Disclaimer: Harry Potter y compañía pertenecen a la semi-diosa JK Rowling, y es obvio que yo no soy ella, así que esto está hecho con el mero intento de entretener. Pero aunque no soy Joanne, empiezo a parecerme bastante. Cuando lean… lo comprenderán (sonrisa diabólica) xDD.
Este capítulo va dedicado especialmente a Patty, porque ya sabe que escribo estas historias por ella y por su queridísimo Snape (si es que en el fondo soy una buenaza xD). Espero que por ser el último, la chica se luzca un poquito y me deje un review, que sabe que me hacen mucha ilusión :-).
PERDÓNAME
13. CEREMONIA DE DESPEDIDA
- ¡Hermione! – exclamó Harry, sin aliento, incapaz de asimilar lo que acababa de ver.
En un acto reflejo, el muchacho intentó acercarse a ella, pero Snape lo cogió con fuerzas por el brazo, manteniéndole en el suelo y bien lejos de la mujer.
- No es ella. El Ojo de la Serpiente es el que actúa, el que ha tomado el poder – susurró, señalando con la cabeza la mano de la chica – Es peligrosa en estos momentos. Mantente alejado.
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Voldemort solo podía mirar fijamente a Hermione y a Parrell, que con la muerte de Harrison había perdido toda su arrogancia, y que ahora observaba a su captora con terror en los ojos. Al Señor Tenebroso tampoco le había pasado desapercibido el hecho de que Hermione estaba siendo dominada por el Shikatsh.
Claro que lo sabía. Lord Voldemort jamás hacía nada a la ligera. El hombre conocía los oscuros sentimientos que albergaba el corazón de Hermione y el enorme poder de la joven, del que el anillo se alimentaba. Sabía que la chica buscaba venganza y que sólo la muerte calmaría esa sed.
Por eso le había dado el Ojo de la Serpiente; por eso le había proporcionado a Hermione un arma capaz de destruirle: porque sabía que el anillo no actuaría contra él por la simple razón de que eso no era lo que su propietaria realmente quería. Y sabía también que la culminación de los deseos de Hermione, para él significarían interesantes victorias.
Y así era; estaba a un paso de deshacerse de Parrell, un enemigo que él no podía derrotar, gracias a su mortífaga favorita.
Pero… ¿Esas eran verdaderamente sus razones?
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Draco había conseguido arrastrase dolorosamente hasta ocupar su antigua posición dentro del circulo de mortífagos. Lo había logrado sólo nos segundos antes de que Hermione sesgase la vida de uno de los ayudantes del Ministro.
Al ver los ojos demoníacos de la chica, la sonrisa cruel que cruzaba su rostro mientras el hombre se desangraba en sus manos, comprendió todo.
El porqué de su comportamiento, el porqué de su odio, el porqué de sus ansias de venganza, que eran las mismas que las suyas.
Aquellos hombres eran los que habían matado a su padre, los que le habían llevado a él por una vida que no deseaba, cargada de remordimiento, dolor y pérdida. No podía negar que aquella Hermione "poseída" le amedrentaba, pero le alegraba saber que Parrell tendría la más cruel de las muertes.
Se lo merecía.
Notó entonces como una mano le tomaba por el hombre, intentando alejarle hacía los extremos del circulo con suavidad. Cuando volvió la cabeza, vio a Harry, que observaba la escena principal con una mezcla de preocupación y miedo.
- Aléjate. Puede ser peligroso…
- Harry… - susurró.
- Ya te dije que no me volverías a ver sólo si no querías – dijo, girándose hacia él con una sonrisa algo forzada por las circunstancias, pero totalmente sincera.
- Yo… - en realidad, Draco no sabía que decir; existen ocasiones en que las palabras no expresan nada, y esa era una de ellas – Me alegro mucho de verte.
- Te sacaremos de aquí – aseguró Harry, sin dejar de sonreírle – No nos hemos metido en este lío para nada.
- Gracias.
Draco apoyó su mano sobre la del otro, notando como temblaba. Algo le decía que no saldría de allí, pero no le importaba en absoluto. Harry estaba a su lado y eso ya era más de lo que se merecía.
- No hay por qué darlas – respondió el otro, mirándole con cariño.
Ya no necesitaba nada más.
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Hermione soltó el cuello de Parrell, que cayó al suelo de rodillas, respirando agitadamente. Pero con un gesto de la mujer, el hombre se elevó de nuevo en el aire, quedando allí suspendido, flotando como sujeto por cuerdas invisibles.
Por su parte, la chica examinaba con interés el amuleto que le había arrebatado a Harrison.
- ¿Esta es la verdadera fuente de vuestro poder, no? – preguntó, riendo al ver como el ministro se encogía ante su mirada llameante – Vi como Idhulia desaparecía bajo el efecto de esta cosa.
- Yo… Yo no… De verdad, perdóname…
- Estas figuras… Las lunas y los soles… ¿No son simple decoración, verdad? Por eso necesitabais la karthisa… Por eso no dudasteis en asesinar para conseguirla…
- Nosotros… Nosotros sólo… - balbuceaba Alexander aterrorizado.
- ¡SILENCIO! – gritó Hermione y todo, excepto Voldemort y Severus se encogieron, como si la furia de la mujer estuviese dirigida contra ellos.
- Pero… - murmuró el ministro con un hilo de voz.
- No soy estúpida, Parrell. Conozco la existencia de estos objetos; yo misma los estudié para intentar crearlo, aunque lamentablemente no lo conseguí – la chica continuó su explicación con una calma pasmosa, como si conversase tranquilamente con un amigo frente a una taza de café – El shumpa es un canalizador mágico. Atrae hacia él la energía de los planetas, de la Tierra, de todos los seres vivos y los transforma en poder mágico capaz de alterar el espacio, el tiempo, la vida, las personas... Lo que no sabía era que la karthisa era lo que le hacía funcionar. ¿Cómo lo supisteis? Habla.
- El… Departamento de Misterios… consiguió una muestra de ese material y grabó en ella el símbolo del shumpa… y... y consiguieron que funcionase – relató en un susurro.
- … Y tú pensaste que esa era tu oportunidad para ser el más poderoso. Pero había un fallo… Necesitabais más karthisa si de verdad querías tener el suficiente poder para controlar a Voldemort; necesitabas más medallones como este. Conectados entre sí, alimentándose mutuamente y amplificando aún más la magia del shumpa. Por eso arrasaste Idhulia. Se cruzaron en tu camino. Y por eso llevas cinco años asesinando: mantener el poder, mantener tu posición a toda costa.
- Sí, p-p-pero yo… Por favor… Lo siento…
- Vamos a ver como funciona este amuleto – dijo Hermione colocando el medallón en la mano donde llevaba el Ojo de la Serpiente y cerrando el puño.
- ¡NO! – chilló Parrell – No, por favor, te lo ruego… Por favor… Ten compasión…
La mujer clavó en el ministro una mirada cargada de un odio tan profundo que Alexander supo que estaba muerto.
- ¿La misma compasión que tuviste tú con la gente de Idhulia?
Hermione cerró su mano izquierda con fuerza y un halo carmesí que brotaba del anillo cubrió el cuerpo de la mujer, agitando su cabello y haciendo brillar sus ojos rojos con más fulgor si era posible.
Voldemort retrocedió unos pasos; Harry se encogió, protegiendo con su cuerpo el de un Draco que aún se resentía por el golpe de hacía un rato; Severus tan sólo observó anonadado la transformación de Hermione, al igual que el resto de los mortífagos, que no podían apartar la mirada aunque quisieran, al estar paralizados.
Aunque todos cerraron los ojos a la vez al ver lo que ocurría a continuación.
Unas llamas, negras como la noche, rodearon al ministro, que gritó de dolor al sentir como su carne y su piel se abrían y abrasaban bajo el poder de su propia creación.
Unos segundos después, unas cenizas ocupaban el lugar en el que había estado Alexander Parrell, y el resto de sus hombre habían desaparecido sin dejar rastro, borrada su existencia como la de los habitantes de Idhulia.
"Lo conseguí", pensó Hermione antes de caer de rodillas, agotada por el esfuerzo, habiendo recuperado su aspecto normal y con el cristal de anillo coloreado de un gris opaco.
Al abrir la mano, la mujer descubrió que el shumpa también se había extinguido. Su poder había acabado.
El resto de los presentes tardaron unos segundos en reaccionar a lo ocurrido, antes de percatarse de que todo había acabado y podían volver a actuar y moverse con normalidad.
- Perfecto. Buen trabajo, Granger – dijo Voldemort con una voz profunda antes de dirigirse al resto de sus seguidores – Coged a la chica viva. Matad al resto.
Harry y Severus ya se lo esperaban, y ya estaban preparados. Nada más oír las palabras del Señor Tenebroso, ambos se incorporaron y lanzaron sendas maldiciones a dos mortífagos que cayeron abatidos antes de poder reaccionar siquiera.
El resto se lanzaron contra los intrusos a la vez que Draco y Hermione se unían a los otros dos, cansados de guardar las apariencias, dispuestos a luchar por aquello que amaban. En la sala se formó una batalla campal en la que Voldemort se mantuvo en su puesto, observando a Potter fijamente.
El chico era el punto de mayor interés del hombre. Ahora que Parrell había desaparecido, tenían la oportunidad de deshacerse de su otro oponente. Quizá no de una forma elegante o grandiosa (de hecho, para ganar, debía utilizar la confusión del momento a su favor), pero habiendo acabado nada más y nada menos que con el Ministro de Magia y con Harry Potter…
La guerra habría acabado y el poder estaría en sus manos.
Harry lanzó un hechizo que acertó en el blanco, dejando inconsciente a su contrincante. Giró sobre sí mismo en busca de alguno de sus compañeros, de una vía de escape… de lo que fuese.
Su mirada se cruzó con la de lord Voldemort, frente a frente, y supo que aquel momento para el que estaba destinado desde antes de su nacimiento había llegado.
También supo, cuando su enemigo lanzó la maldición asesina directamente contra él, si más protocolo ni treta, que ya no había tiempo para reaccionar. Que estaba muerto.
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Un golpe en el hombro.
La fuerza del empujón apartándole de la trayectoria del rayo verde.
El destello lumino del impacto de la maldición.
El sonido seco de un cuerpo cayendo al suelo pesadamente.
Muerte.
La muerte golpeando a un ser querido.
La muerte golpeando a Draco Malfoy.
El tiempo pareció detenerse en la sala; incluso lord Voldemort miró con cierta sorpresa al estúpido de Malfoy salvando la vida a Potter una vez más.
Hermione, Snape y hasta los mortífagos que seguían en pie luchando contemplaron perplejos el cuerpo de Draco.
- ¡NO¡DRACO¡NO, POR FAVOR! – aulló Harry, olvidando donde estaba, olvidando que Voldemort intentaba asesinarlo, olvidando a todo lo que no era Draco.
Cuando le alcanzó, le tomó por los hombros, le llamó entre sollozos, le agitó con fuerza e incluso golpeó el pecho, furioso al ver que no le contestaba.
- ¡Draco! No te vayas, contéstame…
El sitio parecía haberse quedado estático, como aguardando una reaccione que, de antemano, sabían crucial. Nadie se movía ni casi respiraba, a la espera.
Harry, sin embargo, sólo podía derramar lágrimas, sintiendo como el dolor t la magia recorrían cada fibra de su ser.
El dolor y la magia…
Voldemort, que durante unos segundos parecía haber quedado atónito por aquel insólito desenlace, se recuperó, lanzando de nuevo el Avada Kedavra.
En esta ocasión, Harry si reaccionó a tiempo, levantándose del suelo a la vez que conjuraba un escudo protector, consiguiendo que la maldición impactase con fuerza sobre el campo de fuerza invisible, sacando de él un desagradable y vibrante sonido.
- Vas a morir – dijo Harry.
Apartándose del cuerpo de Draco, avanzó hacia su acérrimo enemigo con paso firme. Voldemort sonrió en una mueca burlesca. Harry sólo despidió fuego en su mirada.
- ¡AVADA KEDAVRA!
Al igual que su contrincante, el Señor Tenebroso conjuró un escudo mágico, pero ni la más poderosa de las protecciones podría haberle salvado de lo que se avecinaba.
De la varita de Potter no sólo había brotado el rayo esmeralda de la maldición asesina. Éste avanzaba hacia Voldemort envuelto por una luz blanca, cegadora, que por momentos iba rodeando el cuerpo de Harry.
El Avada Kedavra atravesó sin problemas el escudo mágico e impactó con fuerza en el pecho del hombre, haciendo que su corazón dejase de latir al instante. Sin embargo, lord Voldemort aún no estaba muerto.
Su poder, su magia, su alma seguían vivos dentro de él. Y esa era su parte más peligrosa. La parte que la magia de Harry estaba erradicando lentamente, pero con seguridad.
Aquella luz, aquella energía que manaba del cuerpo de Potter estaba acabando con la esencia de Voldemort; matándole finalmente.
Al final la profecía tenía razón y Dumbledore también tenía razón. Él albergaba poderes que el Señor Oscuro desconocía. Y el más importante de todos ello, como le había dicho el viejo director de Hogwarts hacía ya tantos años, era el amor.
El amor por Draco, el dolor por su perdida, era lo que había desatado aquella magia destructora que estaba aniquilando a su enemigo.
Y que, poco a poco, le iba dejando a él sin fuerza.
Hermione observaba los acontecimientos, demasiado veloces para llegar a asimilarlos y comprenderlos. A su lado, Severus miraba el duelo de Potter con miedo y admiración.
El Señor Tenebroso no podía evitar gritar de dolor, sintiendo con aquella luz corroía cada zona de su alma y acababa con las últimas gotas de su vida.
- ¡AAAHHH! – chilló Hermione, cayendo de nuevo al suelo.
- ¡Hermione! – la llamó Snape, agachándose a su lado con angustia en la voz - ¿Qué ocurre¿Qué te pasa!
La mujer sólo podía encogerse de dolor, incapaz de averiguar el porqué de aquella tortura.
Severus si lo entendió. El anillo volvía a brillar con fuerza.
- ¡Es el anillo! – exclamó, intentando coger su mano para arrebatarle el shikatsh, pero ella se resistió - ¡Está conectado con él¡Lo que sientes es su dolor¡QUÍTATELO!
Hermione negó como pudo con la cabeza, alzando la vista para mirar a Voldemort. Tenía los ojos cerrados y aunque ya no gritaba, era evidente que aquella hebra de luz que lo unía con Harry le provocaba un terrible sufrimiento.
Pero la chica sabía que Voldemort jamás moriría gritando ni suplicando. La muerte se lo llevaría, pero con la dignidad y el orgullo con los que había vivido durante toda su vida.
Le heredero de Salazar Slytherin miraría a los ojos a su propia muerte.
"¿Por qué¿Por qué me diste el anillo?", pensaba Hermione en mitad de espasmos de dolor, a la vez que a su lado, Severus seguía intentando quitarle el Ojo de la serpiente. "Por qué no lo usaste tú, si lo que querías era acabar con Parrell?"
"Quería ayudarte", dijo la voz de su señor dentro de su cerebro.
De nuevo, el shikatsh actuaba como un conector entre ambos.
- ¡No lo entiendo! – sollozó la chica, y Snape cesó en su empeño, abrazándola para intentar reconfortarla.
"Querías acabar con Parrell. Querías venganza. La necesitabas. Y yo te habría dado cualquier cosa. Me recordabas tanto a mí…"
La voz de Voldemort sonaba muy distinta. Aquella vez, era una persona la que hablaba, era Tom Ryddle, aquella parte de sí mismo que ya había olvidado, el que había tomado cariño a Hermione, el que, tal vez, había llegado a quererla como a su propia hija, quizá más…
El amor, que como Dumbledore siempre dijo, sería la fuerza que acabase con él.
"No tenía que acabar así…" dijo, lamentándose, antes de que el sonido de su voz se extinguiese por completo.
- Gracias… Gracias… - lloró la mujer.
Jamás pensó en quitarse el anillo. Avatares del destino, le debía a aquel hombre su venganza y la paz que le había traído.
Le debía mucho.
Cuando por fin se extinguió aquella brillante energía, Voldemort cayó al suelo, muerto.
Harry supo que lo había hecho; que había cumplido su destino. Que ahora podía descansar.
Él también cayó al suelo.
- ¡Harry! – chilló Hermione, corriendo hacia él, sintiendo aún los ecos del sufrimiento anterior.
Los mortífagos habían desaparecido. Muchos yacían allí, inconscientes o muertos por los golpes de energía que el cuerpo de Voldemort había desprendido al resistirse a morir. Los pocos supervivientes habían huido del campo de batalla, conocedores de que todo había acabado y ellos habían perdido.
Harry, por su parte, permanecía allí tumbado, con un rostro que reflejaba una enorme calma, muy cerca del cuerpo de Draco. Giró un poco el cuello para verlo una vez más antes de centrar su atención en la mujer.
Para su sorpresa, Hermione lloraba con fuerza, apoyando las manos en su pecho.
- Lo siento… - murmuró el chico con voz desfallecida – No pude ayudar a Draco. Perdóname…
La muchacha negó con la cabeza sin dejar de llorar y aferrándose al cuerpo de Harry, como si así pudiese evitar su marcha.
- No… Yo no quería esto… No me dejes tú también, por favor – dijo ella, entre sollozos – Nunca. Nunca quise que murieras… Draco ya me ha dejado sola, no lo hagas tú también.
- Él está sólo ahora… Se lo prometí Hermione. Tu le tienes a él – dijo señalando débilmente con la barbilla a Severus, que permanecía en un discreto segundo plano, sin saber que decir ni que hacer – Si te trata mal, vendré y le daré una paliza – agregó, sonriendo con esfuerzo, volviendo a ser por fin aquel chico risueño y travieso que un día había sido, logrando que la chica riese entre lágrimas – Yo tengo que volver con él.
- Perdóname… Perdonadme los dos… Díselo a él, por favor, dile que… - rogaba la mujer con desesperación.
- Siempre confié en ti. En el fondo, supe que tú seguías ahí, en alguna parte. Ahora, vuelve a ser la de antes y s…
Hermione no pudo oír las últimas palabras de Harry, que apenas llegaron a salir de su boca. A continuación, respiró profundamente varias veces. Después, serenamente, su respiración se hizo más y más suave, hasta que finalmente se detuvo.
El-niño-que-vivió había dejado de hacerlo.
Hermione derramó aún más lágrimas sobre su cuerpo. Al ver junto a él a Draco, se sintió más sola que nunca.
Una mano se posó sobre su hombro.
- Estoy aquí, Hermione.
Con dolor y desesperación, la mujer se giró hacia Severus, agarrándose a su cuello con fuerza, derribando todas las murallas, descubriendo todos los secretos; llorando en el hombro de aquel que siempre había amado, de lo único que le quedaba en el mundo, mientras el otro la estrechaba con fuerza entre sus brazos, acariciándole el pelo.
- No me sueltes – le rogó con voz débil, dolorida – No me sueltes, por favor, no…
- No lo haré.
Se acabó. Espero que os gustase en el desenlace. Estoy un poco deprimida, primero porque siempre me da bastante pena acabar las historias, y segundo, porque me acabo de convertir en una asesina en potencia, así que esta vez intentaré ser lo más breve posible.
Muchísimas gracias a todos los que leéis, y especialmente gracias por haber dejado sus reviews a: Harry RG, Malu Snape Rickman, Lakota-Snape, Miss-Andreina-Snape, tercySSCloe, amsp14 y MarisolBlack.
No me enrollo más. En el epílogo os daré el desenlace definitivo (os aviso ya que no será apto para los diabéticos xDD), y responderé a todas las dudas que os hayan quedado y a algunos puntos que, a mi gusto, han quedado un poco confusos.
Nos vemos todos en el final de "Perdóname". Muchos besos a todos y una vez mas, gracias por leer. Espero vuestras opiniones.
Espero no haberos traumatizado demasiado... o.O
Byeeeeeeeeeeee!
Ela :)
Miembro Orden Siriusana
