Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, son propiedad de Inoue Takehiko, pero si me quiere regalar alguno no le diré que no (me conformo con Rukawa, Sendoh, Mitsui, Kogure o Hanamichi, el orden no importa) El resto son míos.
Puede contener shonen-ai.
Cdm presenta... Seis Meses
Cursiva: pensamientos de una persona
Capítulo 10: Marzo 1
Flasback:
Aún no había despertado y el dolor de cabeza ya lo estaba matando. Con algo de dificultad se incorporó sobre la cama encontrándose completamente desnudo. Confuso, intentó recordar lo ocurrido la noche anterior. La fiesta. La competición de beber chupitos. Y a partir de allí grandes lagunas en la memoria. Vagamente recordaba a los chicos que lo llevaron hasta la pensión. Y nada de cómo pudo haberse quedado desnudo en la cama. Con la mirada recorrió la habitación buscando su ropa. Pero cuando su vista se posó sobre el otro lado de la cama se petrificó. Que sean cojines. Que sean cojines. Temeroso se acercó al bulto que sobresalía bajo las sábanas, distinguiendo una silueta que le era muy familiar.
-Ha...Haruko.
Final del flasback
Ya había pasado una semana desde aquel fatídico día. Pero lo recordaba como si hubiera sucedido escasos minutos atrás. El encontrarse a Haruko en las mismas condiciones que él, desnuda, lo había dejado conmocionado. Eso no significaba nada ¿verdad? No tenían que haber hecho lo que se temía ¿no? Pero sus pocas esperanzas fueron destruidas cuando la chica se lo confirmó. Habían hecho el amor. El alcohol les había hecho una mala pasada a ambos. No podía haber sido otra cosa. Aún podía recordar el rostro sonrojado de Haruko cuando hablaba de ello. Y el gran sentimiento de culpabilidad que sintió cuando le confesó con ojos llorosos que había sido su primera vez.
-Quería que fuera especial- susurró. Pero lo que no olvidaría nunca era la reacción de la chica cuando le dijo que había sido un grave error. Que debían olvidarlo y, sobretodo, no contárselo a nadie. Al contrario de lo que podía esperar, se lo tomó bastante bien.
-No te preocupes Hanamichi. Seguiremos siendo amigos como hasta ahora- fue lo que le contestó con una dulce sonrisa. En ese momento había creído que todo se había solucionado. Él lo olvidaría. Haruko lo olvidaría. Sin rencores ni malos entendidos. Sakura no lo sabría. No tenía el porque. Y si no lo sabía nada malo pasaría. Todo seguiría siendo como hasta el momento. Pero entonces... ¿por qué se sentía así? Y para acabar de rematar la situación había perdido el colgante de Sakura. Aquel que tantos recuerdos les traía a los dos.
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Afuera llovía, y por ese motivo poca gente se veía por la calle. Desde primeras horas de la mañana que ese había sido un día gris. Y ahora, cuando apenas eran las siete de la tarde, parecía como si fuera negra noche. Un trueno se escuchó en la lejanía. La lluvia, a veces más fuerte a veces casi imperceptible, golpeaba incansable los cristales. Suspiró. Ese sonido siempre le hacía sentir melancólica. La chica desvió la mirada de la ventana para posarla sobre su novio. Este estaba sentado en el sofá, concentrado cambiando los canales de la televisión. Los últimos días se habían vuelto iguales. ¿Tan pronto les había ganado la rutina? No. No era eso. Con cuidado, como intentando no perturbar la atmósfera que se había creado, se sentó a su lado. Hacía ya algunos días que lo notaba distante con ella. Desde que regresó del encuentro concretamente. Al principio lo achacó al cansancio, o quizás porque el resultado no fue tan bueno como esperaban. Pero al no pasarle, se empezó a preocupar. Algo le ocurría. Aunque siguiera siendo igual de escandaloso que siempre, había algo en su mirada que lo delataba. Suavemente posó la cabeza sobre el hombro del chico.
-Hana- ronroneó.
-Uhm
-¿Por qué no hacemos algo?- con un dedo recorrió el brazo del muchacho hasta llegar a su cuello, donde le dio una pequeña mordida.
Pero el chico se apartó –Ahora no.- Esa era otra. Tampoco habían hecho nada desde entonces.
La chica se apartó resignada. -¿Te ocurre algo?- preguntó.
-Estoy cansado. Eso es todo.
-No me refiero a eso. Desde hace días es como si te preocupara algo. Ya sabes que puedes contarme lo que sea.
-No es nada- dijo sin darle la mayor importancia.
-¿Seguro?
-Seguro.- Y, como para probarlo, le dio un beso. Primero dulce para volverse apasionado. Pero extrañamente, ese beso, Sakura, lo sintió amargo.
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-Buenos días Hanamichi.
-Buenos días Haruko.- el pelirrojo no volvió a respirar hasta que la chica se alejó. ¿Cómo lo hacía? Ella si que se comportaba como si nada hubiese sucedido. En cambio, él no podía evitar ponerse nervioso cada vez que la veía. O de sentir remordimientos cada vez que estaba con Sakura. Con pasos cansados fue a cambiarse de calzado. Ese día había carta en su taquilla.
"Adorado Hanamichi Sakuragi:
Amor estoy muy triste, porque hace días que te veo mal. Como me gustaría consolarte. Hacerte saber que conmigo no volverías a sufrir. Me gustaría que confiaras en mí, que pudieras consolarte conmigo. Soy una atrevida, lo sé. Tú ya tienes a alguien. Una chica que no te merece. Alguien que está demasiado ocupada con su amigo como para prestarte toda la atención que mereces. Y es que a veces me pregunto quien es más importante para ella. Si esa pregunta me la hicieran a mí, respondería sin dudar. Tú. Porque eres la persona más importante para mí.
Tu admiradora que te quiere."
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-No sé que hacer Kaede. Me tiene preocupada. Ya hacía días que estaba un poco extraño, pero desde que regresó del encuentro no es el mismo. Está más distante conmigo. Le he preguntado en varias ocasiones. Pero cambia de tema o finge estar bien. Youhei también ha intentado hablar con él... pero sólo ha conseguido un cabezazo. ¡Por favor!- suplicó- Habla con él. Averigua si pasó algo aquel día. Yo ya no...- una lágrima recorrió la mejilla de la muchacha. Y luego otra. Y otra. Hasta que fueron tantas que no se podían contar.
Un abrazo protector la envolvió. –Shhhh... tranquila- le susurraba mientras le acariciaba el cabello. –Verás como todo se arregla.- Y tanto que se iba a arreglar. Como que se llamaba Kaede Rukawa que iba ha hacer hablar al pelirrojo. Aunque sea a base de golpes. ¿Cómo podía ser tan estúpido¿Acaso no veía el daño y la preocupación que causaba? En especial a Sakura. Estaba realmente enamorada de Sakuragi. No se merecía que la hiciera sufrir así.
Rato después el llanto fue cesando hasta que sólo quedaron suspiros. Con el rostro pálido y los ojos rojos se separó del chico.
-¿Estas mejor?
-Perdona. Ahora podrías estar con tu koi en vez de aguantarme a mi.
-No te preocupes- dijo -Ahora tu eres más importante.
-Gracias. Eres un buen amigo.- dijo intentando sonreír. -¿Cuándo lo harás oficial?- en ese momento quería dejar de pensar en Hanamichi. Quizás así se le pegará un poco de la felicidad del moreno.
-Vendrá el próximo partido. Y tu serás la primera en conocerlo.
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El entrenamiento ya había acabado y sólo las dos personas encargadas de limpiar ese día el gimnasio quedaban allí. Rukawa en un extremo. Sakuragi en el otro. El silencio volvía tenso el ambiente. Al observar mejor al pelirrojo uno podía darse cuenta de que algo le pasaba. Aunque intentará disimular que nada ocurría. Era evidente que algo le preocupaba o algo le había ocurrido. Realmente no sabía disimular. Aunque no era su especialidad, intentaría saber que le ocurría al do'aho. Se lo había prometido a Sakura. Y para que negarlo, él también estaba preocupado. A medida que limpiaba se iba acercando al pelirrojo, que seguía peleándose con un trozo de suelo.
-Aaaarg ¡Como pille al guarro se va a enterar!- había llegado el momento.
-¿Te ocurre algo?
-A ti también te ocurriría algo si tuvieras que quitar un chicle chafado con- se agachó para examinar mejor lo que había sido una golosina- que asco.
El moreno suspiró. –No me refiero a eso. ¿Te preocupa algo?
Hanamichi dejó de hacer lo que hacía para incorporarse para encarar a su interlocutor. –¿Tu también Rukawa?
-Sí o no. No es tan difícil de contestar.- quizás estaba siendo algo rudo, pero no creía que yendo del plan amable consiguiera sacar el agua limpia de ese asunto.
-No me pasa nada- sonó duro e intentó parecer sincero. Pero sin querer desvió la mirada a un lado.
-Entonces a que viene es actitud.- de la caja de los recuerdos recuperó uno de sus tonos más fríos. Como siguieran así se le iba a agotar la paciencia.
-JODER QUE NO ME PASA NADA- pero otra se acabó antes. -¡Ya esta bien¡Todo el mundo preguntando lo mismo! DEJADME EN PAZ.
-Que te dejemos en paz- susurró Rukawa. -¡Pero como quieres que te dejemos así¿No ves que nos preocupas!
-¡Yo no os lo he pedido!- el silencio se apoderó del gimnasio durante unos segundos.
Rukawa volvió a coger aire. Que difícil era tener amigos. –Si no nos lo quieres decir adelante. Es tu problema. Pero Sakura se merece una explicación.- la mirada del pelirrojo cambió. Le había tocado la fibra sensible. Y sabiéndolo suavizó la voz. –Esta muy preocupada.
-Yo...- le temblaba la voz al hablar. -... no lo puedo decir. Y menos a ella.
El moreno se sonrió a si mismo. –Entonces es verdad que algo te preocupa.
Sakuragi abrió mucho los ojos. Sin darse cuenta lo había reconocido. –Si.
-Pero no quieres contarlo.
-No.
-Pero hay algo.
-Si.
-Y no lo quieres decir.
-No.
-Aunque ves que sufre por ti.
-...
-PERO ES QUE ERES IMBÉCIL O QUE COÑO TE PASA.
-Y A TI QUE TE IMPORTA ZORRO ENTROMETIDO. ¡No te metas donde no te llaman!
-¡Me meto porque me da la gana¡Y porque no me gusta verla así! No te la mereces.
Hanamichi no pudo más. Toda la rabia, la frustración y la tensión acumulada fueron a parar al rostro de Rukawa en un fuerte puñetazo.- ¡Maldito zorro¿Quien te crees que eres para hablar así¡Si hasta hace dos días no tenías a nadie¡No me vengas ahora con sermones!
Mientras tanto una de las implicadas, aunque sin saberlo, en la pelea se dirigía hacia el gimnasio de Shohoku. A esas horas Hanamichi ya tendría que estar acabando de limpiar. Y como era costumbre en los días que eso pasaba le iba a buscar. Se preguntaba si Kaede había podido hablar con él. O con un poco de suerte quizás se encontraría al Hana de siempre. Ya estaba muy cerca de la puerta cuando algo le llamó la atención. Gritos. Y venían del gimnasio. Esas voces... Todo lo rápido que pudo acabó de salvar la distancia y al abrir la puerta se encontró a los muchachos golpeándose, completamente magullados.
-¡Que hacéis¡Parad!- pero estaban tan concentrados que no la escucharon.
-¡Y no te tomes tantas confianzas con ella, idiota!- el golpe que le dio dejó a Rukawa en el suelo.
-No sabía que había que pedirte permiso, imbécil.- dijo intentando incorporarse.
-Serás- el pelirrojo se volvió a abalanzar sobre él, pero...
-PARAAAAAAAAD- gritó la chica.
Sin saber como, Hanamichi recibió un golpe que lo dejó estirado en el suelo. Aturdido se medio incorporó para ver quien se había atrevido a meterse en su pelea. Un par de ojos dorados le miraban con furia. ¿Quién demonios era ese tipo?
-Shûichi- Rukawa estaba tan confuso como Sakuragi. –Pero que...
-Ya ves- dijo sobándose el puño.- Pasaba por aquí.
-¡Se puede saber que hacíais!- Hanamichi miró a la chica, pero no respondió. Aun estaba furioso. Ante la negativa de este se dirigió a Rukawa. –Dios estas sangrando.
-No es nada.- dijo limpiándose el labio con el pañuelo que Shûichi le había dejado.
-Se lo tiene merecido.- replicó el pelirrojo. El rubio iba a decir algo, pero Rukawa lo detuvo.
-¿No crees que te has pasado un poco?- acusó la muchacha.
-Que raro que re preocupes tanto por él.- dijo irónico.
-¿Qué! Hanamichi ya estoy cansada de esto.- calló y respiró hondo. –Tenemos que hablar.
-Será mejor que nos marchemos.- dijo Rukawa. Shûichi que aún no entendía que había pasado antes, si entendió que lo que iba a suceder a continuación sería peor. Esa frase, nunca presagia nada bueno.
Una vez solos el ambiente no podía estar más tenso. Parecía que en cualquier momento fuera a estallar una bomba.
-Me dirás que ha pasado aquí.- no era un pregunta, sino una orden.
-Ya te lo he dicho. Se lo ha buscado.
-¿Por qué¿Acaso te ha hecho algo¿Ha empezado con los golpes¿O te ha insultado?- sonaba dura, igual que su mirada.
Tardó unos segundos en contestar. –No.
-¿Entonces por qué le pegabas?
-¿Por qué te pones de su lado!
-¡No me pondo del lado de nadie!
-¡Si tanto te gusta déjame y sal con él!
La chica abrió los ojos sorprendida. -¿Pero que dices?
-¿Te piensas que no me he dado cuenta? Tantos secretitos. Seguro que os lo habéis pasado en grande a mis espaldas.
Sakura no se creía lo que acababa de oír. -¿Me estás acusando de engañarte con Kaede¡Por dios Hanamichi¡Que Rukawa es gay!
-¡Pero eso no implica que tu no sientas nada por él!
-¡Pues claro que siento algo por él¡Igual que por Youhei o por cualquier otro amigo¡Tan poca confianza me tienes?- el pelirrojo no supe que contestar. -¿Sabes quien era el chico de antes?- sin esperar respuesta alguna continuó –Es el novio de Kaede.- Hanamichi se sorprendió. –Los "secretitos" eran por él. Kaede estaba confundido y, en cierto modo, asustado. Sólo necesitaba a alguien con quien hablar y que le diera confianza en sí mismo.
El pelirrojo dudó. La imagen que tenía de Rukawa no era esa precisamente. -Pero entonces ¿por qué no confió en mí?
La chica suspiró cansada. –Mira Hanamichi, no todo el mundo es como tú. Hay personas que por alguna razón les cuesta abrirse a los demás. Ya sea por miedo o porque piensan que serían una molesta. Pero tú- dijo recalcando la última palabra – como su amigo tienes que dar el primer paso. Hacerle saber que puede confiar en ti.- tras una breve pausa continuó. –Si yo no te dije nada fue porque se lo prometí. Quería estar seguro. Si no supiste verlo, es que aún no conoces a Kaede. Ni a mí tampoco.
-Yo... me he portado como un auténtico imbécil.- reconoció.- ¿Me... me perdonas?
La chica lo miró dulcemente -Por mi parte está bien si no vuelves a comportante así. Pero hay otra persona que también merece una disculpa.- el pelirrojo asintió. –Pero antes quiero que me digas la verdad. ¿Por eso estabas raro¿Por qué estabas celoso?
Hanamichi sabía que tarde o temprano la pregunta volvería a aparecer. ¿Pero como iba decirle que la había acusado de lo que él había hecho?
-Sí.- simplemente, no podía.
Mientras tanto, Rukawa y Shûichi ya habían llegado a la vivienda del primero.
-Vaya...- dijo el rubio- Así que eso ha pasado.- Rukawa asintió. -No te muevas. Esto te va a escocer un poco.- avisó antes de pasar un algodoncito sobre la herida del labio. –Pues por lo que me has contado, parece que Sakuragi está celoso de tu relación con su novia- dijo gracioso.
-Do'aho.
-Cuando la desconfianza surge en una pareja, malo. Ahora son ellos quienes tienen que solucionarlo. Listo.- dijo guardando las cosas en el botiquín. –Mi pobrecito Kaede. Mira que es bestia ese pelirrojo.
-Ya estoy acostumbrado- dijo recordando los viejos tiempos.
-Kaede- dijo serio -¿No te irá el sado?
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Otro día de clase iba a empezar. Hanamichi caminaba pensativo. La tarde anterior se había comportado como un auténtico imbécil. Mira que desconfiar de Sakura. ¡Y encima con Rukawa! Si éste ya tenía razón. Era un auténtico do'aho. Pero es que lo había visto tan claro. Esas miradas cómplices. Los secretos y las confidencias. Cualquiera en su situación hubiera pensado lo mismo. No, cualquiera no. Sólo yo. Dejó escapar un suspiro. ¿Pero cómo pudo llegar a desconfiar de ellos? Por mucho que lo pensara no entendía como pudo hacerlo. Alguien me lo dijo. Era eso. Alguien le había hablado de la estrecha relación de Rukawa y Sakura. ¿Quién fue? ... ¡Las cartas! Sí. Todo empezó con las cartas que su admiradora le enviaba. ¿Cómo pudo ser tan imbécil como para dejarse manipular por alguien que ni siquiera conocía? Y es que le había hecho tan feliz saber que tenía una admiradora. La vanidad y el ego le habían ganado.
-¡Hanamichi!- el pelirrojo saltó con el grito de su amigo.
-¡Youhei! No te acerques sin hacer ruido.
-Pero si hace rato que te estoy llamando.
Los dos siguieron caminando en silencio.
-Youhei- dijo serio el pelirrojo -¿Has notado distinto a Rukawa últimamente?
El chico se extrañó. El que ha estado distinto eres tú. Pero algo le dijo que sería mejor responder la pregunta. –Ahora que lo dices... parece más feliz. Quien sabe. A lo menor se ha enamorado- bromeó. -¿Por qué lo preguntas?
-Por nada.
Entre clase y clase Rukawa no se reunió con la gundam como era ya costumbre. A Hanamichi no le extrañó. Después de lo de ayer era normal que no quisiera verle. Por eso se tragó su orgullo y a la hora del almuerzo se dirigió hacia la azotea donde seguro lo encontraría. Tenía que disculparse. Después de todo, equivocarse es humano y rectificarse de sabios. Y él era un tensai. Como lo suponía allí estaba. Se acercó a él, pero el moreno no se dio cuenta de su presencia hasta que se colocó frente suyo.
-Rukwa- balbuceó.
Este suspiró quitándose los auriculares. –Me tapas el sol, doa'ho.
Sakuragi iba a protestar, pero prefirió callarse. No había ido a pelear. –Yo... eto...- el más bajo lo miró divertido, aunque no lo demostrara. Ver a Hanamichi Sakuragi disculparse es de lo que dice "tengo que verlo para creerlo". –Yo... verás...
-No tengo todo el día- y lo estaba disfrutando.
-¡Calla kitsune que me desconcentras!- una gota cayó de la cabeza de Rukawa. –Creo que ayer me pasé. No debí comportarme así. Y meno aún pegarte.- hizo una pausa para coger aire. -¿Me perdonas?
-No.
-¿Cómo¡Eres un engreído¡Qué quieres¡Qué me arrodille?
Rukawa pensó en esa posibilidad, pero no tenía ninguna cámara de vídeo a mano para grabar la escena. –No hasta que me des una explicación.- y tanto que lo estaba disfrutando.
El pelirrojo se sonrojó. –Estaba celoso.
-¿Qué?- lo había dicho tan flojo que no le escuchó.
-Queestabaceloso.
-Doa'ho.
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Ya era tarde y no quedaba nadie en la escuela. Haruko se acercó a la taquilla del pelirrojo. En su mano llevaba otra carta para él. Se llevó una gran sorpresa cuando al abrir el taquillero descubrió una carta. Emocionada la cogió. "Para mi admiradora" . Una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
-Nunca me había respondido.- nerviosa abrió el sobre. Pero su felicidad duró poco al leer su contenido.
"Déjame en paz."
Un grito y un portazo rompió el silencio.
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El equipo de Shohoku ultimaba los detalles en el vestuario antes de salir a la cancha. Ese día jugaban contra Miudarai.
En las gradas los espectadores ya habían ocupado sus asientos. En primera fila, y como ya era habitual, se encontraba la gundam, Sakura, Fugi, Matsui y Aota, cumpliendo la apuesta que perdió meses atrás.
-¿Haruko no viene con nosotros?- preguntó Youhei a la de pelo corto.
-No. Hoy ayudará a Ayako.
El grupo empezó a hablar de cómo la chica ya había empezado a preparase para ser la nueva manager del equipo una vez su sempai se hubiese graduado. Conversación que a cierta chica de pelo largo no le interesaba para nada. Así que centró su atención en algo más interesante. Los jugadores aún no habían salido pero en las gradas había bastante ambiente, y era divertido ver a las personas buscando un buen sitio para sentarse.
-¡Kudo!- gritó la chica haciendo gestos con los brazos. -¡Siéntate con nosotros!
El chico se fijó en que tenía la atención de los compañeros de la chica. –No quisiera molestar.
-Que va. Si nos sobra un sitio. ¿A qué si?- el resto asintió y dejaron el asiento contiguo a la chica para que se sentara el desconocido.
-Shûichi Kudo- se presentó.
-Sakura Matsumoto. Pero llámame Sakura. Me han hablado tanto de ti que es como si ya te conociera.
-Lo mismo digo.- ambos rieron.
Un gran alboroto se escuchó cuando los dos equipos salieron a la cancha. Shûichi se sentía nervioso. Era la primera vez que vería a Kaede en un partido. El juego empezó y pronto pudo comprobar lo buen jugador que era, al igual que la potencia de los pulmones de su ejército de animadoras tras hacer su primera canasta.
-Hoy has jugado mejor que nunca Rukawa.- el partido había acabado con un marcador más que favorable para Shohoku. El moreno respondió con un escueto gracias al halago de su capitán. Se acabó de arreglar el pelo y se miró al espejo. Tejanos negros, jersey azul con mangas también negras, la bolsa al hombro y listo.
-JeJe. Hoy si que te arreglas kitsune ¿por qué será?- rió dándole golpecitos con el codo. Rukawa no respondió. Simplemente se sonrojó.
Fuera del vestuario...
-¿Sabes quién es Youhei?- preguntó el rubio.
-Ni idea. Será un amigo de Sakura.
-¿Se puede saber que susurráis?- la gundam saltó ante la aparición de la mencionada.
-Nada, nada- la chica les miró raro y volvió con el rubio. Ese chico era fascinante. Se acababan de conocer y era como si fueran amigos de toda la vida. Era muy fácil hablar con él, a parte de que había una atmósfera de confianza que lo envolvía. No era de extrañar que hubiera podido derrumbar las barreras de Rukawa.
La puerta del vestuario se abrió dejando paso a Rukawa y a Sakuragi que tenían una conversación muy intelectual.
-Do'aho.
-Teme kitsune. ¿A quién llamas do'aho?
-Ves alguno más?
Sakura suspiró. Había cosas que no cambiaban. –Hay gente esperándoos.
Los dos se miraron y luego a sus respectivas parejas –Ha empezado él.
-Hana / Kaede- dijeron a la vez.
-¿Es amigo tuyo Rukawa?- preguntó Youhei.
-No.- por unos instantes hubo silencio. –Es mi novio.
Unas horas más tarde, el basquetbolista y el exatleta se encontraban en el apartamento del primero. Rukawa había quedado agotado del partido y, ahora sentado entre las piernas de su novio disfrutaba de un masaje que este le hacía y que, de vez en cuando, cambiaba las manos por sus labios.
-Estoy muy feliz- aprovechó su posición para abrazarle por la cintura.
-¿Por?
El rubio le dio un beso en el cuello. –Por presentarme como tu novio.
-Es que lo eres- dijo como si acabara de decir la cosa más obvia del mundo. Se giró y quedó cara a cara con Shûichi, rodeándole la cintura con sus largar piernas. –El próximo sábado- empezó a decir.
-El Día Blanco. ¿Quieres que te regale algo?
-No soy una chica- el mayor se encogió de hombros. –Esa noche hacen una fiesta en el instituto. ¿Te apetece ir?
-¡Claro!- dijo abrazándole más fuerte. El moreno rodeó con sus brazos el cuelo del mayor y acercó su rostro hasta que los labios se unieron.
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La música ya hacía rato que se escuchaba en el gimnasio de Shohoku. Algunos jóvenes bailaban al ritmo de la música, otros bailaban y se reían con sus amigos. Parecía que todo el mundo se lo estaba pasando bien. Después de bailar un rato, la pareja se reunió con sus amigos.
-¿Ya os habéis cansado parejita?- dijo risueño Youhei.
-Bah! Lo que pasa es que no consiguieron pareja- no era la primera vez que Hanamichi les recordaba aquello. Por una vez era él quien podía burlarse del poco éxito de sus amigos con el sexo contrario. –Pero no es de extrañar. Tendrían que aprender de este genio. MUAJAJA Auch!
-Mira que eres bruto- le recriminó Sakura tras darle una colleja. Con la mirada examinó el lugar y a las personas que había en él. Había que reconocer que los clubes encargados de la decoración habían hecho un gran trabajo. Las paredes estaban cubiertas de murales con pinturas del club de arte, sin ningún orden ni temática común. Cada uno había expresado sus sentimientos, ideas e inquietudes en ellas. Por su parte, el club de jardinería había hecho unos arreglos florales magníficos que adornaban algunos lugares del recinto: la larga mesa donde se encontraba la comida y la bebida, el improvisado escenario donde se encontraba el D'J y donde el presidente del consejo de estudiantes había hecho un breve discurso, y los rincones del gimnasio. Pero donde verdaderamente se habían lucido era en la arcada de flores que habían puesto en la entrada del edificio. Flores blancas, azules y rosas, que eran también los colores que predominaban en la decoración. Telas, diversos tipos de papel y globos. Una decoración sencilla pero efectiva. Los alumnos también se habían vestido con sus mejores galas para la ocasión. Pero de entre todos los rostros no encontró al de su amigo.
-Kaede aún no ha llegado.
-Siendo él seguro que se ha dormido- bromeó Takamiya. Todos rieron.
-Rukawa ha cambiado mucho. Antes no hablaba con nadie y evitaba a la gente. Recordó Youhei. –Y ahora va a venir a una fiesta con su novio.- todos asintieron. Consciente o inconscientemente esa era una confirmación, una reivindicación de su propio carácter. Ya no importaba lo que dijeran los demás. La máscara de hielo había quedado atrás.
-Eh¡Rukawa por fin llegas!- el grupo se giró hacia donde gritaba el pelirrojo. Y en efecto, por la puerta acababan de entrar Kaede y Shûichi. El moreno tuvo la sensación de que todo el mundo lo miraba, incluso le parecía que se había hecho el silencio. Pero se tranquilizó cuando sintió que una mano cogía la suya. Fuerte. Protectora. Una mirada dulce de su pareja le ayudo a coger confianza que le faltaba. Ya nada importaba si estaban juntos.
-Vamos.
Entre risas, conversaciones y algún que otro baile el grupo pasaba la noche. Okusu, Noma y Takamiya intentaban sin éxito, para burla de sus amigos, hacer bailar a un grupo de chicas. Youhei tuvo más suerte. No por algo era el más responsable de la gundam.
Las luces se suavizaron. Una dulce melodía empezó a sonar. Toki ni ai wa, live versión. Shûichi tendió la mano al menor y, cogidos de esta, se dirigieron al centro de la pista. Por su lado Hanamichi y Sakura hacían lo mismo. Haruko, quien estaba hablando con unas amigas, no perdía de vista ninguna de las dos parejas, sin llegar a decidir cual de las dos le molestaba más.
Los dos cuerpos pegados, moviéndose suavemente al compás de la canción. Eran conscientes que había personas que los miraban. Más a ellos no les importaba. Rukawa se acercó al oído del mayor para decirle algo aquello que quería desde hacía días.
-¿Esta noche te quedas en mi casa?
El rubio lo miró. -¿Seguro?- asintió. –Pues bebe mucha cafeína porque no te voy a dejar dormir.- Rukawa no pudo evitar reír. Un beso los unió.
Sobre la una de la madrugada algunas personas ya empezaban a abandonar el gimnasio, aunque parecía que la fiesta no fuera a acabar por el momento. Suerte que el día siguiente, mejor dicho ese día, era domingo y no había clases. Rukawa y Kudo ya se habían ido. En ese momento Sakura estaba sola ya que Hanamichi estaba con Ryota, quien no sabía si declararse o no a Ayako. Suspiró. -Hay que estar muy desesperado para pedir consejos amorosos a Hanamichi.- se dijo a sí misma. Aunque tampoco lo hacía mal. Aún no entendía como lo habían podido rechazar tantas chicas. -Si es un encanto- Y con una sonrisa recordó el regalo que le había hecho ese día. Una pareja de osos de peluche cosidos por el morro, dando la impresión de que se daban un dulce beso.
-Matsumoto- la chica dejó su ensoñación para observar a la futura manager del equipo de básquet. -¿Podrías venir conmigo? Tengo que decirte algo.
Sakura la miró de arriba a bajo desconfiada. Por mucho que le dijeran que era buena persona, a ella no le caía bien. Era un sentimiento a flor de piel. -¿Y no puedes decírmelo aquí?
-Aquí hay mucha gente- respondió con su mejor cara –Es importante.
Mientras tanto Kaede Rukawa se encontraba en el difícil trabajo de abrir la puerta de su casa. Difícil porque Shûichi Kudo se había apoderado de su cuello aprovechando que lo abrazaba por la espalda. Una vez dentro los dos volvieron a besarse apasionadamente. Descalzarse fue una tarea casi imposible. Las manos buscaban el contacto con la piel bajo la ropa. Entre apasionados besos y mordidas llegaron al dormitorio. Los botones de la camisa de uno fueron separados. El jersey del otro calló al suelo. Una mano traviesa desabrochó el pantalón y se coló bajó sus bóxers. Un gemido callado con un beso. Un pequeño esfuerzo e intercambio de posiciones. Por fin el resto de la ropa calló en la batalla. Ambos se contemplaron un instante para volverse a unir. Unas manos recorriendo cada rincón de su cuerpo. Una boca dejando un rastro de besos y pequeñas mordidas. Una lengua juguetona. Y entre los dos la promesa de ver juntos el amanecer.
-Y bien. ¿Qué querías decirme?- las dos chicas habían salido del gimnasio y ahora se encontraban en la parte trasera del instituto.
-Esta noche hay muchas estrellas- dijo mirando el cielo.
Sakura la miró molesta. –Mira Akagi. Tú no me caes bien y yo no te caigo bien. Así que di lo que sea que no tengo toda la noche.
-No te preocupes. Sólo es una cosa- la chica guardó silencio unos segundo. –Quiero que te alejes de Hanamichi.
Sakura quedó con la boca abierta de la impresión. Había oído mal ¿o le había dicho que se alejara de Hanamichi? Su Hanamichi. Su novio. -¿Qué!
-Que le dejes tranquilo. Él ya no quiere estar contigo.
-¡Quien te crees que eres para decir eso!- la extraña tranquilidad de Haruko la ponía aún más nerviosa.
-No soy nadie. Pero sólo quiero lo mejor para Hanamichi. Y eso no eres tú. Él ya no te quiere.
-Y tú que sabes si me quiere o no. ¿Acaso te lo ha dicho?- la chica rogaba internamente para que no fiera así.
En ese momento, dentro del gimnasio cierto pelirrojo de ojos chocolate buscaba a su acompañante.
-Noma ¿has visto a Sakura?
-Me ha parecido verla salir con Haruko.
Una sensación de alarma se apoderó de su cuerpo. Sin pensarlo dos veces salió corriendo a buscarlas.
-No. No me lo ha dicho- reconoció –Pero si no es así ¿Por qué se ha acostado con migo?
Las palabras se clavaron como puñales en el corazón de Sakura. No era cierto. No podía serlo. –No te creo- la voz le temblaba.
-¿No lo sabías?- dijo irónica -Pues si tanto te quiere¿no tendría que habértelo dicho?
-¡No es verdad!
Haruko sonrió triunfal. -¿Sabes que es esto?- le dijo mostrándole el colgante que llevaba. Sakura lo reconoció de inmediato. –Él me lo dio. Dijo que ya no lo quería. Que lo tirara. Pero me dio pena.- la chica se quitó el collar –Es muy bonito. Y sigue siendo tuyo.- se acercó a la otra chica y tras dárselo siguió caminado. –Si todavía no me crees ¿por qué no le preguntas?
Sakura continuaba inmóvil. Ahora todas las piezas encajaban. La extraña actitud del pelirrojo para con ella. Que no hubieran vuelto a hacer el amor. Con ojos llorosos miró el contenido de su mano. Esa joya le pesaba demasiado.
Después de buscar en varios lugares el chico se dirigió hacia la parte trasera del recinto escolar. Y allí, en medio de la oscuridad distinguió una silueta, de espaldas y completamente inmóvil.
-Sakura- susurró. La chica no contestó. Había llegado tarde. Con pasos inseguros caminó hacia ella.
-No te acerques- su voz había sonado como un ruego.
-Sakura yo...- las palabras no salían de su boca. Pero tampoco sabía que decir.
-Dime que no es verdad.
-... Lo siento- el silencio fue su única respuesta. –Bebí demasiado. Ni siquiera me acuerdo- intentó excusarse –Mírame por favor- cogió la mano de la chica, pero esta se apartó bruscamente.
-No me toques.
-Sakura.
-¡Qué no me toques!
PLAF
Hanamichi se llevó la mano a la mejilla.
-¡Eres un cerdo!- las lágrimas recorrían sin cesar el pálido rostro de la muchacha -¿Cómo has podido! Ojalá... ¡Ojalá que no hubiera regresado!
El chico no fue capaz de esquivar el pequeño objeto que le arrojó. Como tampoco de seguir a la muchacha. La luna apareció de detrás de una nube. Con movimientos pesados se agachó para recoger el colgante. Con la yema de los dedos resiguió la inscripción. Y empezó a llorar.
CONTINUARÁ…
N/A: jajajaja (risa nerviosa) Pues que he vuelto a aparecer. Soy como un fantasma, aparezco y desaparezco sin decir nada. Pero para compensar me ha salido un capítulo extra largo, para ser mío. El otro día releyendo la historia (cosa que aun no había hecho) me di cuenta de que en el primer capítulo Sakura dice que se marchará en seis meses (de ahí el nombre), en marzo. Pero contando bien contado no sería marzo, sino abril (sorry, soy de letras)
Ahora quiero dar las gracias a Elena, Nian, Elian, Kmiloncia, Haruko Sakuragi, Jesús, Rei-chan y Eris por sus reviews en esta historia.
Y a Elena, Nihonko, Nian, Mari, y Lluna kori saishi por los de Dos palabras.
Y también a Julia-chan por sus opiniones.
Hasta otra!
