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CAFÉ MISSU

¿Acaso era una alucinación?, ¿estaba soñando?, ¿estaba viendo mal?, al parecer no. Harry sintió que su cuerpo se quedaba dormido, o más bien, petrificado; no fue capaz de moverse un solo centímetro, el corazón bajó hasta el estomago mientras le daba un vuelco y su cerebro decía: "muévete, muévete". Pero no fue capaz, solo se limitó a respirar con profundidad abriendo los ojos como platos.

-Hay que apurarnos porque los abuelitos nos esperan- le dijo Hermione a James en tono cariñoso.

-"Peldona", es que estaba ocupado- se disculpo el niño mientras le cogía la mano a ella.

-Libby... ¿ya?- preguntó Hermione a la chica rubia.

-Si... ya.... todo listo- respondió Libby recibiendo el recibo de compra y el recibo de facturación.

Los tres salieron de la librería y Harry siguió como una estatua debido a la impresión, hasta que segundos después se dijo a sí mismo: "reacciona". Fue tras ellos a toda marcha y cuando estaba saliendo de la librería alguien lo detuvo.

-Señor, tiene que pagar la mercancía- le dijo una vendedora.

-¿Cuál mercancía?- preguntó Harry con exasperación.

-Los libros que lleva en la mano, señor- le respondió ella tratando de ser cortés.

-¿Libros?- y Harry se miró las manos- ¡Demonios!- agregó al fijarse que tenia el Código Da Vinci y el libro de Isabel Allente.

-Son 23 libras- le dijo la vendedora (N/A: en Inglaterra no se utiliza el euro).

Harry sacó de uno de los bolsillos de su Jean un billete de 20 libras y otro de 5 libras, después se los dio a la vendedora.

-Tome... y guárdese el cambio - le dijo mientras salía de la librería y tomaba la dirección por la cual se había marchado Hermione y su hijo.

-Pero, señor... ¿y la factura? - le gritó la vendedora cuando el se alejaba.

Harry no miró hacia atrás, ignorando completamente lo que la chica le gritaba. Comenzó a caminar con rapidez, buscando entre la multitud a Hermione y a la chica rubia ya que buscar a James era mas difícil debido a su estatura.

-¿Dónde están?, ¿dónde están? – decía Harry en susurro y con tono de desesperación.

Movía la cabeza en todas las direcciones frunciendo el entrecejo para agudizar la vista y ver mejor, pero la labor se fue complicando cuando los pasillos se fueron llenando de compradores. Era fin de mes, la gente estaba recibiendo su sueldo y las grandes promociones de verano provocaban una gran multitud de consumidores compulsivos. Llevaba mas de un cuarto de hora buscando a Hermione y a Libby, pero en ese tiempo no tuvo rastro de ellas. Poco a poco la impotencia invadió su alma y comenzó a reprocharse a si mismo por su lentitud.

-¡Que idiota!, ¡que idiota! – se decía entre dientes mientras se golpeaba la frente con la palma de su mano derecha - ¿Por qué no dejé estos estúpidos libros en la librería en vez de perder el tiempo en pagarlos?

Harry resoplaba en señal de desesperación, mas sin embargo, no dejaba de mirar hacia todos los lados en busca de las dos chicas. De pronto sonó su teléfono celular. Mientras Harry trataba de contestar, se le enredaron los dedos y estuvo a punto de hacer caer el aparato.

-¡Alo! – contestó Harry de mal humor.

-¿y a ti que te pasa? – era Ron - ¿Dónde estas?

-Ron... Hermione.

-¿Qué?

-Que vi a Hermione... y a mi hijo.

-¿Cuál hij...?... ¡Oh por Dios!

-Los estoy buscando, pero no los encuentro – dijo Harry con angustia - ¡No se que hacer!

-Tranquilízate y dime dónde estas.

-Estoy... – Harry comenzó a mirar el nombre de los almacenes – Estoy en el almacén Rolex.

-¿Aquí en el centro comercial?

-Si.

-Voy para allá.

En menos de dos minutos Ron ya se reunía con Harry, fue corriendo a todo vapor y llego jadeando debido al cansancio. Con él llevaba una bolsa de compras de la tienda de videojuegos.

-¿Hermione? – preguntó Ron - ¿estas seguro?

-Claro que lo estoy. Yo la vi – dijo mientras se señalaba el ojo con el dedo índice derecho.

-¿Y ella no te vio a ti?

-No... iba con otra chica y con el niño. Pero ella no me vio.

-¿Harry, como sabes...?

-Ahora no, Ron. Ayúdame a buscarlos.

-Entonces dividámonos – opinó Ron – tu por la derecha y yo por la izquierda.

-Bien... oye, lleva esto – le dijo Harry pasándole los libros.

-Me vas a encartar con... ¡esta bien!, ¡esta bien!

Ron introdujo ambos libros en su paquete de compra de la video tienda Zona Virtual mientras Harry le decía:

-Me llamas si los ves. Si no, nos encontramos aquí en cuarenta minutos.

-¡Listo!

Emprendieron direcciones diferentes, Ron se fue hacia el lado izquierdo mientras Harry emprendía de nuevo el camino por el lado derecho. Miraba a traves de los mostradores y vitrinas de los almacenes para darse cuenta si estaban dentro de ellos, en ocasiones ingresaba un poco mas allá de las puertas y se empinaba para poder ver mejor. Pasaron los cuarentas minutos y Harry se devolvió hasta el almacén Rolex donde Ron ya lo esperaba. Cuando se encontraron bastó con una negación de cabeza de Ron para darse cuenta que el pelirrojo no los había visto.

Ante el fracaso de su búsqueda, se dirigieron a una cafetería que había cerca de donde estaban.

-Una cerveza Guinnes – le dijo Ron a la camarera y luego miró a Harry – mejor dos cervezas. Y bien frías, por favor.

-Con gusto, señor – dijo la camarera y se marchó.

Estaban sentados en una mesa que daba a los pasillos, para poder verlos si pasaban por allí.

-No se que me pasó... – decía Harry con pesadumbre apoyando los codos en la mesa y cogiéndose la cabeza – cuando me di cuenta que eran ellos me quedé paralizado. No fui capaz de moverme, Ron. Ni un centímetro – acto seguido se quito la gorra para después pasar sus manos por el cabello echándolo hacia atrás .

-Pero, Harry. ¿cómo sabias...? gracias señorita – le dijo Ron a la cama cuando ella dejo el par de cervezas en la mesa - ¿cómo sabias que ese niño era tu hijo?

-Fui muy tonto, no me di cuenta sino hasta el final.

-No te entiendo – dijo Ron y bebió un poco de cerveza.

-Si... – y fue esta vez Harry quien bebió de su botella – Estaba en la librería, esperando para que me dieran el libro que fui a comprar, en esas me entretuve leyendo otro libro, el otro que te entregue, en ese momento alguien jalaba mi camisa y bajo la mirada y lo encuentro a él. Si lo hubieras visto, Ron. Su cabello es igual de indomable al mío, tiene los ojos claros, castaños para ser mas preciso, y sus dientes... los mismos que tenia Hermione en su niñez.

-¿Y no le dijiste nada?

- No sabia que era él. Estuvimos hablando durante un rato, ni siquiera sabe pronunciar la ere (r) – en ese momento Harry sonrió amargamente – yo sentía algo especial con ese niño...

-La sangre llama, Harry.

-Y aun así no fui capaz de reconocerlo con las facciones tan familiares que tenia. Y además es tan inteligente y educado...

-Bueno, es hijo de Hermione.

-Hasta me mostró las personas que lo acompañaban... dos mujeres, nos daban la espalda y no pude reconocerla.

-¿Tan cambiada está?

-Ni te imaginas, el cabello lo tiene mas largo y liso, y se viste como muggle.

-Hermione siempre se ha vestido como muggle...

-Si, pero no tan informal... solo cuando el niño se despidió de mi y se marchó me di cuenta de todo.

-¿Eh?

-Yo volví a leer uno de los libros y escuche la voz de Hermione, la sangre se me congeló, lo único que hice fue levantar la vista y allí estaba ella... le extendía la mano y sonreía mientras el le decía: "ya voy, mamá".

Ron no supo que decir, bebió un largo trago de cerveza sin dejar de mirar a Harry.

-¿Y sabes cómo se llama? – le preguntó Harry a lo que Ron negó con la cabeza – Se llama James.

-Como tu padre, como tu... por eso...

-Por eso me di cuenta. Quedé tan impactado que no hice nada. Esperé muchos años porque llegara este día y al final... – Harry calló, no se perdonaba a si mismo por su falta de decisión.

-Harry, al menos sabes que nació varón, y también sabes su nombre... si al menos supiera donde viven.

-En Estados Unidos.

-¿Estas seguro?

-James me lo dijo... cuando me preguntó por los Yankees. Me contó que Hermione y Libby lo habían llevado a un partido de ellos.

-¿Libby?... ¿quién es ella?

-La otra chica que los acompañaba. Me dijo que era su tía.

-Pero Hermione no tiene hermanos, a menos que sea una prima suya.

-Seguramente.

-Es increíble lo que me cuentas, Harry... y preciso ocurre el día de tu cumpleaños.

Harry bebió otro poco de cerveza, en realidad lo hizo varias veces antes de volver a hablar.

-Sé que viven en Estados Unidos, seguramente cuando Hermione desapareció se traslado para allá.

-¿Pero no crees que buscarlos en ese país será mas difícil?... Estados Unidos es como veinte veces mas grande que Inglaterra.

-Pues haber como le hago.

Terminaron de beber las cervezas y después de pagarlas se dirigieron al estacionamiento. Harry le pidió a Ron que conducirá de regreso a casa y el pelirrojo estuvo a punto de estrellarse por lo menos tres veces, aun no se le daba bien conducir automóviles muggles.

-Harry... ¿qué haces?, ¿no vas a comer algo? – le dijo Ron cuando ingresaron a la casa y Harry emprendía camino por la escalera.

-No tengo apetito – le dijo sin voltearlo a mirar y sin detenerse.

Ingresó en su habitación y se dirigió a la ventana para luego abrirla de par en par. El día estaba soleado y había pocas nubes en el cielo. Harry miró su reloj, eran mas de las 3 de la tarde y a pesar de eso, sentía que su estomago no era capaz de recibir un bocado de comida.

Llevó una silla hasta la ventana, se sentó y cruzó los brazos mientras los colocaba en el alfeizar para después dejar caer la cabeza en ellos. Miraba hacia el jardín trasero donde estaba el árbol donde dormía Hedwig, pero en realidad miraba hacia el vacío, con una expresióntriste y melancólica. Por su mente solo pasaba el encuentro que había tenido aquel día con su hijo, una y otra vez recordaba, como si de una videocinta se tratara, aquel acontecimiento. En ocasiones cerraba los ojos para ver con mas claridad el rostro del pequeño, y en medio de esos flash backs aparecía el rostro sonriente de Hermione.

Cuando Harry reaccionó se dio cuenta que de sus ojos caían lagrimas, ni siquiera se inmuto ante este echo. Después fue hasta su mesa de noche y de ella sacó un elegante álbum de fotos, el mismo que Hagrid le había regalado en su primer año en Hogwarts. Lo abrió y se puso a ver las fotos mágicas que había en él. Se detuvo en una foto que mostraba el rostro sonriente de su padre y notó el gran parecido entre abuelo y nieto, una vez mas se cuestiono por qué no se había dado cuenta.

Ese día había sido el cumpleaños mas extraño de su vida.

-¡Harry, por Dios!... ¡concéntrate! – le gritó Ralph en pleno entrenamiento del equipo.

-¿Y que crees que estoy haciendo? – le reclamó Harry desde el otro lado del campo mientras buscaba la snitch - ¡no me distraigas!.

Quince minutos después, Harry descendía con la snitch aferrada en su mano derecha. Luego Ralph lo llamó para hablar en privado con él.

-¿De qué se trata? – le preguntó Harry con desdén mientras se sentaban en una de las bancas del campo.

-Se trata de ti... de tu desempeño.

-No comprendo.

-Harry... – y Ralph respiró con profundidad – ya llevamos dos semanas de entrenamiento y veo que tu no estas poniendo el cien por cien de tus capacidades.

-¿A qué te refieres? – inquirió Harry de mal humor – Siempre atrapo la snitch, en todos los entrenamientos... ¿qué mas quieres?

-Quiero disciplina por parte tuya, quiero dedicación, compromiso. El echo que atrapes la snitch no significa que estés jugando bien. Eres un gran buscador, Harry... y se que puedes dar mas.

-¡Estoy dando todo lo que tengo!

-¡No!... no es así. La temporada pasada jugabas mejor. Y no le eches la culpa a la escoba que esta Nimbus es mejor que la Saeta. No se que esté pasando por tu cabeza, solo te pido que sea lo que sea quede fuera del campo de juego. No quiero verme obligado a ponerte en la banca de suplentes, no lo mereces.

Y sin decir mas, Ralph se marchó hacia los camerinos. Harry se quedo allí sentado, furioso con Ralph y consigo mismo. Cómo era posible que se dejara afectar por lo ocurrido en la librería "North Bulevar" el día de su cumpleaños.

-Hermione, esto es tu culpa – dijo Harry en susurro y con amargura.

-¡Harry! – le gritó Ron desde la distancia – ¿Nos vamos o te quedas?.

-Me voy contigo – respondió Harry – pero espérame 10 minutos.

Harry fue hasta donde el utilero del equipo para hablar con él.

-Señor Button... ¿podría devolverme mi Saeta de Fuego?

-Claro, Potter – le dijo el utilero mientras se dirigía al armario donde las guardaba – Aquí tienes.

-Gracias – le dijo Harry mientras recibía la escoba.

Caía la tarde cuando regresaron a la casa, completamente agotados por el extenuante entrenamiento de ese día y los días anteriores. Ahora entrenaban a diario y el cansancio se iba acumulando poco a poco. Se sentaron en la sala dejando a un lado las escobas y prendieron la televisión.

-¿Puedes poner BBC News? – le dijo Ron.

-... donde los New York Yankees son los favoritos para imponerse en la Liga Americana de la MLB – decía el comentarista deportivo.

-¿Están hablando de basketball? – preguntó Ron.

-¡Béisbol! – le aclaró Harry y en ese momento se le vino una idea a la cabeza – ¡Ron!... ¡Los Yankees!

-¿Qué con ellos?

-Son de New York.

-¿Si?

-No entiendes lo que te trato de decir – le dijo Harry con frialdad a lo que Ron negó con la cabeza.

-¿Qué?

-Que deben vivir en New York... Hermione y James.

-¿Tu crees?

-Si, mira. James me dijo que había ido a ver un partido de los Yankees (espérate a que termine), los Yankees tienen como plaza New York. Si no vivieran en NY el niño no conocería el equipo ya que viviría en otra ciudad o muy apartado del mundo muggle.

-Lo que me tratas de decir es que el niño creció en un ambiente NO mágico.

-Tanto como eso, no – aclaró Harry – pero seguramente creció en una gran ciudad, por su comportamiento. El no es tímido y habla con mucha desenvoltura.

Ron guardó silencio por unos segundos procesando y analizando las conjeturas de Harry, luego agregó:

-Si creció en el mundo muggle... creo que ya estará en edad de entrar a estudiar... ¿no crees?

-El cumpleaños del niño será a principios del próximo año – dijo Harry y luego comenzó a hacer cuantas con los dedos – Hermione debió haber quedado embarazada a finales de abril o mediados de mayo.

Ron levantó las cejas en señal de asombro, el conocía el encuentro de finales de abril pero no el de mediados de mayo, a lo que Harry le dijo:

-No preguntes... entonces en enero cumplirá 5 años, a esa edad ya estas en el kinder garden.

-Yo no pasé por kinder garden. Mi mamá me enseño a leer y a escribir, y cuando no hacia los deberes o prestaba atención, me cogía a escobazos.

Harry trató de reprimir una risa, en ese momento, sonó el teléfono.

-¡Alo! – contestó Harry en el inalámbrico

-Harry... ¡hola! – dijo la voz de una chica.

-¿Tamara?... Hola, ¿como estas?

-Bien, supongo. Oye, Harry, te he dejado muchos mensajes en la contestadora... ¿por qué no me has llamado?

-En serio – dijo Harry y reviso la contestadora la cual indicaba 27 mensajes – Lo siento, Tamara, es que tengo la cabeza en otra parte – luego ingresó en la cocina.

-Debí haberte enviado una lechuza – le dijo ella en tono meloso.

-¿Y para qué me necesitabas? – preguntó Harry con rapidez.

-Me debes una cena, Harry. Y quería que saliéramos antes que comience la liga.

-Pues, ¿a dónde quieres ir?

-Que te parece Missú... es muy lindo y la comida es deliciosa.

-Entonces... vamos mañana en la noche. Te recojo a las nueve.

-Perfecto. Entonces hasta mañana y un beso.

-Adiós, Tamara.

Harry salió de la cocina y se dirigió hasta la mesita del teléfono para escuchar los mensajes. De los 27 que habían, 16 eran de Tamara.

-La señorita intensa reapareció – dijo Ron con sorna, aun viendo la televisión.

-No le digas así, Ron – la defendió Harry – Ella también hace parte de mi vida social.

-Amorosa, querrás decir.

-Pues si... ese es el fin.

-Y Hermione...

-No me amaba – lo cortó Harry – yo hace mucho que no vivo de su recuerdo.

-Si, como digas. Probablemente ella hizo otra vida en New York.

Y antes de que Harry pudiera protestar o decir algo, Ron se paró y fue directamente a la cocina.

-Hola, Tamara. Estas... guapa.

-Gracias, Harry.

Harry la había esperado en la entrada de su edificio de apartamentos. Tamara era una chica de 22 años, con el cabello castaño claro y ojos verdes, llevaba puesto un vestido negro estilo kimono que le llegaba hasta las rodillas, el cabello lo llevaba recogido en un moño sostenido con dos palillos, para no perder el estilo oriental. Harry le abrió la puerta del carro para que ingresara (N/A: recordemos que en Inglaterra manejan al revés, el chofer va al lado derecho)

-Tu también estas guapo – le dijo Tamara cuando se dirigían al restaurante.

-Te parece... gracias.

Harry había utilizado para la ocasión un traje negro con una camisa roja desabotonada en le cuello y su cabello, tan indomable como siempre.

Ingresaron en Missú, un restaurante con ambiente romántico y cálido.

-Buenas noches... ¿Tienen reserva?

-Si, a nombre de Harry Potter.

-Mesa para dos – dijo el anfitrión del restaurante verificando en la lista – Por aquí, por favor.

Harry y Tamara siguieron al mozo hasta una mesa que daba en una ventana. El anfitrión corrió la silla para que Tamara se sentara, Harry se sentó frente a ella, luego dejo el menú y se marchó.

-Y cuéntame... ¿Cuándo inician la liga?

-En tres semanas. Para ser mas precisos, el 7 de septiembre.

-Pero este año tiene que tomar mas medidas para... – y en ese momento Tamara bajó la voz – evitar que los muggles se den cuenta. Después de lo ocurrido el año pasado en el partido de los Arrows y las Avispas de Wimbourne...

-Bueno, ellos siempre han sido archí rivales – dijo Harry con una risita – Me acuerdo cuando salió en El Profeta las fotos de decenas de muggles corriendo en todas las direcciones huyendo de las flechas que caían del cielo. No estuvo nada bien esa celebración por parte de los fanáticos de los Arrows...

-Pero después del súper partido que ganaron es entendible...

-De todas maneras, nos dejaron en evidencia. Los miembros del Equipo de Revisión de Accidentes Mágicos, ya sabes, los desmemorizadores, tuvieron mucho trabajo esa semana... – explicaba Harry y luego comenzó a analizar el menú.

Estuvieron en silencio durante un rato , cada uno leyendo los platos que indicaba el menú, 5 minutos después, Harry le hizo una seña al mesero para que se acercara y tomara el pedido.

-¿La señorita que desea cenar? – preguntó el mesero.

-A mi me trae una ensalada de pastas con comino – luego cerró el menú.

-¡Solo eso! – le dijo Harry - ¿No piensas comer nada mas?

-No... así esta bien. Tengo que conservar la línea.

-Como quieras – dijo Harry en voz baja – A mi me trae un filete de salmón empanizado, por favor.

-Con gusto. ¿Y qué desean de tomar?

-¿Qué nos recomienda? – preguntó Harry mirándolo.

-Un vino blanco – informó el mesero – de la casa Undurraga. Es un vino chileno muy exquisito.

-Me parece bien. Tráiganos ese por favor.

El mesero se llevo los menús y 25 minutos después regreso con los platos. El vino ya lo llevaban en la mitad ya que se los habían llevado inmediatamente lo pidieron y durante los minutos de espera se la pasaron hablando de la revista La Transformación Moderna. Tamara realizaba comparaciones muy detalladas entre la edición británica y la edición americana.

Cuando terminaron de cenar, Harry volvió a llamar al mesero para otro pedido.

-Dos cafés colombianos, por favor. Y la cuenta.

-En seguida.

-Me has dejado muy interesado en la edición americana de la revista – le dijo a Tamara.

-Fíjate que los artículos son de mucha calidad. Si quieres, ahora que me lleves a mi apartamento te la presto.

-Perfecto.

Se bebieron el café y Harry pagó la cuanta con su tarjeta de crédito Master Card (Porque:"para todo lo demás existe Master Card"). Fueron hasta el apartamento de Tamara, que vivía en un tercer piso y ella lo invito a pasar. El lugar estaba decorado de una manera muy extraña, típico de las brujas, los muebles de la sala eran diferentes y tenia adornos y cortinas tipo hindú. además, olía a sahumerio de manzana.

-Siéntate mientras voy a buscar la revista – le indicó Tamara.

Harry se sentó en la silla mas próxima a la puerta. Ya eran mas de las once de la noche y se sentía incomodo. Después de casi 5 minutos, Tamara apareció con el ejemplar en sus manos.

-Mira la portada –le dijo ella mientras le entregaba la revista – ¡Me encanta!.

En la portada de La Transformación Moderna versión americana, había una fotografía mágica que mostraba a un mago anciano sonriendo con picardía mientras transformaba una cuatrimoto en un Ferrari amarillo y luego le cambiaba el color a rojo.

-¡No sabia que se podía hacer esto! – dijo Harry con asombro.

-Yo tampoco. Pero además trae cosas muy interesantes. Como: ¿Qué hacer cuando transformas una soga en una bufanda y resulta que te estrangula?

-Tamara, me tengo que ir.

-¡Tan pronto! – le dijo ella con cara de circunstancia.

-Mañana tengo entrenamiento, lo siento.

-Bueno, siendo así.

Ella lo acompaño hasta la puerta del edificio y se despidieron con un corto beso en los labios.

Harry llegó a su casa poco antes de la media noche e ingresó en la habitación tratando de hacer el menor ruido posible, aunque parecía que Ron se encontraba despierto porque podía escuchar el susurro de su televisor.

Sin siquiera alistarse para dormir, prendió la lámpara de su escritorio y se puso a leer el sumario de los temas de esa edición. Encontró uno que le llamó la atención titulado: Lo que los magos pueden transformar y los muggles creen que es ciencia, el cual estaba ubicado en la pagina 27, lo buscó y comenzó a leer mentalmente:

LO QUE LOS MAGOS PUEDEN TRANSFORMAR Y LOS MUGGLES CREEN QUE ES CIENCIA

Desde los inicios del siglo pasado, los avances en la tecnología muggle han sido mas rápidos y evidentes que en los siglos anteriores. Se dice que cada 3 segundos hay un nuevo invento, lo que pocos saben es que casi la mitad de ellos son aportes hechos por magos acreditados del Comité Internacional de Magia.

Por............

-¡Hermione Granger! – dijo Harry en susurro y sin apartar los ojos de la revista - ¡RON!

Harry salió corriendo de su habitación para que Ron lo viera y así no pensar que era imaginación suya, sabia que Ron estaba despierto, así que no había problema. Cuando iba a golpear la puerta de la habitación de su amigo, él ya la estaba abriendo.

-Ron...

-Harry... encontré...

-Hermione... aquí...

-A James...

Se detuvieron un segundo, parecían loras parlanchinas y se miraron con sorpresa.

-¿Qué? – dijeron ambos a un tiempo.

-Que encontré a James – le dijo Ron con emoción.

-¿Cómo?, ¿dónde?

-¿Hermione?

-Ron, ¿cómo que encontraste a James?

-Si... pasa, pasa. En la Internet – y ambos se dirigieron hasta el computador del pelirrojo – Richard me explicó como buscar estudiantes a través de la red. La mayoría de las escuelas estadounidenses cuentan con esas "fases de datos"...

-Bases de datos.

-Me acorde que el niño ya estaba en edad de estudiar. Pero tranquilo que Richard no sabe nada. ¡Mira!

Harry miró exaltado la pantalla en la cual había una fotografía del rostro de James sonriendo y mostrando los famosos incisivos largos.

-James Granger – leía Ron – Edad: 4 años, Abraham Lincoln Elementary School, Grado: kinder garden, Condado de Queens, Estado de New York.

Gracias a todos por sus mensajes de apoyo... los quielo mucho