CAPITULO IV
"Un Sábado"
Apenas había amanecido, y desde donde estaba, la tierra se asemejaba a una preciosa joya azul y limpia puesta contra un negro terciopelo. La vida humana seguía lo casi normal de siempre, uno que otro conflicto armado por algún lugar, muchas ciudades extendiendo sus límites poblacionales, vida iniciando o terminando, bullendo y moviéndose por todos los rincones de la tierra, seres vivos que no pensaban en universos lejanos, ni en tiranos interestelares y que habían olvidado a los dioses antiguos.
Tan solo viviendo el presente y la emoción de un fenómeno común y a la vez misterioso.
Demasiado misterioso pensó Dende mirando hacia el cielo que lo cubría, ya casi oscurecido debido a la cercanía con la capa de ozono. Mañana, la luna cubriría al sol y hundiría a un sector del planeta en la oscuridad.
La Umbra pasaría exactamente encima del Tenka.
Dende suspiró, eso era lo único que lo perturbaba, habiendo aprendido a leer a los planetas y sus señales bajo la diligente guía de Mister Popo, la conducta del satélite terrestre lo tenía bastante preocupado, lo que le sucedía no era natural y se había manifestado desde unos meses antes de que los científicos clamaran a los cuatro vientos que una anomalía había hecho que el eclipse total se adelantara por la increíblemente enorme diferencia de un año.
¡Un año!
Para Dende, una anomalía de ese tamaño en un universo tan matemáticamente exacto era impensable y Mister Popo apoyaba rotundamente esa postura, el ayudante de Kami Sama era un versado en la Astronomía como ningún otro astrónomo terrestre podría serlo jamás, razón por la que se habían compartido impresiones y preocupaciones sin dudar.
El joven Namek al principio había achacado todo aquello a los sucesos pasados que había sufrido la tierra. Invasiones de enemigos superpoderosos que habían hecho de la tierra, escenario de superbatallas más allá de la imaginación de cualquier mortal. Todo aquello, incluyendo la explosión del mismo planeta, debía haber afectado la orbita de su satélite.
Sin embargo…
Aunque sonaban lógicas, aunque todo indicaba que eso era la consecuencia…
Descubrió aquello…
Ese "algo", que lo rodeaba, "algo" que le llenaba el pecho de inquietud, para luego sentirlo vaciarse, como un vaso de agua con una fisura. "Algo" helado, frío y vacío que lo rodeaba y a veces lo sofocaba. No era energía, ni poder, no podía llamarlo ki, porque no lo era…
Era una sensación.
Oscura y desesperante que le causaba pesadillas, que lo hacía despertarse a media noche y mantenía a Mr. Popo y a Piccoro, atentos y preocupados por él. Y algo le decía que tenía que ver con aquel eclipse y lo que había sucedido hacia unos días, cosa que obligó a Dende a volver la vista al templo.
Dentro, Piccoro, Vegeta, Goku, Krilin y Yamcha conferenciaban sobre los dos misteriosos ataques que habían sufrido Chichi y Maron.
¿Sería aquel misterioso visitante, o lo que fuera, la causa de todo lo que estaba pensando?, ¿Sería ese "algo", que Dende, supuesto Kami Sama no había podido detectar?
Algo mas que agregar a su conciencia.
-¿Se siente bien Kami Samas?, se ha puesto pálido.
-No… no es nada Mr. Popo, solo, cosas –musitó bajando la vista. En su rostro una mirada que Mr. Popo sabia interpretar como un libro abierto.
-No debería culparse, Bíccoros san no lo ha hecho.
-Lo se…- dijo con un suspiro el joven Namek volviendo la vista al rostro oscuro y redondo de su subordinado, era vergonzoso que las emociones se le notaran tanto en la cara -sin embargo no puedo evitar que eso me moleste. Se supone que soy el guardián de este mundo y no me di cuenta de lo acontecido a las familias de Goku y Krilin san.
-Ni Bíccoros san se dio cuenta Kami Samas, recuerde que no es infalible señor, como no lo es nadie en este universo.
Dende sonrió agradecido, ante lo simple y lógico de ese razonamiento.
-Y Kami Samas debe recordar, que hay seres mas poderosos y misteriosos en el universo.
-Si, tienes razón Mr. Popo, sin embargo... ¿Sabes de alguna criatura o dios que sea capaz de atacar, de la forma en que lo hizo con Chichi?
-Bues, honestamente no señor, eso bismo le he dicho a Goku cuando me lo ha preguntado.
-Ya veo -musitó y volvió su vista hacia la tierra.
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Píccoro observaba desde la sombra del templo, la imagen blanca y erguida de su joven protegido. En los últimos trece años el pequeño Dende había dejado atrás su figura bajita y regordeta, para dar paso a un cuerpo delgado y alto que iba mejor con su imagen de Kami Sama. La capa blanca del joven namek ondeaba suavemente tras él, contrastando con fuerza en contra del fondo azul intenso del cielo, donde se situaba el Tenka; y no pudo evitar una sonrisa de orgullo, por ese casi hijo que se había dedicado a guiar.
Dende se había desarrollado en mente y cuerpo de una forma increíble, para convertirse en un Kami Sama incluso superior al que le había precedido.
-Aun se siente culpable, ¿no es asi Piccoro?
La voz del sayajin sacó al Namek de sus cavilaciones. En el perfil de Dende aún había una expresión culpable, lo cual le sacó un suspiro algo exasperado.
-Si, ese muchacho -murmuró torciendo el gesto en disgusto -se culpa demasiado. Por eso se ha negado a asistir a la reunión; si no fuera por Mr. Popo, se que la pasaría ahí todo el día. Cree que debió ser mas atento en su vigilancia.
-En lo cual concordaría con él -se expresó una voz profunda.
Vegeta los miraba con su intensa mirada de siempre, en esa eterna pose de brazos cruzados y recargado en uno de los blancos pilares, como siempre hacía cuando había algo serio que tratar.
-Oh, vamos Vegeta, sabes que no es así. Dende por muy Kami Sama que sea, no es infalible. Sea lo que sea que esté en la tierra, espero que podamos hallarlo -respondió Goku con un tono de voz serio.
El otro sayajin asintió, con la misma seriedad.
-Entonces será mejor que abandonemos este lugar, nuestro "problema, sea lo que sea", está allá abajo y su falta de actividad no es una idea tranquilizadora. -sugirió el sayajin mayor, alejándose hacia la orilla de la plataforma celeste.
Krilin que había permanecido en silencio, tan solo se encogió de hombros. No había dejado de hacer un recuento mental de todo lo hecho, y si acaso tal cosa había sido suficiente o hubiesen pasado algo por alto. Llegó a la conclusión de que estaban como antes. A veces le frustraba no ser tan fuerte o tan sabio como sus demás amigos, y menos cuando su hija estaba de por medio.
-Los encontraremos, Krilin, ya verás.
Yamcha le había puesto la mano en el hombro en señal de apoyo y con una sonrisa parecida a las de Goku.
-Recuerda que Goku está con nosotros y él no se detendrá por nada, y aunque odie admitirlo, ese Vegeta es persistente también. Que se muera si no encontramos a eso que haya sido.
-¡Te oí estúpido y si no cierras tu maldita boca el que morirá vas a ser tú, gusano!
-¡Uups!
Krilin rió levemente, era bueno tener apoyo de grandes amigos como ellos.
-Bueno, será mejor que nos vayamos Piccoro, haremos otra inspección al planeta y volveremos a casa. -se despidió Goku y partió detrás de Vegeta. -por favor, mantennos al tanto.
El Namek se limitó a asentir mientras los veía alejarse con Krilin y Yamcha en ultima instancia, pero antes de que el sayajin mas joven se lanzara al vacío junto con Vegeta, lo vio girar el rostro y gritarle un "No te preocupes" y "todo esta bien" a su joven ex-discípulo que solo atinó a alzar la mano y gritar un torpe gracias, antes de verlo desaparecer.
-¡Dende, tenemos trabajo! -gritó Piccoro haciéndole un ademán y se adentró de nuevo al templo, con dirección a la biblioteca personal del Kami Sama.
El debía tener las mismas inquietudes, pensó el joven Kami Sama mientras lo seguía. Lo que estaba pásando tenía un trasfondo más inquietante y misterioso. Y todo tenía como punto de encuentro aquel extraño eclipse del siguiente día. Al fin y al cabo…
Él también había sido Kami Sama.
-¿Piensas en lo mismo que yo, Dende?
No se había equivocado…
-Si, en eso mismo. - respondió el joven Namek, emparejándose con el guerrero.
-Bien, a trabajar entonces. ¡Mr. Popo!
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Parecía un sábado normal como cualquier otro. Pero Fly Pan Yama estaba recibiendo muchos visitantes de todo el reino y fuera de él, a causa del eclipse del siguiente día. Ellos gozarían del privilegio de encontrarse en el camino del eclipse. Quizás no en la Umbra que era el punto donde la verdadera sombra de la luna se proyectaría, pero la Penumbra estaba bien para ellos, demasiada oscuridad los ponía nerviosos. Por esa razón, el castillo era un verdadero hormiguero que bullía de la más intensa actividad; desde el mas humilde sirviente hasta el mismo Rey, todos se afanaban por cumplir el cometido de ser un buen anfitrión para los forasteros.
Y Ox Satan que había terminado de desayunar con todo el personal del castillo, comenzaba a instalarse en su enorme despacho para atender los asuntos de mayor urgencia, cuando oyó llamar a su puerta.
Suspiró, esperaba que no fuera alguna tontería, en ese momento muchas otras cosas, más importantes, requerían su atención.
Apenas un joven guardia traspuso la puerta y abrió la boca, supo que no lo era.
-Se llama Urara señor y dijo que lo esperaba en el vestíbulo. -espetó y Ox Satán dio un respingo. Antes de que el hombre pudiera añadir otra cosa, el viejo rey ya pasaba por su lado y se alejaba por el pasillo dando grandes zancadas. –¿Señor…?
En la habitación donde el rey recibía a las visitas, una anciana recorría con la vista todo el lugar. Tenía rostro delgado, con tantas arrugas que ya no había lugar posible para otra. De largo cabello blanco sostenido en una trenza que contrastaba con la oscuridad de su piel tostada, y un cuerpo encorvado y enflaquecido que hablaban del abrumador paso de los años.
Sin embargo, sus ojos atentos y escrutadores, hablaban de alguien más joven, más vivo y más fuerte. Al ver que el tiempo pasaba se decidió acercar, sosteniéndose en su báculo, a los retratos que eran los que llamaban mas su atención. Adoraba ver las fotos, ya que de esa manera podía conocer un poco de la historia familiar de su propietario y saber, si había sido feliz, si aun lo era o lo había sido.
En las fotos que en ese momento veía, descubrió muchas cosas interesantes; como la extraña juventud de un hombre de cabellera alborotada, alto y poderoso cuya imagen los años no habían podido cambiar, a pesar de que sus hijos ya eran mayores y al menos uno ya tenía familia y le había dado nietos.
Curioso pensó la vieja, más que curioso. Se fijó también que había un pequeño que no había estado presente en otras fotos, ni siquiera como un bebé. Tenía la piel tan solo un poco más oscura que ella y una extraña mata de pelo oscuro, cuyo semblante tímido acentuaba su mirada dulce.
Una bonita familia.
Sin embargo, lo más impresionante a sus ojos, fue la imagen de la matriarca, con el paso de los años pintado apenas en el rostro; cada milímetro de su ser, era una copia fiel, maravillosamente exacta de aquella otra mujer a la que había criado como si fuera suya.
- Chiisato... mi niña, es idéntica a vos -musitó con la voz ligeramente quebrada de emoción al rememorar algo especialmente doloroso.
Sus ojos se movieron con urgencia repentina y encontraron un enorme retrato. En ese estaba una familia pequeña, compuesta por el padre, enfundado en un extraño traje de batalla, la madre, vestida con un traje estilo chino, dos mechas obscuras y un precioso rostro de marfil que sonreía dulcemente, mientras sostenía a una bebita en llanto perpetuo.
Fuego y oscuridad en un sueño, se unieron a la imagen de aquel rostro suave.
No sueño…
No pesadilla…
Lo había visto sin estar ahí, había oído los gritos de toda esa gente, aquella noche en que ella se había sacrificado por amor.
La puerta crujió sacándola de sus pensamientos. Y al darse la vuelta, se encontró con la imagen del viejo rey.
-Urara sama -llamó el hombre sin poder creer lo que veía. Lentamente cerró la puerta, y de esa misma forma se acercó a ella, en su rostro una expresión indefinible se dibujaba.
-Querido muchacho… hace años, muchos que no os veía. –habló suavemente con esa voz ronca y cansada de los ancianos.
-Si, tantos... pero, no ha cambiado absolutamente nada -dijo sonriéndole cálidamente.
-Y tú, tampoco, seguís tal como os recuerdo.
-No creo, mire, ya tengo canas. -rió ligeramente.
-Hijo mío, esos cabellos no significan que se esté viejo, sino que se es mas sabio. -le reconvino cariñosamente la anciana.
-Entonces he de decir Urara sama, que usted es la mujer más sabia que exista en este mundo. -contestó con sinceridad.
-Me honra saberme considerada así, majestad -respondió con la leve reverencia.
-Y me honraría mas si no hiciese eso, me avergüenza, si hay alguien que tiene que inclinarse, ese soy yo -y acto seguido el rey hizo una profunda reverencia a la anciana.
La mujer sonrió. Y para cuando Ox Satan se incorporó de nuevo. La mujer había adquirido en su rostro una expresión de inusitada seriedad. Y se dio la vuelta, dándole la espalda al hombre, repentinamente mas joven, no encorvada, mostrando una fuerza escondida.
Se deslizó con suavidad hasta uno de los ventanales, siempre apoyada en su bastón y Ox Satan contempló su cuerpo tan imposiblemente delgado quedar inmóvil frente a la ventana.
-¿Qué paso esa noche? -cuestionó de repente.
Los ojos del rey se abrieron en shock. Y antes de que su razón pudiera digerir la pregunta, su corazón ya lo había hecho, al acelerarse.
¿Qué paso aquella noche?
Eran cuatro palabras, simples y llanas, aparentemente sin sentido alguno, sonaban hasta banales, pero… él había esperado esa pregunta desde hacia décadas, aun cuando había perdido la esperanza de verla volver. Si alguien escuchara detrás de la puerta o atisbase oculto desde un rincón, no entendería porque se había puesto pálido, porque había tenido que sostenerse del sillón más próximo para dejarse caer pesadamente después, como desprovisto de toda su fuerza de un solo golpe, a causa de una pregunta de cuatro palabras.
Ella lo sabía, siempre lo había sabido, por eso se había marchado.
Ahora lo entendía.
Ni Chichi, ni Goku, ni nadie de su familia podría jamás entenderlo. Porque era algo que había jurado con toda el alma contar hasta que se hallara en su lecho de muerte. Solo hasta ese día Chichi sabría una cosa que él por protegerla, le había ocultado por tantos años.
¿Qué paso aquella noche?
No había en la pregunta ninguna petición amable o un tono sutil. Había sido imperativa y directa, entendió entonces, que por eso había venido, quería una respuesta.
Pero darla, era como echarse sal a una herida que nunca había cerrado.
-¿Por qué? -cuestionó apenas, la verdad hubiese querido decir: "¿por qué hasta ahora se digna venir y preguntarme "eso", ESO de entre todo?"
Ella se había marchado con un "adiós" definitivo. Y él y Chiisato la habían dejado alejarse de ellos. Hasta hoy. ¿Por eso volvía?, Durante breves instantes creyó en verdad que era por haberlos extrañado.
-Porque lo necesito, muchacho -contestó con voz serena, dándole la espalda al ventanal y fijando su vista en aquel guerrero que yacía hundido en el sofá, repentinamente mas viejo y más pequeño que hacia unos segundos.
Los puños de Ox Satan se crisparon hasta dejar sus nudillos blancos.
-¿Porque lo necesita?, ¿Solo por eso, por nada mas que eso? - su voz era normal, pero en ella había rencor, había dolor y reproche, todos ellos nacidos gracias a esa pregunta, sin embargo guardados desde aquella noche.
-Se que yo, de todo el mundo soy la que menos os puede cuestionar eso. Y también sé lo que pensais de mí.
Ox Satan sonrió amargamente.
-No importa, yo os he dado motivo. Y sin embargo... -la mujer se enderezó con la cabeza alta, mostrando un porte orgulloso y lleno de autoridad, con aquella majestad que solo una vez había visto hacia muchos años -quiero vuestra respuesta. -exigió -Mi razón de ser, está ahí. El tiempo ha llegado y ha ocurrido algo grave, si no lo sé ahora Ox Satan, es posible que este mundo deje de existir -sentenció mirándolo con vehemencia.
-¿Quién eres tú…? –musitó Ox Satan mirándola intensamente.
La había conocido desde que era un niño y su padre gobernaba esas tierras vastas y solitarias, su pueblo ahora ciudad era en ese entonces, una aldea sencilla poblada por gente tranquila pero recia.
Ella había llegado un día ventoso, en una carreta vieja y un bebé en brazos, tan anciana y flaca como hasta hoy. Como si el tiempo se hubiese congelado en ella. Ese día había solicitado asilo en el pueblo, contando que era una mujer errante que vivía de preparar pócimas para curar males a la gente de los pueblos que encontraba por su camino. Y que la pequeña (apenas un bebé) que llevaba en brazos era una huérfana cuyos padres habían muerto por una enfermedad desconocida que no supo curar hacia meses y que por tanto ella se había hecho cargo. Sin embargo, los años le pesaban y la criatura necesitaba cuidados y un sitio donde crecer, por lo que acudía a su padre, el rey para pedirle su ayuda.
Durante largo rato su padre la interrogó, la gente rara no le daba confianza y menos si hacían cosas que se le parecieran a la magia, pero no encontrando nada de mentira en su historia la aceptó de buen grado por la pequeña en brazos.
Y había crecido hablando con ella, aprendiendo de ella y junto a su "nieta". Una pequeña niña de enormes ojos negros y lacia cabellera oscura, amable y entusiasta, llamada Chiisato. Habían sido compañeros de juegos, amigos y al final, se había enamorado de ella.
Su Chiisato, su mujer, la madre de Chichi, evocó con dolor y nostalgia.
Y Urara sama se la había traído. Ella que nunca había contado de su pasado y lo evadía todo de una manera magistral cuando el quería saber más de ella y de la mujer que amaba.
Porque incluso su esposa estaba envuelta en ese halo de misterio. Al igual que Urara sama, en ella había encontrado ese mismo aire místico, la misma habilidad para curar con sus medicinas y una profundidad en la mirada que nunca pudo entender, hasta aquella noche…
La pregunta quedó flotando entre ellos durante varios minutos de pesado silencio.
-Ella os lo dijo, ¿no es así?
-Me dijo algo, no pudo decirlo todo –murmuró -Solo se… que ella era y no era humana. De ti, que eras algo asi como su cuidadora, no pudo decirme más… -y volvió a bajar la cabeza recordando su rostro, desencajado entre el fragor, el fuego y la sangre.
…cuídate… cuídala… Urara… ella…
Y luego todo se volvió blanco.
Fueron minutos los que permanecieron en silencio-
-Por favor… -musitó la vieja, ahora cerca y sus manos puestas sobre las manazas de aquel viejo rey al que había hecho tan desdichado.
Pero así había tenido que ser, solo así.
Y él, iba ha hablar aunque no quisiera, recordar aunque le partiera el alma. Porque ella se lo ordenaba y su autoridad superaba incluso a la del mismo Kami Sama, y cuando el alzó la vista, lo supo en la profundidad de su mirada gris.
Era divina, parecida a los Kaio Shin, pero sin pertenecer a ellos.
El hombre lanzó un suspiro largo, antes de comenzar su relato.
Lejos de ahí, mientras un viejo rey, comenzaba a relatar una historia que había guardado en secreto tan solo para él mismo; un hombre joven veía cerrarse la puerta de su dormitorio de un fuerte portazo. Nunca creyó que las cosas fuesen a terminar de esa manera, y mucho menos un día antes de lo que prometía ser una oportunidad maravillosa para la unión familiar.
Gohan suspiró y se encaminó fuera de la casa, era obvio que esa semana había sido una de las peores de toda su vida sino la peor. Era un hombre paciente, demasiado paciente y tranquilo, que sabia controlarse en situaciones que harían enojar o desesperar a otros. Y era algo de lo que se enorgullecía. Amable y tranquilo, dos palabras que definían lo que él se había forjado para si mismo.
Sin embargo… esto ya estaba rebasando sus límites, y el sabía muy bien lo que pasaba cada que algo rebasaba sus límites.
No era nada agradable hacerlo enojar.
Se talló las sienes mientras descendía las escaleras y enumeraba aquella cadena de hechos desafortunados que habían golpeado a su familia, empezando por el "ataque" a su madre y a Maron, porque eso, era un ataque en toda la regla aunque lo de Maron era de lo más extraño. Y él que había entrenado toda su vida, no había sentido ¡NADA! Ni una sensación, ni nada que le indicara siquiera que alguien de su propia sangre estaba siendo lastimado.
Me pregunto que clase de hijo eres.
-Yo también me pregunto lo mismo Goten. –dijo al aire.
Otro dolor a la cabeza y a la conciencia. Si no hubiese sido por su padre, Goten le habría estrellado en la pared más cercana. Tenía la misma explosividad de su madre y era del tipo que no se guardaba nada.
Y tenía razón, el también se habría puesto furioso si hubiese visto a su hermano llegar con toda la calma de mundo y preguntar "¿qué pasa?" con esa maldita tranquilidad con la que lo había hecho.
Las culpas le empezaban a pesar como montañas. Y ahora su agenda se había saturado sorprendentemente con conferencias que dar a la otra punta de la tierra, revisión de proyectos, la conclusión de una investigación de cuatro años y encima una campaña médica hacia la región Sur, llevada con el fin de detener una pequeña epidemia que amenazaba con alcanzar proporciones épicas si no la detenían a tiempo; todo eso no le hacía ni pizca de gracia; porque eso significaba que él y Videl, tendrían que ausentarse de casa por un buen par de meses.
Esa noticia no los había dejado en el mejor de los términos con Pan, la pequeña tan solo se había limitado a mirarlos duramente y marchar a su habitación en el más completo de los silencios.
¡Maldición!, pero no puedo abandonarlo, porque... me apasiona- pensó el semisaiya subiendo a su nave.
Igual que tu padre...
-Ay mamá, creí que te equivocabas pero me conoces mejor que yo mismo. -masculló para si. Y arrancó la nave que se remontó al cielo con rapidez.
El aire pronto empezó a golpear su rostro con suavidad, la velocidad a la que manejaba era una nimiedad en comparación a la que era capaz de volar; sin embargo siempre se le olvidaba que era excesiva para un humano normal y solo se percataba hasta que Shapner (cuando lo acompañaba) le empezaba a gritar que iban a matarse. A veces se olvidaba de que su colega no estaba acostumbrado a esos desplantes de sayajin.
Sonrió, al recordarlo a él y a Iresa, las únicas personas normales aparte de Videl, que sabían la verdad de su origen. Era una tranquilidad no esconderse de todo el mundo. Y en eso, Videl había sido invaluable para él.
Era horrible estar peleado con ella.
Y por una tontería.
Ella era única e irrepetible para él, y jamás mujer alguna sería capaz de sustituirla. Sin embargo, su esposa al parecer creía lo contrario y estrujó el volante, al recordar su discusión. Todo por el compromiso de esa mañana: acompañar a Akeru a la muestra de su proyecto para una importante compañía transnacional.
Akeru.
Sentía no quedarse con Videl y Pan por ese día, pero había prometido a la joven estar ahí para darle todo su apoyo. Y el que ella le hubiese pedido su compañía, era bastante significativo, tomando en cuenta su forma de ser. Para él, Akeru era un ser humano muy necesitado de cariño, apoyo y ayuda; y él no podía pasar por alto algo así, y menos cuando había dejado que él se acercara y lo aceptara. Le tenía aprecio, y Akeru parecía apreciarlo también.
¿No abandonas a la gente que te necesita, verdad Gohan?
No.
Y tu familia, ¿qué…?
Discutir con su conciencia siempre le daba dolor de cabeza y más culpas. Así que optó por prometerse mentalmente, llevar a cenar a Videl y Pan, para compensarlas un poco. Y con ese pensamiento, se dirigió a la capital del Este, donde se llevaría a cabo la demostración.
Ya era Tarde, y toda la mañana con esa sensación de inquietud.
El Domo se alzaba frente a Corporación Cápsula como una preciosa cúpula blanca luminosa por el sol de la tarde, aparentemente si ventanas y cuya única nota alegre, era una puertita anaranjada con el logotipo de la compañía.
Maron depositó suavemente su taza en la mesita, concentrando su atención en la estructura, perfectamente visible desde su ventana. Trunks, del otro lado de la mesa, mantenía las piernas cruzadas, observando el reloj que había justo arriba de la cabeza de Maron.
Dentro de unos cuantos minutos, la prueba se llevaría a cabo, las cosas se ponían cada vez mas raras e inquietantes. Y no pudo evitar ese escalofrio al recordar la forma en que Maron había vuelto en si despues de ese ataque en medio de la cafetería atestada de estudiantes. Su mano delgada aferrandose a su camisa con desesperación y sus ojos aterrorizados encontrándose con los suyos. Temblando, casi a punto de echarse a llorar pero aguantando hasta que estuvieron lejos de las miradas curiosas.
Se había desecho en los brazos de Goten, contando aquello que había visto. Ese horror, esa "cosa" sin nombre, no era su apariencia lo que asustaba, era su presencia, lo que "eso" significaba.
Llámala linda niña... llámala y prometo que lo olvidarás... pronto...
¿Quién era?
Miró a su amiga, contempló su delicado perfil, sus ojos azules brillaban por efecto de la luz diurna que se colaba por las ventanas, parecía una criatura frágil, mucho más frágil que antes. ¿Cuánto más iba a soportar?, ¿Cuánto más... hasta que esa cosa la enloqueciera?
-¿Maron? –la llamó y le dedicó una mirada de apoyo, porque para su frustración, era la única cosa que podía hacer.
La chica volteó a verlo, su expresión era grave, extrañamente segura y tranquila. No aparentaba aquella horda de sentimientos que se le habían desbocado por dentro, ni sus ansias, ni sus miedos por la siguiente "visión".
No deseaba preocupar a nadie. No más de lo que ya estaban. Sus padres no debían saber lo que le había pasado ayer. Ya tenían bastante angustia para agregarles más. Lo que fuera, ella y los chicos, lo tendrían que resolver sin hacer tanto alboroto.
Por eso debían estar ahí, la máquina de Akeru era la clave. Ese nombre se lo había enseñado "eso", y debía tener que ver con Akeru, si lograba probarlo, quizás, tan solo quizás eso se detendría y Chichi estaría segura, y todo volvería a la normalidad.
-"Kara ni Suru" –contestó, rogando porque eso lo resolviera todo -No es una coincidencia Trunks- continuó ella, al ver su silencio.
El hijo de Vegeta estaba a punto de decir algo, cuando un ligero "ZIP" los hizo volverse a la vez, y encontrarse con la imagen de Goten, materializada repentinamente en medio de la sala. Sus dedos despegándose de su frente.
-¡El shunkaido! -exclamó Trunks maravillado -¡lo lograste Goten!
Maron solo sonrió sin pronunciar palabra, alegre de que algo más llenara su mente y alegrara su corazón.
-Si, papá dijo que debía aprenderlo, un guerrero nunca está del todo preparado, según sus palabras.
-Algo en lo que concuerdo con Kakarotto, al fin se ha dignado enseñarte algo de utilidad.
Los tres adolescentes se giraron hacia el dueño de la voz. Vegeta se encontraba parado en la puerta de la sala, con Bra a un lado de él.
-Papá, ¿Tiene mucho que estás aquí?, no te he sentido llegar.
-Eso es evidente -espetó con cierta arrogancia el príncipe de los sayajin.
El muchacho se ruborizó y decidió desviar el tema, antes de que a su progenitor se le ocurriera soltarle un sermón acerca del Ki, la falta de entrenamiento y peor aún, tener que darle la razón. Algo que no había dejado de hacer en los últimos días.
-¿Averiguaron algo, papá? -preguntó el chico de cabello lila.
-Nada, ha sido una perdida de tiempo, y de sueño. El gato de la torre y ese par de Nameks están tan desconcertados como nosotros y dar vueltas a la tierra no ha sido de lo más brillante, pero no podía esperar más de Kakarotto.
-Y sin embargo, lo has hecho.
Craso error, pensó el hijo de Bulma al ver a su padre fulminarlo con la mirada. Por mucho que sus relaciones con el padre de su mejor amigo, hubiesen mejorado, no soportaba que le mencionaran cosas de ese tipo. Trago saliva. Si no lo mandaba a volar de un "Energy", sería un milagro.
Sin embargo, Vegeta decidió ignorarlo al final.
-Vegeta san… ¿irá a la prueba? –habló Maron rompiendo un poco la tensión en el ambiente.
-No
-Ah…
-Supongo que no son cosas que le interesen a usted. –comentó Goten rascándose la cabeza con esa expresión tan propia de Goku.
-Obviamente. –replicó con la misma voz cortante.
-Aaaaw, papá no seas asi -replicó una voz infantil. Hasta ese momento no se habían dado cuenta de la presencia de Bra que los miraba intrigada entre tanto secretismo.
-¡Hola Bra!
-¡Hola chicos! ¿Van a ver el invento de esa chica rara?
Trunks sonrió divertido.
-Creo que se le olvidó la palabra "desagradable" -susurró Goten al oído de Maron.
-¡Goten!
-Bra me ha dicho que has estado entrenando con ella -espetó el sayajin repentinamente, mientras acariciaba la cabeza de su hija.
-Eh, si, así es papá -contestó el muchacho, un poco incómodo al sentir los ojos de su padre, mirarlo intensamente.
-Me sorprende.
-Bueno, pensé que te agradaría, siempre has dicho que entrenar y ganar poder, es derecho de todo sayajin. Incluso de Bra.
-En efecto. -asintió el Saiya aprobando las palabras de su vástago.
-Y bueno, ella también deseaba aprender, y no podía negarme, necesita saber defenderse, y se que no le gusta depender de alguien para ser protegida. -y al decir esto, le dedicó una sonrisa orgullosa, a su hermana.
La pequeña Bra, asintió confirmando lo dicho por su hermano.
-Yo también quiero cuidarlos como me cuidan a mí. No quiero ser una inútil -agregó decidida, provocando miradas enternecidas por parte de Goten y Maron, ante el inocente argumento de la chiquilla.
-Excelente argumento pequeña. –sonrió Vegeta -Por cierto... me ha dicho que Uub también ha practicado con ella.
-¡Ah, si!, lo ha hecho de vez en cuando, pero ha sido cuidadoso con ella. Pero, si crees que no está bien, puedo decirle que no lo haga.
-No pidas eso papá -rogó la niña tirándole del pantalón -Uub ha sido amable y me ha enseñado muchas cosas.
El sayajin resopló levemente, pasando su mirada, del rostro compungido de su pequeña hija, al serio, de su hijo.
-Solo te pido precaución y sentido común, conoces el poder del mocoso, ¿o me equivoco? –gruñó Vegeta, mirando evaluadoramente a Trunks, preguntándose si en verdad sabía lo que hacía.
-Sí, perfectamente. No haría nada que dañara a mi hermana, lo sabes –contestó mirándolo seriamente. Nunca le habían gustado que dudaran de él y menos que esa persona fuera su padre.
-No te preocupes papito, mi hermano es buen maestro. Y me cuida mucho.
-Je, eso ya lo veremos, espetó el hombre con una sonrisa sarcástica -anda, ve a abrir la cámara.
-¡Sí! - dijo, despidiéndose de los adolescentes y abandonando la salita. Trunsk miró como su padre observaba hacia donde su hermana había salido, con cierto deje de orgullo en sus ojos oscuros.
-¿Vas a entrenarla? -preguntó Trunks, mirando azorado a su padre.
-Por supuesto, es hora de que me encargue. Por cierto, ¿Creen de veras que encontraran algo ahí? -espetó, frunciendo el ceño.
La pregunta los tomó tan desprevenidos que no pudieron evitar una mueca de sorpresa.
-¿Qué como lo he sabido? -cuestionó con una sonrisa satisfecha mirando esa pregunta en sus rostros desconcertados, -esas caras son demasiado legibles, una mala costumbre de ustedes, y si a eso agrego su pequeño historial y el que se citaran a esta hora y tanto secretismo, supongo que andan tras el mismo objetivo de nosotros. ¡Adolescentes!
-¡Ustedes nos dejaron de lado!.... -Trunks tapo la boca de su amigo, quien tan solo lanzó un gruñido de disgusto.
Vegeta sonrió mas ampliamente, disfrutando su momento, los jóvenes eran tan estúpidamente obvios a veces.
- ... espero que me cuenten lo que han descubierto, si es que tienen idea de a donde van -repuso con arrogancia.
-Vegeta san...
Maron se adelantó varios pasos, interponiéndose entre los muchachos y el sayajin, dedicándole a este último una mirada extrañamente grave, que lo desconcertó. ¿Qué le pasaba?
Conocía a la chica desde que había aprendido a caminar, y aunque rara vez había cruzado palabras con ella, sabía la clase de persona que era. Y en ese momento, ella no parecía la clase de persona que conocía. Había en esos ojos azules, una profundidad y una fuerza que nunca le había visto, y nada tenía que ver la poderosa mirada de Juuhachigou, pensó al ver ese extraño brillo en sus ojos.
Era sospechoso e inquietante, pensó el sayajin observándola con detenimiento, repentinamente lucía extrañamente mayor, incluso más alta y poderosa. Como si alguien se proyectara a través de ella, y tal sensación lo desconcertó aún más.
¿Qué estaba pasando?
-Lo sabrá… usted será el primero en saberlo… -espetó la joven en un susurro que solo él alcanzó a oír. –Lo prometo.
Esa voz, no era la voz de ella.
Goten y Trunks, a un lado, contemplaban confundidos aquel repentino duelo de miradas, hasta que el mismo Vegeta, había desviado la vista, hacia los muchachos.
-Sea lo que sea, espero enterarme pronto -dijo, pasando cerca de Trunks y dándole una rápida palmada en el hombro. Mientras sus miradas se cruzaban fugazmente. El muchacho sonrió, a pesar de la brevedad, había reconocido un brillo de orgullo y aprobación, en los ojos de su padre.
Él lo había hecho bien… por eso iba a encargarse de su hermana ahora, supo mientras lo veía desaparecer por la puerta.
-Vaya, tu padre si que es suspicaz - gruñó Goten.
-Y astuto, aunque... no se si esto nos lleve a alguna parte. Si estemos, en el camino correcto. –replicó Trunks mirando aún la puerta.
-El cree que sí... y es confiable -murmuró Maron volviendo la vista al domo -será mejor que vayamos.
-¿Maron?
-¡Vayamos! -repitió, volviendo la vista a ellos, con una sonrisa luminosa, como la misma Maron de siempre.
-Eh… si, tómense de las manos, nos teletransportaremos. –ordenó Goten, mirándola confuso.
-¡Genial! –celebró Maron colocándose a su lado.
¿Qué había sido eso?
Sus figuras se desvanecieron de la sala.
Tú… no la odies… no lo sabe… ella no sabe…
no se lo digas…
no se lo digas por favor…
lo tiene que hacer…
esto fue para ella, no para mi…
lo sabrá, pero no hoy… no mañana…
perdónala… y ámala…
como me amaste a mi…
mi amor…
Ella… no merecía esa muerte…
…y no quiero que ella lo sepa…
...no se lo perdonará, Nunca.
"Lo sé. Y lo siento, pero así es. La Luna se acerca junto con la hora, el saldrá y tenemos que hablar, tenemos que encontrarla.
O no habrá salvación...
Notas al pie: [28-05-04] Se que ha pasado mucho tiempo entre cada capitulo de esta historia. Y a lo largo de este tiempo, han ocurrido mil cosas, muchas cosas han cambiado en mi vida. Aunque lo espero que mi forma de escribir haya mejorado un poco más y que en el siguiente capitulo, la mejora sea aún mayor.
No pienso abandonar Onna Musha aunque tenga otros proyectos en puerta, u otros animes y mangas que amar. Esta historia es importante para mi y el día en que la acabe, podré decir que he cerrado mi ciclo aquí.
Onna Musha es una historia escrita para mi, en cierta forma, en ella estoy depositando todas las ilusiones que tenia con respecto a los fics de DB. Es decir las situaciones que me hubiese gustado que alguien más escribiera. Esas cosas que a mi me habrian encantado ver. Cosas que se que alguien más tambien deseó leer.
Por eso existe. Y siento la tardanza, se que no puedo prometer rapidez, porque mi musa es mala y lenta, asi que pido paciencia. La acabaré aunque me lleve la vida en ello.
A los que me leen. ¡Mil Gracias Gente! son los mejores.
