12
EL TENDÓN DE AQUILES
-Kropp con la quaffle y se la pasa a la gata Williams – narraba Lee Jordan al día siguiente, los Chudley Cannons se enfrentaban de locales contra los Tutshill Tornados –¡oh, Gorky, el cazador de los tornados se la quita, y va directo hacia el guardián¡Vamos, Ron! Lanza y... ¡la ataja¡buena esa, Weasley!
El clima era agreste, una mezcla de agua nieve. Llevaban jugando más de una hora y Harry no veía por ningún lado a la pequeña y escurridiza snitch, parecía que se hubiera escondido para no mojarse. Además, la buscadora de los Tornados le pisaba constantemente los talones.
-Y si, señores, porque por donde pasa el agua el mojado deja y el marcador es 110 para los Cannons contra 80 para los Tornados. Ahora la quaffle la tiene Bean, va derechita hacia la portería de los Tornados, pero su guardián es muy bueno, de no ser así, estarían súper goleados. Bean con un quiebre le pasa la quaffle a Kropp...
Harry vio la snitch, volaba cerca de la portería de Ron, justo en el poste del centro, a varios metros del suelo. Se desconectó por completo del partido y dirigió su Nimbus 2-3D hacia ese lugar. No le importó que las gotas de lluvia le quemaran la cara debido a la gran velocidad a la que volaba, la buscadora de los Tornados iba detrás de él, pero Harry llevaba una gran ventaja, ya iba a llegar a la halada pelota y de un momento a otro el objeto cambió de lugar. Harry la siguió, no se iba a permitir perderla para seguir mojándose. Estiró su mano derecha y al hacerlo sintió un estirón de un tendón en su codo, no le prestó atención y siguió con lo suyo, hasta que segundos después tenía empuñada a la anhelada snitch.
-Gracias, gracias – le decía Belinda a Harry muy contenta cuando entraron al camerino –. Menos mal que la atrapaste, no aguantaba estar un segundo más allá arriba, mojándome.
-Casi que no la veo – reconoció Harry – y por poco se me escapa.
-Ni lo digas – intervino Kat, horrorizada –. Y tendremos que hacer algo con estas túnicas. No sé ustedes, pero yo voy a hechizar la mía para que sea térmica. Un juego más como este, con semejante frío y me congelo.
Salieron muy bien abrigados, y cada uno se dirigió a su respectiva casa, no tenían muchas ganas de celebrar con semejante clima. A la salida del estadio los esperaban Ginny y Richard.
-Felicidades – les dijo Ginny cuando los alcanzaron –. Muy buen partido, y grandes atrapadas, Ron.
-Gracias – repuso el pelirrojo muy satisfecho –. Creí que ya se habían ido.
-Pues, nos quedamos para invitarlos a una buena taza de chocolate – explicó Richard – que en estos momentos, no nos vendría mal.
-Y aceptamos sin protestar – dijo Ron.
Se dirigieron a Pomona y pasaron el resto de la tarde allí disfrutando del calor de la chimenea y de la agradable conversación con Ginny y su novio. A pesar de que a las pocas horas la lluvia desapareció, el frío se concentró más en el ambiente.
-Daría lo que fuera porque el receso de temporada se diera en estos momentos – decía Ron mientras miraba por la ventana, el vidrio estaba completamente empañado.
¿Falta mucho para eso? – le preguntó Ginny.
-Tres partidos más – informó Ron y suspiró.
Antes de irsen, Harry compró comida en el local, ni él ni Ron estaban dispuestos a cocinar. Al llegar a casa, Ron le mostró las fotos de James ya imprimidas.
-Se ven mejor así que en la pantalla de un computador – le dijo Harry maravillado.
-Lo que me sorprende es que hayan quedado bien tomadas. Por lo general te quedan chuecas y mochas.
-Bueno, es que, para esto me esmeré más. Tengo ganas de enviarle a Hermione unas cuantas.
-Si quieres se las envió a Libby a su correo electrónico – le propuso Ron –. Es más, voy a conectarme de una vez para ver si ella está en línea.
¿En línea tan temprano? – se sorprendió Harry –. Allá es casi media día.
-Por eso te digo que voy a ver si está en línea – repitió Ron como si Harry no lo hubiera entendido.
Después de treinta segundos que se demoró la conexión, Ron encontró a la chica en el messenger. Estableció una conversación con ella y la vio por videoconferencia. Parecía que estaba con la pijama y tenía dos colitas en el cabello. Ron también activó la videocámara y alistó el micrófono.
-Hola, chicos – les dijo ella con una sonrisa –. ¿Cómo va todo?
-Súper bien – contestó Ron –. Ganamos.
-Felicidades. Y qué¿bebieron mucho?
-Mucho chocolate – le dijo Harry –. Está haciendo un frío del demonio.
-Por aquí también, aunque creo que no tanto como allá.
¿Y James? – le preguntó Harry.
-No está. Creo que fue a intercambiar dulces con un amigo.
Harry se decepcionó, esperaba que el niño se encontrara en casa.
-Me voy a mi habitación – le dijo a Ron –, le mandas las fotos a ella ¿esta bien?
-Si, no te preocupes – contestó Ron.
Harry dejó a su amigo y en lugar de ir a su dormitorio se dirigió a la cocina para comer algo de lo que habían comprado, al tratar de sacar un plato de las estanterías, volvió a sentir el estirón en uno de sus tendones, y una vez más no le prestó atención. Una hora después:
¡Harry! – gritó Ron.
¿Qué? – contestó Harry desde la cocina.
¡Rápido!
¿Qué ocurre, Ron? – inquirió Harry nada más entrar en la habitación de su amigo.
-James – dijo Ron señalando la pantalla del computador.
Harry se acercó y efectivamente allí estaba en niño, aparentemente sentado en el regazo de Libby y llevándose un caramelo a la boca.
¿No podrías ampliar más la imagen? – le preguntó a Ron.
-Ya va. Listo.
Harry y Ron se contemplaron durante unos segundos en completo silencio, luego el pelirrojo entendió el mensaje.
-Si, ya me voy. Y más tarde tendrás que crear un correo electrónico.
Cuando Harry se sentó frente al computador, James ya estaba solo.
-Hola, James.
-Hola – chilló el niño, se había acercado demasiado a su micrófono.
-Habla normal, no te acerques tanto al micrófono.
-Bueno...
El clima fue empeorando con el pasar de los días y siguiendo el ejemplo de Kat, los demás integrantes del equipo (titulares y reserva), encantaron sus túnicas para que fueran térmicas. A medida que pasaban los entrenamientos, las molestias en el codo derecho de Harry fueron aumentando y prefirió no decir nada, convencido que con el receso de invierno desaparecieran. El siguiente partido se llevaría a cabo el día sábado en lugar del domingo, así que Harry habló toda la semana con su hijo para compensar el día que no podría ir a verlo, aunque deseaba trasladarse el domingo, pero Hermione le informó que ese día no estarían ya que los habían invitado a la fiesta de cumpleaños del hijo de uno de sus compañeros de trabajo.
-Es extraño jugar los sábados – comentó Belinda en el camerino mientras se acomodaba la cola que se había hecho en el cabello.
-Y en estadio ajeno – agregó Kat, se estaba mirando las uñas, que pasaron de un color rosa fuerte a lila opaco –. Mira, hasta mis uñas lo notan – Y le mostró sus manos a Belinda.
-Será que tú esmalte lo nota – aclaró Ron.
-Es lo mismo – dijo Kat con desdén.
-Bueno, ya saben, tenemos que ganar – decía Ralph dando vueltas por el camerino –. El clima no está tan agreste como la fecha pasada, así que nuestras posibilidades aumentan considerablemente. Ustedes tres – dijo mirando a Devon, Belinda y Kat –, ya saben que los Puddlemere United tienen una defensa excelente, y confío en que su juego y su coordinación sea excepcional para este encuentro, necesitamos la victoria para disfrutar tranquilamente del receso de invierno.
-Gracias por los ánimos – le espetó Kat.
-El guardián del equipo, Oliver Wood, fue mi capitán cuando estudiaba en Hogwarts – dijo Harry cuando salían hacia el campo de juego.
¿En serio? – preguntó Kat.
-Si, tu nos lo comentaste hace años, cuando tuvimos nuestro primer encuentro contra ellos – recordó Tommy.
Salieron al campo, y aunque el clima no era tan severo como había dicho Ralph, el frío que estaba haciendo era espantoso, afortunadamente sus túnicas eran térmicas. Ambos equipos esperaron a que fueran llamados por el comentarista de turno, los Puddlemere United utilizaban túnicas azul marino con dos juncos dorados entrecruzados.
¿Y quién es Wood? – preguntó Kat por lo bajo.
En ese instante Harry y Ron se acercaron a Oliver que los saludó con mucha amabilidad, les comentó que pronto se casaría con una bruja escocesa que había conocido siete meses atrás en un partido amistoso que su equipo jugó a las afueras de Glasgow. Al reunirse de nuevo con sus compañeros de juego, Kat les dijo sin rodeos:
-Ese Wood está muy bueno.
-Y nosotros, qué somos – le dijo Devon aparentemente ofendido, colocando sus manos en la cintura y sacando pecho.
Kat y Belinda se miraron y soltaron una carcajada.
-Perdóname – repuso Kat –, pero ninguno de ustedes le llega a los talones. Él es mucho mago.
-Mujeres – les murmuró Devon.
Ya llevaban casi dos horas de juego, aunque el marcador no lo reflejaba. En todo ese tiempo los equipos habían anotado muy poco, aunque los Cannons iban en desventaja, perdían 20 a 140 y nadie negaba que eso se debía a la excelente labor y experiencia de Wood como guardián.
-Ya no me cae tan bien – oyó comentar Harry a Kat cuando por décima vez la chica fallaba en anotar.
Segundos después vio la snitch, volando cerca de la tribuna occidental, salió disparado hacia ella, tenía que atraparla porque la ventaja que les llevaban era considerable. Al parecer el buscador de los Puddlemere no la había visto, aunque se encontraba más cerca de ella, pero en último momento, al ver la maniobra de Harry, se dirigió hacia la tribuna. Iban a la par, Harry estiró su mano derecha y la molestia en el codo se hizo presente, sin importarle eso se acomodó mejor en su escoba para tener mayor alcance. Tanto él como el buscador oponente se estiraron a más no poder mientras el dolor en su codo aumentaba; la snitch estaba muy cerca y no la perdería, no podía perderla, haciendo un esfuerzo descomunal atrapó la pelotita en su mano y exclamó una palabrota debido al dolor. Con la misma rapidez con que fue a su objetivo, bajó al nivel del suelo y desmontó su Nimbus 2-3D.
¿Qué pasó¿por qué la palabrota? – le preguntó Tommy, el primero en llegar hasta él para felicitarlo.
-Mi codo – masculló Harry asiéndose el codo con su mano izquierda, la snitch aún estaba en su otra mano.
¿Te lesionaste? – preguntó su compañero, asustado.
-Eso creo...
¡Bien hecho! – exclamó Ralph dándole unas palmaditas en la espalda a Harry –. ¿Qué te pasa¿por qué arrugas así la cara?
-Parece que Harry se lesionó – explicó Tommy al ver que Harry no era capaz de responder.
¡¿Qué¿lesionado¡No puede ser! – dijo Ralph sin dar crédito a las palabras de Tommy.
-Será mejor que lo revise un sanador– sugirió Tommy para tranquilizar al capitán.
-Pero que sea ya o de inmediato – repuso Ralph.
Todo el equipo se dirigió a los camerinos, Harry soltó la snitch y soportó los agudos dolores en su codo. A los pocos minutos de estar el equipo en el camerino, llegó un sanador para revisarlo.
¿Es muy grave? – inquirió Ralph de inmediato.
-No lo sabré si no lo reviso – le espetó el sanador, un hombre de mediana edad y aparentemente de malas pulgas.
Le subió la manga de la túnica a Harry, estiró su mano y con unos toques de su varita revisó cada milímetro de la zona afectada.
-Mmm, ya veo, ya veo – murmuraba el sanador a medida que iba avanzando en su evaluación, después miró a Harry, no sin antes mirar su cicatriz –: Gran atrapada.
Harry no le contestó, solo esperaba que aquel hombre le dijera qué tenía y le recetara una poción para desaparecer el dolor.
¿Y bien? – insistió Ralph.
-Voy a recetarle una poción muy efectiva contra el dolor. Si lo prefiere puede prepararla en casa o solicitarla vía lechuza.
-Vía lechuza – dijo de inmediato Ron.
-Muy bien – dijo el sanador –. Señor Potter¿confía usted en la medicina muggle?
-Si – murmuró Harry –. ¿Por qué?
-Porque este tipo de lesiones no son mágicas – explicó el sanador guardándose la varita en la túnica –. Verá, lo que usted padece es lo que los muggles llaman Tendinitis y lo más probable es que tenga que estar inactivo por lo menos tres semanas.
¡Tres semanas! – exclamó Ralph, horrorizado –. ¿No podrían ser tres días o tres horas¿No lo puede arreglar con un toque de la varita?
-No, he dicho por lo menos tres semanas – repitió el sanador con aspereza –. Y se lo arreglaría con la varita si los huesos del codo estuvieran rotos.
Ralph no protestó. El sanador sacó de su túnica un manojo de trozos de pergaminos y buscó entre ellos, al encontrar lo que buscaba le dio uno muy pequeño a Harry.
-Esa es la dirección de un médico fisioterapeuta muggle de toda confianza. Con él no tendrá problemas al decirle a qué se dedica y el por qué de su lesión. Valla el lunes a primera hora, entre más rápido se trate esa lesión, mejor. En cuanto a la poción, se llama brebaje Dolorán, una cucharada cada dos horas, durante tres días, le bastaran para desaparecer el dolor. También le recomendaría tomarlo para cuando comience sus terapias, que es lo más seguro.
-Es muy extraño que te hayas lesionado – le dijo Ron en cuanto llegaron a la casa. Sacó una pluma y un pergamino de una de las gavetas de la cocina y escribió en ella –. Es la primera vez que te pasa ¿verdad?
-Si – contestó Harry sin querer dar más explicaciones, se sentó a la mesa y dejó descansar su brazo derecho en ella.
Ron escribió algo en el pergamino, llamó a Pigwidgeon y la pequeña lechuza entró en la cocina, agitada como una loca. Ron la cogió en el aire y le amarró el pedazo de pergamino. Sacó del bolsillo de su pantalón un galeón y metiendolo en una bolsita de cuero, se la ató en la otra pata al animalito.
-Creo que en una hora ya tendremos tu brebaje listo – comentó Ron, veía marcharse a Pigwidgeon.
Una hora después llegó la lechuza con una petaca, Harry se tomó la cucharada, tal cual lo había dicho el sanador y de inmediato sintió el alivio en su codo. Aunque no le dolía tanto como antes aún tenía molestias y sin poderse contener, cogió el teléfono inalámbrico y se encerró en su habitación.
-Ya veras – murmuró Harry marcando una serie de números, sonó tres veces, luego –¡Hermione!
-Si¿con quién¿Harry?
-Si¿cómo estas?
-Bien, gracias. ¿Y tú?
-Mal – le espetó él.
¿Por qué¿qué ocurre?
-Me lesionaste – le dijo sin miramientos.
¿Qué?
-Que me lesionaste – repitió él, se acostó en la cama –. Y estaré inactivo por lo menos tres semanas.
Silencio absoluto.
¿Estas... estas seguro?
-Claro. Me duele el codo como no te imaginas, acabo de tomarme una poción para disminuirlo.
¡Oh, Harry! Lo siento... yo... Tú me retaste – argumentó ella.
-Pero yo te lo advertí – le dijo Harry –. Te dije que podías lesionarme... y mira. Ahora tengo que ir donde un médico muggle porque los sanadores mágicos no tratan este tipo de cosas.
-Si, porque no son mágicas. Pero tendrás que ir donde un médico de confianza, generalmente te preguntan a que te dedicas y todas esa cosas, de esa manera saben que clase de terapias necesitas.
-Por eso no hay que preocuparse – repuso Harry –. El sanador que me revisó me recomendó un fisioterapeuta muggle de confianza, el lunes a primera hora tengo que estar en su consultorio.
-Bueno, lo más seguro es que comiences con las fisioterapias ese mismo lunes – observó Hermione –. Así que tendrás que seguir al pie de la letra las instrucciones del doctor y no mover tu brazo con demasiada frecuencia. A lo mejor también te ponen ejercicios complementarios y no les vallas a hacer el feo que es por tu bien...
El lunes a primera hora Ron se dirigió a la concentración del equipo para la jornada de acondicionamiento físico; con una gran impotencia, Harry fue hasta el consultorio del doctor muggle. Para evitarse molestias en su brazo a la hora de conducir, Harry tomó un autobús público para dirigirse a Londres, el consultorio estaba ubicado en un vecindario de clase media de la ciudad, una zona completamente residencial, por lo cual Harry se sorprendió ya que creyó que iría directamente a un hospital. La dirección que le había entregado el sanador era la de una casa de dos pisos, por el tamaño que tenía se asemejaba a una mansión, pero sin la opulencia de esa clase de moradas y sobre la puerta colgaba un letrero en madera que decía: "Dr. Morgan. Fisioterapia". Al ingresar en ella una recepcionista lo atendió.
-Bienvenido. ¿En qué le puedo ayudar?
-Necesito una consulta con el doctor Morgan, es urgente – dijo Harry.
¿De qué padece usted? – preguntó la recepcionista llenando una planilla.
-Lesión en el codo derecho.
-Su nombre, por favor.
-Harry James Potter.
-Muy bien, señor Potter – decía la recepcionista –. Tenga la amabilidad de sentarse que en unos minutos el doctor lo atenderá.
Harry se sentó en unos asientos frente a ella, eran las nueve y diez de la mañana y no había nadie más esperando por atención. A los cinco minutos de que se hubiera sentado, la enfermera le indicó que podía pasar.
-Esta puerta de la izquierda, por favor.
Harry ingresó en la habitación y el consultorio era completamente muggle. Sentado, en un escritorio se hallaba el Doctor Morgan, un hombre muy joven de cara bonachona.
-Buenos días, señor Potter, siéntese por favor. ¿En qué le puedo ayudar?
-Verá – le dijo Harry tomando asiento frente a él –, lo que ocurre es que parece que estoy lesionado en mi codo derecho. No puedo mover el brazo – explicó Harry – y tengo dolores muy agudos.
-Ya veo – murmuró el doctor mientras escribía sobre la planilla que anteriormente tenía la recepcionista –. ¿Ha tomado algo para controlar el dolor?
-Si, brebaje Dolorán – dijo Harry sin rodeos.
El doctor dejó de escribir y miró con rapidez a Harry.
-Soy mago – le corroboró él.
-Entiendo – dijo el doctor, dejó a un lado la planilla y se levantó de su escritorio. Fue hasta su archivador y de él sacó una carpeta de documentos en cuero –. Siendo así, para los pacientes como usted tengo un sistema separado de historias clínicas.
¿Han venido más magos a consultarlo? – le preguntó Harry muerto de curiosidad, nunca se imagino que algún mago se dejara atender por un doctor muggle.
-Si, se lesionan con más frecuencia de la que ellos creen – comentó mientras sacaba de la carpeta un pergamino en blanco –. Y como los sanadores no curan este tipo de cosas...
¿Pero, usted también es mago?
-No, yo soy muggle.
-Entonces¿cómo supo de nosotros, es decir ¿cómo es que usted tiene pacientes magos?
-Porque mi abuela es bruja – le explicó el doctor, transcribía al pergamino todo lo que tenía anotado en la planilla –. Gracias a ella es que han venido a mi personas como usted y esas personas traen a más. Siguiendo con la consulta¿desde cuándo sintió los dolores en su codo?
-Desde hace una semana – informó Harry.
¿Y a qué se dedica?
-Soy jugador profesional de quidditch – contestó Harry, dándose cuenta de lo extraño que sonaba explicarle eso a alguien que no tenía una gota de sangre mágica en sus venas.
-Muy bien – dijo el doctor al terminar de escribir –. Haga el favor de sentarse en la camilla.
Harry fue hasta la camilla, ubicada al lado izquierdo de la puerta, pegada a la pared. Se sentó, se quitó la bufanda y la chaqueta y se dobló la camisa, dejando al descubierto su codo derecho.
-Esto puede que le duela un poco – le advirtió el doctor mientras palpaba con sus dedos el codo de Harry.
Harry esperó a que apareciera el dolor, pero seguramente por la delicadeza con la que el doctor examinaba toda esa zona el dolor no se hizo presente.
¿Entonces, solo es una simple molestia? – preguntó Harry, bajándose de la camilla.
-Me temo que no – contestó el doctor, luego apretó el botón de su teléfono – .Señorita Monroe, que Mathew prepare la sala de rayos x, por favor. Al señor Potter se le harán unas radiografías.
-En seguida, doctor.
¿Radiografía? – le preguntó Harry muy asombrado.
-Si, señor Potter, me temo que usted sufre algo más que una simple molestia o Tendinitis.
¿Qué quiere decir? – inquirió Harry.
-La radiografía que en minutos le realizaremos servirá para comprobar si lo que tiene es una rotura de ligamentos y si es así, deberá operarse.
Harry casi se desmaya, nunca en su vida se había hecho una cirugía, aunque en varias ocasiones la enfermera Pomfrey le había cosido la piel, pero con un toque de la varita. Ambos se dirigieron a la sala de rayos x, ubicada también en el primer piso y media hora después, el doctor le dio su diagnostico final.
-Si, rotura de ligamentos – confirmó el doctor, observando la radiografía colocada sobre un tablero luminoso –. Si desea programamos su cirugía de inmediato.
¿Y me garantiza que todo volverá a la normalidad?
-Por supuesto – le dijo el doctor en tono apacible –. Entre más rápido se corrija esa lesión, mejor.
¿Y por cuánto tiempo estaré inactivo? – preguntó Harry temiéndose que estaría fuera de competencia un año entero.
-Dos meses, y en ellos está incluidos la incapacidad post-operatoria y las terapias de recuperación.
-O sea, que en dos meses podré volver a jugar – analizó Harry.
-Siempre y cuando tenga los cuidados adecuados – concluyó el doctor.
-El viernes me operan – le dijo Harry a Ron en cuanto su amigo llegó a la casa luego de la jornada de acondicionamiento, era más de las cuatro de la tarde.
¿Tan grave es? – preguntó Ron.
-Rotura de ligamentos – informó Harry y le mostró su codo –. Hasta me pusieron esta cosa, parece una férula, para que no mueva mucho el brazo y no lo empeore.
¿Y te va a operar un muggle? – inquirió Ron, horrorizado.
-No hay por qué preocuparse, Ron – dijo Harry con desdén –, la medicina muggle está muy avanzada.
Ron se encargó de comunicarle al equipo sobre los resultados de la consulta de Harry. Ralph casi se echa a llorar cuando se enteró que su buscador estaría inactivo por dos meses. Por otra parte, Harry les informó a James y a Hermione sobre su cirugía y el día que se llevaría a cabo. El jueves en la noche, fue James quien lo llamó.
-"Quelía" "decealte" "suelte" – le dijo el niño con tristeza.
-No te preocupes – le dijo Harry en tono tranquilizador –. Mira, la cirugía durará dos horas y mañana mismo, en las horas de la tarde, abandonaré el hospital.
-"Pelo" eso duele.
-No, no duele – repuso Harry –. Y te prometo que en cuanto esté recuperado, voy y te visito.
El viernes en las horas de la mañana, Harry se dirigió al Hospital San Andrews, allí se llevaría a cabo la cirugía. Ron se ofreció para acompañarlo y se dirigieron al hospital en la mini-van de Harry. El pelirrojo se quedó con la boca abierta cuando vio la sala de cirugía que ocuparía Harry.
-Estos muggles están en lo último – le dijo Ron por lo bajo cuando se dirigían a la habitación que le habían asignado a Harry –. Es esta ¿no? Habitación 3456.
-Bueno, tiene lo esencial – observó Harry mientras le echaba un ojo a lo que había en ella.
Era totalmente blanca, con un ventanal al lado izquierdo de la cama, frente a ella y elevado en un estante se hallaba un televisor pequeño, lo mismo que una mesa con rodachinas para que el paciente se alimente, bajo el ventanal estaba un amplio sofá en el cual se sentarían cómodamente cuatro personas y al lado derecho de la cama, una mesa de noche.
-Si, mira, la televisión para que yo vea mientras sales de cirugía – dijo Ron señalando la tele –. Es más, la veré acostado en la cama, para mayor comodidad.
-También hay baño – lo interrumpió Harry asomando la cabeza por la puerta del mismo.
-Ah, bueno, más comodidad.
Media hora después, Harry ya tenía puesta una bata blanca con pepitas azules y tuvo que aguantarse las burlas de Ron sobre su particular vestimenta.
-Es para la cirugía, no más – le espetó Harry con fastidio.
-Si tu lo dices... – le dijo Ron tratando de contener la risa.
En ese momento ingresó el doctor Morgan, vestido con un uniforme azul agua marina, acompañado de una enfermera y dos jóvenes que llevaban una camilla con rodachinas.
-Todo está listo, señor Potter – dijo el doctor, Harry tragó saliva debido al miedo –. Lo llevaremos a la sala de cirugía y allí se le aplicará la anestesia. No hay de qué preocuparse, usted estará en las mejores manos.
-Suerte – le susurró Ron dándole unos golpecitos en el hombro.
Lo transportaron a la sala de cirugía acostado en la camilla, quedaba tres pisos arriba de su habitación y nada más ingresar una de las seis personas que se encontraban allí lo anestesió con una mascara de oxigeno. Vio un arco iris y corrió para deslizarse por él. La caída se hizo eterna y divertida, y de un momento a otro una luz cegadora hizo que cerrara con fuerza los ojos, al abrirlos vio una silueta borrosa hacia su izquierda y esa misma silueta le puso las gafas.
-Hermione – dijo Harry en voz baja, con la boca completamente seca debido a la anestesia.
-Hola¿cómo te sientes? – dijo ella en voz baja, muy cerca de él. Harry se extrañó de no haberla reconocido, y es que no llevaba el cabello suelto.
-Tengo sed.
Hermione se alejó y segundos después regresó con un vaso de agua. Apretó un botón que había en la litera izquierda de la cama y poco a poco la posición de Harry pasó de ser acostado a sentado.
-Ten, solo puedes tomar agua – le dijo ella pasándole el vaso.
-Gracias – dijo él luego de beberse todo el contenido.
La puerta del baño se abrió y de él salió James, en cuanto vio a Harry despierto corrió hacia él, pero Hermione lo detuvo.
-Con cuidado – le dijo ella.
Lo levantó y lo sentó al lado izquierdo de Harry.
¿Duele? – preguntó James rozando con suavidad el codo derecho de Harry, en esos momentos estaba vendado.
-No, para nada – contestó él con una sonrisa. James se prendió a su cuello, aunque sin el ímpetu de siempre, parecía no querer lastimarlo, Harry lo abrazó con su brazo sano –. ¿Qué hora es? – le preguntó a Hermione.
-Casi las dos de la tarde – respondió ella mirando su reloj.
¿Y desde cuándo están aquí?
-Desde hace poco más de dos horas – dijo Hermione.
-Pero, entonces... se levantaron muy temprano para venir. Es decir, debieron haberse trasladado como a las cinco de la mañana de allá.
Hermione se encogió de hombros.
¿Y sabes qué? – le preguntó James cuando se soltó de su cuello.
¿Qué? – dijo Harry con interés.
-Que vamos a "estal" todo el fin de semana para "cuidalte".
Se iba a sorprender Harry por lo que James le dijo cuando llegaron Libby y Ron, ambos con sonrisas de suficiencia.
-Hola – dijo ella al ver que Harry estaba despierto –. ¿Qué tal¿recuerdas cómo te llamas¿A qué te dedicas, etc, etc, etc.
-No – repuso Harry, fingiendo confusión.
¿Estas seguro que tu médico no era mago? – le preguntó Ron.
-No me acuerdo – dijo Harry.
-Seguramente tampoco recordará que nos heredó en vida, dejándonos todas sus pertenencias – le dijo Libby a Ron, como quien no quiere la casa.
-Basta – les ordenó Hermione en un semblante muy serio –. Van a marear a Harry con sus comentarios¿no ven que acaba de salir de una cirugía?
-Si – contestaron Ron y Libby al unísono.
-Entonces, compórtense – les dijo Hermione.
¿Cómo quieres que nos comportemos? – le preguntó Libby –. No vez que tenemos una cita para el fin de semana.
¿Ustedes dos¿juntos? – les preguntó Hermione arqueando las cejas.
-Nosotros dos – confirmó Ron –. Ella con un doctor y yo con una enfermera.
¿Tú, saliendo con una chica muggle? – le preguntó Hermione en tono burlón.
-Si, y qué – dijo él con la cabeza erguida, aunque algo sonrojado.
¿Y no piensas ayudar a Harry en su convalecencia? – le preguntó Hermione con perspicacia.
-No nos vas a dañar el plan, Hermione. Me costó mucho convencer a Ron para que aceptara invitar a esa chica – intervino Libby –. Además, si mal no recuerdo, aquí la enfermera serás tú.
