Disclaimer: Ya volví de vacaciones, y a pesar de que intenté secuestrar a Joanne Rowling para que todos sus personajes me pertenecieran, no lo conseguí :P, así que, como ya adivinarán, estos personajes siguen sin ser míos (por poco tiempo, muajajajaja! xDD). Y ya esta, nada más que decir, que hace mucho calor y la imaginación se me ha derretido xDD.
Este capitulo va dedicado a Patty (que tontería, pues como siempre; para no perder la costumbre xD), y a todos los que estéis leyendo, por no abandonarme a pesar de las vacaciones que me he pegado
PERDÓNAME
7. REMORDIMIENTOS
- Ridículo. Simplemente ridículo – concluyó Harry.
- ¿Crees que con esa especia de intento de plan podrás engañar al mismísimo Señor Tenebroso? – inquirió Severus, boquiabierto - ¿Y de verdad tú eres su mortífaga de más confianza? Pues habría que ver a los demás…
- Los planes más complicados no tienen porqué ser siempre los que mejor funcionen.
- No lo hará. Malfoy preferirá morir antes que irse con nosotros.
- ¡Pues lleváoslo por la fuerza, maldita sea! – exclamó Hermione, levantándose con violencia del asiento – Tan solo esperad a mi señal, entráis y os lo lleváis. Como sea.
- Y suponiendo que no nos maten – comentó Potter, mirando a la chica con una profunda expresión de desprecio - ¿Qué te hace pensar que vendrá alegremente con sus enemigos?
- Llevarlo sin su colaboración sólo nos complicará las cosas aún más – apuntó Severus.
El hombre permanecía tranquilamente recostado en su sillón, observando la escena con una actitud pasiva impropia de él. Acostumbrado ya a la presencia de esa mujer extraña y cruel que presentaba la fachada de Hermione, y una vez aislados en medida de lo posible los sentimientos hacia ella, presenciaba la airada discusión entre los dos antiguos amigos con indiferencia.
A pesar del odio que ambos parecían profesarse y de los distintos puntos de vista respecto a aquella especia de "misión", los dos tenían un objetivo común: salvar a Malfoy. Quizás ese hecho aumentaba las mínimas esperanzas de salir de aquella peripecia que Severus alimentaba.
Una esperanza bastante estúpida, pues en ese momento Harry y Hermione se hallaban el uno frente a la otra, gritándose y a punto de comenzar a lanzar maldiciones a diestra y a siniestra o, más fácil aún, liarse a golpes.
- Tranquilizaos… - dijo Snape, bastante desapasionado.
Por supuesto, los dos jóvenes no le hicieron ni caso.
- ¡Con esa mierda que propones, nos matarán, y a Draco con nosotros! – proclamó Harry - ¿Eso es lo que pretendes, verdad?
- ¡Por supuesto que no¡Quiero salvarle!
- ¿Estas segura? Porque yo diría que pretendes deshacerte de él, igual que de todos los que fuimos tus amigos.
Hermione clavó en el hombre una fría mirada de rencor y lanzó contra él su mano izquierda, en dirección a su cara. Sin embargo, el golpe no llegó a su destino. Harry detuvo la mano de Hermione a unos centímetros; la chica, sintiendo escalofríos con el simple contacto, intentó separarse de él, aunque detuvo su forcejeo cuando Harry se apartó de ella aullando, sosteniéndose la mano.
- ¡AHG¡Me has quemado!
- ¿Cómo? – dijo ella sorprendida - ¡Yo no he hecho nada!
El hombre observó la palma de su mano, que presentaba una pequeña quemadura cuto enrojecimiento indicaba que se acababa de producir.
- ¿Y esto qué es, entonces?
Hermione se aproximó a él, mirando con detenimiento la herid y después volvió la vista hacia sus propias manos, reparando en un pequeño detalle.
- Ha sido el anilló – informó, mostrando el Shikatsh a los dos hombres – El te quemó.
- ¿Qué es eso? – preguntó Harry, fijando su vista en la piedra.
- El Ojo de la Serpiente.
- ¿De donde lo has sacado? – inquirió Severus, que al contrario que Potter, si parecía comprender todo lo que ese nombre entrañaba.
- Me… Voldemort me lo dio – contestó, algo azorada.
Ninguno de los tres dijo nada durante un rato, y aunque el ambiente pareció calmarse un tanto, el silencio se sentía tenso.
- De todas formas, no entiendo que te haya quemado – comentó Snape finalmente, rompiendo aquella calma opresiva.
- Será por el poco aprecio que le tengo a su propietario – refunfuñó Harry, frotando la quemadura con suavidad a la vez que tomaba asiento de nuevo.
- Entonces¿qué vamos a hacer al final? – retomó Severus el tema de su reunión, ahora que las aguas parecían haber vuelto a su cauce.
- Tenéis que hacerme caso – pidió Hermione – Intentar cualquier otra cosa puede resultar fatal, si fallase. De esta manera, ocurra lo que ocurra, vosotros siempre tendréis una oportunidad para sacar de allí a Malfoy a salvo.
- Pero… - intentó protestar Harry.
- Sé que es difícil, pero confía en mí. Al menos esta vez – rogó Hermione, mirando al chico a los ojos – Tengo tantas ganas como tú de ayudar a Draco.
El gesto de Hermione se volvió mucho más suave y su mirada contuvo de nuevo la dulzura y la belleza de antaño, cuando la chica no tenía otra meta que la de proteger a los que amaba.
- De acuerdo. Por esta vez me fiaré de ti.
Harry se levantó del sillón con un gesto brusco, y despidiéndose de Snape con hosquedad, se desapareció antes de que el hechizo se rompiese, antes de que la realidad volviese a sus ojos y de nuevo tuviese frente a sí a esa detestable mortífaga en la que su más querida amiga se había convertido.
El apretón de manos entre los dos hombre fue amistoso y en el podía notarse que ambos parecían tenerse un cierto aprecio.
- Muchas gracias por recibirme, señor Ministro.
- Por favor, señor Malfoy, usted siempre es bien recibido en mi despacho – sonrió el otro hombre – Y más si viene cargado de tan generosas donaciones.
- Supongo que les vendrán bien para reconstruir el cuartel de la Patrulla – comentó Draco, algo avergonzado por las palabras del ministro – Leí que había quedado destrozado.
- Ciertamente, ese ataque nos hizo polvo – confirmó el hombre con aire apesadumbrado.
- Espero haberles sido de ayuda.
- ¡Por supuesto! – exclamó el ministro – Si no fuera por usted…
- A cambio, le pediría discreción – le interrumpió Draco, que odiaba los agradecimientos.
- Claro, señor Malfoy. Nadie sabrá de esto – afirmó el otro con energía y rotundidad – Aunque no entiendo el porqué de tanto secretismo.
- Ya conoce la historia de mi padre – contó el muchacho – No creo que las donaciones de otro Malfoy fuesen recibidas con aplausos, exactamente.
Los dos hombre quedaron en silencio y ambos dieron su conversación por terminada.
- Espero que volvamos a vernos pronto – se despidió Draco, saliendo del despacho y cerrando la puerta tras de sí.
Alexander Parrell hizo un gesto quedo, observando como Malfoy se había convertido, en muy poco tiempo, en un aspirante a hombre muerto.
Tomando asiento de nuevo frente a su amplio escritorio, Parrell dedicó unos minutos de reflexión a aquel curioso personaje. En los casi cinco años que llevaba en el cargo, Draco Malfoy se había convertido, a base de "generosas donaciones", en uno de los hombre mas influyentes de la comunidad mágica, igual que un día lo fue su padre. También se había convertido en un importante mortífago, igual que su padre. Y siempre en la sombra. Era sorprendente que alguien que odiaba tanto a su padre siguiese sus mismos pasos.
Alexander se encogió de hombros. Intuía que Draco era mejor persona que su difunto padre, y también que ocultaba mucho más que éste, pero eso a él no le incumbía ni le importaba lo más mínimo.
Siempre que le fuese de utilidad, Malfoy tendría un hueco en el Ministerio. El ministro Parrel suspiró, desperezándose en su asiento. Que difícil era dirigir un gobierno, se dijo sonriéndose.
Antes de que Alexander pudiese seguir recreándose en su poder, una figura se presentó ante él, agachando ligeramente la cabeza en señal de saludo.
- Alerta 3 en North Lampshire, al suroeste de Gales.
- ¿Otra vez? – protestó el ministro, incorporándose en su amplio y cómodo sillón – Se supone que estamos de su parte y no hacen nada más que molestar y crear conflictos. A veces pienso que se olvidan de que Voldemort es el malo de la película.
Su subordinado se encogió de hombros, preguntándose internamente que demonios sería una "película". Vestía una túnica de color negro con una amplia capucha que esos momentos caía sobre su espalda junto a una descuidada melena castaña, revelando un rostro sesgado por la dureza y la severidad. De su cuello colgaba un extraño amuleto: tres soles y cuatro lunas diminutos dispuestos en los extremos de un heptágono que, unidas por unas líneas plateadas, formaban una estrella de siete puntas.
- Protocolo 7. Pide refuerzos si hace falta – se limitó a ordenar el ministro Parrell con un suspiro.
El otro hombre asintió y se desapareció, tan silenciosamente como había llegado.
Alexander, por su parte, se dirigió hacia el baño, lavándose la cara y deteniéndose a examinar su rostro con cuidado. A pesar de contar con una edad apreciable, su rostro no presentaba ni una sola arruga, en su cabello negro y rizado que le caía hasta los hombros no había ni una sola cana, y el brillo de juventud en sus ojos le hacía pasar perfectamente por alguien que a duras penas rebasaba la treintena.
Sonriendo de nuevo para sí, Alexander se dijo que el secreto de su aspecto juvenil era tener la conciencia tranquila.
- O no tener conciencia – murmuró su reflejo en el espejo con vocecilla maliciosa.
El ministro se lo pensó. Tan sólo hacía lo que tenía que hacer. Si los demás no veían que la verdadera amenaza era la de Voldemort y sus seguidores, era problema de ello, no suyo. Él no era su rival.
Claro, que quizá tampoco era exactamente su aliado.
Palmeándose las mejillas y sonriendo por última vez al espejo del baño, Alexander Parrell salió a enfrentarse a su cargo, armado con la más encantadora de las sonrisas y de una mirada maliciosa tan fría como una muralla de hielo.
- ¿Qué mosca le ha picado a Potter?
Hermione miraba estupefacta el lugar en el que se había encontrado Harry hacía apenas unos segundos.
- Supongo… que no le gusta reconocer en ti partes de la antigua Hermione, porque así le cuesta más odiarte por lo que eres.
- … - la mujer le miró boquiabierta.
- Es mi opinión – se defendió Severus, removiéndose incómodo en su asiento.
- Vaya… Pues buena respuesta. ¿Y desde cuando eres un experto en psicología? En la de Harry, concretamente.
El hombre pareció meditar la respuesta.
- Desde que Potter y yo empezamos a sentir cosas parecidas al tenerte delante.
- ¿A ti también te cuesta odiarme?
- No. Ya no - la sonrisa de Hermione se le congeló en los labios - Dejé de intentar odiarte hace mucho tiempo.
La mujer permaneció en silencio, sintiendo como la muralla que había tratado de construir alrededor de su corazón se empezaba a agrietar.
- Es más fácil aceptar que has cambiado y seguir amándote. Estoy seguro de que en alguna parte de ti conservas a la antigua Hermione y que esa es la razón por la que te sigo queriendo, a pesar de todo – Severus la miró intensamente a los ojos, notando en ellos un brillo nuevo y esperanzador – Aunque no te lo creas, te quiero; a lo que eras y a aquello en lo que te has convertido – el hombre guardó silencio durante unos momentos, antes de añadir – El amor es algo muy raro.
Cuando él concluyó, sin desviar la mirada de su rostro, Hermione sintió como aquella muralla se resquebrajaba a toda velocidad, dejando a sus pies unas tristes ruinas.
- El amor es algo muy raro… - repitió la chica, acercándose a Severus, tomándole de la mano para obligarse a levantarse del sillón y aproximándose a él, disminuyendo la distancia que separaba sus labios de los del hombre, lentamente – Muy raro…
CONTINUARÁ…
Bueno, ya estoy yo aquí de vuelta, yuju! Ante todo, perdón por dejaros tirados, pero justo unos días antes de irme, cuando pretendía colgar este capítulo, se me descuajeringó la línea de Internet, y ya no tuve ocasión hasta ahorita - A partir de ahora, prometo ser formal y actualizar prontito, lo juro solemnemente -
Respecto a la historia… Llegamos al ecuador! Justo ahora aparece un nuevo personaje, el nuevo Ministro de Magia, que no se a vosotros, pero a mi me parece un creído ¿Qué será el Protocolo 7¿Qué se traen entre manos? Ah… habrá que esperar al siguiente chap para saberlo. Al igual que para saber que pasa con Hermione y Severus después de esta bonita escena (ya era hora de que se decidieran, les ha costado xDD)
Bueno, no se si os habréis enterado, pero ha sacado una nueva norma para que no se contesten los reviews. A mi esto me ha llegado de oídas, y tengo que confirmar la información (jeje, parezco periodista de la prensa del corazón xDD), pero como no quisiera que me borrasen la cuenta, tendré que hacerles caso. De toda formas, que conste que me parece una norma completamente ESTUPIDA. Al menos en HarryArgentino hay una sección donde puedes dar respuesta a cada review individualmente, esa si es una buena solución.
De todas formas, os agradezco enormemente todos vuestros reviews a: Miss-Adreina-Snape, La-rosa-d-plata, Malu Snape Rickman, MarisolBlack, SeerlenaEd, amsp14 (mi niña Ana María ), willow black (me dejaste dos veces el mismo review, jejeje, me hizo ilu ), TercySSCloe y Neko chan (bienvenida a la historia, espero que te siga gustando!).
En fin, que me pase la dichosa norma por el arco del triunfo, como decía mi profesor de filosofía xDD
En compensación, les dejo un avance del próximo capitulo (FUEGO Y HIELO):
- Descubriremos la misteriosa y dichosa razón por la que Hermione se unió a los mortifagos.
- Sabremos que pasará con Snape después de su romántico encuentro (que bonito me quedo eso xDD)
- Comenzará la misión, jejeje.
Muchos besitos a todos, muchísimas gracias por leer, y ya saben, déjenme muchos reviews, porfa, que son mi mejor gasolina para darme prisa en actualizar (no lo puedo evitar, soy de naturaleza vaga, jejejeje xDDD)
Byeeeeeeeeeeeee!
Ela :)
Miembro Orden Siriusana
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