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TRAS LA VERDAD
Después de oír su nombre del susurro atemorizado de Hermione, a Harry se le nubló la vista, sin duda alguna el efecto de la poción multijugos había finalizado. Hermione retiró su mano con brusquedad y retrocedió, Harry buscó con torpeza las gafas en la chaqueta y se las puso. Vio a Hermione a unos pasos de él, con su blusa blanca aún manchada de la sangre de James, respirando con dificultad y mirándolo con ganas de matarlo.
-¡Fuera! – le exigió ella con los dientes apretados.
-No – le dijo Harry en un hilo de voz.
-Te digo que te vallas... ¡ahora!
-No – repitió Harry con más seguridad, luego caminó hacia ella.
-Vete, Harry – susurró Hermione con dureza –. Te lo advierto. Si no te vas... si no te vas, grito. – y dio un paso hacia atrás.
-Por mí está bien – opinó Harry como si nada. Ahora se sentía más seguro, no tenía nada que perder, por el contrario –. Y de una vez le dices a James que YO soy su padre.
-¡Tú no has sido padre! – le contradijo Hermione en voz alta y señalándolo con un dedo –. Tú no tienes derechos con...
-Claro que los tengo – interrumpió Harry con fiereza y se detuvo en seco –. Que tú hayas tratado de quitármelos es muy diferente.
-No los mereces. No mereces a mi hijo.
-Tu no tienes la autorización para decirme qué merezco y qué no.
-¡Claro que la tengo! – chilló Hermione, se le aguaron los ojos –. Me engañaste, me mentiste, me dejaste sola en el momento en que más...
-¡Yo no lo sabia! – bramó Harry –. Nunca me lo dijiste, de no ser porque te vi, jamás me hubiera enterado que estabas esperando un hijo mío.
-¡Y para qué! – se defendió ella –. Si cuando creíste que estaba embarazada te asustaste, me decías que no era el momento. Yo no quería que estuvieras conmigo por compasión, sin amor ¿Crees qué eso hace feliz a un niño?
-¿Amor? Tú, hablándome de amor. Nunca me amaste...
-¿Cómo te atreves? – gritó ella con la cara tensa.
-¡Es cierto! – exclamó Harry –. Mientras yo te decía mil veces que te amaba, tu jamás lo hiciste. Bueno, una vez, pero no lo dijiste, lo balbuceaste.
Hermione abrió los ojos como platos. Sus manos se abrían y ve cerraban como si quisiera tener el cuello de Harry entre ellas y despescuezarlo.
-Creo... que no es el momento... para que hablemos – dijo Hermione tratando de contener su ira –. Vete.
-Creo – dijo Harry cogiéndola por los brazos y llevándola hacia la sala – que es hora de que me escuches.
-No me interesa lo que tengas que decirme – gritó Hermione y se soltó con brusquedad de Harry –. Fue suficiente para mi ver cómo te besabas con Ginny y después cómo me decías que yo no estaba en tus planes de vida.
-¡Lo hice por tu bien! – exclamó Harry, Hermione lanzó un bufido de incredulidad – ¡Es la verdad!
-¡Ah!, crees que fue por mi bien ver cómo tú y Ginny...
-Ya no metas a Ginny en esto – dijo Harry de manera cortante –. Ella y yo NUNCA hemos tenido nada.
-¡Mentira! – saltó Hermione furiosa.
-No, no lo es. Pero no quiero hablar de eso ahora. La razón por la cual no regresé contigo fue...
-No quiero escucharlo – chilló Hermione –. ¡Vete!
-¡Fue Voldemort! – gritó Harry.
Hermione se quedó callada, mirándolo sorprendida.
-No metas a Voldemort en esto – espectó ella con fastidio.
-Es cierto, fue él quien...
-¡Ay, carajo! – exclamó alguien que entraba en la sala.
Libby estaba parada frente a ellos, miraba a Harry con la boca abierta, después se la tapó con la mano y miró a Hermione.
-Este... – parecía que quería desaparecer –, oí sus gritos y vine para ver qué ocurría.
-¿Nos oíste? – inquirió Hermione asustada – ¿Y James?, ¿Él también?
-No – contestó Libby con rapidez –. Cuando comenzaron los gritos le realice a la puerta de su habitación un hechizo anti-ruido, y también a las paredes. Pero creo que no se dio cuenta porque estaba medio dormido.
-Gracias, Libby – le dijo Hermione suspirando con tranquilidad –. Harry ya se iba.
-No, no es cierto – le contradijo él con firmeza.
-Bueno, si tu no te vas, yo si – comunicó Libby y bostezó –. Hago mal tercio, además, tengo sueño – se dio la vuelta y emprendió camino por el pasillo hacia su habitación –. Buenas noches – luego se oyó cerrar una puerta con suavidad.
-¿Quién es? – preguntó Harry tranquilamente.
-Que te importa.
-Me dijiste que era cómo tu hermana – siguió Harry con el mismo tono tranquilo.
-Si, lo es – le dijo Hermione de manera cortante –. Ella fue la primera persona a la que vi en este país cuando me aparecí... Imagínate, lejos de mi familia, por tu culpa.
-¡Qué! – estalló Harry –. ¿Por mi culpa?
-Si, por tu culpa – confirmó ella furiosa. Ahora que James no podía escucharlos se sentía con libertad para gritar –. Me acorralaste en aquel estacionamiento...
-¡Cómo pretendías que reaccionara después de verte, después de ver lo que me ocultabas!
-¡NUNCA DEBISTE ENTERARTE, JAMAS!.
-¡PUES MIRA QUE DESAFORTUNADA ERES, PRECISAMENTE OCURRIO LO QUE NO QUERIAS!.
-¡ESTUVISTE A PUNTO DE ARRUINARME LA VIDA!.
-EN CAMBIO TÚ SI ARRUINASTE LA MIA – bramó Harry, estaba dispuesto a desahogar todo lo que tenia acumulado – CUANDO DESAPARECISTE ME DEJASTE EN ESE LUGAR, SOLO, CONFUNDIDO. ¿CREES QUE FUE MUY INTELIGENTE LO QUE HICISTE?, ¿ESCONDIÉNDOTE DE MÍ? , MÁS BUEN YO DIRIA QUE FUE UN ACTO DE COBARDIA.
-¡NO ME LLAMES COBARDE! – gritó Hermione indignada, luego en voz más baja agregó –. Tu no sabes, no sabes nada. Lo que yo tuve que pasar cuando llegue aquí...
-Te lo buscaste – escupió Harry sin miramiento –. Acaso te acorralé con la varita en lo alto, apuntándote. No. Pero tú, en cambio, encontraste una solución sencilla, ¡desaparecer!. No me interrumpas. Te envié mensajes pidiéndote que regresaras...
-No los leí.
-¿Ah, no? Entonces, ¿qué hacías con ellos?... ¿reciclarlos?
-No – dijo ella, se cruzó de brazos y le dio la espalda –. Los rompía sin abrirlos.
-Ah, claro. Y yo cómo un estúpido escribiendo y escribiendo.
-Nadie te pidió que lo hicieras – le dijo Hermione dolida.
-Más sin embargo lo hice – repuso Harry con dureza –. No una, ni dos, sino muchas veces. Pero tú no contestabas y yo seguía insistiendo. Hasta que un día me cansé. No lo soporte más. No soporté más tu silencio, tu indiferencia. ¿Cómo crees que me sentí? No tenía noticias tuyas di del bebé...
-Pero te diste por vencido muy fácilmente – interrumpió Hermione dándose la vuelta para quedar nuevamente frente a él –. ¿Sabes qué me diste a entender? Que al final NUNCA te importamos.
-¿CREES QUE SI NO ME HUBIERA IMPORTADO YO ESTARIA AQUÍ, EN ESTOS MOMENTOS?
-Más bien, creo que no tienes por qué estar aquí... ¡Fuera!
-¿Es que no me has escuchado?... Que no me voy.
-¡James no te necesita! – exclamó Hermione abriendo los ojos.
-¿A quién no necesito? – preguntó una vocecita.
Harry y Hermione giraron sus cabezas hacia la entrada de la sala, de dónde se oyó la voz. Allí, parado frente a ellos estaba James, vestido con una pijama estampada con hipogrifos, en pantuflas de Bob Esponja y mirándolos de manera suspicaz.
-Vete a la cama, James – le ordenó Hermione –. Aún estas muy débil. ¿Y no estabas durmiendo?
-No, me estaba haciendo el "dolmido" – respondió el niño encogiéndose de hombros, luego miró a Harry y dijo emocionado –: ¿Qué hace "Haly" "Pottel" en la casa, mamá?
A Harry le dio una sacudida el estomago.
-Se lo dices tú o se lo digo yo – le susurró a Hermione.
-No te atrevas – le advirtió Hermione entre dientes.
-James – dijo Harry mirando al niño –, la razón por la que estoy aquí eres tú.
-¿Yo?
-Si, porque yo soy...
-No – interrumpió Hermione y cogió a Harry por los brazos – ¡Harry, no lo hagas, por favor!
-¿Qué sentido tiene ocultárselo? Se enterará algún día.
-¿De qué hablan? – preguntó James con timidez acercándose a ellos.
-James, yo soy..
-tu padre. Él es tu padre, James – le dijo Hermione en voz baja.
James paró en seco, miró primero a Hermione, luego a Harry. Retrocedió los pasos que había avanzado, dio media vuelta y salió corriendo por el pasillo.
-¡James! – chilló Hermione. Corrió tras él seguida por Harry.
A mitad del pasillo se encontraron con el niño que estaba hablando en voz baja con Libby. Luego, la chica lo cargó, miró a Harry y a Hermione con el entrecejo fruncido e ingresó en su habitación con James dando un portazo.
-Tienes que verle el lado bueno, Harry – opinaba Ron al día siguiente, después que Harry le contó lo ocurrido –, James ya sabe que eres su padre.
-Pero a qué precio – le dijo Harry con amargura –. Ni siquiera sé si me quiere ver.
-Bueno, es que, sinceramente, metiste la pata.
Harry lo miró cómo si fuera una pulga.
-Si, fíjate – ratificó Ron –. Te cegaste a causa de la discusión con Hermione, y te entiendo, porque yo soy un experto en discusiones con Hermione y llega un momento en que te saca de quicio esa exasperada superioridad que siempre ha tenido. Cree que tiene la razón en todo. Y para rematar, le soltaste la verdad al niño cuando él apenas se estaba recuperando de la caída estilo libre que tuvo ayer en la tarde. O sea, si lo hubieras hecho en otro momento, sin la presión de las circunstancias...
-Tal vez la reacción de James hubiera sido diferente – complementó Harry –. Posiblemente no hubiera corrido. No se habría asustado.
-¿Y qué hizo Hermione después? – preguntó Ron.
-Me echó. Me sacó a la fuerza llorando a lagrima viva. Estaba tan impactado y desconcertado que ni siquiera opuse resistencia. Es más, no sé cómo devolví la camioneta.
-Magia involuntaria – apuntó Ron, luego se paró de la mesa, fue hasta el refrigerador y sacó un tarro de helado de un litro –. Lo que tienes que hacer por ahora es relajarte y esperar.
-¿Esperar a qué? – inquirió Harry –. ¡A que James crezca, lo mismo que el rencor en su corazón, y cuando sea grande me busque y me convierta en cucaracha!
-¿Tienes complejo de Corin Tellado o qué? – luego Ron sacó una porción de helado con una cuchara y se lo llevó a la boca.
-Es lo que yo haría – dijo Harry en voz baja encogiéndose de hombros.
-Pero lo que ocurrió no fue solamente culpa tuya – opinó Ron con serenidad –. Tanto tu como Hermione son responsables. Tu, por actuar de manera estúpida al caer en la trampa de Quien-tu-sabes...
-Voldemort – lo interrumpió Harry, Ron puso una mueca de dolor.
-... y Hermione – siguió Ron – por creer que con esconderse solucionaría todo. ¿Dónde quedó la inteligencia de esa muchacha?
-No sé – dijo Harry con tristeza –. Seguramente no se imaginó que algún día los encontraría. Creó un mundo perfecto para James, un mundo en el que no necesita un padre.
-Todos los niños necesitan de un padre, Harry – lo contradijo Ron con serenidad –. No te dejes meter ese cuento de que James no te necesita. Tu mismo me contaste que él estaba muy interesado en saber más cosas de ti, aunque no supiera cómo te llamabas.
-Puede ser – balbuceó Harry con escepticismo, después se levantó de la mesa –. Te invito a una pizza, ¿quieres?
-La duda ofende, Harry – dijo Ron tapando el tarro de helado y lo colocó dentro del refrigerador –. Creo que te hará muy bien dar un paseo, pero vamos a Pizza Hot...
-Hut – lo corrigió Harry.
-Si, bueno. Vamos allá, generalmente no te encuentras con gente desagradable.
Harry no dijo nada, aunque sabía perfectamente que Ron se refería a Tamara, pero en esos momentos la mente de Harry estaba al otro lado del océano, así que no le interesó defender a la muchacha.
El partido el día siguiente se transformó en uno de lo juego más extraños en los que Harry hubiera participado. La razón, pues no se acordaba absolutamente de nada, estaba tan distraído y desconcertado que no supo en qué momento su escoba y voló por el terreno, tampoco cómo una hora después el cazador de los Caerphilly Catapults había cogido la snitch a unos palmos de él, y mucho menos recordaba la pelea que estuvo a punto de armarle Ralph a causa de su falta de atención al permitirse perder la snitch en sus propias narices. Para complementar, no se explicaba cómo era posible que ganaran con una ventaja de tan solo veinte puntos.
-Te lo advertí, Harry – decía Ralph en un evidente tono amenazador cuando estaban por iniciar el entrenamiento del lunes –. Te advertí que tu falta de disciplina te relegaría a las reservas... ¡Kat, Belinda!, serían tan amables de prestar atención.
Kat le estaba mostrando a Belinda la última edición de la revista Corazón de Bruja, en la cual aparecía una fotografía a color de "la gata" en la que mostraba su rostro sonriente apoyado sobre una de sus manos mientras movía los dedos uno por uno, promocionando el nuevo lanzamiento de Sortilegios Weasley para la mujer, el esmalte "Up&Go".
-Bien, como iba diciendo – continuó Ralph después de que las chicas cerraron la revista y dirigieron la vista hacia él –, el bajón de rendimiento que tuvo Harry cambia muchas de las tácticas de juego que veníamos implementando...
-¿Qué tiene que ver el supuesto bajón de rendimiento de Harry con nuestras tácticas? – inquirió Ron.
-¡No creerás que voy a permitir que juegue el próximo partido en esas condiciones! – exclamó Ralph con altivez.
-Un error lo tiene cualquiera, Ralph – opinó Tommy serenamente.
-¿Y qué te hace pensar que no volverá a repetirlo? – le preguntó Ralph.
-Porque Harry no es estúpido – contestó Tommy en el mismo tono sereno.
-Mira, Ralph – intervino Harry tratando de controlar la ira y el desasosiego que tenía –. Si crees que no es conveniente que yo no juegue el próximo partido, pues, por mí esta bien...
-Nada de eso... – saltó Ron –. Harry, el próximo juego es en dos semanas, en ese tiempo puedes recuperar tu "concentración" – luego Ron miró a Ralph –. No creo que enviarlo a la banca de suplentes sea la solución más acertada.
-Lo siento, pero esa es la decisión – dijo Ralph haciendo notar su posición de superioridad –. Si veo que en estas dos semanas Harry recupera su nivel de juego puede regresar a su posición para el partido que jugaremos en tres semanas. Si no, se quedará en la banca hasta que mejore.
Un murmullo de reproche recorrió la sala de reuniones. A pesar de lo desdichado que Harry se sentía, agradeció para sus adentros el apoyo de sus compañeros.
-Bueno – dijo Kat cómo quien no quiere la cosa –. Este fin de semana no hay liga porque jugará la selección de Inglaterra, entonces ¿para qué vamos a entrenar esta semana?
-Para que no nos pase lo mismo que a Potter – le respondió Ralph de manera cortante.
-A veces me pregunto cómo sigues vivo – comentó Kat por lo bajo.
La única variación en los entrenamientos de esa semana fue el cambio de jugadores en la posición de buscador. Harry entrenó con el equipo de la reserva y su lugar del equipo titular fue ubicado un chico llamado Franco Berrylt, más joven y más bajo que Harry. Durante esa semana, en más de la mitad de los juegos de entrenamiento, Harry atrapaba la snitch con la habilidad que lo caracterizaba, siempre y cuando aislara su mente de los problemas por los que pasaba. Aún así, Ralph no cambió de opinión y lo dejaría de reserva para el próximo encuentro.
Aprovechando que ese fin de semana no se jugaría la liga, la señora Weasley invitó a su hijo y a Harry a pasar el sábado y el domingo en La Madriguera, aunque, como ella misma había dicho: "Pueden venir sin necesidad de invitación". El sábado a media mañana se dirigieron a La Madriguera a través de la Red Flu. En la casa solo estaba la señora Weasley. Ginny estaba trabajando con los gemelos en la tienda de Sortilegios Weasley que tenían en Hogsmeade, ya que ese día los alumnos de Hogwarts tenían salida al pueblo; el señor Weasley tenia una redada con el Ministerio; Bill casi no se aparecía por la casa, ahora que Fleur estaba embarazada se la pasaba la mayor parte de su tiempo libre con ella, ya que debido a su estado, constantemente florecía su temperamento de veela; Percy visitaba muy pocas veces a la familia y ese día estaba de viaje en el exterior y Charlie seguía en Rumania.
Después de disfrutar de la deliciosa comida de la señora Weasley, Harry y Ron salieron al jardín a jugar al ajedrez mágico, de vez en cuando veían pasar a uno que otro gnomo caminando como Pedro por su casa, después de dos horas de juego, se veían más gnomos.
-Ay, no – se lamentaba Ron –. Mañana nos tocará desgnomar.
-Si, de nuevo – confirmó Harry con desdén.
En ese momento aterrizaba al lado de ellos un gavilán color café canela. Llevaba amarrado en una de sus patas un sobre.
-¿Un gavilán? – preguntó Ron – ¡qué raro!, ¿Lo conoces?
-No – contestó Harry desconcertado, luego el animal estiró la pata hacia él.
-Pues, parece que si – lo contradijo Ron.
Harry desató el sobre, pero el gavilán siguió ahí. Abrió el sobre y al sacar la carta cayó algo más, pero no le dio importancia. Al leer la carta quedó tan sorprendido que Ron le preguntó qué le pasaba.
-No lo vas a creer – le dijo Harry –. Señor Harry Potter, donde sea que esté. Hola, soy Libby Foyt, la amiga-hermana de Hermione. Tú te preguntaras: ¿por qué demonios me escribe esta vieja?, entonces yo respondo: porque esta vieja necesita hablar contigo sobre James...
-Harry – interrumpió Ron.
-Ahora, espérate – dijo Harry con fastidio –. Como sé que quedaste vuelto nada después de la súper pelea con Hermione, pues, he decidido aclararte muchas de las preguntas que tendrás acerca de James. Te preguntaras: ¿pero, con qué derecho hace esta vieja eso?, yo respondo: con el derecho que me da el ser la madrina de James. Si aceptas o no, envíame la repuesta inmediatamente con Argos, el preciosísimo gavilán que llevó este mensaje. En caso de que aceptes, sería para reunirnos el próximo sábado, si es en Inglaterra, que sean en las horas de la tarde, ya sabes, por la diferencia horaria, es más, creo que será mejor citarnos allá. Gracias por tu atención. PD: junto con esta carta va un pequeño obsequio – finalizó Harry, sin apartar la vista de la carta le dijo a Ron – ¿Cuál obsequio?
-¡No será este! – le contestó su amigo alegremente.
Harry levantó la vista y ante sus ojos Ron estaba sosteniendo una fotografía mágica de James. Debido a la emoción, Harry se la arrebató.
-No me la iba a quedar – le dijo Ron con acidez.
Harry no le prestó atención, estaba completamente concentrado en la fotografía tamaño postal que sostenía su temblorosa mano derecha, mostraba a James de cuerpo entero vestido con un uniforme de fútbol (de los metrostars de NY), apoyaba su pie izquierdo en el balón y saludaba moviendo la mano derecha mientras sonreía, parecía estar en un campo de juego de barrio. De pronto, todo el desasosiego que Harry sentía se desvaneció y una sonrisa se fue dibujando en su rostro.
-Señora Weasley – le dijo Harry sin aliento cuando entró a toda carrera en la cocina –, ¿me presta un pergamino y una pluma?
-Claro, Harry – contestó sorprendida la mujer dejando a un lado el último ejemplar de la revista Corazón de Bruja, buscó con rapidez en los gabinetes de la cocina y se los pasó –. Toma.
Harry se sentó a la mesa frente a la señora Weasley y escribió toda la información que Libby le solicitó en la carta. A pesar de estar realizando eso, Harry puedo notar el interés de la madre de Ron en lo que estaba haciendo.
-¿Quién es este niño, Harry? – preguntó la señora Weasley, corroborando lo que Harry pensaba, mientras observaba la fotografía que él dejó sobre la mesa.
-Mi hijo – susurró Harry rápidamente mientras seguía escribiendo.
-¡¿Qué?! – chilló la señora Weasley. Harry dio un respigo por el susto.
En ese momento Ron ingresaba en la cocina con el tablero de ajedrez entre las manos y con Argos apoyado en su hombro derecho.
-¿Qué ocurre, mamá? – preguntó éste – ¿por qué chillas?
-Harry... – balbuceo la señora Weasley, pálida como la cera.
-¿Qué con Harry?
-Tiene... tiene un... hijo.
-¡Ah!... James.
-¿Tú lo sabias? – inquirió la señora Weasley.
-Sí, mamá. Y no me mires así.
Harry enrolló el pergamino, se paró y cogió a Argos para atarle el mensaje. Luego salió al jardín, lo soltó y lo vio volar. Mientras estaba allí parado escuchaba a la señora Weasley reñirle a Ron, acusándolo de no haberle informado absolutamente nada sobre el niño.
-Yo se lo pedí, señora Weasley – intervino Harry cuando ingresó de nuevo en la cocina –. Le dije a Ron que era mi secreto. Lo siento.
-Pero, Harry – la señora Weasley parecía no dar crédito a lo que escuchaba –. Cómo es posible... A qué horas... ¿quién es la madre?
-Hermione – contestó Harry.
La señora Weasley estuvo a punto de desmayarse. Ron la sostuvo a tiempo y la ayudó a sentarse.
-En qué momento... si ella se fue y ... – la señora Weasley se tapó los ojos con una mano y permaneció callada durante unos segundos, después, levantó la vista y miró a Harry – ¿En... Hogwarts?
Harry asintió con la cabeza, la señora Weasley se desmayó sobre la mesa.
Durante la cena los tres comían en silencio. Ginny y Fred comentaban animadamente lo bien que se había vendido el esmalte "Up&Go" mientras George le contaba al señor Weasley el gran pedido que recibieron de Japón para enviar Magifuegos Salvajes Weasley. La señora Weasley constantemente les echaba miradas reprobatorias a Harry y a Ron. No se sabia a quien miraba peor; si a Harry por ocultar la existencia de James, o a Ron, por ocultar lo que Harry ocultaba.
-Molly, querida, ¿qué te ocurre? – le preguntó el señor Weasley luego de notar la tensión en la actitud de su esposa.
-Nada, Arthur, no te preocupes – contestó ella en un tono sereno poco convincente.
-¿Estas segura que no es nada? – insistió el señor Weasley.
-No, Arthur. No es...
-Soy yo, señor Weasley – interrumpió Harry muy decidido –. La señora Weasley está así por mi causa.
De inmediato el silencio se apoderó de la mesa, todos los Weasley se pusieron a la expectativa de lo que Harry y el señor Weasley podrían decir.
-¿Tú? – preguntó sorprendido el padre de Ron.
-Bueno, no del todo por mi – aclaró Harry –, también por James.
-¿James, tu padre?
-No. James, mi... hijo... y el de Hermione.
El señor Weasley se quedó mirando a Harry estupefacto, la reacción de los hermanos de Ron no fue tan abrupta: Ginny tenía metido en la boca el tenedor, George hizo una mueca de sorpresa mezclada con un amago de sonrisa, Fred se mordía los labios y abrió los ojos como platos. Harry respiró profundo, ahora se sentía más tranquilo y estaba preparado para contarles a ellos, que consideraba su familia, todo lo ocurrido. Les relató gran parte de las cosas que pasaron cómo la visión de Voldemort (cosa que al oír ese nombre todos los Weasley se estremecieron), la separación con Hermione, el día que desapareció, el día que la volvió a ver y sus viajes a New York. Para gran sorpresa suya, recibió todo el apoyo de la familia, incluida la señora Weasley y los gemelos mostraron un interés especial en la personalidad de James.
La nueva semana de entrenamiento Harry la afrontó con mucho optimismo, quería que llegara el sábado con rapidez y así hablar con Libby sobre su hijo. Tan animado estaba que en todos los juegos consiguió atrapar la snitch, a pesar de esto y pese a la sugerencia de los jugadores titulares, Ralph no cedió en su posición pero aseguró que si Harry mantenía el rendimiento, en dos semanas recuperaría su puesto en el equipo. La semana pasó con una lentitud desconcertante, hasta que por fin llegó el día sábado, durante la mañana Harry se la pasó pensando qué le preguntaría a la muchacha pues no sabía de cuanto tiempo disponía, ya que él la citó para que fuera a la casa, se sentía más cómodo allí. Después de medio almorzar, a las dos y treinta de la tarde tocaron al timbre. Ron, al ver la ansiedad de Harry se ofreció para abrir la puerta.
-Hola – dijo una chica –. Soy Libby Foyt. ¿Se encuentra Harry Potter?
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Muchas gracias a todos los lectores y a aquellos que dejan sus mensajes.
Felices pascuas y feliz año 2005.
Los quiere... Darla Gilmore
