14

MUNDO DE FIERAS

El ambiente relajado que reinaba en la sala desapareció por completo. Al parecer, Hermione se había ido. Harry miró a James, que en esos momentos miraba a Tamara con el entrecejo fruncido, Ron y Libby miraban a la chica de hito a hito, pero ninguno dijo nada.

-Tommy me contó lo de tu cirugía – le dijo la chica con una sonrisa, sin percatarse de la presencia de los demás en el lugar –. Lo que me sorprende es que no me hayas dicho nada.

-Es que... – balbuceó Harry – todo fue a última hora. Además, tu no me hablabas, así que yo pensé...

-Tu salud me importa, Harry – lo interrumpió ella –, y el que no te hablara no es disculpa para no haberme informado lo que estaba ocurriendo.

-Es una lástima, ¿verdad? – intervino Ron con burla.

-¡Ron! Estás aquí, no te había visto – le dijo ella sonriendo, luego su actitud cambió al ver a Libby a su lado –. Buenas tardes – agregó de manera cortante.

-Hola – la saludó James, aún con el ceño fruncido, para hacerse notar.

-¡Oh, tú también! – le dijo al niño con ternura –. Has venido a visitar a tu padre.

-Sí, y a "cuidalo"

-¿Cuidándolo, tú? – repitió de manera despectiva.

-Mi mamá y yo – le aclaró James.

-No te importa que lo hubiera besado ¿verdad? – le dijo Tamara a Libby –. Cómo entre ustedes ya no hay nada.

-¿Cómo? – le preguntó Libby, desconcertada.

-Si – ratificó Tamara con insolencia –. Ustedes tiene un hijo, y yo lo entiendo. Pero ahora no tienen nada.

Libby y Ron se miraron con la boca abierta.

-Mira, Tamara, no es lo que crees – empezó a decir Harry.

-¿Quieres decir que todavía tienes algo con ella? – le preguntó Tamara en voz baja.

-Y si es así, ¿qué? – le dijo Libby, mirándola con malicia –. Creo que eso no es de tu incumbencia.

-Por supuesto que lo es, y no quiero discutir contigo – le espectó Tamara, levantándose del sofá –. Eso está por debajo de mi categoría.

-Entonces debe estar en el fango, porque lo que me das a entender es que tú categoría es muy baja – repuso Libby tranquilamente, levantándose del suelo y con una sonrisa triunfante, era mucho más alta que Tamara –, porque andarse burlando de los comentarios de un niño es bastante grosero.

Harry iba a protestar, nadie tenía por qué estar discutiendo en la sala de su casa, pero Ron le abrió notablemente los ojos al percatarse de las intenciones de su amigo, para que se quedara callado.

-Yo no me estoy burlando de tu hijo. Y si no me dejas en paz, soy capaz de convertirte en cucaracha.

-No sin antes haberte lanzado una maldición de babosas espumosas – le dijo Libby con descaro.

-Una ¿qué? – inquirió Tamara, luego la miró con la boca abierta. –. ¿Eres bruja?

-Si, y parece que tú no, porque eso de no saber sobre la maldición de babosas espumosas... – dijo Libby con una sonrisa burlona.

-Deberían enseñarte buenos modales – le espetó Tamara.

-Y tu deberías tener dos profesores. Uno que te enseñe magia – le dijo Libby con malicia, luego la miró de pies a cabeza –, y otro que te de clases de buen gusto.

Ron se tapó la boca para no reírse mientras James miraba maravillado a su madrina.

-¡Harry! – exclamó Tamara –. Controla a esa mujer.

-Eso es imposible – le dijo Harry con desdén, estaba harto de la situación –. Será mejor que te marches, Tamara.

-Como quieras – dijo la chica con altanería –. Que te recuperes pronto.

Salió de la sala y Libby la siguió.

-Se me olvidaba – le iba diciendo mientras la seguía hasta la puerta –, la madre de James es la chica que te abrió, pero me has alentado a conquistar a Harry. ¡Adiós!.

-¿Por qué no me dejaste intervenir? – inquirió Harry, mirando a Ron.

-Porque cuando hay discusiones entre chicas, nadie se puede meter – terció su amigo – y menos con una chica como Libby.

-¿Y dónde se metió Hermione? – preguntó Libby, mirando hacia las escaleras –. ¿Será que subió por los colores de James?

-Eso es lo que iba a hacer – dijo Harry con desanimo, levantándose del sofá –. Voy a hablar con ella.

-No – lo atajó Libby –. Ahora no.

-¿Por qué? – gruñó Harry.

-Hazme caso – le dijo Libby con tono de paciencia –. Y que te quede claro que no eres mi tipo. Me voy a arreglar.

A las seis de la tarde Ron y Libby se despidieron de Harry y James, que aún seguían en la sala. Libby le bajó los colores al niño para que siguiera con su obra artística. Tanto ella como Ron iban muy bien arreglados y debidamente abrigados por el intenso frío que hacia.

-Nos separamos en el hospital – explicó Ron, al ver que Harry se sorprendía porque salían juntos –. No sé a qué hora llegue, pero te comportas bien.

-Hermione está descansando – le dijo Libby a Harry y a James –, así que por favor, no la interrumpan, la pobre ha hecho mucho en estos dos días.

-Si, tía – dijo James, mansamente.

-Cuida bien de tu papá – le susurró Ron. El niño asintió.

-Pues, veamos tele – le propuso James a Harry en cuanto Ron y Libby se marcharon de la casa.

-¿Y qué quieres ver? – le preguntó Harry pasando los canales con el control remoto.

-"Milemos" si hay Bob Esponja – sugirió James con una sonrisa. Se sentó al lado izquierdo de Harry y apoyó la cabeza en su brazo.

Para gran fortuna de James, en ese horario estaban emitiendo un capítulo de Bob Esponja y aunque era repetido, el niño lo vio gustoso.

-James ¿me pasas el brebaje, por favor?

-Si.

-Y también la cuchara.

-Listo – dijo el niño sosteniendo entre sus manos lo que le había pedido Harry.

-Ten la cuchara con las dos manos, yo voy a poner un poco de brebaje en ella y luego me la metes a la boca, ¿está bien?

-Si, fácil.

Con mucho cuidado, Harry fue depositando el contenido del frasco en la cuchara que James trataba de sostener con esfuerzo. Cuando estuvo llena, Harry se inclinó un poco para que el niño se la metiera en la boca.

-Gracias – dijo Harry en cuanto se bebió la poción.

-Pintemos.

-No sé – dijo Harry dudoso –, no puedo manejar muy bien la mano izquierda.

-Pues "aplendes" – repuso el niño, como si eso fuera la labor más fácil del mundo.

-Esta bien – aceptó Harry con una sonrisa, sentándose en el suelo para pintar sobre la mesa.

Resultó una labor muy difícil, no sabía cómo coger el color y cuando intentaba colorear una zona lo único que conseguía hacer eran rayones desiguales. Al final, cerca de las ocho de la noche, los paisajes de James eran mucho más bonitos que los que había pintado él.

-El tiempo se pasa rápido – comentó Harry mirando su reloj –. Será mejor que comamos algo.

-Si, ya me dio "hamble" – dijo el niño, levantándose del suelo.

Harry se puso a hurgar en la cocina, mientras James permanecía sentado en la mesa. Fue bastante complicado revisar el estante de la comida con la mano izquierda para poder sacar unas latas de atún, mayonesa y galletas de soda.

-Voy a tratar de hacer una ensalada de atún bien sencilla para comerla con galletas – le dijo a James.

-Y con cebolla – complementó James.

-Si, sabrá delicioso – coincidió Harry –. Creo que hay cebolla picada en el refrigerador.

Se dirigió al refrigerador y cogió el picaporte.

-¡Harry! – exclamó Hermione.

-¿Qué? – dijo él, después de dar un respigo.

-¿Qué haces? – le preguntó ella avanzando hasta él con el ceño fruncido.

-Tratando de preparar algo de comer – le explicó.

-Siéntate, yo lo haré. ¿Y por qué no me buscaron?

-Libby dijo que estabas descansando – argumentó Harry, sentándose al lado de James.

-Pues si – repuso ella, sacando cosas del refrigerador –. ¿Pero si te hubieras lastimado?

-Se arreglará con otra operación – contestó Harry tratando no reírse.

-No es gracioso. Si no te cuidas no podrás volver a jugar – le dijo ella con seriedad –. Y nada de mayonesa, esto es salado.

Sacó su varita mágica y con un movimiento de ella la cocina tomó vida. El atún fue directo al corta latas y en cuanto estaba destapado, se dirigía a un recipiente y se depositaba en él, y la lata vacía iba directo a la basura; lo mismo pasó con unas latas de maíz. Un cuchillo picaba lechuga y cebollas y el otro pelaba papas. Las papas fueron hasta una olla con agua para cocinarse solitas y quince minutos después fueron trituradas para que se convirtieran en puré con leche, en reemplazo de la mayonesa.

-Hermione, lo que pasó ahora...

-No importa, Harry. Es tu vida.

-Pero yo quiero explicarte – protestó él.

-Y yo no quiero escucharte – le dijo ella distraídamente, supervisando la ensalada que se estaba revolviendo con un cucharón –, déjalo así. ¿Ya te lavaste las manos, James?

-No "señola". Ya voy

-Y no corras. Cuidado con las escaleras.

-Es increíble que no me des una oportunidad... – dijo él levantándose de la mesa.

-No la necesitas – repuso ella con tranquilidad, Harry se hizo a su lado –. Picaré unos huevos cocidos.

Se dio la vuelta con brusquedad y chocó contra Harry.

-¡Aaaaaaaah! – gritó él, llevándose la mano izquierda al codo.

-¡Ay, no! ¡Te lastimé! – exclamó Hermione, alarmada. Lo llevó hasta la mesa y lo sentó –. Perdóname, no era mi intención... ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho!

-Agua – masculló Harry.

Hermione buscó un vaso con rapidez, lo llenó de agua y se sentó al lado de Harry, corriendo el asiento para podérselo dar directamente en la boca.

-Tómatela toda – le decía con la voz quebrada mientras le daba el agua con la mano derecha, sosteniéndole la cabeza hacia atrás con la izquierda –. Voy a llamar a tu doctor. ¡Que tonta!

Harry terminó de tomarse el agua, con mucho esfuerzo. Hermione dejó el vaso sobre la mesa y en ese momento Harry le tomó la cabeza y la acercó a él para besarla. Hermione se separó con rapidez y ¡PLAF, le propinó una bofetada.

-¿A qué estas jugando? – inquirió ella, echando chispas por los ojos y levantándose de un brinco.

-A nada – repuso Harry, masajeándose la mejilla para aminorar el dolor –. Y no sé por qué me pegas, no es la primera vez que te beso.

-No es por el beso – replicó Hermione, hecha una fiera, con la cara tensa y roja como un tomate –. No te lastimé, ¿verdad?

-No.

-¿Y por qué demonios tenías que montar toda esa película? ¡Me asustaste!

-Fue la única manera que encontré para que me escucharas – contestó Harry – y para que supieras que Tamara no me importa y que llegó aquí sin ser invitada. Ella está loca.

Hermione abrió la boca para protestar, pero desistió de su intento cuando James ingresó nuevamente a la cocina y ocupó el lugar en el que ella había estado sentada. La chica les dio la espalda y se dispuso a servir la comida.

-¿Qué te pasó? ¿"Pol" qué el "velde"? – le preguntó James a Harry señalándose la mejilla.

-Es rojo – lo corrigió Harry.

-¿Ese no es el "velde"? – preguntó el niño entornando los ojos. Harry negó con la cabeza –. ¡Oh! ¿Y qué pasó?

-Pues... – empezó a decir Harry.

-Pasó que tiene lo que se merece – dijo Hermione distraídamente, colocando los platos delante de ellos.

James miró a su madre, que en esos momentos aún tenía la cara tensa y un poco colorada.

-Tú también estas "lala" – comentó el niño.

-Es que esto – dijo ella, señalándose el rostro – causó eso – finalizó señalando la mejilla de Harry.

-¿Lo contagiaste? ¿Estas "enfelma"? – le preguntó James, abriendo los ojos como platos.

-Casi – contestó Hermione apretando los dientes y dirigiéndole a Harry una mirada asesina.

-Entonces, también te voy a "cuidal" a ti – sentenció el niño sonriéndole. Hermione le devolvió la sonrisa.

-¡Ay que ver! – murmuraba Hermione una hora después, los tres estaba en la habitación de Harry y ella le desabotonaba la camisa, de una manera un tanto brusca –. Hacerme semejante broma... Y ganas no me faltaron de lastimarte de verdad cuando me di cuenta... Pobre de ti... Me pasas la camisa, James – le dijo al niño señalando la camisa del pijama que estaba sobre la cama.

-¿Esta azul? – preguntó el niño sosteniendo la prenda.

-Es verde – lo corrigió Hermione con amabilidad.

-"Velde", "velde" – repetía el niño para aprendérselo.

-Pero, no te enfades así conmigo – le dijo Harry, colocando los brazos hacia atrás –. No es para tanto.

-Claro, tú no fuiste el que se angustió ¿verdad? – murmuró ella con ironía, subiéndole la camisa del pijama –. Y yo pensé que me había tirado tu operación, o que te ibas a quedar con el brazo inservible para toda la vida.

-Bueno, afortunadamente no fue así – observó Harry con una sonrisa.

-Ya me dirás que no fue así – le dijo ella abotonándole la camisa, mirándolo y echando chispas por los ojos –. Es el colmo.

-¿Y mañana a que hora se van? – le preguntó Harry, para cambiar el tema de conversación.

-En la tarde – contestó Hermione en el momento en que abotonaba el último botón.

Subió un poco la camisa de Harry y le desabrochó el cinturón, desabotonó el pantalón y bajó la cremallera del mismo con brusquedad, Harry creyó que estuvo a punto de ser castrado.

-Con cuidado – le dijo Harry en un hilo de voz.

-Voy a ver si para el próximo fin de semana nos trasladamos de nuevo – comentó Hermione sin oír las quejas de Harry, bajándole los pantalones –, siempre y cuando no tenga consejo de redacción. – Suspiró –. Siéntate.

Harry se sentó en la cama, al lado de James, que en ese momento estaba acostado. Hermione tomó los pantalones del pijama mientras Harry se sacaba los zapatos tenis con los pies.

-Mami, ¿puedo "dolmil" aquí?

-No sé – contestó ella distraídamente, poniéndole los pantalones a Harry –. Me da miedo que lastimes a tu papá.

-Me quedo quietito – dijo el niño, suplicante –, y la cama es muy "glande".

-Yo no veo problema – opinó Harry, levantándose y terminando de subirse los pantalones.

Hermione miró a su hijo durante unos segundos, el niño le sonreía mientras asentía con la cabeza.

-Pues...

-Mira – la interrumpió Harry –, para que no te preocupes, James duerme al lado izquierdo mío.

-Esta bien – dijo Hermione, resignada –. Pero te acuestas a dormir ya – agregó dirigiéndose a James.

-Si, si – gritaba el niño, dando saltos sobre la cama y rebotando varios centímetros. Hermione lo cogió en el aire para evitar que en un paso en falso cayera al suelo.

-Entonces, vamos a cambiarte – le dijo ella, saliendo de la habitación con James en brazos.

Harry se acomodó en la cama y le organizó un lugarcito a James. El niño apareció a los cinco minutos con una pijama azul y una manta en los brazos.

-Ya – anunció James, adentrándose entre las pesadas sabanas.

-¿Y tu mamá?

-Esta "olganizando" el "lincón" de "Closaks".

James se pegó al brazo izquierdo de Harry, abrazando su manta. Hermione llegó a los pocos minutos, con la pijama puesta y encima una bata blanca.

-Ya está – dijo ella, cobijando bien a James –. Crookshanks ya se durmió y ahora les toca a ustedes dos.

-Bueno – dijo James, mansamente –. "Pelo" quédate un "latito" aquí.

-Esta bien – aceptó ella después de meditarlo unos segundos –. Pero te duermes rápido – Y dicho esto se metió entre las sabanas, al lado de James. Sacó su varita y apuntó al codo derecho de Harry –: Férula – en ese lugar aparecieron dos tablillas amarradas con vendas.

-¿Por qué no me pusiste esas en las que puedes moverte.?

-Recuerda lo que dijo el doctor: Inmovilidad completa. Además, creo que esa te la colocan para cuando inicies la fisioterapia – se volvió a guardar la varita y se acostó.

-Se "demolan" – dijo James después de unos segundos en silencio.

-¿Quiénes? – preguntó Harry.

-Mi tía y Ron – contestó James, se incorporó y miró a su padre –. ¿Las citas "dulan" tanto?

-Pues... – masculló Harry – eso depende con quién salgas. A veces son cortas, pero entretenidas. Otras veces son largas y aburridas. No sé.

-Mi amigo "Thiely" ha tenido un montón de citas – comentó James –, y dice que son de lo "mejol".

-Bueno, es que no puedes atenerte a lo que digan las demás personas – repuso Harry –, tienes que experimentarlo por tu cuenta.

-Yo no tengo afán. Estoy muy chiquito – le dijo James distraídamente, después miró a Hermione –. Se "dulmió"

Harry también la miró, estaba profundamente dormida, ni siquiera se había quitado la bata, pero se cubrió muy bien con las sábanas.

-Creo que está cansada – le susurró Harry a James –. Es mejor dormirnos también.

Harry se despertó pasada la media noche con la cara sudando, al principio no entendió por qué, ya que no había soñado absolutamente nada y la calefacción no estaba al máximo, después comprendió que eso se debía a la férula rudimentaria que le había puesto Hermione, le incomodaba tanto que lo había hecho sudar. Se levantó con delicadeza para no lastimarse y no despertar ni a James ni a Hermione. El niño estaba dormido, firmemente abrazado a su manta y un poco encogido. Hermione les daba la espalda. Harry fue hasta el baño de su habitación y abrió el grifo del lavamanos un poco, para que el ruido del agua no tuviera mucho eco y llenando su mano izquierda con el vital líquido se mojó el rostro tres veces, hasta que lo sintió completamente fresco. Al salir del baño y cerrar la puerta, Hermione se despertó sobresaltada.

-¿Qué ocurre? – le preguntó Harry en voz baja.

-Creo que me quedé dormida – respondió Hermione, restregándose los ojos.

-Desde hace mucho – repuso Harry –. Es más de media noche.

-¿Por qué estas levantado? – le preguntó ella, levantándose también y avanzando hacia él –. ¿Estas bien?

-Si, solo tenía un poco de calor. Gracias a esto – agregó señalando la férula.

-Lo siento, pero es por precaución – le susurró Hermione, tomándolo del brazo izquierdo y llevándolo hasta su lado de la cama.

-Pero me pica.

-Solo es por unos días, Harry. No te quejes.

Ayudó a que él se acostara y lo cubrió con las sabanas para después ella sentarse a su lado derecho.

-Voy a arreglarlo para que no te fastidie – dijo ella, sacando la varita – Cambiaré esas tablillas de madera por unas de plástico ¿qué te parece?

-Creo que serán más cómodas – opinó Harry con sinceridad.

Hermione dio un golpe seco con la varita y en un abrir y cerrar de ojos las tablillas se transformaron en plásticas.

-Bueno, creo que por ahora esto bastará – dijo Hermione, guardándose la varita y muy satisfecha.

-Si, creo que si – comentó Harry, tocándose la nueva férula –. Gracias.

-Bueno, me voy a dormir, mañana hay mucho que hacer.

Tomó impulso para levantarse, pero Harry le tocó el rostro con la mano izquierda y ella lo miró. Harry movió la mano hasta la nuca y atrajo a Hermione hasta él, para besarla de nuevo. A pesar de todo lo que había pasado en esa tarde, Hermione no opuso resistencia y puso sus manos sobre el pecho de Harry para besarlo con mayor comodidad. A medida que pasaban los segundos, el beso se hacia más intenso. Al principio solo fue el juego entre los labios y después la lengua se sumó a la acción. La respiración de ambos se fue haciendo más fuerte, rítmica y profunda en el momento en que las suaves manos de Hermione desabotonaron el botón superior de la camisa de Harry he introducía su mano derecha por allí.

-¡Estúpidos muggles! – masculló alguien que pasaba al otro lado de la puerta de Harry.

Harry y Hermione pararon el beso y miraron hacia la puerta, sin apenas apartarse el uno del otro.

-Creo que esa era Libby – murmuró Hermione, luego se dio cuenta en la posición en la que estaba y que James dormía al lado de Harry –. ¿Qué estamos haciendo?

Apartó la mano con rapidez y volvió a acomodarle correctamente el botón a Harry. El soltó su nuca y dejó descansar su mano izquierda sobra la cama. Hermione se levantó y abrió con cautela la puerta, mirando hacia la izquierda porque en esa dirección estaba la habitación donde dormía. Salió de la habitación, no pasaron ni siquiera veinte segundos cuando regresó.

-Será mejor que la deje sola – comentó ella, acostándose al lado de James.

-¿Qué ocurrió? – preguntó Harry lleno de curiosidad, estaba muy interesado en saber por qué demonios los habían interrumpido.

-No sé – admitió Hermione –. Pero creo que la cita le salió mal.

El desayuno de la mañana siguiente fue bastante extraño. Libby, que por lo regular siempre estaba de muy buen humor llevaba una cara de puño; Ron, que había llegado cerca de las dos de la mañana tenía una radiante sonrisa. Harry se limitó a comer las cuencas de avena que Hermione le había preparado.

-Y... ¿cómo estuvo tu cita? – le preguntó James a su madrina con vacilación, pinchando con el tenedor una de las salchichas asadas que le había dado su madre.

-Mal – gruñó Libby con desdén, mordiendo una tostada.

-¿"Pol" qué?

-Porque no tuvo nada de romántica – le explicó Libby – Supuestamente iríamos a cenar, pero mentiras. Me llevó a Walthamstow...

-¿El hipódromo de los perros raza whippets? – la interrumpió Ron.

-Bueno, si es de perros no sería hipódromo – lo corrigió Libby con desanimo –. La cuestión es que la cena fue allí y yo me había arreglado muy bonita para cenar en un restaurante muy elegante. Toda la noche estuvimos en ese lugar, el idiota ese insultaba a los pobres perritos... y lo peor fue que perdí 252 libras.

-Eso si estuvo patético – comentó Ron con una sonrisita.

-Y tú parece que la pasaste de maravilla – le dijo Libby, con una mirada que mata. Lo analizó y abrió los ojos como platos –. ¡Te acostaste con ella!.

-¡¿Qué! – exclamó Ron –. No, no, no.

-No lo dudes – comentó Hermione por lo bajo, Ron la fulminó con la mirada.

-Maldición, por qué a mi me tiene que ir tan mal – susurró Libby, haciendo a un lado su desayuno casi completo –. Cuatro meses de celibato.

-¿Quieres que te de consejos? – le preguntó Ron con tono burlón.

-Ábrase– le espetó Libby en voz baja.

-Mira, para que te animes, ¿por qué no vienes conmigo al partido? – le propuso Ron, compadeciéndose de la chica –. Hay dos chicos que creo, los encontraras guapos y lo más importante es que no son muggles.

-En el fondo, no es por el echo que sean muggles – aclaró Libby, muy desanimada –. Discúlpenme, pero los ingleses tienen una forma bastante aburrida de divertirse.

-Si vas a ir, recuerda que al anochecer nos marchamos – observó Hermione.

Hacia las once de la mañana, Ron y Libby se dirigieron al estadio a través de la red flu. Harry escucharía el partido por la radio mágica.

-Vamos, Harry – le decía Hermione para animarlo, estaban los tres en el jardín trasero escuchando los comentarios de Lee Jordán, ella y Harry estaban sentados en el suelo –. Solo serán dos partidos. Para cuando reinicie la temporada ya estarás en condiciones de competencia.

-Si – repuso Harry –, pero de todas maneras es extraño estar desocupado un domingo.

-Los Chudley Cannons ganan el encuentro por 50 a 0 – narraba Lee –. Ahora la quaffle la lleva Pride of Portree, Stevenson va directo hacia el guardián de los Cannons, lanza y ¡Oh, Weasley la atrapa y de una manera muy agresiva, creo que el día de hoy no podrán anotarle y para celebrarlo le daré otra mordida a mi deliciosa Manzana Diez Mordidas, un nuevo lanzamiento de Sortilegios Weasley para las navidades. Cómprenlas es por delicia y por caridad.

Hermione abrigó bien a James, que se puso a corretear por todo el patio detrás de Crookshanks y el gato detrás de Pigwidgeon que volaba como loco por todas partes, Hedwig estaba dormitando en la rama de un árbol y el niño se interesó por él al no encontrar resultado con la persecución del gato de su madre. Se trepó al árbol como si fuera un chimpancé y al sentarse al lado de la lechuza le acarició suavemente la cabeza.

-¡Oh, no! – se lamentó Lee –. Digo, ¡Oh, si! La snitch la acaba de atrapar Taylor, el buscador de los Portree y el marcador final es 80 para los Cannons y 150 para los visitantes, los Pride of Portree ¡Harry, recupérate pronto! ...

-Bueno, ya está – comentó Hermione, apagando la radio –. No te preocupes por eso – agregó al ver el rostro de impotencia de Harry.

-Yo hubiera atrapado esa snitch – le dijo él con amargura.

-No lo dudo – dijo ella con serenidad, pero, al ver que Harry seguía en la misma actitud lo abrazó –. Lo siento, es por mi culpa que estás así.

-Que Ralph no te escuche decir eso – le susurró Harry con una sonrisa –. Puede demandarte.

-¿Es tan obsesionado por el triunfo?

-Ni te imaginas, es como tener a tres Oliver Wood en el equipo.

-¿Cómo puedes aguantarlo? – le preguntó Hermione, apartándose un poco de él.

-En el fondo es buen capitán – razonó Harry.

-De todas maneras... – Miró a James –. Bájate, vamos a arreglar las maletas.

-No "tlajimos" maletas – aclaró el niño desde la rama donde estaba Hedwig.

-Es un decir – repuso Hermione, levantándose –. Tenemos que verificar que no se quede nada.

A las cuatro de la tarde todo estaba arreglado para que se marcharan, pero ellos lo harían al anochecer para esperar a Libby y para no llegar tan temprano a su casa. Ambos arribaron una hora después.

-¿Y qué es esto? – inquirió Ron, cuando Hermione le pasó una lista.

-Son las cosas que tendrás que hacer para ayudar a Harry – le explicó Hermione –. Las que están en rojo son las comidas recomendadas por el doctor. En color púrpura te anoté cómo preparar algunos alimentos, además...

A medida que Hermione le explicaba cada una de las instrucciones del pergamino, Ron se ponía más desconcertado.

-¿Y cómo te fue con el equipo? – le preguntó Harry a Libby.

-Me cayeron bien, pero ninguno de los chicos es de mi tipo, así que...

-Bueno, no es para desesperarse – comentó Harry.

-Eso lo puedes decir tú – le susurró Libby, para que ninguno de los otros lo escucharan –, porque como no pasaste la noche solo...

-No paso nada – repuso Harry.

-Aún – observó Libby con una sonrisita.