15

EL GNOMO Y LA MADRIGUERA

-Harry, levántate – le decía la somnolienta voz de Ron.

-¿Qué pasa? – susurró su amigo sin siquiera abrir los ojos.

-Hoy tienes control con tu médico muggle – le recordó el pelirrojo.

-Gracias – dijo Harry perezosamente, incorporándose.

-Después que desayunes, voy a llamar un taxi – le dijo Ron, saliendo de la habitación.

-¿Qué es esto? – preguntó Harry cuarenta minutos después, señalando el plato, cuando se disponía a desayunar.

-Una de las tantas porquerías que Hermione me dejó anotadas – repuso Ron con desagrado –. Y hoy aprovechas para rogarle a tu doctor que te cambie la dieta... ¡Te puedes morir de inanición.!

-¡Que comprensivo!

-No es por nada, pero no hay mayor placer que una deliciosa comida – admitió Ron con solemnidad, llevándose el tenedor a la boca. Veinte minutos después, acompañaba a Harry hasta el taxi –. Te acompañaría, pero hay entrenamiento.

A las nueve y diez de la mañana, Harry ingresó en la sala de espera del consultorio del doctor Morgan, y como era costumbre, a esa hora no había pacientes, o eso creía él.

-El doctor Morgan le pide que entre a su consultorio – le dijo la recepcionista.

Al ingresar en él, Harry se sorprendió de ver allí a otro paciente y se preguntó para qué lo había hecho pasar el doctor.

-Buenos días, señor Potter – lo saludó el doctor levantándose de su asiento –. Siga, por favor.

Harry se sentó al lado del otro paciente, un hombre de aproximadamente cuarenta años, de cabello castaño y con varias canas en él. El hombre lo miraba con curiosidad, y Harry no pudo dejar de notar que aquel paciente se fijó en su cicatriz.

-Él es un paciente mío – le dijo el doctor –. Es mago.

Ahora Harry entendía por qué aquella persona lo miraba con tanto interés.

-Jhon Burke – dijo el hombre, extendiéndole la mano.

-Harry Potter.

-El señor Burke – dijo el doctor Morgan – es director de la revista La Transformación Moderna, edición británica. Y está aquí porque se fracturó el pie derecho.

-Metí la pata – agregó el señor Burke, como si nada –. Pero no dejé que me sanaran con varita mágica... me quería tomar unos cuantos días libres.

-Y entonces – prosiguió el doctor Morgan –, yo le comenté que usted era mi paciente y agradece más que nunca el no haberse dejado sanar por un sanador.

-Me enteré lo de tu lesión por la radio – le dijo a Harry el señor Burke –. ¿Cómo va?

-Mucho mejor – admitió Harry un tanto incomodo –. La verdad, me cuidaron mucho este fin de semana – luego quiso cambiar de tema –: Y... ¿usted se fracturó el pie?

-Así es, gracias a los apuros del trabajo – dijo el señor Burke con desagrado –. Y como desquite, pues mi recuperación será lenta. Bueno, es hora de irme, fue un placer haberlo conocido, señor Potter.

Cogió dos muletas que había apoyadas sobre el escritorio del doctor y se las puso en las axilas. Se despidió también del doctor y se marchó.

-Ahora, vamos a revisar esa cirugía – dijo el doctor, señalándole la camilla a Harry para que se centrara en ella.

-¿Cómo la ve? – preguntó Harry en el momento en que el doctor palpaba su codo, después de haberle quitado los vendajes.

-Está sanando muy bien – murmuró el doctor, luego miró a Harry –. Creo que su incapacidad será reducida.

-¿De verdad?

-Si – confirmó el doctor, acercándose a su maletín y sacando de él un pequeño frasco –. Mi abuela ha preparado una poción que fortalece los tejidos del cuerpo. En cuantos se enteró que yo lo había operado a usted, se ofreció a hacerla. Me sorprendió mucho porque ella no suele tener ese tipo de consideración con los pacientes magos que tengo. ¡Ah, sí! Y le manda a decir que lo quiere mucho.

Harry sintió que se ruborizó.

-Y... ¿esa poción me curará de inmediato?

-No – dijo el doctor, Harry se desanimó –. Pero ésta poción lo ayudará a sanar con mayor rapidez y en cuatro semanas estará perfectamente.

Harry se animó muchísimo, era preferible estar inactivo cuatro semanas a estar inactivo dos meses. Pero se desalentó cuando el doctor sacó una jeringa.

-Se la tengo que inyectar – le explicó cuando vio la cara de espasmo de Harry.

-¿Es necesario? – preguntó él en un hilo de voz.

-Si se quiere recuperar pronto, si – contestó el doctor, llenando la jeringa –. Pero no se preocupe que no le va a doler. Gracias a esto, sus ligamentos sanarán con más rapidez y de una vez quedaran inmunes para cualquier tipo de lesión.

-Ya... – masculló Harry.

El doctor tomó su codo y lo inyectó con la poción. Era de color mandarina y muy aguada, y para su fortuna, no le dolió.

-Este viernes le quitaré los puntos. Es un poco antes de lo que habíamos hablado – admitió el doctor –, pero mi abuela está preparando otra poción, para cerrar heridas. La verdad, yo no sé por qué el interés en usted.

Harry se sintió abochornado, pero pese a eso agradeció que la viejita le facilitara tanto las cosas.

-¿Y de las fisioterapias?

-Las iniciaremos el próximo lunes. Las pociones le facilitaran las cosas, pero no lo curarán del todo, así que para eso haremos las fisioterápicas.

-¿Y, cuando puedo mover el brazo derecho?

-En tres horas ya podrá hacerlo. Pero eso si – le advirtió el doctor –, nada de esfuerzos, no puede cargar cosas pesadas, solo movimientos lentos y livianos. Porque no queremos que se estropee el avance que tenemos ¿verdad?

-Verdad – coincidió Harry, muy satisfecho.

-¡Mira! – exclamó Harry moviendo lentamente su brazo derecho cuando arribó Ron a la casa.

-¡No! – gritó su amigo, horrorizado –. Hermione me matará.

-Tranquilo, Ron, no pasa nada. Ven te cuento...

-¿Y la vieja te mandó la poción? – preguntó Ron muy asombrado cinco minutos después.

-Si – confirmó Harry –, y gracias a eso ahora solo estaré inactivo cuatro semanas.

-Esto es maravilloso – dijo Ron –. Pero todavía no le diré nada a Ralph... a lo mejor te presiona para que la recuperación sea más rápida.

-Si, creo que si – coincidió Harry. En ese momento sonó el teléfono y él contestó –. ¡Alo!

-Hola, Harry ¿cómo te fue con el doctor? – era Hermione.

-Mucho mejor de lo que esperaba – le dijo Harry muy animado, y le contó todo lo que había pasado en su cita.

-Eso es maravilloso – dijo ella, feliz –. Ahora te animarás más porque pronto volverás a jugar. Y lo que me has contado facilita las cosas.

-¿A qué te refieres?

-Es que... este fin de semana no podíamos ir a visitarte – le explicó Hermione – ya que tenemos consejo de redacción para la edición del mes de diciembre...

-Eso lo entiendo – comentó Harry con desanimo.

-Pero como ya puedes moverte con mayor libertad – continuó Hermione –, creo que podré dejar que James se quede contigo, claro, si tú quieres.

-¿Lo dices en serio? – le preguntó Harry con duda.

-Por supuesto y a él le encantará... no llevamos ni siquiera cuatro días de haber regresado y ya quiere regresar contigo para cuidarte muy bien.

-Es bueno saber que alguien se preocupa por mí – le dijo Harry, sonriendo por la actitud de su hijo.

-Yo también me preocupo por ti – repuso Hermione, más seria.

-Lo siento – se disculpó Harry, recriminándose por su insensibilidad –. No quería ofenderte... pero es que... tú me conoces, yo meto mucho la pata.

-No te preocupes – replicó Hermione con desdén –. Yo te llamo el viernes para decirte a que horas traslado a James. Que te mejores – Y colgó.

-Hermione tiene razón – susurró Harry para si mismo, mientras colgaba el inalámbrico –. Tengo muy poco tacto.

-Bueno, creo que con esto bastará – decía el doctor al viernes siguiente, mientras empapaba la cicatriz del codo de Harry con una poción verde que había enviado su abuela –. Esperaremos a que se absorba y retiraremos los puntos.

-¿Y cómo siguió el señor Burke? – quiso saber Harry, para matar el tiempo.

-Mucho mejor, dentro de lo que cabe – comentó el doctor, preparando las tijeras y unos diminutos ganchos para remover los puntos –. Desde el principio no estuve de acuerdo en que se curara al modo muggle, ya que es muchísimo más lento. Pero parece que eso le ha facilitado las cosas en su trabajo, ya no está tan agobiado porque tiene un asistente.

-¿Y se conocen desde hace mucho tiempo?

-Es amigo de la familia – le informó el doctor, se colocó unos guantes quirúrgicos y tomó el codo de Harry –. Creo que es hora de quitar esos puntos.

No se demoró ni dos minutos, en realidad eran pocos puntos, doce en total.

-¿Ve la cicatriz? – le preguntó a Harry, señalándola –. Así debería de estar en un mes.

-Entonces... me podré mover en total libertad.

-No – lo contradijo el doctor serenamente –. Todo está perfectamente, pero debe de ejercitar los músculos poco a poco, con las fisioterapias. Por eso le pondré una férula de movilidad parcial, para que se acostumbre poco a poco al movimiento y claro, para poner resistencia en los tendones.

Le dio una férula color negra, en tela fibrosa y con varillas flexibles en los costados. Le indicó cómo colocársela y la regularidad de su uso.

-Pero si lo desea, también puede dormir con ella, aunque la encontrará un tanto incomoda. Ah, y también creo que puede empezar a usar la varita, pero eso si, nada de movimientos bruscos. Hasta el próximo lunes a las diez de la mañana.

-Está bonita – le dijo Ron en tono burlón, después de la merienda de la tarde.

-Prefiero esta a la que me puso Hermione la semana pasada.

-Es que esa chica es rara – comentó Ron, se levantó de la mesa y fue hasta la sala, desde donde gritó –. ¿No has visto uno de los controles de mi X-Box?

-¿Qué lo hiciste? – le preguntó Harry yendo a su encuentro, el pelirrojo buscaba el control entre el sofá y el suelo.

-No sé...

Harry sacó su varita, la levantó con su mano derecha y exclamó:

-Accio controles.

-Presumido – le reprochó Ron.

De inmediato, varios controles llegaron hasta donde Harry, entre los cuales estaban el de los dos televisores, el del equipo de sonido de la sala y el de Ron, el de los codificadores de la televisión satelital, el del aire acondicionado y la calefacción y dos de una consola.

-Parece que tu brazo funciona muy bien – le dijo el pelirrojo mientras separaba los controles según el aparato al que pertenecían.

-Eso comprueba el buen trabajo del doctor.

-Y la próxima vez le agradeces de mi parte por haberte cambiado la dieta...

Cenaron cerca de las diez de la noche, mientras Harry esperaba la llamada de Hermione. Ron le contó todas las tácticas que Ralph les había hecho practicar para el último encuentro del año y de cómo Kat le lanzó una maldición de hierbas tentáculos (consistía en hacer crecer la hierba del campo que amarraba al hechizado a ella) a sus espaldas.

-Gracias a Dios éste domingo es el último partido – dijo Ron, bebió de su cerveza muggle cerrando los ojos, para degustarla –. No soporto otro entrenamiento con Ralph... que suerte tienes.

-¿Y qué ha dicho de reunir de nuevo al equipo?

-Para finales de enero – le informó su amigo –, siempre y cuando el invierno no sea demasiado severo. Ya sabes que el reinicio es a mediados de febrero – se levantó –. Voy a llamar a Justine...

-¿A quién?

-Justine – repitió Ron –, la enfermera con la que salgo.

-Es la primera vez que te veo tan entusiasmado con alguien, ni siquiera en Hogwarts.

-Es que en Hogwarts me entusiasmaba celar a Ginny y a Hermione – reconoció Ron –, pero yo tenía mi chica... ¡que crees!

-¿Y quién era? Porque nunca te vi con ella– preguntó Harry con muchísimo interés.

-No nos dejábamos ver, que es diferente – aclaró Ron, y saliendo de la cocina dijo –: Hannah Abbott.

-¡No juegues! – exclamó Harry.

Esperó unos minutos más, pero Hermione no llamó. Muy deprimido, Harry se dispuso a conjurar los platos que habían utilizado para cenar para que se lavaran solitos y en ese instante, alguien exclamó desde el patio: ¡"Otla" vez!. Harry salió muy apresurado de la cocina y en medio de la poca luz que ésta irradiaba hacia fuera, distinguió dos siluetas, una muy menuda, la otra de estatura normal.

-¿James? – preguntó Harry, entornando los ojos en dirección a las dos siluetas.

-Si – chilló el niño.

-No corras, Ja... – dijo Hermione, pero ya era tarde, el niño había llegado hasta su padre y se prendió de su pierna derecha.

-Creí que no vendrías – le dijo Harry con una sonrisa, agachándose para abrazarlo.

-Tu teléfono está ocupado, por eso no te avisé – le explicó Hermione, llegando donde él.

-¡Ron! – exclamó Harry.

Entraron a la casa y James se sentó, Hermione dejó sobre la mesa la mochila del niño.

-Tiene una tarea – le dijo a Harry –, debe hacer unas figuras en plastilina. Así que procura que no se le olvide.

-No te preocupes – repuso Harry.

-Te portas bien con tu papá – le susurró ella al niño, acariciándole la cabeza –. Y no te trasnochas.

-Bueno.

Hermione le dio un beso en la frente y salió de la cocina de nuevo hacia el patio, Harry la acompañó.

-Por favor, abrígalo bien – le pidió Hermione.

-Si... ¿y estarás todo el fin de semana ocupada?

-Así es – contestó ella, sacó su varita y un guante viejo –. Vendré por él el domingo en la tarde. ¿Cómo va tu recuperación?

-Mucho mejor, ya me quitaron los puntos y me pusieron esta férula para moverme sin llegar a dañar la operación.

-¿Y tus fisioterapias?

-El próximo lunes.

-Me alegro mucho que todo esté saliendo tan bien – comentó Hermione, con una sonrisa.

-¿Tus padres saben que James estará aquí?

-No, y no hace falta que lo sepan. Quiero que James pase todo el fin de semana contigo... Bueno, ahora si me voy.

-Espera – la detuvo Harry antes de que ella conjurara la prenda, tomó su cara y la besó –. Ya.

-Cuídate – dijo ella, segundos después desapareció.

-Muy bien – le dijo Harry a James cuando ingresó de nuevo a la cocina –, vamos a cambiarnos y vemos un rato televisión ¿qué te parece?

-Si, "supel" – contestó James con una sonrisa, bajándose de la mesa.

-Pero... solo trajiste esta mochila – observó Harry, tomando la mochila que Hermione había dejado sobre la mesa.

-Todo está ahí. Mi mamá la volvió "glande".

-Ella siempre ha sido muy practica – reconoció Harry por lo bajo –. Vamos.

Se dirigieron a la habitación de Harry y después que estuvieron con el pijama puesta fueron hasta la habitación de Ron.

-¿Ya colgaste? – le preguntó Harry, entrando.

-Acabo de colgar – repuso Ron –. ¡Hola, James!

-Hola... Uhhh, tienes una tele...

-¿Quieres ver? – le preguntó Ron.

-Si, más fácil aquí...

-No lo sabía, Harry – se disculpó Ron luego de que él le contó que Hermione estuvo llamando y el teléfono estaba ocupado –, pero debiste haberme dicho que estabas esperando una llamada de ella... O sea, en el fondo no es mi culpa sino tuya.

-Deberíamos tener doble línea – le propuso Harry, James estaba hipnotizado viendo unos dibujos animados – o tal vez llamada en espera, o algo.

-Tenemos tres líneas – lo corrigió Ron –: la de la casa, la de mi celular y la del tuyo. Allá tú si no le has dado el número a Hermione.

Harry lo miró con los ojos entornados, pero reconoció que en realidad no le había dado su número móvil a la chica.

-Sinceramente... – dijo Ron con una sonrisa burlona, negando con la cabeza –. Y eso que el nuevo en el mundo muggle soy yo. ¿Y Libby también tiene que trabajar el fin de semana?

-No sé...

-Si, ella también – contestó James, mirando al pelirrojo –. Estaba que "llolaba"

-Me lo imagino – comentó Ron, sin abandonar su sonrisa burlona –. Pobre.

-Es hora de dormir, James – le dijo Harry.

-No tengo sueño – repuso el niño.

-Pero ya es tarde – argumentó Harry, levantándose de la cama. Cogió a James en brazos y lo cargó.

-"Pelo", no tengo sueño – protestó James, ceñudo. Se prendió al cuello de su padre.

-Harry – intervino Ron –, él está acostumbrado al horario de Estados Unidos. Déjalo en paz.

-No, Ron – dijo Harry –. Son más de las once de la noche, es hora de dormir.

-Te pareces a Hermione – comentó Ron cuando Harry salía de la habitación.

-Ya te puedes "movel" ¿"veldad"? – le preguntó James, señalando la férula del codo.

-Un poco más que antes – respondió Harry, adentrándose entre las sabanas de la cama.

-Yo cuando no me puedo "movel" me "desespelo" – le dijo James, acomodándose a su izquierda.

Por primera vez desde su operación Harry durmió bien; tal vez fuera el hecho que James estuviera con él, o porque ya no tenía que despertarse en las noches temeroso de lastimarse su codo. Lo importante era que pudo descansar como Dios manda.

-"Aliba", "aliba" – decía James a la mañana siguiente, saltando sobre la cama.

-Quieto – murmuró Harry, tapándose la cabeza con las sabanas y escondiéndola bajo una de las almohadas.

-No – protestó James, arrodillándose al lado de su padre y zarandeándolo –. Hoy vamos a "hacel" muchas cosas.

-"Vamos" me suena a paseo – le dijo Harry, incorporándose. Miró su reloj, era las ocho y cuarto de la mañana.

-Vamos a "comel" – prosiguió James, sin escuchar el comentario de Harry –, vamos a "jugal", y a "comel" y a "vel" tele y a "seguil" "jugando".

-Y a hacer la tarea de la escuela – agregó Harry.

-Eso es "jugal", "pelo" con plastilina.

James se bajó de la cama y salió de la habitación. Harry escuchó cuando el niño claramente gritó: ¡"Aliba", Ron!

-Tienes un hijo chiflado – le dijo Ron a Harry durante el desayuno –. Despertarme un sábado a las ocho de la mañana... ¡Vaya mañas que le aprendió a su madre!... Y agradece que me cae bien, sino, te juro que le lanzo un hechizo mudobocaza.

-¿Y eso qué es? – le preguntó James, muy interesado.

-Es un hechizo que te hace gritar durante tres horas sin control, pero al final no dices nada – le explicó Harry –. El propósito es que te queden doliendo todos los músculos de la cara.

-Si... – dijo Ron, como recordando algo –. Te acuerdas en sexto año, cuando se lo lancé a Goyle... Nada como probar su efectividad en alguien.

-"Pol" qué no lavamos los platos – les propuso James – de manera "nolmal".

-De verdad estas chiflado – le dijo Ron con vehemencia.

-Me parece buena idea – repuso Harry, lanzándole a su amigo una mirada de advertencia –. Así aprenderás a valorar más las cosas simples.

-Querrás decir: complicadas – lo corrigió Ron.

Les tomó casi veinte minutos dejar la cocina limpia y a la perfección. Resultaba bastante difícil coordinar a Ron y a James, el pelirrojo no sabía hacer las cosas al estilo muggle y James era muy pequeño para hacerlas, así que al final para Harry era como tener la colaboración de dos niños pequeños, afortunadamente con la movilidad parcial de su brazo derecho se supo defender mejor. Luego, James los invitó a que hicieran muñecos en plastilina, que era su tarea para la escuela, y se sentaron en el suelo de la sala, con varias cajas de diferentes colores para comenzar a moldear diferentes objetos. Después de media hora de actividad, James resultó ser mejor artista que Ron.

-Es que lo mio es un "picachu" - dijo Ron para justificar su obra.

-Un Piccaso - lo corrigió Harry -. Y no tiene nada de ese estilo, déjame decirte.

-Pero yo le ganaría si me dejaras darle un golpecito con la varita – replicó el pelirrojo, señalando lo que parecía ser una tortuga –. ¿Y qué tantas cosas tienes que hacer?

-Cinco animalitos y una moto – contestó James, mientras mezclaba dos plastilinas de diferentes colores para inventar uno nuevo –. "Pelo" también tengo que "hacel" un "álbol" y luego, "ponelos" "soble" una tabla "pala" que la "maestla" los vea y ¡Aaaah!

En la chimenea se había aparecido la cabeza de la señora Weasley. James había saltado al cuello de Harry y respiraba con agitación.

-Perdón – dijo la señora Weasley respirando agitada, parece que el grito la había asustado –. ¿Cómo están, niños?

-¿Cuáles niños? – inquirió Ron, indignado.

-Tú siempre serás mi bebé – le dijo la señora Weasley con cariño. Ron sacó la lengua en señal de asco –. ¿Es tu hijo, Harry?

-Si, es James – contestó él, acariciándole la cabeza para tranquilizarlo. En cuanto lo nombraron, James se apartó un poco de Harry para observarla mejor.

-¡Oh, que bien! – exclamó la señora Weasley –, porque los quería invitar a que almorzaran aquí, en La Madriguera.

-¿Lo dices en serio? – le preguntó Ron con un brillo en los ojos, la perspectiva de una deliciosa comida lo animaban muchísimo.

-Es increíble que me preguntes esas cosas, Ron – le recriminó su madre –. Ya sabes perfectamente que puedes venir cuando quieras, y tú también, Harry. De no ser porque los invito jamás se aparecerían por aquí.

-Bueno, entonces, ya vamos – se apresuró a decir Ron, para evitar una discusión con su madre vía Red Flu.

La cabeza de la señora Weasley desapareció de la chimenea, y los chicos recogieron lo que estaban utilizando en la elaboración de las deformes figuras.

-¿Podemos "llevalas"? – preguntó James, refiriéndose a las plastilinas.

-Claro – contestó Harry –. Y también algunos abrigos. La Madriguera es mucho mas fría que ésta casa.

Después de haberse abrigado perfectamente, Ron colocó un poco de polvos flu en la chimenea y de inmediato aparecieron unas llamas verdes.

-¿Alguna vez has viajado así? – le preguntó Harry a James.

-No – dijo James, negando con la cabeza.

-Entonces, agárrate fuerte, cierras los ojos y no abras la boca durante el viaje – le dijo Harry, cargándolo en brazos.

James se prendió con fuerza del cuello de Harry y lo rodeó con sus cortas piernitas. Primero se fue Ron y luego ellos dos. Se deslizaron impecablemente sobre el piso de la cocina de La Madriguera, les habían despejado el paso y la señora Weasley y Ginny los esperaban con una sonrisa.

-"Otla" vez – chilló James.

-En la tarde – repuso su padre.

Ambas mujeres los ayudaron a levantarse del suelo, la señora Weasley a Harry y Ginny a James. El niño las miró con interés, Ron estaba sentado, comiendo algo.

-Harry... cómo está tu brazo, ¿mejor? – le preguntó la madre de Ron.

-Si, mucho mejor – contestó él, golpeándose el abrigo para quitar el exceso de polvo.

-Y ¿él es tu hijo? – le preguntó Ginny, acariciando la cabeza de James.

-Si – contestó James, sonriendo ampliamente.

-Los mismos dientes de Hermione – comentó Ginny, sonriéndole al niño –. Yo soy Ginny.

-Hola...

-Y ella – dijo Ginny, señalando a la señora Weasley – es mi madre y la de Ron. Se llama Molly.

-Hola – la saludó James, también sonriéndole.

-Pero, que buen mozo eres – le dijo la señora Weasley. Se acercó a él y le limpió el abrigo con un cepillo –. Ven, siéntate. ¿Quieres algo de comer?

-Si, "pol" "favol" – contestó James, sentándose entre Harry y Ron.

-Es encantador – le dijo sobrecogida la señora Weasley a Harry, sus ojos brillaban.

-Lo van a mimar demasiado – masculló Ron, mientras masticaba.

-Fred y George nos hablaron sobre él – les dijo Ginny –, pero en persona es mejor.

-¿Y mi padre? – preguntó Ron.

-Estará aquí para almorzar – contestó la señora Weasley, colocando frente a James un plato con sándwich y jugo de mandarina –. Espero que te guste – le dijo al niño, un tanto nerviosa.

-Esta muy "lico" – dijo James después de masticas la primera porción que mordió –. "Glacias"

En cuanto James terminó su sándwich acompañó a Harry, Ron y Ginny al jardín, querían mostrárselo aprovechando que estaba haciendo un poco de sol.

-Es "glandote" – dijo James, muy impresionado.

-Llega hasta más allá de la loma – le informó Ron, señalando hacia la loma.

-Uno puede "jugal" mucho aquí.

-La verdad, si.

-¿Y qué es eso, Ron? – preguntó James, señalando hacia unas papas que caminaban.

-Son gnomos – contestó el pelirrojo –. Hay muchos aquí.

-Son feos – concluyó el niño.

-Feísimos – coincidió Ron –. Vamos para que los veas mejor.

Cogió la mano del niño y se dirigieron hacia la madriguera de los gnomos, Harry y Ginny se sentaron para observarlos.

-Estoy de acuerdo con Fred y George – le dijo su amiga –. te sacaste la lotería con este niño. A propósito – agregó mirando hacia todos lados, no había nadie a la vista – hace poco hablé con Hermione.

-¿Cómo? – preguntó Harry, sin creérsela y sin comprender. Estaba convencido que Hermione detestaba a la pelirroja porque la consideraba culpable de su separación.

-Si, eso fue como a mediados de octubre – dijo Ginny, mirando hacia el cielo, tratando de recordar –. Me sorprendió bastante que quisiera hablar conmigo, después de todo, se había ido y no se volvió a comunicar con nadie. Pero lo que más me sorprendió fue el asunto que hablamos... Ella creía que tú y yo éramos pareja.

-No me digas... – comentó Harry, tratando de parecer sorprendido.

-Yo me reí, me dio hasta vergüenza – reconoció Ginny –. Pero ella pensó eso porque vio cuando te besé una noche, en la torre de Gryffinfor... ¡Por Dios, era una adolescente, uno hace tonterías a esa edad y pues... yo no estaba segura de que ustedes tenían una relación sentimental, de haberlo estado jamás lo hubiera hecho...

-¿Y te creyó?

-Creo que si, más cuando le dije que estaba enamorada de otra persona – en ese momento sus ojos castaños brillaron de una manera especial, suspiró.

Ahora Harry entendía porque Hermione había cambiado tanto con él, permitiéndole socializar más fácil con su hijo y con ella misma. Se puso muy feliz.

-Pero, por favor, no se lo digas a mi madre – le pidió Ginny –. No quiero que piense mal de mi por lo que pasó.

-No te preocupes – la tranquilizó Harry –. ¿Y dónde se vieron?

-En un café mágico de Liverpool. Es muy bonito y te dan una bebida que se llama Tapetuza, sabe delicioso, creo que es una mezcla de cerveza muggle y coca-cola.

-¿Y Richard?

-Bien, con un poco de trabajo esta temporada – contestó Ginny –. Como se avecina navidad, están en el lanzamiento de nuevos videojuegos, además ha tenido que programar sistemas antirrobo para unas tiendas muggles minoristas.

-Si, en esta época aumentan los robos con mucha consideración.

-¿Y tu codo?

-Mejor, fíjate que la abuela de mi doctor, que es bruja, me envió pociones especiales para sanar con mayor rapidez y me mandó a decir... – dio un resoplido – que me quería mucho.

Ginny soltó una carcajada.

-Aún recibes recompensas por haber vencido a quien-tu-sabes.

-Pues si – admitió Harry, encogiéndose de hombros – y en el fondo me alegra que la señora haya tenido ese detalle conmigo, porque estaré en competencia...

Un grito resonó en el aire, ambos se levantaron y la señora Weasley salió apresurada de la cocina. Algo alejado se vio a Ron cargar entre sus brazos a James y corría hacia ellos.

-¿Qué pasó? – inquirió Harry, yendo a su encuentro.

-Lo mordió un gnomo – contestó Ron, muy pálido mientras el niño sollozaba –. Hermione me va a machacar.

-Tranquilo Ron – trató de tranquilizarlo Harry, aunque él también estaba muy asustado –. Llevémoslo a la casa.

Ingresaron apresuradamente en la cocina, la señora Weasley comenzó a buscar algo entre los gabinetes de ésta. Harry se sentó y Ron le colocó a James en el regazo.

-¿Dónde lo mordió? – preguntó Harry, abrazando a James.

-En la mano izquierda – contestó su amigo. Se sentó y Ginny le alcanzó un vaso con agua.

-Bueno, una mordida de gnomo no es nada – les dijo la señora Weasley, se acercó a Harry con una botella y un pedazo de algodón –. Quítale el guante, Harry.

Con un poco de dificultad, Harry le quitó el guante a su hijo. En el dorso de su mano se veían perfectamente marcados los dientes superiores del gnomo en color rosado fuerte, no había sangre pero esa parte de la piel estaba un poco hundida.

-Esto no va a doler nada, cariño – le dijo la señora Weasley a James con ternura.

Puso un poco de la poción color uva sobre el algodón y untó la marca de los dientes, también lo hizo en la palma de la mano. De inmediato la piel absorbió la poción y James dejó de sollozar, las marcas fueron desapareciendo con los segundos.

-Vez, eso no es nada – dijo la señora Weasley y le guiñó un ojo a James, luego se volvió hacia Ron –: Y tu deberías ser más responsable, pronto tendrás una sobrina y créeme que si Fleur se entera de esto jamás dejara que te acerques a la niña.

-Lo siento – murmuró Ron, mirando el vaso, ahora vacío.

-Ya no duele – dijo James, mostrándole la mano a Harry, en su rostro se veía el recorrido que habían tenido las lágrimas –. Vamos "otla" vez, Ron.

El señor Weasley llegó cerca de la una de la tarde, y se puso contentísimo cuando conoció a James. Después del almuerzo el niño lo invitó a que hiciera muñequitos en plastilina y él no lo pensó dos veces. Al final de la tarde, James tenía lista su tarea y la señora Weasley se la empacó para que no se dañara, mientras el señor Weasley se quedaba con la boca abierta y completamente maravillado de la elasticidad del material de trabajo del niño, había intentado hacer un patito y un teléfono, además, la probó.

-No sabe tan bien.

-Que mamá no te vea – lo previno Ron, observando lo que según él, era un perro.

-"Suelte" – le deseó James a Ron al día siguiente, estaban en la casa y el pelirrojo se dirigiría al estadio de quidditch porque ese domingo los visitarían los Wigtown Wanderers para el último partido del año –. Y que hagas gol.

-Yo trato de que no me los hagan – lo corrigió Ron, tomó aire y cogió su escoba –. Espero no demorarme, para despedirme de ti.

-¿Y tú? – le preguntó James a Harry en cuanto Ron se fue.

-Para el otro año.

-Hablando de año... ya casi cumplo años... "cleo"... "polque" el cinco cumplo cinco.

-Si, en dos semanas – le dijo Harry con una sonrisa –. ¿Quieres una fiesta?

-Con todos mis amigos... y con Ron y tú.