Capítulo 2: ¿Una broma de los Weasley? ¡Mataré a esos gemelos!
-Harry, eres... una niña- dijo Ron casi sin habla.
-¿Niña?- preguntó el muchacho, frustrado, volviéndose al espejo- Yo mas bien diría mujer- terminó horrorizado, clavando su mirada en aquellas relativamente prominentes montañas que habían crecido en su pecho- ¿Qué voy a hacer, Ron?
-Bueno...
-¡¿Y ahora cómo me aparezco en Hogwarts!- exclamó lanzándose en la cama.
-Harry, ten calma...
-¿Cómo quieres que me calme?- preguntó sentándose- Mira como estoy.
-Por lo menos, eres bastante linda- trató de consolarlo su amigo, a lo que el moreno lo fulminó con la mirada.
-Estoy hablando en serio, Ron ¡Mira!- caminó hasta él, le cogió la muñeca y llevó la mano a uno de sus pechos. El pelirrojo retrocedió, perturbado- Ron, tócala y dime que no son de verdad.
-No puedo hacerlo.
-Vamos, maldición, en el fondo soy hombre.
-Pero, Harry...
-Por favor, Ron. Esto puede ser solo una pesadilla.
-Entonces... ¿por qué no te pellizco? Sería más fácil.
-Me dolerá.
-No seas necio.
-Tú sabes, las mujeres son débiles, quizás me duela más de lo que me dolería si fuese hombre. Vamos, Ron, tócala. No te daré una bofetada por eso.
A regañadientes, el pelirrojo de acercó a Harry, estiró la mano hacia delante con los ojos entrecerrados, tocó apenas el seno y la volvió hacia atrás pegando un débil salto.
-Ya está. Si, es de verdad.
-Ron, ni la sentiste.
-¡Oh, vete al demonio, Harry!
-Está bien, está bien...- miró su pecho, elevó la mano derecha y lo tanteó- ¡No, esta mal!
La puerta sonó de repente...
-¿Qué hago Ron, que hago?- preguntó Harry en un susurro sacudiendo a su amigo.
-Ehh...
-Ay, qué lento eres- lo maldijo el moreno lanzándose debajo de la cama.
-¿Quién es?
-Yo, Ginny.
-Ah, pasa- Harry sacudió la cabeza en señal de desaprobación. Ron, por su parte, ni se dio cuenta.
-Mamá quiere que bajen a desayunar. Los está llamando desde... ¿dónde está Harry?
-En... en el baño.
-Yo acabo de salir de él.
-Eh... sí, bueno, Harry se fue al baño pero ya volvió.
-¿Y donde está?- inquirió Ginny perdiendo la paciencia- ¡Ah, allí estás!- exclamó. Harry encogió las piernas. No se había dado cuenta de que podían llegar a verlas desde la puerta.
-No, no está.
-Ron, acabo de ver su pie debajo de la cama.
-Eh... es que se le cayó una media y...
Ginny caminó hacia la cama dispuesta a agacharse...
-Harry ¿recibiste la...?
-¡No!- interrumpió su hermano poniéndose entre ella y la cama.
-¿Qué te pasa ahora?
-Eh... es que... Harry está desnudo- susurró el pelirrojo. Ginny retrocedió. Harry tuvo ganas de que se lo trague la tierra- No... creo que quieras verlo... bueno... es falta de educación y... bueno... ¡bueno, por qué ya no te vas ¿quieres!
La muchacha lo miró entre asustada y desconfiada y corrió hacia la puerta más rápido de lo que ameritaba la situación.
-Listo, puedes salir- avisó Ron cerrando la puerta.
-¿Desnudo?- preguntó el moreno mirándolo con en ceño fruncido mientras salía de su escondite.
-Bueno, fue lo que primero se me ocurrió.
De repente quedó helado. Ron lo observó fijamente. Él le devolvió la mirada... y salió corriendo de la habitación.
Un grito se escuchó a lo lejos.
Un grito de mujer.
Un grito de Harry.
Ron abrió la puerta de su habitación para ir a callarlo, pero chocó con el moreno que apresuradamente volvió a entrar en la recamara.
-¿Estas loco para gritar así con esa voz?- le recriminó a su amigo.
-Ron...- clamó el muchacho casi sin aire-... no lo tengo.
-¿Qué?
-No lo tengo...- repitió señalando asustado su pubis- ¡No está, Ron, no está!
-Ya, ya cálmate...- pidió el pelirrojo cogiéndolo de los hombros.
-Ron...- dijo el muchacho mirando a su amigo con los ojos fuera de sus órbitas- ... debemos hacer algo. No puedo quedarme así.
-Sé que no, compañero- respondió el pelirrojo- Vamos, toma asiento... y relájate- aconsejó llevándolo hasta la cama. Harry se sentó aun con la mirada clavada en un horizonte perdido- ¿Sabes cómo pasó?
-No, no tengo ni la menor idea...- Harry levantó la vista y miró desconfiadamente a su camarada- No te habrás equivocado de pastilla anoche ¿no?
-¡No!- exclamó el pelirrojo ofendido- No, estoy seguro que no. Además ¿para qué querrían en mi familia unas pastillas...?- su mirada se juntó lentamente con la de Harry.
Ambos parecían decirse lo mismo sin palabras.
-Fred y George- susurraron al unísono.
