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LPG - LIGA PROFESIONAL DE QUIDDITCH
-Esto es... increíble – musitó Harry sin apartar los ojos de la pantalla del computador.
-. Casi me da un ataque tratando de buscarlo – comentaba Ron, luego realizó un movimiento con su varita y apareció un asiento.
-Pero, ¿Cómo...?, ¿Cómo hiciste? – le decía Harry mientras se sentaba a su lado –. A mi no se me ocurrió.
-Ese es tu problema, te boqueas. Hace días, cuando me comentaste lo de los "Yankis" y lo de New York, hizo que se me quedara la semilla de la duda. Entonces como Richard sabe tanto de estas cosas de la Internet, pues me explicó, pero yo no entendí. Así que me prestó el libro Internet para dummies.
-¿Libro?
- Y empecé a leerlo. Todas las noches me metía a navegar para irle cogiendo el estilo. Cuando ya supe más o menos de que se trataba el asunto, volví a preguntarle a Richard sobre búsquedas especiales.
-Pero, ¿Cómo llegaste a dar con esta página? – preguntó Harry.
-Hay esta la ciencia, o mejor dicho, la magia. Busqué en "yaju" la Secretaria de Educación de Estados Unidos, pero esa página no me decía mucho, así que busqué escuelas de educación básica en el estado de New York, pero eran muchas...
-¡Resume! – le chilló Harry.
-¡Que desagradecido!... bueno, saltándome todos los pasos, resulté navegando en una "fase de datos" de las escuelas de la ciudad, no del estado, y había una casillita para ingresar el nombre del estudiante por el que uno quiere averiguar.
-¡Aja!
-Puse James Potter, y salió un niño rubio con las mejillas así... – y Ron hizo una especie de tumulto con sus propias mejillas – ...así de grandes. Entonces supuse y caí en cuenta que como Hermione no quiere nada contigo, lo más probable era que el niño tuviera el apellido de ella.
-Entonces escribiste James Granger y apareció.
-Exacto – dijo Ron muy satisfecho de su labor.
-Pero... – Harry dudo - ¿quieres decir que ya estaba estudiando antes?... porque para aparecer ahí...
-No, no, no. Léelo completo...
Harry volvió a concentrarse en la pantalla y mientras Ron bajaba la pagina con el mouse, Harry siguió leyendo.
-Alumno nuevo. Iniciación de clases... septiembre 8.
-Al día siguiente que comenzamos la liga – comentó Ron.
-Entonces no voy a estar en el partido – dijo Harry con decisión.
-¡Estas loco!, ¿Cómo nos vas a dejar así?
-Es mi hijo, Ron.
-Lo sé. ¿Sabes como llegar a esa escuela?... ¿tienes la dirección?
-No – murmuró Harry.
-Yo si la tengo... – le dijo Ron para alivio suyo – aquí la indican. Pero eso no significa que no vallas a jugar, Harry.
-Pero, Ron...
-Afortunadamente tienes el tiempo a tu favor.
-¿Tiempo? – preguntó Harry bastante confundido -. ¿De qué me estas hablando?
-Mira... – y Ron se armó de paciencia –. El partido se llevará a cabo el domingo en la mañana. Tienes un día entero más seis horas para ir a ver al niño.
-Entonces podré irme a las tres de la tarde de acá que son las nueve e la mañana de allá.
-La gracia del plan es que no lo veas cuando entra, si no cuando sale – le dijo Ron.
-. A mi no me sirve de nada estar allá en las horas de la tarde – dijo Harry con testarudez
-Sinceramente, no se dónde tienes la cabeza – dijo Ron moviendo la suya –. Es más fácil ver al niño cuando sale de la escuela que cuando entra.
-¿Cómo va a ser más fácil...?
-Sencillo. No sabes a que hora Hermione lo llevará, puede ser 20 o 10 minutos antes de clase, o sobre la hora.
-En cambio... cuando finalizan las clases sale a la misma hora que todos – dijo Harry en susurro, por primera vez parecía estar usando las neuronas.
-Así es, y como ya lo conoces podrás reconocerlo fácilmente. Que no se te olvide que el horario de esas escuelas es de 9 de la mañana a 3 de la tarde.
-Tu tranquilo. A mi no se me va a olvidar.
Ron calló durante unos segundos mirando a Harry con precaución, luego le dijo:
-¿Qué me estabas diciendo acerca de Hermione?
-Nada – mintió Harry –. Ya no importa. Ahora es más importante James.
-Sigue así – le dijo Ron con recelo –. Es mejor que nos acostemos, todavía tenemos tiempo de pensar como llegaras a New York.
Se pararon de sus asientos y mientras Ron apagaba su computador Harry le dijo:
-Muchas gracias, Ron. Esto nunca lo olvidaré. No sé cómo agradecerte.
-La mejor manera en que puedes agradecérmelo es que no pierdas la cabeza, Harry.
-Dalo por hecho.
Harry ingresó en su habitación y luego de cerrarla se sentó al borde de la cama mientras volvía a observar el artículo en el cual aparecía el nombre de Hermione.
-¡Te encontré! – dijo cuando se le dibujaba una sonrisa de victoria.
Los días que siguieron antes del inicio de la liga se la pasaron planeando la forma y el lugar que Harry utilizaría para ir a New York. A Ron se le ocurrió la idea de pedirle una asesoria a Percy, a fin de cuentas, él podría conocer a algún mago estadounidense o un lugar seguro para aparecerse.
-Pero tiene que ser como quien no quiere la cosa, Ron. Percy es muy sagaz y se puede oler lo que pasa.
-Si, no tienes que recordarme las cualidades de mi hermano – dijo Ron en forma mordaz –. Tal vez logremos despistarlo diciéndole que queremos ver un animal mágico de la región.
-Si, le podemos decir que queremos conocer los gnomos norteamericanos.
-O una mantícora de los bosques en las montañas rocosas.
-No creo que en las montañas rocosas hayan mantícoras –observó Harry – y si las hay, creo que a Percy no le parecerá buena idea.
-Tienes razón. Ya sé... le podemos meter un cuento muggle – dijo Ron dándose un puño en la mano.
-¿Cómo cual?
-Como que queremos ir a ver un deporte muggle y no queremos viajar en "alión".
-Es avión, Ron. Y no está mala la idea, después de que a Percy no le dé por ir con nosotros.
-No te preocupes – le dijo Ron en tono tranquilizador –, Percy no es como mi padre.
El viernes anterior al inicio de la liga, luego del entrenamiento, Harry y Ron fueron hasta el ministerio para hablar con Percy. Preguntaron por él en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional ya que era el director del área. Afortunadamente estaba disponible.
-Pero, que agradable sorpresa – les dijo Percy en tono solemne y haciéndoles una reverencia mientras Harry y Ron se miraban de reojo –. Díganme, chicos. ¿En qué les puedo ayudar?
-Percy, necesitamos de tu colaboración para ir a Estados Unidos – le dijo Harry mientras él y Ron tomaban asiento.
-Si... es que no queremos ir en "alión".
-¡A Estados Unidos! – dijo Percy sorprendido –. ¿Y a qué ciudad exactamente?
-A New York – dijo Ron con rapidez. Harry vio que su amigo tenía los dedos cruzados, fuera de la vista de Percy
-¿Y qué van a Hacer en New York? – inquirió Percy –. Claro, si se puede saber.
-Claro que se puede saber – le dijo Harry en el tono mas despreocupado que le salió –, vamos a ir a ver X-Games.
-¿Y eso que es? – dijo Percy alzando una ceja.
-Deportes extremos muggles. Por lo general, bastante peligrosos... – respondió Ron.
-Pero en los cuales estaremos sentados en lugares prudentemente apartados – agregó Harry con rapidez cuando Percy estaba a punto de protestar.
-Bueno, eso lo entiendo... pero, ¿de qué les puede servir mi ayuda?
-Queremos que nos indiques un lugar seguro para aparecernos... claro, preferiblemente en el condado de Queens – explicó Harry tratando de ser impasible – ya que será en ese lugar.
-Entonces, ¿qué dices? – le preguntó Ron a Percy - ¿Nos ayudas o no?
Percy los observaba con el entrecejo fruncido. Ron aun tenía los dedos cruzados y Harry se limitó a levantar una ceja y rezar en su interior. Luego, Percy cogió un pedazo de pergamino, empapó una pluma y escribió algo que en el momento ninguno de los dos pudo leer. Cuando finalizó dejó el pergamino sobre el escritorio esperando a que se secara.
-Esta bien – dijo al fin, Ron relajó las manos, Harry respiró con profundidad –. ¿Saben cómo crear un traslador?
-Si – dijeron ambos amigos a la vez.
-Bien. Esta ...- y les pasó el pergamino – es la coordenada de un edificio abandonado en Queens. Por los muggles no se preocupen, porque el edificio tiene repelentes mágicos para ahuyentarlos. Ahora bien, pueden retirarse. Tengo que trabajar.
-Si, bueno. Gracias Percy – le dijo Harry con recelo, después se despidieron de él.
-Pero, ¡que grosero! – comentaba Ron mientras salían del ministerio -. ¡Si te fijas cómo nos echó!
-Al menos tenemos lo que queríamos – dijo Harry con satisfacción mientras observaba los números en el pergamino.
-Si. Pero la próxima vez, no quiero volverle a pedir ayuda... tendría que estar muy desesperado para...
-¡Harry!, ¡Harry!
Ambos volvieron sus caras en dirección hacia la persona que estaba gritando, nada más y nada menos que Tamara.
-Hola, Harry – lo saludó ella con un beso en los labios, Harry se separó con rapidez –. Hola, Ron.
-¿Cómo estas, Tamara? – le dijo Ron en tono meloso y conteniendo inútilmente una sonrisa burlona.
-Muy bien. Y... ¿qué hacen por aquí?
-Vinimos a visitar a Percy – dijo Harry mientras guardaba el pedazo de pergamino –, ya sabes, el hermano de Ron.
-Si... el ogro – dijo Tamara con una sonrisita. Ron arrugó el entrecejo.
-Bueno, Tamara. Nos tenemos que ir – dijo Harry con rapidez, Ron tenia ganas de convertirla en lagartija.
-Ay, que lástima. Entonces nos veremos el domingo... ¡estaré viéndote jugar! – le dijo Tamara mirándolo de una manera descaradamente coqueta.
-Adiós – y antes de que Tamara le diera otro beso, Harry cogió a Ron de la manga de la camisa y se lo llevó.
-¿En verdad piensas llegar a algo serio con esa... mujer? – le preguntó Ron en tono de indignación.
Harry no contestó, en esos momentos su cabeza era habitada por pensamientos más importantes y alegres. Ya sabia cómo llegar a New York teniendo las coordenadas que Percy les había dado. Además, ya sabía en que escuela estudiaría James. La sola idea de verlo lo animaba muchísimo. Pero, ¿cómo reaccionaria al ver nuevamente a Hermione?
-Equipo, hoy es el día – dijo Ralph caminando de un lado al otro del camerino –. Tenemos que comenzar con el pie derecho – decía con cierto nerviosismo –. Contamos con escobas sensacionales que han mejorado notablemente nuestro desempeño. Nos hemos adaptado de maravilla a las nuevas tácticas de juego; sin mencionar que individualmente, como jugadores, son excelentes. Saldremos al campo, demostraremos quienes somos... ¡Y VAMOS A GANAR!
Desde los camerinos se podía escuchar el alboroto de los espectadores. Aquel día se jugaría el partido Wigtown Wanderers vs. Chudley Cannons. Ellos eran visitantes, pero aun así, la presión por ganar era la misma como si estuvieran de locales. El estadio tenía una capacidad para cinco mil personas y estaba a reventar.
-Señoras y señores. Hoy se ha dado inicio a una nueva temporada de la Liga Profesional de Quidditch y yo, Lee Jordan, les narraré este emocionante partido. Y conmigo, en los comentarios deportivos, Nick Jordan.
-Si, señores espectadores – decía Nick – hoy les estaré comentando una de las tantas cosas que me gusta hacer en la vida, además de ser casamentero, conejillo de indias de "Sortilegios Weasley", o simplemente un joven mago que le gusta bailar tap.
-Pero el día de hoy no estamos solos – agregó Lee muy animado –. Hoy nos campaña una personas que hizo resurgir los genios de la locución que somos ahora. Muchas gracias por acompañarnos, profesora McGonagall.
Harry y Ron se miraron con la boca abierta y asomaron sus cabezas para ver cómo la profesora Mc Gonagall se sonrojaba, sentada entre Nick y Lee.
-Agradecemos al Colegio Hogwarts de magia y hechicería por permitirle a la profesora estar el día de hoy con nosotros - dijo Nick.
-Y también, gracias al patrocinio de "Sortilegios Weasley" y su nuevo lanzamiento: los bombones llorones – informaba Lee –. Y a continuación el partido: Wigtown Wanderes contra Chudley Cannons. Con ustedes, el equipo anfitrión. Los carniceros.
De inmediato salieron siete figuras montadas en escobas y con túnicas color rojo sangre y un cuchillo de carnicero plateado en el pecho.
-La alineación es: ¡Rabnott!, ¡Law!, ¡Carter!, ¡Dannes!, ¡Cambell!, ¡Spencer! y... ¡Parkin! – comentaba Nick mientras los siete jugadores volaban alrededor del campo –. El señor Hugh Parkin es descendiente del fundador del equipo, el legendario Walter Parkin.
La multitud aplaudía y gritaba con entusiasmo cuando Hugh Parkin pasaba volando cerca de ellos saludándolos con la mano al aire.
-Y con ustedes, el equipo visitante... Chudley Cannons – dijo Lee por encima de los gritos de los espectadores -. ¡Bean!, ¡la gata Williams!, ¡Kropp!, ¡Weasley!, ¡Hedman!, ¡Potter! y... ¡O'Neal!
Los Chudley Cannons vestían túnicas color naranja brillante con un cañón cargado en el pecho. Cuando Lee nombró a Harry, la multitud lo aclamó tanto como a Parkin.
-Y hoy oficiará como arbitro el señor Jude Tatewaki, delegado especial del Departamento de Deportes y Juegos mágicos – complementaba Lee.
Entró al campo un mago con el cabello castaño cogido con una coleta, caminando a zancadas, llevaba consigo la escoba y la caja de las pelotas. Los jugadores se acomodaban en sus posiciones y el señor Tatewaki soltó las pelotas.
-¡Comienza el partido! – narraba Lee –. Rabnott con la quaffle, ¡Carter!, ¡Rabnott!, ¡uhhh! Una bludger lanzada por Hedman ha obligado a Rabnott a soltar la quaffle, y los Cannons la tienen, ¡Bean!, ¡Kropp!, ¡Bean!, ¡Bean!... ¡GOL!
Una pequeña parte de la multitud dio gritos de alegría mientras formaban una marea color naranja brillante, el resto del estadio abucheaba mientras Belinda Bean chocaba las manos con Devon Kropp y Katherine Williams.
Harry estaba más pendiente que nunca por encontrar la snitch, deseaba con todas sus fuerzas que el partido terminara lo mas pronto posible, pero sin perder.
-Y si señores, después de veinte minutos de juego los Wigtown Wanderers gana por 50 a 40 – informaba Nick –. Ahora Kropp con la quaffle, ¡Bean!. No, ahora es Law, ¡Carter!, ¡Law!...
-¡Dame acá!- exclamó Katherine.
-¡Que demonios...! – fijo Law cuando Catherine le quitó la quaffle con las uñas.
-¡Y la gata Williams ha recuperado la quaffle! – gritaba Lee – y estro puede significar el empate... pero... ¡que veo!
Los tres cazadores de los Chudley Cannons se colocaron en posición imitando una punta de flecha, Katherine iba al frente con la quaffle.
-¡Formación de ataque "cabeza de halcón"! – dijo Nick sorprendido.
-Buscan intimidar a los carniceros – decía Lee -. ¡y lo han logrado!, se han desparramado por todo el campo... ¡Uuuuuh!... ¡dan miedo!
-¡Jordan! – le advirtió Mc Gonagall.
-Extraña los viejos tiempos, ¿verdad, profesora?- le dijo Lee sin disgustarse, Mc Gonagall se sonrojó.
-¡GOL! – gritó Nick –, gol de los Chudley Cannons, anotación de la gata Williams. Y el marcador es 50 a 50.
A partir de ese momento el juego se volvió más rudo. En varias ocasiones Spencer y Parkin, los golpeadores de los Wigtown Wanderers envestían a Ron con la bludger, para que él se despistara y así los locales pudieran marcar goles. Pero la labor de Ralph y Tommy por protegerlo fue soberbia. En más de una ocasión estuvieron a punto de anotarles, pero los reflejos de los tres Cannons no lo permitieron.
Harry volaba cerca de la portería de los Wigtown cuando, casi sobre el nivel del campo, brillaba la pequeña y escurridiza snitch. Se dirigió hacia allí en picada, su estilo de vuelo preferido, pegando el cuerpo al palo de la escoba y estirando la mano derecha, seguido muy de cerca por Cambell, la buscadora de los Wigtown Wanderers. Concentrando cada célula de su cuerpo, y agudizando la vista, Harry se acercó más hacia la halada pelotita y cuando la tuvo firmemente aferrada en su mano derecha viró la escoba a tiempo para no darse un totazo contra el suelo.
-¡Y Potter ha conseguido la snitch! – gritaba Lee a todo pulmón –. Los Chudley Cannons ganan por 200 a 50.
-¡Mucho partido!... ¡muchas escobas!... ¡que jugadores!... y muchas gracias por haber venido. Nos reencontraremos la próxima semana con el partido Caerphilly Catapult contra Falmouth Falcons. Les hablo Nick Jordan.
-Y Lee Jordan. ¡Nos vemos¡
-Muy bien, muy bien – decía Ralph matado de la dicha mientras el equipo desmontaba de las escobas -. ¡Soberbio!, ¡todos!
-No sigas – dijo Ron –. Nos vas a sacar los colores.
Se acercaron a ellos el equipo anfitrión y los felicitaron a todos con un apretón de manos, luego se intercambiaron las túnicas y cada equipo se marchó en dirección diferente.
-Esto hay que celebrarlo – comentaba Tommy mientras salían completamente cambiados de los camerinos –. Que les parece si vamos a Pomona a tomar cerveza de mantequilla... esta cerca de aquí.
-¡Perfecto! – dijo con rapidez Ralph y todos lo miraron asombrado -. ¡Hay que celebrar las victorias!- argumentó con altivez fingida.
En las afueras del estadio los esperaban sus familiares, entre ellos la familia Weasley.
-Ay, chicos. Estuvieron fantásticos – decía la señora Weasley mientras abrazaba a Ron y luego a Harry.
-Gracias, señora Weasley – le dijo Harry algo cohibido.
-Ron... preséntanos a "la gata" – le dijo Fred disimuladamente.
-¿Para qué?
-Negocios, Ronny... negocios.
-Eh.... Kat – le gritó Ron.
-Dime – dijo Kat que estaba con su familia algo alejada de ellos.
-Puedes venir. Nada mas un momento.
-Aja... ¿Y? – dijo ella cuando llegó hasta don de Ron y los gemelos.
-Te presento a mis hermanos...
-Fred – e hizo una reverencia bastante exagerada.
-George - le dijo realizando la misma pantomima.
-Katherine - dijo ella haciendo como si se sonrojaba.
-Bueno, los dejo – dijo Ron y se fue con Harry hasta donde estaban sus padres, Ginny y Richard.
-Entonces... ¿nos vamos? – le dijo Harry a Ron.
-Si.
-¿Vienen? – preguntó Harry a los demás.
-No, gracias. Ya tenemos planes – dijo Ginny –, de todas maneras disfruten por nosotros.
-No lo dudes – le dijo Ron.
-Nosotros tampoco vamos – dijo el señor Weasley –. Tal vez para la próxima. ¿Qué opinas, Molly?
-Si, en otra ocasión. Pórtense bien.
-¡Mamá! – le contestó Ron como reproche.
Ginny y Richard se despidieron de ellos y se fueron en la moto del muchacho. Los señores Weasley hicieron lo mismo pero utilizando un traslador.
-¿Ya tienes pensado lo que vas a utilizar como traslador? – preguntó Ron mientras se dirigían hacia donde estaba el resto del equipo.
-Si... creo que utilizaré...
-¡Hola! – dijo Tamara saliendo de la nada. Ron dio un brinco.
-Hola – le dijo Harry –. Pensé que no habías venido.
-Pensaste mal... jugaron un gran partido. ¿qué harás ahora?
-Celebrar con los chicos – le contestó Harry mirando hacia atrás. Ron caminaba algo retrasado mientras recuperaba el aliento por el susto.
-Quiero ir – dijo Tamara.
-Pues, bueno – aceptó Harry.
Todos los jugadores del equipo, los gemelos Weasley y Tamara fueron hasta Pomona, un café-bar muy agradable. Se ubicaron en la terraza y pidieron cerveza de mantequilla mientras escuchaban las Cuarenta Magistrales.
La tarde era soleada, pero había viento frío, indicio que estaba entrando el otoño. Sentados en una mesa larga, pronto el grupo se lleno de entusiastas conversaciones. Los gemelos Weasley y Katherine estaban negociando un contrato publicitario.
-Entonces, sería un año de exclusividad – decía Kat.
-Si, además de publicidad en la revista Corazón de Bruja – complementó George muy entusiasmado.
-Mis manitos... en Corazón de Bruja – decía Kat entre falsos sollozos mirándose las manos.
-Y con el esmalte "Up&Go"- intervino Fred.
-Que cambia de colores con el estado de ánimo – dijo Kat con ilusión.
Devon y Belinda hablaban del último lanzamiento de la bruja cantante Winifred Ardened. Ron, Ralph y Tommy comían y comían, mientras Tamara saturaba a Harry con estúpidos comentarios del partido.
A las seis de la tarde, los chicos se dirigieron a sus respectivas casas y Ralph les dijo que al día siguiente no tendrían entrenamiento, algo que tranquilizó bastante a Harry. Se libraron de Tamara con la disculpa de que "tenían que descansar por el extenuarte partido", antes de que la muchacha se les pegara como chicle. Idea de Ron.
Al llegar a casa, Harry dispuso todo para crear el trasladorUtilizaría un guante viejo color azul oscuro. Lo hizo en su habitación, y se demoro casi diez minutos. Tenia que estar seguro que quedaba a la perfección.
Al día siguiente, Harry se despertó más temprano de lo habitual, y supo que se debía a la emoción. Durante las horas de la mañana arregló y limpió la casa con la ayuda de Ron y durante ese tiempo el único tema de conversación fue James. Mientras almorzaban, Ron le comentaba muy animado el contrato que los gemelos hicieron con Kat.
-La convencieron para que fuera su modelo en el nuevo lanzamiento – decía el pelirrojo – Están felices. Ya sabes que para todas esas cosas buscan a gente especial. Y Kat es una de ellas, aunque yo no la llamaría especial, si no rara.
-Creo que ese producto será un éxito – le dijo Harry, a duras penas había comido algo.
-Yo también. Fred y George tienen una suerte de envidia.
-¿Y tu no?
-Si... yo también, je, je, je.
-Creo que a mi también me está sonriendo la suerte – dijo Harry con una sonrisa serena.
-Eso parece – ratificó Ron – Aunque parece que no te sonríe el estomago. No has comido nada.
-No me entra nada. Mi estomago está en huelga. Lo siento.
A las seis de la tarde, Harry ya estaba listo para viajar.
-Revisa de nuevo – le aconsejó Ron, ambos estaban en el jardín trasero.
-Llevo dólares, un mapa de Queens – decía Harry mientras revisaba la mochila –, algunos sándwich, la varita porque nunca se sabe.
-Lleva también la capa.
--¿Y para qué?
-Nunca se sabe. Llévala.
Harry fue con rapidez hasta su habitación y sacó la capa que estaba colgada en el armario. Luego regresó al jardín trasero y Ron le entregó el guante viejo.
-Mucha suerte... y contrólate. No vallas a meter la pata. Cualquier cosa me llamas.
-No te preocupes – le dijo Harry y miró su reloj –. Adiós.
Diez segundos después, y mientras sostenía el guante, sintió que un gancho lo jalaba hacia arriba desde debajo del ombligo. Cuando tocó tierra un tibio rayo de sol lo recibió y a lo lejos pudo ver cientos de edificios altísimos. Estaba en New York, en la terraza de un edificio.
-Bienvenido a la capital del mundo – le dijo un mago chino con bigote finísimo –. Soy Akira Masaho, y tiene que registrarse por aparecerse aquí.
-Claro – dijo Harry bastante sorprendido y guardó el guante en su mochila –. Soy Harry Potter.
-Harry Potter – repetía el mago mientras escribía en un pergamino –. Veo que esta vestido como muggle... bien pensado.
-Eh... claro. Dígame, ¿dónde puedo conseguir un taxi?
-Sale del edificio, dobla a la izquierda y camina cuatro calles – le indicó Akira –. Pero déjeme decirle que tiene que tener cuidado. Los taxistas de esta ciudad son muy astutos, en especial los árabes. Le ven la cara de turista y lo estafan.
En esos momentos llegaba al lugar un grupo de gente, la mitad de ellos se cayó al suelo.
-Bienvenidos a la capital del mundo – dijo Akira mientras caminaba hacia ellos –. Soy Akira Masaho y...
Harry bajó los tres niveles que tenia el edificio, a decir verdad estaba en muy buenas condiciones para ser abandonado. Dobló a la izquierda y caminó las cuatro calles que le habían indicado. Los bloques entre calle y calle eran grandísimos. Llegó a una amplia avenida cuyo letrero decía "Roosevelt Ave." En menos de un minuto ya estaba montado en un taxi.
-¿A dónde lo llevo, señor? – le dijo el taxista con un acento muy chistoso.
-Avenida Pettit – dijo Harry –, Escuela Abraham Lincoln.
-¿Es usted ingles? – preguntó el taxista.
-Si. ¿Cómo lo supo?
-Su acento – dijo el taxista – Muy sofisticado. ¿Sabe?, yo tampoco soy de acá.
-Es inmigrante.
-Si. Vivo en esta ciudad desde hace diez años.
-¿Y de donde es usted? – preguntó Harry.
-De la ciudad de la eterna primavera – dijo el taxista con nostalgia –: Medellín, Colombia.
-Ah..... el país de Juan Pablo Montoya.
-El mismo. Y le digo, en la próxima carrera que será en Indianápolis; Montoya primero, Shummager no llega.
Harry soltó una carcajada. Se demoraron en llegar más de veinte minutos. Harry se estremeció cuando vio la escuela de su hijo, rodeada de amplias zonas verdes y lleno de juegos para niños. El taxi se detuvo en una esquina.
-Son 45 dólares, señor.
-Aquí tiene – le dijo Harry pasándole un billete de 50 dólares. El taxista le dio el cambio –. Gracias.
Harry se bajó del carro. Los alrededores de la escuela estaban desiertos, a lo lejos, por las ventanas, se veían muchas cabecitas. Miró su reloj, indicaba las 7:12 hora Londres, menos seis, eran las 1:12 de la tarde. En poco mas de hora y media vería a James. En esos momentos un sonido lo sacó de sus pensamientos, era el sonido del hambre.
-Es cierto. No he comido nada – se sentó en una banca y abrió la mochila –. Menos mal que traje algo. Oh, no. No tengo que tomar.
Vio que al otro lado de la calle, ubicado en la esquina, había un carrito de perros calientes. Fue hasta ese lugar.
-Señor, ¿Tiene Coca-Cola?
-Por supuesto – dijo el vendedor y sacó una Coca-Cola en lata –, son 2 dólares.
Harry se volvió a sentar en la banquita y comió con satisfacción los sándwich y la Coca-Cola. Cuando dieron las dos y media de la tarde el nerviosismo se apoderó de él y cayó en cuanta de una cosa.
-Hermione no me puede ver – sacó la capa invisible -. ¡Gracias, Ron!
Viendo hacia todos los lados para que los muggles no se dieran cuenta, Harry se puso la capa invisible, aun sentado en el banco y mirando hacia la escuela. Desde allí podía darse cuenta cuando saliera James. Pronto esa calle se fue llenando de automóviles y gente que esperaba por los niños. Faltando diez minutos para las tres, alguien se sentó a su izquierda, al otro lado de la banca. Una muchacha vestida de suéter color beige, falda de cuero café hasta las rodillas y botas del mismo color en tacón bajo, el cabello castaño y ondulado en las puntas. Hermione.
A Harry casi le da un infarto, una vez más, agradeció a Ron su idea de llevar la capa invisible. Respiró con sutileza para que Hermione no se percatara de su presencia. Luego sonó un teléfono celular.
-Hola, Libby – dijo Hermione –. No, aún no sale. Creo que llegué muy temprano... si... no te preocupes... salimos derecho hacia el Central Park... lado oriental del lago. No, la túnica me la quité. Nos vemos.
Hermione guardó su móvil en el bolso y se quedó allí esperando a que saliera su hijo. De vez en cuando jugaba con su cabello enroscándolo con los dedos, Harry durante una fracción de segundo tuvo el deseo de quitarse la capa y besarla, pero su sentido común lo hizo desistir.
A las tres en punto sonó el timbre de la escuela y en menos de cinco segundos los alrededores se vieron abarrotados de gran cantidad de niños. Muchos pasaron frente a ellos comentando su primer día de escuela, algunos decían: "mi materia favorita es el recreo", otros decían: "Viste a la profesora Sánchez, esa vieja quisquillosa" y los más grandecitos comentaban: "una vez mas, vengo a calentar pupitre". A esto último Hermione chasqueo la lengua en señal de censura y Harry tuvo que taparse la boca con las manos para no reírse.
-¡Mami!, ¡Mami! – gritó James.
Harry y Hermione volvieron sus cabezas en dirección izquierda y vieron acercarse a James con tres compañeritos más. Todos llevaban unas mochilas muy grandes y mientras caminaban estas se movían tanto que parecía que los fuera a tumbar. Hermione se paró con rapidez y James llegó hasta allí junto con sus amiguitos. De un brinco se colgó al cuello de Hermione y ella lo abrazó. Harry seguía sentado.
-Mami, estuvo genial – decía James cuando se bajó del cuello de su madre –, el "kindel" es de lo "mejol".
-Y tenemos una maestra muy buena y linda – comentaba un niño latino.
-Y muchos amigos – complementaba James –, él es Juan – dijo señalando al latino –, él es Scott – señalo a un niño rubio – y él es...
-Thierry – dijo el último en un suave acento francés y tenía cara de caricatura –. Señora, ¿es verdad que usted puede hacer magia?
A Harry se le congeló la sangre, Hermione abrió los ojos como platos.
-¿Quién... te lo dijo? – preguntó ella con la voz tranquila.
-James – dijo Thierry.
-Es cierto. Puedo hacer magia. ¡Mira!
Hermione se inclinó hacia el niño y colocando su mano derecha detrás de la oreja de este se la rascó con suavidad y sacó de ella un caramelo, luego se lo dio.
-¡Vez! – dijo James –. Te lo dije.
-Señora – le dijo Thierry mientras recibía el caramelo –, déjeme decirle que estaba muy mal informado acerca de las brujas – luego le sonrió de manera muy coqueta.
Hermione se quedó con la boca abierta, a Harry le dieron ganas de darle nalgadas al francesito. Los otros niños se reían.
-¿No vamos, James? – preguntó Hermione.
-Si, mamá. Nos vemos, chicos.
-Adiós, James. Adiós, mamá de James – dijeron los tres niños al mismo tiempo.
Hermione y James salieron de allí y Harry los siguió.
-James, debes tener mas cuidado con lo que comentas – le decía Hermione mientras caminaban – los niños de la escuela no deben saber nuestro secreto.
-Lo se, mami. "Pelo" no te "pleocupes" que yo no metí la pata, "polque" – y James bajó la voz – yo también soy mago. ¿"cielto"?
Hermione detuvo el paso y sin soltar a James de su mano lo miro a los ojos y le dijo:
-Tú también eres mago. Como tu papá, como yo – luego ella le sonrió y siguieron caminando, seguidos de un Harry muy conmovido.
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Muchas gracias a todos por sus mensajes…. Besos.
