Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, son propiedad de Inoue Takehiko, pero si me quiere regalar alguno no le diré que no (me conformo con Rukawa, Sendoh, Mitsui, Kogure o Hanamichi, el orden no importa) El resto son míos.
Puede contener shonen-ai.
Cdm presenta... SEIS MESES
Capítulo 9: Febrero 2
Ya hacía horas que los rayos del sol entraban a través de la ventana iluminando la estancia. Perezosamente consiguió abrir los ojos. Al principio le costó reconocer el lugar. Era el apartamento de Rukawa. Recordó la noche anterior. Al parecer se había dormido esperando al moreno. Un movimiento a su lado le llamó la atención. Era el oji azul que dormía. A pesar de la segura incomodidad que ofrecía el reducido espacio del sofá donde se encontraba Rukawa, éste dormía completamente tranquilo. Shûichi se levantó y tratando de no despertar a su anfitrión lo recostó para que estuviera más cómodo.
-¿Ya es de día?- preguntó medio dormido.
-Sí. Pero sigue durmiendo- respondió suavemente.
Al reconocer la voz, el moreno se acabó de despertar. –Creo que me he dormido.
-Pues ya somos dos- un bostezo escapó de la boca del mayor.
-¿Qué hora es?
El rubio miró su reloj de pulsera para todo seguido dar el mayor grito que había dado en sus diecinueve años de vida –MIS PADRES ME MATAN- y es que eran pasados medio día y no había avisado de que pasaría la noche fuera. Tampoco era su intención.
Poco después se encontraban despidiendo en la puerta del apartamento. El ambiente se notaba un poco cargado, ya que ambos querían decir algo. Al final uno se atrevió.
-Mañana me marcho a Tokio.- El corazón de Rukawa se detuvo unos segundos ¿cómo que se marchaba! –Participaré en un mitin de atletismo- El menor volvió a respirar. –Es el día veintiséis, pero iré con el club para entrenar. Será mi última competición... y me gustaría que vinieras- dijo mirándole a los ojos.
-Allí estaré.
Kudo sonrió. –Te llamaré para decirte donde es y todo eso. Otra cosa...- Fue un movimiento rápido e inesperado, sin tiempo a responder siquiera. Shûichi se acercó a Rukawa y unió sus labios a los suyos. Tras el cual salió apresurado hacia su casa, dejando a un Kaede estático.
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Como le gustaba despertar de esa manera. Abrir los ojos y verse abrazado por su novia mientras esta aún dormía. Con la mirada examinó la habitación. Sus ropas estaban esparcidas por el suelo y juntó a la cama estaba la tarrina de helado. No podía imaginarse una mejor forma de recibir su primer chocolate de San Valentín. Un momento... De pronto recordó lo que había en su taquilla del instituto. Lo había puesto en su cartera y se había olvidado completamente. Un movimiento le indicó que la muchacha estaba despertando. Bueno. Ya miraría lo que era cuando volviera a su casa.
Cosa que hizo cuando ya había oscurecido, porque pasó todo el día con Sakura. Lo primero que hizo fue buscar su cartera. Llevaba todo el día que no se lo sacaba de la cabeza. Incluso la chica se lo había notado. Aunque, claro está, que él no le dijo la razón de su actitud. ¿Dónde la había metido? A si... la arrojó sobre el sofá. Revolvió su contenido y encontró el paquete y la carta que lo acompañaba. Casi de una forma solemne quitó el papel que lo envolvía y retiró la cobertura. En su interior descubrió un corazón de chocolate, que a pesar de estar un poco blando por no conservarse en el frigorífico, tenía un aspecto realmente delicioso. Era de chocolate negro, con dos líneas de caramelo que reseguía su contorno. Ahora fue el turno de la carta:
"Adorado Hanamichi Sakuragi:
Como me gustaría decirte todo lo que siento por ti. Pero no me atrevo. Por eso acepta este regalo como una mínima muestra de mi amor. Espero ansiosa el lunes para poder verte.
Tu admiradora que te quiere."
Sinceramente no se lo podía creer. Y mientras volvía a leer la nota empezó a comer el dulce.
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Lunes dieciséis de febrero. El síndrome de San Valentín ya había pasado y lo que ahora se notaba eran sus consecuencias. Conversaciones sobre como se había pasado el día, nuevas parejas, sentimientos reforzados, pero también decepciones y tristeza, que aunque no fueran comunicados de forma verbal se reflejaban en los ojos de cada uno.
Ese día, precisamente, unos ojos azules rasgados brillaban intensamente debido a lo que sentía en su interior. Quería decirlo. Gritarlo si era necesario. Que él, Kaede Rukwa, estaba enamorado y era correspondido. Pero no podía. Primero, porque tenía que aclararlo con Shûichi, cosa que no sería posible hasta que se vieran, ya que era mejor tratarlo personalmente en vez de por la impersonalidad del teléfono. Y segundo, porque aún no se había podido quitar del todo la máscara de hielo que lo protegía del mundo. Al decir verdad, no había dicho hada a nadie a cerca de sus sentimientos, ni siquiera a Sakuragi. Quizás le sería más fácil si alguien lo notara y le dijera algo. Pero la gundam no era para nada observadora. Si acaso Mito pero se encontraba demasiado ocupado haciendo regresar al pelirrojo a la realidad, ya que se encontraba en su mundo particular y no se percataba de lo que pasaba a su alrededor. Y también hay que decir que Rukawa se pasó todas las clases durmiendo, por lo que tampoco daba muchas oportunidades para que nadie se diera cuenta.
Horas después, tras finalizar las clases, Hanamichi abrió su taquilla para sacar algo y como hacía dos días halló una carta. Sin que nadie la viese la guardó.
"Adorado Hanamichi Sakuragi:
Espero que te gustara mi regalo, ya que lo hizo con todo mi amor expresamente para ti.
Tu admiradora que te quiere."
Esa no fue la última carta que recibió.
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Se sentía confuso. ¿Cómo era posible que esa chica le estuviera haciendo sentir así?
No hacía mucho rato que le había llamado por teléfono y con un tono muy serio le había citado para hablar de algo importante. Y allí se encontraban los dos, caminando por la ciudad. Cualquiera que los viera pensaría que eran una pareja acabada de discutir. Rukawa con su cara de indiferencia habitual, pero sólo era una pose porque en realidad estaba completamente extrañado del comportamiento de su acompañante. Sakura iba a su lado, con una cara entre seria y molesta, sin decir nada.
No es que Rukawa tuviera poca paciencia, pero la extraña actitud de la muchacha lo inquietaba. Ella siempre estaba con una sonrisa en los labios y haciendo broma. Cuando iba a preguntar que pasaba, ella se adelantó.
-Nos has engañado a todos- por el tono de voz empleado se notaba que algo le molestaba. Pero el moreno no sabía de que hablaba. –No te hagas el despistado. Lo sé todo- añadió en el mismo tono. Estaba completamente descolocado. De verdad que no sabía que podía haber hecho para provocar esa reacción en Sakura. Pero de pronto el rostro de la muchacha cambió. Una sonrisa divertida sustituyó a la de seriedad. –Vamos confiesa.- dijo en tono burlón. -¿Y quien es él¿En qué lugar se enamoró de ti¿De dónde es¿A qué dedica el tiempo libre?
Al más puro estilo anime, Rukawa fue a parar al suelo, tras el cual se levantó ligeramente sonrojado. –No... no sé de que me hablas.
La chica divertida se cogió la barbilla como si estuviera pensando en algo importante -A ver... Sábado noche. En la calle del Dinapoli, donde por cierto estaba una servidora. Un chico alto, pálido... ¿Te suena? Acompañado de un rubio, que perdona que te diga, estaba como un queso, aunque no tanto como mi Hana.
Rukawa paró de caminar y la miró con los ojos muy abiertos por dos razones. Una: les había visto, y él no estaba seguro de estar preparado para hablar de ello. Y dos¿cómo podía ser tan buena actriz? De verdad que había pensado que había pasado algo.
-Vamos pillín-dijo dándole golpecitos con el codo- Cuéntamelo todo todo y todo.
El moreno suspiró. Quizás ya era hora de abrirse a la gente. Y ahora sí. En el reconfortante calor de una cafetería le contó como se conocieron, los momentos pasados juntos, las confesiones, su invitación...
-Y...
-¿Y...?
-Me besó- la cara de Rukawa había ido cambiando el tono de su sonrojo a medida que explicaba diferentes sucesos, pero es que ahora la tenía incandescente.
-¡Pero eso es fantástico!- lo dijo tan fuerte que varios clientes se giraron hacia ellos. –Pues sí, lo es ¿Pasa algo?- esto último iba dirigido a los curiosos que viéndose descubiertos volvieron a sus asuntos. –Y supongo yo que irás ¿verdad?- el moreno aún ligeramente sonrojado asintió. Durante unos minutos el silencio se hizo entre ellos, momento que aprovecharon para beber de sus pedidos.
-Gracias- dijo de pronto el chico. Ahora que había compartido sus sentimientos con alguien se sentía tranquilo, liberado. Le había hecho mucho bien hablar. Aunque no se hubiera imaginado que la persona con la que se sinceraría fuera la novia del pelirrojo.
Sakura le entendió de inmediato.-De nada- dijo sonriendo dulcemente. –Para eso están los amigos. Pero la próxima vez- añadió en tono de fingida reprimenda –no dudes en acudir a mi para cualquier cosa. No es bueno guardarse todo en el interior- Rukawa sonrió ligeramente. Ahora si que había encontrado un amigo de verdad o en este caso, una amiga.
-Preferiría que los otros aún no lo sepan- la chica alzó una ceja –Hasta que no sea algo seguro.
-Te entiendo- suspiró –A veces esos cinco pueden ser un poco... Vamos, que les falta tacto.- Ella tampoco era ajena a los numeritos y escándalos que la gundam hacia a Hanamichi cada vez que alguna chica lo rechazaba, así como lo poco discretos que eran. Y entendía perfectamente a Rukawa. –No te preocupes- dijo poniendo una mano sobre su hombro –Como tu amiga y confidente tus secretos están seguros conmigo.
A partir de ese día la relación entre los dos se estrechó. Ahora tenían un secreto y eso une mucho a la gente, a parte de que el uno en el otro encontraron un buen apoyo para desahogarse o simplemente hablar. Rukawa se sentía cómodo confiando en la chica y ella lo escuchaba siempre que fuera necesario. Por el lado de Sakura, ella encontró en el chico una persona con quien hablar de cosas serias, porque para ser sinceros tanto el ejército como Hanamichi no eran muy dados a las conversaciones serias o ligeramente culturales. También es verdad que lo podía hacer con sus amigas del instituto, pero era agradable hacerlo con un chico para variar. Rukawa también empezó a llamarla por su nombre de pila, por petición-imposición de la muchacha.
- Yo te llamaré por el tuyo cuando consigas que cierto rubio también lo haga, y no como amigo precisamente.
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"Adorado Hanamichi Sakuragi:
Anoche soñé contigo. En mi sueño yo reunía el valor necesario para poder decirte personalmente lo que siento por ti. Y tú me correspondías. Pero me desperté y me topé con la realidad. Y esa es que me rechazarías como todos los otros. Por el momento seguiré soñando.
Tu admiradora que te quiere."
El pelirrojo no pudo evitar sentir pena por la muchacha desconocida. Porque era verdad. No la podría corresponder. Pero también se identificó con ella. ¿Cuántas veces él había sentido lo mismo¿Cuántas había llorado por un amor no correspondido? En ese momento quiso poder hacer algo para ayudarla.
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Poco antes de finalizar el entrenamiento el entrenador Anzai reunió al equipo. Tenía que comunicarlos algo. Y ese algo era que jugarían un partido amistoso con el equipo de una preparatoria de otra ciudad, por lo que tenían que hacer noche fuera. El día escogido era el veintiséis de se mismo mes.
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"Adorado Hanamichi Sakuragi:
Hoy he visto algo que no me ha gustado nada. Y ese algo es la extraña actitud que han tenido Rukawa y tu novia. Es como si escondieran algo. ¿Pero que puede ser tan terrible para no poder decírtelo¿Acaso no es amigo tuyo¿Y la persona que supuestamente más quiere ella?
Tu admiradora que te quiere."
Lejos de preguntarse donde o cuando la chica vio ese comportamiento en los aludidos, Hanamichi reconoció que tenía razón. Esos dos escondían algo. Y también era cierto que últimamente se trataban con más familiaridad. Pero en vez de alegrase de que por fin fueran más cercanos, un extraño sentimiento amargo, mezcla de temor y duda, empezaba a nacer en su interior.
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Hacía tiempo que no salían todos juntos: la gundam, la parejita feliz y Rukawa. Aprovechando que Noma, Okusu y Takamiya intentaban sin éxito ligar con unas chicas, y que Hanamichi y Youhei fueron a por unos refrescos, la chica se acercó a Rukawa.
-¿Te preocupa algo?- y es que al moreno le envolvía un aura extraña. –Es por él verdad- afirmó en vez de preguntar. El chico asintió. -¿No te ha llamado? Espera... ¡No me digas que os habéis peleado? Con la buena pareja que hacéis.
-No es eso- la chica lo miraba divertida. ¡No todos los días se puede ver a Kaede Rukawa sonrojado! Y ella ya lo había hecho en dos ocasiones. Era como una especie de privilegio personal. –Sabes lo del partido amistoso ¿cierto?- ahora fue ella quien asintió –Y te acuerdas que te conté lo de la competición de atletismo.- Sakura abrió muchos los ojos al entender lo que el moreno quería decir.
-No me digas que son el mismo día.
-Sí.- el silencio se hizo por las dos partes.
-Bueno... ¿y donde está el problema?- dijo quitándole importancia –Porque creo que ya sabes a donde irás.
-Pues que me apetecía ir- dijo suspirando.
En ese momento Hanamichi y Yohuei regresaron con las bebidas. Al verlos tan íntimos el pelirrojo no pudo evitar tensarse. -¿Y de qué habláis mientras este genio no estaba?
Los dos se miraron y como si se hubieran leído el pensamiento respondieron a la vez –De hombres.- No había duda. Esos dos escondían algo. Y no le gustaba.
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Sakuragi y Sakura estaban en la playa. La suave brisa hacía revolotear el cabello de la muchacha. De fondo una preciosa puesta de sol que teñía el mar de distintos tonos anaranjados mientras la primera estrella empezaba a brillar en el cielo.
- Lo siento Hanamichi- dijo apartándose del muchacho. - Pero ya no podemos seguir saliendo juntos. Estoy enamorada de Kaede.- tras decir esto se abrazó al moreno.
El pelirrojo sintió como el corazón se rompía en mil pedazos al ver como Sakura y Rukawa se fundían en un apasionado beso.
- Piérdete do'aho.- Los dos cogidos de la mano empezaron a caminar alejándose cada vez más de Hanamichi, quien por mucho que corriera no conseguía alcanzarlos.
- Sakura! SAKURA!- de golpe se incorporó. Estaba completamente sudado. Miró a su alrededor. Estaba en su habitación, por lo que sólo había sido un sueño. Respiró aliviado. En que estupideces sueñas. Se recriminó. Sakura te quiere y Rukawa es homosexual. Pero aún así estaba la complicidad que había aparecido de la nada entre ellos dos. Quizás lo más sencillo era preguntar que pasaba, pero su orgullo se lo impedía. Ya se podía imaginar a su amigos riéndose de él. ¿Qué acaso estás celoso de Rukawa?. Rukawa no puede evitar que las chicas se enamoren de él. Recordó lo que un chico dijo hacía tiempo. ¿O es qué no te fías de Sakura?
- ARG! Como siga así me voy a volver loco!- miró el despertador. Las 4:37 y estaba desvelado. – Kuso!
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El plan era salir temprano para coger el tren rápido que les llevaría a su destino en menos de una hora. Entrenar un poco y jugar por la tarde. Descansar la mañana siguiente y regresar por la tarde.
Los miembros del equipo de básquet junto con el entrenador Anzai se encontraban en las puertas de la preparatoria donde habían quedado para ir todos juntos a la estación.
- Ayakooo!- el capitán del equipo no paraba de llorar desde que el entrenador había comunicado que por un imprevisto de última hora la manager no podría acompañarlos. Pero Haruko se había ofrecido para ocupar su lugar. Al fin y al cabo su intención era convertirse en la manager del equipo una vez Ayako se hubiera graduado.
- No me habías dicho que Akagi también iba- Sakura junto con la gundam había ido a despedir al pelirrojo.
- Me acabo de enterar ahora.- se excusó.- Pero da igual. Ya sea con Ayako o con Haruko este genio llevará el equipo a la victoria. MUAJAJAJA.- Todos esperaron el consabido do'aho, pero este no llegó. - ¿Dónde está el kitsune?
- Ah Rukawa- dijo el entrenador- Me dijo que no podía venir.- Sakura sonrió, gesto que no pasó inadvertido por su novio.
- ¿Sabes lo que tenía que hacer?- preguntó desconfiado.
- Sí. Lo mejor para él.- la respuesta no le satisfizo. Otra vez con secretos. Otra vez esa sensación.
- Ya es hora de irnos- indicó el entrenador.
Sakura se puso de puntillas y con sus brazos rodeó el cuello de su koi para darle un apasionado beso de película.
- Buscaros un hotel- se burló Takamiya.
Pero a ella le daba igual. Ese gesto tenía un gran mensaje implícito: Hanamichi es mío. Y la destinataria lo había recibido. Las miradas de Sakura y Haruko se cruzaron haciendo saltar chispas.
- Ayakooo!
- Jojojo.
Una vez el equipo se marchó Youhei se acercó a la muchacha. - ¿Y esa actitud?
- No sé de que me hablas- respondió sin darle la menor importancia.
- Vamos... ¿no me digas qué aún sigues con lo mismo? Creo que exageras con Haruko.
- Tu cree lo que quieras, que yo haré lo mismo.
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Alzó la mirada hacia las gradas buscándolo entre los asistentes al evento, pero no lo encontró. Quizás no había ido. La última vez que hablaron por teléfono le dijo que ese día tenía partido. Y sabía lo importante que era el baloncesto para él. Es lo único que tubo durante mucho tiempo. Y no podía esperar que lo dejará por él. Pero aún así... tenía la esperanza de verlo entre la gente. O quizás lo había asustado robándole aquel beso. No tendría que haberlo hecho. Como tampoco marcharse sin aclarar la situación. Quizás Rukawa no estaba tan preparado como el creía, pero es que ya no podía aguantar más. Una triste sonrisa apareció en su rostro. Estaba seguro de haber estropeado lo que podría haber sido con el moreno. Pero ahora no era el momento para pensar en eso. Tenía una carrera que ganar. Mi última carrera. No escuchó los consejos que le estaba dando su entrenador. Pero daba igual. El ya sabía lo que tenía que hacer. Correr. Y eso era lo que quería hacer. Correr y dejar atrás la equivocación que creía haber cometido. Se obligó a dejar la mente en blanco. Tenía que concentrarse. La señal de salida fue dada. Empezó a correr. Rápido, pero no todo lo que podía. Siguiendo un ritmo pero acelerando poco a poco, guardando fuerzas para el sprint final. El que hizo que cruzara la meta el primero. Los demás corredores le felicitaron, al igual que su entrenador y compañeros. Entre tanto elogio necesitaba respirar y entonces fue cuando lo vio. En las gradas. Justo a la altura de la línea de meta.
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- Por Shûichi.
- Por Shûichi!- tras chocar las copas entre ellas las vaciaron de un trago. La música ensordecedora, el ir y venir de la gente y el humo del tabaco junto con el de que no lo era lo estaban empezando a agobiar, así que excusándose con sus compañeros salió fuera de la discoteca, no sin antes haberse sellado la mano para poder volver a entrar. El aire fresco que lo recibió fue un alivio para él. Sentado en la acera de la calle vio el otro, y principal, motivo para salir. Rukawa.
- Te estaba buscando- dijo sentándose a su lado.
- Me sentía incómodo con tanta gente- respondió sin dejar de mirar hacia el frente. – Y no quería molestar.
- Tu no molestas- replicó de inmediato – Quería darte las gracias por venir- al buscar su mirada, el menor se sintió turbado ante esos ojos color miel.
- Ya te dije que vendría.
- Pero tenías partido.
- No era importante.
- Pero aún así esto significa mucho para mí.- hizo una pequeña pausa. – Rukawa yo... desde hace tiempo quería decirte...
- Te quiero- le interrumpió –Y creo que me he enamorado de ti.
El mayor sonrió –Yo también te quiero. Y estoy seguro de que me he enamorado de ti.- Ambos se miraron dulcemente y poco a poco sus rostros se fueron acercando hasta quedar a escasos milímetros, como aquélla noche en la playa, sintiendo el roce cálido de su aliento. Un último avance y sus labios se juntaron. Suavemente. Saboreando su sabor. Pero pronto necesitaron más y sin preocuparse de que alguien les viera, el beso se hizo más profundo, empezando una lucha entre sus lenguas que sólo la falta de aire hizo terminar.
- ¿Y ahora?
- Vamos a bailar. – respondió antes de darle un beso. A veces, las palabras sobran.
Mientras tanto, a unos cuantos kilómetros de allí, en una casa particular también se celebraba una fiesta. ¿El resultado del partido? Seguramente que la mayoría ni recordaba que habían jugado uno esa misma tarde.
- BEBE, BEBE, BEBE, BEBE, OEEEEEEEEEEE!
A altas horas de la madrugada los últimos miembros de Shohoku regresaban a la pensión donde pasarían lo que quedaba de noche.
-Como pesa ¿dónde lo dejamos?- dos miembros de tercero del equipo local llevaban como podían a cierto pelirrojo. Hanamichi no estaba acostumbrado a beber, pero unos chicos lo retaron y claro, el orgullo del tensai no fue capaz de negarse a rechazar la competición de tragar chupitos. El resultado: estaba medio inconsciente y cuando despertara se encontraría con una gran y para nada agradable resaca. Si bien él no fue el único que se pasó con el alcohol, seguramente era el que peor se encontraba.
- Dejadlo en mi habitación- dijo abriendo la puerta – No está acostumbrado a beber y será mejor que alguien lo vigile.- Los chicos sin decir nada más le hicieron caso. Haruko había sido una de las personas elegidas (se ofreció voluntaria) para vigilar al resto de bebedores, de que no llegaran al coma etílico, que no condujeran si era el caso o que llegaran bien a su destino. Aunque ella también había bebido, pero no lo suficiente para sentirse mal o decir tonterías. Los dos chicos, los otros responsables, lo ayudaron a acomodarse sobre la cama y tras asegurarse de que la chica no necesitara nada más se marcharon.
- Tengo sed- dijo medio inconsciente.
- Ahora te traigo agua.- la chica sacó una botellita de su bolso pero cuando se la iba a dar ya se encontraba profundamente dormido.
Con cuidado empezó a acomodar al chico. Le quitó la cazadora y las deportivas. Como pudo también le desposeyó del jersey sonrojándose al encontrar el torso bronceado del chico, sólo cubierto por aquel colgante en forma de lágrima que pertenecía a Matsumoto. Como la odiaba. Sí. La odiaba por tener al pelirrojo. Y pensar que ella podía estar en su lugar... si no hubiera sido por Rukawa. Volvió a mirar al durmiente. Viéndolo dormir costaba creer que era la misma persona impulsiva y gritona que cuando estaba despierto. Una mano temblorosa se posó sobre el torso de Hanamichi, sintiendo el movimiento de su respiración y el calor de su cuerpo. Con delicadeza empezó a recorrerlo, siguiendo el trazado de los músculos abdominales hasta que llegó al botón del pantalón. De forma autómata se deshizo de él, igual que del resto de la prenda, observando la visión que se le ofrecía. Sólo unos bóxers lo cubrían. ¿Por qué no? Y También fueron retirados. El pelirrojo se estremeció. Se detuvo asustada, pero se tranquilizó al comprobar que seguía durmiendo la mona. Ahora si que podía observar al completo a su adorado pelirrojo. Dios, como deseaba ese cuerpo, que lo hiciera suya. Y entonces sintió la necesidad de tocarlo. Con el mismo cuidado de antes empezó a recorrer el torso en sentido descendente hasta donde el vientre pierde su nombre. Se detuvo dudosa. ¿Y si se despertaba¿Cómo le explicaría su comportamiento¿Producto del alcohol? Para asegurarse subió hasta su rostro. Seguía dormido. Su mirada se posó en sus labios. Carnosos. Entreabiertos. Incitándola. Sin pensarlo posó sus labios sobre los de Hanamichi notando el sabor a alcohol, pero la necesidad fue mayor y su lengua se hizo paso en el interior de la otra. Una acción inesperada del pelirrojo hizo que se apartara alarmada. Le había empezado a responder. Pero el temor dio paso al enfado al escuchar el nombre que susurró.
- Sakura.
¿Por qué¿Tanto la quería¿Acaso ella no había significado nada para él¿Qué no había estado enamorado de ella durante tanto tiempo¿Tan pronto la había olvidado? Presa de la rabia arrancó de un tiró la cadena donde llevaba el colgante de la lágrima. Se desvistió, quedándose completamente desnuda, y se situó entre las sábanas, al lado de Hanamichi. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
CONTINUARÁ…
N/A: Aquí os dejo otro capítulo más. Espero que os guste, sobretodo el giro que está tomando el final. Muchas gracias a Nian, Mitzu-chan, Thenolifeking102, Lluna kori saishi (eso, eso, a ver si volvemos a hablar, guapa), Kmiloncia (pues si, viene de Shinichi Kudo, adoro Detective Conan, y Gravitation más) y a Shadir por vuestros reviews.
PD: me pensaré el hacer lemon...
Dewa mata!
