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THE LUNCH (COMIDA DE MEDIO DIA)

-¿Cómo así que son "difelentes"? – les susurró James en un tono de voz que parecía ser confidencial – ¿Son bichos o qué?

-Digamos que en el fondo no son tan amigables – le aclaró Hermione en voz baja –. De todas maneras no debemos hablar de eso aquí.

-¡A poco no estuvo de lujo la "obla"! – dijo James con entusiasmo.

-La verdad, si – opinó Harry muy impresionado –. Para ser niños de kinder hicieron algo muy avanzado.

-Y eso que no sabemos "leel" – admitió James, ahora tenía cada brazo alrededor de los cuellos de Harry y de Hermione –, "pelo" la "maestla" nos iba diciendo qué teníamos que "decil" y le mandó a los "padles" los "libletos" "pala" que nos "ayudalan". Mi mamá me ayudó con lo de los enanos y le tocó "hacel" un pocotón de voces "difelentes": unas "gluesas", "otlas" delgadas, "otlas" chillonas y así.

-Si, y no parabas de reírte de mí – le recordó Hermione.

-Pues si – afirmó el niño encogiéndose de hombros –, "pelo" "glacias" – Y le dio un fuerte beso en la mejilla –. Abajo – dijo después y ambos adultos lo bajaron.

-Me gustaría conocer a la maestra de James – comentó Harry mientras estiraba el cuello buscando a la profesora.

-¿Y para qué? – le preguntó Hermione.

Harry la contempló durante unos segundos y como respuesta arqueó las cejas. Hermione se sonrojó un poco a causa de su impertinencia y desvió la mirada.

-"Pol" aquí – dijo de pronto James jalándole la mano a Harry.

Caminaron a través de la masa de estudiantes y padres de familia. La profesora Ophra estaba cerca de la jaula del hurón conversando con una pareja y uno de los niños que realizó el papel de enano. Esperaron unos instantes a que ella se desocupara, Hermione los alcanzó. La profesora se despidió estrechando las manos de los padres con los que estaba hablando y con una varita mágica con una estrella en la punta le tocó la cabeza al niño y le sonrió. Una vez que se quedó sola, James se acercó a ella.

-Hola, "plofesola" – le dijo él –. Es que... mi papá la "quiele" "conocel"

-¿Tu papá? – dijo la profesora muy sorprendida, James asintió – ¿Y, dónde está?

-Allí – contestó James señalando a Harry, luego le dijo que se acercara con un gesto de la mano.

Harry y Hermione se acercaron a la profesora que viéndola de cerca era casi de la misma estatura que Harry, solo que un poco más alta que Hermione.

Hermione la saludó con amabilidad y Harry se presentó ante ella:

-Gusto en conocerlo – le dijo la profesora mientras le estrechaba la mano –. Así que usted es el padre de James.

-Si – confirmó Harry algo cohibido por la situación, era la primera vez que se presentaba ante un desconocido como el padre de James –, y me gustaría hablar con usted sobre el niño.

-Por supuesto. Pregunte lo que quiera, señor Potter.

-Ven conmigo, James – le susurró Hermione al niño cogiéndolo de la mano.

A Harry le pareció bien que Hermione lo dejara a solas con la profesora, de esa manera se sentía con libertad de preguntar.

-Me gustaría saber cómo se adapta James con sus compañeros.

-Si se refiere a la socialización del niño, pues, él no tiene problemas de ése tipo. Yo diría que por el contrario, es un niño muy entusiasta y amable, hace amigos con facilidad, además, le encanta los deportes.

-Entonces, no tiene problemas de ningún tipo con sus compañeros, ya sabe: ideas extrañas o que lo crean demasiado imaginativo...

-Claro que no, nunca – dijo la profesora con mucha convicción.

-Me alegro – susurró Harry para sí mismo, después se dirigió de nuevo a ella –: y ¿qué tal es como estudiante?

-Es el mejor – le contestó la profesora con una sonrisa –. Aunque es un alumno difícil porque no se está quieto un solo momento – admitió ella, pero sin dejar de sonreír –. Aún así, aprende con mucha facilidad, siempre tiene al día sus deberes y no hay día en el cual no participe en clase.

-Bueno, en eso se parece mucho a su madre – comentó Harry.

-Y... ¿usted a que se dedica, señor Potter?

Harry guardó silencio durante unos segundos a causa de la sorpresiva pregunta. No podía decirle a la profesora cuál era su verdadera profesión, primero porque violaría la ley de secretos de los brujos y segundo porque ella jamás lo entendería, así que lo único que se le ocurrió decir fue:

-Soy deportista – Ella se quedó mirándolo, esperando a que le aclarara qué deporte practicaba –. Practico un deporte muy agresivo – eso si era verdad –, juego rugby.

-Con razón al niño le gusta tanto los deportes – comentó ella –. Es usted ingles, al igual que la señora Granger, ¿verdad? – Harry asintió –. En Inglaterra es muy popular ese deporte, aquí se juega uno muy parecido, es el fútbol americano, es el deporte nacional.

-Ya... Bueno, muchas gracias por su tiempo, profesora – le dijo Harry tendiéndole la mano y deseando marcharse de allí lo más pronto posible antes de que le formularan más preguntas comprometedoras.

-No hay de qué, señor Potter – le dijo ella estrechándole la mano.

-Y felicitaciones porque la obra quedó muy bien – agregó él.

-Muchas gracias – dijo la profesora, muy complacida e inclinando un poco la cabeza.

Harry se volvió en busca de Hermione y James. Ambos estaban cerca de él, observando al hurón que ahora estaba agarrado a las rejas de la jaula porque James le rascaba la cabeza.

-Listo – les dijo Harry cuando llegó hasta donde ellos –. Si quieren, podemos irnos.

-Si... yo ya tengo "hamble" – comentó James dejando de rascarle la cabecita al roedor.

Harry miró su reloj, era más de las doce y media. James fue hasta una estantería ubicada en la mitad del salón, de ella sacó su mochila. Harry y Hermione avanzaron por el recinto y James se unió a ellos con el gran maletín en los brazos, listo para colocárselo en los hombros. Harry lo tomó y se lo colocó en el hombro izquierdo mientras Hermione tomaba la mano derecha de James, el niño se quitó el sombrero de enano que al parecer le estorbaba y se lo dio a Harry para que lo guardara. Al salir del salón se encontraron con Thierry y una chica adolescente, al parecer, su hermana.

-Hola, señora Hermione – le dijo el niño mientras realizaba una reverencia ante ella, como si fuera un verdadero príncipe –. Que gusto de tenerla de visita por aquí. ¿Y la señora Libby?

-Señorita Libby – lo corrigió Hermione con amabilidad –. Ella tiene una vida social que atender. Por eso no esta aquí.

-¡Que lástima! – exclamó el niño con decepción –. Quería que también me viera como un príncipe.

La chica que iba junto a él negó con la cabeza poniendo los ojos en blanco.

-Discúlpenlo – dijo ella también utilizando un suave acento francés y muy apenada –. No sabe lo que dice. Con permiso – cogió al niño de un brazo y se lo llevó mientras él miraba con curiosidad a Harry.

Salieron al inmenso pasillo por el que habían ingresado a la escuela. En ese momento habían varias parejas con niños, pero al parecer, los estudiantes de los otros grados aún estaban en clase. Al salir de la escuela James preguntó:

-Y... ¿dónde vamos?

-Pues, no sé – dijo Harry mirando a Hermione –. ¿Tú qué opinas?

-Porque no vamos a almorzar a alguna parte. Ahora no quiero hacer nada.

-¡Subway! ¡Subway! – exclamó James.

-¿El metro subterráneo? – preguntó Harry.

-No, Harry. Subway es un local de comidas rápidas – le explicó Hermione –. Son especialistas en preparar sándwichs y son muy saludables. No estoy segura, pero, creo que cerca de aquí hay uno.

-Entonces, vamos a Subway – dijo Harry. James se puso a saltar hasta que llegaron al auto de Hermione.

-Por qué no conduces tú – le propuso Hermione a Harry dándole las llaves –, no creo que tengas problemas con el estilo de manejo de acá, ¿verdad?

-Esta bien, aunque en este país la gente es más loca y más irresponsable a la hora de conducir.

-Ni me lo digas, para mayor ejemplo: Libby.

Hermione abrió la puerta del asiento trasero para que James ingresara por ella, luego la cerró. Harry le abrió a ella la puerta del asiento del copiloto y Hermione también ingresó en el auto. Después Harry hizo lo mismo. Se quitó el maletín de su hijo y lo puso en el asiento trasero, al lado del lugar que ocupaba James. Al verlo, Harry se llevó una sorpresa. James estaba sentado en un asiento incrustado que se parecía mucho al que usaban los bebés en el momento de viajar en automóvil, pero el tamaño era más grande.

-Es por seguridad que lo usamos – le dijo Hermione al ver la expresión de sorpresa de Harry –. Los niños menores de siete años deben viajar en asientos apropiados para su edad. Además, es obligatorio.

-Es la primera vez que veo algo así – comentó Harry.

Hermione guardó su cámara digital en la guantera del auto y se acomodó el cinturón de seguridad. Harry también se acomodó su cinturón y emprendieron marcha. Para su fortuna, el automóvil de Hermione era de caja de cambios automática, como la camioneta que tenía en Inglaterra.

-Bueno, me vas indicando por dónde es – le dijo Harry.

-Claro, sigue derecho y yo te aviso dónde giras.

Para decir que Subway estaba cerca era una exageración. Se demoraron mas de media hora en llegar; primero por el tráfico que se formó a causa de ser una hora pico y segundo porque las distancias en la ciudad eran enormes.

-Y eso que no nos demoramos nada – comentó Hermione mientras Harry estacionaba frente al local –. Con el tráfico que nos tocó, creí que nos demoraríamos por lo menos una hora.

-¿Cómo hacen para vivir en una ciudad tan caótica? – inquirió Harry.

-Es la costumbre – admitió Hermione –. Además, lo que no encuentras en Divinyls, no lo encuentras en ninguna parte.

-¿Divinyls?

-Es como el Callejón Diagon en Londres, pero más grande. Su entrada está cerca del Times Square. Es la ventaja de vivir en la capital del mundo.

Ingresaron en el local, que a decir verdad era un poco pequeño. No tenía más de siete mesas para los comensales y tan solo habían dos vacías.

-Ve a ocupar una mesa – le dijo Hermione a James.

El niño obedeció y se sentó en una al lado de la gran ventana del establecimiento. Harry y Hermione se acercaron hasta el mostrador de comidas y un muchacho vestido de amarillo y gris les tomó la orden.

-Por favor: un sándwich de cordero con todo, pero sin queso – dijo Hermione –, también un sándwich de atún, pero sin cebolla y... – miró a Harry para saber qué pediría él.

-Y un sándwich de pollo – complementó él.

-Con todo, también – agregó Hermione – y de tomar, tres coca colas.

-Son cuarenta y siete con dieciséis – dijo el cajero.

Hermione se mandó una mano al bolsillo de su jean, pero Harry se le adelantó y pagó la cuenta. El cajero les dio una pequeña pirámide con el número seis, les dio la factura y repitió la orden por un micrófono adyacente a la caja registradora.

-¿Ya? – preguntó James cuando sus padres se sentaron frente a él.

-Ya casi – dijo Hermione –. Hay que esperar un poco.

-Me gusta este lugar – comentó Harry mirando la decoración del local.

Las mesas eran de madera color canela oscuro; cada mesa poseía dos sofás, pero sin apoyabrazos, muy parecidos a los que usaban las cafeterías de los años cincuenta; los colores de las paredes eran blancas y amarillo pálido, dándole mayor luminosidad al lugar y como cuadros utilizaban fotografías de la ciudad. La música que se escuchaba era balada americana.

-Si, es muy acogedor – admitió Hermione.

-A mi solo me gusta los sándwichs – comentó James distraídamente jugando con el servilletero.

-No me extraña – dijo Hermione mirando de reojo a Harry –. Deja eso en su lugar, James.

El niño miró a Hermione y dejó el servilletero quieto, quitando las manos con mucha lentitud; cuando estaba a punto de bajarlas de la mesa, las volvió a colocar sobre el servilletero y lo cambió de lugar, dejándolo allí y retirando nuevamente las manos, no había apartado su mirada de la de Hermione. Ella se mantuvo impasible observando al niño. James colocó sus manos sobre el borde de la mesa, miró a Harry y le sonrió, para después volver a coger el servilletero y ponerlo junto a la ventana, donde finalmente lo dejó.

-Esta bien – dijo James al final. Suspiró y fijó su vista hacia la ventana, observando la calle y los transeúntes.

-Me gustaría saber – le dijo Hermione a Harry en voz baja – qué fue lo que hablaste con Libby.

Harry se volvió hacia ella, pues como estaba junto a la ventana, se había dedicado a contemplar a James.

-Creo que eso es algo entre ella y yo – respondió Harry en voz baja.

-¿Tiene algo de malo que me entere? – preguntó Hermione sin alterarse, para que James no se diera cuenta.

-No, pero es algo entre ella y yo.

-Me doy cuenta que no confías en mi – le reprochó Hermione –. Pero no importa, la conozco, y sé lo que te dijo.

Harry se acercó más a ella, quedando sus rostros muy pegados, para poder hablar con la voz aún más baja.

-Tú eras la persona en la que más confiaba en la vida – se limitó a decir él.

-No parece.

-Y según tú, ¿qué fue lo que ella me dijo?

-Me imagino que te habrá contado cómo nos conocimos, lo mucho que me ayudó cuando estuve a punto de... – cerró los ojos con fuerza apretando los labios y volvió a abrirlos – de perder a James...

-Lo siento – la interrumpió Harry.

-¿Qué es lo que sientes?

-Lo que te dije la noche que discutimos en tu casa: que te habías buscado lo que te pasó cuando llegaste aquí. Nunca pensé que... – dejó la frase inconclusa y miró al niño, que tenía la boca pegada al vidrio de la ventana e inflaba constantemente las mejillas.

-¡James! – llamó Hermione.

El niño se sobresaltó y la miró. El lugar del vidrio donde anteriormente tenía pegado los labios, estaba babeado. Hermione le dirigió una mirada reprobatoria y él se limitó a limpiar la zona con la mano.

-Ya... limpio – dijo James con timidez.

-Libby me dijo que era sietemesino – continuó Harry.

-Para ser más exactos, siete meses y dos semanas – dijo Hermione con su vista puesta en James, el niño volvía a jugar con el servilletero. Luego miró a Harry –. Me embarazaste a finales de Abril. Aquel día, después de la final de quidditch, cuando nos quedamos solos en la torre.

-¡Sándwich! – exclamó James.

Una muchacha estaba junto a ellos con una bandeja en la mano derecha y leyendo un cupón en la izquierda.

-El sándwich de cordero sin queso es para... – dijo ella.

-"Pala" mi – dijo James alzando una mano. La chica le puso sobre la mesa el sándwich.

-El sándwich de atún sin cebolla es...

-Para mí – la interrumpió Hermione. La chica repitió la labor y colocó el sándwich frente a Hermione.

-Y el sándwich de pollo es para mí – se adelantó Harry.

La mesera también puso el sándwich frente a Harry y luego colocó cada lata de coca-cola al lado de cada sándwich. Dejó unas pequeñas vasijas de plástico sobre la mesa que contenían diferentes clases de salsas y tomó la pirámide con el número seis. Antes de que se marchara, Hermione le dio una propina.

-Buen provecho – dijo Harry tomando su sándwich.

-Gi – dijo James con la boca llena.

Pasadas las dos de la tarde, salieron de Subway. Mientras caminaban hasta el auto, James se frotaba el estomago a causa de la llenura.

-¿Y "ahola" qué hacemos? – preguntó el niño cuando Harry emprendió camino.

-Vamos a casa, te bañas y te pones tu disfraz para que más tarde vallamos a pedir dulces – explicó Hermione con cariño.

-"Pelo", si ya me bañé hoy – protestó James.

-Entonces, te bañas con agua caliente – intervino Harry.

-Siendo asi... – aceptó el niño con más entusiasmo.

-Bueno, me tienes que decir por dónde vamos a tu casa – le dijo Harry a Hermione –. Esta parte de la ciudad no la conozco.

-En realidad, nunca terminas de conocer a New York – comentó Hermione –. Hace casi cinco años que vivo aquí y apenas conozco la mitad de la ciudad.

Llegaron a la casa de Hermione a las tres de la tarde. Al ingresar en ella, Crookshanks los recibió maullando y con la cola estirada. James lo cargó en sus brazos y lo llevó a su habitación. Harry descargó la mochila de su hijo en el sofá de la sala para luego dirigirse a la cocina con Hermione. Al ingresar en ella se sorprendió de lo parecida que era a la de su casa: pintada en colores claros, con todos los electrodomésticos esenciales para la preparación de alimentos y dos puertas, una de ellas hacia el patio; la diferencia era que no tenía una mesa, en lugar de ella había un pequeño y delgado mesón con dos sillas de tres patas.

-Siéntate – le dijo Hermione con amabilidad.

-Viven muy bien – comentó Harry al sentarse.

-Se hace lo que se puede – dijo Hermione distraídamente mientras realizaba un complicado movimiento con la varita apuntando a una de las estanterías de la cual salieron un par de tazas –. La verdad es que Libby me ayuda muchísimo con los gastos de la casa.

Las tazas aterrizaron impecablemente en el mesón, frente a Harry y con otro toque de su varita sobre una tetera, Hermione hizo que pitara y de ella saliera té.

-¿Y por qué no viven con los padres de ella?

-Porque ahora viven en la costa oeste, viven en Seattle. ¡Accio galletas! – agregó apuntando a un tarro metálico que había al otro lado de la cocina.

El tarro atravesó la cocina y fue a parar impecablemente a las manos de Hermione. Lo abrió, lo dejó en el mesón y se sentó frente a Harry.

-Ahora si, quiero saber cómo es que conocías el nombre y la dirección de la escuela de James – le dijo a Harry después de dar un sorbo a su té –. ¡Puaj!, no tiene azúcar.

No utilizó la varita. Se levantó para buscar el azúcar en una de las estanterías, dándole tiempo suficiente a Harry para pensar su respuesta. Al sentarse nuevamente frente a Harry y luego de echar dos cucharadas a su taza, lo miró exigiendo una respuesta.

-Fue gracias a Ron – admitió Harry.

-¡Ron! – dijo Hermione arqueando las cejas.

-Si, parece mentira, ¿verdad?. Pero fue él quien encontró a James, lo hizo a través de Internet.

-Pero no lo habría encontrado si él no supiera su nombre – comentó Hermione con suspicacia.

-Yo se lo dije – respondió Harry sin mirarla, disimulando que estaba poniéndole azúcar a su té.

-¿Tú?... Pero ¿cómo? ¿cómo supiste que tuve un niño y que se llamaba James?

-Es que... – masculló Harry, dejó a un lado la taza y la miró –. Es que los vi en el verano, en Londres.

Hermione abrió los ojos como platos y también dejó a un lado su taza de té.

-¿Que nos viste? – repitió ella muy sorprendida.

-Si, fue el día de mi cumpleaños...

-En el centro comercial – lo interrumpió Hermione.

-En la librería del centro comercial – puntualizó Harry.

-Pero... pero... ¡yo no te vi.! Y... y... ¿cómo sabias que era el niño?

-Yo tampoco te había visto – admitió Harry –. Pero reconocí tu voz, y estabas allí, llamándolo y estirándole la mano, mientras Libby pagaba la cuenta de sus compras. Fue increíble, tan solo habían pasado unos instantes desde que hablé con él cuando me entero que era mi hijo.

-¿Tú eras el fanático de los Yankees? – preguntó Hermione en un hilo de voz.

-Si – respondió Harry. Hermione se tapó la boca con una mano.

-¡No puede ser! – susurró Hermione –. ¿Y por qué no nos abordaste? ¿por qué no nos detuviste?

-No pude – dijo Harry con amargura –. No pude reaccionar a tiempo – explicó él ante la mirada de Hermione –. Cómo crees que me sentí después de verlos en un momento y en un lugar tan inesperado, cuando creía que todo estaba perdido.

-Pues eres bastante lento, Harry – opinó Hermione con descaro.

-¿Cómo puedes decirme eso? – preguntó él muy indignado.

-Es la verdad – dijo ella luego de sorber otro poco de su té –. Por eso dejaste de buscarnos, ¿no?

ZUM

Entre ellos pasó volando una pequeña esfera dorada con alas, que recorrió la cocina describiendo complicadas trayectorias: unas rectas con agudas curvas, espirales y pequeños círculos.

-¡James! – exclamó Hermione –, ¿qué te he dicho?

-¿De qué? – gritó el niño a lo lejos.

-¡De qué va a ser! – dijo Hermione con sarcasmo –. De la snitch.

La pequeña pelota dorada seguía dando su recorrido por la cocina. Crookshanks apareció en escena nuevamente y saltó con mucha habilidad sobre el mesón, siguió con su vista a la snitch y se lanzó hacia ella cuando la vio cerca. Hermione lo cogió en el aire y Harry agarró la snitch.

-Es que se me escapó – dijo James cuando llegó a la cocina.

-Ten más cuidado con eso, por favor – le dijo Hermione con seriedad mientras dejaba a Crookshanks en el suelo –. Acuérdate que vivimos en una zona muggle.

-Pues yo si me "acueldo" – admitió el niño –, "pelo" ella no – añadió señalando la mano de Harry que tenía firmemente agarrada la snitch.

-¿Creen que es graciosos? – preguntó Hermione cuando Harry y James intercambiaron sonrisas cómplices.

-Si – respondieron ambos al unísono.

Hermione los miró con los ojos entornados.

-Dame aca – le ordenó a Harry estirando la mano.

-¿El qué? – preguntó él aguantándose la risa a causa de la cara de Hermione

-La snitch.

-No – dijo él escondiendo la mano tras la espalda.

Hermione rodeó el mesón y se lanzó sobre Harry, tratando de arrebatarle la pelotita. Se formó un forcejeo entre ambos y lejos de tornarse en violento, se volvió un juego de niños pequeños por una paleta.

-Vamos, puedes hacerlo mejor – le decía Harry entre risas arrinconándose contra la pared para proteger mejor la snitch.

-Ya veras lo que te pasará por retarme, Harry – le advirtió Hermione.

Mientras seguían forcejeando, James se sentó y Crookshanks volvió a saltar sobre el mesón. Niño y gato observaron muy atentos la batalla campal ladeando levemente sus respectivas cabezas hacia la derecha y en completo silencio. Aprovechando que Harry estaba arrinconado contra la pared, Hermione le agarró el cuello con su brazo derecho y lo ladeó hacia la izquierda para así con su mano derecha llevarla directamente a la espalda de Harry y cogerle la mano donde aferraba la snitch.

-¡Uy!, no Hermione, me vas a lesionar – le decía Harry arrinconándose más contra la pared. Sentía como su mano y la de Hermione se aplastaban contra ella.

-Entonces, damela – dijo Hermione en tono melosamente peligroso e inclinando más a Harry hacia la izquierda.

-No – dijo Harry en un hilo de voz, estaba perdiendo el equilibrio.

-Damela – repitió Hermione inclinando más a Harry hasta casi doblarle por completo la cintura –. Es mía.

-No, es mía – la contradijo James desde su excelente ubicación en el mesón.

-Si – coincidió Harry, sentía que su cintura y cuello se partirían.

Con un último esfuerzo, Hermione terminó de inclinar a Harry. Estando a punto de perder el equilibrio, él la tomó de la cintura con la mano que le quedaba libre. Si se iba a dar contra el suelo, no lo haría solo. Y así fue. Ambos cayeron y Harry recibió el mayor daño, ya que además de su propio peso también recibió el peso de Hermione. Los dos gritaron porque las manos con las que estaban forcejeando por la snitch fueron aplastadas por el peso de sus cuerpos y estriparon a la pelotita, a Harry se le ladearon las gafas. James soltó una carcajada y el gato movió su cola de cepillo, Hermione miró a si hijo y el niño continuó burlándose sin dejarse intimidar por la mirada amenazante de su madre.

-Harry, mi mano – se quejó Hermione –. Levántate.

-No puedo. Estas encima mío.

Hermione se sonrojó y con un evidente esfuerzo se levantó un poco, dejándole espacio suficiente a Harry para que hiciera lo mismo. Harry la imitó y las manos quedaron libres, al igual que la snitch, la cual salió volando como si fuera una mosca tonta o si estuviera muy borracha. A causa del aplastón, la pelotita volaba de una manera muy lenta y parecía que en cualquier momento caería al suelo. Hermione se levantó con rapidez para cogerla, pero Crookshanks se adelantó y con un gran salto, la agarró con la boca.

-Crookshanks – le reprochó Hermione.

El gato fue hasta donde James, saltó nuevamente sobre el mesón y se sentó frente a él. El niño estiró una mano y el felino puso en ella la snitch. James la agarró firmemente y acarició la cabeza de Crookshanks. El gato saltó nuevamente al suelo y fue hasta su dueña y se enroscó en su pierna.

-Oportunista – le recriminó ella en susurro. Crookshanks no le hizo caso. Luego levantó la vista hacia James.

-Ya... baño – dijo el niño y salió disparado de la cocina.

-¿Y a ti qué te pasa? – le preguntó a Harry mientras se frotaba la mano donde recibió el peso. Harry aún seguía en el suelo.

-Que me duele todo, y parece que me has lesionado – contestó él acomodándose las gafas. Después se apoyó sobre la mano que estuvo fuera de peligro durante el forcejeo y se levantó con lentitud haciendo una mueca de dolor.

-No es para tanto.

-Por si no lo sabias, soy deportista, y necesito que mi cuerpo esté sano para poder comer – dijo Harry sentándose de nuevo para poder terminar con su té.

-Si lo sabia – repuso Hermione sentándose de nuevo frente a Harry –. Juegas con los Cannons desde que salimos del colegio ¿no?

-¿Cómo lo sabes? – preguntó Harry, desconcertado.

-Me gusta estar informada – se limitó a decir para luego beber de su té.

Harry comprendió que no era oportuno hablar más sobre el asunto y prefirió cambiar de tema.

-¿Y, de qué se va a disfrazar James?

-No te vallas a reír – le advirtió Hermione.

-No lo haré – aseguró Harry.

-Será... – Suspiró – de Bob Esponja – y finalizado eso negó con la cabeza mientras se llevaba la taza de té a los labios.

-¿Qué tiene de malo que se disfrace de Bob Esponja? – preguntó Harry sin poderse contener ante la actitud de Hermione.

-De malo, nada. Pero se disfrazó de lo mismo el año pasado – respondió distraídamente segundos después frotándose la muñeca.

-Bueno, mientras se sienta cómodo con lo que utilice... – comentó Harry hurgando en el tarro de galletas.

Crookshanks se acercó a Harry y con una de sus patas le golpeaba la pierna para que le tirara una galleta. Harry cogió una de más y se la tiró al suelo. En agradecimiento, el gato maulló.

-Si, creo que si – coincidió Hermione antes de finalizar con su té.

Harry también finalizó con su merienda y mientras Hermione hechizaba las tazas para que se lavaran solas, él se encargó de tapar el tarro de galletas y ponerlo en su lugar.

-¿Quieres ver televisión? – preguntó Hermione. Harry asintió.

Salieron de la cocina, fueron hasta la sala y Harry se sentó en el sofá frente a la chimenea. Hacia la izquierda había un armario de dos puertas, color blanco envejecido Hermione lo abrió de par en par y dentro estaba el televisor. Cogió el control remoto y se lo dio a Harry.

-¿Y qué canal me recomiendas? – le preguntó Harry pasando lentamente de un canal a otro.

-A mi me gusta Discovery Magic.

-¿Discovery Magic? – repitió Harry deteniéndose en su cambio de canales y la miró – No me digas que son de los mismos de Discovery Channel.

-Si – confirmó Hermione, sentándose en una butaca junto al sofá – Ellos son de esas organizaciones que le van a todos los mercados.

-Entonces, solo tienes canales mágicos aquí.

-No – dijo Hermione – El cable es mágico. Pero la gran mayoría de canales son muggles.

-No sabía que existiera un cable mágico – dijo Harry muy sorprendido.

-Bueno, es que, la magia en Estados Unidos tiene mucha interacción con el mundo muggle – admitió Hermione –. Más en ciudades tan grandes como esta. Así que los magos han aprendido a vivir camuflados entre los muggles, pero sin dejar a un lado la mayoría de sus costumbres y a los muggles no se les hace raro porque piensan que son inmigrantes.

-Parece muy cómodo vivir aquí.

-Es muy cómodo vivir aquí.

Ante su curiosidad, Harry sintonizó el canal Discovery Magic. En ese horario estaban transmitiendo un especial sobre las esfinges griegas y egipcias. Las esfinges griegas tenían un significado muy siniestro: simboliza el mundo subterráneo la violencia gratuita y la destrucción. Las esfinges egipcias simbolizan realeza, fertilidad y vida después de la muerte. Mostraron imágenes de ambas, aunque las dos tenían cuerpo de león y la cabeza y el torso de humanos, solo las griegas tenían alas y rostro y pechos de mujer.

-Fue una esfinge griega la que me dijo el acertijo en el Torneo de los Tres Magos – dijo Harry por lo bajo.

Hermione no dijo nada, solo lo miró. Permanecieron en silencio hasta que finalizó el programa y comenzó otro sobre las leyendas de los bosques prohibidos creadas por los muggles en la selva amazónica de Brasil, Perú y Colombia.

A las cuatro y media James se reunió con ellos. Llevaba el cabello mojado y en una mano una gran esponja color amarilla, vestía de camisa blanca con una corbata roja y unos pantalones de largo hasta la rodilla también de color café, aunque las prendas las tenía mal puestas, torcidas. Harry se fijo en que su hijo tenía las mismas piernas delgadas con rodillas nudosas que él poseía en su niñez.

-Listo – dijo James muy contento.

-¿No te queda pequeño ese disfraz? – le preguntó Harry.

-No – contestó Hermione tratando de acomodarle la ropa al niño –. Le apliqué un encantamiento de extensión.

-O sea, que voy a "podel" "usalo" hasta que "clesca" más – concluyó James con una sonrisa – ¿Dónde esta mi bolsa de dulces?

-La dañaste el año pasado – le recordó Hermione – en tu afán de comerte los dulces muy rápido.

James hizo una mueca de disgusto.

-No te preocupes – lo tranquilizó Harry –, yo haré una para ti. ¿Tienes una hoja o un pergamino que no utilices? – le preguntó a Hermione.

-Claro – dijo ella. Se levantó, fue hasta el closet donde estaba el televisor y de un cajón bajo sacó un pedazo de pergamino.

Se lo dio a Harry y él con un golpe seco de la varita lo transformó en una amplia bolsa de papel.

-Ahí tienes – le dijo Harry a James pasándole la bolsa –, para que no te midas esta tarde.

-Si "señol"