Bufff!!! Maldito Pc este, que se me jode cada dos por tres, menos mal que este fic lo tengo en un cuaderno. Hoy me ha dado la vena y me he puesto a pasarlo, así que: ¡¡¡COGED LAS PALOMITAS Y DISFRUTAD UN RATO!!! Muchos besos!

La mujer que les hizo pasar, era regordeta y bajita, pero su voz era fuerte y firme, y por unos segundos, Morgana creyó estar de nuevo con su difunta madre.
- ¿D"NDE OS HABIAIS METIDO? Se suponía que tenías que ir a Howarts a las nueve y son las doce.

- Lo siento, Molly – empezó a excusarse Moody- pero encontré a alguien con quien quiere hablar Dumblendore y...

- ¡Lo que sea! –grito la buena mujer dando de un lado al hombre y se dirigió a Morgana- ¿sabes usar polvos flu?

- Eh... si, claro que sé –balbuceo la joven mientras Molly le entregaba unos polvos verdes- ¿A dónde tengo que decir?

- A Howarts, rápido.

El primero en entrar por la chimenea de la casa fue Moody y tras él, le tocó a Morgana, algo temerosa, lanzo los polvos e intentó pronunciar correctamente el nombre del colegio inglés... ya había oído hablar de él. Una bocanada de aire se la trago llevándosela por infinidad de chimeneas, hasta que paró en una. Al salir, vio un lo que parecía ser un enorme despacho, con un suspiro, se quitó el maldito hollín de encima y al levantar despreocupadamente la vista, descubrió que cuatro miradas se posaban en ella con curiosidad, no pudo resistir ka tentación y con su tono más frío y cortante les preguntó:

- Aparte de hollín, ¿tengo monos en la cara o algo similar?

- Definitivamente, se nota que es sobrina de Diana Olmedo –susurró la única mujer que había en la sala a un hombre de pelo negro y ojos azules al que Morgana reconoció en seguida.

- Genial – pensó suspirando la joven mientras ponía cara de suplicio- salgo de una pelea con una tropa de mortifagos, para meterme en una sala con el famoso asesino, Sirius Black.

- Señorita, ¿sabe usted quién es este hombre?- le preguntó un hombre anciano de barba larga y gafas de media luna que la miraban con cara de poker.

- Para no conocerlo –sonrió amargamente Morgana- es Sirius-asesino de doce personas a plena luz del día-Black.

Observó, con satisfacción, como Black hacía esfuerzos para no saltar encima de ella para luego volver su atención al hombre de barba blanca, quien, para su sorpresa, hacía esfuerzos por no reírse.

- Si, sin duda usted es Morgana García...

- A este paso me van a acabar borrando el nombre.

- Yo soy Albus Dumbledore –continuó el hombre, ignorando las últimas palabras de Morgana-. No pensaba hablar con usted hasta dentro de unos días, pero ya que está aquí. Me gustaría tratar con usted de algo.

Hizo una seña a los tres presentes y a Moody, para que salieran, y así lo hicieron, todos se fueron menos un hombre.

- Albus, yo...

- Remus, ve con Sirius, Harry y los Weasley deben estar a punto de llegar.

Suspirando, el hombre se fue y con un gesto, Dumbledore le indicó a Morgana que tomara asiento. Ella así lo hizo y observó como el anciano se sentó en una sillas tras el escritorio.

- Señorita García, antes de nada me gustaría darle el pésame por la muerte de su tía, y solo decirle que era una gran persona...

- Gracias –susurró la joven apartando la vista de Dumbledore, ¡Dios cuanto la echaba de menos!

- Tome –el hombre le tendió a Morgana un sobre- me lo dio Diana expresamente para ti.

No sabía que hacer con él. Era un sobre de color amarillento que estaba sellado con cera de color roja sobre la que reinaba una gran "D" entre lazada con una "O". Dumbledore hizo el amago de irse para que la leyera sola, pero con un gestó, ella le indicó que se quedara, ya que sabía que si la leía sola, no podría aguantarlo. Por fin, Morgana se decidió a abrirlo, en él, una carta del mismo color que el sobre escrita por el puño y letra de Diana.

Querida Morgana:

Se que esto te puede parecer extraño, pero en este momento, eres un de las pocas personas en las sé que puedo confiar. El hombre que te ha entregado esta carta, así como su gente, son buenas personas y te ayudarán en la tarea que te voy a encomendar.

Voldemort ha regresado, y vuelve a ser igual de poderoso o aun más, pero con el poder la ambición también crece, y ahora anhela ser más poderoso, y para eso necesita la Cruz de Fátima. Sé que recuerdas bien la historia de la Cruz, porque cuando eras pequeña, te la conté mil veces, pero te voy a refrescar la memoria.

Esta cruz es una fuente de poder creada por los antiguos, al descubrir lo peligrosa que podría llegar a ser en malas manos, decidieron entregársela a Sabina Fátima, un antepasado nuestro. Búscala y guárdala hasta que su turno llegue, luego, la rueda del destino hablará.

Te quiere: Tía Diana.

- ¿Qué... qué quiere decir? –preguntó Morgana sin voz al acabar de leerla por tercera vez.

- Que eres la nueva guardiana de la Cruz.

- Pero... yo no sé nada de esto y además... - no sabía que decir, ya que no era capaz de encontrar ninguna buena excusa- yo sola no sabría por donde empezar.

- Por eso no se preocupes, sé de las personas adecuadas para ayudarte en todo lo que necesites, mañana irán a White´s House, y la recomiendo que hasta que no medite acerca de la Cruz, no salga de Gran Bretaña. Y ahora, será mejor que vallamos a ver a Madame Ponfrey, nuestra enfermera, porque, aunque no sea doctor, me parece que ese corte que tiene en la mejilla no tiene buena pinta.

Morgana siguió, bastante sorprendida, a Dumbledore, quien la llevó por una maraña de pasillos, solo la llevo unos instantes recordar que tantos pasillos se debían a que Howarts era un castillo. Por todas partes había retratos que la miraban con curiosidad y que, además, reían por su aspecto, hasta ese momento no se había acordado que llevaba la túnica destrozada y la cara, todavía, llena de hollín, eso si, ya estaba hasta las narices de los malditos zapatos, así que se paró y con un hábil movimiento se los quito, y continuó lo que quedaba de paseito descalza.

Al fin, Dumbledore se paró ante una puerta que abrió cuidadosamente y entró seguido de cerca por Morgana.

Cuando entró, Morgana quedó por unos segundos en estado de sock. Si, sin lugar a dudas aquello parecía la sala de espera de "La Paz" un viernes cualquiera, estaba llena de gente que, gritando, intentaban que se les oyeran sobre el murmullo general. Sin esforzarse mucho, reconoció sin dificultad a Moody y a Molly y también estaban allí la mujer y aquel hombre que habían estado en el despacho de Dumbledore. También estaban varios jóvenes, para concretar, unos niños pelirrojos, otro moreno y una chica de pelo castaño.

- Espera aquí un momento, voy a ver si Madame Ponfrey te puede atender –Y sin decir nada más, Dumbledore se fue dejándola allí sola, Morgana suspiró dando gracias de tener al menos unos minutos para pensar en todo lo que había ocurrido aquella noche, pero parecía que todavía no se la concederían ese tiempo, ya que la mujer pelirroja se le acercó.

- Perdona por haber sido antes tan cortante -comenzó a disculparse la mujer- soy Molly Wesley.

- No se preocupe, yo soy...

- Ya sé quien eres, cariño, ahora ven aquí -dijo llevándola hasta una cama y obligándola a sentarse en ella- me comentaron que te pasó... ¡Oh! Y mira tu túnica... y... ¿Y tus zapatos?

- Me estaban matando – sonrió Morgana señalando los zapatos que llevaba en la mano.

La señora Wesley resultó ser una mujer encantadora, la estuvo contando que tenía siete hijos y que cuando se quiso dar cuenta, la estaba concertando una cita con uno de sus hijos, gracias a Dios, una chica pelirroja y otra morena se les acercaron terminando la conversación.

- Señora Wesley, nosotras... -la chica morena se quedó mirando a Morgana para después llevarse las manos a la boca y salir corriendo bajo la confundida mirada de las otras tres.

- Ginny, ¿qué le pasa a Hermione?

- No lo sé, mamá... -pero no pudo continuar porque la tal Hermione llegó con una revista de "Corazón de bruja" en la mano. Morgana cerró los ojos con cansancio, ya sabía lo que le pasaba a la chica.

- ¡Eres tú! –gritó Hermione- Quiero decir, ¡Tú eres Morgana García!

Aquello fue el toque final, si ya la estaban mirando raro, ahora todos se estaban acercando a ellas para curiosear, le dio la impresión de que todos los presentes conocían su nombre, cosa que no le gustaba nada.

- Si, soy Morgana.

- ¡Oh! Encantada de conocerla, soy Hermione Granger –añadió la chica mientas le estrechaba la mano, y sin más, empezó a presentar a los demás tan rápido que Morgana no era capaz de asimilar los nombre.- Ginny Weasley, Ron Weasley, Harry Potter, la profesora McGonagall y aquel es Remus Lupin...

No pudo saludar a este último porque empezó a sentir como uno de los bolsillos de la túnica le empezaba a vibrar y unos segundos más tarde, empezó a sonar la voz de Dani, el cantante de "El canto del loco" que en ese momento empezó a entonar el estribillo de "la madre de José".

Bajo la sorprendida y atenta mirada de los presentes, Morgana sacó su móvil y, tras mirar la pantalla, resopló. Joseba. Un muggle con el que trabajaba y, que aparte, poseía el don de la oportunidad. Sin pensar, le dio al botón verde para descolgar la llamada, y un grito de júbilo inundó la habitación. ¡¡¡Maldición!!! Tenía puesto el manos libres, pero no los cascos, y ya estaba tan cansada que no le importaba que aquellos extraños escucharan la conversación.

- Ya era hora, guapetona.

- ¿Qué te pica ahora, Joseba?

- Llevó cerca de tres horas intentando encontrarte –Morgana puso los ojos en blanco al recordar lo exagerado que era- pensaba llamar a la policía si no lo cogias esta vez...

- Pero que exagerado que eres, ¿qué quieres?

- ... Y para colmo te he dejado unos quinientos mensajes en el fijo y...

- Joseba, al grano.

- Ok, te veo en el despacho mañana a las nueve, tienes que firmar unos papeles muuuuuuuy importantes...

- No-estoy-en-España- Morgana notaba como se la estaba empezando a agotar la paciencia.

- ¿Y dónde estás? –preguntó sorprendido.

-En Londres, ya sabes, la capital de ese país en el que llueve mucho y todos conducen al revés...

- Pues tienes que venirte ya.

- No puedo...

- ¿Por qué?

- Porque... -mierda, no se la ocurría ninguna excusa medianamente creíble- ¡el pasaporte! Se me ha perdido... y la embajada no me da uno nuevo hasta dentro de un par de semanas.

- ¿¿¡SEMANAS!?? –la voz de Joseba sonaba desesperada- Pues tienes que venirte...

- ¿¡Y cómo demonios pretendes que lo haga? Si quieres sacó mi varita mágica y me aparezco a tu lado por arte de magia. –"¡Ouch! Mal ejemplo" pensó.

Silencio sepulcral, tanto Joseba como los presentes estaban callados y los que estaban allí la miraba sorprendidos.

"Genial" pensó" "Soy bruja, uso varita y digo estas gilipolleces".

- No hacía falta que fueras tan irónica –suspiró la voz de Joseba por el teléfono- aunque, temo decirte, que te falta poco para convertirte en la bruja malvada de Blancanieves.

- ¿Ahora es Blancanieves?

- Es que, como ahora no está nuestra malvada jefa para martirizarnos –Morgana observó como los magos se estaban aguantando la risa- hemos decidido hacer unas votaciones para ver a quien te pareces más.

- ¿Quiénes son los nominados?-preguntó la joven pelirroja con curiosidad... era Ginny, si no se confundía.

- Los de siempre, la bruja de Blancanieves, la de Hansel y Gretel, la Bruja del Mago de Oz y, mi preferida, la de la Bella Durmiente...

- ¿Cuál va ganando?- la reacción de cualquier otro jefe, hubiera sido despedir a sus empleados, pero Morgana no lo hacía... bueno, tal vez si se lo hacían lo de Nueva Cork o los de Paris, hubiera hecho reducción de plantilla, pero los de Madrid eran los de Madrid.

- A mi pesar, va ganando la del Mago de Oz... todos piensan que es tu estilo el poner alas a los monos y esas cosas, ¿quieres votar?

- Si –puso la mano en el móvil les preguntó a los demás- ¿alguien quiere votar?

- Yo votaría por la de la Bella Durmiente –respondió una voz fría tras Morgana, al girarse, se encontró con Dumbledore, Black y si no lo estaba flipando, también estaba allí el mortifago al que le rajó la cara.

- Joseba, pon dos para la Bella y uno para Oz, y mañana a primera hora me envías por fax todo lo que te tenga que firmar- antes de colgar el móvil, Morgana escuchó el grito de jubilo por parte de Joseba y algo acerca de un empate entre Oz y la Bella.- Veo que quieres estar simétrico.

- Ja.Ja.ja –rió irónicamente el hombre, que amenazadoramente, se quitó la capucha y dejó al descubierto a un tipo de pelo negro y grasiento, y con nariz aguileña, aunque no estaba mal.- No pensaba que una chica tan bajita fuera tan sumamente psicópata.

- Ah, si lo dices por ese cortecito, no te preocupes, tus compañeros acabaron peor que tú –dijo sonriente- siéntete afortunado, Señor-que bien me largo sin que se den cuenta.

La carcajada general de todos los presentes hizo que el hombre la mirara con odio mientras que Morgana le sacaba la lengua.

- Vamos Severus –habló la enfermera- déjame ver esa herida... ¿Quién te la ha hecho?

Él señalo a Morgana, y esta puso cara de ofendida y añadía:

- Si, claro, cúlpame a mí. Si estás medio tonto y te landas contra mi daga, yo no tengo culpa alguna.

- ¿Y a usted qué le pasó, señorita? –le preguntó ahora a ella.

- Sinceramente, no tengo ni idea.

La mujer le revisó la cara y le aplicó una pomada de color amarillenta, y la ordenó que se la quitara cuando se fuera a la cama.

- Bueno, si no es molestia, me tengo que ir.

- ¿Estás segura de que no quieres pasar aquí la noche?- le preguntó Dumbledore por décima vez.

- Totalmente, creo que seré capaz de sobrevivir yo solita...

- Entonces Severus te acompañará.

- Pero Albus... -se empezó a quedar él.

- Está bien, ¿¡nos vamos!?- se volvió a preguntar/ordenar a la joven.

- Si.

Antes de poder irse, la chica pelirroja, Ginny, se acercó a ella mirando con temor al hombre y la susurró:

- ¿Dónde aprendiste a luchar así?

- Soy la menor de cinco hermanos, y me llevo muy mal con los tres mayores, así que si no aprendía, hubiera acabado muchas veces muy, muy mal.

- Yo soy la menor de siete.

- Pues si quieres te puedo enseñar un par de truquitos -le dijo sonriendo mientras le guiñaba un ojo, Ginny le devolvió la sonrisa.

Sin decir nada más, Severus y ella salieron de la habitación, él, unos pasos más adelante que Morgana, reconoció el camino, iban al despacho de Dumbledore. Entraron en la sala y Severus la entregó los polvos antes de preguntarla:

- ¿A dónde vamos?

- A White´s House.

Y aparecieron en la chimenea del salón de la mansión. Morgana se aparto y lanzó un suspiró, sin decir nada, se giró a Severus que la miraba fijamente.

- Siento lo de la cara -se disculpó.

- Eres una mentirosa- suspiró Severus- pero acepto tus disculpas. ¿Estarás bien sola?.

- Oh, si. No te preocupes, Dumbledore me aseguró que mañana mandaría a alguien a echarme una mano...

- Si fuera yo, te la echaría al cuello... entonces me voy. – Se dio la vuelta y se marchó por la chimenea.

Morgana se quedó unos segundos mirando fijamente el fuego, empezó a pensar en todo lo que le había ocurrido ese día, momento por momento. Suspirando, se marchó a su cuarto, se cambió y nada más tumbarse, cayo dormida.
Bueno chicos, que ya era que actualizara este fic, pero como estoy de lo mió, lo he ido dejando poco a poco y llevo la tira sin tocarlo. Ya sabéis, ideas, amenazas o alabanzas en el review. AAAAAAAADIOS!!!