31

EL SI Y EL NO

El corazón de Harry palpitaba a gran velocidad, respiraba con lentitud pero con fuerza. Sus ojos verdes miraban a los castaños de Hermione, ella se quedó estática con los labios un poco abiertos y el entrecejo ligeramente arrugado, ligeramente arqueado.

-¿Cómo? – susurró ella con cierto temor en la voz.

-Si quieres ser mi novia – repitió Harry, claro y despacio

Hermione arqueó por completo las cejas y apartó su vista de él. Miró por breves segundos las tres veladoras, parpadeó con fuerza mordiendo suavemente su labio inferior y se levantó. Caminó por toda la habitación, con ambas manos cubriendo su boca, envuelta en una mirada de preocupación. Harry sintió cómo se le caía el alma a los pies. Quizás era demasiado pronto proponerle algo más formal a Hermione. Quizás aquel no era el momento, ella estaría pensando que todas las atenciones de la noche eran únicamente para comprometerla en darle una respuesta afirmativa a Harry. Lo peor, quizás ellos estaban mejor así, cada cual por su lado, limitándose en tiempo como los amantes.

Harry salió de sus fatídicas conclusiones al escuchar sollozar a Hermione. Se levantó rápidamente y fue a su encuentro; ella le daba la espalda y sollozaba con fuerza. A pesar de lo pesados que estaban sus brazos en ese momento, no dudó en abrazarla en completo silencio. No sabía cómo decirle que lo sentía, ni siquiera sabía si debía decírselo; simplemente la abrazó, cerró los ojos y apoyó su cabeza en la de ella.

Con rapidez, Hermione dio media vuelta para quedar frente a Harry y con lágrimas en los ojos lo abrazó con fuerza.

Harry no podía comprender su actitud. Una gran confusión invadió su cabeza más que su alma. Hermione le diría que no. Por eso lloraba y se aferraba a él, no sabía cómo negarse.

-Harry, no tienes idea – balbuceó ella sin dejar de sollozar.

-Si que la tengo – la contradijo, con voz de ultratumba

-¿De verdad sabes lo que esto significa para mi? ¿De la sorpresa que me produjo tus palabras?

"Claro que sé lo que significa", quiso decirle él, "seguramente me mandarás de nuevo al demonio". Pero no fue capaz, tenía la garganta seca y estrecha debido a la desdicha. Intempestivamente Hermione lo besó con ansias; Harry se quedó de piedra, no supo cómo reaccionar.

-Si, acepto – dijo Hermione, mirándolo a los ojos y sorbiéndose la nariz.

-¿Aceptas? – preguntó Harry con escepticismo.

Hermione asintió con timidez; Harry se llevó ambas manos a la cabeza sin podérselo creer. Retrocedió unos pasos sin dejar de mirarla.

-¿De veras aceptas? – repitió de nuevo.

-Si, Harry, ¿no me crees?

Pero Harry no contestó. Se había abalanzado sobre Hermione para besarla, con tal fuerza que casi la derrumba.

-Lo siento, ¿estás bien? – preguntó él con preocupación.

-Si, si, no pasó nada… Ten más cuidado la próxima vez que estés tan efusivo – repuso Hermione, secándose las lágrimas con la yema de los dedos.

Harry no se lo aseguró, prefirió cargarla en sus brazos y a paso lento llevarla hasta la cama.

-Pesas bastante – dijo Harry en broma.

-Y tú no has dejado de ser el debilucho de siempre – repuso ella.

-Ya vas a comprobar lo debilucho que soy…

A la mañana siguiente Harry se sentía incapaz de abrir los ojos, estaba tan cansado que creía tener brazos y piernas de plomo. A lo sumo era capaz de respirar, aunque lo hacía de manera lenta y suave ya que aquella labor le resultaba tremendamente complicada. Una mano suave y delicada recorría su pecho, explorando como si la dueña de aquella mano lo conociera a ciegas. Harry sonrió ante la agradable sensación de cosquilleo que le ocasionaba aquellas caricias. Segundos después sintió una respiración que impactaba de lleno en su oreja izquierda.

-Buenas tardes, novio – susurró Hermione.

-¿Tardes? Querrás decir días.

-No – lo contradijo Hermione con dulzura –, son tardes y desde hace varios minutos. Creo que dormimos un poquito más de lo acostumbrado.

Harry abrió un ojo y volvió su cabeza a la derecha levantándola un poco a la vez, eran las doce con veinte. Debido al titánico esfuerzo que realizó dejó caer su cabeza en la cama y volvió a cerrar su ojo, quería descansar.

-Nada perdemos en dormir otro ratito.

-Yo no quiero seguir durmiendo – susurró Hermione con malicia.

-¿Quieres más? – preguntó Harry sorprendido.

-Si, quiero un poquito más.

Lo que le faltaba. Harry estaba completamente desbaratado y Hermione quería más de él. ¿Acaso no le habían bastado las cuatro veces que lo hicieron? ¿O había sido tan pésimo amante que ella consideraba merecer una compensación? Pero, si él estaba así era por su culpa; después del todo era el que había hecho el mayor esfuerzo todo para que ella no realizara un movimiento peligroso.

-¿No te bastó con lo de anoche? – preguntó Harry con suavidad.

-Quedé más que satisfecha – repuso Hermione –, por eso quiero un poquito más… ¿no me digas que estás cansado?

-No, para nada – mintió Harry. Abrió los ojos y dio media vuelta para que su cabeza quedara unos centímetros por en encima de la de ella –, pero me da miedo que te pueda pasar algo por tanta actividad.

-Vamos, Harry, no seas malito – dijo Hermione con la voz de una niña castigada. Enredó sus piernas con las de Harry y le acarició la espalda –. Mira que voy a darte un segundo hijo, deberías ser más considerado.

Harry la miró con los ojos entornados, ahora resultaba que Hermione era una manipuladora.

-Eso es trampa ¿Cuándo estabas esperando a James, qué hacías?

-Nada – contestó Hermione –. Te odiaba demasiado como para poder llegar a sentir esa necesidad.

Aquello fue como un baldado de agua fría para Harry. En ese momento sintió que las fuerzas retornaban a su cuerpo y de golpe se incorporó.

-¿Qué pasa?

-Nada – gruñó Harry, colocándose las gafas.

-No sé qué te ocurre últimamente, pero me parece que estás bastante sensible – opinó Hermione con serenidad.

-¿En serio? – preguntó Harry con ironía, vistiéndose a toda velocidad.

-Si, primero te ofendes porque supuestamente te había dejado solo en días pasados y ahora me resultas con esto.

Harry no dijo nada. Tomó sus zapatos y el abrigo, y con pantalón puesto y camisa a medio abotonar se dirigió a la puerta. Antes de siquiera tomar el picaporte Hermione se interpuso en su camino, cubierta por una de las sábanas de la cama y hecha una fiera.

-Deja de ser tan inmaduro, Harry – le dijo Hermione con crudeza.

-El que me dijera que me odiabas no es algo que pudiera considerar como un halago – repuso él con frialdad.

-Creí que me comprenderías – se defendió ella –. Tú también debiste odiarme durante todos estos años por haberte alejado de tu hijo, y lo merezco. ¿Pero, sabes qué? Haz lo que quieras, si eso te sirve para descargar tu decepción al enterarte de lo que estaba pasando por mi cabeza en ese momento.

Y sin decir más le dio paso para que se marchara mientras ella lo hacía por su cuenta, encerrándose en el baño y azotando la puerta. Pero Harry no se movió; se quedó allí, parado como un tonto, con la mitad de la ropa en sus manos y la cabeza en otro lado. Regresó con lentitud a la cama y dejando en el suelo todo cuanto llevaba en las manos se sentó. Intentó comprender las palabras de Hermione, pero su ira se lo impedía.

Hermione le había dicho que antes lo odiaba, y sí, eso le había dolido muchísimo, pero según le entendió lo había dicho porque él la comprendería, después de todo estaba conciente que Harry la odió por mucho tiempo. Quizás aquello era lo que más le dolía a él, que Hermione se amparara en ese argumento. Bien era cierto que durante meses estuvo buscándolos y no encontrar rastro alguno lo decepcionaba y encolerizaba hasta llegar al punto de desprenderse de sus sentimientos por Hermione y preocuparse más por su hijo. Por otra parte, Hermione se había atrevido a comentarlo porque confiaba en su madurez y buen juicio, pero ninguna de las dos se hizo presente, al fin y al cabo ahora eran formalmente una pareja, sólo quedaba hablar con los padres de Hermione para formalizar las cosas y ya. De todas maneras Harry consideró que aquel comentario fue imprudente e inoportuno para el momento.

Con decisión se levantó y fue hasta la puerta del baño para llamar la atención de Hermione.

-Hermione, tenemos que hablar – le dijo luego de tocar a la puerta dos veces.

Pero no hubo respuesta. Harry pegó el oído a la puerta, únicamente se escuchaba el ruido de la regadera.

-Vamos, no seas terca, tengo que hablar contigo.

De nuevo nada, ni siquiera se escuchaba que Hermione estuviera moviendo algún objeto. Entonces, Harry recordó lo furiosa que estaba… ¿y si le había ocurrido algo?

-¡Hermione, abre la puerta! – exclamó moviendo el picaporte, pero estaba asegurado –. ¡Me estás asustando!

Con rapidez sacó del bolsillo del pantalón la varita mágica y gritó:

Alohomora!

Al entrar se enredó con la sábana que Hermione llevaba puesta minutos atrás. Con torpeza y afán se desenredó de ella, dirigiéndose a la ducha. Tomó la cortina azul oscura con una mano y la corrió de golpe. Hermione estaba allí parada bajo la regadera, dejando que el agua cayera de lleno sobre su cara para luego resbalar por su cuerpo. Harry respiró aliviado.

-¿Por qué no contestabas?

-No quería.

-No seas infantil, Hermione.

-¿Infantil, yo? – preguntó ella, mirándolo sin dar crédito a sus palabras –. Estás muy equivocado. Aquí el que está poniendo problemas por cualquier tontería eres tú.

-Tengo el derecho de haberme enojado por el comentario – repuso Harry –, porque era el momento menos apropiado para que lo hubieras hecho, ¿Cómo crees que me sentí?

-Fue un simple comentario, no una absoluta afirmación – replicó Hermione con frialdad y cerró la cortina con fuerza.

-Claro que fue una afirmación – dijo Harry con terquedad, abriendo de nuevo la cortina y entrando en la ducha –. Es más, me dijiste que eso fue lo que pasó por tu cabeza.

-¿Qué haces? ¡Sal que te puede dar una neumonía! – ordenó Hermione, empujándolo hasta que salió de la ducha.

Ella volvió a cerrar la cortina y Harry se miró los pies; las medias y el pantalón estaban empapados hasta la altura del tobillo.

-No me cambies de tema, la neumonía viene y va – dijo Harry, quitándose las medias para escurrirlas. Aquello le dio una idea mientras Hermione resoplaba con incredulidad –. Cuando me saliste con semejante comentario estaba a punto de ceder, pero se me quitaron la ganas de inmediato.

-Perdóname por haber creído que podía confiar en ti – pidió Hermione en tono sarcástico.

-En mi has podido confiar siempre y te lo he demostrado de muchas maneras – replicó Harry con suavidad, quitándose su ya no seco pantalón –. Pero tienes que reconocer que lo que me dijiste, sea inocente o no, estuvo fuera de lugar.

Hermione guardó silencio. Harry sonrió. Sabía que ella le daba la razón y no tenía argumentos para alegar. Más allá del vengativo placer que podía sentir al dejar a Hermione sin como sustentar sus intenciones, el hecho de resolver ese problema de una manera muy cercana a llamarla civilizada lo hizo sentirse orgulloso de todo lo que había aprendido y madurado desde que se vieron cara a cara en casa de Hermione, recurriendo a los gritos y armándose Troya o cuando discutieron tan acaloradamente en Australia, mientras se hospedaban en la casa de los abuelos de Libby.

Mucho más tranquilo de lo que hubiera esperado, Harry decidió que era tiempo de darse un buen baño. No quería esperar a que Hermione terminara con el suyo y sin dar explicaciones ingresó en la ducha. No sentía vergüenza, Hermione estaba más que acostumbrada a mirarlo desnudo; no fue extraño el cruce de miradas ni que ella se moviera para darle lugar a que disfrutara de la potente y tibia regadera. Harry dejó las gafas al lado del jabón y sacudió la cabeza bajo las gotas de agua.

-Que bien se siente – comentó.

Hermione no dijo nada, Harry frunció el entrecejo.

-¿Piensas quedarte muda para siempre? – preguntó harry con suavidad, volviéndose hacia ella.

-No, solo por ahora.

-El que debería estar así soy yo – observó él mientras tomaba la botella del shampoo –, después de todo fui el ofendido. Admito que la reacción que tuve fue in tanto impulsiva y que en la última semana ha ocurrido con frecuencia; la verdad no me explico las razones, generalmente ocurre cuando creo que estás siendo injusta conmigo tanto en lo que dices como en lo que haces…

-Fue sin intención – lo interrumpió Hermione sin poderse contener – y por enésima vez te repito que la noche del miércoles no te dejé solo.

-Y te creo, después de todo ése día desperté un poco tarde, es natural que a esas horas no te encontrara a mi lado. Lástima que mi cerebro no lo pensara de esa manera.

Hubo otro largo silencio. Hermione apoyó su cuerpo contra la pared, Harry le dio la espalda y se concentró en estrujarse el cabello con fuerza para que le saliera más espuma al shampoo. El agua estaba deliciosa, Harry la disfrutó enjuagándose la cabeza, dejando que se deslizaran con libertad las potentes gotas de agua. En una ocasión levantó la mirada para que el rostro fuera golpeado por el chorro. Las manos de Hermione rodearon el pecho de Harry, apoyando la cabeza por detrás de su hombro.

-Lo siento – susurró ella.

Harry tomó sus manos y las retiró con delicadeza. Dio media vuelta para quedar frente a ella; Hermione lo miraba intrigada, imaginándose seguramente un rechazo, pero en lugar de eso lo que recibió fue un abrazo de Harry.

-Yo también lo siento – le susurró él al oído.

Hermione imitó el gesto de Harry, abrazándolo también. Con el agua cayendo sobre sus cuerpos y sumidos en un profundo y desesperado beso volvieron a unir sus almas y cuerpos, Harry sosteniéndola con fuerza y ayudado por el apoyo de Hermione en la pared, omitiendo un suave pero inesperado dolor en la espalda.

Al atardecer en el apartamento de los padres de Hermione había un gran alboroto, todo debido al juego que iniciaron Libby, Ron y James. Los tres se reunieron en la salas para jugar al Súper Héroe, donde James debía rescatar a Libby de las garras del malvado Ron, armado únicamente con una espada de plástico y teniendo como fiel compañero a Crookshanks. Cada vez que el niño saltaba entre sofá y sofá Hermione se debatía consigo misma en si llamarle la atención o no. Sus padres no ponían problema, todo lo contrario, lo animaban para que no se diera por vencido en derrotar a Ron quien gracias a su tamaño levantaba con facilidad al niño para dejarlo tendido en el suelo.

-¡Nunca lograrás derrotarme, pequeña esponja escurridiza! – exclamó Ron en tono siniestro.

-Es Bob Esponja – aclaró James, levantándose por séptima vez.

-Hombre, eso es lo mismo – repuso Ron.

-¡No! – gritó James, señalándolo con la espada y arrugando el entrecejo y los labios –. Y soltarás ya a mi tía.

-Soy damisela – saltó Libby.

-La damisela es mi hermanita – dijo James con solemnidad.

Todos soltaron una carcajada, incluido Ron. Libby miró a James con los ojos entornados, sin poder creer lo que acababa de escuchar. Después miró a Ron que no se inmutaba ante su amenazadora presencia.

-Crookshanks, ¡ataca! – exclamó ella, señalando a Ron.

Crookshanks la miró con la cabeza ladeada, aparentemente confundido con la orden que ella acababa de darle. Ron se sentó en el sofá para seguir riendo con tranquilidad al comprobar que el gato no le haría nada ya que había ido directo a Libby a enroscarse en su regazo. James aprovechó la distracción del pelirrojo y le pinchó el estómago con la espada en varias ocasiones, hasta hacerlo perder el aliento.

Esta vez fue el turno para que Libby riera, pero no con la risa desparpajada de siempre, aquella era una risa más serena y tranquila.

-Ya cumpliste tu misión – intervino Harry mientras cargaba a James de las axilas. Ron estaba medio encogido en el sofá, rojo por la risa y la falta de aire.

-No podemos negar que por lo menos alguien cumplió con lo que se le encomendó – comentó Libby como quien no quiere la cosa, mirando a Crookshanks con infinito rencor.

-Pues yo considero ese triunfo como una trampa – dijo Ron, luego de inhalar profundamente –. Me tomó desapercibido.

-Los malos no siguen las "leglas" – observó James.

-¡Dios mío! No solo es un héroe, ¡también es nerd! – dijo Libby, dividida entre el asombro y el horror.

Los seis adultos cenaron una exquisita comida preparada por la madre de Hermione. El comedor fue inundado de amenas conversaciones dividiéndose en grupo de mujeres y grupo de hombres. Hermione, su madre y Libby conversaban con entusiasmo sobre todos los objetos adorables que cada cual haría para la habitación de Harmony, y aunque ninguna sabía cuál sería el tamaño de la misma (en aquel apartamento ya no habían más habitaciones) contaban con toda confianza en que Harry compraría una casa nueva y muy grande para vivir con toda su familia. Es más, Libby, dándoselas de pitonisa, pronosticó mientras cerraba los ojos concentrándose al máximo, que Hermione viviría en una campiña antigua en medio del llano. Harry, el señor Granger y James trataban de explicarle por todos los medios a Ron cómo era que jugaban los muggles al fútbol y cuál era la gracia del mismo. Pero tal como en sus años en Hogwarts, donde Dean Thomas se descocía explicándole millones de veces, Ron no le encontró nada de interesante y afirmó que era muchísimo más interesante el fútbol americano.

-¿Y para cuándo piensas comprarla? – preguntó Ron por lo bajo, sentados él y Harry en el alfeizar de la ventana de la sala.

-¿Comprar, qué?

-Tu nueva casa. Las mujeres ya se hicieron a la idea y lo más probable es que habrá fiesta de inauguración y todo…

-No se me había pasado por la cabeza comprar una nueva casa – admitió Harry, mirando cómo su hijo le hacía cosquillas en el estómago al señor Granger. Las tres mujeres estaban en la cocina, hablando de sus cosas.

-Se nota tu inexperiencia – comentó Ron con vehemencia.

-Eres tan inexperto como yo – replicó harry con suavidad.

-Ni creas. Últimamente he pensado mucho en mi futuro – le dijo Ron con una seriedad desconcertante –, y sobre la gran posibilidad que hay de independizarme.

Harry lo miró con total escepticismo.

-¿Independizarte?

-Si. Desde que Hermione apareció de nuevo sabía que tarde o temprano la hora de mi partida llegaría. Yo pensaba hacerlo, pero dentro de un par de años, cuando ya viviera todo lo que tenía por vivir y por fin sentar cabeza, pero quizás los planes se adelantaron o simplemente me desboqué un poco en los pronósticos de tiempo, no sé.

-¿Ron, qué me ocultas? Vamos, soy tu amigo – le dijo harry sin rodeos, dispuesto a sacarle, así fuera con ganzúa, la confirmación de su relación con Libby.

-Eso hace parte de mi vida privada – repuso él, bastante digno.

-Entonces, se trata de una mujer – apuntó Harry como si tratara de adivinar por chiripa.

-De una maravillosa mujer – lo corrigió Ron.

-Al menos hay un "ella", ¿Quién es?

-Deja de ser tan curiosos.

-¿Es muggle?

-Tendría que dar muchas explicaciones sobre el concepto de la magia y todo eso.

-¿Una chica troll?

-Jamás en mi vida he tenido mal gusto.

-¿Una bruja?

-La mejor opción.

-¿Pelirroja?

-Sería como estar besando a mi madre – repuso Ron, estremeciéndose.

-¿Castaña?

-Suficiente tengo con los regaños de Hermione.

-¿Trigueña?

-Nunca tuve la oportunidad de estar en el Caribe – se quejó Ron, lamentándose en lo más profundo de su ser.

-¿Hindú?

-Quedé purgado luego de la cara que me puso Padma Patil en cuarto año – dijo Ron con sinceridad.

-¿Rubia?

-Como Kim Bauer.

-¿Libby?

-Como Kim Bauer – repitió Ron automáticamente. Cuando cayó en cuenta de su comentario se limitó a cerrar los ojos, recriminándose a sí mismo.

-No me lo esperaba – dijo Harry tranquilamente.

-Es que soy impredecible.

-Estamos de acuerdo.

-Pero no le digas a Hermione – le advirtió Ron a manera de súplica.

-¿Por qué?

-Es capaz de darme una prolongada conferencia de si merezco o no estar con Libby – argumentó el pelirrojo –. Ya sabes toda la lata que da cuando te inmiscuyes con alguien a quien quiere mucho.

-Siempre fue así con todos, hasta contigo.

-Pero en una dosis más mesurada ¿Recuerdas cuando mantenía informada sobre Cho cuando ustedes anduvieron? Yo simplemente recuerdo la mala cara que me hacía porque me fijé en Fleur simplemente por su belleza… Por eso temo la conferencia ¿Qué tal que piense lo mismo de mi sobre Libby?

-Hermione es conciente de que has crecido – lo tranquilizó Harry, sabiendo perfectamente que ella veía con buenos ojos la relación de su amigo y Libby –. Además, no se te puede ocurrir que ella ya lo sabe.

-No me asustes.

-Vamos, Ron, sabes que Hermione ha estado un paso por delante de nosotros.

Ron abrió los ojos como platos y de inmediato dirigió su vista a la cocina. La señora Granger organizaba unos platos; Libby y Hermione hablaban en secreto, soltando risitas flojas. Ron se desconcertó, aparentemente la actitud desafiante y despreocupada que había tenido en referencia a Hermione desde su regreso a la vida de Harry había desaparecido por completo.

-¿Acaso va en serio lo que ustedes tienen? – le preguntó Harry con incredulidad.

-Eso creo…

-¿Por qué la duda?

-Ella no tiene nada que hacer aquí y decirle que venga para pasar todo el tiempo juntos… - Negó enérgicamente con la cabeza, incrédulo –. Así no duraríamos mucho que digamos.

Desde ese momento Harry se propuso buscarle con rapidez un trabajo digno de las habilidades de Libby y ya tenía en mente uno.

James se durmió cerca de las nueve de la noche, fue un verdadero alivio porque en cualquier momento Hermione hubiera discutido con él para que se acostara temprano porque tenía que ir a estudiar el día siguiente. En cuanto ella y Harry le pusieron el pijama y lo acomodaron en su cama, los cuatro jóvenes fueron hasta la azotea con un enorme termo lleno de café caliente, una radio y una botella de brandy llena hasta la mitad. Vigilando que ningún muggle residente del edificio le diera por subir a esas horas, cada cual con un movimiento de su varita mágica hizo aparecer sillas reclinables. Libby, con un movimiento adicional, apareció una pequeña mesa cuadrada con cuatro tazas y sobre ella puso el termo, la radio y la botella de brandy.

-Hay que cerrar con broche de oro este fin de semana tan emocionante – dijo la chica con entusiasmo. Harry y Hermione se miraron con disimulo, reprimiendo una sonrisa –. Buen partido, buen concierto.

-¿No nos has contado como estuvo? – le preguntó Harry, falsamente interesado.

-Realmente excelente – contestó Libby con sinceridad. Pese a la tenue iluminación del lugar se distinguió cómo enrojeció Ron.

-¿Cuánto duró?

-Varias horas – dijo distraídamente, sirviendo el café en cada taza.

-¿Es de Colombia?

-No, es de aquí…

-Me refiero al café – aclaró Harry tratando por todos los medios de mantenerse serio, sus ojos ardían.

-Ah, si, claro – repuso Libby sin darle importancia, pasándole a cada cual su taza –. El que quiera ponerle brandy, que alce la mano.

Ron lo hizo de inmediato, tal cual lo hacía Hermione en su época de estudiante al tratar de contestar alguna pregunta de un profesor.

-No te excedas, Ron – le dijo ella.

-¿Excederme en qué? – se extrañó el pelirrojo.

-En la dosis de alcohol.

-Hermione, yo sé controlarme – dijo Ron bastante ofendido.

-¿Y si te pasa lo mismo que te ocurrió en Perth? – siguió ella con terquedad.

-No va a pasar – replicó Ron con desdén, sirviéndose unas cuantas gotas de brandy en la taza –. Soy como una esponja; absorbo todo, aprendo rápido.

-De todas maneras… – comentó Hermione, mirándolo con preocupación.

-Hermione – la llamó Ron lleno de indignación –, vas a dejarme tomar mi cafecito en paz.

Se llevó la taza a los labios y sorbió un gran trago para segundos después voltear el rostro a un lado y escupir el café con fuerza.

-Esto está muy simple.

-¡Ay, que pena contigo! – dijo Libby con apuro, levantándose de su silla –. Lo que pasa es que en Estados Unidos no tenemos la costumbre de ponerle azúcar.

Harry miró su taza y sin titubear la dejó sobre la mesa, Hermione hizo lo mismo.

-Que gallinas, ¡eh! – comentó Libby con sorna y el ceño ligeramente fruncido.

Durante más de una hora disfrutaron de la alegre música que Hermione encontró en una emisora folklórica, también con un movimiento de su varita hizo aparecer un recipiente con azúcar para que Ron, Harry y ella pudieran disfrutar del café. Hablaron de temas triviales, principalmente de todas aquellas cosas que hicieron en la adolescencia mientras estaban internos en el colegio; en especial por las aventuras de Libby que resultaron ser descabelladamente sorprendentes. Ron sólo reía mientras Hermione se tapaba la boca con ambas manos completamente horrorizada de solo imaginar a su amiga haciendo estallar "por accidente" uno de los cinco salones de pociones con que contaba su colegio. Harry se preguntó en varias ocasiones de la charla cómo alguien con semejante record delictivo pudo llegar a graduarse.

-Eso no es nada – siguió Libby –. Cuando estaba en sexto año, el profesor Munir, quien nos dictaba la clase de Ritos Autóctonos Americanos, no me dejó entrar a clase. Bueno, a mi y a tres compañeras más. Pues me las arreglé para abrir la puerta e ingresé gateando como si nada. Pasaba bajo los puestos de mis compañeras y las tontas sólo se reían. Casi me pillan. Me tocó escuchar toda la clase sentada en un rincón y tomando nota. Tenía que hacer lo que fuera, iba perdiendo la materia. Eso si, la túnica quedó vuelta mier… - dudó y miró a Hermione de soslayo – Bueno, más valía dañar túnica que sacrificar rodillas.

Poco a poco la conversación se fue silenciando para los oídos de Harry. De cuando sentía como la cabeza caía en un profundo precipicio y abría los ojos de golpe inhalando con fuerza. Luego, la voz de Hermione llamando su nombre y zarandeándole débilmente los hombros.

-Vamos a dormir – le dijo ella en voz baja.

-¿Dónde están? – preguntó Harry incorporándose, después de un suave bostezo. No veía por ninguna parte ni a Ron ni a libby.

-Hace poco se fueron – le informó Hermione – Libby se fue a New York y Ron a tu casa.

-¿Por qué no me esperó? – preguntó Harry, rascándose la cabeza.

-No te quiso despertar – dijo Hermione y de un movimiento de su varita desapareció todo –. Dijo que así te despertara que quedarías dormido en el jardín.

-Es un flojo – dijo Harry –, ahora soy una carga para ti.

-Eso no es cierto – repuso hermione, dándole un beso en la mejilla –. Por el contrario, me alegro mucho que te quedes conmigo esta noche.

-Esta noche estoy inservible.

-No es necesariamente por eso que te quiero a mi lado. Mañana tienes que madrugar ¿verdad? Bueno, afortunadamente no es muy tarde. Podrás dormir lo suficiente.

-¿Qué hora es?

-Diez y media.

Harry bostezó con libertad cuando Hermione abrió la puerta del apartamento. Guiado de la mano de ella lo atravesaron, a lo lejos Crookshanks ronroneaba. Se detuvieron en la habitación de James y Hermione le echó un vistazo con rapidez.

-¿Duerme? – preguntó Harry.

-Como una roca.

Suspirando con envidia, ingresaron en la habitación de Hermione. Fue ella quien, además, lo dejó listo para que durmiera, únicamente en boxers. Cayó rendido sobre la cama, los últimos dos días había estado bastante activo y lo único que pasaba por su pesada cabeza era dormir. Hermione se acostó a su lado minutos después, llevaba puesto un suave camisón.

-Gracias, Harry – susurró ella, quitándole las gafas.

-¿Por qué?

-Por este fin de semana tan maravilloso.

-Mereces mucho más que eso. Mereces que todos los días sean maravillosos – se incorporó un poco y apoyó la mano izquierda en el colchón. Con la derecha acarició el rostro de Hermione –. Quiero compensarte por todo el tiempo que estuvimos separados.

-Cuando dices eso es como si estuvieras obligado a complacerme. Pero tu presencia, tu apoyo y tu voluntad de sacar esta relación adelante me son suficientes, y eso, Harry, es lo que más valoro.

Hermione sonrió con serenidad para después besar sus labios con ternura. Lentamente cayeron en la cama, ella sobre él, unidos en un débil abrazo.

-Duerme – susurró Hermione, acariciándole a Harry la frente con la yema de los dedos –, mañana hay que madrugar.

Harry cerró los ojos con lentitud y el rostro de Hermione desapareció. Sintió cuando ella lo cubrió perfectamente con las gruesas y tibias sábanas. Se acostó junto a él y como último esfuerzo se volvió hacia Hermione para abrazarla; ella acomodó el rostro entre la almohada, su mandíbula y su cuello.

-Te juro que no era mi intención dejarte en casa de Hermione, pero me dio tanto pesar despertarte que preferí que te quedaras allí – se justificó Ron al día siguiente luego del entrenamiento.

La mañana estuvo fría y despejada, ideal para un buen entrenamiento y aunque se llevó a cabo según el plan de trabajo de Ralph, no faltaron los despistados que de vez en cuando realizaban una mala jugada a propósito. Como en el caso de Katherine, quien aseguró a viva voz haber golpeado la snitch con la cabeza y le exigía al capitán darle el siguiente día de descanso. Ralph, harto de sus niñerías, juró por Merlín que si volvía a quejarse él mismo la convertiría en una bludger para que los golpeadores del próximo equipo rival jugaran con ella.

-Muchas gracias por tu comprensión – repuso harry con indiferencia.

-De nada. Pero, ¿sabes qué? he notado que algo en ti está cambiando – comentó el pelirrojo. Harry se detuvo en seco y lo miró con detenimiento. Sus compañeros de equipo pasaban por su lado en medio de murmullos hacia el camerino –. Si, Harry. Últimamente tienes un genio bastante voluble, te quedas dormido, comes como cerdo… estás más activo de lo normal. ¿No crees que tratas de acaparar muchas cosas a la vez? ¡Que mal ejemplo te está dando Hermione!

-¿Qué quieres decir con acaparar muchas cosas a la vez? – preguntó Harry, sorprendido.

-Bueno, como jugador te esfuerzas por conservar tu nivel luego de la lesión – observó Ron, Harry asintió –. Además, le dedicas tiempo a James, le ayudas con la tarea y luego juegan. Ni qué decir de Hermione y su nuevo embarazo. También está la intensidad de Estorbo, que desde hace días no se manifiesta ¡gracias a Dios!

-Tengo que hablar con ella – lo interrumpió Harry.

-¿Con quién?

-Con Tamara.

Ron lo miró tal cual ve a un bicho raro.

-¿No crees que eso sería darle demasiadas esperanzas?

-Por el contrario, quiero aclararle las cosas a ella; recordarle que lo nuestro es simplemente una amistad, que nunca llegó a algo más serio porque no quise y nunca me interesé en ella de otra manera…

-¿Cómo es posible que se haya entusiasmado tanto contigo?

-No sé – respondió Harry, encogiéndose de hombros – ¿Algunos besitos, tal vez?

-Que bruja tan retrógrada.

-Es más, voy a llamarla ya – dijo Harry, sacando de uno de los bolsillos de su túnica el teléfono móvil.

-Que la fuerza te acompañe – dijo Ron con vehemencia. Ante la mirada incrédula de Harry agregó –: Me he visto tres maratones de Star Wars con Libby.

Y mientras su amigo se alejaba, Harry marcó a la casa de Tamara. Tuvo que intentarlo tres veces debido a que en los dos anteriores la línea estuvo ocupada.

-Es un milagro que me llames después de tantas semanas – le dijo Tamara con suavidad.

-En realidad he estado bastante ocupado.

-De eso me di cuenta…

-Tamara – la interrumpió Harry con apuro –, te llamo para invitarte a tomar el té.

-¿De verdad?

-Si, ¿Qué te parece si paso por ti mañana a eso de las tres y media?

-Mañana me parece bien.

-Entonces así quedamos. Que pases una buena tarde.

"Ya está", se dijo Harry a sí mismo, "es hora de cortar esto de raíz"