Odiar.

Neji nunca odió a Naruto antes. ¿Que no le agradaba? Oh, pero por supuesto que no. Era demasiado ruidoso, boquifloja e infantiles para sus gustos. Su único odio siempre fue la familia principal; los ojos fríos de Hiashi, los tímidos de Hinata y la mezcla de inocencia y astucia de Hanabi. Nadie más merecía su odio. Ignoraba a todos los demás, apenas dando un poco de su reconocimiento a Lee, Tenten y Sasuke.

Llegó a respetar a Naruto. Incluso decidió ignorar que todavía era demasiado ruidoso, boquifloja e infantil. Cualquiera que pudiera enseñarle algo merecía ser reconocido por él, porque incluso si era muy orgulloso, eso no le impedía que, al aceptar una derrota, aprendiera de ella.

Llegó el momento en que no odiaba a nadie más. Pronto tuvo una cadena menos sobre él. Los enemigos de Konoha no merecían ser odiados: debían ser anulados, quizá incluso reconocer su fuerza, pero Neji entendió que el odio sólo nublaba su conocimiento. Es importante para el ninja no dejar que las emociones fuertes te controlen, y el odio es demasiado poderoso.

Fue gracias a que entendió eso el que se volviera jounin.

Dejó de odiar y volvió a aprender cómo preocuparse por las personas. Sobre el entusiasmo (muchas veces doloroso) de sus compañeros, sobre Konoha… sobre su familia. Redescubrió el tener una familia cuando despertó en el hospital y encontró a Hinata-sama y Hanabi-sama dormidas en el sofá y a Hiashi-sama parado frente a la ventana. Esa mañana, mientras lo revisaba, Shizune-sama le había dicho que no se habían apartado en casi una semana.

Era extraño, preocuparse por sus antiguos enemigos. Al final, se dio cuenta que encontraba similitudes con Hanabi-sama. No sólo la parte de ser genios, pero algo de antes que se hubiese convertido en un Ave Enjaulada, algo que no podía terminar de situar. Descubrió que no sólo le gustaba practicar taijutsu, ninjutsu y jinjutsu con su tío, sino también partidas de go. También, que cuidar de un jardín era bastante duro y que la risa de Hinata-sama estaba hecha de cristales cuando le dijo que tenía tierra en la nariz.

Neji no pensó que volvería a odiar a alguien. Quizá si alguien lastimaba a alguno de sus amigos o su familia (sí, ahora era su orgullo llamarlos así), pero no estaba seguro. Odiar lo hacía todo más personal. Mucho más real y peligroso. Reconocer a alguien era algo con lo que siempre tendrías que tener cuidado.

Nunca pensó que llegaría el día en que odiaría a Naruto. Había llegado a considerarlo un amigo.

No más. No cuando tiene a Hinata llorando en sus brazos, sus lágrimas empapando su camisa y aferrándose a su piel de la misma manera en que sus manos pequeñas lo estaban haciendo, sus propios brazos sin saber bien cómo reaccionar, escuchándola decir que "Naruto-kun" no le correspondía porque le gustaba alguien más. Ahora, Neji le rompería todos los huesos que pudiera con gusto.

Lo haría, también, si pensara que eso devolvería la sonrisa a Hinata-sama, pero como sabe que no lo hará, sólo puso su mano suavemente en el cabello de la chuunin, dejándola llorar.