"Acarició su piel estremecida por el contacto del agua helada. Se sumergió en el agua y cerró los ojos. Había llegado la hora, aquello era la ceremonia de purificación para invocar Suzako. Hoy el Fénix rojo protector del Sur le concedería tres deseos. Volvió a la superficie a coger aire y se quedó de pie, dejando que el agua de la cascada cayera sobre sus espaldas, las mismas que llevaban el peso de la paz para Konan y las constelaciones. Un peso que a ella le costaba soportar. Aún no sabía porque motivo invocaba al dios protector. Por compromiso, supuso. Porque desde un principio, un lejano principio, le habían estado hablando sobre la invocación al Dios Suzako y de su poder. Desde que los de Kutou, viendo con orgullo la muerte del emperador, habían declarado la guerra todos habían dejado sus esperanzas en las espaldas de Mayura. La sacerdotisa deseaba que no fuera así, ella querría haber huido de todo aquello, no quería tener aquel poder si, al fin y al cabo, la acabaría devorando. Sabía que no podía ahora abandonar a todos aquellos que la habían apoyado. Pero albergaba en sí el anhelo de no invocar a Suzako… No quería ser devorada por un dios que ni siquiera existía, que estaba sólo en un libro."
Mayura rodeó su desnudez con la bata que le habían dejado las concubinas del emperador y salió de los baños sagrados, para que la vistieran y acabara cuento antes con su misión.
Sus pasos pararon cuando vio ante sí una figura conocida. Era Takeishi, en fin, a partir de ahora Tamahome, puesto que era la constelación que tanto habían buscado. Mayura no podía creerlo, el que Takeishi formara parte también de todo aquello. Pero se alegraba porque así tenía a su lado a alguien conocido, por más que fuera él… La sacerdotisa se había resignado a olvidarlo, cuando él empezó a salir con Yoko, la chica más popular de su curso y toda secundaria. En primaria habían sido buenos amigos, y desde que tenía uso de razón se había sentido atraída por él, pero sabía que era imposible. Como todos chicos, la pasaba por alto y ni siquiera se cruzaban la palabra o el saludo. Y ahora que empezarían pronto el instituto, e irían a diferentes, sabía que nunca más volvería a acordarse de aquellos ojos miel que le hacían perder la cordura.
El chico se acercó a ella, la cual algo azorada por la sorpresa estuvo a punto de volver a caer en los baños, pero Takeishi la cogió a tiempo por los hombros y la atrajo hacia él.
Ten más cuidado, te iba a caer – Le dijo
Si…ya – dijo mirando hacia una roca que había a su derecha para evitar ponerse más roja – Que quieres? Sabes que aquí no puedes entrar, es un lugar sagrado
Me da igual, que sea sagrado o no
Es obvio – dijo impasible
Yukawa…
Que!
Te quiero – Mayura enrojeció a más no poder, delatándose así misma
Claro, yo también te quiero – Dijo en plan amiga
Escúchame, Mayura… No hagas eso, sabes que no me gusta, quiero decir que te quiero, que te amo
Claro Takeishi, ya sé que hablas en serio – dijo fría
Mayura! – El rostro de la chica se tenso ante el violento semblante de su compañero – Sé realista, quieres! Mira, siempre te he querido, pero nunca me atreví a confesártelo porque…
Porque eres un chico tímido al cual le cuesta dar a conocer sus sentimientos… Claro, pero Yoko es diferente… Y Saori, y Mayuko y Haruka y Nana…
Mayura, entiéndeme… tu me gustas de verdad – dijo en tono serio
Oh! Le gusto de verdad a Takeishi Oda y ni siquiera tengo un buen culo, ni un buen par de tetas, a eso le llamo yo todo un mérito
Mayura por favor, te estoy intentando dar a conocer mis sentimientos
Takeishi, yo no soy Yukari – decidió explicarse mejor ante la confusión que expresaba el chico – No te voy a creer si me dices que me quieres… Yo no me pondría a saltar sólo porque me has pedido que te dejara copiar mis deberes, o porque has estado hablando con confianza… Quiero decir, has estado tres años sin hablarme y…
Y en estas dos semanas me he dado cuanta de que estoy enamorado de ti
Takeishi, no recurras a mí porque sea tu única opción en este mundo. Mira., las concubinas del emperador son muy serviciales, y si les dices que eres una constelación…
Mayura!
No vemos en la invocación, ah?
No, quiero hablar contigo….
Pero Mayura ya se había deshecho de las manos que sostenían sus hombros firmemente y a grandes pasos se había dirigido a su habitación. Pronto su frío semblante se tornó en uno lleno de rabia… Sabía que Takeishi sólo le había dicho eso porque necesitaba compañía, que sólo la quería porque era su único recurso… No iba a creer que él la quisiera porque no estaba dispuesta a dejar que nadie jugara con sus sentimientos. Jamás la habían herido y no lo iba a permitir, su orgullo le impedía aceptar a Takeishi cuando sabía que todo se trataba de un estúpido juego con la estúpida de Mayura…
Se encogió en su lecho, envolviendo su cara con sus manos, no lloraba pero sollozaba de impotencia y de sentirse utilizada. Se odiaba a sí misma, su carácter, su cuerpo, sus problemas, sus ideas, sus pensamientos…
Alguien llamó a la puerta y la sacerdotisa se reincorporó, se echó el pelo hacia a atrás y cerró varias veces los ojos para que dejaran de arderle y se borrara el color rojo de estos. La puerta se abrió y vio que el harén del emperador la esperaba para arreglarla. Se levantó sabiendo que ya quedaba poco.
"La ceremonia de invocación había empezado. Las constelaciones y la sacerdotisa se sumían en el más absoluto silencio. Alzó los ojos sintiendo como la energía las siete constelaciones fluía en el ambiente, como ardía en su interior. Y, siguiendo las instrucciones de Taitsukuun empezó a recitar: Por el poder de los cuatro dioses del cielo y la tierra, la justicia suprema, la fe y la bondad, te invoco a ti, Suzako, protector del firmamento del Sur, para que escuches nuestras plegarias. Atiende a nuestros ruegos y baja desde las siete constelaciones hasta la tierra para proteger aquellos que te veneramos. Destruye el mal que nos acecha en este mundo con tu fuerza divina… Desciende…!
La sacerdotisa no llegó a pronunciar el final de la invocación. Algo se lo impidió, Soi, una de las constelaciones de Seiryuu, lanzaba una flecha, con una puntería impecable hacia su frente."
El profesor Yuuki tenía los ojos abiertos a más no poder, pero no pudo saber el final que le deparaba a la sacerdotisa porque un sonido ahogado procedía desde algún lugar desde la biblioteca del colegio. No era su móvil, además el nunca se pondría aquella melodía, sería de algún alumno, que se lo había dejado. Buscó con la mirada y vio un resplandor debajo de la misma estantería en que él se encontraba apoyado. Cogió el móvil y vio que en la tapa había enganchada una pegatina de un corazón lila… Había visto esa misma en la agenda de Yukawa, sin duda, aquel móvil tenía que ser suyo. Miró la pantalla, le llamaba una tal Yuka-chan… decidió cogerlo.
Mayura, Mayura eres tú? Por favor, Mayura, dónde estas… Porque no me has contestado?
Yukari? – dijo reconociendo aquella inconfundible voz infantil
Que…? Cómo…?
Espera, no hay cobertura, voy fuera – dijo al tiempo que salía de la biblioteca, subiendo rápidamente las escaleras.
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