Wew!!! Ya toy aquí.
Katrina Lupin: Siento haber tardado tanto en actualizar, pero tengo excusa, mala, pero es una excusa. Tengo este capitulo pasado al ordenador desde hace siglos (no me pegues) pero el día que lo iba a subir, el tontaina este no me dejaba entrar para colgado. Así que lo he ido dejando, dejaaaaaaaaaaaando... hasta que he leído tu review, si no todavía estaría sin colgar, jejejeje.
Fiesta
Al entrar, el estomago de Morgana se encogió. Debería de haber unas mil persona. Todos, vestiditos con túnicas no muy baratas, estaban agrupaditos en pequeños grupos, se tubo que abrir hueco a empujones y mirara donde mirara se encontraba con rostros que no reconocía, y eso la hacía sentirse incomoda. De un lado a otra camareros invisibles, iban y venían con comida bastante rara y con copas de champagne. La casa estaba decorada de color plata y verde, todo, absolutamente todo, era de esos colores.
Morgana suspiró cansada, nunca la había gustado este tipo de fiesta y cuando se estaba planteando marcharse alguien la tocó el hombro. Tras ella una mujer alta, delgada y rubia la miraba sonriendo divertida.
- Usted debe ser Morgana García ¿verdad?.
- Si, pero lamento decirla que yo no se quien es usted.- Se sentía algo culpable por no saber quien era esa buena mujer, pero llevaba solo nueve horas en ese país y no conocía ni al ministro.
- No se preocupe señorita García- y tendiéndola la mano se presentó- soy Narcisa Malfoy.
Morgana estrechó la mano de la rubia, y ella la empezó ha hablar sobre la fiesta, su familia y la vida de Inglaterra. Pero tampoco las dio tiempo a intimar mucho, un hombre rubio se acerco a la señora Malfoy.
- Querida, te he estado buscando por todas partes- sonreía a la mujer- quiero que conozcas a alguien.
- Ahora voy, estoy hablando con la señorita García.
- ¿García?- El hombre se giró para mirar de arriba a abajo a Morgana, esta le sonrió divertida.- ¿Morgana García?
- Si, soy yo, y si no me equivoco usted es Lucius Malfoy.
- Si, veo que la soltera de oro se a dignado a aparecer por aquí.- al hablar arrastraba las palabras y la sonreía con malicia, pero ella no se iba a dejar asustar así por las buenas.
- Si, ya ve- intentó sonar todo lo fría que pudo, que fue bastante.
- ¿Piensa seguir soltera por mucho tiempo, señorita García?- "Y venga con el run-run y el run-run", Morgana puso los ojos en blanco, pero volvió a sonreír.
- Si, porque desde mi punto de vista los hombre son un estorbo, ni comen ni dejan comer.
Una carcajada general la hizo darse cuenta que se había hecho un corrillo alrededor de ellos.
- ¿Y me puede decir usted que hace sin un hombre que la proteja?- Lucius volvía a la carga, ahora con el orgullo dolido.
- Para su información, señor Malfoy, soy muy buena duelista y...
- Y es una luchadora magnifica- dijo alguien tras ella. Morgana se giró y vio a Manuel, y a su cuñada Karola, y sus sobrinos, José se nueve años y Susana de siete añitos- Hola Lucius, hola Ratita- la susurró para que solo ella pudiera oírle.
La conversación acabó hay y Morgana se fue toda la velada con Manuel, hablando con unos y otros de negocios, todos aceptaban sus consejos de inversiones y ella se sentía en su salsa.
La noche fue tranquila hasta que un grupo de hombres vestidos de negro y con capuchas se apareció en el salón y ordenaron a todos que pusieran las varitas en el suelo. La gente estaba aterrada y los encapuchados pasaron entre ellos arrancandoles sus joyas y todo el dinero que llevaban encima.
- ¿Quiénes son?- Susurró Morgana a su hermano.
- Por como van vestidos, supongo que son mortifagos.
Morgana se sorprendió mucho ya que podían ser muy peligrosos. No la dio tiempo a pensar nada, uno de los mortifagos se acercó a ellos con una bolsa negra y grandota, bastante llena. Era godito y bajito, y llevaba una mano de plata.
- El dinero y las joyas- gruñó.
Manuel dejó su dinero (tanto muggle como mágico) y su rolex en la bolsa, pero Morgana no se movió, tenía otras ideas en mente.
- ¡Eh! ¡Guapa!- la llamó el mortifago- deja el dinero y las joyas en la bolsa.
Ella sonrió y sacó del bolsillo un galeón, que tras enseñárselo al hombre, lo echó en la bolsa.
- He dicho T-O-D-O.
- ¿Y quien ha dicho que tenga algo más?
- Quizas- el hombre estaba perdiendo la paciencia- el anillo, el reloj, los pendientes y el colgante.
- Ahh, ¿eso? No te lo voy a dar.- Morgana se pusó seria.
- ¿Qué?- La preguntó incrédulo.
- Morgana, no hagas ninguna tontería- susurro Manuel.- Recuerda que tus sobrinos estan aquí.
Lo que la faltaba, que ahora Manuel la empezara a hacer chantaje emocional. Miró a sus sobrinos, José la miraba sorprendido y asustado, en cambió, Sussy la miraba orgullosa, como si en ese momento ella fuera su heroína.
- Estoy perdiendo la paciencia, o me lo das o afrontas los consecuencias.
- No te atreveras.- Siseó Morgana al encapuchado.
El mortifago estaba totalmente rojo, y sin pensar sacó la varita del bolsillo, pero Morgana fue más rapida y con la pierna le golpeó la mano haciendole soltar la varita, y tras eso, le pegó un puñetazo en la cara. El hombrecillo cayó al suelo dándola tiempo a alejarse corriendo. Nadie la prestaba atención, ya que el tipo de gente que acude a estas fiestas, esta más preocupada en su dinero que en que una joven encare a un grupo de mortifagos. Mientras se metía entre la gente, Morgana oyó como el hombrecillo ordenaba a los demás que buscaran a la zorra que le acababa de romper la nariz.
Con rapidez rompió la tunica por los costados, hasta el muslo, donde tenía escondidas dos dagas. Había vivido toda su vida en Madrid, en la Ventilla, y sabía que a veces, ir armada era la mejor solución.
- Allí- un mortifago alto la había visto, y al momento se vió rodeada por cuatro de ellos, pero no se la borró la sonrisa de la cara.
El mortifago alto se acercó a ella, pero no vio las dagas hasta que una de ellas le hubo cruzado el rostro. Se llebó la mano a la cara y al mirársela, vio sangre, no era un corte muy profundo, en ese momento, Morgana sonrió aun más. El mortifago que tenía a la derecha alzó la varita y empezó a pronunciar un encantamiento inmobilizador, pero no le dio tiempo, ya que Morgana se agachó y le pateo el tobillo izquierdo provocando que se callera.
Los dos mortifagos que quedaban, el primero se había largado como quien no quiere la cosa, corrienron hacía donde estaba ella. Pero no pudieron hacer nada, Morgana al ver sus intenciones, les lanzó las dagas clavándoselas a uno en la pierna y a otro en el brazo.
El mortifago que había tirado al suelo se levanto y se acercó a ella lentamente, sin que ella se diera cuenta, pero la puerta del salón se abrió para que un grupo de unos cincuenta aurores entraran por ellas. Los mortifagos que quedaban, ya que gracias al pequeño levantamiento de Morgana, los magos se habían empezado a defender, se largaron, y los que quedaban incoscientes fueron detenidos.
- Te dije que no hicieras ninguna tontería- Gruño Manuel tras ella.
- Y no la hice...
- No, que va, solo conseguistes que casi te mataran...
- Casi, tú mismo lo has dicho.
- Ya pero- Manuel paró de hablar para mirarla estrañado, alzó su mano y la tocó en la mejilla- ¿cómo diablos te has hecho esto?
Morgana se tocó la cara y descubrió sangre en ella, tenía un corte en la mejilla izquierda, se lo debía de haber hecho en algun momento de la peleo, pero era solo un leve corta, y no la dolía nada.
- No sé, alguno de ellos me debió enviar una maldición y me la hizo, pero no me di cuenta.
- Será mejor que te lleve a casa...
- Necesito que me acompañe señorita García- gruó una voz tras ellos. Ambos hermanos se giraron y vieron a un hombre con la cara llena de marcas, pata de palo y un ojo de cristal mágico.
- ¿Para qué?- Se adelantó a preguntar Manuel antes de que Morgana pudiera reaccionar.- ¿Y quién es usted?
- Soy Alastor Moody, un auror. Necesito que la señorita vaya a hablar con cierta persona.
Mientras su hermano discutía con aquel hombre, una voz dentro de ella la decía que debía ir, era algo bastante importante.
- De acuerdo.
- ¿Qué?- preguntaron los dos hombres, ya que con la discusión parecían haberse olvidado de ella.
- Iré con usted...
- Si tú vas, yo voy.
- No, Manuel, tú tienes que llevar a casa a tu familia- Morgana miró a los ojos a su hermano mayor poniendo ojos de cachorrito- iré yo sola, por favor.
Como si hubiera dicho las palabras magicas, Manuel asintió con la cabeza, y solo la dejó marchar cuando le hubo prometido cien veces que en cuanto llegará a su casa, le llamaría.
Moody la condujo por todo Londres hasta llegar a una casa un poco apartada de la ciudad. Se acercó y tocó la puerta, al momento, una mujer pelirroja les abrió y les obligó a entrar a toda prisa.
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Katrina Lupin: Siento haber tardado tanto en actualizar, pero tengo excusa, mala, pero es una excusa. Tengo este capitulo pasado al ordenador desde hace siglos (no me pegues) pero el día que lo iba a subir, el tontaina este no me dejaba entrar para colgado. Así que lo he ido dejando, dejaaaaaaaaaaaando... hasta que he leído tu review, si no todavía estaría sin colgar, jejejeje.
Fiesta
Al entrar, el estomago de Morgana se encogió. Debería de haber unas mil persona. Todos, vestiditos con túnicas no muy baratas, estaban agrupaditos en pequeños grupos, se tubo que abrir hueco a empujones y mirara donde mirara se encontraba con rostros que no reconocía, y eso la hacía sentirse incomoda. De un lado a otra camareros invisibles, iban y venían con comida bastante rara y con copas de champagne. La casa estaba decorada de color plata y verde, todo, absolutamente todo, era de esos colores.
Morgana suspiró cansada, nunca la había gustado este tipo de fiesta y cuando se estaba planteando marcharse alguien la tocó el hombro. Tras ella una mujer alta, delgada y rubia la miraba sonriendo divertida.
- Usted debe ser Morgana García ¿verdad?.
- Si, pero lamento decirla que yo no se quien es usted.- Se sentía algo culpable por no saber quien era esa buena mujer, pero llevaba solo nueve horas en ese país y no conocía ni al ministro.
- No se preocupe señorita García- y tendiéndola la mano se presentó- soy Narcisa Malfoy.
Morgana estrechó la mano de la rubia, y ella la empezó ha hablar sobre la fiesta, su familia y la vida de Inglaterra. Pero tampoco las dio tiempo a intimar mucho, un hombre rubio se acerco a la señora Malfoy.
- Querida, te he estado buscando por todas partes- sonreía a la mujer- quiero que conozcas a alguien.
- Ahora voy, estoy hablando con la señorita García.
- ¿García?- El hombre se giró para mirar de arriba a abajo a Morgana, esta le sonrió divertida.- ¿Morgana García?
- Si, soy yo, y si no me equivoco usted es Lucius Malfoy.
- Si, veo que la soltera de oro se a dignado a aparecer por aquí.- al hablar arrastraba las palabras y la sonreía con malicia, pero ella no se iba a dejar asustar así por las buenas.
- Si, ya ve- intentó sonar todo lo fría que pudo, que fue bastante.
- ¿Piensa seguir soltera por mucho tiempo, señorita García?- "Y venga con el run-run y el run-run", Morgana puso los ojos en blanco, pero volvió a sonreír.
- Si, porque desde mi punto de vista los hombre son un estorbo, ni comen ni dejan comer.
Una carcajada general la hizo darse cuenta que se había hecho un corrillo alrededor de ellos.
- ¿Y me puede decir usted que hace sin un hombre que la proteja?- Lucius volvía a la carga, ahora con el orgullo dolido.
- Para su información, señor Malfoy, soy muy buena duelista y...
- Y es una luchadora magnifica- dijo alguien tras ella. Morgana se giró y vio a Manuel, y a su cuñada Karola, y sus sobrinos, José se nueve años y Susana de siete añitos- Hola Lucius, hola Ratita- la susurró para que solo ella pudiera oírle.
La conversación acabó hay y Morgana se fue toda la velada con Manuel, hablando con unos y otros de negocios, todos aceptaban sus consejos de inversiones y ella se sentía en su salsa.
La noche fue tranquila hasta que un grupo de hombres vestidos de negro y con capuchas se apareció en el salón y ordenaron a todos que pusieran las varitas en el suelo. La gente estaba aterrada y los encapuchados pasaron entre ellos arrancandoles sus joyas y todo el dinero que llevaban encima.
- ¿Quiénes son?- Susurró Morgana a su hermano.
- Por como van vestidos, supongo que son mortifagos.
Morgana se sorprendió mucho ya que podían ser muy peligrosos. No la dio tiempo a pensar nada, uno de los mortifagos se acercó a ellos con una bolsa negra y grandota, bastante llena. Era godito y bajito, y llevaba una mano de plata.
- El dinero y las joyas- gruñó.
Manuel dejó su dinero (tanto muggle como mágico) y su rolex en la bolsa, pero Morgana no se movió, tenía otras ideas en mente.
- ¡Eh! ¡Guapa!- la llamó el mortifago- deja el dinero y las joyas en la bolsa.
Ella sonrió y sacó del bolsillo un galeón, que tras enseñárselo al hombre, lo echó en la bolsa.
- He dicho T-O-D-O.
- ¿Y quien ha dicho que tenga algo más?
- Quizas- el hombre estaba perdiendo la paciencia- el anillo, el reloj, los pendientes y el colgante.
- Ahh, ¿eso? No te lo voy a dar.- Morgana se pusó seria.
- ¿Qué?- La preguntó incrédulo.
- Morgana, no hagas ninguna tontería- susurro Manuel.- Recuerda que tus sobrinos estan aquí.
Lo que la faltaba, que ahora Manuel la empezara a hacer chantaje emocional. Miró a sus sobrinos, José la miraba sorprendido y asustado, en cambió, Sussy la miraba orgullosa, como si en ese momento ella fuera su heroína.
- Estoy perdiendo la paciencia, o me lo das o afrontas los consecuencias.
- No te atreveras.- Siseó Morgana al encapuchado.
El mortifago estaba totalmente rojo, y sin pensar sacó la varita del bolsillo, pero Morgana fue más rapida y con la pierna le golpeó la mano haciendole soltar la varita, y tras eso, le pegó un puñetazo en la cara. El hombrecillo cayó al suelo dándola tiempo a alejarse corriendo. Nadie la prestaba atención, ya que el tipo de gente que acude a estas fiestas, esta más preocupada en su dinero que en que una joven encare a un grupo de mortifagos. Mientras se metía entre la gente, Morgana oyó como el hombrecillo ordenaba a los demás que buscaran a la zorra que le acababa de romper la nariz.
Con rapidez rompió la tunica por los costados, hasta el muslo, donde tenía escondidas dos dagas. Había vivido toda su vida en Madrid, en la Ventilla, y sabía que a veces, ir armada era la mejor solución.
- Allí- un mortifago alto la había visto, y al momento se vió rodeada por cuatro de ellos, pero no se la borró la sonrisa de la cara.
El mortifago alto se acercó a ella, pero no vio las dagas hasta que una de ellas le hubo cruzado el rostro. Se llebó la mano a la cara y al mirársela, vio sangre, no era un corte muy profundo, en ese momento, Morgana sonrió aun más. El mortifago que tenía a la derecha alzó la varita y empezó a pronunciar un encantamiento inmobilizador, pero no le dio tiempo, ya que Morgana se agachó y le pateo el tobillo izquierdo provocando que se callera.
Los dos mortifagos que quedaban, el primero se había largado como quien no quiere la cosa, corrienron hacía donde estaba ella. Pero no pudieron hacer nada, Morgana al ver sus intenciones, les lanzó las dagas clavándoselas a uno en la pierna y a otro en el brazo.
El mortifago que había tirado al suelo se levanto y se acercó a ella lentamente, sin que ella se diera cuenta, pero la puerta del salón se abrió para que un grupo de unos cincuenta aurores entraran por ellas. Los mortifagos que quedaban, ya que gracias al pequeño levantamiento de Morgana, los magos se habían empezado a defender, se largaron, y los que quedaban incoscientes fueron detenidos.
- Te dije que no hicieras ninguna tontería- Gruño Manuel tras ella.
- Y no la hice...
- No, que va, solo conseguistes que casi te mataran...
- Casi, tú mismo lo has dicho.
- Ya pero- Manuel paró de hablar para mirarla estrañado, alzó su mano y la tocó en la mejilla- ¿cómo diablos te has hecho esto?
Morgana se tocó la cara y descubrió sangre en ella, tenía un corte en la mejilla izquierda, se lo debía de haber hecho en algun momento de la peleo, pero era solo un leve corta, y no la dolía nada.
- No sé, alguno de ellos me debió enviar una maldición y me la hizo, pero no me di cuenta.
- Será mejor que te lleve a casa...
- Necesito que me acompañe señorita García- gruó una voz tras ellos. Ambos hermanos se giraron y vieron a un hombre con la cara llena de marcas, pata de palo y un ojo de cristal mágico.
- ¿Para qué?- Se adelantó a preguntar Manuel antes de que Morgana pudiera reaccionar.- ¿Y quién es usted?
- Soy Alastor Moody, un auror. Necesito que la señorita vaya a hablar con cierta persona.
Mientras su hermano discutía con aquel hombre, una voz dentro de ella la decía que debía ir, era algo bastante importante.
- De acuerdo.
- ¿Qué?- preguntaron los dos hombres, ya que con la discusión parecían haberse olvidado de ella.
- Iré con usted...
- Si tú vas, yo voy.
- No, Manuel, tú tienes que llevar a casa a tu familia- Morgana miró a los ojos a su hermano mayor poniendo ojos de cachorrito- iré yo sola, por favor.
Como si hubiera dicho las palabras magicas, Manuel asintió con la cabeza, y solo la dejó marchar cuando le hubo prometido cien veces que en cuanto llegará a su casa, le llamaría.
Moody la condujo por todo Londres hasta llegar a una casa un poco apartada de la ciudad. Se acercó y tocó la puerta, al momento, una mujer pelirroja les abrió y les obligó a entrar a toda prisa.
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