.. Título: Sueños en Munich..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..
.. Capítulo 2: Palos de Ciego


Nunca entendí nada.

Cuando pensé que la vida no podía ser más cruel, te conocí.

Bajaba del tren que me había llevado a Transilvania. Había sido un viaje largo desde Munich y con muchas escalas, pero no me sentía cansado: me acostumbré a viajar durante los cuatro años previos. Mientras consultaba un plano que había adquirido para encontrar el lugar donde se encontraba el estudiante Oberth, a quien yo buscaba para aprender con él todo acerca de unas máquinas que tenían el propósito de elevarse hacia el espacio, volví a pensar en Al por vigésima vez aquel día. Lo extrañaba mucho, a pesar de estar tan sólo un par de semanas lejos de él, no estaba acostumbrado a su ausencia. Levanté la vista del plano un momento para ubicarme y lo vi. Estaba de espaldas a mí, hablando con un empleado. ¿Me estaría buscando? Me froté los ojos, mas lo que por un instante creí ilusión no se desvaneció.

"Alphonse... ¡Alphonse! .¡Alphonse!"

Me puse eufórico como pocas veces en mi vida, y corrí todo lo que mis piernas me lo permitían, sosteniendo malamente las lágrimas de emoción. Lo abracé con fuerza, temiendo que escapase de nuevo. Pero cuando me miró con ojos confusos y me permití observar con calma a mi hermano descubrí que no era él. Los ojos verde oscuro de Al se habían transformado en azul turquesa, y sus cabellos castaño claro ahora eran rubio pálido, al igual que su piel. Me separé del extraño, de ti, tragándome la decepción y te pedí disculpas mientras me iba. Cualquier otra persona hubiese sentido vergüenza, pero el dolor tan grande que se ahondaba en mi pecho no le dejaba cabida. Las lágrimas se habían deslizado traicioneras por mis mejillas, pero me apresuré a secarlas. Sentía tu extrañada mirada clavarse en mi espalda a medida que me alejaba. El parecido era tal...

De pronto, una tos frenética me sacó de mis hirientes pensamientos: te inclinabas ligeramente sujetándote el pecho y tapándote la boca. De pronto parecías tan enfermo, tan débil... Mi mente, aunque sabía la verdad, no dejó de angustiarme con la imagen de mi hermano ahogándose con la falta de aire que le producía ejercer ese gesto. Deshice mi camino y volví junto a ti, poniéndote una mano en el hombro cuando pensé que te ahogarías en un acto reflejo de retener tu alma dentro de tu cuerpo, por más estúpido que pueda sonar. Me miraste con esos ojos azules, cristalinos por la carencia de oxigeno y el esfuerzo. Te pregunté, casi inocentemente, si te encontrabas bien y asentiste con una sonrisa, en un acto hipócrita por tu parte.

"¿Cómo sabes mi nombre?"

Cuando formulaste esta pregunta, no daba crédito. No podía ser que la vida tuviese tantas ganas de joder, sencillamente no podía ser. Mostrándote mi ignorancia, finalmente te presentaste.

"Me llamo Alphonse Heiderich."

Y mi inmediato pensamiento al respecto fue -'Sí podía, y lo ha hecho la gran hija de perra.'- Vi tu mano extendida hacia mí y la estreché mientras me presentaba. Sin querer murmuré mi asombro por las coincidencias. Entonces recaí en aquello que aprendí en mi pequeño primer viaje hacia este mundo: si existes allí, aquí hay alguien muy similar a ti, y el chico que se asemejaba a mí murió para que yo pudiese regresar. ¿Significaba aquello que alguien debía morir para que volviese a casa de nuevo?

Una coincidencia más, como tantas en las que no creía, era que ambos nos dirigíamos hacia el mismo lugar, a buscar al mismo tipo y a realizar la misma función. Demasiado irónico para mí, pero tú parecías feliz. Cuando comenzamos a ver planos, a estudiar estructuras, funcionamientos... me sentí como un niño al que le compran un juguete nuevo: quería tocar, ver, crear, explorar, estudiarlo todo. Estaba emocionado con la posibilidad de volver. Al no quedar nada más para nosotros en Transilvania, volvimos a Munich, donde comenzamos a vivir juntos en tu apartamento. Muchas veces te pregunté si no suponía una molestia para ti, y me regañabas cuando lo hacía.

Me dolía mucho que nunca creyeses mis hazañas, ni siquiera en la existencia de Al. Y cuando me insinuabas que sólo era un loco contando estupideces, me sumergía en la amargura y muchas veces me llegué a preguntar si realmente todo aquello fue real. A veces incluso lloraba en mi cuarto de la rabia, y tú aparecías siempre, me abrazabas sin mentar palabra, me dejabas llorar en tu regazo llamando a gritos a mi hermano.

Cuando me contaste todo acerca de tu enfermedad de nuevo odié tu hipocresía. Realmente estabas muy mal y tú sonreías y decías que sólo era un "resfriado constante". ¿A quién pretendías engañar? .¿Al Edward niño que nunca conociste, al loco o a mí?

En una de aquellas noches en las que simplemente yacía estirado sobre mi cama con la luz de la luna como única iluminación, pensando en todo lo que tú llamabas fantasías, te colaste en mi habitación. Al verte entrar me incorporé para recibirte con una sonrisa. Para nada pude esperar que te acercases peligrosamente a mí; tus labios rompieron la distancia que los separaba de los míos. Me alejé. Y mirando el suelo me pregunté -'¿Realmente quién quieres que te bese? .¿Él o tu hermano?'- y me respondí -'No lo sé...'-

"¿Por qué?"- te oí protestar. Y en mi cabeza otra voz gritaba -'¿Por qué no?'-.

"... No lo sé, Alphonse..."- murmuré, más para el cuello de mi camisa que para ti.

Sentí tus manos haciendo fuerza en mis hombros para obligarme a mirarte, y cuando lo conseguiste, apenas pudiste mencionar mi nombre: volvías a perder fragmentos de alma entre aquellas horribles toses. -'La enfermedad me lo roba'- pensé sin querer. Me comencé a asustar de mis propios pensamientos, en los que ya te hallaba más a ti que al resto de mi mundo, y sé que comencé a actuar con indiferencia hacia todo para evitar tomarte aún más cariño. Algún día volvería a casa y no quería que el adiós doliese. Y, aún así, tus esfuerzos por sacarme de mi pequeño universo no cesaron.

Te hablé de mi encuentro con Al y tu expresión no fue ni mucho menos de alegría. Te molestó profundamente, aunque luego mostraste tu ya típica sonrisa falsa y te marchaste. El Alphonse Heiderich que era todo amabilidad se fue y no pretendía volver. Le dolía tanto como a mí saber que el adiós nos esperaba a la vuelta de la esquina. Incluso cuando quise advertirte de los propósitos de tu jefe sólo recibí un empujón. Sé que el golpe contra las escaleras no me dolió tanto como a ti hacerlo, como tampoco sabes lo que me desgarró el alma ver que, cuando apartabas la mano de tu boca después de toser, ésta estaba bañada en sangre, de la misma que caía por tu mentón.

"No tengo tiempo. Este es mi mundo. Quiero dejar una prueba de que estuve vivo."- excusas, excusas, .¡siempre malditas excusas!

Se desencadenaron los sucesos previstos, con Noah de por medio. Al recuperarme del balazo, ya estaba completamente sujeto al asiento de uno de los pequeños proyectos de lo que pretendía ser la "prueba de que has estado vivo". Me lo regalaste para que pudiese cumplir mi sueño. Te despediste de mí, haciéndome comprender lo mal que lo habías pasado, diciéndome que no existimos en mi sueño. Fui un egoísta y no lo quise ver hasta aquel momento. Sentí tus manos apretar la mía mientras mirabas mis ojos fijamente con una sonrisa totalmente real.

"No me olvides".

E hiciste despegar el cohete sin esperar respuesta alguna. Te llamé, tratando que detuvieses aquella locura, pero me ignoraste. Realizaste mi sueño. Y una vez en casa, comprendí que no podía desear que mi hermano me amase como yo a él; como tú a mí. Cuando lo vi estaba junto a Winry, quien siempre sospeché que estaba enamorada de Al, y seguramente estarían juntos. ¿Quien era yo para meter baza ahí? Fui feliz al ver que había crecido, al saber que estaba vivo... Pero de nuevo quería volver contigo y dejar tranquilo al retal de familia que me quedaba. Con la excusa de destruir la puerta, regresé... Y te encontré tirado en el suelo con un agujero de bala, cubierto de sangre.

¿Acaso había vuelto para nada? Una vez consciente de la dolorosa realidad que suponía abandonar el sueño de ser amado por mi hermano, .¿ahora la vida me negaba esto también? Tenía asumido que te marchitarías como una flor, poco a poco, entre tos y tos... Pero no así... Noah, quien te había dejado cuidadosamente en el suelo, consciente de mi shock, me preguntó por qué había vuelto.

"... Me pregunto por qué."- respondí, ausente. Por qué debía ser siempre así, cerca y lejos. Siempre y nunca. Infelicidad eterna. ¿Por qué?

"Ibas a destruir la puerta, niisan."- me habló una armadura que llevaba a mi verdadero hermano oculto en su interior."Yo sólo quiero estar contigo."- dijo más tarde.

Por una vez, la vida tuvo compasión de mí.

A palos de ciego aprendí que el verdadero amor lleva a locura.
Tú moriste por mí, por amor.
Al abandonó su vida por mí, por amor.
Y yo...
Regresé por Al, regresé por ti. Regresé siempre por amor...
Y ahora, vivo por Al, vivo por ti... Para que los sacrificios no sean en vano.
Por amor, vivo por los tres, porque nunca te voy a olvidar.