CAPITULO III
"P r e l u d i o I: Semana"
~ 1:00 de la tarde... ~
-Esta vez se le pasó la mano... - pensó la chica rubia acomodándose en su pupitre.
Hacía un largo rato, el Campus se había transformado en un verdadero Manicomio gracias al "temblorcito" de Trunks. "¡¿Temblorcito?!, ¡Por Kami!, ¡Terremoto!", le había gritado ella mientras alumnos histéricos corrían por su lado, creyendo que se les caía el mundo. Y en medio de ese pandemonium, el muy... sólo había tenido la decencia de contestarle con un "¡uops!".
- Oh, maravillosa respuesta, Trunks kun - masculló con una sonrisa. Típica mentalidad de un sayajin. Sólo a ella se le podía ocurrir el pedirles ayuda. Y empezó a reír ante el desconcierto de sus condiscípulos. A la próxima pediría que alguien le recordara no volver a hacerlo.
- Supongo que hasta ahora ha salido del shock - habló una chica de trenza mirando a su compañero de al lado.
- ¿Tú crees?, estamos hablando de Maron - contestó este.
Y es que Maron, a pesar de su carácter suave y algo distraído, no era una chica frágil y asustadiza. Era sin duda una persona amable, querida por sus amigos. Sin embargo, capaz de mantener la sangre fría en los momentos difíciles y hacer gala de una voluntad férrea para acometer empresas aparentemente imposibles. Su madre le bromeaba, que esa característica, sin duda la había heredado de su padre.
- Bien, bien, muchachos, sólo ha sido un temblor leve - habló la catedrática entrando al salón y llamando la atención de los estudiantes. - Así que no hay pretextos...
- O claaaro, qué "leve", taaaan "leve" que suspendieron clases hasta ahora. - masculló sarcásticamente un chico de ropas negras. Sacándole risitas a unos cuantos.
- .... saquen lápiz y borrador, no quiero ningún libro o libreta encima. O me veré obligada a suspenderles el examen. ¡ah! y NO copiar.
- ¡Ack! ¡¿Por qué no fue un terremoto?! - se oyó una voz quejumbrosa al fondo del salón, haciendo estallar la carcajada que finalmente hizo desaparecer el ultimo rastro de tensión.
Maron creía que se iba a morir de un ataque de risa imaginando la cara que pondría Trunks cuando le dijera que tenía un cliente insatisfecho.
- Porque no tiene tan buena suerte, señor Kudou - respondió de vuelta la profesora.
Quince minutos después, el salón se sumía en el silencio.
~ A kilómetros de ahí. ~
Una nube dorada surcaba los cielos a gran velocidad, llevando consigo a una pareja. La mujer de cabello azabache, miraba el horizonte fascinada, mientras su largo cabello oscuro hondeaba furiosamente al aire, apenas contenido por una cintilla roja.
- Hacía tiempo que no subía a ella, pensé que ya no podría - habló volteando hacia su compañero.
- ¿Uh?, ¿Por qué? - preguntó el Sayajin sinceramente desconcertado.
- Es que... con todo lo que ha pasado, y yo... bueno... tú sabes, no hice cosas que pudieran llamarse buenas, mas bien creo que fui muy injusta. - dijo bajando la cabeza.
- Preocuparse por los que quieres no te hacen una mala persona. - contestó Goku dedicándole una sonrisa. - Y eso, lo sabemos la nube y yo.
Chichi no pudo más que devolverle aquella sonrisa franca. Era bueno que, después de tanto tiempo, al fin el mundo se lo hubiera devuelto. Le había hecho tanta falta.
- Gracias... - musitó con una suave sonrisa.
- De qué - contestó él sonriéndole de la misma forma; pensando en lo que le encantaba verla sonreír.
Pronto divisaron la enorme mancha urbana que se extendía por el valle. Habían llegado a la enorme capital del Este.
- ¡Mira Chichi, ya estamos llegando!, ¿Cómo crees que les este yendo los chicos? - dijo Goku de improviso.
- No lo sé, por Kami espero que Uub y Pan no se metan en líos, creo que deberíamos pasar al colegio de los niños. Sin embargo, Uub me preocupa más, ¡es su primer día de colegio! ¿y qué si pasa algo?, ¡debí dejarle una lista de cómo debía comportarse o pedirle a Pan que lo vigilara!, ¡si algo llegara a pasar, no quiero imaginármelo!
- Chichi - reconvino Goku - ¡calma!
- ¡Lo sé, lo sé, pero una precaución nunca está de más!
Goku sintió una gota de sudor correrle por la cabeza.
- Y Uub necesita una vida de niño normal - continuó - ¡no voy a permitir que sea rechazado!, ¡Por Kami, se le rompería el corazón!
- ¡Calma, no exageres!
Grave error, Goku perdió los colores cuando su esposa lo encaró con aquella temible mirada.
- ¡Que no exagere, que no exagere! - chilló su esposa, más enojada - ¡los niños son muy fuertes!, y ¡los estudios son muy importantes!, Uub necesita estudiar mucho para tener oportunidades en su vida y ayudar a sus padres y hermanos. ¡Tiene que dar el ejemplo! - puntualizó.
- Yo y mi bocota - suspiró Goku.
- ¿Decías?
El sayajin carraspeó nerviosamente, sin embargo decidió enfrentar a su mayor miedo.
- Bueno, creo que no está bien - admitió el hombre, pidiéndole a Dende con todas sus fuerzas, que ella no se enfureciera más - Uub se sentiría muy mal si lo fueses a vigilar el primer día de clases - dijo con toda la calma que tenía.
Chichi relajó el rostro al oír eso, su esposo tenía razón, recordaba lo mal que le había sentado a Gohan que ella desconfiara de él, de esa manera, sólo por ser Sayajin.
- Tienes razón - contestó después de unos minutos - Creo que no puedo evitarlo - agregó con una débil sonrisa.
- Lo sé, pero vamos, no entristezcas, no lo dije para hacerte sentir mal.
- Soy una preocupona sin remedio - replicó soltando una risa, que relajó visiblemente al sayajin.
- Bien, ¿a dónde vamos primero?
- ¡Ah, sí!, vamos por las compras, me hacen falta muchas cosas para el día de campo. ¡Qué ganas tengo de que ya sea Domingo! - exclamó - sé que nos divertiremos mucho, y en el pueblo cercano habrá una gran feria. Lime habló ayer por teléfono y me lo dijo, será después del eclipse; así que podremos asistir a la celebración de Fuegos Artificiales - comentó emocionada como una niña.
- ¡Los chicos estarán encantados!
- ¡Sí!
- Mira, bajemos ahí - espetó Goku, señalando una callejuela vacía.
Instantes después la nube descendía suavemente, dejando a sus dos pasajeros en tierra firme. Goku agitó el brazo mientras la nube se perdía en la lejanía.
- ¡Vamos Goku, recuerda que todavía tenemos que ir a Corporación Cápsula!
- ¡Voy! - y se emparejó con ella, tomándola del brazo - ¡Me muero por entrenar un rato con Vegeta!, hace tiempo que no lo hacemos - agregó emocionado.
Chichi no pudo más que reír.
- Ay, Goku, nunca vas a cambiar.
Pronto se internaron entre la multitud de transeúntes que a esas horas ya llenaban la ciudad. La capital jamás dejaría de maravillarlos con todos sus adelantos tecnológicos, pensaron mientras alzaban la vista para ver las pantallas gigantes llenas de coloridos anuncios y los coches que pasaban como un zumbido sobre sus cabezas por aquellos tubos transparentes.
Cruzaron la ancha calle con un grupo de peatones, hacia una de las tiendas más grandes y modernas de la capital. A su lado, caminaban personas de las más distintas razas. Como lagartos de formas humanoides, gentes de pieles de todos los colores y trajes estrafalarios.
Delante de ellos, un hombretón de piel negra y orejas largas llenas de aretes dorados, tapaba todo su campo visual, siendo incluso más alto y fornido que el propio Goku.
- Piccoro pasaría fácilmente desapercibido en este lugar - observó Chichi, divertida.
Goku por su parte, vio a un grupo de chicos con aspecto de "rebeldes", como les llamaba Chichi, entrar en ese momento a una tienda cuyo anuncio decía "Tatoo" en letras de formas psicodélicas.
Vaya que sí su amigo pasaría desapercibido, pensó, mientras se introducían al centro comercial, sintiendo el aire acondicionado ponerles la piel de gallina.
Era un lugar muy bonito que siempre les había gustado. Tenía por techo un domo transparente que dejaba ver el cielo y el gran bosque que contenía en el interior; les recordaba el de Paozu Yama.
Sus hijos les decían medio en broma, medio en serio, que sin necesidad del ki sabrían que cuando estaban de compras en la capital, era 100% seguro encontrarlos aquí. Algo que ninguno de los dos negaba.
Y con esos pensamientos, se dirigieron a las tiendas, había demasiado por comprar.
Durante un par de horas, todos los que estuvieron ahí, pudieron ver pasar a un simpático matrimonio, de edad madura que no paraba de moverse, hablar y curiosear todo aquello que fuera digno de llamar su atención, como si de un par de jóvenes se tratase. Comprando aquí y allá toda suerte cosas. Al parecer iban a tener fiesta, a juzgar por la cantidad de comida que llevaban, como para alimentar a un pequeño regimiento.
Al fin salieron de una de las últimas tiendas, con un buen cargamento de cosas que Chichi guardó de nuevo en la pequeña cápsula que llevaba en el bolso.
- Esas cápsulas nunca dejaran de sorprenderme. - comentó Goku, viendo desaparecer todo su cargamento.
- Ni a mí, no cabe duda que el padre de Bulma es todo un genio, nada de andar cargando paquetes.- contestó ella.
- Sí, ¡fiu! - e hizo un gesto de alivio que les sacó una carcajada.
- "Es el evento del año... raras veces hemos visto a la comunidad científica tan interesada..."
- "Sí, aunque demasiado publicitado...."
- "Qué más se podía esperar Ham, lo insólito no se puede ignorar y...
Goku parpadeó levemente y desvió la vista hacia donde se oían las voces, una enorme televisión exhibida en el aparador de la Tienda de electrónicos mostraba el noticiario de la tarde.
- Vaya, siguen con lo mismo - comentó Chichi algo aburrida.
Sin embargo, lo que decían aquellas voces había llamado poderosamente la atención de Goku; quien ignorando el comentario de su esposa, se dirigió hacia la tienda.
- "... Sí, es bastante extraño como lo has dicho, aunque sostengo que están haciendo mucho escándalo..."
- "Quizá, pero según declaraciones de Astrónomos de todo el mundo, no hay registro alguno de que esta Anomalía se haya manifestado antes... en absoluto"
- "... eso tengo que admitirlo... la verdad, es algo desconcertante."
- ¿Goku?
El Sayajin ya no escuchaba, sin prestarle atención siguió caminando lentamente hasta situarse en el aparador, donde otras dos personas también miraban atentas.
- "Quizá vuelva a su curso normal, después del evento... es posible"
- "Sí, a lo mejor, no queda más que estar atentos."
La mujer resopló un poco molesta y cruzó los brazos; de seguro ya estaba de nuevo con esas ideas, 'sayajines', pensó. Por una parte no podía culparle, con tres amenazas al planeta en su haber, cualquiera se pondría paranoico. Pero jamás tan paranoicos como su esposo y el de Bulma. Algo que a veces resultaba chocante.
Resignación, resignación, se repitió a sí misma. Aunque verle así, también la ponía de nervios y de malas. No quería que nada arruinara su maravilloso día de campo. Porque "¡Ay! de aquel que se atreviera, iba a saber quien quién era ella"
- Doume, doume.... un dinheiro... escuridão.... coisas.... Dizrei a você.
Chichi volteó rápidamente al oír aquel canto a sus espaldas, y sus ojos toparon con un vagabundo sentado, con las piernas cruzadas a la orilla del pequeño bosque interior.
No reconocía el idioma, aunque en el planeta se hablaban doscientos, sin contar la lengua común, dominada por toda la población. Pero incluso su tono le era desconocido, no había en él la fiera vehemencia de los habitantes del Norte, ni la suave y serena cadencia de su propia gente, en la parte Este. Forzó su memoria, pero tampoco encontró el desenfado tranquilo de la gente del Oeste. Aunque oyéndolo bien, recordaba vagamente la pasión contenida de la gente del Sur.
Y además, había en ese canto, algo hermoso y sobrenatural.
Sintió curiosidad y no pudo evitar mirarlo detenidamente; tenía la cabeza gacha, cubierta por una capucha sucia y raída, dejando ver apenas su puntiaguda nariz. Debía ser un anciano, dedujo por el tono cansado de su voz y sus huesudas manos llenas de manchones.
Miró sus demás ropas, en el mismo lamentable estado, los pantalones además tenían rotos y los pies estaban desnudos.
¿Cómo había llegado ahí?, no recordaba haberlo visto cuando entraron. Miró de reojo, Goku continuaba hipnotizado por las noticias y al volverse, su curiosidad se había vuelto extrañamente irresistible y se acercó al vagabundo, sin quitarle la vista de encima, hasta hallarse a unos cuantos pasos de él.
Sin más, el viejo extendió la mano temblorosa y le pidió una moneda.
- Moneda... cosas, le diré.
Parpadeó, esa era la lengua común. ¿Habría oído mal hacía un instante?
- ¿Es adivino?
- No, mejor... verdad digo... cosas que pasarán.
- Bueno, eso lo hacen los adivinos.
- No, no - murmuró moviendo la cabeza, sin levantarla - adivinos, adivinan... no yo ... yo digo verdad.
Sintió que un escalofrío la recorría, y sin embargo, metió la mano automáticamente en su monedero y sacó dos monedas de 10 zenis, dejándolas caer sobre sus manos. El hombre suspiró y guardó el dinero. Chichi miró expectante y lentamente lo vio alzar la vista, hasta mostrarle, sus ojos...
- 'Ele ja esta aqui'
Un súbito espanto la invadió al oír esa frase. Mientras sentía algo mojado y caliente bajarle por las mejillas.
Goku sintió un escalofrío al oír el grito y al darse la vuelta, se topó con una visión que casi lo dejó paralizado.
- ¡Chichi!
Inconsciente, con el pelo desparramado en el blanco piso y la cara bañada en sangre, estaba su esposa. Mientras que en el borde del bosque dos monedas de 10 zenis, yacían abandonadas.
Eran enemigos porque habían nacido como tales. De no haberlo sido, le hubiese parecido apuesto e incluso agradable. Pero no era así.
Tenía la cara bañada en sangre, la mitad de su traje de batalla había desaparecido mostrando la mitad de sus senos desnudos. Y el responsable de su estado era precisamente él. Se permitió sonreírle torvamente, no le había salido gratis pensó, al verlo frente a ella, con un enorme corte cruzándole la cara y el cabello completamente sucio. Su vestuario, consistente en un faldón negro, dejaba al descubierto su oscuro torso, lleno de profundas heridas y arañazos, cortesía de ella.
Debajo de sus pies la enorme cávala brillaba, a su alrededor el cielo ya no parecía cielo, y el mundo ya no parecía tal; más bien era una dimensión deformada y extraña a causa de ellos.
Millones de almas habían sido devoradas, y otras tantas habían conocido la salvación. ¿Cuántos mundos había engullido desde entonces?, ¿Cuántos había recuperado?, ya no se recordaba. Se estaba haciendo una batalla larga.
Cuerpos insignificantes en comparación con el universo.
Y tenían la capacidad de destruirlo.
- De nuevo aquí, ¿verdad, querida?
- Sí, de nuevo aquí.
- Ven a mí...
- Conoces mi respuesta.
- Pero tienes un deseo, también lo conozco, ¿qué te impide ser egoísta?
- Mi amor a la vida.
Lo oyó reír fuertemente, con burla y odio. Su rostro cambió, abandonando la sonrisa.
- Detesto a tus creadores, tanto como te detesto a ti y sin embargo eres más cercana. Me enferma ver tanto poder en alguien que se deja manejar como un títere - contestó con helada furia.
- Piensa lo que quieras - siseó ella con desprecio.
- Porque sabes que no miento - espetó con vehemencia. - ¡¿por qué los escuchas?!, ¡¿Por qué te empeñas en sufrir así?!, tú, señora de vidas y existencias, teniendo el poder de cumplir tu anhelo más profundo.
- ¡CIERRA LA BOCA, INSENSATO!
- ¡Tienes un anhelo!, ¡ERES COMO YO!
- ¡NUNCA, ME OYES, NUNCA!... ¡No me rebajes a tu nivel!, ¡¡yo no soy esclava como tú, de tus deseos y tus anhelos!!, ¡¡Tu egoísmo ha cegado millones de vidas, de seres que tenía derecho a vivir!!
- Ese... es mi anhelo... sabes quién soy, mi nombre lo dice. Y cuando quede yo... ejecutaré el acorde final. - susurró vehemente.
-¡Jamás!
Sus brazos se abrieron en un rápido movimiento y la cávala a sus pies resplandeció con más fuerza, antes de ejecutar el ataque que reanudó la encarnizada batalla.
- ¡Chuva de estrelas!
- ¡Kara ni Suru!
El choque de energía cimbró el planeta entero, llevándose parte de él.
Ninguno de los oponentes abandonó su puesto, no lo necesitaban, la distancia no era obstáculo para dañar al enemigo. La energía se concentró y replegó, danzando a su alrededor repentinamente. Envueltos en sus burbujas de poder, siguieron atacándose.
No más choques de energía, sólo invocaciones tocando sus pieles.
- ¡Kara ni Suru! - rugió de nuevo.
Sintió su cuerpo convulsionarse. Sus ojos azules abriéndose imposiblemente. Sentía como cómo el rojo de la sangre se mezclaba con su cabello, del mismo color. Vio tres, cuatro cortes, colarse en sus brazos, dolían.
Dolían muchas cosas.
- ¿Maron? - oyó a alguien llamándola.
- No se mueve...
No entendía nada, estaba oscuro. Y no sabía nada. Ni quién era o que qué era, o lo que había estado haciendo antes, si acaso había hecho algo.
- Por favor, aléjense, necesita aire, acaba de sufrir un ataque muy violento, vamos Maron, reacciona. - pidió una voz primero autoritaria y ahora suplicante.
Había murmullos a su alrededor, y sintió que estaba sobre una superficie dura y fría.
- ¿Le había pasado esto antes?
- En absoluto, Dra. Vrer, Maron siempre ha sido una chica muy sana - contestó la aguda voz de una adolescente - ¿no es así, Engels?
- Sí, así es Doctora. - esa era la voz de un chico.
- ¡¿Ya vieron las palmas de sus manos?, Por Kami, se enterró las uñas! - chilló la voz de otra chica.
- Ya lo hemos notado, Arial - suspiró la voz con fastidio, que al fin identificó como la de la doctora Durma, su profesora - ¿ya avisaron a la enfermería?
- Sí, ya.
Poco a poco todo se empezó a aclarar y al fin abrió los ojos, cerrándolos inmediatamente al sentir la luz llegarle con inusitada fuerza.
- ¡Maron! - las voces de Frau y Engels le regresaron la conciencia de golpe y supo al fin en dónde estaba.
Sintió la cercanía de sus dos buenos amigos, tomándola y ayudándola a incorporarse.
- ¿Qué... qué pasó? - musitó débilmente, abriendo los ojos.
- ¿No lo recuerdas? - Engels la miraba preocupado.
- No... - murmuró, sintiendo un súbito miedo.
- Te desmayaste y te dieron convulsiones, Maron... empezaste a gritar, cosas, muchas cosas - comenzó Frau, con la preocupación pintada en el rostro. - cosas raras... y luego sólo murmurabas eso.
- ¿Eso, eso qué? - definitivamente, estaba sintiendo más pánico que nunca.
- No pudimos entenderlo, era como otro idioma, algo como e...ja....ta aquí"
La puerta se abrió de golpe, haciendo brincar a toda la clase.
- ¡El doctor y la enfermera ya vienen!
~ Paozu Yama ~
Uub contemplaba desde su ventana, las estrellas que comenzaban a poblar el firmamento, con el rostro moreno descansando entre sus brazos. Era una noche serena de principios de otoño, fresca y apacible, con el murmullo de los enorme árboles que circundaban las dos casas, deleitándole los oídos y el rumor sordo, de una ligera batalla entre Pan y Goten, llevada por encima de los árboles.
Los vio como dos figuras esbeltas y oscuras, moviéndose ágilmente, enlazadas en una danza feroz, a veces proyectados contra la luna. Y sintió deseos de unirse a su batalla.
- Chichi... - el hombre apretó con más fuerza a su mujer contra su pecho.
Ahí estaban de nuevo, sentados en el patio de la casa, mientras miraban a su descendencia pelear en el cielo.
Ella aún llevaba en el rostro las dos benditas que Bulma le había puesto, y verlas ahí, en aquel rostro tan querido, le parecían un claro reproche por su fallo. No podía creer que se hubiera distraído de lo que en verdad importaba, por esa estúpida sensación de alarma. Tenía que ser más idiota de lo que le recriminaba Vegeta, se dijo a sí mismo.
- Deja de reprochártelo, sé que no fue tu intención y entiendo tu actitud - musitó Chichi oculta entre sus brazos.
Eso era peor que un reproche, pensó el Sayajin. En cualquier otra ocasión ella le hubiese gritado por sus "paranoias", como le había dado en llamar a sus repentinos presentimientos de alguna invasión. Y ahora, cuando tenía mil razones para echarle en cara a gritos todo lo desconsiderado que era, simplemente NO lo hacía. Lo cual era peor.
No había gritado.
- Todo estará bien - le susurró de nuevo, mientras le frotaba la espalda con una mano - ya lo verás.
- Sí... no te preocupes, encontraré al que te hizo esto, te lo prometo. - le murmuró de vuelta.
Había en su tono un deje de culpa y amargura que rara vez le había oído, y Chichi dedujo bien a qué se debía. Siempre que se lastimaba a los seres queridos, la culpa y las heridas, tardaban más en sanar. Y eran de paso, las más profundas.
Suspiró y se acurrucó más junto a él; sólo quedaba darle su calor, quererle y dejar que lograra su meta, para quedar en paz consigo mismo. Y esta vez, ella ayudaría un poco más. Aunque fuera una pena, no recordar qué le había sucedido.
Durante ese tiempo, el pequeño Uub, había estado atento a los susurros. Sabía por qué eran, pero los adultos habían decidido dejarlos de lado, no querían que ni Pan, ni Bra, ni él, fueran a meterse en líos. Aunque eso era un imposible, teniendo en cuenta que Pan, al igual que su madre, no se conformaba con estar al margen y menos en cosas que implicaban a su querida abuela. Y si a eso le agregaban la inteligencia y la actitud de "metomentodo" (por más que le llamara curiosidad intelectual) de Bra, las cosas no podían serle más desfavorables a los mayores. Y muchos menos esperar docilidad de su parte, por muy tranquilo y obediente que fuera, no podía aplicar las reglas si alguien de su ahora 'familia', resultaba lastimado.
- ¡¿Me puedes decir, por qué no estás estudiando, jovencito?!
El grito sacó a Uub de sus pensamientos, de tal forma que estuvo a punto de irse de espaldas. Miró hacia abajo y contempló a Chichi de pie, con el ceño fruncido y los brazos en jarras.
- Eeeh, estooo... bueno yooo... - dijo, tragando saliva.
Estaba en un enorme y gordo aprieto, pensó el chico.
Abajo, Chichi había notado que el niño los miraba preocupado y le había enternecido su actitud. Sin embargo, era la tutora del pequeño y había prometido a sus padres, que el chico no sólo aprendería a manejar sus poderes, sino que tendría una buena educación. Y no pensaba ser consecuente con el niño, ni siquiera por un razón tan noble como esa.
- ¡Nada de pretextos!, ¡Vuelve a tus libros, no quiero ninguna nota de tus maestros diciéndome que no has cumplido con ninguna de tus tareas, porque, ay de ti si me llega una!, ¿entendido?!
- ¡Sí, señora! - y desapareció al instante de la ventana.
- No seas tan dura, Chichi, tan sólo está preocupado por ti. - dijo el hombre calmadamente.
- Lo sé - respondió ella, aún mirando la ventana - por eso lo hice, a pesar de su poder, ante todo es un niño y no quiero verlo tener mas más preocupaciones que su tarea, como todos los demás niños de su edad - finalizó ella mirándole, extrañamente tranquila.
Y supo que su actitud debía ser rara para él, al ver su rostro preocupado.
- Los años no pasan en vano, cariño - dijo sentándose en sus piernas.
Él no sabía qué contestar.
- Y pase lo que pase, esta vez quiero estar a tu lado, y apoyarte, como debí hacer, hace mucho tiempo.
No pudo menos que abrazarla con fuerza. Era maravillosa y era su mujer, y tal cosa sólo le hacía desear con más intensidad, encontrar al culpable que la había lastimado.
- Mañana iremos a ver a Piccoro.
Ajeno a todo ello, Uub se encontraba ya absorto en un grueso libro de pastas oscuras donde se leía "Leyendas Antiguas" en la portada.
Era una historia bastante interesante, pensó el chico, cada vez mas más concentrado, mientras empezaba a escribir algunas de las cosas más importantes del relato, como les había pedido el profesor de literatura, después de leerles en clase.
Él, Gat y Bergil, (¡sus primeros amigos!), habían discutido largamente sobre la protagonista y la historia. Gat, un verdadero ratón de biblioteca, sostenía que era una heroína fantástica, y fuera de lo normal. Y que ningún comic, ni libro que hubiese leído antes, tenía una historia tan apasionante como esa. Aunque Bergil, más interesado en otra cosa que no fuera el estudio, creía que un héroe masculino habría hecho mejor papel.
A él, tan sólo le había gustado mucho. Y era bueno que Pan o Bra, hubiesen estado lejos, o Bergil, machista completo, habría acabado de cabeza en el primer basurero que encontrasen las niñas. Usando aquel termino tan raro que Pan le había gritado el día en que pelearon por primera vez. ¿Cómo era?, misoga... miso... miso... ¡misógino!, sí, le había gritado eso, cuando Goku sensei lo había puesto a pelear contra ella, aun ignorante de su poder.
Se rió imaginándose tal cosa y pensó con una gran sonrisa, en su buena suerte. Había hecho un par de fenomenales amigos en un solo día y todos lo habían tratado como un chico cualquiera. Ahora sólo era cosa de habituarse y cuidar de no hacer cosas raras.
"... y desde entontes, se dijo que ella, aparecería cada vez que él lograra escapar de su prisión. Profetizándose que el día de la batalla última, uno de los dos..."
La pequeña reencarnación de Majin Boo, siguió leyendo.
Ajenos a él, Pan y Goten, seguían su encarnizada lucha en el aire, ninguno dispuesto a ceder ni un solo milímetro. El joven saiya hacía gala de una técnica mucho más depurada, parando puños y patadas, asombrado por la velocidad de ataque y respuesta de su joven adversaria, que comenzaba a darle más dificultades.
Desde hacía varias semanas habían tomado esa costumbre y a Goten le agradaba bastante, ya que era en esas ocasiones que Pan y él aprovechaban para entrenar y hablar largamente. Sabía que su sobrina necesitaba más atenciones y compañía. La llegada de Uub era aún difícil de digerir para ella.
Y ese era precisamente, la única cosa que no le había hecho entender aún. Sólo quedaba ser persistente.
Sin embargo, esta vez Goten, parecía con problemas, un mal calculo y Pan al fin logró estrellarle un puñetazo que casi lo mandó a la copa de un árbol, sin embargo, Pan, más rápida, lo pescó de la camisa y lo ayudó a descender.
- Gracias, Pan - musitó apenado por su desempeño y se sentó en las raíces del árbol, dejando que las sombras taparan la tristeza que inundaba su rostro.
Pronto sintió el cuerpo de su sobrina a su lado, apoyando su cabecita en el hombro y cogiendo una de sus manos.
- Ella estará bien tío, ya lo verás. Lo que sea el abuelito y tío Vegeta lo resolverán - dijo tratando de animarlo.
Pan sabía muy bien lo que su tío adoraba a Maron y a su madre, y verlo así, tan triste le causaba una terrible opresión en el pecho. Ninguna sola sonrisa había vuelto a su cara, después de aquella terrible noticia. Y lo extrañaba, extrañaba su sonrisa y sus bromas, al niño grande y alegre que era. El que la hacía reír y se preocupaba por ella. Aun con aquel intruso en medio de ellos.
- Lo resolveremos Pan... - musitó en una voz bajita y levemente ronca - yo también soy responsable, debí estar ahí, era su novio, y con mamá, era su hijo, y...
- Entonces papá debió estar ahí, él también es hijo de la abuela... y eso, es más importante que un trabajo - musitó la niña con un leve tono de enojo en la voz.
- Pan...
- Perdona tío, yo, sólo quería hacerte sentir bien - se disculpó la niña apenada, al ver a su tío mirarle más angustiado. - perdón...
- Está bien, gracias. - musitó abrazándose a ella.
Hasta que unas cosquillas lo hicieron brincar.
- ¡Hey!
- ¡Jajaja!, Quiero que me regales una sonrisa - pidió la chiquilla sonriéndole ampliamente, con las manos alzadas.
El semisaiya parpadeó confuso al ver su expresión.
- Quiero que me sonrías o te voy a hacer muchas, muchas cosquillitas, tío Goten, hasta que lo hagas. - amenazó con una mirada traviesa.
Y en ese instante sucedió, Goten sonrió levemente, enternecido por la actitud de su sobrina. No era una gran sonrisa, típica de Goten, pero era mejor que nada.
- Así te ves más bonito, tío. - espetó la niña, con el rostro iluminado. - y la abuelita piensa igual que yo.
- Oh, Pan, ¿te he dicho lo que te pareces a tu papá?
- No - contestó ladeando su cabecita.
- Pues está dicho, ven para acá - dijo recibiendo a Pan y rodeándola con sus brazos. - Gracias, muchas gracias pequeña.
Y esta vez, se quedaron en silencio, tan solo mirando las estrellas que se dejaban ver entre las oscuras copas de los árboles.
~ Miércoles ~
Las clases se habían terminado más temprano de lo normal y las pequeñas Pan y Bra, se encontraron sin mucho quehacer, recogiendo sus cosas para salir del aula. Había pocas nubes en el cielo y se respiraba un ambiente fresco y tranquilo, propio de los días de otoño. A través de los ventanales del salón se podían ver los enormes árboles del colegio, con sus hojas cobrizas, cayendo por montones y llenando el suelo.
Alrededor, poco a poco el salón se iba vaciando, muchos de sus condiscípulos ya habían hecho planes para merodear en el parque cercano al colegio, en los videojuegos y pequeñas tiendas, hasta que sus padres fuesen a recogerlos. Era una pena ser niños de sexto curso de la educación elemental. O sino, habrían podido ir más lejos, quizá al centro de la ciudad, como los chicos de los cursos superiores.
Sin embargo, a pesar de sus ocho y siete años respectivamente, las pequeñas semisayajines no tenían esos mismos inconvenientes y la sola idea de irse en busca de aventura un poco más lejos, emocionaba a Pan. Al fin y al cabo, sus padres tenían mucho trabajo y Goten la pasaría a buscar a la hora de siempre, para llevarlas a Corporación Cápsula.
- ¡Bra, Pan!, ¿No quieren ir con nosotros a la tienda de música?
- No gracias, Mitt, tenemos otros planes - respondió Pan con su mejor cara de inocencia.
- Oh, está bien, pero si cambian de parecer estaremos allá - ofreció la niña desapareciendo con un grupo de compañeros.
- ¡Está bien, gracias!, ¡Nos vemos!
Las pequeñas hicieron un gesto triunfal y salieron al patio, donde ya varios chicos abandonaban el colegio.
- ¿Dónde estará Uub? - cuestionó la pequeña hija de Vegeta mirando a todos lados en busca del niño.
- Ni idea, y no es algo que me importe, seguro andará con sus amigos. - contestó cruzándose de brazos.
- Vamos Pan, no seas tan dura, es un niño bastante amable - respondió la niña con una sonrisa. - y me agrada... - agregó en un tono más bajito agachando la mirada.
Cosa que no pasó desapercibida para la niña de cabello oscuro, que miró con una expresión rara a su mejor amiga. Esa cara no le había gustado de nada.
- ¿Qué dijiste? - cuestionó mirándola suspicaz.
- Eeeh, nada, nada - contestó agitando las manos, tratando de restarle importancia - bien, entonces, ¿a dónde vamos?
- Como digas, sobre donde ir, pues no tengo idea, ¿Por qué no volamos y vemos si encontramos algo interesante?
- ¡Buena idea!
- Eso sí, debemos estar aquí antes de la 1:00 para no preocupar a tío Goten, desde lo de la abuela y Maron ha estado muy triste - musitó bajando la mirada.
- No te preocupes amiga, ya verás que papá y tío Goku, lo resuelven todo. - animó Bra tomándola de la mano y jalándola a la salida. - ven, ¡vamos a buscar algo divertido!
- ¡Sí!
- ¡Hey, esperen!
Las niñas voltearon y vieron a Uub despidiéndose de sus amigos y corriendo hacia ellas, con la mochila al hombro.
¡Hola Uub! - saludó Bra entusiasmada.
- Hola Bra, qué tal, a dónde van.
- Vamos a...
- ¡No te importa! - la cortó Pan mirando al niño bastante furiosa. ¿Quién se creía para estarles siguiendo?
- ¡Pan! - Bra se interpuso entre los dos, viendo lo que se avecinaba. No podía entender, por qué su amiga detestaba a un niño tan amable como ese.
- ¡Es la verdad!, ¿Por qué no te vas con tus amigos a divertirte a otra parte?
El chico un suspiró exasperado, ahí iban de nuevo.
- Debo cuidar de ustedes, Chichi san me lo pidió y pienso cumplirlo - espetó con decisión, empezando a perder la paciencia con esa niña testaruda.
- ¡Pues no lo necesitamos!
- ¡Ya paren los dos! - gritó la hija de Bulma metiéndose entre los dos, al ver a Uub fruncir el ceño. - ¡no vayan a pelearse aquí o tendremos problemas!
- No te preocupes Bra, no haré nada - contestó serio, sin dejar de ver a Pan, quien lo fulminaba con la mirada.
- No creo que esté mal que vayamos los tres, Pan, además, si Goten no nos encuentra a los tres, se va a preocupar, ya sabes lo nerviosos que están con lo que pasó. Y tendríamos problemas por separarnos. Imagina si nos encontramos a un enemigo, tres somos mejor que dos - argumentó la niña tratando de hacerla entrar en razón.
Y al parecer el último argumento lo logró, después de pensarlo unos minutos Pan se dio por vencida y con una mueca resignada, aceptó que Uub fuera con ellas.
- Bien, vámonos de aquí.
El eclipse empezaría exactamente sobre la capital del Este. Y toda la comunidad de astrónomos del mundo, se hallaría en el mismo sitio el próximo Domingo. Algo que era una gran ventaja y una suerte, para el Observatorio del Este. Eran la sede de un evento sin parangón y ya habían empezado a instalarse desde hacía dos semanas. Poseían la mejor ubicación de todas. El mejor y más moderno equipo que la Corporación Cápsula podía proveer. Con todo el interés de la Presidenta del gigantesco consorcio tecnológico.
Más a lo lejos, muchos otros equipos de astrónomos preparaban sus equipos y chequeaban sus aparatos, para tenerlos en óptimas condiciones para el día del evento.
Era una gran satisfacción, pensó el hombre, mientras supervisaba la labor de su propio equipo, teniendo por telón de fondo las sublimes letras de aquella canción.
Once upon a century
Wistful oceans calm and red
Ardent caresses laid to rest
Era preciosa sin duda, pensó para sí, mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la hipnótica voz de la cantante. Pocos seres en el mundo tenían el don de apreciar la belleza de lo que aquella canción celebraba. La belleza de algo tan sublime como un eclipse, reflexionó con deleite mirando al cielo. Un hermoso y precioso eclipse que traería más que información para los científicos ávidos de ella. Y tal idea hizo dibujar en sus labios una sonrisa levemente torcida.
- ¡Doctor Ecleiken!
- ¿Qué pasa, Astrum? - cuestionó el hombre mirando a la mujer que se le había acercado, vestida con una bata blanca.
- Ya está todo listo, señor, los aparatos funcionan al 100%, la señora Bulma ha llamado y dice que el resto del equipo que necesita, ya va en camino hacia la parte norte de la ciudad, a las afueras, ¿verdad?
- Sí, así es, ¿el equipo Beta ya se encuentra ahí?
- Confirmado, señor.
- Bien, muy bien, dile al equipo Beta que cuando acaben de instalarlo y probarlo se retiren. Puedes marcharte.
- Sí, señor.
El trío de niños sobrevolaba la ciudad, cuando lo divisaron a lo lejos, el enorme parque central de la Capital del Este, estaba salpicado de grupos de gentes en batas blancas, moviéndose alrededor de enormes antenas parabólicas y telescopios. Daban el aspecto de una enorme colonia de hormigas, llamando poderosamente la atención de los niños.
- Es por lo del eclipse - afirmó Bra. - parece interesante, ¿verdad?
- Bastante - contestó Pan con una mirada curiosa - ¿no crees, Bra?
- Sí, se ve, pero... - vaciló la niña. Tenía curiosidad, pero Uub no les dejaría ir. Se tomaba muy en serio su papel de guardián.
- Bajemos. - espetó de repente el niño, manteniendo la vista en el parque.
- ¿Qué? - Bra lo miró confundida. - Uub...
- Hasta que dices algo bueno - contestó la morena - vamos, Bra, antes de que se arrepienta. - dijo descendiendo.
Uub no contestó y descendió detrás de ella. Bajando entre unos árboles, cerca del monte que se situaba en medio del parque y donde varios científicos iban y venían sin prestar atención a los inusuales visitantes. Detrás de él, Pan y Bra aterrizaron entre las ramas y empezaron a brincar entre éstas con cautela, hasta situarse en el borde del bosquecillo.
Arriba, en medio de todos los científicos, un hombre alto y delgado se encontraba encima de un vehículo que contenía una enorme antena de microondas apuntada del lado opuesto a donde habían bajado. Su largo cabello oscuro ondeaba al aire y el sol del mediodía caía con fuerza sobre él.
Pero lo que llamó más la atención de los niños, fue, que en medio de aquel bullicio de gente, también se podía oír una canción, que a Uub le pareció la más hermosa que hubiese escuchado nunca. Suave y tranquila, como una noche oscura. En voz de una mujer cuya voz sólo podía considerar fuera de este mundo, poderosa y sin embargo serena, como el canto hipnótico de la sirena.
to last for a lifetime
The darkness around me
Shores of a solar sea
Bra y Pan también la habían oído. Y para cada una fue una sensación distinta. Bra sentía como si la arrullaran, cantándole una canción para dormir al oído. Pan por su lado, sintió un ligero escalofrío al oírla. Había algo familiar en esa canción que le agradaba pero que empezaba a darle un poco de miedo. Era a su parecer, una canción terriblemente bella.
Y sintió la necesidad de alejarlos de ahí, lo más pronto posible o algo malo sucedería, pero fue demasiado tarde. Apenas había estirado la mano para sacudir el hombro de Bra, cuando aquel alto hombre volteó en ese instante, haciendo que sus miradas se encontraran.
Sintió paralizarse al verlo, tenía los ojos de un café claro, la piel blanquísima como la misma luna y un rostro afilado. Y la estaba mirando con tal intensidad, que sintió como si algo frío la traspasara. Su corazón latió con fuerza y sus músculos se tensaron. A su lado, Bra y Uub, habían despertado de su ensueño.
Entonces, para su mayor sorpresa, lo vio sonreírles y agitarles la mano, la mirada de hacía un momento se había esfumado junto con aquella fría sensación. La misma canción seguía escuchándose, tan hermosa como siempre, pero no con el mismo influjo de hacia unos instantes.
Les hizo señas, llamándoles y Uub fue el primero en saltar, confiado, seguido por Bra y no le quedó más remedio que acompañarlos.
- Hola, pequeños - saludó el hombre inclinándose ante ellos - me llamo Ecleiken, ¿y ustedes?
- Yo soy Bra - se presentó la niña - y estos son Pan y Uub. Los aludidos saludaron al hombre que los miró con una sonrisa amigable en el rostro.
- Es una canción muy bonita - comentó Uub sin contenerse.
- ¿De verdad te lo parece?, vaya, me alegra encontrar a alguien con tan buen gusto, jovencito.
- ¿Y de qué habla, señor? - cuestionó Bra con curiosidad.
- Ah, de un eclipse, pequeña, de un hermoso eclipse, sucedido hace cientos de años. Y también, de la belleza de la oscuridad, del sol mientras desaparece. - susurró con suavidad mientras sus manos se movían en ademanes lentos y elegantes - pocas personas aprecian la oscuridad, ¿saben?. Normalmente le temen, piensan que es mala y que hace daño, pero es todo lo contrario. La oscuridad es como un edredón suave que te cobija y te da la paz que a veces la luz no puede. ¿Entienden eso?.
Bra y Uub movieron levemente sus cabezas, un poco desconcertados, sin embargo, aquellas palabras les parecieron hermosas y llenas de razón. A Pan, sin embargo le dieron escalofríos.
- ¿Le temen a la oscuridad?
- No, a mí no - contestó Uub mirando al hombre, había algo en él que le gustaba - me gusta mucho, cuando estoy en casa, y no tengo nada que hacer, apago las luces de mi cuarto y me pongo a ver las estrellas. Me parece que la oscuridad es bonita y me siento tranquilo, porque no se oye nada más que los latidos de mi corazón.
Pan miró algo desconcertada a Uub, era extraño que se mostrara tan calmado y seguro, como si conociera a ese hombre desde mucho tiempo atrás. Uub tendía a ser tímido para hablar con desconocidos y normalmente evitaba hablar.
Miró a Bra, que asentía fascinada a las palabras del niño y el hombre pareció bastante complacido por esa respuesta.
- Eres un niño especial, Uub, pocos seres en este mundo han dedicado palabras tan bellas, para la oscuridad. Me hace feliz eso. Todos venimos de la noche, porque nuestras madres nos tuvieron en su vientre, y era oscuro, sin embargo, nos sentíamos felices y protegidos. Aun en la noche, existe el calor. - susurró el hombre mientras acariciaba la cabeza del moreno.
- ¡Tenemos que irnos! - gritó Pan repentinamente, no le había gustado la sensación que tenía en el pecho.
Uub y Bra pegaron un bote y voltearon a ver a Pan, algo molestos por interrumpir una platica tan bonita como esa. El hombre le dirigió una mirada comprensiva mientras se enderezaba de nuevo.
- Su amiga tiene razón, se supone que no debieran estar aquí y su familia podría preocuparse. - dijo el hombre con una sonrisa. - así que será mejor que marchen, quizá nos veamos pronto.
- ¡Nos encantaría! - dijeron al unísono tanto Uub como Bra.
- Bien, entonces hasta la próxima, pequeños - dijo, despidiéndose.
- Hasta la próxima, señor Ekleiken - respondieron los niños con una reverencia y se alejaron del lugar, mientras los últimos acordes de la canción morían. Cada uno con sus propias ideas sobre aquel extraño hombre.
I wish for this night-time...
I wish for this night-time...
~ Viernes ~
Al mismo tiempo, no podía haber sido una coincidencia, pensó el chico de cabello lila, rememorando los acontecimientos del Lunes. Tanto Maron como la esposa de Goku, habían sufrido esos extraños "accidentes", exactamente a la misma hora. ¿Pero quién?, eso era lo más extraño, la situación no tenía ni pies ni cabeza. No era normal, no a lo que ellos estaban acostumbrados.
Ninguna ciudad había sido atacada desde entonces, ni el supuesto enemigo, si acaso lo había, se había aparecido para proferir sus habituales amenazas e intentar conquistar la tierra, nada, absolutamente nada.
Pero tenían ese mal presentimiento. Algo iba a pasar. Lo que daba más miedo, era lo de Maron, había sido sutil; todos sabían que una dolencia como esa era imposible en una chica como ella y encima estaban las frases y aquel lugar que había visto, a la persona que le hablaba, pero que no recordaba si era hombre o mujer. En cambio lo de Chichi había sido más directo, y sin embargo, Goku no había percibido ni un solo ki, o algo extraño. Algo de temer, si se tenía en cuenta, quién era él. Y para rematar, Chichi no recordaba absolutamente nada de quién había sido su atacante.
Después de eso, Corporación Cápsula acabó como centro de reunión por nueva cuenta, de todos los guerreros Z. Su padre, junto con Goku y los demás habían ido al templo de Kami Sama y aún no habían vuelto, ocupados en buscar pistas y vigilar el planeta. Dejando con ciertas reservas a las mujeres en Corporación Cápsula al cuidado de Juuhachigou.
Sin embargo, ni Maron ni Chichi habían permitido que se cancelara el día de campo. So pena de hacer estallar una guerra peor.
Pero dejó de lado sus pensamientos, atento por si a su club de fans le daba por aparecerse. Tal cosa le ponía los pelos de punta.
Klaive le había dicho que los chicos habían ido a la cafetería y hacia allá se dirigió. Esa era otra cosa que Maron no dejó que le prohibieran, ir a la escuela.
Al fin, Trunks los encontró rato después en la Cafetería que estaba calle arriba de donde estudiaban. Las clases habían terminado y el lugar estaba pletórico de estudiantes.
- ¡Hola, chicos!
- ¡Hola, Trunks! - saludaron al unísono.
-Vayaaa, ¿estudiando, Goten?, eso presagia el fin del mundo - fastidió - observando el grueso libro que Goten sostenía, en la portada se podía leer en letras negras la palabra "BIOÉTICA".
- Ja ja, mira cómo me río - masculló el interpelado con el ceño fruncido.
- Oh, vamos, no vayan a pelear ahora - interrumpió la hija de Krilin, levantándose de su lugar.
- Lo siento, Maron.
Eso no se lo esperaba, el Trunks que conocía se tenía que haber burlado de ella como era su costumbre, no disculparse. Pero pronto obtuvo su respuesta al contemplar su mirada de preocupación.
- ¿Cómo sigues, te sientes mejor? - preguntó el chico de cabellera morada, mirándola con atención.
Sonrió enternecida.
- Sí, mucho mejor, gracias. Goten no me ha dejado ni a sol ni a sombra - bromeó, tratando de hacerlo sonreír.
Y lo consiguió, una tenue sonrisa cruzó los labios de Trunks.
- Es lo menos que puedo hacer - respondió Goten, mirándola con cierta pena en sus ojos negros.
- Goten - suspiró, colocando una mano en su cabeza - Pan tiene razón, no me gusta verte así. Me gusta ver tu sonrisa, eso es lo quiero que hagas por mí. - le dijo, mirándole con cariño.
- Y tiene razón, amigo, la cara larga te hace ver más feo.
- ¡Oh, cállate!
- ¡Hey!, ¿Desde cuándo tú eres el amargado y yo el bromista?, ¡Pensé que era al revés! - rió Trunks, provocando la carcajada de los tres.
- Bien, servida Lady Maron, vuestro consorte ha reído. Así que ordene y yo cumpliré - ofreció Trunks, haciendo una reverencia a la hija de Krilin, que se sintió muy agradecida por el detalle.
Le parecía imposible, que fuese el mismo niño malcriado que antaño gustaba de molestarla y hacerla llorar. Cierto que le hacía bromas, pero no era como antes. Y no dudaba ni un poco, que Trunks, haría lo fuera por cuidarla.
- Agradezco el detalle, Sir Trunks, vos sois un gran caballero - contestó siguiendo el juego, haciendo reír más a Goten.
- Querida, tenemos el titulo de payasos del señor Goten - devolvió Trunks, mirando acusador a su amigo.
- Noble labor - rió Maron - Bien, ¿en qué íbamos?
- ¡Ah, Sí!, de Goten estudiando, ¡COF!
- Ja ja, muy gracioso, Trunks - contestó con un pucherito que trataba de parecer ofendido. Sin embargo, se volvió de preocupación al volver la vista hacia el libro - Pero esto es mas difícil de lo que me imaginaba, Gohan se equivocó, la verdad no creo ser tan inteligente como él dice. - suspiró Goten.
- Vaya, hasta que lo reconoces. Te felicito - se oyó una sarcástica voz detrás de ellos.
- Akeru - gruñó Trunks girando los ojos.
- Piérdete, no estoy de humor para ver tu espantosa cara. - masculló Goten mirándola molesto.
- Uuy, qué sensible, pero, es bueno que reconozcas tu pobreza intelectual, la verdad es que da pena la cantidad de tiempo que haces perder a los que SÍ sabemos - espetó con arrogancia, siguiendo su camino.
- ¡Aaaagh! ¡La ODIO! - refunfuño Goten hundiéndose en su libro.
- Nah, no le hagas caso. Le gusta hacerle la vida imposible a todo el que se cruce con ella.
- ¿Imposible?, eso es poco, más bien la trae conmigo. Desde que entré a la clase de Gohan se ha dedicado a hacerme la vida un infierno, mas más que antes. Y se ha puesto peor desde que la "World Scientist" la publicó como la futura sucesora de tu madre. Dende, ¿qué te hice? - masculló con voz de mártir, alzando las manos.
- Mejor pregúntale qué NO le hicimos - rió Trunks. - Sí, leí el artículo. Me guste o no, es un genio. Ha inventado gran cantidad de máquinas. Unas bastante útiles, el resto con un poder de destrucción que me deja helado. Mi madre está impresionada por su inteligencia. Aunque a mí no me gusta su orientación. ¿Máquinas de destrucción masiva? Vaya mentalidad y peor aún, siente una admiración malsana por el trabajo del Dr. Gero
En ese punto la mirada de Maron se ensombreció. La sola mención del Dr. Gero la ponía de muy mal humor. Sus padres le habían revelado, no hacía mucho, el verdadero origen de su madre. Lo cual había sido shock para ella. Y de todo lo que le había contado ésta, una cosa era clara, ese hombre le había hecho muchísimo daño.
- Ella va a presentar una máquina este sábado, ¿verdad? - interrogó la muchacha, tratando de alejar esos pensamientos tan amargos.
- Sí, en las instalaciones del Complejo - respondió Trunks tomando su refresco. - Gohan al parecer esta está supervisándola.
Los dos chicos volvieron la vista a Goten, esperando les dijera más del asunto.
- No sé más que ustedes, él tampoco a ha querido decirme y la verdad no entiendo cómo es que ayuda a esa desagradable.
- Bueno, ya sabes cómo es Gohan: le gusta ayudar a todo mundo - dijo Maron.
- Sí, y eso tampoco me gusta. Está haciendo algo raro.
- ¿Cómo qué?
- Está siendo amable, AMABLE con Él - aclaró Goten haciendo un aspaviento - no sé qué se traiga entre manos, pero no me agrada esa actitud hacia él, Akeru jamás ha tratado bien a nadie en este colegio. Es fría, pedante y prepotente, pero no amable. Y pasa pegada a su lado mucho tiempo - espetó Goten molesto.
- Creo que están exagerando, chicos. Hablan de Akeru como si fuera una bomba.
- Lo es, ay, Maron, se nota que no le has puesto atención - regañó Goten - y a Gohan le agrada esa niña. Hasta la defiende y no me gusta nadita. Y no sé qué ideas le este esté metiendo en la cabeza a mi hermano.
- Oye, Gohan no es ningún tonto. - le defendió Maron - y sí la he visto, pero recuerda que ella va en la especialidad, y a mí me faltan 5 semestres para ello, por eso no la veo tanto tiempo como ustedes.
- Lo cual, habla de tu maravillosa buena suerte. - espetó Trunks con una mueca sarcástica que recordaba a su padre.
- Lo sé, Maron, Gohan no tiene nada de ingenuo, aunque la actitud le ayude poco, sin embargo él cree firmemente que no es una mala persona.
- Y tooodos los del campus, sabemos que eso NO puede ser cierto. Nunca he conocido a una persona con esa actitud tan mala, incluido mi padre - respondió Trunks.
- Sí, eso me da mala espina. - remató Goten.
- Ok, ok. ¿Pero sabes qué clase de invento es, Trunks?, tú has estado junto con tu madre ayudando en los preparativos de la presentación.
- No lo sé, ni siquiera mi madre lo sabe. Y bueno, lo ha dejado en sus manos y a supervisión de Gohan, toda su atención se centra en el extraño eclipse de este domingo.
- Sí, lo he oído mencionar demasiado para mi gusto, los científicos me marean, con perdón de tu madre - dijo Goten - al menos el pic nic no ha sido mala idea.
- Para nada, por cierto, el nombre de la máquina es bastante raro.
- ¿Nombre, le puso nombre?. La tipa está loca - se burló Goten. - ¿Cuál es?
- "Kara ni Suru" - respondió el chico.
Apenas había terminado de brotar la palabra de sus labios, cuando el rostro de Maron se puso súbitamente pálido y se llevó una mano al rostro.
- ¿Maron?
Sentía aquella voz hacer eco en algún lugar de su mente.
- ¡Maron!
Voces a su alrededor.
La chica jadeaba, sudando copiosamente, victima de lo que parecía un ataque repentino. En su mente cientos de imágenes parecían agolparse.
... el cabello blanco... el cabello rojo...
...ojos azul claro...
...Palabras extrañas...
...Dolor...
...mucho dolor y... tristeza...
...una tristeza que dolía hasta el alma...
- ¡Vacío... vacío! - empezó a murmurar sin detenerse, Goten se asustó más, a Maron se le habían puesto los ojos en blanco.
- ¡Maron, qué tienes!
La voz de Goten le llegaba lejana, repitiendo aquella palabra que le llenaba la mente. Hasta que una convulsión agitó su cuerpo, y Goten sólo pudo contenerla en sus brazos para evitar su caída.
- ¡Alguien, llame una ambulancia! - vociferó Trunks, repasando mentalmente lo que debía hacer en esos casos.
- ¡Maron, resiste! - gritó Goten, acomodando el flácido cuerpo de Maron en el piso, mientras colocaba la cabeza de ella en su regazo.
Seguía balbuceando la misma palabra, con los ojos en blanco y el cuerpo presa de aquellos movimientos espasmódicos, que mantenían al semisaiya de cabello oscuro en un estado cercano a la desesperación. Cada uno, más fuerte que el anterior. Y dentro de la cafetería reinaba la confusión, algunos ya habían corrido al teléfono a llamar y otros trataban de apartar a los curiosos.
De repente, el cuerpo de Maron se tensó y pescó el brazo de Trunks, alzándose repentinamente y boqueando, como si la vida se le fuera en ello. Sin perder un segundo la ayudaron a incorporarse, provocando una exclamación de sorpresa general. Su rostro seguía aun pálido. Y alrededor, no menos de una docena de alumnos, aún los rodeaba, entre curiosos y preocupados por la salud de una de las chicas más conocidas del campus.
- ¿Maron?
La chica mantenía una mano en su pecho mirando con fijeza algún punto del suelo, sin dejar de aspirar y respirar, oprimiendo el brazo de su amigo, cada vez con más calma.
- ¿Maron? - Goten llamó por segunda vez, y presionó sus hombros suavemente, para hacerla notar su muy preocupada presencia.
- ¿Goten? - parpadeó levemente, al verlo a su lado y miró a su alrededor, Trunks la contemplaba bastante preocupado. Y notó varios pares de pies a su alrededor.
Llevándose una mano al rostro hizo un nuevo gesto de dolor que hizo a Goten tensarse más.
- Maron, qué ha pasado... - hablo Trunks con tono aparentemente tranquilo.
- Vámonos de aquí, por favor, murmuró.
- Está bien.
Goten la alzó en sus brazos, y así, los dos semisaiyas se abrieron camino entre la multitud de estudiantes. Pronto la nave despegó y se alejó del lugar, dejando a los demás alumnos confundidos.
Eso se estaba poniendo cada vez más raro.
Akeru no había perdido de vista la escena, preguntándose el motivo por el que la rubia novia de Goten se había puesto a repetir como poseída aquella palabra.
- Vacío...
No una vez, sino muchas veces... vacío, vacío, vacío, vacío... Y por un instante, sólo por un segundo, había creído que eso no era un balbuceo, sino un llamado. Alguien llamándola desesperadamente.
Un pensamiento así, no parecía tener sentido. Sin embargo, nadie en ese colegio sabía que su nombre significa precisamente eso, "Vacío", nadie lo sabía, no en ese mundo. Ni su padre lo supo, ni siquiera su madre que le había dado ese nombre... antes de acabar con su propia vida.
Ni mucho menos, que su máquina, llevaba el sinónimo de su nombre.
La noche empezaba a caer. Y el cielo poco a poco iba del azul claro al azul oscuro. Por el ancho camino que iba a Fly Pan Yama, una carreta solitaria se acercaba a la ciudad, conducida por una delgada anciana, que iluminaba su camino con una lámpara colgada a un costado del primitivo vehículo.
Mientras la carreta andaba, la anciana trenzaba su cabello, dejando que el animal de tiro, una especie de cruza entre avestruz y reptil dirigiera.
- ¿Has oído las noticias, amigo?, ¿Inquietante, no?
El animal emitió un chillido.
- Sí, el Preámbulo, sin lugar a dudas. Ya viene.
Otro Chillido.
- Te entiendo, yo también tengo miedo. Por un tiempo creí que no me tocaría verlo, pero es obvio que me equivoqué. Ahora sólo espero que ella también vuelva o tendremos un muy grave problema aquí.
El animal lanzó un tercer chillido más fuerte que el anterior, mientras señalaba con su cabeza, a la luna, que se mostraba en todo lo alto. Y la anciana elevó la cabeza, dejando ver en sus ojos, una honda preocupación.
- La luna, qué hermosa. Dioses... y pensar que nadie lo sabe. Bien amigo, apúrate, tenemos que llegar, ¡nuestra misión es muy importante! - arreó la vieja y la carretita avanzó veloz hacia el pequeño reino, cuyas luces ya se distinguían a lo lejos.
Freetalk: Mil años después regreso con esta historia ^_^u supongo que debieran colgarme por tanta lentitud xD... ¡perdón!!!!!. Y bien, aquí está, espero que la hayan disfrutado tanto como yo. Como pueden ver, los misterios aumentan, hay mas (más) visiones, ataques. Las cosas se complican y se pondrán mejores en el siguiente capitulo, mwahaha! >=] .... maldades, maldades, ¡sii!.. ¡cof!
Tanto "Akeru" como "Kara ni Suru", significan VACIO en japonés. Asias a Vegemoon (Artista!!) por los nombres. Por cierto, ¿Alguien notó el nombrecillo sacado del señor de los anillos??, mwahaha! Humilde homenaje a este gran libro. ¡Quién adivine se lleva premio! XD. Y de agregado la autora hace un cameo x3... juas!. Como pueden ver Ecleiken vuelve a parecer y Keru chan too, ¿qué se traen estos dos?, mmmh buena pregunta ^_-
Como extra, agradezco a Mariel por sus maravillosos mails, me ha dado mas energías para seguir ... ¡MUA nena!!! y a mi Beta Raquel por las correciones ortográficas, an sorry!!! xD
Como NOTA final, solo queda aclarar, que las frases en Portugués, no pienso darles traducción, (no tan directa de mi parte ^^)... el recurso es solo por dar la sensación del desconocimiento al que se enfrentan nuestros personajes.
