-SIG-

… Este año, he puesto entre mis propósitos el no ser borde (la verdad es que lo hago porque les pregunte a mis amigas si lo era, y ellas, como amigas mías y encarnación de la sinceridad absoluta, me respondieron así: SI, ERES UNA JODODIDA BORDE DE MIERDA!) Así que voy a contestar a un review que hay por hay suelto que si, que tiene toda la razón del mundo mundial, y que yo se la doy, que el pobre Sirius está descansando en paz (exceptuando cuando algún autor le hace levantarse de su tumba tipo Resident Evil "Resident Evil III, La venganza de Black" posible titulo que tengo registrado, ¬¬ así que nanai de plagiarmelo!), pero este ff le empecé a escribir antes de la salida del 5º libro y del 6º in english por lo taaaaaaanto, sería la versión made in Maikaland de ese libro.

Espero no haber sido borde ni desagradable, y ya sabéis, a más preguntas, me hacéis firmar una orden judicial para comportarme… es broma, estaré encantada de responder.


CAPITULO 4

- ¡Señorita Morgana García!

Morgana se levantó de golpe de la cama y buscó instintivamente a quién la hablaba. No tardó mucho en encontrar a Daris, una elfina domestica de grandes ojos café que estaba ante la cama, mirándola algo nerviosa.

- ¿Qué ocurre, Daris¿Por qué tanto escándalo? –preguntó la joven, que se esperaba lo peor mientras se acercaba gateando por la cama a la elfina, que movía las manos en un a especie de tic nervioso.

- Hay unos hombres abajo que desean hablar con la ama Morgana.

- ¿Sólo era eso? –la joven se dejó caer en la cama con un suspiro tranquilo- Ya bajo, y la próxima vez tomate un par de tilas ante de ponerte histérica, chica.

La elfina se marcho obedientemente sin llegar a entender lo que su joven ama la quería decir con eso de la tila. Morgana salió deprisa de la habitación por pura curiosidad sobre quienes eran los enviados de Dumbledore… si eran esos sus visitantes. Al llegar al pie de las escaleras vio a los personajillos que la iban a ayudar, sin poderlo evitar, Morgana suspiró resignada mientras se acercaba a ellos… si Albus Dumbledore, erudito mago inglés, le había mandado a esos tres, era por algo… ¿no?

- Buenos días- les saludó para intentar lograr un poco de atención por parte de Severus Snape, Sirius Black y el hombre que la presentaron ayer y no recordaba el nombre… ¡y vaya si lo consiguió! Los tres hombres la miraron de arriba abajo y se pusieron rojos. Morgana también se miró, unos pantalones pirata y un una camiseta de tirantes que dejaban al descubierto su ombligo y poco más formaba su pijama, nada del otro mundo, y entonces la joven recordó lo sositos que eran los ingleses y que no estaban acostumbrados a ver a gente desconocida en pijama. Como ellos la seguían mirando se una forma un tanto rara, Morgana se dispuso a llámales la atención- Es-sólo-un PIJAMA… ¿Sois vosotros los enviados de Dumbledore?

- Si –respondió Snape mirándola al igual que los otros dos. –Albus ya nos ha explicado de que va la cosa.

- ¿Habéis desayunado? –preguntó la joven por dos motivos básicos: uno era porque ella no había probado bocado desde la fiesta de ayer y estaba muerta de hambre, y el otro era porque aun la seguían mirando raro y se estaba empezando a poner de los nervios.- ¿Daris?

La elfina apareció insofacto por la puerta, y se quedó mirando a su joven ama y a los tres hombres bastante intrigada, hasta que recordó porque estaba allí.

- ¿Desea algo, señorita Morgana García? –preguntó Daris servicialmente.

- Si, sírveles algo para desayunar. –La elfina les hizo una seña a los hombres, que la siguieron obedientemente, pero antes de que salieran del salón, Morgana estaba pensando en problemas al margen del mundo mágico- Mi reino por un reloj… ¿tenéis hora?

- Si… -dijo el hombre castaño del que Morgana no recordaba cual era su nombre- son las… diez y media.

- ¡LA MADRE QUE ME PARIÓ!- gritó la Jove antes de salir corriendo escaleras arriba, en busca de su indispensable teléfono móvil, que tendría el buzón de voz lleno de mensajes de un histérico Joseba, dejando a los tres hombres algo boquiabiertos.

- No se preocupen- suspiró Daris- La señorita Morgana tiende a olvidar cosas… y por el grito que a dado, se había olvidado algo bastante importante.

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Subió otra vez de vuelta las escaleras, pero esta vez no alcanzó el segundo piso, Morgana se quedó en el primero.

Cuando era pequeña e iba a casa d su tía en vacaciones, siempre se había quedado embobada con una habitación en especial. Un cuarto color amarillo, que tenía un balcón desde el cual se veían los campos verdes y el bosque que estaban en posesión de su tía Diana. Una de las paredes del cuarto, estaba completamente llena de libros.

Morgana no había querido tocar nada de la antigua decoración, ya que aunque no había tenido tiempo, no la apetecía cambiar nada, porque todo era maravilloso, lo principal, los muebles, que eran todos de su agrado, tan sólo había instalado el fax y el portátil, en la mesa en la que antes reinaban los papeles y los amarillentos pergaminos de su tía, que habían sido sustituidos por contratos y estudios de inversiones.

La joven cogió el móvil, marcó el número de Joseba y se sentó en el sillón, que había tras la mesa, de cualquier manera. Estuvo hablando por el teléfono durante media hora, ya que Joseba se ilusionó contándola proyectos nuevos que le prometió mandarla nada más colgar para que los echara un vistazo y los firmara.

Cuando Colgó, Morgana dejó el móvil en la mesa. Subió las piernas al sillón y se cubrió la cara con las manos. Llegaba un momento en el que estaba completamente harta de nuevos proyectos de mínimos presupuestos y que les reportarían millones en un abrir y cerrar de ojos, de informes sobre cualquier chorrada, de clientes maniáticos y propensos al suicidio dependiendo del Dow Jones o del Ibex 35, y demás cosas… Apartó las manos, cansada, y todavía con los ojos cerrados, respiró profundamente varias veces, para intentar que su mente se relajara y dejara de dar vueltas a todo lo que la rodeaba. Al abrir los ojos notó como alguien la observaba.

Al pie de la puerta estaba el hombre castaño que traía dos tazas en las manos, y que la sonreía dulcemente. Morgana le indicó con la cabeza que pasara.

- Como tardabas mucho y me empezaba a aburrir, decidí subir y…

- Ver si seguía viva. –Le sonrió, él dejó una de las tazas delante de ella. Morgana la cogió y la olisqueo, al reconocer el olor, la joven hizo una mueca y la dejó en la mesa.- El café y yo no somos compatibles.

- ¡Vaya! Eso no me lo esperaba –dijo él sorprendido.

- La gente tiende a creer que soy una adicta al café –"¿por qué le estoy contando esto?"- Soy hiperactiva solita, así que si me añades café… puede ser la caña. Tan sólo tengo adicción por la Coca-Cola y por el Paladín. ¿Dónde están los otros?

- Sirius se fue a ver a su ahijado y Severus tenía que hablar con Dumbledore –suspiró el hombre.

Un silenció incomodo se alzó entre los dos, Morgana miraba por la ventana mientras pensaba en cual sería el nombre del hombre¿Marius? No, demasiado clásico¿Héctor? Demasiado latino para el gusto inglés¿Tal vez Michael? Ese parecía una buena alternativa¿o estaría delante de un William? Le encantaba ese nombre, sonaba poético a diferencia de su traducción castellana, que se quedaba en un triste Guillermo, nombre que a Morgana no la motivaba nada. Al final, exasperada, se decidió a preguntarle.

- Esto te sonará estúpido, porque sé de sobra que nos han presentado y todo eso –la joven empezó a hacer gestos con las manos, cosa que la ocurría cuando estaba nerviosa-, pero no recuerdo como te llamabas.

- No pasa nada. –Sonrió dulcemente.- Soy Remus Lu…

El móvil de Morgana comenzó a sonar, y los dos se quedaron mirándolo estúpidamente.

- Esto comienza a ser una costumbre –suspiró la joven mientras lo cogía y veía quien llamaba, pero lo dejó a un lado.

- ¿No lo coges?

- No, no me apetece hablar más por teléfono, además da cáncer y no sé cuantas cosas más. ¿Cómo te apellidabas? Porque Lu me suena a apellido medio acabado. –Él la sonrió.

- Lupin, Remus Lupin.

- Bonito. Extraño –bromeó- pero bonito.

- Como sí Morgana García no fuera raro.

- El nombre sí, para que engañarnos, pero el apellido no. En mi tierra, los García somos una plaga… también los Rodríguez, los Pérez…

Se quedaron en silencio durante un rato, hasta que el fax comenzó a sonar y ha expulsar papeles que Morgana cogió y leyó atentamente antes. Después volvió a sentarse y empezó a firmarlos. Lupin la miró atentamente, pensando que ya no pintaba nada allí y que lo mejor era irse, pero cuando fue a hacer el amago, Morgana le detuvo con una pregunta que la llevaba comiendo la cabeza desde hacia un rato.

- ¿Os quedaréis alguno aquí?- la joven esperó sin levantar la cabeza de los folios. Al ver que Remus tardaba en responderla, ella levantó la cabeza pensando que no la había entendido.

- Me quedaré yo… luego me dices donde me puedo instalar.

- ¿Por qué no ahora? Los informes son importantes, pero todavía no me puedo autodespedir –le guiñó un ojo- sería muy traumático.

Morgana le enseño toda la casa, rincón por rincón, cuarto por cuarto… también le presentó a todos los elfos, para todo lo que necesitara, ellos estarían a su entera disposición las veinticuatro horas. Cuando acabaron la visita turística, la joven le dio a escoger la habitación que más le hubiera gustado, pero Remus optó por una habitación del tercer piso. No era, desde luego de las mejores, y en cuanto se lo dijo, la chica arrugó la nariz e intentó por todos los medios disuadirle mostrándole otras mejores, pero Remus se negó diciéndola que él se conformaba con cualquier cosa.

- Allá tú… pero luego no me vengas con arrepentimientos. –Le advirtió Morgana dándose por vencida.

- ¿Vamos a empezar a buscar información sobre la cruz? –Preguntó Remus, ignorando el último comentario de la joven.

- Por mí bien, pero habrá que buscar en todos los lados.

- ¿A qué te refieres?

- ¿Qué tal te manejas en Internet?

- ¿Qué es eso?

- ¿No sabes lo que es?

- ¿Crees que si lo supiera te lo preguntaría?

- Sabes… esto empieza a ser una conversación para besugos. –Morgana suspiró, y con un movimiento de mano le indicó que la siguiera.

- ¿A dónde vamos?

- A la biblioteca –le dijo como si fuera la cosa más normal del mundo.

- Eso no me lo enseñaste. –Remus sonó dolido.

- Es que vas a ser la primera persona que la vea, sin contarme a mi, a mi tía, a los elfos, al constructor, a los que hicieron los planos… lo siento, tiendo a divagar.

- No te preocupes. –"¡Oh, demonios, pero si tiene sonrisa profident". Morgana le intentó devolver la sonrisa, pero no pudo y comenzó a andar, y Remus la siguió.- ¿Cómo encontraste la biblioteca?

- Fue de pura casualidad –comenzó a explicarle-. Tendría diez años, no estoy muy segura, pero sé que iba por este pasillo. Estaba buscando a uno de mis hermanos, Israel… tía Diana quería preguntarle por cierto jarrón que encontró roto en uno de los pasillos –Morgana se rió al recordar lo enfadada que estaba su tía.- Entonces… lo vi.

- ¿A tu hermano?

- No. El tapiz. –Remus miró sorprendido a Morgana, que sólo sonreía, y con un pequeño movimiento de cabeza, le indicó que se girase. Remus la obedeció para encontrarse con un hermoso tapiz que representaba a un toro blanco que nadaba en el mar. Sobre él, había una hermosa mujer rubia que se agarraba a sus astas como podía.- La primera vez que lo vi, me comió tanto la cabeza, que llegaba a soñar con él. Pero ahora sé lo que significa…

- Me es familiar. –Murmuró Remus mirando distraído el tapiz, Morgana tan sólo sonrió.

- Fue hecho en el ochocientos…

- ¡OCHOCIENTOS? –El castaño se volvió a mirar con los ojos como platos a la joven, que seguía sonriendo.

- … antes de Cristo. –Morgana estaba disfrutando abiertamente de las caras que Remus ponía.- En él se representa…

- El Rapto de Europa –Susurró Remus acercando la mano con miedo a que, al más mínimo roce de su dedo, el tapiz se destruyese entero-¿se sabe algo de su autor?

- Dos posibilidades, Aracne –él se volvió y la miró con los ojos completamente abiertos- o la propia Atenea.

- Pero… pero es sólo un mito, una leyenda…

- Las leyendas tienen siempre una base real. –Morgana se puso a su lado, alzó la mano y tocó una de las flores que Zeus llevaba en el cuerno, era una flor azul. Cuando apartó el dedo, se escuchó como si algo pesado se moviera, tras el tapiz se acababa de abrir una puerta. La joven pasó por ella, pero al ver que Remus no la seguía, le apremió- Vaaaamos, luego le haces las fotos que quieras.

Morgana le condujo por múltiples pasillos que unas veces iban hacía arriba, otras abajo, a la derecha, a la izquierda y vuelta a empezar, consiguiendo desorientar completamente a uno. Cuando llevaban diez minutos andando, y a Remus se le comenzaba a acabar la paciencia, aparecieron ante ellos unas grandes puertas de roble talladas en lenguas que llevaban muertas varios siglos.

La joven se adelantó he intentó abrirlas, pero no podía, pesaban demasiado para ella. Lo volvió a intentar otras dos veces más, hasta que dándose por vencida se giró a su acompañante.

- Podrías dejar de admirar la puerta y echarme una mano¿no? –le bufó cansada.

- Oh, vale.

Entre los dos consiguieron abrir las puertas y ante ellos apareció una sala inmensa. Sus paredes estaban cubiertas por estantes de madera, en los cuales reposaban miles de libros. Dieron una vuelta por la instancia, y mientras Morgana sonreía divertida, Remus Lupin iba a cien por hora, ya que nunca en su vida había visto una cuarto con tantos libros. Debía de ser la biblioteca privada más grande del país… sí Hermione estuviera allí. Remus se rió por lo bajo al pensar que la chica se moriría de envidia cuando le contara. Era increíble. Libros mágicos y muggles se entre mezclaban por todas las estanterías. El licántropo estaba en medio de un sueño cuando la voz de Morgana le hizo despertar.

- ¡Eh, Cuchirifrito¿me oyes?

- Si, si¿qué pasa?

- Voy a por mi portátil, vuelvo en un momento. –Morgana se dirigió a la puerta- Ves buscando algunos libros.

- ¿Cómo lo hago?- Preguntó Remus volviéndose a la pelinegra.- Digo, que cómo los busco, aquí debe de haber miles o más…

- ¿Eres un mago o la abeja Maya? Haz un conjuro de selección… ¿o es que ese día no fuiste al cole?

- No hace falta que seas tan irónica- Murmuró Remus frunciendo el ceño.

- Selecciona los de la Cruz de Fátima y también los de Sabina Fátima.

- ¿Por qué de Sabina?

- Porque nos interesa saber que pudo haber hecho ella con la cruz.- Respondió un poco cansada- ¿algo más?

- Si.- Remus la miró serio- ¿Cómo me llamaste antes?

- Oh, eh… pues cuchirifrito.- Susurró Morgana, con toda la cara roja.- Es que tengo la manía de poner motes a todas las personas que conozco… Me voy a por el portátil.

Remus quería preguntarla más acerca de esa actitud que tenía para los motes, pero no le dio tiempo ya que la morena había salido por la puerta como una exhalación. Suspirando, hizo el conjuro, y al instante una veintena de libros volaron hasta la mesa.

"Magnifico" pensó "aquí debe de haber miles de libros y sólo hay veinte relacionados con esto. Magnifico."

Morgana, por su parte, corría por los pasillos mordiéndose el labio inferior de puro nerviosismo. No se podía creer que le hubiera puesto un mote. Si, vale que tuviera esa costumbre, pero es que sólo le conocía de hacía apenas cuatro horas. Cuando llegó al despacho, recordó los contratos. Sin esperar más, los pasó por el fax y esperó, dando golpecitos nerviosos a la maquina, a que este los pasará. Cuando acabó, cogió el portátil y se dirigió a la biblioteca.

En pocos segundos llegó a la entrada de la sala, pero una imagen la hizo parar y no seguir adelante. Remus Lupin estaba sentado en una gran mesa que había en un extremo de la biblioteca. Pasaba lentamente las páginas mientras buscaba algo que hiciera referencia a lo que necesitaban, y de vez en cuando, se apartaba un mechón cano que le tapaba los ojos. Morgana se quedó boquiabierta al verle. Se le veía tan… tan… tan mono.

Moviendo la cabeza para hacer desaparecer de su mente esos pensamientos, la joven avanzó hasta la mesa y se sentó al lado de Remus. Morgana no tardó en caer en la cuenta de que sólo había unos pocos libros seleccionados.

- ¿Sólo tenemos eso?- preguntó.

- Si- suspiró Remus- busque los dos, pero nada.

- Wow.

Morgana abrió su portátil y empezó a buscar por la red. Al cabo de una hora ambos estaban desesperados. De los libros que habían encontrado, sólo en los diez primeros, había suficiente información para escribir cinco renglones, y Morgana había probado en más de treinta buscadores y enlaces, pero no había nada.

Derrotados, decidieron darse un respiro e irse a comer y continuar mañana.

Al acabar de comer, Morgana aconsejó a Remus que se fuera a dormir, ya que el pobre hombre tenía unas ojeras increíbles y no parecía tener muy buena cara. Siguiendo su consejo, Lupin subió a su cuarto, en cambio, Morgana bajar a la piscina a nadar un rato.

Con un sencillo hechizo, su ropa cambió a un bañador, y ella salió afuera, pero pronto se arrepintió de dejar el aire acondicionado de la casa por aquel sofocante calor de principios de verano. Dejó una toalla, que antes de salir había cogido, abandonada en una hamaca, y sin pensarlo mucho se tiró de cabeza. El agua estaba muy buena, ni fría ni hecha una sopa. Nadó un rato sin pensar en nada, tan sólo disfrutando del instante, hasta que una voz la hizo perder la concentración y casi ahogarse. Cuando pudo dejar de toser, Morgana miró con mala cara a Severus Snape, que la estaba mirando indiferente.

- ¿Sabes que salir así de la nada y vestido de negro, puede crearle problemas a la gente? Pensé que eras la muerte.

- Eres muy graciosa- la respondió Snape irónicamente- ¿habéis tenido algún problema?

- No, sólo un par de vampiros y algún que otro zombi sin importancia… nada más.

- Estoy intentando mantener una conversación seria contigo.- La dijo en tono de reproche.

- Sé que es duro- Morgana salió de la piscina y cogiendo unas gafas de sol se tumbó en una de las hamacas-, pero lo superarás.

- Por curiosidad¿cuántos años tienes?

- Veintitrés¿por qué lo dices?- Preguntó mientras se apartaba un poco las gafas.

- Por tu inmadurez…

- Yo también te quiero- Morgana le tiró un beso mientras sonreía divertida-, y ahora que hablamos de edades¿cuántos tenéis vosotros?

Esta pregunta dejó a Severus Snape un poco descolgado, ya que era lo último que se esperaba, pero aunque tardó varios segundos, volvió a su posición de indiferencia total y absoluta.

- Si no estoy muy confundido, Black tiene treinta y cinco, como yo… pero Lupin creo que era más pequeños. Tendrá treinta y cuatro, para cumplir los treinta y cinco.

- Así que sois de la quinta de mi hermano Manuel.- Susurró la pelinegra, más para sí que para el otro.

- ¿Por qué los preguntas?

- Simple curiosidad, por nada en especial.

- Me tengo que marchar- anunció mientras la miraba con cara de no creerla nada- seguramente me acerque luego. Intenta portarte bien.

- Yo siempre me porto bien- comenzó a protestar indignada, pero Severus señaló su mejilla marcada por una de las dagas de Morgana, a lo que ella le sonrió intentando aparentar inocencia-, vale, intentaré ser buena… ¡pero no prometo nada!

Y Severus Snape puso los ojos en blanco antes de marcharse y dejar a Morgana tumbada tomando el sol.