me voy!
A dónde?
No se, nos hemos perdido, pero como veas. Yo no aguanto más a tu lado
A, no? Pues que sepas que no me haces falta! Todas las mujeres iguales!
Mayura volteó para cruzar una última mirada cargada de odio con él, antes de irse por una calle por la que seguramente ya habían pasado antes. Oh, dios mío, pensaba, cómo he podido ir a buscar a la maldita constelación con este estúpido imbécil? Bien, ella lo sabía, por que habían decidido buscar a Tamahome por toda la ciudad en parejas i sólo había dos opciones. Y, sinceramente, se sentía mucho más cómoda junto a la impertinencia de Tasuki que no con el Emperador. A diferencia de lo que pensaba, si que había dormido, pero envuelta en pesadillas. De repente empezó a clavar las uñas sobre sus muslos, claro signo de sus nervios a flor de piel que siempre disimulaba i el remordimiento de no saber que decidir. No, no quería al Emperador, pero sí, sí que le quería… o no, definitivamente, no… Cuando fue tanta la presión que ejerció sobre sus piernas que siento un leve dolor, lazó una patada al aire que fue a parar contra un hombre corpulento de mediana edad que pasaba por ahí. Exclamó un imperceptible perdón, y se fue corriendo, sólo quería huir de su carácter y de sus constantes problemas. Por que? Por que el Emperador le había dicho aquello? La había dejado en un estado de incertidumbre del cual no lograba salir, por más que pusiera toda esa sangre fría que la caracterizaba. De repente sus pasos se vieron impedidos por una fuerte mano que le asía el hombro. Volteó y vio, de súbito, el rostro nada amistoso del hombre que había arrollado antes por accidente.
Dónde crees que vas, niña?
Contra más lejos de usted, mejor – dijo arrogante
Pero que te has creído – dijo al tiempo que su mano cruzaba la faz de la sacerdotisa.
Ahh – Mayura frunció el ceño mientras se acariciaba la mejilla adolorida
Aprende a… - Sus palabras se vieron calladas por una fuerte bofetada que le daba Mayura, llevando a cabo su venganza.
Cuando el hombre, más que enfurecido se recompuso, gruñó todas las maldiciones posibles hacia la chica, pero esta hacia tiempo que corría, aún sin saber dónde, para intentar salvarse de aquel enojado individuo.
Al fin, llegó una pequeña plaza y se sentó en el borde de la fuente que había en ella. Enterró su cabeza entre las manos, las que más tarde pasó sobre sus cabellos para intentar poner en orden aquella mata rebelde que tan mala pasada le había estado jugando, no le dejaba ver. Sin ya no fuera poco su miopía, que había intentado remediar con las lentillas que llevaba puestas, pero que al tercer día se tuvo que quitar porque veía menos que si no las llevara y sus gafas, que se encontraban en el otro mundo… Ahora encima sus ondas castañas le cubrían la vista. Suspiró exhausta, siempre suspendía educación física por su poca resistencia, y ahora había corrido piernas ayudarme para huir de aquel extraño.
Un escalofría estremeció su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Sí, que irónico, para huir de aquel extraño que ahora se encontraba tras de sí, junto a más de diez hombres de su misma condición.
Mayura, que ya se había girado y había comprobado horrorizada su triste destino, arrancó a correr en dirección opuesta, a sabiendas de que la iban a coger pronto, pues sus fuerzas no llegarían más lejos y prefería enfrentarse al miedo que acabar cansada huyendo de él. Oculta en un callejón sin salida, vio al fin llegar a sus perseguidores. No sabía que hacer, confiaba en que para cuando la encontraran ella ya habría recuperado el aliento y podría seguir corriendo, pero sin embargo, aún seguía respirando agitada, con la mano en el abdomen, y sus pies se encontraban demasiado en el reposo como para volver a moverse. Se resignó a que dieran con ella, pensando que para entonces ya encontraría la forma de escabullirse.
Nunca te han enseñado a respetar a tus mayores, niña? – la grave voz del hombre hizo que su cuello se irguiera para mirarlo
Sí. Pero sólo yo respeto si me respetan – logró esbozar con la voz entrecortada
Ahora verás niña, niña insolente! – Esta vez la sacerdotisa logró esquivar el golpe que el hombre le dirigía, mientras unos ojos oscuros, agudos, observaban la escena vacilantes.
Mayura apoyó su mano contra un muro no muy alto y salto al otro lado de este rezando, a pesar de ser firmemente atea, por un milagro. La matarían, la matarían, era capaz de oír los rápidos pasos ajetreados de la banda detrás suyo… Quien le mandaba tirar a aquel desgraciado al suelo? Por que era tan torpe? Si no hubiera dejado a Tasuki… Tasuki! Por favor, que la hubiera seguido y la rescatara, sus fuerzas flaqueaban y su ritmo disminuía, al tiempo que los hombres que la perseguían se encontraban cada vez más cerca de ella. Impactó de golpe contra algo, no sabía que, y cuando se disponía a esquivar a quien quiera que fuera aquel que se había interpuesto en su camino, éste, la asió por las piernas colocándola sobre su espalda, boca abajo. La sacerdotisa se agitaba entre aquellas manos que la sostenían, y que la llevaban corriendo a algún lugar. Finalmente, se resignó a dejarse llevar por aquellos fuertes brazos.
Mayura sólo veía a las humildes casas y penosos comercios perderse en la distancia, y de pronto, las piernas de su presunto salvador se pararon de golpe.
Bájame, bájame – Gritó la chica inquieta
Ya, ya, estate quieta, ya te bajo – murmuraba el hombre encapuchado
Una vez en pie Mayura le miró con una curiosidad que se acentuó al ver que este estaba cubierto por una capa negra, dejando ver solo unos ojos rasgados de color café.
Quien eres? – dijo la chica defensiva
No te importa – respondió mientras hacia un ademán para marcharse
Porque me has salvado? – Silencio – responde!
Él sólo se alejaba con pasos reposados. Mayura, a quien el miedo y la rabia la habían dejado en un estado de histeria, agarró al misterioso desconocido por un brazo, haciéndole volver hacia ella. Una vez cara frente a cara, la chica le arrebató la capa que cubría su rostro dejando al descubierto la faz del chico.
La sacerdotisa sólo abrió la boca, como queriendo decir algo y luego la volvió a cerrar. La volvió a abrir, y se quedó pensativa, mientras vacilaba, incrédula por ver lo que veía ante sus ojos, los cuales cerró, y tras una larga pausa volvió a abrir. Finalmente, pudo articular una palabra
Takeishi!
Mayura…- sin saber por que, Mayura percibió una especie de disculpa en la pronunciación de su nombre, lo cual le dio fuerza para seguir hablando.
Tú… pero qué? Pero cómo? Quiero decir… Qué?Cómo?
Sabes que no me gusta leer… pero tenía que hacer el trabajo de literatura y…
Pero… - Balbuceó reprimiendo las ganas de abrazar al que había sido su primer amos. Quizá ahora empezaba a entenderlo, el día en que ella había sido absorbida por el libro Takeishi no había venido… Talvez por aquel motivo no pudo abrir el libro la primera vez que lo vio…
Ha sido un placer volver a verte – Dijo mientras se daba la vuelta para seguir caminando
Espera! A dónde vas?
Me voy
No puedes!
Claro que sí
No. La cicatriz de la frente… - Y la sacerdotisa procedió a explicarle toda la historia.
Pero como se te ocurre dejarla sola, con la de bandidos que corren por esta ciudad! – exclamaba Noriko enfadada
Fue ella! Ella se fue!
Por que estaría harta de ti!
Voy a buscarla – dijo el Emperador decidido. Pero sus pasos pararon de golpe al ver que la chica perdida por más de cuatro horas entraba por la puerta – Mayura… Estás bien? No te ha pasado nada?
Nah, no… Estoy bien – dijo sonriendo – Y, además, os traigo una sorpresa – Mientras detrás suyo aparecía una figura masculina de pelo corto y castaño y su misma edad.
Nota de la autora:
Muchas gracias a EluChis (Que aunque no te he dejado Review me he leído tu historia y está muy bien, continúala pronto) y a misaoshinomori-12 que me dieron muchos ánimos. Bye, y dejen Reviews.
