Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la todo poderosa JK Rowling y a sus apóstoles de la Warner. (¿Puedo quedarme con Sirius?) (¡Ni siquiera mencionas a Sirius en esta historia!) ( ¡Qué importa! … ¿Puedo quedarmelo?) ("…")
Este chap va especialmente dedicado a Patty, por ser una caradura y no dejarme ni un solo review en toda mi carrera de escritora de fics (es el ultimo que te dedico si no dejas uno alabando mis enormes virtudes :P) y a TercySSCloe, porque tiene un no-sé-qué para averiguar los argumentos y futuros acontecimientos de esta historia que me da miedo (¿Me leerá la mente…? Seguramente es que soy muy previsible… xDDDD)
PERDÓNAME
8. FUEGO Y HIELO
Hermione observaba la escena horrorizada, oculta tras unos altos matorrales, viendo la destrucción del valle cercano.
Era consciente de que debía ayudar, intentar parar como fuese a aquellos extraños de las capuchas negras, pero sus músculos estaban paralizados por el miedo y la impotencia.
¿Cómo podían los mortífagos atacar una población como aquella? Casi oculta entre los verdes páramos y los acantilados de la costa norte de Irlanda, ella jamás habría dado con ese pueblo si no hubiese sido por casualidad.
Aquella era como la utopía del mundo mágico. Magos y muggles vivían mezclados, valorando y apreciando todos ellos los secretos de la magia. Centauros convivían en perfecta armonía con los humanos y la gente del agua vivía y nadaba en el lago cercano, vigilando siempre a los chiquillos que jugaban en la orilla.
Hermione se había hospedado en una posada atendida por una mujer muy mayor y tan amable que había conseguido que se sintiese como en casa. Fue ella, precisamente, quien le recomendó que visitase la mina de karthisa, un mineral que se conocía y extraía en muy pocos lugares del mundo, entre ellos, allí mismo, en Idhulia.
La karthisa era un potente intensificador mágico que aumentaba los poderes de un mago o de un objeto mágico hasta límites insospechados. Utilizada sobre todo para la magia curativa, la karthisa era la principal razón por la que la población permanecía oculta de las ambiciones del mundo exterior. Hasta ahora.
Siguiendo el consejo de la mujer, Hermione madrugó y se dispuso a dar un largo paseo por los bonitos alrededores. Sin embargo, cuando llegó a la mina, situada a unos pocos kilómetros del pueblo, la encontró desierta. Le habían dicho que los elfos eran quienes trabajaban el mineral y que ellos no tendrían ningún problema en mostrarle el lugar; pero allí no había signo de vida alguno.
Las peores sospechas de Hermione se confirmaron cuando, al regresar, el pueblo había sido arrasado y no quedaban más que cuerpos desperdigados por las calles y signos ocasionales de lucha en algunas casas u en la linde del bosque hogar de los centauros.
Todos habían sido masacrados.
Venciendo su pánico y con el rostro sembrado de lágrimas, se fue aproximando sigilosamente, en busca de algún superviviente. Pero, por desgracia, a la entrada del pueblo, dos figura observaban el caos con asombrosa tranquilidad. Hermione se ocultó de nuevo, lo suficiente cerca como para escuchar sin ser descubierta.
- ¿Estas seguro de que no queda nadie con vida? – preguntó un hombre bastante joven y de cabello rizado a su acompañante.
- No, señor – afirmó el otro, visiblemente inquieto – No debería estar aquí. Alguien podría descubrirle.
- ¿Dónde estamos? . ¿En mitad de ninguna parte? Lo dudo.
- Pero podría ser peligroso que… - repuso su compañero, bajándose la capucha para revelar un rostro severo y una mirada fría que hizo estremecerse a Hermione a pesar de la distancia que los separaba.
- Un yacimiento de karthisa bien merece mi presencia – cortó el primero.
- Sí, señor.
- ¿Tus hombres ya están fuera?
- Sí, señor.
- Entonces, si me lo permites… - el hombre rebuscó entre sus ropas hasta encontrar lo que buscaba, un medallón que parecía representar una estrella de siete puntas.
Alzando el medallón por encima de su cabeza, un rayo de sol e reflejó en él. Sin embargo, Hermione tardó en darse cuenta de que el rayo de luz salía del medallón. La luminosidad se expandió por el bosque, cegando a la chica, que tuvo que cerrar los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, la destrucción había desaparecido. Ante ella se extendía un valle desierto, plagado de riachuelos y verdes praderas, como si Idhulia jamás hubiese existido.
Volviendo su atención a los dos hombres, vio como el que sostenía el medallón volvía a guardar su amuleto entre los pliegues de su túnica y miraba al frente con un suspiro.
- Es una lastima – dijo – Pero ya les advertí que no ganarían nada con oponerse a mí. Debieron dejar el control de la mina en manos del Ministerio.
Hermione pensó que había oído mal. ¿El Ministerio¿Aquellos no eran mortífagos?
- Bueno, Harrison – exclamó con buen ánimo - ¿Me llevas a ver esa espléndida mina?
- Sí, señor ministro.
Y cuando se giró, Hermione reconoció en él al nuevo ministro de magia. Alexander. Él había sido el causante de todo. Los habitantes de Idhulia se habían opuesto a él, a que utilizase la karthisa en su propio beneficio y el, simplemente, les había aniquilado.
En cuanto que el ministro y su subordinado se alejaron lo suficiente, la chica salió de su escondite, corriendo hacia el lugar donde una vez se había encontrado el pueblo. Allí no había nada; la existencia de todos ellos había sido borrada. Y lo peor es que jamás se sabría la verdad. La destrucción de Idhulia permanecerían en la sombra y, si algún día se llegase a descubrir, se supondría que habían sido Voldemort y sus seguidores.
La mujer enfurecía por momentos, pensando en la multitud de veces que Parrell llevaría a cabo aquello, cuantas personas, cuantos pueblos serían devastados por no claudicar con las órdenes del Ministerio, mientras el resto de la población les daba su apoyo como ultimo reducto de resistencia frente a la locura de los mortífagos.
La ira, la venganza, inundaron el interior de Hermione hasta que el brillo del peligro llenó sus ojos.
Acabarían con el Ministerio, costara lo que costase. No permitirían que aquello volviese a pasar. Nunca más.
Hermione abrió los ojos con sobresalto, notando como las gotas de sudor resbalaban por su frente. Hacía mucho tiempo que no tenía aquella pesadilla. Creía haber podido sepultar de lo ocurrido en Idhulia hacía más de tres años en lo más profundo de sus recuerdos, pero obviamente estaba equivocada.
Aunque la tensión disminuyo un tanto al contemplar el techo de la habitación y ser consciente de la almohada en la que reposaba su cabeza y la sábana que cubría su cuerpo, se removió intranquila al percatarse de que aquella no era su casa.
Al reparar en el cuerpo que descansaba a su lado, dio un salto considerable, saliendo de la cama a la vez que los momentos vividos la noche anterior llegaban a ráfagas hasta su cerebro. Sin embargo, Severus permaneció silenciosamente tumbado en la cama, sin oír el ruido, sumido en un profundo y tranquilo sueño como hacía mucho que no tenía.
Hermione le observó mientras la sabana subía y bajaba suavemente con el ritmo acompasado de su respiración, sintiendo como su corazón latía desbocado, sintiendo por primera vez en mucho tiempo arder el fuego en su interior.
Lo que más temía había ocurrido. Creyó en su frialdad, en su poder para mantenerle impasible ante todo y todos, pero desde el principio supo que se engañaba.
Desde el principio supo que Severus era el único capaz de destruir la muralla entorno a su corazón, de hacerle recordar que en el mundo aún quedaba algo que merecía la pena.
La mujer se sentó en la cama, sin atreverse a rozarle, tan sólo mirando como él descansaba. Por un instante, la tentación de quedarse allí, acurrucada entre sus brazos, fue casi insoportable.
Pero la tentación desapareció en el momento en que recordó su pesadilla, el horror vivido en Idhulia, la promesa que había hecho.
Había jurado vengar a los que habían muerto, había jurado derrocar de una vez por todas a aquellos que abusaban de su autoridad. Y lo único que había conseguido era… nada.
Se unió a los mortífagos porque sabía que ellos serían el mejor apoyo para sus objetivos, se separó de los que amaba para protegerles de aquello en lo que se iba a ver envuelta, de aquello en lo que se iba a convertir.
Quizá había olvidado cual era su objetivo último, quizá a fuerza de ocultar su humanidad la había olvidado. Pero Severus se la había devuelto, aunque probablemente no viviría lo suficiente para agradecérselo.
Pensativa, observó el Ojo de la Serpiente, el anillo que Voldemort le había regalado. Ahora tenía las fuerzas. Después de tres largos años de espera, por fin tenía el poder y el temple para seguir sus propios intereses, para cumplir su promesa y enfrentarse a su señor si era necesario.
A su lado, Severus seguía dormido, sin saber que gracias a él, ahora la mujer creía que todo lo que se había propuesto era posible.
Pero antes debía poner a salvo a Draco. Protegerle, como había hecho con todos aquellos a los que quería. Y para ello, debía alejarse de nuevo.
Rápidamente, Hermione tomó su ropa, vistiéndose en la oscuridad. Cuando salía de la habitación, se detuvo un último instante para contemplar al hombre dormido con tristeza y nostalgia, a la vez que exhalaba un largo suspiro.
- Tú eres… mi pequeño error.
Dicho esto, atravesó el umbral de la puerta con paso firme.
Sin volver la vista atrás.
Snape daba vueltas por el salón como una bestia enjaulada. Se estaba volviendo loco.
Desde que aquella mañana, hacía más de una semana, despertase sólo en su cama tras una noche que había sido como un sueño, no había vuelto a saber de Hermione.
Incluso Potter se había presentado en su casa en un par de ocasiones, preguntando si se sabía algo y si el plan seguía en pie, preguntas a las que Severus no sabía responder.
El muchacho parecía nervioso, pero eso no era nada comparado con él; tras casi diez días de angustiosa espera, tres cafés demasiado cargados y la sensación de haber vuelto a perder a Hermione recorriendo su mente de manera incesante, estaba al borde de un colapso.
¿Le dejado atrás, de nuevo, sin una sola palabra?
Justo cuando se dirigía a la búsqueda del cuarto café de la mañana, una lechuza negra como la noche entró por la ventana abierta, arrojó a sus pies una flor y salió de nuevo disparada hacia el sofocante cielo de Londres.
Severus se agachó para recogerla y durante unos minutos miró sin comprender. Una rosa blanca, la favorita de Hermione. ¿Y? Tardó un rato en acordarse de que aquella era la antigua forma de comunicarse que durante largo tiempo mantuvieron en Hogwarts. No pudo evitar sonreír al recordar la cara de circunstancias y mal disimulada curiosidad de sus compañeros cuando recibió una de aquella en la sala de profesores.
Deposintándola sobre la mesa, cogió su varita y apuntó hacia la rosa:
- ¡Korosare!
El sencillo hechizo reveló una breve nota escrita en pergamino amarillento cuyo breve mensaje devolvió a Severus la sensación de desasosiego.
"Reuníos en tu casa hoy al anochecer. Llegó el momento.
H."
CONTINUARÁ…
Hola!
Ya volví, con mi gratificante velocdad de siempre… Hay que ver como me cunden los fics cuando estoy en época de exámenes… Lo de estudiar ya es otro tema que mejor dejamos a parte… xDDD
Jejejeje, bueno, me temo que os habréis quedado todas un poco choff, jajaja, porque si que pasa algo entre Sev y Herms (algo gordo, ejem ejem), pero… se quedan como al principio. OOOHHHHH! En fin, ya sabéis que soy muy mala persona y no voy a dejarles juntitos y comiendo perdices así como así… Habrá que esperar…Espero que ninguno muera, muajajajajaj :P
Bueno, de lo demás… Ya sabemos porque Hermione se metió a mortífaga, y ya sabemos que no es realmente "mala", pero que ella cree que entre Voldemort y el ministro tampoco hay tanta diferencia entre uno y otro. El monologo es un poco confuso (yo me he basado en que, cuando yo misma estoy pensando, todo es algo confuso xDDD), pero al final resuelve volver a abandonar a Snape… Pobrecillo… No gana para disgustos…
Ah, y por lo que pude leer, lo del Protocolo 7 os dejó un poco en ascuas, pero tranquilas, que ya nos iremos enterando, aunque después de este capitulo, podéis haceros una idea de que no es nada bueno si está relacionado con esos hombres extraños de los amuletos xDD
Millones y millones y millones de gracias a todos los que dejaron su review en el capitulo anterior: Miss-Andreina-Snape, Ana María (ya ves que en Hermione no cala ninguna declaración, es como de piedra… que rabia, pobre Sev :P), La-rosa-d-plata, Malu Snape Rickman, Snivellus, MarisolBlack y TercySSCloe.
Ah, y os aclaro a todos: SI! Me lei el sexto! DIOX! MORÍ! En fin, no voy a poner nada aquí, por si hay alguien que no se lo haya leído, pero…Bueno, me dieron ganas de matar a Rowling… y ÉL… pero que desgraciado! Como pudo! De todas formas, se ha convertido en mi favorito! A pesar de todo es el mejor (el libro, se entiende :P)!
Intentaré acabar este fic antes de cortarme las venas, porque el final me dejo deshecha…Espero que a los demás os sirva de consuelo xDDD
Muchos muchos besos a todos y muchas gracias por leer. Nos vemos en el siguiente capitulo, llamado Salvaje de corazón, donde… Bueno, mejor lo leeis xDDD
Bye!
Ela :)
Miembro Orden Siriusana
