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EN CUERPO AGENO

Durante el resto de esa semana Harry consiguió los ingredientes para realizar la poción multijugos en el Callejón Diagon y en el peligroso Callejón Knockturn ya que en él encontraría uno de los ingredientes: piel de serpiente arbórea africana. Los entrenamientos matutinos de quidditch siguieron siendo muy exigentes, tanto que ni siquiera el inicio de la temporada de lluvias lograba retrasarlos, es más, gracias a ese cambio de clima, Ralph programó los entrenamientos de la semana siguiente para realizarlos en las horas de la tarde, argumentando: "En la tarde llueve con más fuerza, debemos adecuarnos a ese clima para que un partido en esas condiciones no sea complicado e imposible de jugar". Esa declaración cambiaba por completo los planes de Harry; aunque aún no se dejaría ver por Hermione o James, si tenía preparado otro viaje para el lunes de esa semana con el fin de ver al niño así fuera de lejos, además, iba a buscar en New York una empresa de alquiler de automóviles, ya que deseaba seguirlos en algo que no fuera un taxi. Así que con todo planeado, la única opción era ganar el siguiente encuentro.

El partido se llevó a cabo el domingo de esa semana en las horas de la tarde, jugaron de locales contra los Kenmare Kestrels en unas condiciones climáticas desastrosas. Llovió durante todo el partido y los Chudley Cannons ganaron con un marcador de 270 a 200.

-¡Se los dije! –exclamaba Ralph con superioridad cuando estaba en los camerinos – menos mal que programe los entrenamientos de la próxima semana para las horas de la tarde, no valla a ser que el próximo partido no lo ganemos...

-Lo importante es que ganamos éste – lo interrumpió Tommy con frialdad.

-Pero no lo perdimos por los pelos – argumentó Ralph de mal humor –. Así que ahora si entenderán por qué es necesario el entrenamiento en este tipo de clima, ¿no?

-Totalmente de acuerdo – opinó Devon con desdén –. Pero, una sugerencia, Ralph.

-Dime – le dijo el capitán con un humor más calmado.

-¿Podemos irnos?... ya está oscureciendo, y tengo hambre.

-Esta bien – cedió él –. Nos veremos el martes a las dos.

-¡Que bien! – comentaba Harry con mucho ánimo cuando él y Ron ya se hallaban en la casa luego de viajar a través de la Red Flu –. Quizá mañana pueda quedarme un poco más para observar a James.

-Pero, no tiene sentido, Harry.

-¿Cómo así que no tiene sentido? – inquirió Harry.

-Falta muchísimo para que esté la poción multijugos – observó Ron –. Además, sería muy arriesgado seguirlo con la capa invisible en medio de una ciudad muggle. Creo que por ahora tendrás que conformarte con verlo desde lejos, y punto. Cambiando de tema... ¿ no se te hizo un poco raro el partido sin los comentarios de los Jordan?

Al día siguiente, Harry repitió la misma rutina que había realizado la semana anterior cuando viajo a New York. A las seis de la tarde se traslado a la ciudad de los rascacielos utilizando un viejo calcetín de tío Vernon y una vez allí, en lugar de dirigirse directamente a la escuela, investigó sobre empresas que prestaban el servicio de alquiler de automóviles, para mayor comodidad. Aunque por el tamaño de la ciudad, para él fue más práctico ir a una central de cabinas telefónicas y realizar las llamadas con la práctica ayuda de un directorio telefónico. Hasta que al fin, siendo casi las dos de la tarde de la ciudad, dio con una empresa que quedaba cerca de la escuela de James llamada Carro Alquiler Móvil.

Luego de anotar los datos de la empresa junto con la información que le dio el asesor de la misma, Harry se dirigió a la escuela de James.

Cuando llegó al lugar faltaba más de un cuarto de hora para la salida de los estudiantes. Como no llevó con él la capa invisible, se ubicó en la entrada de una tienda de comida chatarra (hamburguesas, papitas a la francesa, etc. ) que había frente a la entrada de la escuela. Para no ser reconocido, se colocó una gorra que llevaba estampada la cabeza de un perro bóxer.

A las tres en punto sonó la campana que indicaba el final del día de clases, y en un abrir y cerrar de ojos, los jardines de la escuela así como la calle, se llenaron de estudiantes que salían de la escuela en grandes grupos y con tanto ímpetu que parecían un rebaño de vacas recién liberadas. Debido a la multitud de niños, a Harry le quedó muy difícil divisar a James desde el lugar donde estaba, así que se puso a buscar a Hermione, mirando para todos los lados, pero tampoco la vio. Imaginando que ese día James no fue a estudiar, y bastante desanimado, Harry emprendió camino hacia la derecha de la calle y así devolverse a su casa, había dado tan solo un par de pasos cuando frente a él pasó Libby a toda carrera, sin siquiera mirar si por la calle transitaban automóviles y con pinta de estar completamente afanada. Aunque iba vestida de un traje negro de pantalón muggle, en el brazo derecho llevaba una túnica color aguamarina, la cual perfectamente podía hacer pasar por abrigo ya que vestía de color negro. Aprovechando que la chica no lo había reconocido, Harry la siguió hacia la entrada de la escuela. La chica se quedó esperando frente a la entrada para darle paso a padres e hijos, Harry se rezagó un par de metros y vio como Libby se mordía la uña del dedo pulgar izquierdo mientras se empinaba (cosa completamente inútil porque llevaba tacones altos) y miraba a todos los lados de los jardines en busca de James, a los pocos segundos levantó la mano izquierda y daba saltitos.

-¡James! – gritó la chica cómo si estuviera en medio de un partido de fútbol.

El niño llegó hasta donde ella acompañado de sus tres amigos: Juan, Scott, y para disgusto de Harry, Thierry.

-¡Que elegancia la de Francia! – dijo Thierry con su suave acento francés a Libby.

-Gracias – le respondió la chica bastante complacida, y con un movimiento de la cabeza se echó hacia a tras uno de sus mechones rubios.

-¿Y mi mamá? – preguntó James sorprendido.

-Le programaron trabajo extra – explicó Libby.

-Nos vemos, James – le dijo Juan –. Ya vi a mi mamá.

-Adiós, pues – le dijo a Juan, y también a Scott que iba hacia a su nana.

-Y dígame, bella dama... ¿tiene novio? – le preguntó Thierry a Libby como si nada.

-No – le respondió Libby con naturalidad.

-¿Y la señora Hermione?

-Y a ti que te "impolta" – le reprochó James mientras le daba un pellizco en el brazo, Harry tuvo que aguantarse las ganas de reírse.

-Pero si tu no me has dicho nada – recriminó Thierry –. Tengo que obtener la información de otras fuentes.

-Pues, fíjate que yo no soy una fuente – observó Libby tratando de parecer impasible, aguantando la risa –, soy una persona, así que no te sirvo. Ni modo. Vámonos, James.

-Pero... – masculló Thierry.

-"Mila", tu mamá – le dijo James. Thierry les dirigió una mirada de desanimo y se marcho con la cabeza agachada.

-¡Hay que ver! – exclamó Libby, aunque parecía muy divertida –. Mucho coqueto. Con que ese es el nuevo pretendiente de tu madre.

-Y de la "maestla", y de la "señola" de la "cafetelia", y de la "maestla de telcelo"...

-Mucho cuidado con aprender de sus mañas – le advirtió Libby, esta vez estaba seria –. No hay algo que espante más a una mujer, que un hombre intenso.

-"Tlanqui"... yo todavía soy muy joven "pala" "intelesalme" "pol" una niña.

-Bueno, a la oficina – dijo Libby y extendió a James la mano izquierda.

-¿A la oficina?... ¿Y la casa?

-No hay nadie – respondió Libby mientras James le cogía la mano –. Así que pasaras la tarde con nosotras en la oficina.

-¿Y "podle" "il" al "depaltamento" de "tlansfolmaciones" comestibles? – preguntó James con esperanzas, en ese instante Harry agachó la cabeza porque estaban pasando frente a él.

-No sé... tienes que decirle a Hermione.

-"Pelo" me ayudas...

Esta vez, Libby miró hacia ambos lados de la calle y al no haber automóviles circulando por ella, la atravesaron. Harry se quedó donde estaba, observándolos y en menos de quince segundo tomaron un taxi y se marcharon.

Durante esa semana se realizaron los entrenamientos de quidditch tal como Ralph los había programado, con una incesante lluvia que los acompañó todas las tardes y gracias a la cual quedaron completamente agotados debido al esfuerzo extra que tenían que realizar.

El domingo jugaron de visitantes contra el equipo de Holyhead Harpies, el cual solo estaba compuesto de brujas. Para gran desdicha del equipo, ese día el sol fue abrasador, no hubo ni siquiera amago de lluvia y para rematar, el cansancio acumulado del entrenamiento de esa semana fue la causa por la cual los Chudley Cannons fueran derrotados por un marcador de 310 a 140.

-Muchas gracias, Ralph – le espectó Tommy con un dejo de histeria –. Deberías de predecir el clima en el noticiero muggle.

-¿Y qué crees que soy? – se defendió el capitán –. ¡El brujo del clima!

-Por lo menos no debiste ser tan obsesivo en los entrenamientos – dijo Harry tratando de clamar los ánimos, aunque en el fondo estaba que mataba y comía del muerto. Hace mucho que no perdía una snitch.

-Esta es la humillación más grande de mi vida – decía Belinda con voz de ultra tumba –. Y eso que en mi adolescencia me disfracé de policía muggle juvenil para colar a mi hermana en un concierto de Take That. Ese día si que recibí golpes de esas mocosas fanáticas.

Todo el equipo, a pesar de la amarga derrota, soltó risas que al final los relajaron un poco. Estaban en los camerinos y poco a poco el ruido de la afición cesó. El estadio quedó vacío.

-Miren... – dijo Ralph, parecía que le costaba muchísimo lo que estaba a punto de decir –. Lo siento mucho... no pensé que... La verdad... Lo siento. De ahora en adelante los entrenamientos serán en las horas de la mañana, como siempre. Los sábados descansaremos, así que los entrenamientos de esos días los trasladaremos al día lunes, aunque no será del todo entrenamiento sino que será una jornada de acondicionamiento físico. ¡Ah, y prometo no volver a torturarlos!... no nos podemos permitir otra derrota.

-¡Demonios! – exclamó Harry furioso cuando apenas se habían aparecido en el jardín trasero de la casa y azotando la escoba contra el suelo.

-Cálmate – le aconsejó Ron recogiendo del suelo la Nimbus 2-3D de Harry –. Hay que pensar con cabeza fría lo que vas a hacer.

-¿Pensar? – bramó Harry entrando por la cocina –. El único día que nos queda libre es el sábado... así será imposible ver a James.

-Lo sé, pero...

-¿Qué? – inquirió Harry, luego se dirigió hacia la hoguera mágica donde tenía el caldero con la poción multijugos en fabricación.

-Pues... – Ron parecía estar conectando ideas –, los entrenamientos son en las mañanas.

-Eso ya lo sé – le dijo Harry con amargura mientras revolvía el contenido del caldero.

-Pero, las tardes te quedan libre.

-Y a mí de qué me sirve... ¡No puedo ir a New York...!

-Todos los días – le interrumpió Ron.

Harry le dirigió a su amigo una mirada impregnada del más profundo fastidio. El sabia que ya no podría ver a James en la semana, pero ¿de qué le servia ir a New York todos los días con el entrenamiento que tenía?... De nada.

-¿No comprendes?... Harry, no sé dónde tienes la cabeza.

-¡Comprender! – bramó Harry –. ¿Qué es lo que tengo que comprender? Que no voy a poder volver ver a mi hijo por culpa de los nuevos horarios de entrenamiento. Para que lo sepas, eso ya lo sé.

-Si piensas descargar tu ira con alguien, no lo hagas conmigo – le dijo Ron con dureza –. Te estoy diciendo que comprendas. No todo está perdido, Harry.

-A ver... ¿Y que es supuestamente lo que se puede hacer?

-Mucho – pronunció Ron lentamente –. Harry, creo que los entrenamientos no afectarán en nada tus viajes.

-¡Que no los afectan! – exclamó Harry sin dar crédito a sus oídos –. ¡Que no los afectan! – repitió –. ¿Cómo me vas a decir eso?. No te das cuenta que los lunes eran precisamente los días en que yo...

-¡Quieres callarte! – saltó de pronto Ron, estaba rojo de ira –. ¡Escúchame y no me interrumpas! – Harry se quedó mudo, aunque sus ojos no dejaban de echar chispas –. Si te digo que vas a poder viajar es porque así es. He estado pensando, y creo que no te van a afectar en nada los entrenamientos de los lunes. No me interrumpas. Vamos a entrenar en las mañanas y vas a tener las tardes libres. Cuando ibas a ver a James te ibas de aquí a las seis de la tarde y llegabas antes de media noche, y al otro día a entrenamiento matutino. Vez, puedes seguir viajando, no va a pasar nada.

En ese momento sonó el teléfono. Ron salió de la cocina y contestó la llamada, segundos después regresó con el inalámbrico en la mano.

-Es para ti – le dijo a Harry de manera cortante, seguía de mal genio –. Es Tamara.

-¡Alo, Tamara!. Mira, ahora no tengo tiempo. Hablamos después – y antes de que la muchacha pudiera decir algo, Harry colgó el teléfono.

-Bien hecho – aprobó Ron, al parecer con el plantón que le hizo Harry a Tamara se le pasó el enfado, estaba conteniendo las ganas de reírse –. Retomando el tema, piensa en lo que te he dicho, y dime si no es cierto.

Harry le dio la espalda a su amigo y se puso a preparar té. Era cierto que cuando él viajaba siempre lo hacia en las horas de la tarde y regresaba bien entrada la noche para después entrenar en la mañana del día siguiente. De pronto, cómo si de la nada se encendiera una lucecita, todo comenzó a aclararse, no tendría que viajar necesariamente los lunes.

-Tienes razón – dijo pensativo –. Sabes, no necesariamente tengo que viajar los lunes. ¡Puedo hacerlo los viernes con toda tranquilidad, el sábado no tenemos entrenamiento!

-¡Eh!... eso no lo había pensado – entonces Ron se sentó a la mesa y con un movimiento de su varita hizo aparecer unas tostadas –. Creo que esto sabrá mejor ahora que hemos solucionado tu dilema.

Los entrenamientos matutinos de esa semana estuvieron acompañados por suaves brisas y la infaltable lluvia. Además de la preparación de la poción multijugos, Harry también tuvo que preparar una poción contra la gripe y, al no salirle bien, Ron tuvo que conseguir una en el Callejón Diagon. Cómo tenía previsto, volvió a trasladarse a New York el viernes de esa semana, paradójicamente el ambiente de la escuela era completamente diferente a los que vivía los lunes, en esta ocasión los alumnos salían mucho más entusiastas de lo habitual y Harry recordó sus años de estudios en Hogwarts, donde los fines de semana eran los ideales para echarsen un buen descansito, aunque en la mayoría de las veces servían para ponerse al día con los deberes. Una vez mas observó todo desde el local de comidas rápidas y aquella tarde fue Hermione la que recogió a James.

Para gran fortuna de Harry, trasladarse los viernes era mucho más cómodo que hacerlo los lunes, además, llegaba mucho más motivado a los partidos de quidditch, y en un abrir y cerrar de ojos pasaron dos semanas y la poción multijugos estuvo lista. Para completar, parecía que la suerte lo estaba acompañando porque en su último viaje a New York (antes de que la poción estuviera a punto), vio que Hermione tenía un automóvil, así sería muchísimo más fácil seguirlos. Todo estaba listo.

-Ahora sí, Devon. Necesito tus pelos – le dijo Harry al cazador después de un entrenamiento del jueves.

-Espérate, pues – y Devon se cortó unos mechoncitos con su varita –. ¿Cómo te vas a vestir?

-Pues... creo que por tu color de piel, lo mejor es usar ropa en tonos tierra... ¿no crees? – opinó Harry con duda.

-En general, toda la gama de colores cálidos – repuso Devon –. Además, son los colores del otoño. Y no es por nada, pero los chicos negros como yo tenemos mucha suerte con las mujeres extranjeras cuando usamos esos tonos. Así que... ¡no me vallas a hacer quedar mal!

Primer viernes de octubre, poción multijugos a punto, ropa colección otoño de Hugo Boss lista e impecable; Ron jugando Princess of Persia en su X-Box, bramando de indignación porque no podía pasar de nivel y Harry nervioso, ansioso y a la vez, decidido. Eran las siete de la tarde, se vistió con las prendas que compró de Hugo Boss : Un pantalón en dril, una camisa blanca y una chaqueta de cuero color café oscuro, para su fortuna Devon y él eran de la misma talla. Con la poción multijugos en una petaca, se dispuso a viajar. En su mochila llevaba dinero estadounidense para pagar el alquiler el automóvil, la petaca con la poción, un gorro de lana viejo para trasladarse, el mapa de Queens y su varita mágica.

Una vez en New York, se dirigió a Carro Alquiler Móvil y rentó una camioneta Ford Explorer color verde oscuro. Le costaría 200 dólares el día, pero no le importaba. Fue hasta la escuela, aunque le costaba un poco manejar (sintió que conducía al revez) y se parqueó frente a ella, en dirección de donde se había ido Hermione una semana antes. A las tres en punto los alumnos salieron de la escuela como si fueran vacas, en un gran tropel, James no tardó en salir, llevaba consigo una hoja que agitaba en una mano con mucha alegría, se montó en el asiento trasero del auto sedan color gris claro de Hermione y emprendieron marcha. Harry los siguió, de vez en cuando dejaba que ellos se alejaran para no levantar sospecha y cuando llegaron a un semáforo en rojo, con dos automóviles separándolos, Harry se tomó la poción multijugos, miró su reloj, eran las 3:10 así que el próximo sorbo seria una hora después. La transformación fue inmediata y para cuando el semáforo colocó la luz verde, Harry ya tenía la apariencia de un hombre negro de aproximadamente veintisiete años con el cabello en estilo afro, además, se quitó las gafas y las guardó dentro de la chaqueta, ya no las necesitaba. Mientras iban avanzando, atrás fueron quedando los pequeños edificios comerciales y de departamentos y se iba abriendo la vista de barrios residenciales de casas muy bonitas, seguramente gente de vivir cómodo y con el tráfico muy liviano. Después de veinte minutos, Hermione parqueó frente a una casa de un solo piso, ancho jardín y garaje, la fachada de la casa era color blanco hielo y el techo en color gris oscuro, las plantas del jardín se estaban secando y la entrada tenia más o menos seis escalones, lo que hacia suponer que la casa tenía sótano. Harry se parqueó atrás de ellos, frente a la casa vecina y aguardó. La primera en bajarse fue Hermione, llevaba el cabello completamente liso y con un corte en capas más abajo de los hombros, botas negras, jeans desteñidos en bota recta, blusa blanca en algodón y amarrado al cuello un suéter azul rey. Luego bajó James, aun con la hoja agitándola al aire. Ambos avanzaron unos pasos hacia la casa y Harry aprovechó para bajarse de la camioneta. Se apoyó sobre el capó y vio cuando Hermione y James subían las escaleras para entrar a la casa, él sonrió. En ese instante a James se le escapó la hoja de las manos y un suave viento la llevó hasta el jardín, al pie de la escalera.

-No corras, James – le dijo Hermione mientras buscaba las llaves de la casa en su bolsa, el niño no le hizo caso, bajó las escaleras corriendo y...

PUMPUMPATATUM

Resbaló faltándole dos escalones y se dio en la cabeza contra el asfalto que cubría el camino hacia el anden de la calle.

-¡JAMES! – bramó Hermione.

Harry corrió hacia el niño, sentía que su cabeza se llenaba de sangre y llegó hasta donde James al mismo tiempo que Hermione, pero Harry cogió primero al niño y le dio la vuelta, se había reventado la boca y tenía un chichón en la frente, además, estaba inconsciente. Hermione lanzó un chillido.

-¡Cálmate! – le dijo Harry, aunque sonaba un poco raro tutearla, supuestamente no se conocían –. Hay que llevarlo a un hospital.

-Ce... cerca de aquí ha... hay uno – balbuceó Hermione con la voz ahogada y su cara sumamente pálida, por sus mejillas resbalaban lágrimas.

-Yo los llevo – se ofreció Harry y cargó a James – No estas en condiciones de conducir.

Hermione no protestó, siguió a Harry hasta la camioneta y durante el corto trayecto él sentía que sus brazos podían flaquear mientras llevaba al niño, estaba muy nervioso. Hermione se sentó en el puesto delantero de la camioneta, Harry le pasó el niño, ella lo sentó en su regazo y lo acostó contra su pecho abrazándolo. Harry se sentó al timón y emprendieron camino. Aun le temblaban las manos y a pesar de que no llevaba puesta las gafas, sentía que su vista se nublaba.

-En esta esquina... dobla a la derecha – le indicó Hermione en un hilo de voz, no dejaba de llorar y su blusa blanca estaba manchada de rojo.

-¿Aquí? – preguntó Harry inseguro, luego dobló a la derecha y aumentó la velocidad.

Durante el camino al hospital solo se oían los sollozos de Hermione. Harry no sabia qué decir, en su vida se había enfrentado a situación semejante. De vez en cuando Hermione le indicaba el camino diciendo solamente: "derecha" o "izquierda". En diez minutos llegaron al hospital, que por la pinta que tenía era completamente muggle. Harry estacionó la camioneta a la carrera, cogió la mochila que estaba en el asiento trasero, se bajó, y le abrió la puerta a Hermione. Ambos se dirigieron a toda carrera a la sala de urgencias donde una enfermera recibió a James, aún inconsciente, y lo introdujo en un cubículo. Harry y Hermione tomaron asientos en la sala de espera, ella lucía más pálida y desanimada.

-No se preocupe – la animó Harry, esta vez sin tutearla, aunque la voz le temblaba por el pánico –. El niño se pondrá bien.

-Ay, Dios mío – se lamentaba Hermione con la voz ahogada –. Es la primera vez que se me cae – y derramó más lágrimas.

-Alguna vez tenía que ocurrir – dijo Harry sin querer, luego se arrepintió –. Afortunadamente el hospital quedaba cerca.

Hermione lo miró, era cómo si apenas se hubiera dado cuenta con quien estaba.

-Y usted... ¿quién es? – le preguntó con recelo.

Harry se quedó callado. Luego dijo:

-Soy Bob – había pensado en Bob Esponja.

-Gracias, Bob... si usted no hubiera estado cerca... Soy Hermione.

-Hermione... su hijo se pondrá bien – le dijo Harry, aunque hubiera deseado decirle: "nuestro hijo se pondrá bien".

A las cuatro de la tarde, la enfermera que había recibido a James se dirigió hacia ellos.

-Enfermera – le dijo Hermione cogiéndola por los hombros –, mi hijo, ¿cómo está?

-Esta mejor, señora – contestó la enfermera en tono apacible –. Se reventó el labio inferior porque allí se enterró los dientes. En estos momentos se le está realizando una tomografía craneal para descartar algún daño o trauma en la cabeza. La mantendremos informada.

La enfermera se retiró y Hermione se dejó caer en su asiento, mucho más tranquila, aunque igual de pálida. Harry se fijó en la hora, necesitaba una excusa para desaparecer unos momentos.

-Voy por café – le dijo a Hermione –. ¿Quiere?

-Si... por favor.

Harry se marchó de su lado con la mochila al hombro y gracias a la ayuda de unas enfermeras, encontró un baño para caballeros, ingresó en un cubículo y allí bebió otros sorbos de poción multijugos. Luego fue hasta la cafetería y compró los cafés.

-Hermione, su café – le dijo minutos después cuando le tendía un vaso de icopor grande –. Y también traje panecillos.

-Gracias – dijo en voz baja recibiendo ambas cosas.

Comieron muy despacio, cómo si el café y los panecillos les quemara la boca. A las cuatro y treinta, una enfermera, distinta a la de antes, se les acercó.

-La tomografía salió muy bien – informó la mujer. Hermione sollozó, Harry respiró aliviado –. Pero el niño se quedará bajo observación por cuatro horas, si sigue evolucionando como la ha hecho hasta ahora, seguramente le daremos de lata mucho antes. Así que pueden marcharse a casa con toda tranquilidad o, si lo desean, pueden quedarse.

-Yo me quedo – dijo apresuradamente Hermione.

-Entonces yo la acompaño, Hermione.

Hermione asintió con la cabeza, la enfermera se marchó y ambos se volvieron a sentar. Entonces Hermione sacó de su bolsa un móvil y realizó una llamada.

-Libby – dijo –. Estoy en un hospital con James... No te preocupes, él se pondrá bien... En el San Patricio... Nos vemos.

-¿Su hermana? – preguntó Harry con timidez.

-Casi... Como si lo fuera.

Libby llegó pasadas las cinco de la tarde, cuando Harry regresaba del baño luego de tomas su dosis de poción multijugos. Los tres se dirigieron a la cafetería y Harry las invitó a que comieran lo que quisieran: Hermione solo comió pie de manzana con jugo de lima; Libby comió sándwich, pastel de fresa, ensalada de frutas tropicales y coca-cola.

-La verdad es que la ansiedad me hace comer muy poco – argumentó la chica, Hermione frunció levemente el entrecejo.

Estuvieron hablando durante largo rato, con todo y la pausa que realizó Harry para supuestamente realizar una llamada. La charla muggle que sostuvieron produjo en Harry retrocediera en el tiempo, Hermione no había cambiado en absoluto, seguía teniendo esa opinión lógica y crítica sobre las cosas. Libby, por el contrario, era mucho más sentimental y despreocupada. A las seis y cuarenta les informaron que daban de alta a James.

-Entonces, trataste de recuperar tu dibujo y te diste un batacazo contra el mundo – le decía Libby a James, iban de regreso a casa y ellos dos estaban sentados en el asiento trasero de la camioneta de Harry.

-Si, "polque" "ela" un "supel" dibujo – comentaba James en voz baja debido a la debilidad, el labio inferior lo tenía hinchado –. ¿"Pelo", sabes qué?... en la "flente" a lo "mejol" me va a "quedal" una "cicatliz" de lujo.

-Con esas cosas no se bromean, James – le reprochó Hermione, aunque apenas se sintió el disgusto en su voz.

-¿Y qué tiene de malo, mamá?... "Haly" "Pottel" tiene una.

Hermione dio un sonoro respigo y Harry desvió un poco la trayectoria.

-Un perro – dijo él para justificar la maniobra.

-¿Y cómo sabes eso? – le preguntó Libby tratando de ser neutral y seguramente para no despertar sospechas en Bob (Harry).

-Yo lo tengo en uno de mis "clomos" de "lanitas" – explicó James –. La abuela "Diadola" me leyó la "insclipcion", y tenia en la "flente" una "cicatliz" así... – y con su dedo índice dibujo un rayo.

-Con que tu abuela Diadora... – dijo Libby –. Voy a tener que hablar con mi madre.

Harry miró a Hermione, ella veía las casas por las que pasaban, pero Harry estaba seguro de que disimulaba porque se mordía las uñas. En ese instante llegaron a la casa, Libby cargó a James hacia el interior, Hermione invitó a Harry a pasar. Entraron en la casa y al encender las luces la sala quedó a la vista, era muy bonita, con un estilo muy femenino, tenía un sofá grande y tres sillones individuales, todo en color palo de rosa, en le centro había una elegante mesa con un florero en rosas amarillas a medio abrir, la sala daba la cara a una chimenea blanca, que tenia encima varios marcos con fotografías que Harry no alcanzo a distinguir. Hermione lo invitó a sentarse.

-"Señol"... "glacias" – le dijo James, aún cargado por Libby, en la sala de la casa.

-Espero que te recuperes muy pronto – le dijo Harry y tuvo que contenerse para no abrazarlo. Libby se lo llevó por un pasillo hacia las habitaciones y Crookshanks apareció en escena ronroneando. Harry se asustó.

-Bob, muchas gracias por todo – le dijo Hermione muy agradecida –. Su presencia fue de mucha ayuda.

-No hay de que – dijo Harry tratando de parecer despreocupado por la presencia del gato, Crookshanks se enroscó en su pierna derecha, luego miró su reloj –. Bueno, tengo que irme.

-Espere, tome asiento, ya vuelvo – le dijo Hermione, luego desapareció hacia las habitaciones.

Harry se sentó y Crookshanks saltó a su regazo ronroneando y se hizo un ovillo en él. Hermione regresó con rapidez.

-Son para usted – le entregó un par de guantes en lana de diferentes tonos de gris –. Crookshanks, no seas grosero. Bájate de ahí.

-Muchas gracias – le dijo Harry y el gato saltó al suelo. Seguramente Hermione había tejido aquellos guantes, Harry se levantó –. Bueno, ahora si me voy.

Hermione lo acompaño hasta la puerta y antes de abrirla le tendió la mano derecha sonriéndole, Harry se la estrechó. Cuando se iban a soltar, Hermione no lo hizo, tenia la mirada clavada en la mano de Harry, él también bajó la mirada, su mano se estaba aclarando. Intentó soltarse de Hermione, pero ella no lo permitió. La mano ya estaba completamente blanca, Hermione levantó la mirada y abrió los ojos horrorizada.

-Harry – murmuró.