Soñaré más allá de lo real: II temporada

El regreso

.- Kanae! – Logró entreabrir sus ojos. Colores vistosos cercanos y difusos, sonrisas amplias. No entendía donde estaba.- Oh, Kanae, has vuelto! Has vuelto!

.- Dónde… dónde estoy? -Preguntó cuando su vista logró enfocar a la mujer que la avasallaba con preguntas. La alegría del rostro de la anciana se opacó al oír la pregunta.

.- Es que no recuerdas nada, Kanae? – La chica no supo que responder. Miró al fondo de la estancia, al espejo que la decoraba toscamente. Esa era ella? Kanae… Así que ese era su nombre… le gustó. Kanae.

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Sólo bastaron unos segundos para que sus ojos se acomodaran a la oscuridad. El frío vacío de la pared desnuda estremeció su piel. Se intentó reincorporar, pero desistió en cuanto se dio cuenta que sus articulaciones entumecidas le dolían más que los constantes latidos de su cabeza. Y de nuevo esa extraña sensación, la de haber perdido la noción del tiempo y el espacio, las amargas nauseas. Lo conocía bien, aquello era real y ella estaba en Konan. De nuevo. Le esperaban las candentes llamas crepitando sobre la hoguera, las ocho estrellas reunidas entorno a ella. La invocación. Ante la amenaza de Kutô, debía confiar en el divino poder de Suzako.

Si embargo algo no cuadraba. Ni el frío más glacial del invierno de la ciudad, hubiera calado sus huesos de esa forma. Esperaba oler la densa humedad del bosque más allá de la montaña donde aterrizó la última vez, o el perfume con que el harén del emperador impregnaba su pelo cada noche. Esperaba sentir el confortador abrazo del lecho del palacio. Pero nada de eso. Tan solo vacío y dolor. Una pared mohosa y voces roncas ahogadas.

Tiempo después de que hubiera recuperado la conciencia, unos pasos reposados se acercaron hacia ella. No se atrevió a voltear el rostro, por el dolor seguía mellando en su ser. Pero olía a alcohol amargo, y sus pasos eran zancadas cortas, de piernas separadas, sobre zapatos raídos de piel barata. Mayura cerró los ojos para concentrarse más en el oído, como hacía cuando era pequeña e intentaba averiguar, a través de los pasos ruidosos o estrépitos quien se acercaba a ella. Debía ser de mediana edad, corpulento y, más por intuición que otra cosa, seguramente horrible.

Una mano húmeda se posó sobre su cadera. Acarició el perfil de esta, y la curva de su cintura, hasta posarse sobre su hombro. La joven se limitó a estarse muy quieta, intentando no respirar y cerrando los ojos con más fuerza. El hombre llegó a estar de espaldas contra la pared, quedando de cara a ella y se agachó. La curiosidad pudo más que el instinto de protección en la chica y abrió con decisión los ojos.

Era tal como había imaginado, un tipo barbudo, de ojos negros y pequeños exageradamente separados, una enorme nariz, y el contraste de esta con su minúscula boca, de labios pálidos y carnosos. Constitución robusta, amplias espaldas, moreno de piel y pelo cano.

.- Vaya, vaya.- Gruñó mientras su ebrio de alcohol aliento impactaba contra el rostro de Mayura.- mira quien se ha despertado…

.- Quien eres?- Balbució quedamente, aunque nerviosa.

.- Levántate! – Ordenó secamente. Mayura negó con la cabeza, ya lo había intentado antes, pero todo le dolía demasiado como para ponerse en pie.

.- No… puedo.

El desconocido esbozó una mueca nada complaciente. Volvió a ponerse a la altura de la chica. Su mano áspera acarició bruscamente la mejilla de Mayura, a lo que ella respondió con un gemido de desagrado. El hombre acarició el cabello de Mayura, y luego enredó entre sus dedos mechones de pelo cobrizo. Tiró de este nuevamente, viendo como Mayura cerraba los ojos fuertemente. Sonrió y tiró con más fuerza hasta lograr que la chica quedara de rodillas sobre el suelo. Aquel grito que reprimía se escuchó incluso fuera de aquella fría celda de paredes de piedra gris, alarmando al resto de hombres que custodiaban el lugar.

.- Kouba, que ha pasado? – Exclamó el primero que entró.

.- La princesita – Murmuró con desprecio – que se nos ha despertado.

.- Ha despertado! Y por que no se lo dices al emperador, imbécil?

.- Iba a hacerlo ahora!

.- Y qué le has hecho? Porqué gritaba! Es que no sabes que ella es intocable?

.- Nada! Es una histérica. Yo sólo le ayudaba a ponerse en pie.

El más alto se abrió paso entre todos, mirando fieramente al frente.

.- Aparta.- Empujó al desconocido y quedó frente a Mayura.- Cómo te llamas?.- No obtuvo respuesta por parte de la joven. Se quedó callada mirando al suelo, mientras seguía llorando inconscientemente a causa del agudo dolor que travesaba todo su ser.- HE DICHO QUE CÓMO TE LLAMAS!- Vociferó nervioso mientras empujaba a la chica. Esta, sin fuerzas, cayó hacia atrás susurrando su nombre.

.- Mayura, eh?.- Repitió un chico moreno de ojos verdes que parecía ser el más joven de todos.- Muy bien, Mayura. Pues si te estás quietecita, no te haremos nada. Sólo haznos caso. Levántate!

.- No puedo! – Y volvió a llorar de la impotencia, mientras seguí tendida en el suelo, mugrienta, sucia y helada.

El que anteriormente le había hablado se acercó a ella, y pasando un brazo por detrás de su cadera, y otro tras la espalda. La levante del suelo sin apenas esfuerzo alguno. Con las palabras congeladas en su garganta, se limitó a hacer una mueca de dolor mientras se dejaba llevar.

Subieron por unas infinitas escaleras hasta llegar a un lugar no mucho más iluminado que la celda donde se encontraba. Era una enorme sala tenuemente iluminada por el candor de unas cuantas velas prendidas y prácticamente consumidas alrededor de la habitación. Dejaron caer a Mayura sobre la alfombra que se situaba en medio de la sala. La chica contó, mientras estaba sentada sobre sus rodillas, como cogían sus manos y las ataban fuertemente con cuerdas a su espalda, no las podía mover.

.- Iros!.- La voz grave y viril sonó al fondo de la sala. Los cuatro hombre que la acompañaban, intimidados, no dudaron en abandonar a la chica. Veía su pecho ascender y descender agitado, su piel estremecida, sentía el temblor de sus manos inmovilizadas, de todo su cuerpo. Sentía como el miedo se apoderaba de ella. Sus labios seguían impasibles e indispuestos a hablar. Escuchó dos pasos. Precisos, lentos. Alzó la vista. Una imponente figura vestida con una armadura de metal estaba frente sí. Cerró los ojos y se esforzó en pensar lo que le había hecho mantener el optimismo durante todo aquel tiempo: que todo era un sueño.

.- Mayura, no? – Dijo mientras retiraba un mechón rubio de su cara.- Bienvenida a Seiryuu. Tú y yo tenemos muchas cosas de las que hablar.- Le sonrió mezquinamente mientras Mayura se encogía sobre la alfombra con bordados azules.

To be continued…

N/a: Ok, que tal? Bueno, me he cambiado el nombre pero sigo siendo la misma xD. He tardado un poquito en actualizar, no? Primero fue un problema con Internet, luego un olvido de esta historia, luego una falta de inspiración… Lo siento x 1000 veces, de veras! Sea como sea, prometo que ahora no voy a tardar tanto en actualizar, al fin y al cabo, es una historia que se escribe sola… Bueno, nada más, espero que os haya gustado, que me dejéis reviews y muchísimas gracias a Ryan Kyou Y Sandy 10 y Poly por su apoyo.

Bye, Naru (a partir de ahora Electra xD)