¿Qué Es Lo Más Peligroso Que Harías Por Amor?
Capítulo 3: El Día Posterior
Gaignun se llevó la taza a los labios, aún sentado en la silla alta tras la mesa, aún en el amplio salón de reuniones, aún en las celebraciones de la boda de Jr. Pero ya no bebía café; luego de la décimo sexta taza había comenzado a pedir agua. Con mucho café en el torrente sanguíneo o sin él, estaba seguro de que no dormiría en las horas siguientes. Para ello no necesitaba tanta cafeína.
Bebió un sorbo y vio por el rabillo del ojo, a través de la gran ventana descubierta del balcón, al Durandal dejando su posición en el lago.
Se bebió todo el contenido de la taza en el siguiente sorbo largo. Dejó la vajilla sobre la mesa y se puso de pie.
El reloj marcaba las cuatro y media de la mañana. Solía ser la única manera de dilucidar el día y la noche en la Fundación, ya que la colonia permanecía en una eterna noche estrellada en su viaje por el espacio. Por lo pronto, muchos de los presentes en el salón, ajenos a los dictámenes del horario o no, se encontraban durmiendo. Sobre las mesas, las sillas o los mullidos sillones del vestíbulo, y en silencio, ya que la orquesta había dejado de tocar media hora antes por respeto a los que pernoctaban. Unos pocos se mantenían de pie, o al menos despiertos, y entre ellos destacaban los que seguían bebiendo de la al parecer inacabable reserva de sake.
Entre ellos, por ejemplo, Jin y Margulis.
En estos momentos era necio preguntarse en qué momento había arribado Margulis a la recepción; su entrada, sin duda, había sido más discreta que las usuales presentaciones del curtido militar, ya que se constataría luego que nadie parecía recordar en qué momento Margulis no había estado allí y cuando ya estaba allí. Inútil era también preguntarle a Jin, ya que éste diría que no podía separar el tiempo que pasó bebiendo solo, del que pasó bebiendo con Margulis.
En todo caso, los dos antiguos conocidos estaban allí, en un mesa alejada y con toda una colección de botellas vacías a su alrededor y un repertorio de anécdotas y recuerdos comunes para referirse.
-Yo sé que sí, Uzuki –decía Margulis, sirviendo otro trago-. Es que tú… ¡Tú eres mi amigo! ¿Verdad, Uzuki?
-Por supuesto, Coronel –contestaba Jin, bebiéndose el trago-. Siempre lo hemos sido, sólo que nunca nos habíamos dado cuenta…
Ambos se tomaron un respetuoso momento para dejar las botellas y los vasos y saludar a Gaignun cuando éste pasó frente a ellos. Jin le dio los buenos días y Margulis, en silencio, ofreció una reverencia frugal.
El siguiente saludo matinal que Gaignun escuchó fue de labios de KOS-MOS, quien se mantenía erguida en su asiento para servir de apoyo a Shion; ésta dormía profundamente sobre su hombro, y ni siquiera la algarabía alcohólica de dos mesas atrás –en donde bebían Jin y Margulis- la perturbaba.
-Buenos días, Master Gaignun –dijo KOS-MOS, con un bajo tono de voz para no incomodar a Shion-. ¿Puedo ser de ayuda?
-Gracias –dijo Gaignun-, pero por el momento declino el ofrecimiento.
-Estaré complacida de servir si me necesitara –concluyó KOS-MOS.
No era ella, aparentemente, una de las pocas personas presentes que eran de ayuda y se mantenían despiertas. chaos recorría el salón llevando una sonrisa con él y algunas mantas que había obtenido del grupo de servicio, arropando a los invitados que se habían quedado dormidos sobre mesas y sillas.
También él saludó respetuosamente a Gaignun, recordando agregar un poco de efusividad en el vocativo.
-¡Buenos días! ¿Necesitas algo?
Gaignun dio unos pasos más hasta quedar frente a uno de los grandes vitrales laterales del salón, se cruzó de brazos y entonces dijo:
-Sí. Una nave veloz, un piloto avezado que la conduzca y mi katana.
-Oh –dijo chaos, un tanto sorprendido-. ¿Qué es, Gaignun?
En ese momento, sin embargo, antes de que Gaignun pudiera contestar, Mary, quien había estado dormitando junto a Shelley en uno de los sofás, se despertó de súbito, miró en derredor, miró por la ventana y gritó:
-¡El Pequeño Señor se llevó el Durandal!
El llamado hizo que los restantes invitados dejaran sus plácidos sueños tan veloz y violentamente como el grito había escapado de los labios de Mary. El primero en reaccionar, por sobre el coro de voces en crescendo que inundaron el salón, fue Helmer: se puso de pie y se dejó el lugar en donde había estado discutiendo con el amable oyente que era Wilhelm de temas tan diversos como el destino del mundo y la primera vez que había visto a Jr.
-¡Todos mantengan la calma! –llamó en voz alta-. ¡Ésta no es ninguna emergencia! –Miró por uno de los vitrales en dirección al lago vacante-. Pero bien que se le parece –agregó-. En todo caso, ¿quién está al mando del Durandal en estos momentos?
Mary miró a Shelley, quien le devolvió la mirada, y luego ambas dirigieron la vista a la mesa en donde 87 Realians de Serie 100 se aglomeraban en torno a un impávido Canaan.
-El Pequeño Señor –contestaron ambas después de un momento de contemplación.
-Pero seguramente no estará solo en la nave –intentó paliar la tensión creciente Helmer.
Gaignun, quien seguía de pie frente al vitral y de espaldas al tumulto, respondió neutralmente a la frase que no era una pregunta:
-No, no lo está. MOMO lo acompaña.
La ola de estupefacción que golpeó a los oyentes fue fría y efectiva en su propósito: todos los oyentes quedaron en silencio, cada cual estudiando las palabras oídas y pensando en conclusiones adelantadas. Y quien ayudó a poner término al silencio prolongado fue KOS-MOS; Shion había despertado momentos antes por el barullo y, soñolienta aún, se apoyaba en su brazo cuando enunció, alto y claro:
-Shion, si ambos han partido solos en una nave de las características del Durandal, ¿no son acaso altas las posibilidades de un hecho inminente que pudiera afectarlos?
Y antes de que quienes la hubiesen oído pudieran entender la frase y pregunta, se elevaron entre los presentes comentarios preocupados e intranquilos.
-¡Son sólo dos pequeños! –decían algunos-. ¿Qué pasará si…?
-¡Que alguien llame a la Dra. Mizrahi! –decían otros-. ¿Hace cuánto tiempo que partió a su domicilio…?
-No lo sé –decían los demás-. La acompañaba su guardaespaldas…
-Shion –decía KOS-MOS-, de acuerdo a la base de datos que me programaste durante la última actualización, ¿no es posible que Jr. y MOMO decidan utilizar este momento privado para sostener un intercambio sex…?
El resto de la idea fue suprimida por Shion, quien se apresuró a poner un dedo sobre los labios de KOS-MOS; a pesar de no haber visto antes el gesto, esta último sabía lo suficiente como para guardar silencio. Shion miró a los demás invitados, sonrió, y tirando del brazo a KOS-MOS, dijo:
-Perdonen –y pasó a retirarse a alguna otra parte del salón.
Pero aun así dejó al resto de los presentes víctimas de un segundo choque emocional de consecuencias no previsibles. Se podría decir que algo era dilucidar la idea mentalmente, y otra cuestión, el escucharla dicha.
-¡Tranquilícense todos! –gritó Helmer cuando el gentío comenzó a mostrar signos primigenios de pánico-. ¡Necesitamos comunicarnos con ellos! –Se volvió hacia la mesa de las Realians-. ¡Series 100!
-Es inútil –dijeron ellas luego de un momento, el tiempo suficiente para dejar de mirar a Canaan y responder-. No hay contacto con ellos.
-¡En ese caso, necesitamos una nave ligera que los intercepte! –decidió Helmer, sin inmutarse ante la primera opción fallida-. ¡El Elsa! ¡Capitán Matthews!
Y respondiendo al llamado, del montículo de invitados en soporífera conclusión alcohólica –amontonada discretamente en una esquina poco frecuentada del salón- emergió Matthews, acomodándose el traje y colocándose la gorra.
-¡Sí, Señor! –dijo-. He escuchado todo y sé qué debo hacer. ¡Hammer! ¡Tony!
Pasos más atrás, poniéndose de pie heroicamente (sobre los cuerpos de algunos invitados caídos), Hammer y Tony contestaron el llamado a la acción con sendas posturas decididas y prestas.
-¡Vamos, muchachos! –conminó Matthews, dejando el salón por la puerta principal secundado por su tripulación, pero volvió a entrar por ella tres segundos más tarde-. Ejem… Sólo una cosa, Representante Helmer –explicó Matthews-: el Elsa estaba en el hangar del Durandal.
Hubiera podido ser, y por mucho, el final de los tiempos bajo un techo y entre cuatro paredes, la desesperación cayendo como aves de rapiña sobre los abandonados presentes, convencidos de que allí ya no había rescate para la situación. Y hasta Helmer comenzaba a creer que ya se habían agotado las opciones, cuando Gaignun, impertérrito desde su posición de espaldas a los invitados, habló:
-Guarden la calma, por favor. Ellos regresarán en un par de horas.
Dicho aquello, levantó una mano y en el acto se acercaron a él dos miembros del equipo de servicio; uno de ellos abrió el gran ventanal que conducía a un balcón de mampostería baja, y el otro le acercó una silla. Sin más que decir, Gaignun pasó a tomar asiento en el balcón, dejando tras de sí a un gentío extrañado pero ahora calmo.
-Como dijo el anfitrión de la fiesta –anunció Jin, sirviéndose otro trago de sake desde la mesa que compartía con Margulis-, esperemos a los festejados para continuar con la celebración.
La celebración, naturalmente, no prosperó, pero tampoco quedó sellada allí. En vez de que la reunión se disipara y continuaran las escenas de desesperación, para sorpresa de muchos –como Helmer-, los invitados permanecieron en sus lugares, haciendo compañía solidaria a los que esperaban el retorno de los recién casados. Hubo quien comentara de todas maneras en la posibilidad de ir tras los desaparecidos, pero como Gaignun no decía palabra al respecto –y sólo esperaba observando la Fundación desde el balcón-, nadie propuso la idea en concreto.
Nadie salvo Ziggy, quien regresó una hora más tarde, apenas enterado de la situación. No le había parecido pertinente traer a Juli Mizrahi con él si la situación, como le informaron, no era una emergencia. Aunque estuvo a punto de cambiar de opinión una vez que escuchó el reporte de boca de Helmer.
-Iré tras ellos –dijo Ziggy-. Dénme una nave pequeña, cualquiera que sea, y los traeré de regreso.
-No hará falta, Ziggurat –dijo Helmer, convencido de la despreocupación de Gaignun-. Ellos regresarán por su cuenta. Nos avisarían si se encontraran con algún contratiempo.
-Sé que MOMO estará bien –interrumpió Ziggy-, pero el pequeño me preocupa.
-A mí también –fue todo cuando dijo Helmer, sin ceder a sus pedidos.
Y sin duda alguna Ziggy hubiese continuado firme en su determinación, o hubiese pasado a actuar por su cuenta, pero el anuncio de una Realian de Serie 100 sobre el retorno del Durandal a la Fundación anuló todas las discusiones.
Luego de que el Durandal regresara a su lugar y funciones como el motor de la Fundación, los reunidos en pleno se congregaron frente a la puerta principal del salón, prestos a recibir a los recién casados. Y cuando Jr. hizo su entrada con MOMO del brazo, ambos radiantes y sonrientes como si el universo no fuese nunca a acabar para ellos, fueron presentados con una recepción fría y al borde la fatiga, encabezada por Helmer y Ziggy.
-¿Qué? –preguntó Jr., y en verdad quería saber qué ocurría.
-Nos han preocupado, jovencito –dijo Helmer.
-¿Estás bien, MOMO? –inquirió Ziggy.
Un momento de silencio en el salón, Jr. haciendo pucheros mientras observaba a los reunidos, un suspiro y la respuesta:
-MOMO me dijo que quería ver un amanecer, así que nos fuimos a buscar un planeta en el sistema solar de Miltia en donde estuviese amaneciendo.
Tras otra pausa prolongaba, con algo de alivio e incredulidad en el ambiente, Jr. explotó:
-¡¿Por qué me tratan como a un niño?! ¡¿Es que acaso ésta de acá no es mi boda?! ¡Yo tomo mis propias decisiones, si no lo han notado!
Tirando levemente de su brazo, MOMO musitó, tranquilizadora:
-Jr., ellos sólo estaban preocupados…
Jr. suspiró nuevamente y dejó a MOMO hablando con Ziggy. Reconocía la verdad en las palabras de ella, pero de todas maneras le molestaba la tácita manera en la que estaba siendo tratado el mismo día posterior a su boda. Aunque, valgan verdades también, en ese momento sólo le podía importar la opinión de cierta persona, a la que encontró en el balcón.
-Allí estás –le dijo a Gaignun, cerrando tras de sí la puerta con un pie y dejando del otro lado a la compañía de preocupados invitados.
-Regresaron mucho antes de lo que había calculado –dijo Gaignun, sin volverse a mirarlo.
-Oh, encontrar un planeta específico con una belleza como mi Durandal no es problema –contestó Jr., acercándose a él y apoyándose en el respaldar de la silla que Gaignun ocupaba-. Por cierto, ya vi el Leichte Selbsfahrlafette2cm Flak 30 Sd Kfz 10/4. Ya lo probé de hecho. Magnífica pieza de ingeniería, pero, je, je… -Se llevó una mano a la cabeza, distraídamente-. No sirve en terreno rocoso ni tampoco volcánico. Luego lo mando a arreglar. (1)
Gaignun se apoyó en el respaldar de la silla y tornó el rostro para mirar a Jr.
-Me alegra que aprecies las cosas nimias que te doy –dijo.
-No te entendí el sarcasmo.
-Eso se debe a que no fue un comentario sarcástico.
Jr. lo miró por unos segundos antes de decidir que, efectivamente, Gaignun hablaba con toda sinceridad, y no había reproche en su voz ni en sus palabras.
-Por cierto –dijo Gaignun entonces-, ¿realmente piensan tener 11 niños?
-¡Claro! –afirmó Jr., emocionado hasta la médula de su ser-. ¡Yo tuve 668 hermanos, y tú sabes que nunca fueron suficientes!
Gaignun sonrió.
-Sí, nunca fueron suficientes para ti –dijo, poniéndose de pie-. Esperaré a que me digas lo mismo cuando lleguen los niños. Hoy es tu primer día como hombre casado.
-¿Y vas a hacerme una fiesta por eso o qué? –preguntó Jr., tratando de dilucidar la dirección hacia la que apuntaba la observación.
-No, no hace falta –dijo Gaignun, poniendo una mano en el bolsillo de su elegante traje y caminando hacia las puertas del balcón-. Aunque recuerdo que me prometiste ponerme sobre aviso la siguiente vez que hicieras algo como esto…
-¿Eh…? –Jr. tardó unos segundos en analizar el sentido de la frase-. Hey, ¡te lo puedo explicar ahora…!
FIN
Nota
(1) Leichte Selbstfahrlafette 2cm Flak 30 Sd Kfz 10/4 es un tanque alemán utilizado en la Segunda Guerra Mundial, de tipo antiaéreo y relativamente pequeño, con capacidad para 7 personas.
