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MISION GAYETH
Caminaron una calle más, Hermione y James iban en silencio y se detuvieron para tomar un taxi. Harry se quitó con precaución la capa invisible, afortunadamente no habían muggles a la vista. El también tomó un taxi.
-Al Central Park, por favor.
-Cómo no – dijo el taxista –. ¡Pero, si es usted!
-¡Cómo esta! – le dijo Harry, era el mismo taxista que lo había llevado a la escuela.
-Yo, en la lucha. Pero en ocasiones esta ciudad es muy pequeña. Nunca me había vuelto a encontrar un cliente el mismo día.
-Así es la vida.
Se demoraron poco más de cuarenta minutos en llegar a Central Park, cuando lo hicieron Harry vio a Hermione y James entrando en él.
-Son 60 dólares, caballero.
-Aquí tiene – dijo Harry mientras le pasaba el dinero –. Dígame, ¿por dónde queda el lago?
-Usted entra, dobla a la derecha y sigue el camino.
-Voy para el lado oriental.
-Entonces cuando llegue al lago, sigue por la derecha.
-Señor, muchas gracias.
Harry se bajo del automóvil e ingresó en el parque que a simple vista era enorme. Dobló a la derecha y siguió el camino, cuando se le ocurrió volver a usar la capa invisible. Se escondió tras unos arbustos y se la puso. Mientras seguía caminando quedó maravillado con la belleza del lugar, con cierta frecuencia pasaban por su lado carruajes clásicos que llevaban turistas muy animados y tomando fotografías como locos. Viendo la vegetación notó que los árboles ya estaban comenzando a adaptarse para el otoño, muchos de ellos se les estaba secando las ramas más bajas. Después de diez minutos de caminata se encontró con el lago, que por cierto también era muy grande y en el cual nadaban varias manadas de patos. Siguió por el camino de la derecha y después de caminar poco se los encontró de nuevo. Tanto James como Hermione estaban sentados sobre un mantel de cuadros amarillos, un poco alejados del camino, pero visibles al lago. Harry se acercó hasta ellos y se sentó junto a un árbol, a pocos pasos de donde se encontraban. Quería escucharlos hablar, aunque eso sería espiarlos, pero no le importó. Se acomodó mejor y apoyó su espalda en el tronco del árbol. Segundos después apareció Libby con una canastilla y con Crookshanks atado a una fina cadena.
-¡Tía! – exclamó James parándose y la abrazó, luego cogió al gato el cual ronroneo –. ¡"Closaks"!
-¿Cómo está mi estudiante favorito? – le preguntó Libby con cariño mientras se sentaba frente a Hermione.
-Muy bien – le respondió James sentándose junto a su madre con Crookshanks en brazos.
-Porque no le cuentas a tu tía el primer día de clases – dijo Hermione.
-Pues, bien. Mi día comenzó a las siete y "tleinta" – comentaba James mientras le soltaba la cadena a Crookshanks –, entonces me bañé, me vestí y desayuné. Mi mamá me llevó a la escuela y...
Crookshanks saltó del regazo de James y fue directo hacia donde estaba Harry. Él palideció, sabia que el gato era capaz de sentirlo así tuviera la capa invisible puesta. Todo se vendría abajo. Podía ver la cara de horror de Hermione viéndolo aparecer de la nada, a James mirándolo con terror y a Libby observándolo con sorpresa y preocupación. Crookshanks se acercó a él y se detuvo frente a Harry, ronroneó, dio una vuelta sobre sí mismo, se extendió en el suelo y se quedó allí quieto, dirigiendo su cara hacia Hermione, Libby y James. Harry respiro tranquilo y le dijo en susurro:
-Gracias – el gato maulló con suavidad.
Mientras Hermione y Libby sacaban de la canastilla el improvisado almuerzo, James le contó a su tía todas sus aventuras en la escuela. Por ejemplo: en el salón había más niños que niñas, la primera pelea del grupo entre dos niños que se pelearon por un crayón de color verde, la linda maestra que tenían y todos los juegos que ese día realizaron.
-Tuviste un día muy interesante... ¡Vuélveme a contar lo de la pelea!
-¡Libby! – le reprochó Hermione.
-Esta bien, esta bien. A comer.
Habían llevado frituras deliciosas, ensaladas y algo de beber que Harry no supo que era. Después de un rato, cuando James comió su porción de ensalada, dejó sobre el mantel los trocitos de queso.
-James, cómete el queso – le dijo Hermione muy seria –, eso te da calcio en los huesos.
-"Pelo" ... no me gusta – dijo James haciéndole mala cara al lácteo.
-Es por tu bien, James.
-"Pelo"... ¿"Pol qué" me lo das?
-Porque soy tu madre... por eso.
-Si es "pol" cuestión de títulos, yo soy tu hijo... y nos "gladuamos" el mismo día.
Libby soltó una carcajada escupiendo lo que masticaba en la boca, Hermione puso mala cara mientras James le sonreía con picardía, luego se lanzó sobre ella tirándola al suelo y dándole muchos besos en la mejilla.
-Te "quielo", mamá.
En esos momentos Harry envidió a Hermione, él quería estar allí, recibiendo el cariño de James.
-No sé que es lo que le reprochas al niño, si durante tu embarazo le hiciste el feo al queso – dijo Libby cuando recupero la compostura.
Harry recordó que durante sus últimas semanas en Hogwarts Hermione rechazaba algunos alimentos... como la ensalada de verduras y queso. Se sintió como un idiota, no se había dado cuenta de los síntomas.
-Pero necesita de ese alimento, Libby – argumentó Hermione –. Es importante para su crecimiento – luego se incorporó sentándose de nuevo sobre el mantel.
-James toma mucha leche y le gusta el yogurt... ahí compensa. No lo obligues a comer algo que no le gusta. Mientras reemplace los nutrientes de ese alimento con otros, no pasará nada.
Hermione estaba pensando más argumentos para mantenerse, parecía preocupada.
-Si, mami. Yo tomo leche todo el día, "develiamos" "tenel" una vaca.
-Vez – le dijo Libby –. Cómprale una mascota, James no tiene.
-Si... ya tengo.
-¿Dónde la escondiste? – le preguntó Hermione con perspicacia.
-Esta en la escuela... es la mascota de la clase.
-¿Tienen mascota? – le preguntó Libby asombrada –. Estos muggles ya les enseñan responsabilidades.
-Si, y es un "hulón".
Esa vez fue Hermione quien soltó una carcajada, Libby y James la miraron sorprendidos.
-Lo que pasa es que me acordé de un compañero del colegio – les explico Hermione conteniendo la risa –. Un profesor lo convirtió en hurón.
-¿Y "pol" qué? – quiso sabes James.
-Porque atacó a tu padre por la espalda – de pronto Hermione había dejado de sonreír.
-Mamá... ¿ mi papá, cómo es? – le pregunto James con timidez.
Harry agudizó más el oído, vio que Libby le dirigía tensas miradas a Hermione y a James, al parecer, ese era un tema que no se debía tocar.
-Solo tienes que mirarte en un espejo – le contestó Hermione con tristeza, luego le sonrió, aunque de manera un poco amarga –. Ustedes son muy parecidos.
-Tía – le dijo James a Libby volviéndose hacia ella –. Un espejo.
-¿Eh?... ¡Ah!... si, si... ten.
James recibió un pequeño espejo de manos de Libby y se miró en él, realizado todo tipo de poses, miradas y muecas, desde las mas serias hasta las mas cómicas (el espejo se reía con estas) pasando por los bizcos. Hermione y Libby lo observaban con sorpresa y de vez en cuando intercambiaban miradas. Harry no sabia que hacer, solo se quedó allí sentado acompañado por Crookshanks.
-Pues muy guapo no "ela" – dijo James al final –, ¿qué le viste?
-Creo que es suficiente – intervino Libby con la voz aguda –. Mira, James. Te traje tu dulce favorito.
-"Lanas" de chocolate – dijo el niño saltando sobre ellas.
James se puso en la deliciosa labor de comerse las ranas de chocolate, hubo un par que intentó escapar de sus manos, pero el niño era más rápido y cuando las atrapó les decía: "Vení pa'ca' " y se las comía de un solo bocado como si fuera su castigo ante el intento de huir hacia la libertad. Hermione y Libby sostenían una conversación sobre la próxima edición de la revista La Transformación Moderna, al parecer Libby también trabajaba en ella, pero en el área de mercadeo y publicidad.
-¡Imagínate! – comentó ella, luego bebió de su vaso –. Querían que le diéramos cuatro centímetros mas de cobertura, y en una pagina impar, pagando lo mismo. Pero conmigo no. Que valla a enredar al duende.
-Eres la persona perfecta para negociar con esos publicistas.. o mejor dicho, oportunistas – le dijo Hermione moviendo la cabeza –. Tanto interés por un simple artículo.
-Yo no llamaría "simple articulo" a lo que escribes. Siempre has sido una gran redactora.
-Me refiero al último – aclaró Hermione mientras se sonrojaba de satisfacción –. Fue muy sencillo escribir sobre la falsificación mágica de boletos deportivos muggles. Me regalas un poco de cerveza de mantequilla por favor.
-Ahhh..... es cierto – dijo Libby con sorpresa mientras recibía el vaso de Hermione –. Estamos en las finales de la liga de beisball. Debemos ir. A esos partidos siempre va la gente de Hollywood.
-En "Londles" – intervino James – conocí a un fan de los "Yankis".
A Harry le dieron un vuelco las tripas y sintió como la sangre se le amontonaba en los brazos. ¿Era posible que con el relato de James, Hermione lo reconociera?
-¿De verdad? – le preguntó Libby con interés –. ¿Y eran vecinos de tus abuelitos?
-No, tía. "Ela" un "señol" que vi en la "liblelia" cuando fuimos a "complal" el "liblo" de "Da Vinchi". Tenia una "gola" de los "Yankis"
-¿Y conversaste con ese señor? – inquirió Hermione con seriedad, James asintió –. No te he dicho James que no debes conversar con extraños.
-"Pelo" no me "paleció" que "fuela" malo – argumentó el niño –, "pol" el "contlalio"... me cayó muy bien.
Algo, como si fuera una bomba atómica, estalló en el corazón de Harry. Y de pronto, sin saber cómo, se fue incorporando, era como si su corazón y no su cerebro dominara su cuerpo. Pero Crookshanks también se incorporó, mirando a Harry con su fea cara aplastada, advirtiéndole que no se moviera, que ese no era el momento para aparecer. Harry tuvo un gran impulso de darle una buena patada al gato, por entrometido. Avanzo hacia él, pero el gato le enseñó los colmillos sin emitir ruido.
-De todas maneras, no lo vuelvas a hacer, James – le advirtió Hermione –. Hay gente muy peligrosa.
-Mamá, yo no "cleo" que "fuela" "peligloso"... ni "siquiela" conocía a Bob Esponja.
-Eso no te garantiza que alguien sea de fiar... Prométeme, James, que vas a tener más cuidado cuando vallas a socializar con un adulto.
Hubo unos segundos de silencio, Harry se quedó inmóvil, olvidando por completo que se estaba preparando para patear a Crookshanks. Hermione miraba a James con una mezcla de seriedad y preocupación. El niño le devolvió una mirada triste. Luego comenzó a sollozar.
-"Pelo" yo no hice nada malo.
-Yo se que no hiciste nada malo – le dijo Hermione con cariño, después lo sentó en su regazo y lo abrazó –. Solo quiero que tengas mas cuidado cuando hablas con la gente mayor. Eres lo más importante que tengo en la vida. No quiero que te pase algo.
-James, es por tu bien – intervino Libby –, más saben las brujas por arpías que por brujas.
-Gracias, Libby – espectó Hermione viendo a la chica chiquitita.
-Eso dice mi madre – comentó Libby sin inmutarse –, o prefieres que te llame diablo.
-Solo... llámame por mi nombre.
-Como quieras. Mira, James. Más sabe Hermione por sabelotodo que por Hermione.
El niño comenzó a reírse dejando por completo de llorar. Hermione le dirigió a Libby una mirada del más profundo desprecio que fue cambiando cuando se contagió con la risa de James. Libby se limitó a beber su cerveza de mantequilla realizando evidentes esfuerzos por permanecer impasible.
-Cambiando de tema, creo que es hora de irnos – informó Libby mirando su reloj –, son las 5:20, pronto oscurecerá y no me gusta que os coja la noche en un parque tan grande.
-Cierto – opinó Hermione mientras James se paraba de su regazo, luego le dijo al niño –. Ponte la chaqueta que esta comenzando a hacer frío.
-Si, mamá. "Pelo" "plimelo" "gualdalé" mis "clomos" de "lanitas".
-¿Te salió alguno repetido? – preguntó Libby con interés.
-Si, "tles". "Pelo" no me "acueldo" como se llaman – y el niño le pasó los tres cromos – .Como todavía no sé "leel".
-Circe. Amaltea. Y el rey Salomón. Lastima, ya los tengo – dijo Libby con desdén, luego las guardó en la canastilla.
Mientras James sacaba la chaqueta de su maletín, Hermione y Libby recogieron todo lo que tenían y habían llevado para la comida. Vigilando atentamente que no hubieran muggles a la vista, ambas sacaron sus varitas mágicas y con un rimbombante movimiento hicieron desaparecer todo lo que había allí para que quedara acomodado en la canastilla. Harry se sorprendió, el no creía que Libby fuera bruja.
-Crookshanks – llamó Hermione mirando al gato –. Ven aquí.
El gato le dirigió una última mirada a Harry y después fue hacia ella ronroneando y con la cola como cepillo bien levantada. Libby cogió la canastilla, James se puso su maletín y Hermione cargó a Crookshanks en su mano derecha mientras cogía con su mano izquierda la mano derecha de James. Regresaron por el camino que utilizaron para ir, Harry los siguió con cautela.
-"Debeliamos" "lepetil" estas comidas.
-No se puede, cariño – le dijo Hermione con pesar –. Lo hicimos hoy para celebrar tu primer día de escuela. Pero no podemos hacerlo siempre. Tu tía y yo tenemos que trabajar.
-"Pelo"... tu no "tlabajas" en las "taldes" – le objetó James a su madre.
-Claro que trabajo en las tardes, que lo haga en casa es diferente.
-¡Me encantaría cambiar mi horario contigo! – exclamó Libby –. A mí me toca estar todo el día en la sala de redacción de la revista. ¡Oh, vida cruel!.
-No te quejes que te encanta estar allá metida.
-Pues si – dijo Libby sin una pizca de remordimiento –. Lo que más me gusta es cuando nos dan muestras gratis de productos mágicos. En verdad vale la pena el sacrificio.
-"Pelo" entonces... ¿Tu "seguilás" yendo "pol" mi a la escuela? – preguntó James mirando a Hermione.
-Por supuesto – corroboró Hermione.
-¿Y cuando "podle" "il" y "venil" solo?
-Nunca – dijo ella tajantemente.
-Claro que si – la contradijo Libby con amabilidad –. Cuando ingreses a Chartlon.
-Pero eso será cuando tenga 11 años ... ¡falta mucho!
-¿Qué es "Chaltlon"? – inquirió James.
-La escuela de magia de Estados Unidos – informó Hermione , ahora hablaba en voz baja – Es solo para magos.
-¿Y qué pasa con las "blujas"?, ¿dónde "aplendió" magia mi tía?
-Instituto de las brujas de Salem – respondió ella llena de orgullo –. Un internado completamente femenino. Pero la Academia Chartlon son nuestros vecinos. Su castillo queda cómo a 6 kilómetros del nuestro. Eso sí, somos enemigos a muerte, en especial para los partidos de quodpot. Pero a la hora de hacer fiestas éramos los mejores amigos del mundo.
-¿Y donde quedan? – preguntó James con muchísimo interés.
-En Massachussets – intervino Hermione –. Pero basta, aún no estas en edad de preocuparte por eso.
-Cuando yo esté en "Chaltlon"... – le dijo James a Libby en tono confidencial pero perfectamente audible – "inglésale" al equipo de quodpot, y te "asegulo" que la quod no me "estallalá" en las manos.
-¡James! – le advirtió Hermione.
El resto del camino se la pasaron hablando de la nueva temporada de la serie muggle Friends. Libby se lamentaba mucho de que esa fuera la última temporada de su programa de televisión favorito.
-Y ahora qué voy a hacer los jueves en la noche – decía la chica en falsos sollozos – y sin Joey... el cabeza hueca más adorable de la televisión.
-¡Podrás verlos hasta mayo del próximo año! – exclamó Hermione de manera cansisa –, y con el tiempo libre que te quedará, podrías ayudarme con el PEDDO.
-Hermione, no te ofendas, pero, voy a estar aburrida, no desesperada.
-De todas maneras no vendría mal que te integraras un poco más a la causa, ¿no crees?
-Creo que no. El PEDDO ya marcha muy bien sin mi ayuda. Es mejor no arriesgarse.
En ese instante Harry cayó en cuenta de algo, ¿cómo los seguiría si utilizaba la capa invisible?. No podía esperar a salir del parque y quitársela, los muggles se asustarían además de que rompería un montón de reglas sobre la ocultación de los magos. Muy a su pesar frenó en seco, se hizo a un lado del camino observando como se alejaban James y Hermione. Sólo hasta que se perdieron de vista fue a esconderse tras unos pequeños arbustos y se quitó la capa. Cuando salió del parque, ya no estaban. Sin perder tiempo abordó un taxi y se dirigió hasta el edificio abandonado para trasladarse. Eran mas de las seis de la tarde, y en lugar de encontrar al mago chino que lo había recibido, encontró a una bruja que al parecer era hindú.
-Buenas tardes – le dijo la bruja –. ¿Ya está registrado?
-Si – respondió él –. Harry Potter. Me trasladaré al Valle de Godric en Inglaterra.
-Aja – dijo la bruja revisando y luego escribiendo en el pergamino –. Para trasladarse debe colocarse en esa esquina, por favor.
-Gracias.
Harry sacó el viejo guante y su varita, apuntando con ella a la prenda susurró "Portus" pensando en las coordenadas de su casa. Guardó la varita en el bolsillo de su pantalón y miró su reloj.
-¡Feliz trasladación! – le gritó la bruja.
Tres, dos... uno. Inmediatamente después sintió que un gancho lo jalaba hacia arriba haciendo que despegara los pies del suelo. Cuarenta y cinco segundos después sus pies tocaron el jardín trasero de la casa. La única luz encendida era la de la cocina, el reloj marcaba más de la media noche, así que probablemente Ron estaba sentado allí, esperándolo. Y no se equivocaba, al ingresar a la casa por la puerta de la cocina el pelirrojo estaba sentado en el mesón de ésta leyendo atentamente una revista, mientras bebía una taza caliente de chocolate con almojábanas.
-Te has tardado un montón... – fue lo primero que dijo Ron –. ¿Qué ocurrió?
-¡ocurrió de todo! – exclamó Harry con un poco de cansancio aunque muy satisfecho –. O en otras palabras, ¡qué no ocurrió!
-¿Viste a Hermione? – preguntó Ron con recelo –. Porque, ¿cómo más explicas tu tardanza?
-¿Hermione? – dijo como quien no quiere la cosa, tratando de mantener la mirada con su amigo –. El propósito de la misión era ver a James, no a Hermione.
-No me digas – Ron entornó los ojos y dibujo una sonrisita.
-¿Qué insinúas? – inquirió Harry con desconfianza.
Ron señalaba con el dedo la revista que estaba leyendo con mucho interés, luego bajó la vista y leyó en voz alta:
-Lo que los magos pueden transformar y los muggles creen que es ciencia. Por: Hermione Granger.
-¿Dónde... ? – pero Harry no fue capaz de formular la pregunta, lo había pillado por sorpresa.
-Mira, Harry. A mi no me tienes que mentir. ¿Acaso crees que no te entenderé si aún estas interesado en Hermione?. No te estoy insinuando que hallas ido hasta New York solo por ella, porque sé que estabas deseando ver a James. Bueno, lo que trato de decir es que no te mientas a ti mismo. A mí me puedes decir un centenar de veces que ya no la quieres, que la has olvidado, bla, bla, bla. Pero esto, me da a entender que lo que hablas es pura paja.
-Pues... bueno – decía Harry con enfado –. ¿De dónde sacaste la revista?
-De la canasta de la ropa sucia – respondió Ron con tranquilidad.
-¡La canasta!
-Si, la encontré ahí. Seguramente se calló entre tu ropa sucia. Esta tarde cuando fui a poner la lavadora la encontré. Me intereso mucho el Ferrari – dijo mirando la portada – y empecé a leerla toda, cuando al rato me topé con el artículo de Hermione. La verdad, el estilo de redacción perfeccionista no ha cambiado en lo absoluto.
-Si, lo sé – admitió Harry con una sonrisita.
-Ahora si, cuéntamelo todo, pero sin llorar.
-Mejor mañana.
-¡¿Qué?! – gritó Ron sin dar crédito a lo que escuchaba.
-Es muy tarde – argumentó Harry con desdén –, mañana tenemos entrenamiento.
-¿Y piensas dejarme así? – preguntó Ron muy ofendido.
-Esta bien. Vi a James, es un encanto. Hermione estaba con él, y hasta aquí llegó el relato. Me voy a dormir.
-Y.... ¡ya!... no más.
-Si, gracias por sugerirme llevar la capa, me salvaste el pellejo. Mañana te cuento el resto.
-Júralo.
-Lo juro por el quidditch.
Al acostarse en la cama, Harry recapituló todo lo que había vivido aquella tarde, acostando su cabeza sobre las manos, mirando hacia el techo y sonriendo. Ahora tenia que pensar cómo seguir a Hermione para saber dónde vivían y pasado el tiempo, poder enfrentarla.
-¡A esto le llaman entrenamiento! – se quejaba Kat en voz alta –, Yo lo llamo tortura. Por Dios, ni que hubiéramos perdido. Así no se trata a una estrella.
¡PUM!
-Una estrella estrellada – le dijo Ralph con sarcasmo luego de lanzar la bludger y pegar en ella –. ¡Concéntrate y deja de echar cantaleta!
-Esto es injusto... nos estas atormentando con este entrenamiento – le gritó Kat desde el otro lado del campo de juego –. Mira. Estamos hechos unos mamarrachos.
Y era verdad, aquella mañana el entrenamiento de quidditch estaba siendo particularmente tormentoso. Después del triunfo del partido anterior, a Ralph se le había encendido una obsesión por el triunfo, obligando a los demás jugadores (incluidos los de la reserva) a repetir las principales jugadas y movimientos hasta que se realizaran a la perfección. Ante las protestas de Kat, el apoyo de sus compañeros no se hizo esperar y para antes del medio día, Ralph dio por finalizado el entrenamiento evitando así que se armara Troya.
-"gue desgalo" – balbuceo Ron son la boca llena, ya estaban en la casa almorzando.
-¿Podrías hablar sin la boca llena?
-Lo siento – dijo Ron luego de tragar –. Que descaro. En mi vida he tenido un entrenamiento como este. Y eso que cuando estábamos en quinto Angelina se puso muy exigente.
-Temo que Ralph se obsesione – opinó Harry con preocupación –. Si estos entrenamientos siguen así, cuando llegue el día del partido estaremos tan agotados que no podremos jugar.
-Bueno, pero por lo menos hay una mujer con pantalones en el equipo – entonces Ron hizo una fingida mirada de admiración –, ¡la mas joven y la más revoltosa!
-Sí que si.
Luego de organizar la cocina, se dirigieron al jardín trasero y allí Harry le relató a Ron todo lo que había ocurrido en su viaje el día anterior. El pelirrojo se reír de lo que hacia James y de la actitud de Hermione ante eso.
-Claro que me acuerdo – murmuró Ron haciendo memoria –. Ese día después del examen ella dejó a un lado la dichosa ensalada.
-Seguramente le causaba náuseas – observó Harry con el entrecejo fruncido –, y fíjate que no te diste cuenta.
-El que debió darse cuenta eras tú – le reprochó Ron.
-Pero fue a ti el que se le ocurrió primero lo del embarazo – objetó Harry con frialdad.
-Serás... Más bien sígueme contando.
Harry terminó su relato. En ese instante Hedwig se acercó posándose en el hombro de él. Ululaba muy contenta y Harry le acaricio la cabeza. Cerca de ellos volaba Pigwidgeon, dando tumbos don alegría y un poco de locura. Ron puso los ojos en blanco mientras movía la cabeza en señal de negación.
-¿Y cuando piensas volver?
-Si no tenemos entrenamiento, el próximo lunes. Así que hay que hacer todo lo posible por ganar.
-Pero... no se si tendrás tanta suerte. ¿Cómo los seguirás hasta su casa?
-He estado pensando en eso y...
-¿Qué?
-Y si uso... – parecía que Harry sudaba de la idea que tenía –, y si uso la poción multijugos.
Ron lo miró por un rato, completamente impasible, luego le dijo:
-No es mala idea.
-¿Tu crees?
-Es lo más sensato y menos arriesgado. Ella no te reconocerá. Aunque en el fondo parece un acto un poco cobarde.
-No es por cobardía el querer que Hermione no me vea – bramó Harry, Hedwig salió volando asustada.
-Lo se, no soy idiota. Pero... tienes que tener cuidado, acuérdate que la dosis es a horas. ¿Y ya pensaste en quien te vas a convertir?
-Si – le dijo Harry muy convencido –. Mañana en el entrenamiento hablo con él. Creo que no habrá problema.
-Y... ¿quién es?
-Devon.
El entrenamiento del día siguiente fue muy exigente aunque menos tormentoso, seguramente el capitán redujo el ritmo de trabajo para no ser linchado y para que Kat no formara un sindicato de jugadores cansados e inconformes. Al finalizar, Harry llamó aparte a Devon, no sabia como había reunido el calor suficiente para hacerlo.
-Dime, Harry.
-Este... ¿Cómo estas?
-Si me llamaste aparte para preguntarme semejante bobada, era mejor que no perdieras tu tiempo. Pero estoy bien, gracias.
-Mira, es que no se por dónde comenzar – le dijo Harry, las manos le dudaban.
-Por el principio, lógico ¿no?
-Necesito de tu ayuda. Eres la única persona a la que puedo acudir en estos momentos...
-Gracias.
-Aun no me agradezcas. La cuestione es... que necesito unos cabellos tuyos.
-¿Qué?... ¿quieres hacerte una peluca?... porque no la necesitas.
-Es para... – Harry respiro profundo –, para una poción multijugos.
Devon se quedó mirándolo como si estuviera completamente deschavetado, luego comenzó a reírse como loco mientras se cogía el estomago.
-¿Y por qué quieres ser yo? – le preguntó Devon mientras se secaba una lagrima.
-Porque voy detrás de una chica y no quiero que me reconozca – soltó Harry, después se tapó la boca con las manos.
Devon perdió el equilibrio a causa de la risa, Harry lo ayudó para que se colocara nuevamente de pie.
-A mi no me tienes que mentir. En serio... ¿por qué quieres ser yo?
Era evidente que no le creía ni pío, en parte Harry se sintió aliviado pero le disgustó el hecho de que Devon no creía que Harry tenía vida amorosa.
-Voy a ir a New York y no quiero que me reconozcan. Ya sabes que en esa ciudad hay muchos magos turistas. Solo quiero dar un paseo en paz. Y acudo a ti porque eres la persona más... descomplicada que conozco.
-Ahhhh... gracias de nuevo. ¿Y para cuando los necesitas? Si quieres te los doy de una vez.
-No... la poción se demora más de un mes en preparase – dijo Harry con desanimo –. Yo te aviso cuando. Pero, por favor, no se lo digas a nadie.
-Soy una tumba.
-Gracias. Esto de verdad... me has salvado el año – le dijo Harry inmensamente agradecido.
-Solo te pido que no te vistas mal. A mí me gusta andar muy bonito por la calle.
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Muchas gracias a todos los lectores por tomarse su apreciado tiempo en leer esta historia, especialmente a aquellos que se demoran un poquito más y dejan su mensaje. Mil gracias.
