9
TEATRO EN HALLOWEEN
Resultó que cuando Hermione llegó a casa de Harry, sofocó tanto a Ron que al final se pusieron a discutir, como siempre. Según el relato de Ron, Hermione llegó preguntando por Libby, juraba que ella se encontraba allí. Ron, por supuesto, lo desmintió y le dijo que él no conocía a ninguna Libby. Para fortuna de Harry, Hermione se apareció un poco más de una hora después de que él saliera con Libby, pero en los quince minutos que ella había hablado con Ron, le dijo:
-Que era un alcahueta, un irresponsable y un mentiroso – comentaba el pelirrojo mientras preparaba la cena –. Pero yo me mantuve en mis trece y le decía que tu estabas por ahí, volando. Claro está que ella no me creyó ni pío y me dijo que si algo le pasaba a James, sería culpa mía. ¡Esta loca!. Entonces, en esas llegaste tú y yo salí rapidísimo de la cocina para decirte que te fueras, porque Hermione estaba que mataba y comía del muerto. Lo demás, ya lo sabes.
Después de relatarle a Ron parte de su conversación con Libby (omitió que Hermione estuvo a punto de perder el bebé), Harry cenó y se fue a dormir. Aún era un poco temprano, pero con todo lo que vivió ese día, creyó que se merecía un buen descanso.
Acostado en la cama, mirando hacia el techo, con las manos bajo su cabeza, recordó todo lo que pasó: el relato de Libby, la agradable sorpresa por la presencia de James, todo lo que conoció de su hijo mediante los relatos del niño, ver a Hermione saliendo de la cocina como una ráfaga, oír pronunciar a James el nombre de Ron correctamente, que Hermione por fin creyera las verdaderas razones de su separación, el beso...
-¿Por qué lo hice? – murmuró a manera de meditación.
Lo que sintió en ese beso hace mucho tiempo que no lo experimentaba. Una llama se encendió cuando sus labios tocaron los de Hermione. Algo, cómo si fuera un lazo invisible, evitó que la soltara y por el contrario, hizo que la aferrara más a él, despertando la pasión que por casi cinco años estuvo dormida. A la vez, su corazón fue invadido por la ternura de la presencia de su hijo.
Harry sonrió, y cinco minutos después, se quedó dormido.
Como ese domingo Harry no haría parte del equipo titular, él se sentó en las tribunas con Fred y George que habían ido para que Harry les contara todo lo respectivo sobre su conversación con la madrina de James. Los Chudley Cannons jugaban de locales contra Appleby Arrows, cuya barra de aficionados, compuesta de aproximadamente doscientas personas, alzaban las varitas y lanzaban flechas doradas cada vez que su equipo anotaba, para fortuna de los demás espectadores y de los propios jugadores, las flechas eran de goma ya que tenían prohibido lanzar flechas reales. Lee Jordan narraba el partido.
-Y tras veinte minutos de intenso juego, los Chudley Cannons ganan por 70 a 50. Ahora la quaffle la lleva Williams, pero... ¡Oh!... Perry, el cazador de los Arrows se la arrebató, los Arrows con la quaffle...
-¿Y qué pasó con Nick? – le preguntó Harry a los gemelos.
-Tiene laringitis – respondió Fred.
-Casi se pega un tiro con un banano cuando se enteró que no podrá narrar durante un mes entero... – intervino George.
-Y ahora se ha volcado completamente a bailar tap – complementó Fred.
-¿Y cuando volverás a ver a James? – quiso saber Fred.
-No sé – reconoció Harry encogiéndose de hombros –. Todo depende de Hermione. No quiero ver a mi hijo a escondidas.
-Algo bueno traerá el que ella estuviera aquí y te viera con James, ¿no? – comentó Fred mientras se fijaba como el buscador de los Arrows bajaba en picada hacia un resplandor dorado que había a escasos centímetros del suelo.
-Tal vez... – Harry calló a causa del gran grito que profirió la afición de los Arrows porque su buscador había atrapado la snitch.
-A ver si con lo que acaba de pasar, a ese chiflado de Ralph le da por volverte a dejar en la banca – le dijo Fred con una falsa solemnidad.
Minutos después, en el camerino de los Chudley Cannons:
-Yo digo que lo quememos en una hoguera. No a ti, Franco – dijo Kat refiriéndose al buscador de la reserva –, sino a ese susodicho capitán llamado Ralph O'Neal. ¿Cómo se te ocurrió alinear a un chico de la reserva para un partido tan importante? ¿No sabes que la falta de experiencia causa más nervios? Todo porque Harry jugó mal en una ocasión. Nadie es perfecto, Ralph, y tú lo has demostrado muchas veces.
-Solo estaba buscando el bien del equipo – se justificó Ralph con altivez – Y tú, Williams, no deberías juzgarme. Por si no lo recuerdas, el capitán soy yo.
Todos los jugadores titulares como los de la suplencia miraban a Ralph y a Katherine. Algunos de ellos esperaba que estallara la guerra y Devon comenzó a manejar las apuestas por lo bajo.
-Pero últimamente ese título te está quedando un poquito grande, ¿no crees? – dijo Kat con dureza.
-¿Y quien eres tú para juzgarme? – inquirió Ralph.
-Soy una integrante de este equipo. Siempre nos exiges disciplina y compromiso, Ralph. Tu también deberías de poner un poco, es por el bien de todos – de pronto dejó de hablar, se tapó la boca con las manos y murmuró – ¡Ay, Dios mío, hablo igual que mi abuela! – y ante la sorpresa de todos, se sentó.
Ralph suspiró y comenzó a caminar de un lado para otro por todo el camerino en completo silencio. Cruzó los brazos y bajó la cabeza como si estuviera pensando cuidadosamente lo que quería decir. Los demás jugadores esperaban en silencio. Algunos, como Tommy miraban al techo, otros, como Franco (el buscador suplente), movía constantemente las piernas como si estuviera zapateando con suavidad. Ralph detuvo su recorrido, levantó la cabeza y respiró profundo.
-Lo siento – fue lo primero que dijo – Cometí un error al alinear a Franco cuando no tenía experiencia en competencia – se limitó a decir –. Esto me ha hecho pensar que quizá, cuando finalice esta temporada salga de viaje con toda la suplencia para que jueguen unos partidos amistosos, y así adquirirán fogueo. No quiero que esto vuelva a ocurrir cuando necesite alinear a otro jugador de la reserva... sea la posición que sea.
De inmediato, todos los presentes se miraron con inquietud, ¿acaso Ralph tenía la intención de reemplazar a alguien más?
-Por el momento – continuó Ralph ignorando la actitud de sus compañeros – nos iremos a descansar. Nos vemos mañana a las ocho.
Los entrenamientos de esa semana fueron muy diferentes a los que habían tenido hasta la fecha. Ralph agrupó los equipos quedando cada uno con nómina mixta, de esta manera los jugadores de la reserva poco a poco acumularían ritmo de competencia. Mientras tanto, Harry subió considerablemente su nivel, motivado por el echo de haber visto a su hijo, durante todos los juegos no se le escapó la snitch ni una sola vez. Ralph constantemente se preguntaba cómo era posible que de la noche a la mañana dejara de jugar tan mal.
Harry tenía planeado trasladarse a New York ese sábado, pese a que Ralph les había indicado que ese día tendrían acondicionamiento físico. Ron, después de persuadirlo durante horas, lo hizo desistir de su propósito de ir a visitar a James, argumentando que debía estar completamente descansado para el partido, si no Ralph volvería a ponerlo con la reserva. Además, ahora tenía mucha más libertad de ir a visitar al niño.
El sábado por la tarde, mientras jugaban en la X-Box de Ron y comían pasteles de calabaza enviados por la señora Weasley, por la ventana de la habitación del pelirrojo ingresó un gavilán.
-¡Argos! – exclamó Harry muy sorprendido.
El gavilán se posó al lado de Ron y le estiró la pata derecha. Ron, bastante asombrado, desató el pergamino que tenía amarrado. Luego, el animal saltó hasta Harry y le estiró la pata izquierda donde también llevaba atado un pergamino. En cuento Harry lo desató, el gavilán se marchó.
-¡Ey, que bien! – exclamó Ron luego de abrir su pergamino –. Mira, Libby me ha enviado la cromo de Agripa.
-Bueno, por fin la tienes, ¿no? – repuso Harry.
-Si, por fin – dijo Ron, despacio, saboreando cada palabra.
Se levantó del suelo y fue hasta el closet para guardar su preciada cromo en la caja mágica de seguridad donde tenía las demás. Harry bajó la vista hacia su pergamino, lo desenrolló y el corazón le dio un vuelco cuando distinguió la pequeña y bonita caligrafía de Hermione.
Hola Harry:
Espero que estés muy bien, al igual que Ron (me imagino que no cabe de la dicha con la cromo que Libby le envió)
Harry levantó la vista hacia su amigo y lo vio parado frente al closet observando maravillado la cromo de Agripa. Harry negó con la cabeza sonriendo y se volvió a concentrar en el mensaje de Hermione.
Te escribo para decirte que no quiero problemas contigo. Sé que quieres ver a James y yo espero que no lo vuelvas a hacer a escondidas de mi. Por eso aquí te anoto el teléfono de la casa para que hables con él cuando quieras y si van a verse, será en el lugar, el día y la hora que le convenga a James. Él no puede descuidar sus estudios. No siendo más, me despido. Cuídense mucho.
Tel: 1-718-5910431
Harry se levantó con rapidez, cogió el teléfono inalámbrico que había en la habitación de Ron y marcó los números que Hermione había escrito en el pergamino. El teléfono sonó tres veces.
-Aquí yo, ¿allá quien? – dijo una voz femenina.
-Hola – dijo Harry – ¿Está James?
-¿Harry?
-¿Libby?
-Hola – dijo la chica con entusiasmo – ¿Cómo va todo?
-Muy bien, gracias...
Ron acababa de arrebatarle el teléfono, Harry protestó.
-Ron, quiero hablar con James.
-Ahora – dijo Ron sin darle importancia, después habló por el teléfono –: Hola, Libby. Muchas gracias, de verdad... En serio... Vaya... No, no sabía que hay nuevas... Voy a estar pendiente. Ya va, Harry. Oye, ¿nos puedes pasar a James?, es que Harry está que me mata... Si, bueno, nos vemos – luego le pasó el teléfono a Harry – Ahí tienes, llorón.
Mientras recibía el teléfono, Harry lo miró con ganas de matarlo.
-Gracias – le espectó cuando salía de la habitación hacia la suya - ¿James?
-No, Libby, espérate – luego se oyó que tocaban una puerta por lo menos tres veces, después, una vocecita diciendo: "¿Humm?" y Libby comunicando –: Es tu papá.
-"Glacias" – oyó Harry a lo lejos, después –: ¡Alo!
-Hola, James. ¿Te desperté? – dijo Harry a manera de disculpa.
-Hola. Si, "pelo" no "impolta", ya se me estaba haciendo "talde". ¿Y cómo estas?
-Muy bien, porque puedo hablar contigo – le contestó Harry mucho más tranquilo –. ¿Y para qué se te estaba haciendo tarde?
-"Pala" "hacel" la "talea"
Harry suspiró y negó con la cabeza.
-Es sábado, James.
-Lo sé – dijo el niño como lamentándose por tener que hacer los deberes ese día –. "Pelo" si hago la "talea" "lapidito", "tendle" el "lesto" del fin de semana "lible".
-¿Y es muy larga?
-No, solo tengo que "hacel" unas planas con palitos y bolitas...
El otoño estaba en pleno apogeo. La mayoría de los árboles solo tenían la mitad de su frondosidad y una brisa de agua nieve inundaba el ambiente. El equipo de quidditch se trasladó hasta Irlanda del Norte, ya que jugarían de visitantes contra los Murciélagos de Ballycastle. Los Chudley Cannons no se dejaron intimidar, pese al frío, al siniestro uniforme de los locales (túnicas negras con un murciélago escarlata cubriéndoles el pecho), y a los acalorados aficionados de los murciélagos que estaban un poco bebidos ya que en su estadio se repartía gratis cerveza de mantequilla con ron. Siete minutos después de iniciado el partido, Harry atrapó la snitch.
Sin importar cual fue el resultado, los fanáticos de los murciélagos siguieron bebiendo mientras Barney, su mascota oficial, volaba de un lado para otro del campo de juego.
Ralph se puso contentísimo, y por eso dio el día de Halloween como día libre.
-Dos días libres – comentó Ron muy animado cuando él y el equipo celebraban la victoria en un Pub cerca del estadio –. Viernes de brujas y sábado de comer los dulces que recogiste el viernes, ¡el súper plan!.
El lunes, cuando regresaron a casa luego de su jornada de acondicionamiento físico, Harry recibió una llamada telefónica.
-¡Alo!
-Hola... Harry.
-Her... mione – dijo Harry con la voz ahogada, de cualquier persona hubiera esperado una llamada menos de ella –. Me sorprendes – comentó Harry, luego se arrepintió. Ya una vez había tenido problemas con ella por no ser cortés al teléfono – ¿Cómo estas?
-Bien, gracias.
-¿Y James?, ¿Está todo bien con él?
-Sí, sí. No te preocupes – después ella guardó silencio durante unos segundos y dijo –: Mira, te llamo para pedirte un favor.
-Solo dime.
-El viernes, James tiene una presentación teatral en el colegio, y pues, no estaría mal que vinieras.
A Harry le dio un vuelco el corazón.
-¿Lo dices en serio?
-¿No crees que James tiene una presentación teatral? – le preguntó Hermione con recelo.
-No, no me malinterpretes, no es eso. Lo que trato de decirte es que si estas segura que está bien que yo valla.
-Por supuesto – repuso ella –. Eres... su padre, Harry. Además, sería una sorpresa muy agradable que él te viera allí.
-A propósito, ¿cómo conseguiste mi número telefónico?
-Libby lo tenía.
-¿Libby?... qué extraño. Yo no se lo he dado.
-Fue Ron – explicó Hermione –. Bueno, Harry, no puedo demorarme, estoy trabajando. La presentación de James será a las once de la mañana, su escuela se llama Abraham Lin...
-No te preocupes, yo sé cual es. También sé como llegar – la interrumpió Harry.
-¿Ah, sí? – inquirió Hermione.
Harry se dio cuenta que había metido la pata, pero ya era demasiado tarde.
-Si, no te preocupes. Entonces, nos vemos el viernes.
-Esta bien. Y tienes que explicarme algunas cosas.
-Lo que quieras, pero será el viernes.
-Hasta entonces.
Harry, más feliz que una lombriz, se devolvió hasta la sala para poner el teléfono en su cargador.
-Era Hermione – explicó Harry. Ron estaba encendiendo la chimenea –. Quiere que valla el viernes a la escuela de James.
-Eso es una buena noticia – opinó Ron con entusiasmo –. Parece que poco a poco va cediendo, ¿no?
-No creo – meditó Harry –. Más bien lo hace por James, seguramente trata de evitar que lo vea a sus espaldas. Pretende controlar la situación.
-Como sea. ¿Y para qué vas a ir a la escuela?
-James tiene una representación teatral. Será a las once de la mañana.
-Una obra de teatro muggle. ¡Suena interesante!, ¿Y cuál obra es?
-No sé – dijo Harry encogiéndose de hombros –. No le pregunté a Hermione.
Ron puso los ojos en blanco.
-Además – prosiguió Harry –, ella tenía el teléfono gracias a Libby.
-Ah, bueno, es que yo se lo di – le dijo Ron –. Hemos hablado a través de Internet y allí se lo dije.
-¿Ustedes hablando por Internet?
-Si – reconoció Ron –. Es muchísimo más económico que hablar por teléfono y nos sirve para intercambiar archivos.
-Suena interesante...
-¿Sabes qué podrías hacer? – le preguntó Ron abriendo los ojos como platos –. Podrías hablar con James por Internet y verlo en tiempo real. Es como si hablaras con él a través de la red flu. Pero, lástima que no puedas hacerlo a través de ella porque no conocemos la dirección de la casa de Hermione.
-Por qué no le dices a Libby que te de la dirección – sugirió Harry.
-Ya lo hice – dijo Ron lamentándose –. Pero no me la pudo dar porque esa es la casa de Hermione. Creo que muy en el fondo no quiere problemas con ella.
-Una actitud bastante prudente. Después de haber traído a James a escondidas...
El viernes llegó a una velocidad increíble, debido principalmente a que solo tuvieron tres jornadas de entrenamiento esa semana. Después de almorzar, Harry se estaba preparando para irse, cuando Ron le comunicó algo que lo dejó sorprendido:
-Voy contigo a New York.
-¿Lo dices en serio?
-Si. Libby me invitó. Ella y unos amigos suyos tienen planes y me preguntó si quería ir. Yo le dije que si. Me gustaría tener amigos allá también.
-¿Quisieras tener un millón de amigos? – le preguntó Harry en tono burlón.
-Si. ¿Te imaginas? Amigos en todas partes. Y si me voy de viaje no tendría que pagar hotel, ni alimentación, ni nada. Bueno, aunque si colaboraría con los gastos, pero no saldría tan caro.
-Parece que piensas en todo.
-Yo, si. A propósito, vámonos a las cuatro de la tarde. Libby nos estará esperando en el edificio abandonado de Queens y te llevará a la escuela.
Así que a las cuatro de la tarde, Harry encantó la tapa de una olla para trasladarse con Ron. Al llegar al edificio abandonado en New York, Ron quedó asombrado con la visión que tuvo de los altísimos edificios de la ciudad.
-Esa es Manhattan – le dijo Harry señalando hacia las lejanas edificaciones –. Hay edificios que tienen más de noventa pisos.
-¡Vaya! – exclamó Ron –. Estos muggles...
Una bruja muy joven les dio la bienvenida y los registró en el pergamino de inmigración. Salieron del edificio y esperaron a Libby.
-Son las diez y cinco – informó Harry mirando su reloj – ¿A qué hora dijo que vendría por nosotros?
-A las diez, ¿qué extraño?
Estuvieron esperando durante varios minutos, ambos estaban perdiendo la paciencia. Harry miró su reloj, eran las diez y veintiuno, cuando oyó un frenazo a su lado. Ron le dio un codazo y señaló algo, Harry miró. Libby había llegado en un auto Peugeot convertible color azul oscuro.
-Hola – los saludó como si nada, acomodándose unos lentes de sol color café – ¿Nos vamos?
Harry y Ron se miraron. El pelirrojo se sentó al lado de Libby, Harry lo hizo en el asiento trasero. Emprendieron camino.
-Oye, Harry – le dijo Libby casi gritando para que la escuchara a causa del viento –. No tuve tiempo para disculparme contigo por lo que pasó en tu casa.
-¿A qué te refieres? – gritó Harry para que lo oyera.
-Pues, que Hermione llegara así, dispuesta a pegarle a todo el mundo.
-Tu no tienes la culpa – repuso Harry.
-Claro que si – lo contradijo ella. Frenó en seco porque el semáforo cambió a luz roja, los tres se inclinaron un poco hacia delante y los cinturones de seguridad los hicieron retroceder de nuevo –. Lo que pasó fue que a James y a mi nos faltó tacto – le dijo ahora con el tono de voz común en ella –. Dos días después de que hablaras con ella en la casa, el niño empezó a preguntarle por ti, pero ella no decía nada. James acudió a mi y yo traté de persuadirla, ¡pero es tan terca! Así que entre James y yo armamos el plan para que se vieran – Arrancó de nuevo al ponerse el semáforo en luz verde, y volvió a gritar –: Ese día salimos de la casa con la disculpa de ir de compras matutinas para evitar la congestión de compradores, pero creo que se la pilló cuando llevé conmigo la chaqueta del niño para abrigarlo bien al trasladarnos a Inglaterra. Ató cabos y listo. Pero afortunadamente no se nos arruinaron las cosas.
El resto del camino hacia la escuela, Ron preguntaba por los sitios que más le interesaban, Libby le explicaba a punta de gritos. La chica manejaba de una manera tan loca que la mayoría de las veces se pasaba de un carril al otro con muchísima rapidez, muchos autos le pitaban por ser tan descuidada, la única señal que parecía respetar era la de los semáforos.
-Tengo el día libre por ser el día de las brujas. Bueno, yo y todas las brujas de este país – les explicó a Harry y a Ron –. Así que hay que aprovechar cuando hay buen plan.
Llegaron a la escuela. Libby frenó en seco detrás de un auto gris claro cerca de la esquina. Del auto gris salió Hermione, caminó hasta el asiento de Libby mientras la chica se acomodaba su rubio cabello, que lo tenía alborotadísimo.
-Hola – los saludó Hermione – ¿Ron, estas bien?
Harry miró a su amigo. Ron estaba muy pálido y tenía los pelos parados, instintivamente Harry se llevó una mano a la cabeza para aplastarse el suyo.
-Más o menos – dijo Ron.
-Bueno, al menos sobreviviste a un viaje con Libby – le dijo Hermione intentando no reírse.
-Ron es muy valiente – le dijo Libby cogíendole el hombro y dándole unos golpecitos de apoyo –. No se quejó una sola vez. Además, yo soy una excelente guía turística.
-Oye, antes de ir con tus amigos, ¿me llevarías a Yogen Früz? – le preguntó Ron.
-Claro, vamos rapidísimo.
-Libby, gracias – le dijo Harry bajándose del auto. Se paró al lado de Hermione.
-No hay de qué. Le toman muchas fotos a James, ¡Eh!. Nos vemos en la tarde.
Harry y Hermione se subieron al anden. Libby y Ron se despidieron moviendo sus manos y arrancaron produciendo un ruido parecido a un chillido.
-¿Vamos? – le preguntó Harry a Hermione.
-Espera – dijo Hermione. Fue hasta su auto y del asiento trasero sacó una cámara fotográfica digital –. Vamos.
Caminaron juntos hasta la entrada de la escuela en completo silencio. Harry se sentía muy extraño, era la primera vez que estaría con Hermione y con James como una familia. Para librar la tensión, Harry miró su reloj, faltaban diez minutos para las once. En la entrada de la escuela había cerca de diez personas, todas parecían ser padres de familia.
-Hola, señora López – le dijo Hermione a una señora de mediana edad que al parecer era latina –. Que bueno que pudo venir.
-Hola, Hermione – saludó ella con una sonrisa, aunque parecía agotada –. La verdad es que trabajé mucho esta semana para que me dieran el día de hoy libre. Pero valió la pena – Luego miró a Harry con mucha curiosidad.
-Él es el padre de James – le explicó Hermione.
-Mucho gusto, me llamo Harry – le dijo él tendiéndole la mano.
-El gusto es mío. Soy Mercedes – dijo ella estrechándole la mano –. Mi hijo es Juan, uno de los amigos de James.
-Ahora lo conocerás – le dijo Hermione a Harry.
Harry no dijo nada, él ya conocía a Juan.
-¿Entramos? – le preguntó Hermione a la señora López.
-Háganlo ustedes. Yo esperaré a mi esposo.
Harry y Hermione ingresaron en la escuela. Había un pasillo largo y ancho, que a cada lado cubierto de casilleros color gris. El pasillo estaba perfectamente iluminado y el piso sumamente opaco a causa de las huellas de los niños. A la derecha de ellos había una escalera que conducía al segundo piso.
-Arriba están los de cuarto, quinto y sexto grado... y todos los laboratorios – le explicó Hermione.
Caminaron por el pasillo y mientras avanzaban se encontraron con varias puertas, mitad en madera y mitad en vidrio. Harry vio a través de ellas a los estudiantes de las clases tomando apuntes y pudo escuchar algunas explicaciones que daban los profesores según el salón por el que iban pasando. Todas las puertas tenían inscripciones en su parte superior que indicaban la clase que se impartía allí, por ejemplo: "historia", "literatura", "matemáticas". A mitad del pasillo, Hermione se detuvo en una puerta doble.
-Es aquí – le dijo ella. Abrió una de las puertas e ingresó –. Este salón tiene el tamaño de tres salones normales porque los niños no se mueven de aquí en toda la jornada.
Harry la siguió. Era un salón enorme. Junto a las paredes habían muchas estanterías de altura baja llenas de libros, cajas de juegos, juguetes, etc. Tenía amplias ventanas que iluminaban muy bien el recinto. Colgados en las paredes varios pizarrones de corcho donde estaban pegados los dibujos deformes que hacían los niños. En una esquina, sobre una de las estanterías que daba a una ventana, había una jaula con un hurón gris durmiendo en ella panza arriba, parecía que estuviera tomando el sol.
-¡Mira! – le susurró Harry a Hermione.
-Si, Malfoy – dijo ella.
Ambos sonrieron. Avanzaron por el salón hacia unas diminutas sillas de colores chillones que estaban alineadas en fila frente a un amplio espacio, aparentemente el escenario, unas cuantas ya estaban ocupadas por adultos. Harry y Hermione los saludaron por cortesía y se sentaron en primera fila, justo en el centro.
-Es un poco incomodo – comentó Harry tratando de acomodarse, las rodillas casi le daban en el pecho.
-Si, menos mal que hoy no me puse falda.
En menos de cinco minutos, el resto de los padres de familia ya estaban sentados. A las once y un minuto, según el reloj de Harry, por una tercera puerta, adyacente al pizarrón central del aula ingresó una mujer negra vestida de hada madrina.
-Buenos días, padres de familia – dijo la mujer en un tono muy alegre –. La mayoría de ustedes me conoce. Soy la profesora Ophra. El día de hoy, los alumnos del kinder, en conmemoración con el día de Halloween representarán ante ustedes: ¡Blanca Nieves y los siete enanitos!
Y por la misma puerta que entró la profesora, ingresaron diez niños y niñas disfrazados de árboles y arbustos. Los padres los recibieron con un caluroso aplauso. Los niños se acomodaron en el escenario y los que hacían de arbustos se sentaron en el suelo.
La obra comenzó: primero fue el rey y la madrastra casándose, como Blanca Nieves bebé utilizaron un muñeco envuelto en una manta, Hermione y otros padres comenzaron a tomar fotografías. Luego, la madrastra preguntándole al espejo:
-Espejito, espejito, ¿quién es la más bonita del reino?
-Tu, mi reina bella – respondió un niño al que Harry conocía.
-Ese es Juan – le susurró Hermione.
Blanca Nieves creció y el rey murió. La madrastra volvió a preguntar:
-Espejito, espejito, ¿quién es la más bonita del reino?
-Tu eres muy bonita – dijo Juan sosteniendo un espejo mediano –. Pero más bonita es Blanca Nieves.
-¡NO! – bramó la niña apretando los puños.
Más aplausos y fotografías de los padres.
-¿Y James? – susurró Harry sacando su teléfono móvil.
-Ya casi – le dijo Hermione.
Blanca Nieves conoció al príncipe en el "bosque", que resultó ser Thierry. Harry negó con la cabeza cuando sacaba de su chaqueta su teléfono móvil. Después, la madrastra hablando con el cazador, que era el otro amiguito de James, Scott; el cazador perdonando la vida de Blanca Nieves y más tarde presentándole pruebas falsas de la muerte de la chica a la madrastra. De nuevo el príncipe en escena.
-He venido a visitar a Blanca Nieves – dijo Thierry, luego bajó la voz, pero todos escucharon lo que dijo –: A la salida te invito a un helado.
Hermione se tapó la boca para no reírse, y al parecer el resto de los padres hizo lo mismo. La niña que interpretaba a la madrastra miró a Thierry muy desconcertada, buscó con la mirada a la maestra y cuando la encontró se encogió de hombros como preguntándole qué hacer. La maestra le hizo una señal con las manos para que siguiera adelante.
-Eeeh... – vaciló la niña –. Ella ha muerto.
-¡No! – exclamó Thierry –. No puede ser.
-Si. Y ahora, largo de aquí.
Nuevamente entró en escena Blanca Nieves y se acostó sobre unas pequeñas mesas que daban a entender como las camas de los enanitos. En escena aparecieron siete niños, entre ellos, James. Hermione cogió la mano de Harry y la apretó. Con la mano que Harry tenía libre, tomó fotografías con la cámara de su móvil. James miró hacia su madre y al ver a Harry se le iluminó la mirada. Luego se dirigió donde la dormida Blanca nieves y gritó.
-¿Qué ocurre, Tontin? – preguntó uno de los niños enanos.
-Una chica – dijo James señalando a la niña.
Harry tomó todas las fotografías que la memoria de su teléfono móvil le permitió. Blanca Nieves se hizo amiga de los enanos, la madrastra la encontró y disfrazada de anciana la envenenó con una manzana. El príncipe le dio una estocada a la madrastra con una espada de plástico y salvó a Blanca Nieves dándole un beso en la mano.
La obra finalizó. Todos los niños se pararon en fila, unieron sus manos y se inclinaron ante su audiencia. Los padres se levantaron y aplaudieron con mucha energía. Muchas madres sollozaban, entre ellas Hermione. Harry la abrazó para reconfortarla. En ese instante alguien llegó corriendo y los abrazó en las piernas. Ambos bajaron la mirada y se encontraron con James sonriéndoles. Entre los dos lo cargaron.
-¡Que bien que viniste! – le dijo James a Harry –, ¿qué tal estuve como enano?
-Estuviste muy bien – le dijo Harry sonriendo. Luego miró a Hermione y le susurró –: Aunque los enanos son diferentes.
Ella se limitó a asentir con la cabeza.
