¿Qué Es Lo Más Peligroso Que Harías Por Amor?

Capítulo 2: La Recepción

La Fundación Kukai describía su órbita lentamente, a pesar de que se trataba de una fiesta móvil. Girando sobre su eje de manera progresiva, su impertérrita solemnidad exterior nada debía a lo que se estaba llevando a cabo en su interior.

El salón refulgía con luces tenues, brillantes, bajas, deslumbrantes. La decoración era más bien grave y sobria, la marca característica de Gaignun Kukai. Las mesas se encontraban dispuestas a sendos extremos del salón, y frente al atrio un amplio espacio libre recibiría a los danzantes cuando el banquete diera paso al baile.

Shion entró al gran salón seguida por KOS-MOS. Tras dar una mirada en derredor, confirmó que eran dos de las primeras invitadas en arribar a la recepción, lo que quería decir que Jin no se encontraba a la vista aún.

-¡Jin me prometió que estaría aquí! –se quejó Shion en voz alta-. ¿A dónde se fue? ¿Se le ocurrió a mitad de ceremonia que era mejor cambiar de librero a… No sé… Profesor de algo?

-Shion, él no dio una hora exacta para su asistencia a la recepción –señaló KOS-MOS-. Hay un 72.6239 de posibilidades de que arribe en la siguiente hora, un 17.4761 de que llegue en la subsiguiente hora, un 10.2984…

Shion se limitó a seguir lamentándose mientras pasaba a tomar asiento, KOS-MOS siempre detrás de ella. Y tan pronto como dejaron el vestíbulo, un puntual y muy formal Wilhelm cruzó la puerta de entrada, secundado esta vez por cuatro de sus capas, Roja, Azul, Negra y Verde. Recordó detenerse para firmar el libro de invitados, y sus cuatro capas se adelantaron al salón. No terminaba de rubricar su nombre en el libro –hecho con hojas de verdadero papel, encargado y traído especialmente por Gaignun desde la Vieja Miltia para el evento-, cuando Helmer, acompañado por Canaan, hizo su entrada.

-¡Master Wilhelm! –saludó Helmer-. ¡Como siempre, usted tan puntual!

-No más ni menos que usted, Master Helmer –contestó afablemente Wilhelm-. Master Gaignun, sin duda, tiene preparada una excelsa recepción y, debo agregar, una inolvidable noche en general…

Haciendo una leve genuflexión, Canaan anunció:

-Si me disculpan, pasaré a tomar asiento.

No bien había dejado Canaan a ambos en el vestíbulo, Matthews arribó, seguido por Tony y Hammer, quien se negaba tercamente a abandonar la bolsa de papel que tenía en la cabeza. Hasta tenía pensando no pasar del vestíbulo en toda la noche, y por el momento ya estaba intentando mimetizarse con la pared del fondo en su intento de pasar desapercibido, cuando escuchó una voz que decía:

-Hammer, puedes ir a sentarte con toda calma.

Chaos estaba de pie junto a él con una sonrisa tan amplia, que Hammer olvidó preguntarle cómo y qué hacía allí, ya que hacia cinco segundos allí no había estado.

-Jr. ha dispuesto que la recepción no se transmitida –dijo chaos, sentando cátedra sobre el arte de estirar las comisuras de los labios en una sonrisa y hablar al mismo tiempo-. Puedes relajarte aquí. –Y antes de que Hammer comentara, chaos volvió su atención hacia la puerta y exclamó:- ¡Ziggy y la Sra. Mizrahi! Mis disculpas, Hammer.

Los demás invitados arribaron con similar puntualidad, de modo que cuando los recién casados, Jr. y MOMO descendieron en Asher. Jr. dejó al E.S. en el Durandal y entró con MOMO del brazo, si era posible, más radiante y esplendorosa, seguidos por un séquito que aplaudía y continuaba maravillándose.

Jr. había tenido más tiempo del necesario para hurgar en la biblioteca de la Fundación sobre bodas celebradas a la antigua usanza. Pensó que Gaignun y recomendaría/impondría una ceremonia y recepción según las costumbres actuales, pero terminó siendo el mismo Gaignun en persona quien se encargó de los preparativos como se veían ahora. Sin decir una palabra de más. Sospechoso. Tanto, que Jr. comenzaba a creer que a Gaignun le había nacido una personalidad alterna, o algo así.

Y ahora estaba de pie junto a él y MOMO, a Ziggy y Juli Mizrahi, saludando a los invitados y recibiendo sus felicitaciones. Hizo una indicación al director de la orquesta y ésta inició un lento acompañamiento musical para el Cherubim Trio, el conocido grupo contratado desde Abraxas. (1)

A los primeros acordes de El Danubio Azul Jr. se desembarazó del último pero pertinente invitado deseándole felicidades y tomó del brazo a MOMO para el baile nupcial. Había leído sobre el protocolo matrimonial en un libro, pero estaba dispuesto a sacrificarlo en bien de la abreviación de la pomposidad. Además, estaba seguro de que por alguna razón o la otra, Gaignun no había dejado en vano la katana o sus intentos fraticidas en la oficina de la Fundación. Ese silencio quería decir algo.

El resto de los invitados se congregó alrededor de la pareja danzante para presenciar el baile, en medio de aplausos y educados vítores. A cabo de unos minutos se separaron; él llamó a Mary como su nueva pareja de baile y ella, a Ziggy, quien tardó unos momentos en decidirse a entrar a la pista. Sólo los animados pedidos de la pequeña lo convencieron.

-Discúlpame, MOMO –dijo Ziggy, moviéndose torpemente-. Este cuerpo no está hecho para bailar. Está muy desactualizado.

-¡Siempre le puedes pedir a mamá que te haga una revisión! –exclamó MOMO, literalmente suspendida en los brazos de Ziggy-. ¡Mira! Jr. sacará a bailar a mamá ahora.

Y luego fue el turno de Helmer, el viejo tío Helmer, de bailar con MOMO, mientras Jr. hizo lo propio con Shelley, una realian de serie-100, Shion…

En el momento en que Jr. ofrecía la mano a Shion y ella la tomaba para acompañarlo en la pista de baile, KOS-MOS guardaba un gélido silencio y Wilhelm, sentado en la más alejada de las mesas, se llevaba una copa de vino a los labios, Capa Verde se echó a llorar desconsoladamente sobre el hombre de Capa Roja por segunda vez en menos de una hora. Las otras capas, de pie tras el asiento de Wilhelm, suspiraron bajo sus pesados trajes y no profirieron palabra.

Inmersos en el jolgorio del momento, nadie notó que sólo Gaignun permanecía con talante serio y pensativo, de pie entre tantos alegres festejantes.

Minutos más tarde morían los últimos acordes de El Danubio Azul y los invitados aplaudían. Jr. y MOMO agradecieron y pidieron a los congregados tomar asiento, mientras ellos se dirigían también a la mesa dispuesta frente al atrio principal.

Gaignun esperaba. Es más, ya había estado esperando desde antes que hubiese algo qué esperar. Su solemnidad parecía estar desafiando el ambiente festivo, su seriedad era tal que perturbaba la armonía del lugar.

Pero Jr. se sentía demasiado feliz en esos momentos como para preocuparse por otro ataque de seriedad de parte de Gaignun. Se tranquilizaba, además, en el hecho de que no había armas de por medio, lo que garantizaba su supervivencia durante las siguientes 10 horas (por lo menos) si Gaignun sentía la imperante necesidad de ajusticiarlo.

-No voy a pedir que cambies de cara porque, bueno, así naciste –le dijo Jr. al tomar asiento-. Pero al menos ensaya otros ánimos ahora que tienes que dar el discurso.

Gaignun no desoyó la sugerencia. Aunque no hizo comentario alguno, se acercó al atrio, tomó su lugar y el micrófono, y se dirigió a los presentes en su usual voz calmada y amable, elegante y fría.

-Buenas noches –comenzó-. En nombre de la Fundación Kukai, agradezco su presencia y asistencia a la ceremonia religiosa previa. A pesar de los inconvenientes menores, han demostrado todos ustedes su aplomo y seriedad para enfrentar situaciones de crisis. Pues bien, como director de la Fundación y padre del recién casado Gaignun Jr…

Gaignun hizo una pausa y Jr. pudo jurar que, por un instante, una sonrisa le desnubló el rostro.

-…Quien, a pesar de no ser de mi carne y sangre…

Gaignun volvió a hacer otra breve pausa, manteniendo siempre el rostro sobrio, y Jr. estuvo seguro, así como lo estaba de quién era y de su nombre, de que lo había hecho con todo el propósito de dejar escuchar las murmuraciones de los presentes. En el preciso instante en que había callado, Jr. oyó en el aire algunas frases cortadas sobre un "ilegítimo" y "reconocer". Y contó mentalmente: "Ya van dos, Gaignun". (2)

Su hermano menor, si acaso leyó el pensamiento, continuó con el discurso como si el asunto le fuera ajeno del todo.

-…Es tan querido y apreciado por mí como el que más. Pienso ahora en los primeros días que pasé frente a la dirección de la Fundación, y en mi propio padre, Soze, de quien, en virtud de los recuerdos que guardo de él…

"¿No estabas hablando de mí?" acusó psíquicamente Jr., aburriéndose como una planta en su sitio a pesar de que MOMO se mantenía expectante a su lado, gravitando en una nube de felicidad. "¡Pasa a la parte de la comida!"

-…No puedo decir nada, y espero que me sepan perdonar por ello. Pero Jr. ha sido siempre una ayuda y apoyo para mí…

Jr. estaba comenzando a convencerse de que cada vez que Gaignun mencionaba su nombre, sufría de un leve y efímero ataque de taimería, sarcasmo y chanza, todo en uno. Por supuesto que el ojo del observador común no estaba entrenado para captar el microsegundo en que Gaignun sonreía, ni el oído regular podría entender la diferencia en su tono de voz cada vez que decía "Jr."

-…Y ahora, con una familia propia y un camino labrado, espero que continúe con su papel de amado hijo para mí…

Ciertamente, la gente parecía no notar esos momentos que Gaignun usaba para burlarse de él y su rol como el hijo. Pero como Jr. no era gente (era un URTV), se daba plena cuenta de ello y contrarrestaba a su hermano menor con pucheros mentales.

Ahora era Gaignun el que parecía no darse cuenta.

-…Y de amante esposo y cariñoso padre, cuando el momento llegue.

"¡Gaignun, la-co-mi-da! ¡Me estoy muriendo de hambre y de viejo! Se me enfría la cena. Y ya deja de burlarte de mi nombre de una vez. Voy a quejarme con Helmer más tarde…"

-…Sin otro particular que mencionar, les pido disfrutar de la cena y reitero mis agradecimientos.

Gaignun esperó a que los aplausos se apagasen antes de dejar el atrio. Tomó asiento a la izquierda de Jr. y regresó a su autoimpuesto silencio.

-Buen discurso –convino Jr., ajeno por el momento a comportamiento inusual de su hermano. Un defecto suyo, el ignorar el peligro latente cuando estaba emocionado-. Tienes que enseñarme cómo la haces para hablar sin decir nada.

Llevándose una mano a los labios y cerrando los ojos, Gaignun no comentó.

-¿Jr.? –MOMO tiró de su brazo-. ¿Master Gaignun se siente bien?

-¡Ah, MOMO! –dijo Jr., restándole importancia al hecho- . Está bien. Aunque algo me dice que me cuide de las katanas, te cuento que Gaignun siempre se pone así cuando… Eh… Cuando piensa… Pensar mucho no es bueno, ¿no? -Jr. miró al techo e intentó recordar la última vez que Gaignun había pensado demasiado y casi lo había ajusticiado por justo pecador. ¿La semana pasada? No… Mucho antes…

Gaignun dio un pequeño tosido, aún sin abrir los ojos.

-Ah. –Jr. acababa de encontrar un recuerdo aleatorio-. ¿Sabías que era el más quisquilloso de todos mis hermanos? -preguntó, mirando a MOMO pero señalando a Gaignun con el dedo índice-. Ni siquiera Citrine era tan fastidiosa cuando se molestaba.

-¿De todos ellos? –preguntó MOMO, resistiéndose a creer en la afirmación.

-Sí. ¡Mira lo que traje! –exclamó Jr., extrayendo un portadocumentos de auténtico cuero de uno de sus bolsillos-. Aquí están las fotos de todos mis hermanos.

Gaignun abrió los ojos, pero mantuvo el perfil bajo, y miró discretamente a Jr. de reojo.

-Aquí están del 001 al 132 –indicó Jr., pasando las fotografías-. Del 133 al 246… Del 247 al 378… Del 379 al 539… Del 540 al 665… ¡Y aquí estamos los últimos 4 con el viejo de mierd…! ¡EJEM! –Se aclaró la garganta ruidosamente-. ¡Con el viejo Dmitry!

MOMO tomó la última fotografía y la observó con detenimiento.

-¡Todos se parecen tanto a él! –exclamó.

-Ah, sí –acordó distraídamente Jr.- Lo raro hubiera sido que no… Tenía que haber metido esas fotos a una unidad portátil de UMN para traerlas, pero Gaignun insistió en este formato. –Buscó en sus bolsillos-. Tenía otra foto del viejo con nosotros… Espera a que la encuentre…

Tras hurgar algunos segundos, Jr. mostró al fin una fotografía de mediano tamaño.

-¡Aquí está! ¡Hey, esperen…! ¡Tiene un agujero, y justo en donde va la cabeza del viejo! -Levantando la fotografía para ponerla a contraluz, Jr. examinó los extremos quemados del agujero y dijo:- Alguien le metió un tiro. –Miró a Gaignun-. No fuiste tú, ¿o sí?

-Fui yo –contestó Gaignun, sin rastros de arrepentimiento en la voz, sólo la verdad-. Nunca antes lo habías lamentado. Me pregunto por qué ahora…

-Me refería a la foto, Gaignun.

-¡Hmph! Ése también fui yo. Pero tiene arreglo, así que discutiremos esto más tarde.

Jr. estaba a punto de mencionar que aquél no era el punto, pero entonces la comida arribó a la mesa en las manos de los mozos del lugar. Olvidando una discusión en pos del apetito, Jr. recogió todas las fotografías, las guardó y, mirando de soslayo a Gaignun, murmuró "después".

Conjuntamente con los platillos que caían por doquier sobre la mesa, unos finos estuches labrados eran colocados frente a los comensales. Gaignun, olvidando también otra discusión sobre asuntos familiares ya lejanos y enterrados, tomó una y la abrió. En su interior descansaba un cerezo trabajado en cerámica fría con una bala de plata en su interior. Los recuerdos de la boda. Jr. había hecho el encargo, no permitiéndole a él supervisarlo. Había argumentado que se ocuparía de ese asunto en calidad de novio. A fin de cuentas, había dicho, era él, Jr., quien se estaba casando. (3)

-Sé lo que estás pensando –dijo Jr. sin mirarlo; estaba ocupado decidiendo qué platillo atacaría primero-. Crees que esto ha sido un despilfarro, ¿no? ¿Piensas que he gastado una cantidad indecente de dinero en estos recuerditos…?

-Sí –contestó Gaignun apenas Jr. terminó de vocalizar "…ditos".

-Oh. –Jr. dejó de lado el ataque a la cena para tomar la mano de MOMO y mostrársela a Gaignun-. ¡Pues no! ¡Eso no fue nada! ¡Esto de acá sí que ha sido una inmoralidad de dinero, si quieres saberlo!

Se refería, naturalmente, al anillo de bodas que chaos se había encargado de conseguir para MOMO. Para él también, de hecho, de modo que el costo total por los anillos había sido doblemente inmoral.

-¿Podría preguntarte entonces cómo obtuviste el dinero para comprar estas monetariamente insignificantes, pero exquisitas obras de arte? –preguntó Gaignun, casi con desinterés. O en todo caso, uno muy bien fingido.

-Les vendí unos cuatro emuladores del Zohar a los del U-TIC. ¡Negocio redondo! –Cuando Gaignun dejó entrever la más leve de las alteraciones por impulsos fraticidas en el rostro, Jr. agregó:- Estoy bromeando. Usé el dinero de tu Kaiser Master Gold número 2.

Enderezándose en su asiento, Gaignun comentó:

-No recuerdo haberte dado las claves de acceso de esa tarjeta.

-¡Ah, pues, nunca subestimes mis habilidades de hackeo y mi red de información! –exclamó Jr., atacando inmisericordemente los platillos frente a él-. Bueno, ya: se los pedí a Shelley y ella me los dio.

En las otras mesas, el ambiente era igualmente festivo. Los invitados se habían divido en comensales discretos o amenos conversadores, aunque algunos se daban abasto para intentar ambos roles.

En una reducida mesa en el centro del salón, Shion ignoraba la cena en virtud de su desaparecido hermano mayor.

-¡KOS-MOS! ¡Tu 17.4761 de probabilidades está fallando! –se quejaba, mirando furiosamente los platillos frente a ella como si quisiera transmutarlos en su hermano mayor con los ojos-. ¿En dónde está?

-Shion –decía una impertérrita KOS-MOS-, aún falta 17 minutos y 34 segundos para que la hora termine. Las posibilidades se han reducido en un 89.5723, de modo que…

En una mesa alejada, Wilhelm departía con Helmer, sus cuatro capas de pie tras él, remotamente agradecidos por estar muertos y ser metafísicamente las criaturas que se suponían eran, ya que no sentían los embates del hambre o del calor. Permanecer en silencio y de pie tanto tiempo no era gratificante, sino sólo parte de su trabajo.

En la larga mesa continua, Canaan comenzaba a preguntarse sobre su propio rol. Se encontraba compartiendo la mesa con las 87 realians de serie 100 que MOMO había invitado a la boda. No se sentía extraño ni fuera de lugar; después de todo, estaba dispuesto y supuesto que emociones tan comunes como el nerviosismo o la incomodidad no lo afectaran. Pero Canaan comenzaba a preguntarse sobre 87 pares de ojos, 174 en total, que no lo habían dejado ni por un instante desde que había tomado asiento. ¿Era su atractivo sexual? ¿Su magnetismo animal? ¿Su irresistible ser? O es que…

-Canaan –le dijo Helmer desde su lugar-, ciérrate esa camisa.

En algún momento durante el transcurso de la noche, chaos había desaparecido. Nadie parecía notarlo y, en todo caso, a nadie le preocuparía, ya que regresaría, a su tiempo.

Y en una mesa contigua a la que Gaignun, Jr. y MOMO ocupaban, Ziggy y Juli Mizrahi charlaban más bien disipadamente.

-Dra. Mizrahi –decía Ziggy, un poco tieso-. Me preguntaba si los cuerpos de carbono son mejores para el baile. Danzar es algo que no había hecho en cerca de 100 años…

-Pequeñas cosas llevan a una mayor, ¿no es verdad? -decía Juli, en el vértice de una sonrisa disimulada-. No lo tome a mal, pero pienso que está comenzando a recordar eventos de su vida como… humano. ¿Le molesta que le diga esto, Jan? ¿Puedo llamarlo "Jan"?

-Preferiría "Ziggurat", pero no es ofensiva, Dra. Mizrahi. Tal vez… Tal vez tenga razón. A veces pienso en lo que he dejado atrás…

"Hey, Gaignun…"

"…"

"¡Y tú que me decías que el viejo y Juli Mizrahi no hacían buena pareja! Sólo necesitaban un empujoncito y ya…"

"…Te felicito. Tal parece que nunca más podré poner en duda tus habilidades como alcahuete impertinente."

"¿Eh? ¡¿Qué fue lo que dijist… Pensaste?!"

"Nada que no supieras. Dime, ¿has caído en la cuenta de que Ziggurat sería tu nuevo suegro en caso de concretarse tus inefables planes?"

"¡Hey! ¡No me cambies el tema!"

"Me pregunto cuál es la razón por la que prefirieron sentarse en una mesa aparte y no compartir la nuestra. Es más, me pregunto qué hago yo aquí…"

"¡Me sigues cambiando el tema, Gaignun!"

El resto de la cena transcurrió sin mayores sobresaltos o, específicamente, sin sobresaltos. Como lo había vaticinado Wilhelm, Gaignun se encargó de ofrecer una recepción elegante y memorable, como se decía que era el estilo de los Kukai (o, al menos, del Kukai que era el presidente de la Fundación). Hubiera sido también una sobria recepción, pero tal calificativo estaba a punto de quedarse corto en su significado.

Entre las bebidas servidas en la cena se contaba el sake. Grandes cantidades de sake, donadas por Jin de su propia cosecha de la Segunda Miltia. Al hacérselas llegar a Jr. había dicho: "Considéralo un presente de bodas", como si todo el arroz que había donado para la ceremonia religiosa no hubiera sido suficiente. Jr. pensaba que no lo era.

En cuanto uno de los mozos llenó un vaso bajo para Jr. y se retiró, Gaignun detuvo la mano del pelirrojo, que había reaccionado en busca del líquido en un impulso del instinto alcohólico.

-No –dijo Gaignun, sin mirarlo siquiera-. Eres menor de edad, así que evita el alcohol.

-¡Eeeeeeeeh…! –La indignación no le cabía en el cuerpo a Jr., y no se molestó en ocultarlo del resto de los comensales-. ¡¿Y no que ya era mayor de edad al casarm…! ¡Espera! ¡Si soy mayor que tú!

-Oh. –Gaignun retiró la mano y se recostó en su asiento, despreocupadamente-. Discúlpame. Lo había olvidado.

-¿Y después dices que soy yo el que se comporta como un niño? –bramó Jr.- ¡Lo único que has estado haciendo hoy es fastidiarme la paciencia! ¿Quién es el infantil aquí?

-Jr… -MOMO tomó su brazo, pero en el mismo momento en que Jr. se ponía de pie, Gaignun levantó una mano para indicar a la orquesta que comenzara a tocar. La música ahogó los bramidos de Jr., que en esos momentos se estaba encogiendo de la ira.

El resto de los comensales no se dio por enterado de la pataleta del novio, y tal vez hubiera pensado que se trataba de otro episodio más en la vida de un niño crecido antes de su tiempo. Era decir, Jr. en medio de una pataleta no era nada que no se hubiera supuesto antes.

Gaignun levantó la otra mano y uno de los mozos se acercó, trayendo una taza de porcelana humeante. Su café, ya que él no tomaba alcohol. Jr. no pudo sino preguntarse cómo estaba entrenado el personal de servicio de la Fundación, capaz de dilucidar entre un gesto y otro del amo.

-Jr. –le dijo MOMO-, si ya has terminado de comer, ¿podemos bailar?

Una manera de aplacar su pataleta, y una altamente efectiva, por cierto. Jr. olvidó en el acto que estaba molesto con Gaignun, que su hermano menor lo seguía considerando un niño y que él, en todo caso, sí tendía a comportarse como uno, para sonreír a MOMO, tomarla del brazo y salir juntos a la pista de baile.

Otros invitados los imitaron y, solícitos, los mozos se aprestaron a quitar mesas y sillas desocupadas del centro del salón, recogiendo vajilla descartada en el camino.

Poniéndose de pie en una esquina del salón, Shion recorrió el lugar con la vista y pasó a quejarse:

-¡Aún no lo veo!

…Pero no había dicho sino la última palabra cuando Jin emergió de entre las dos plantas ornamentales que se encontraban junto a ella. Quitándose una distraída hoja que le había caído en el hombro, Jin se incorporó; su kimono negro lucía tan impecable como siempre, sus cabellos estaban perfectamente peinados y su sonrisa se veía natural y amena.

-Lo lamento, Shion –dijo-. Un pequeño percance me retrasó, pero ya estoy aquí. ¿Me he perdido de mucho?

A unos metros de distancia, Capa Roja, Capa Negra y Capa Verde observaban a Shion y su cambio de ánimo, de furibunda a aliviada y casi jubilosa.

-Se ve tan bella cuando sonríe –dijo Capa Roja.

-Oh… ¿Por qué me tuve que enamorar de alguien tan hermosa? –se lamentó Capa Verde.

-Par de tortolitos huecos, ¿de verdad les gusta esa escandalosa? –se quejó Capa Negra.

-¿Qué tal si la sacamos a bailar? –se preguntaron a la vez Rojo y Verde, ignorando a Negro.

En ese momento, la cabeza de KOS-MOS –quien se mantenía de pie junto a Shion- dio un giro de 180 grados independientemente de su cuerpo, y los autopsió con la mirada. (4)

Capa Roja, Capa Negra y Capa Verde terminaron estampados contra la pared más cercana, espantados, drenados de sangre, con los nervios destrozados y más muertos de miedo que si hubieran estado vivos.

La cabeza de KOS-MOS terminó de girar los restantes 180 grados para volver a su posición original, y en ese momento Shion, algo extrañada pero sin haber sido testigo del hecho, se volvió hacia ella para preguntar:

-KOS-MOS, ¿ocurre algo?

-En absoluto –fue la lacónica respuesta.

Wilhelm sonrió, aparentemente ajeno al terror materializado de sus tres capas, y se puso de pie, dispuesto a continuar con su charla con Helmer en otro ambiente del lugar, cuando una voz lo saludó.

-Buenas noches, Wilhelm –dijo chaos, sonriendo ampliamente-. Es una sorpresa verte aquí esta noche. Qué agradable encuentro, Master Helmer.

-Hola, chaos –respondió Helmer, sin reparar en el hecho de que éste había obviado el vocativo "master" al referirse a Wilhelm-. Ya me sorprendía no verte por los alrededores. ¿Apareciéndote tarde?

-Sí, definitivamente. ¿Y Canaan?

-Allá atrás. –Helmer lanzó una apreciativa mirada a la mesa de las realians-. Cuando puedas, hazme un favor y sálvalo de su desdicha.

-Iré ahora. ¿Escuchan? Es de uno de mis temas favoritos. Lo sacaré a bailar.

Y con ello, chaos desapareció entre los invitados. A espaldas de Wilhelm, Capa Azul dejó escapar un suspiro de soberano aburrimiento que nadie percibió y se descubrió el rostro, echándose hacia atrás la capucha. Algunas cosas terrenales eran tan molestas en esta vida como en la otra; las capas de gruesa tela de un testamento, por ejemplo.

-¿Weber?

Capa Azul se volvió al escuchar el llamado y se encontró con Ziggy, quien escoltaba cortésmente a Juli Mizrahi y lo observaba, incrédulo.

-¿Sauer?

Fue el turno de Capa Azul de mirar fija y sorprendidamente a Ziggy. Y así hubieran podido pasar el resto de la noche, a no ser porque Juli, extrañada por la falta de reacciones subsiguientes por parte de ambos, habló:

-Disculpen, señores, ¿se conocen?

-N-no –dijo Ziggy, dubitativamente-. Sólo se parece a alguien que maté hace mucho tiempo.

-Sí –confirmó Capa Azul, recuperando el aplomo-. Cuando uno vive tanto tiempo y conoce tanta gente, las confusiones son sólo naturales. Con su permiso.

Ziggy y Juli continuaron con su camino mientras Capa Azul hacía lo mismo. Pasaron junto a chaos, quien se empecinaba en mostrarle, al parecer infructuosamente, unos pasos de baile a Canaan.

-Es inútil, chaos –reconoció Canaan-. No me hicieron para bailar. No tengo instalado ningún programa de danza.

-Oh, está bien –sonrió chaos-. Recuérdame darte unas cuantas lecciones de danza más tarde.

-Se me está acabando la memoria –anunció de pronto Canaan-. Ya usé 78 GB. Supongo que debí decirle a Helmer que usara teras en vez de gigas. –Miró a chaos-. Necesito ir a descargar.

-Comprendo –dijo chaos, ubicando visualmente a un conocido entre la multitud-. Jin ya está aquí, así que iré a sacarlo a bailar. Si me disculpas, Canaan.

Impertérrito en su silla, tomando la undécima taza de café de la hora, ajeno a todo cuanto podía estar pasando, Gaignun levantó la vista en un momento fugaz y creyó haber visto, confundiéndose entre otros invitados, a una joven de cabellera naranja y vestido del mismo color. Pero había sido sólo una visión pasajera: cuando volvió a levantar la vista, ella ya no estaba allí.

"Estoy comenzando a imaginarme cosas", pensó. "Necesito un descanso".

-Oh, ya veo –dijo chaos, sin desanimarse porque Jin declinara su invitación diciendo que era pésimo danzante-. ¿Y dices que el coronel llegará más tarde?

-Sin duda alguna –contestó Jin-. En cuanto encuentre el camino. Después de todo, nunca he podido perderlo de vista más que por un poco de tiempo…

-Lo saludaré en cuanto lo vea. ¡Hmph! Jr. está libre ahora. Le pediré una pieza. Con permiso.

Y en cuanto chaos desapareció nuevamente entre los invitados, Shion preguntó:

-Hermano, ¿de qué hablaban?

-Ah, Shion –contestó Jin-. Con mucho gusto te presentaría a mis conocidos, si estuvieras allí en el preciso momento para disfrutar de sus compañías.

-No has dicho nada, Jin.

Usando una de las muchas puertas laterales del lugar –diseñadas sin duda para cumplir con propósitos como ése-, Capa Blanca hizo su aparición ante Wilhelm, quien lo saludó con efusividad.

-¡Bienvenido! –le dijo Wilhelm-. No te esperaba tan pronto. Pero en vista de los hechos actuales…

-Ummm… -Musitó Capa Blanca, apenas prestando atención-. Veo a un pelirrojo…

Efectivamente, un pelirrojo se encontraba practicando pasos de baile con un joven de cabellos blancos en esos momentos.

-Oye, chaos, mejor lo dejamos acá –dijo Jr., sintiéndose intranquilo de pronto-. Mira, ¿por qué no vas y sacas a bailar a Gaignun? Ya quiero ver si puedes. –Lanzó una mirada en dirección a la mesa que Gaignun no había dejado en toda la noche-. Está con cara de idiota desde la iglesia…

-Será un placer, Jr. –acordó chaos, sonriendo; se despidió de él sacudiendo la mano y fue al encuentro de Gaignun.

Shion estaba a punto de hacer un comentario, pero KOS-MOS adivinó sus pensamientos y habló primero.

-Shion –llamó-. He notado que chaos sólo baila con los varones aquí reunidos que él conoce. ¿Crees que se deba a alguna constante de probabilidad no determinada y variable?

-No. –La respuesta de Shion llegó casi demasiado rápido-. KOS-MOS, ya te lo explicaré en tu siguiente actualización. ¿Sabes? El universo no es como te lo puse en la base de datos…

-No te comprendo, Shion –dijo KOS-MOS-. No estás siendo específica.

-No… Supongo que no –reconoció Shion, mirando intermitentemente al techo y al piso del salón, esperando que la pérdida de palabras fuese momentánea para no tener que dar una clase sobre urbanidad y comportamiento humano en medio de una boda-. Veamos, cómo te lo explico…

Y fue entonces, casi providencialmente, que la orquesta comenzó con una pieza lenta, rítmica y medida, una invitación a las parejas a danzar y olvidar el resto. Porque, en todo caso, los invitados callaron en coro, se volvieron hacia la pista de baile y pidieron la pieza a sus acompañantes en un silencio elocuente.

KOS-MOS miró en derredor, estudió a los danzantes por una fracción de segundo, se volvió hacia Shion y preguntó:

-¿Quieres bailar, Shion?

La inmediata reacción de Capa Verde, metros atrás, fue proferir un grito ahogado y hundirse en la más desesperada de las miserias humanas al ver a Shion tomando la mano de KOS-MOS y salir a la pista de baile. Capa Roja se acercó a él tranquilamente y lo consoló con palmaditas en la espalda.

A siete metros de Shion y KOS-MOS, Gaignun dejaba de preocuparse por su décimo cuatro café de las últimas dos horas para mirar a los danzantes alrededor de él, a Jr. y MOMO y la novena pieza que bailaban consecutivamente, y a su sonriente acompañante antes de declarar:

-No puedo hacer esto. No sé por qué acepté.

Cuando chaos le sonrió, lo desarmó y lo volvió a armar con la sola fuerza de ese gesto, Gaignun entendió cómo era que se había dejado arrastrar a la pista de baile. ¿Quién podía decir que no a esa sonrisa?

-Gaignun –dijo chaos, y el aludido olvidó por completo preguntarse sobre la ausencia del honorífico "master" antes de su nombre-, ni siquiera lo has intentado.

-Mi seguridad sobre una cuestión no probada aún sólo puede dar a entender que mi certeza al respecto es absoluta y axiomática –contestó Gaignun, menos que confusamente pero más que artero-. Si me disculpas, regresaré a mi asiento.

-Oh. –Chaos, misterioso como siempre, no parecía decepcionado-. Te acompañaré a tu sitio. ¿A quién debería ir a pedir una pieza ahora?

Nuevamente en la mesa, su sempiterna expresión en el rostro y su infaltable taza de café frente a él, Gaignun observó a chaos perderse entre la multitud de danzantes, emerger en el extremo opuesto de la colectividad, acercarse a Wilhelm –quien seguía departiendo con Helmer- y cruzar algunas palabras. No era difícil dar con Wilhelm si éste iba acompañado con sus cinco capas, cual estandarte, detrás de él. Lo que le recordó a Gaignun, ¿no conocía a esa Capa Blanca…?

-Ah, qué bueno –lo sacó Jr. de sus cavilaciones. Se había acercado a la mesa y ahora tomaba asiento junto a él-. Ya no tienes cara de idiota después de una misa, sino cara de imbécil durante un baile. ¿Qué te pasa?

Gaignun se cubrió la boca con una mano para ahogar un tosido que nunca soltó y miró a Jr.

-¿MOMO? –inquirió.

-Salió al balcón un minuto para tomar aire –contestó Jr., estirándose en la silla-. ¿Y? ¿Qué tienes?

Gaignun se encogió de hombros.

-Pensaba –dijo- que has estado junto a mi lado durante toda mi vida. Desde que nacimos, crecimos, terminamos aquí. Ahora por fin serás tú y tu vida y yo y mi camino.

-Gaignun, tú… -comenzó a decir Jr.

-Pensaba que esto no se acaba, sino que es ahora cuando comienza.

Jr. le devolvió la mirada grave y dijo:

-Ajá, pero no es eso lo que te molesta, ¿no?

-No –confirmó Gaignun, tomando su taza de café y bebiendo un sorbo como si el mundo no le diera una preocupación más, como si el haberse vuelto predecible y transparente a su hermano mayor fuera tan sólo el punto final de un proceso natural.

Jr. miró a alguna parte, se pasó una mano por el cabello, esperó, siguió esperando, se cansó de esperar y dijo:

-¿Y entonces qué es?

Gaignun dejó la taza sobre la mesa.

-Nada –dijo-. A partir de este momento, nada. –Cerró los ojos y suspiró largamente-. Ya no eres Gaignun Kukai Jr., mi hijo, según todos los que no saben, sino Gaignun Kukai Jr., el esposo de MOMO Mizrahi. –Abrió los ojos-. Tampoco eres más mi hermano Rubedo. ¿Entiendes que has roto todos los vínculos que tenías con el pasado? Nada debería preocuparme ya. Sólo es que… Discúlpame, no quería aceptarlo.

-Oh. –Jr. lo escuchó hasta el final, bajó la mirada un instante y creyó entender cosas que nunca había sabido que existían-. Ya veo. Ya lo veo. Nada se mueve de su sitio pero todo cambia. Gaignun, eres mi hermano menor y ésa es la verdad invariable. Pase lo que pase y cuando pase seguirás siéndolo. ¿O sea que casi me matas la semana pasada porque te solté lo del matrimonio muy rapidito?

Gaignun lo barrió de la existencia mortal con la mirada.

-La próxima vez, dímelo con anticipación –sentenció.

-Entendido –acordó Jr., con vagos recuerdos residuales de su casi paso a otro plano de existencia a manos del que le hablaba-. Claro. Clarísimo como el agua. No lo vuelvo a hacer. A la siguiente te aviso. Te lo digo con medio año de anticipación. Te lo cuento antes de que yo mismo lo sepa. Serás el primero en saber que viene. Lo notarás de lejos. Vas a…

Levantando con una mano la taza de café hasta sus labios, Gaignun se llevó la otra a uno de los bolsillos interiores de su traje y extrajo una pequeña llave plateada. La sostuvo ante los ojos de Jr.

-¿Y esto?

-Tu regalo de bodas –contestó Gaignun, bebiendo un sorbo.

Desconfiado, como era usual en él cada vez que recibía un regalo de parte de Gaignun que no explotaba, no echaba gas o esquirlas en el acto, Jr. cogió la llave y la examinó. No mostraba señas particulares.

-Está estacionado en el hangar del Durandal –explicó Gaignun, y antes de que Jr. hiciera preguntas, agregó:- El minuto pasó hace mucho. ¿Vas a dejar a MOMO esperando en el balcón?

-¡Ah, cierto! –exclamó Jr. Guardó la llave en uno de sus bolsillos-. ¡Luego lo veo! Voy por MOMO. Y tú –enfatizó la palabra señalando a Gaignun-, TÚ quédate aquí y pon otra cara. Después regreso para seguir hablando.

Era sorprendente la manera en que Jr. podía, en las menos pensadas de las circunstancias, olvidar que su vida corría peligro.

Gaignun asintió con la cabeza y en silencio y Jr. lo dejó. Ya en el balcón, MOMO lo esperaba, observando el espacio estrellado más allá de la cúpula de la Fundación.

-¿Master Gaignun está bien? –preguntó en cuanto Jr. estuvo a su lado.

-Sí, ahí, normal, igual-igual –informó Jr., ofreciendo su brazo a MOMO. Dio un vistazo a la ciudad tranquila y sus luces tintineantes, suspiró y dijo:- Oí decir que lo más peligroso que podía hacerse por amor era casarse. Ahora me doy cuenta de que esto… Apenas empieza.

Fin del capítulo 2


Notas

(1) "Cherubim trio" nació de las "Seraphim Sisters", el dueto favorito de Matthews.

(2) "Reconoce". Ése era el grito que le lanzaban a Alejandro Toledo, ex presidente peruano, cada vez que daba un discurso. Toledo reconoció no hace mucho a una hija que tuvo fuera del matrimonio (aunque en aquel tiempo estaba separado de su esposa), y lo loable del asunto se perdió por el hecho de que, de no haber mediado la presión social, nunca lo hubiera hecho.

(3) Los "recuerdos": así es como se suele llamar en Perú a los pequeños objetos (como adornos) que se entrega a los asistentes a algunos eventos, como matrimonios o misas de honras. El nombre proviene de la frase que acompaña el presente, por ejemplo: "Gaignun Kukai Jr. y MOMO Mizrahi, 28 de junio del 4767 T.C., muy agradecidos".

(4) Si consideramos que el Testamento Rojo es Kevin, el Testamento Negro es Virgil y, según este fic, el inexistente verde es Allen… Pues entonces tómese en cuenta que KOS-MOS fue quien mató a los tres.