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CONOCIENDO A LOS GRANGERLa puerta se abrió con una lentitud terrorífica y ante ellos estaba una señora de cabello castaño y ondulado, con unas cuantas hebras blancas pintadas en él; al verlos sonrió dejando al descubierto unos incisivos más largos de lo común y James se abrazó a su estómago.
-¡Buela, buela! – chilló el niño, abrazándose tan fuerte a su estomago que la señora se ahogó.
-Ya, ya te vi – repuso la madre de Hermione con la voz ahogada, aunque no había dejado de sonreír –. Veo que estás más fuerte.
-Es que soy un héroe – le informó James. Su abuela arqueó las cejas.
-Y tu fluidez vocal a aumentado – observó ella, acariciándole la cabeza.
-¿Mi, qué?
-Trata de decirte que puedes hablar mejor – le aclaró Hermione –. Hola, mamá.
-Hola, cariño – le dijo su madre con dulzura, abrazándola –. Luces preciosa.
Hermione se ruborizó ante el comentario de su madre. Luego ésta miró a Harry con curiosidad.
-Mamá... ¿recuerdas a Harry? – dijo Hermione con timidez –. El padre de James...
-Claro, claro – La madre de Hermione le tendió la mano con amabilidad –. Mucho gusto, soy Helen.
-Harry – balbuceó él, estrechándole la mano.
-¿Por qué tiemblas? – le preguntó Helen un tanto desconcertada.
-Por el frío – dijo Harry con rapidez.
-Cierto, qué descortés... sigan, sigan.
Después que los tres ingresaron, la madre de Hermione cerró la puerta. Los recibió una sala pequeña, con muebles minúsculos, aunque muy bien decorada (todo muggle). El piso era completamente alfombrado y en las tres paredes que rodeaban la sala estaban colgados cientos de cuadros pequeños, algunos de ellos eran fotografías, otros eran pinturas. Se quitaron los abrigos y los colocaron en un perchero al lado de la puerta. Helen los invitó a sentarse y así lo hicieron, Harry y Hermione juntos, y James en el regazo de su abuela.
-Tu padre no se demora – le dijo a Hermione –. Fue a comprar unos ingredientes para el almuerzo que se me habían olvidado.
-Ya me parecía extraño que él no estuviera aquí – comentó Hermione.
Estuvieron hablando unos minutos más, en los cuales Harry estuvo completamente mudo. Helen le contó a Hermione los últimos acontecimientos de su consulta odontológica que debido a la temporada invernal eran muy pocos los pacientes que tenían. Después, la madre de Hermione se levantó para ofrecerles té y James la acompañó.
-¿Quieres? – le preguntó Hermione a Harry en voz baja, mostrándole un frasquito que había sacado de uno de los bolsillos de su suéter.
-¿Qué es eso?
-Filtro de paz.
-Hermione – exclamó Harry con la voz ahogada, sorprendido ante su osadía.
-¿Qué? – inquirió ella, susurrando –. No pretenderás que les demos la noticia así como así.
-No me vas a decir que utilizaste eso...
-Cuando les informé lo de James – complemento ella –. Si, lo hice, y gracias a esto – Agitó el frasquito, mostrándoselo – todo fue más fácil.
-Si quieres, pues dárselas – repuso Harry –, pero yo no lo pienso tomar.
-Harry, no seas tonto... Lo necesitas, estás pálido y temblando.
-Es por el frío – mintió Harry, cruzándose de brazos y muy interesado en un cuadro pintado en carbón.
-Como quieras – susurró Hermione, dándose por vencida y yendo a la cocina.
Harry la vio marcharse para después posar sus ojos en el comedor. Allí, un frutero muy bonito, lleno de manzanas, bananas y mandarinas le llamó la atención. Quizás fueron los nervios del momento o simplemente estaba alucinando, pero hubiera jurado que una de las manzanas levitó un par de centímetros sobre las demás frutas. En ese momento se oyó el tintineo de unas llaves, seguido del ruido que produce una puerta al abrirse. El padre de Hermione ingresó en el apartamento con un poco de dificultad. Estaba muy bien abrigado, tenía el cabello castaño, estaba usando orejeras y entre las manos sostenía una bolsa de papel con muchas cosas. Harry tragó saliva cuando el hombre fijó su vista en él.
-Buenas tardes – le dijo Harry con una voz mucho más gruesa que la que él hubiera deseado –. Permítame y le ayudo.
-Gracias – repuso el señor Granger, entregándole la bolsa.
Pesaba bastante para tratarse solo de unos cuantos ingredientes que se le habían olvidado a la madre de Hermione. El señor Granger se quitó las orejeras, la bufanda y el abrigo, mientras Harry ingresaba en la cocina para dejar la bolsa de compras. Allí estaban bastante apretujados Hermione, James y su madre. Harry le entregó la bolsa a Helen y les anunció que el padre de Hermione había llegado.
-¿Christopher... qué pasó con el queso de Búfalo? – le preguntó su esposa luego de haberlo besado.
-Estaba agotado, lo siento – contestó el señor Granger, sentándose cómodamente sobre el sofá, donde James se le abalanzó al pecho –. Además a James no le gusta.
-¡Papá! – lo recriminó Hermione con el entrecejo fruncido.
Él no le prestó atención y se puso a hablar con James sobre la Liga Premier Inglesa. Helen puso sobre la mesa de la sala la bandeja con la tetera y varias tasas y Hermione puso la bandeja con galletas. El señor Granger extendió la mano para tomar la tasa más lejana a la tetera, pero Hermione lo detuvo:
-No, papá, esa es la de Harry – Su padre la miró sorprendido –. Es que tiene unas gotas de remedio para su anemia – explicó ella.
-Bueno, eso explica su palidez – susurró el padre de Hermione tomando otra taza.
Tomaron los primeros sorbos de té con bastante formalismo, James se limitó a comerse una galleta. De pronto, Hermione miró de reojo a sus padres, cuya expresión ahora era mucho más relajada y serena. Harry comprendió de inmediato que el Filtro de Paz había echo efecto, pero él seguía igual, si duda Hermione había cumplido con su palabra y no le había puesto a él.
-James, por qué no vas a jugar con tu camión de bomberos mientras está el almuerzo – le dijo Hermione.
El niño asintió de inmediato y desapareció por un pequeño corredor. La madre de Hermione tomó una galleta y al morderla y masticarla preguntó con sencillez:
-¿Desde cuando están juntos?
Hermione tomó la mano de Harry y la apretó.
-Desde hace poco – contestó él.
-¿Y cuánto es poco? – preguntó la madre de Hermione distraídamente, para después sorber otro poco de su té.
-Desde Diciembre, mamá – especificó Hermione.
-Si, es relativamente poco – dijo el padre de Hermione, cruzándose de piernas y estirando los brazos –. Hermione nos explicó lo que ocurrió antes, muchacho – le dijo a Harry, mirándolo atentamente –, una decisión bastante insensata, teniendo en cuenta las consecuencias que tuvo que pagar Hermione.
-Que tuvimos que pagar los dos – le aclaró Harry.
-Si, y no dudo que tu también hayas sufrido por todo eso – repuso el señor Granger serenamente –. Pero en estos casos siempre es la mujer quien lucha y padece, más cuando crees que el padre de la criatura es un canalla que se ha burlado de su hija...
-Cierto, cierto – coincidió la madre de Hermione, asintiendo y mordiendo otro pedazo de galleta.
-Te podrás imaginar la confusión que reinó en la casa cuando Hermione nos llegó con la noticia – comentó el padre de Hermione. Harry asintió –. Primero nos resulta bruja, nosotros no conocíamos nada de su mundo y fue un tanto extraño tener que verla partir todos los años y verla regresar en verano con cientos de cosas rarísimas que aprendió en un colegio rarísimo. Luego, cuando por fin creímos que llevaría una vida "normal", nos da la noticia de su embarazo...
-Ese día le tejí el primer gorrito al bebé, ¿recuerdas? – le dijo Helen a su esposo.
-Si, claro que lo recuerdo. Y cuando le preguntamos por el padre, o sea, por ti, nos dio una explicación que creímos hasta hace poco, incluida ella... y al final resultó ser un brillante plan de tu parte para que Hermione no corriera peligro.
-Créame que lo hice para evitar que Hermione sufriera en manos de Voldemort – lo interrumpió Harry. Le parecía bastante extraño pronunciar su nombre y no ver reacción de miedo en las personas que lo oían.
-Claro, claro, y en parte te entiendo – dijo el señor Granger con una tranquilidad desconcertante –, pero si entre los dos hubieran hablado de esto desde el principio se habrían evitado muchos problemas, ¿no creen?
Hermione miró a su padre detenidamente, Harry comprendió que ella no esperaba un sermón de parte de él.
-Hermione no tomó la decisión más adecuada en ocultarte del embarazo – intervino Helen, dejando sobre la mesa su taza de té –. Nosotros estuvimos en desacuerdo desde el principio... Por lo menos debías hacerte responsable del bebé aportando para sus gastos y esas cosas... Pero Dios nos dio una hija tan terca y orgullosa que no aceptó argumento alguno para cambiar de decisión. La mayoría de sus planes se aplazaron por esto, incluido ese del movimiento de elfos.
Harry y Hermione se miraron durante unos segundos, antes de que el señor Granger prosiguiera.
-No estuvo nada bien lo que ambos hicieron el día que Hermione se marchó del país – opinó, mirándolos con seriedad –. Tú, muchacho, por reaccionar de una manera tan impulsiva y tú, Hermione, por esconderte.
Hermione abrió los ojos como platos, visiblemente ofendida.
-No me mires así, jovencita, que te estoy diciendo la verdad – replicó el señor Granger con toda la tranquilidad del mundo. Indudablemente si Hermione no los hubiera hechizado con el Filtro de Paz, en medio de la sala se estuviera gestando el principio de una batalla de titanes –. Y a ti, muchacho, te digo que te faltaron pantalones para buscarlos... Tardaste mucho.
Harry bajó la mirada, muerto de vergüenza.
-Tengo que admitir que me sorprendió mucho el cariño que te tomó James en tan poco tiempo – continuó el padre de Hermione –, eso me da a entender que no eres una mala persona y que has influido de manera muy positiva en el niño.
-Ya pronuncia la ere – le informó la señora Granger a su esposo con mucho entusiasmo.
-¿De verdad?
-Si, ahora dijo: héroe.
-Eso merece un postre extra – opinó el padre de Hermione con solemnidad –. Siguiendo con ustedes dos, ¿nos quieren informar cuáles son los planes que tienen?... porque todavía no veo que vivan juntos.
-Estamos en eso – le dijo Harry.
-¿Qué quieres decir? – le preguntó la madre de Hermione.
-Mira, mamá – intervino Hermione luego de respirar con profundidad –, tú sabes que yo no pienso moverme de Estados Unidos si no tengo un trabajo estable aquí...
-Si sigues pensando de esa manera nunca te moverás de allá – observó su padre.
-¿Y por qué no te vas tu a vivir allá? – le propuso la señora Granger a Harry.
-Por el trabajo de Harry, mamá – le contestó Hermione antes que él lo hiciera –. Para mi es más fácil encontrar algo aquí... y ya estamos en esas.
-Pues, si me permites, eso lo veo difícil – le dijo su madre –. Tu trabajo en la revista es de los mejores que puede haber en el mundo mágico. No solo escribes lo que te gusta, sino que además participas en la edición y la impresión de cada número... ¿Cómo puedes encontrar algo que iguale eso?
-Por que Harry me ayuda – le aclaró Hermione –. Él es una personalidad en el mundo mágico, mamá, y gracias a Harry el director de la revista aquí en Inglaterra decidió ver mis escritos.
-Vaya, eres rápida.
-No solo es por ser rápidos, sino por ser prácticos – les dijo Harry. Los padres de Hermione lo miraron con detenimiento.
-La razón por la cual estamos acá no es solo para informarles que Harry y yo tenemos una relación – les aclaró Hermione, atrayendo la atención de sus padres. Respiró profundo y añadió –: Estoy embarazada.
-¡Otra vez! – exclamó su madre, entre sorprendida y exasperada –. ¿Tenemos que acostumbrarnos a que cada cinco años nos vengas con ese tipo de noticias?
-Por supuesto que no – replicó Hermione, fastidiada.
-¿Y me imagino que planearán casarse? – siguió la señora Granger, sin prestar atención a las quejas de su hija.
-Todavía no – afirmó Harry.
-¿Qué quieres decir? – le preguntó la señora Granger, sorprendida.
-Lo más probable es que Hermione aún no quiera – apuntó con mucho acierto el señor Granger –, o que le haya pedido tiempo para pensar las cosas.
-¿Eso es cierto? – preguntó la señora Granger, esta vez a su hija. Hermione asintió –. ¡Vaya! – susurró, recostando su espalda sobre el sofá –. Bueno, si al menos lo estás pensando... ¿Y a quién le tengo que rezar para que te salga lo del trabajito?
Después de hablar por más de una hora con los padres de Hermione, el almuerzo resultó más agradable de lo que Harry pronosticaba. Disfrutó mucho del pernil relleno que le ofreció la madre de Hermione, mientras James le contaba a sus abuelos todo lo referente a sus nuevas aventuras como héroe, incluida la suspensión resiente que tenía en la escuela. Harry se sorprendió al ver la indignadísima expresión en el rostro del señor y la señora Granger, que resultaron opinar igual que Ron. De todas maneras se pusieron muy contentos cuando se enteraron que sería niña.
-Mi tía está buscando "nombles" bonitos "pala" hermanita – les dijo James a sus abuelos, cuando disfrutaban del postre – y yo lo voy a "escogel".
Después de padecer de una tarde con tranquilo sermón, los tres regresaron a la casa de Harry casi al atardecer. Se llevaron una sorpresa cuando al entrar en ella Crookshanks los recibió maullando y enroscándose en sus piernas.
-¿Libby... aquí? – se extrañó Hermione, mientras Harry cerraba la puerta.
Los tres subieron para buscarla en el segundo piso, y mientras más avanzaban iban escuchando con mayor claridad la voz de la muchacha que exclamaba: "levántate, levántate"
-Creo que viene de la habitación de Ron – susurró Harry.
Los tres fueron hasta allí, la puerta estaba medio abierta, pudiendo ver perfectamente a Libby arrodillada sobre la cama de Ron, mientras él se tapaba la cabeza con una almohada, acostado boca abajo.
-Arriba, Ron – le insistía Libby, saltando sobre el colchón –. Es importante, necesito de tu opinión.
-Déjame dormir – gruñía él.
-No – replicaba Libby, testaruda, y saltando sobre la cama –. Es en serio, es importante.
De pronto, James terminó de abrir la puerta y se abalanzó sobre la cama de Ron antes que Harry o Hermione lo detuvieran. Se paró sobre el colchón, al lado de su tía, y se puso a saltar.
-"Aliba", Ron – gritó James a todo pulmón, saltando. Libby lo miró con una sonrisa, saltando ella también.
-Tengo sueño – gritó Ron en falso sollozo.
Libby colocó sus manos sobre el colchón, saltando como si fuera un perrito. James no había dejado de hacerlo. En un último intento porque lo dejaran en paz, Ron tomó su varita mágica y se dio la vuelta para apuntar a alguno de los dos. Harry se abalanzó sobre James, a tiempo para cogerlo en el aire y alejarse unos cuantos pasos antes que Ron exclamara:
-Succio di mora.
¡SPLAS! Un líquido morado y espeso le dio de lleno a Libby en la cara, logrando que inclinara un poco su cuerpo hacia atrás debido al impacto. Al percatarse de su acción, Ron se llevó una mano a la boca, horrorizado ante el espectáculo que había causado. Parecía que el sueño se esfumó por completo.
Libby se recompuso. Por su suéter color blanco escurrían enormes gotas del líquido. Con sus manos se limpió los ojos, mientras le decía a Ron:
-¿Eres idiota o qué?
-Lo siento – se apresuró a decir el pelirrojo –. Yo apunté a James, no a ti.
-¿Cómo? – inquirió Hermione, furiosa.
Tomó uno de los cojines del suelo y fue directo hasta Ron, pegándole con él en la cabeza en repetidas ocasiones.
-¿Cómo te atreves si quiera en intentar atacar a mi hijo? – decía ella, sin dejar de pegarle –. ¡Aprovechado, ¡oportunista!.
-¡Harry, ayúdame! – exclamó Ron desesperado y protegiéndose la cabeza con ambas manos –. ¡Me quiere matar!
Harry dejó a James en el suelo, y fue hasta donde Hermione, tomándola de un brazo y alejándola de su amigo. La chica seguía dando cojinazos al aire, esperando que uno de ellos alcanzara la cabeza de Ron.
-Hermione, tranquilízate – le aconsejó Harry, mientras tomaba la mano en la que ella tenía el cojín y arrebatándoselo, lo tiró al suelo.
-No es para tanto – se defendió Ron. Tenía la cara muy roja, tanto como su cabello.
-Ya me dirás que no es para tanto – dijo Hermione en tono mordaz –. Con que vuelvas a intentar lanzarle algo a mi hijo, te juro que me las pagas.
-Sabe "lico" – dijo James, chupándose el dedo índice. Lo pasó por el rostro de Libby y le preguntó –: ¿Qué es?
-Jugo de mora – contestó Libby. Sacó su varita y exclamó apuntándose con ella –: Fregotego.
En unos cuantos segundos el aspecto de Libby era impecable.
-Ves, no era nada – le dijo Ron a Hermione de mal humor.
-Bueno – intervino Harry mirando a Libby para que entre Ron y Hermione no se armara una de sus típicas discusiones –, para qué era ese alboroto que estabas armando.
-Es que tengo una amplia lista de nombres para la bebé – dijo Libby con una mirada brillante.
-¿Para eso me querías levantar? – inquirió Ron bastante indignado.
-Si – repuso Libby sin inmutarse –, necesitaba de tu opinión antes de darle una lista definitiva a Hermione y Harry.
-Yo "quielo" saber – gritó James con entusiasmo.
Libby chilló y se abalanzó sobre el niño, recostándose ambos sobre la cama y abrazándolo con fuerza, mientras James gritaba desesperadamente.
-Ya son muchas palabras que dices bien – observó Libby, incorporándose y sonriendo de oreja a oreja. James se había quedado acostado, recuperando el aliento –. La lista la traje conmigo – le dijo a los adultos. Sacó del bolsillo trasero de su jean un papelito cuadrado y lo desdobló varias veces, hasta quedar del tamaño de un libro grande –. Los dividí por iniciales para que quedara más fácil y ordenado y voy a hacer hincapié en los que más me gustaron para que tengan preferencia a la hora de elegir.
Ron bufó, adentrándose nuevamente entre sus sábanas. Harry con un movimiento de su varita hizo aparecer un par de asientos, para que Hermione y él se sentaran. Libby se sentó al estilo Buda al lado de Ron y James siguió acostado, tratando de sobrevivir.
-Voy a comenzar por la A: Adela, Adelaida, Akela, Almendra, Alcantarilla (mentiras, mentiras), Amelia, Amalfi, Anastasia...
La lista resultó ser bastante extensa. Libby parecía no cansarse de decir y decir nombres, algunos bastante comunes, otros bastante anormales. La chica no se inmutaba cuando Harry o Hermione abrían notablemente los ojos al escuchar nombres como Kimberliyuldobanely, Mayerlinger y Demetria. Ni siquiera los bufidos de burla de Ron lograban intimidar a la muchacha.
-Por unanimidad hay cinco nombres que nos gustaron – dijo Libby muy contenta, anotando en un espacio sobrante de la interminable lista –. Está Lelee – Ron soltó otro bufido –, Joan, Lara, Charlotte y Daphne.
-Joan – dijo James levantando la mano.
-A mi me gusta Charlotte – opinó Hermione – Es un nombre de categoría.
-Lelee es mejor – intervino Harry –. Al pronunciarlo suena como el de mi madre.
-Yo digo que Lara – lo interrumpió Libby –. Como la arqueóloga Lara Croft...
-¿Esa no es la de un videojuego? – le preguntó Hermione.
-Si, y es muy famosa – repuso Libby con solemnidad.
-Joan – repitió James, levantando la otra mano para hacerse notar.
Siguieron tratando de tomar una decisión definitiva por otros veinte minutos. Cada uno argumentaba las razones por las cuales habían elegido cada nombre, aunque James solo argumentaba que el de Joan se parecía al suyo. Aún así el niño no se rindió y trataba de imponer su opinión por encima de las demás. Ron se dedicó a dar vueltas sobre su cama, gruñendo y bufando constantemente por la falta de respeto hacía él y su cansancio. Llegó un punto en el que el pelirrojo no lo aguantó más y de muy mal humor se sentó, fulminándolos a todos con la mirada.
-¿Tanto problema por un nombre? – les espetó –. Escríbanlos en papelitos, échenlos en una bolsa y saquen uno al azar... y se quitan el problema de encima.
-No señor – le dijo Libby –. Esto es muy importante, por si no lo sabías con el nombre que escojamos será conocida durante toda la vida.
-Entonces díganle: niña, y punto – les sugirió Ron con un dejo de desespero.
-¿Qué es lo que tienes en la cabeza, Ron? – le preguntó Hermione muy asombrada.
-Tengo un mundo mucho más sencillo y feliz que el de ustedes cuatro – contestó su amigo, señalándolos –. Decidan rápido y fuera de aquí – Se puso la almohada en la cara, dejándose caer nuevamente.
-No creo que los papelitos sea buena idea – susurró Harry pensativamente –. Qué tal que salga un nombre que no nos guste – agregó, mirando a Hermione.
-Bueno, hay tiempo suficiente para escoger uno entre los cinco finalistas, ¿no? – observó Hermione.
-No, Hermione – la contradijo Libby –. Es bueno escoger un nombre de inmediato. Ya sabes lo que dicen en Discovery Healt...
-¡Dios mío! – gritó Ron a través de su almohada, desesperado –. ¿Qué he hecho, dime? – Volvió a sentarse y con chispas en los ojos les dijo –: Harmony.
-¿Qué? – preguntaron los adultos al unísono.
-El nombre – dijo Ron –. No se ponen de acuerdo, pues bueno... Harry más Hermione, le restas unas letras y queda Harmony.
Harry, Hermione y Libby lo miraron con atención.
-¡Harmony! – gritó James, saltando sobre la cama.
Harry y Hermione se miraron, sonriendo, luego miraron a Libby que estaba debatiendo consigo misma. No se sabía exactamente, pero parecía sufrir un dilema en abalanzarse sobre James o abalanzarse sobre Ron.
-¿Satisfechos? – preguntó Ron, levantando una ceja.
-Harmony Potter – dijeron Harry y Hermione a la vez, aprobando el nombre.
En ese momento Libby se abalanzó sobre Ron, tumbándolo en la cama. James en medio de sus saltos hizo lo mismo, cayendo en el estómago del pelirrojo y sacándole el aire.
-Ahora si me muero – musitó Ron.
-Harmony es un nombre precioso, ¿no crees? – le dijo Hermione a Harry, mientras éste encendía la chimenea de su habitación.
-Si, y quién se imaginaría que se le ocurriría a Ron – repuso Harry, luego de encenderla con un movimiento de su varita.
En cuanto Harry se retiró de allí Crookshanks se acurrucó frente a ella, dejando desparramada por el suelo su peluda cola.
La noche estaba muy fría, nevaba con mucha intensidad. Hedwig y Pigwedgeon estaban encerradas en sus jaulas, en la cocina, para que no padecieran del clima. La ventana estaba muy empañada, con la nieve cubriendo el alfeizar. James ya se había acostado a dormir, lo haría con Libby, pero ella se quedó con Ron jugando un rato en la X-Box, aprovechando que al pelirrojo le espantaron el sueño.
-¿Mañana a qué hora te vas? – preguntó Harry, tratando de acomodarse mejor con la almohada.
-A medio día – contestó Hermione –. Mañana James regresa a la escuela.
-¿Cómo crees que lo traten los niños después de la suspensión?
-Con lo que vimos el jueves, lo más probable es que lo reciban con honores – opinó Hermione con preocupación.
Cuando despertó aún en la noche, Harry no supo cuantas horas estuvo dormido. Por la parte baja de su puerta se colaba una luz que centellaba con bastante frecuencia. Al principio se imaginó que Ron estaría lanzándole hechizos a alguien, cuando recordó que su amigo estaba jugando y de allí nadie lo paraba. Con una pereza tremenda, se levantó para decirle a su amigo que durmiera, ya estaría a punto de amanecer y después el pelirrojo se quejaba de no dormir lo suficiente.
Al abrir la puerta de la habitación de su amigo se sorprendió al ver a James sentado entre Ron y Libby. Los dos adultos estaban bastante concentrados moviendo todos los botones de sus controles y en cuanto James se dio cuenta de la presencia de Harry se acostó en la cama y cerró los ojos, haciéndose el dormido.
-¿Qué haces levantado a estas horas? – inquirió Harry con el ceño fruncido. Avanzó hasta el niño y lo cargó.
-No tengo sueño...
-¿Y ustedes permiten que a estas horas de la madrugada deambule? – les preguntó a unos concentrados Ron y Libby.
-Párala – dijo Ron, luego miró a Harry –. De madrugada no hay nada. Son casi las once de la noche.
-De todas maneras – les dijo Harry, sorprendido –, él debe estar durmiendo a estas horas.
-Perdona, fue mi culpa – intervino Libby –, pero no podía dejar que Ron me ganara, lo siento. Dame a James y voy y lo acuesto.
-No, yo lo hago – repuso Harry, saliendo de la habitación y cerrando la puerta.
-No tengo sueño – repitió James en un susurro.
Harry no dijo nada. Ingresó en la habitación que ocupaba el niño y lo acostó en la cama más pequeña. Al cubrirlo con las sábanas se sentó a su lado y no se levantó de allí hasta que el niño se durmió.
-James, comenzó Bob Esponja – dijo Harry en voz baja. Pero el niño no se movió. Por fin estaba dormido.
Durante el resto de la semana Harry asistió muy juicioso a sus fisioterapias, las últimas que necesitaría para que le dieran completamente de alta. También tenía que acomodar nuevamente sus horarios porque los entrenamientos de quidditch reiniciaban a la semana siguiente. Al comunicarse con Hermione durante ese tiempo comprobó, para sorpresa suya, que ella tenía razón referente al recibimiento que le harían los compañeritos de estudio a James. Fue aplaudido con mucho entusiasmo el lunes cuando ingresó a clase y a partir de entonces no lo dejaban solo en ningún momento, especialmente en el recreo, para que los bravucones y buscapleitos fueran tras él en busca de revancha. Según las propias palabras de Hermione, lo que organizaron fue un bloque de protección.
El viernes, después de finalizar con la última fisioterapia, el doctor Morgan le ofreció un trago de champagne, para brindar por su recuperación. Harry la aceptó, dividido por el asombro y la diversión. Al llegar a casa, Ron lo recibió con un suculento almuerzo, enviado por la señora Weasley, para celebrar por el mismo motivo y cuando estaba disfrutando de él, una llamada telefónica lo obligó a interrumpir su maravilloso deleite.
-¡Que bien que ya hayas terminado con eso! – le dijo Hermione con entusiasmo.
-La otra semana reiniciamos los entrenamientos de quidditch – le informó Harry.
-¿Y para cuándo tienes el primer partido?
-Sábado 14 de febrero, ¿por qué?
-Porque he recibido una lechuza hace poco – contestó ella – y me aceptaron en la revista La Transformación Moderna.
