CAPITULO 2

"These are my tears"

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"No tengas miedo de la vida. Cree en que la vida merece la pena ser vivida y esa creencia te ayudará a que así sea"

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Todo parecía indicar que llovería: grandes nubes oscuras se acercaban rápidamente a los terrenos, el cielo se veía cada vez más nublado y los ventarrones huracanados amenazaban con levantar la vegetación en cualquier momento

En la estación del mágico poblado de Hosmeade, una pequeña mujer encapuchada se acercaba aun hombre de gran tamaño, que se disponía a esperar el arribo del expreso con una lámpara en la mano. La mujer, al llegar al lado del antes mencionado, retiró su capa y aumentó su altura en un abrir y cerrar de ojos. La joven aurora acomodó su capa y sacudió con suavidad su cabellera color rosa

-Hola, Hagrid –saludó cordialmente -. Llegará pronto ¿no es así? –El gigante asintió –Ya veo. Será Dumbledore ¿verdad? Él se lo dirá –una mirada de tristeza se apoderó del semblante de Hagrid

-Dumbledore está muy contrariado por todo esto. Lo más probable es que quiera hablar con Harry hoy mismo sobre el asunto. Por supuesto que Ron y Hermione se enterarán y todos los demás, según Dumbledore, aunque aún no comprendo que es lo que tiene en mente –el silencio reinó por unos minutos… -. Tonks¿cómo está él?

-¿Te refieres a Moody? Aún está en la mansión Black (N/a: Sorry, es que no se me ocurrió mejor forma de llamarla n.nUU). Sigue culpándose por la muerte de Remus. Ya me cansé de decirle que no ha sido su culpa

-Necesita tiempo para asimilarlo. Ya comprenderá que no ha sido su culpa, ni la de nadie. El profesor Lupin siempre fue un gran compañero de batallas, muy ágil en combate y, sobretodo, siempre tuvo una gran nobleza, la misma por la cual no pudo evitar arriesgar su vida tantas veces –Hagrid alzó su mirada al cielo, mostrando un aire lleno de respeto hacia el aludido. La aurora pelirosada levantó también su mirada justo cuando las luces y el gran bullicio del tren anunciaban el arribo de todos los estudiantes. Hagrid ladeó su mirada para ver a la pequeña encapuchada internarse en el poblado y desaparecer…

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-Harry, apúrate, ya llegamos –Ron fue hasta donde Harry y le ayudo a jalar su baúl del compartimiento

-¿Crookshanks, dónde estás? –el gato color canela saltó a los brazos de su dueña, quién lo colocó en su cesta suavemente y tomó su baúl, saliendo detrás de los chicos. Los tres bajaron del expreso seguidos por Ginny, una apresurada Luna y un tiritante Neville. La lluvia les caía en las caras y los alumnos que iban saliendo corrían apresurados en busca de una carroza desocupada.

-Oigan ¿y Hagrid? –preguntó Harry buscando al aludido en su pobre campo de visión, la lluvia le había empañado los lentes

-De seguro ya se fue al lago con los de primero –el pelirrojo estaba bastante ocupado intentando calmar a su lechuza, que chillaba como loca

-Pues, con este clima, no me gustaría ser de primero

-Igual. Me compadezco de los pequeños que tienen que cruzar el lago con esta lluvia –agregó Luna, en acuerdo con la pelirroja

-Bueno, miren. Ahí hay una carroza ¡Vamos! –los chicos siguieron a la prefecta hacia el lugar en donde estaba la carroza. Entraron velozmente y a penas se cerró la puerta los thestrals emprendieron la marcha hacia el castillo

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Desde ya hace más de mil años

Que mi oficio en Hogwarts hago

Que el seleccionar a los alumnos

En las diferentes casas amo

Del leal Gryffindor soy fuerte

Del sabio Ravenclaw, sensato

Des astuto Slytherin mi porte y

Del alegre Hufflepuff mi canto

Juntos fundaron Hogwarts

Educando a jóvenes, magos y brujas

Y a hijos de magos y muggles

Aunque algunos diferían en las selecciones

Decidieron crear cuatro casas

Diferentes en estilo, porte y casta

Y así pues me hicieron a mí

Para seleccionar a todos los alumnos de aquí

En Gryffindor, recuerdo bien,

A los valientes y leales debo poner

En Ravenclaw, como es razón,

A los sabios y de gran sentido común

En Hufflepuff nada más

A los que les gustara mucho trabajar

Y en Slytherin, sin más opción,

A los que deseen poder con ambición

Desde que de su cabeza Gryffindor en vida me alzó

Y en mí poner el saber de los 4 grandes mandó

Habito en Hogwarts con el único trabajo y placer

De ver en sus cabezas a que casa los he de poner

Así que no dudes que siempre soy acertado

Y ponme sobre tu cabeza si quieres ser aceptado

Y deja que hable contigo tan solo por un rato

Que muy pronto en tu mesa te verás sentado

Todo el comedor estalló en aplausos al concluir la interpretación del magistral sombrero. La profesora McGonagall desplegó el pergamino con la lista de los nuevos alumnos, empezando así con la selección. Después de que los 26 novatos fueran asignados a sus nuevas casas, como era la costumbre, los aplausos recibieron el discurso inaugural del Director Dumbledore, que calmó a la concurrencia para empezar con su bienvenida. Este año vestía una magistral túnica azul naval de bordes plateados

-Queridos alumnos, tanto los viejos como los nuevos, sean bienvenidos a esté nuevo año en Hogwarts. Aunque la mayoría de ustedes ya lo sabe, está prohibido el ingreso a los terrenos del bosque y a las zonas restringidas del colegio. Además, debo agregar que, por su seguridad, todos los alumnos deben permanecer dentro del castillo desde el anochecer y regresar a sus salas comunes antes de las 10 p.m. En caso de requerir algún permiso en especial, hagan el favor de enviar una lechuza a sus jefes de casa, que ellos verán si es o no adecuado brindarles la autorización. Por último, los entrenamientos de quidditch serán llevados a cabo antes del anochecer y únicamente los fines de semana y los miércoles. Las audiciones a los nuevos jugadores se llevarán a cabo la última semana del mes. A los capitanes de los equipos les encargo una justa y sabia elección. Bueno, viendo ya que sus rostros reflejan su hambre ¿o no, Sr. Patterson? –un joven rav sonrió algo apenado a su director -, es hora de empezar con el banquete –el Gran Comedor retumbó en aplausos nuevamente y las mesas se llenaron de comida para complacencia de los alumnos, que prácticamente se lanzaron a devorar todo cuanto vieron de aspecto apetecible (¿cómo no esperar rarezas en Hogwarts? n.nUU)

-No me digas que aún piensas en los elfos domésticos, Herm

-Harry, sabes bien lo que pienso de eso

-¿Y sigues con eso de la P.E.D.D.O.? Preocúpate por comer, está delicioso –saltó el pelirrojo, ofreciéndole una bandeja llena de bocadillos -. Además, piensa que comiendo haces que su trabajo valga la pena ¿no crees? –agregó con una fingida expresión de angelito, mano al pecho

-Ya déjala, Ronny –la pequeña zapeo a su hermano entre risas –. Mejor come esto –y dicho y hecho, una manzana terminó como el tapón de la boca del prefecto. Todos rieron a carcajadas

Ya concluido el banquete, acabados los postres y satisfechos los alumnos, Dumbledore volvió a levantarse. El Gran Comedor quedó en silencio. Ante el asombró de todos, el director sacó su varita y, de un ágil movimiento, toda la decoración del salón se torno de oscuridad. Los tapices, banderines y faroles tomaron el color noche y las velas iluminaban con una luz violácea. Un silencio sepulcral se apoderó del salón, todos con la respiración entrecortada, expectantes a las palabras del mago

-Alumnos –Dumbledore levantó la vista hacia el alumnado, que congelado, esperaba a que prosiga -, estoy seguro que han de suponer que es lo que voy a deciros. La muerte no es el fin para los hombres nobles y de valiente corazón, es sólo una aventura más, un nuevo camino que seguir, sin batallas, sin temores, sin penurias… La tranquilidad, la paz, es su camino y su recompensa. Para nosotros, los vivos, la muerte nos congela la vida, opaca nuestra esperanza y derrumba nuestra fortaleza, mas no la muerte propia sino la ajena, que se lleva consigo parte de nosotros y nos conduce a pesares y tristezas. La muerte de un padre, un camarada, un amigo, un maestro… Él habrá sido como un padre para algunos, un camarada para muchos, un maestro para casi todos ustedes y un amigo, un amigo para aquellos que tuvimos la dicha de conocerle. Su muerte no ha sido en vano, no… su causa ha sido noble, un gran guerrero, luchando hasta el último momento, no por él, por sus amigos, sus camaradas, por su gente y por su mundo… -las palabras del profesor habían sacado las lágrimas en más de uno –. Su memoria estará siempre vigente en nosotros y su alma permanecerá por siempre en nuestros corazones. Así que, quiero levantar mi copa en nombre de uno de los más nobles y valientes hombres que he conocido. Remus Lupin, que tu muerte nos brinde decisión y fortaleza –Dumbledore bebió de su copa, lo profesores lo imitaron y aquellos alumnos que no habían empezado a llorar o se encontraban confusos y estupefactos, con excepción a los Slytherins, también lo hicieron. En la mesa de Gryffindor, un joven de cabello azabache golpeó la mesa con fuerza, apretando fuertemente los puños, llorando amargamente…

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Después del anuncio, los alumnos fueron llevados a sus casas por los profesores. La mayoría se encontraban aún bastante aturdidos y algunos muy apenados por la muerte de su ex-profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras (N/a: si no les molesta, usaré la abreviatura DCAO a partir de ahora), aunque había uno que otro por ahí que pensó "Un licántropo menos…", y por supuesto que los Slytherins mostraron de lleno su alegría por la noticia con cantos y chistes sobre "el licántropo" por los pasillos (N/a: Yo soy, supuestamente de Sly pero yo si lloré por mi Moony ToT).

Harry, Ron y Hermione fueron llevados a la enfermería por la profesora McGonagall, más por la fuerte conmoción que había recibido el primero que por el suave mareo de la tercera y las manos ensangrentadas del segundo, quién en un ataque de furia golpeó la mesa con todas sus fuerzas, sin importarle los platos, vasos y demás cosas en ella. La Sra. Promfrey curó las heridas de Ron y le dio una poción ambarina a Hermione y la mandó a sentarse, pero a Harry, él seguía llorando, repitiendo de vez en cuando el nombre de Remus y golpeando todo a su alcance

-Pobre Sr. Potter. Ha de haber sido algo terrible para él –comentó con tristeza la enfermera

-Era de suponerse –respondió McGonagall -. Después de la muerte de Black, la única persona que le quedaba como un padre o, por lo menos, un tutor, era el profesor Lupin. Me temo que le llevará más tiempo superar esta última pérdida, pero lo logrará, como en las demás. Ahora, lo único que podemos hacer es dejarlo tranquilo, para que asimile las cosas, es mejor que descanse. Creo que debería quedarse contigo esta noche y también la Srta. Granger y el Sr. Wesley. Poppy, has el favor de darles una poción para no soñar, no quisiera que el Sr. Potter se atormentara también con pesadillas

La Sra. Pomfrey asintió y fue por los camisones para los muchachos, les asignó a los prefectos unas camas, a los lados de la cama en que Harry continuaba llorando (ToT). Ron no decía nada, una expresión confusa entre tristeza y furia se había estampado en su rostro lleno de confusión. Hermione, ya recuperada de su mareo, sufría en silencio y lloraba, aún tratando de evitarlo, por ver a Harry en ese estado. McGonagall se dispuso a salir cuando la puerta se abrió. Una inconfundible barba blanca, casi plateada, se asomó por el umbral de la puerta. Al instante, la profesora se hizo a un lado para dejarle paso al director de Hogwarts

-Déjenme sólo con los chicos, por favor

Las dos mujeres salieron y la puerta se cerró. Los jóvenes continuaban inmóviles en sus sitios, no enterados de la llegada del profesor, quién se acercó lentamente a ellos, ondeando su túnica entre algunos trastos que Harry había lanzado en un furioso arrebato de tristeza. Dumbledore se detuvo frente a la cama del joven, exhaló hondamente y, con una mirada segura y afable, se dirigió a los prefectos, aunque estos no se inmutaron.

-Srta. Granger, Sr. Wesley, se bien que pueden escucharme –ambos jóvenes posaron sus inexpresivas miradas en su director -. Necesito hablar con Harry –y agregó muy seriamente -, a solas.

Ron y Hermione bajaron nuevamente sus miradas, sin decir palabra. Durante un largo momento, en el cual reinaba el silencio, ambos jóvenes parecían estar vagando entre pensamientos…

-Nosotros –la pequeña gryff apretó suavemente sus puños y continuó -, Ron y yo también. Nosotros también queremos saber. Queremos saber que le pasó al profesor Lupin –terminó casi entre sollozos, con la vista clavada en el suelo. Unas pequeñas lágrimas resbalaron por su pálido rostro hasta caer en el suelo frío de la enfermería. El director limpió delicadamente sus gafas de media luna y asintió.

-Sí, creo que tiene razón, Srta. Granger. Ustedes también tienen derecho a saber. Seguramente, Remus lo habría querido así –Hermione secó sus lágrimas y Ron pareció volver en sí, dispuesto a escuchar lo que su director tenia que decir. El único que aún parecía perdido en su mundo era el joven Potter. Había dejado de llorar. Al parecer, sus lágrimas se habían secado. Estaba inmóvil, ocultando el rostro entre los brazos y la cama.

Con paso seguro y la frente en alto, Dumbledore se acercó a Harry y lo sujetó de los hombros. Más que nada intentando, de alguna manera, calmar sus movimientos. Calmarlo. No obstante, fue todo lo contrario. Harry empezó a moverse con gran fuerza, intentando zafarse de los fuertes y seguros brazos que lo apresaban. Luchaba con su rabia y su odio, recordando el momento en que hace un año había perdido a Sirius y ahora, lo había perdido a él, a Remus, él único hombre que le quedaba en este mundo como un padre. Primero Sirius y ahora él. Ahora sí, todos aquellos grandes hombres, los Merodeadores, habían muerto. Todos… Esperen, no todos. Aún quedaba uno, el hombre que le había arruinado su vida y la de todos. El hombre por el que sus padres estaban muertos. El hombre por el que había logrado alzarse Voldemort. El hombre en cuyas manos había muerto un inocente, Cedric, su padrino, Sirius, y ahora su padre y maestro, Remus. Nunca se lo perdonaría. Le había arrebatado todo… Su vida. Sus padres. Su felicidad…

Poco a poco, Harry fue cediendo a la cálida presión que hacían en él los brazos de su director. Fue calmándose lentamente, guardándose el odio y el dolor que sentía como veneno dentro de sus venas. Dejó de llorar. Sí. Eso hubieran querido todos ellos. Sus padres. Sirius. Remus… Que dejara de llorar. Que se portara como un hombre. Un Potter. Harry, aún débil hizo un esfuerzo por pararse. Al sentirlo, Dumbledore lo soltó instantáneamente y le ayudo a incorporarse.

La castaña fue rápidamente hacia a ellos, al igual que Ron, que se acercó a su amigo con cierta lentitud, recién salido de aquel sopor tan profundo en el que había estado sumergido hace breves momentos. Harry ya se encontraba erguido, sujeto a la larga túnica violácea de su director. Se apoyó débilmente en la cama y se sentó. Sin poder evitar más la tensión, Hermione se lanzó a los brazos de Harry, quién la abrazo con todas las fuerzas que le restaban. Callando. Escuchando los sollozos de la joven. El pelirrojo se acercó, se sentó al lado del moreno y acarició mansamente la cabeza de la prefecta, intentando serenarla. Al parecer, esto dio resultado. La prefecta soltó a su novio y optó por sentarse en la cama junto a él. No sin antes asegurarse de que no los separaría, por lo que se aferró fuertemente a su brazo. Fue cuando Dumbledore carraspeó, llamando la atención de los tres magos.

El niño que vivió dirigió sus ojos hacia el que le llamaba. Su mirada… esa mirada. Ya antes había tenido esa mirada, ese brillo incomparable… Creo que todos conocemos la mirada que es capaz de mostrar Harry Potter en situaciones como estas, todos ya hemos visto y sentido el efecto tan turbador y enternecedor de esa mirada. Una mirada que paraliza a cualquiera, que infunde una tremenda aprensión y es capaz de desamarte en el nefasto instante en que la ves… No obstante, los serenos y apacibles ojos del director contrarrestaron el efecto de los de Harry. Él ya había experimentado la misma situación anteriores veces, de cómo esos ojos que lo penetraban, buscando dentro de su alma, trataban de encontrar un punto que hiciera que todo aquel odio y dolor que sentía emanaran de su ser, dejándolo sumergido en una momentánea pero lenitiva tranquilidad…

-Harry...

-Dígame como fue –interrumpió el mago -. Por favor, dígame como murió, profesor –su mirada estaba llena de decisión y firmeza. Desafiante. Estaba decidido a no moverse del lugar hasta que conocer, por boca de Dumbledore, los hechos de aquella tragedia. El aludido acomodó sus lentes de media luna y dio un prolongado pero mudo suspiro. Alzó la mirada y encaró a Harry, dispuesto a hablar. Él tenía que saber

-Él, Harry, murió poco después de que recibieras su última carta –la última vez que Harry recibió correspondencia de Moony había sido dos semanas antes de su cumpleaños -. Tres días después, los más preparados aurores de la Orden fueron enviados a una misión muy delicada. Nos había llegado una carta del Ministerio comunicándonos de que Voldemort y sus vasallos se encontraban acechando las aldeas muggles de unos bosques retirados al norte de Inglaterra. Inmediatamente, nos dispusimos a ir al lugar mencionado para resguardar a las víctimas y detener a los mortífagos. Lamentablemente, tuve que ausentarme debido a que se requirió de mi presencia en el Ministerio. Aún así continuaron con la operación y, con la caída de la noche en nuestra contra, se decidió que deberían ir en parejas para abarcar más terreno -. Eso era una incoherencia, pensó Harry. Aunque fueran los dos mejores aurores de la Orden, nunca podrían con una emboscada en un bosque y en medio de la noche. Era una locura -. Nos confiamos al pensar que ya habíamos disminuido su ejército con las batallas anteriores, en las cuales habíamos apresado gran parte de su ejército, el cual ahora estaba encerrado en los calabozos subterráneos de la Nueva Atlántida (N/a: Debido a la revelación de los dementores el año pasado en la prisión mágica de Azkaban, el Ministerio de Magia acordó firmar un convenio con las Grandes autoridades del mundo muggle, ya que Voldemort representaba una amenaza para ambos mundos. Presidentes de las potencias mundiales y países de más alta tecnología y recursos firmaron el convenio dispuestos a combatir una de las más frías y destructoras guerras en la historia de ambas razas. El convenio especificaba que los muggles compartirían sus ciencias y conocimientos científicos y tecnológicos con los miembros del mundo mágico (léase Ministerio de Magia) y los magos resguardarían también las aldeas y ciudades muggles y, por sobretodo, a las autoridades más importantes del mundo muggle. Aún así, esto no disminuyó mucho las fuerzas del Lord Oscuro, puesto que, al igual que lo hizo con los magos, cautivó con su filosofía del poder el corazón de codiciosos y sucios muggles que ahora le prestan sus servicios. El primer paso, después de la destrucción total de Azkaban, era encontrar una nueva prisión donde mantener aislados y bien apresados a los mortífagos que iban siendo capturados. Con esa idea nació la Nueva Atlántida, una isla artificial creada gracias a la fusión de la magia y la tecnología, resguardada con los más sofisticadossistemas de seguridad y los hechizos y conjuros mágicos más poderosos de sigilo que un mago sea capaz de emplear. Esta isla, perdida en el Océano Glaciar Ártico, era el símbolo de la Nueva Era, definida por la unión de ambos mundos, luchando por las vidas de sus habitantes). Al parecer el ejército de Voldemort ahora estaba conformado no sólo por magos oscuros, sino que también criminales del mundo muggle. Nos fue difícil mantener una batalla entre magia y armas muggles. Muchos de los nuestros fueron lastimados por los proyectiles y las cuchillas. Supongo que corrimos con suerte ya que no habían traído las armas bélicas que he visto que usan en sus guerras. Afortunadamente, nuestras destrezas y experiencias en esta clase de enfrentamientos, en los que estamos en cierta desventaja, nos ayudaron a combatir y sobrellevar la batalla. Fue algo desesperanzadamente aterrador. Cientos de maldiciones y balas salían de todas partes, cortando el aire con la velocidad con la que se acercaban. No sabías si al darte la vuelta o dar un paso hacia algún lado terminarías en el camino de alguno de ellos. A su vez, muchos de los mortífagos perecieron, en manos de sus propias armas. Cuando llegué a socorrerlos, él hizo su aparición. Voldemort paseaba tranquilamente entre los cuerpos sin vida de sus súbditos, deleitándose con toda aquella muerte y destrucción. Cruzamos unas cuantas palabras. Creo que le entretenía el anunciarme sus futuros planes. Nos escatimó en palabras al decirme los siguientes lugares que pensaba visitar. Talvez creyéndome incapaz de frustrar sus nuevos intentos de asesinato. Alzamos las varitas y recuerdo que, mientras luchábamos, escuché el grito de Nymphadora de entre los árboles. Lancé un poderoso hechizo que dio cabalmente en su pecho y contemplé como el efecto de mi maleficio conseguía debilitar sus fuerzas con una magnitud inesperada. Los que quedaban de los suyos le rodearon, con intención de protegerle. Antes de volverme a socorrerme a Nymphadora y los demás, alcancé a ver como Peter aparecía para llevárselo. Al disiparse la fuerte niebla que se había hecho presente en el lugar ellos ya no se encontraban. Después, los nuestros atraparon a algunos de los mortífagos sobrevivientes y los aurores del Ministerio, que llegaron poco después, se los llevaron a interrogar en la prisión de Nueva Atlántida. Después de esto, conseguí llegar hacía donde se encontraban Arthur, Alastor y Nymphadora. El segundo con el brazo sangrante. Cuando los vi, temí lo peor. Estaban congelados. De expresiones confusas y angustiadas. Rodeaban un cuerpo inerte, boca abajo, en el césped. Estaba claro, no tenía que decir ni preguntar nada más. Me acerqué, temiendo estar en lo correcto. Al llegar, ellos se apartaron, dejando paso a una rayo de luna que confirmo mis más grandes temores. No podía creerlo. Remus había muerto. Me estremecí al pensar lo que esto vendría a significar para ti –hizo una pausa para fijar su vista en Harry, pero este se mostraba recio. Le estaba pidiendo, rogando con su mirada que prosiga -. Yo mismo llevé su cuerpo su cuerpo a la Orden. Después de eso, llamé a Alastor, quién había sido el compañero de Remus en la batalla, y le pedí que me explicara todo cuanto había ocurrido. Quería saber cada detalle. Para mi tribulación, la mirada de Alastor clavada en el suelo me dio a entender que aún no estaba listo para hablar. Ni aún ahora, lamentablemente. Mi única opción era llamar a Nymphadora y pedirle que me explique todo lo que vio. Ella me contó todo aquello cuanto presenció. Al parecer, durante mi enmarañada pelea con Voldemort, fueron emboscados sorpresivamente por unos mortífagos muggles. El tiroteo no se dio a esperar. Espalda con espalda, ambas parejas fueron desviando las balas y aturdiendo a sus contrincantes. Fue entonces cuando, en un descuido, uno de los mortífagos pasó sigilosamente por detrás y se lanzo contra ellos disparando su arma, lo que ustedes llaman pistola –aclaró-. Remus actuó inmediatamente y empujó a Alastor contra el suelo. Aturdió al mortífago al instante y se dio vuelta al escuchar el grito de gemido ahogado de dolor que había soltado Alastor. Dos mortífagos habían aparecido al percatarse de que ambos habían roto su defensa. El brazo de Alastor sangraba copiosamente. Remus alzó su varita y lanzó rápidamente los maleficios. No pudo esquivar la última bala de su enemigo. Calló muerto, boca abajo al frió césped. Nymphadora lanzó un grito y corrió hacia ellos. Arthur acabó con los dos mortífagos restantes. Demasiado débiles ya para oponer resistencia –Dumbledore hizo una pausa. Ya había pasado el clímax de su historia. Lo que importaba ahora era la reacción del joven Potter -. Como te das cuenta, él murió noblemente, luchando hasta el final. Alastor le debe su vida y gracias a él pudimos tomar presos a muchos mortífagos. Créeme, Harry, su muerte no ha sido en vano

Harry no alcanzó a decir nada. Sus pensamientos estaban perdidos. Ni el mismo lograba creerlo. Es más, no quería creerlo. Como Remus Lupin, uno de los más grandes aurores que conocía, podía haber muerto en manos de un muggle. Estaba confundido. Un arma. Donde se ha visto que la magia no pueda contrarrestar el efecto de un arma muggle. Todo por su culpa. Maldijo y la cicatriz le dio una fuerte punzada. De no haber sido porque él… Esto tenía que acabar. Ya no soportaría más pérdidas. Nunca se lo perdonaría. Ni a él mismo, ni a Voldemort. Él mismo iba a vengar la muerte de tantos. No importaba el precio. No importaba ni que sea a costa de su vida. Lo haría. Volvió su vista a la del director. Dumbledore había empezado a hablar. No le estaba ocultando nada. No podía desperdiciar esa oportunidad. Tenía que saber más. Quería respuestas. Tenía tanto que preguntar, tanto que saber. Aun con su cabeza a punto de estallarle de la presión. No se podía dejar perturbar por eso. No después de lo que le pasó a Remus. Sí. Eso era lo primero que tenía que preguntar

-¿Qué hicieron con él, profesor Dumbledore¿Dónde está? –alcanzó a preguntar con la voz entrecortada

-En el cementerio de los aurores. Lo colocamos en una cripta muy cerca a la de tus padres. Seguro que ahora está feliz, descansando en paz al lado de sus mejores amigos –dicho esto, volvió su vista a Ron y Hermione, que ya parecían estar mejor -. Podrían, por favor, llamar a la Sra. Pomfrey, Sr. Wesley y Srta. Granger –los chicos asistieron, no se podían negar a su director. Ambos salieron en busca de la enfermera, después de que Hermione abrazara fuertemente a su novio y este, a su vez, recibiera una palmada de apoyo en la espalda por parte del pelirrojo. Harry mantuvo su vista en la puerta por donde sus amigos salieron y, en un momento, se volvió hacia Dumbledore

-Los sacó a propósito –se atrevió a decir con una mirada de lo más desafiante. Si estaba en lo cierto, algo que no dudaba, es porque Dumbledore tenía algo realmente importante que decirle. En efecto, Dumbledore carraspeó y tomó la palabra

-Harry, estoy completamente seguro que recuerdas la profecía¿no es así? –Harry asintió –Al parecer, todos los acontecimientos que se están sucediendo a tu alrededor no son simples tragedias o coincidencias. Me atrevo a decir que la muerte de Remus también estaba predestinada. Talvez sufras más pérdidas en un futuro, antes de tu batalla con Voldemort. Te pido, Harry, que tomes las cosas con serenidad. No tomes decisiones precipitadas. Recuerda que todo lo que te está ocurriendo tiene un propósito. Ya sea para bien o para mal, debes mostrarte fuerte y firme en todo momento –Dumbledore calló. ¿Eso era todo¿Sólo decirle que no cometa estupideces¿Para una cosa como esa había sacado a Ron y a Hermione? No podía ser. Aquí faltaba algo más

-¿A qué se refiere, profesor¿Qué debo tomarme a la ligera las muertes de las personas a la que quiero? –Harry no pudo evitar expresar el odio que sentía en esas palabras

-Lo que te digo, Harry, es que debes tomar en cuenta que los sacrificios de todas esas personas que amas y estimas. Ellos ya no están Harry. No puedes deshonrar sus memorias y menospreciar el gran sacrificio que han hecho por ti. Si dejas que te maten harás que todo el dolor que sintieron no haya sido más que otra atracción para Voldemort. Dime, Harry¿eso es lo que quieres? –la voz de Dumbledore no dejaba en ningún momento su acento sereno y afable. Harry bajó la mirada. No sabía que hacer, que pensar… ¿Que debía quedarse tranquilo¿Cómo podía ser¿Dumbledore se había vuelto loco¿Cómo podría estar tranquilo cuando sabía que en las afueras del castillo había gente que estaba muriendo porque él, el niño que vivió, no salía de debajo de la túnica de su director para enfrentarse con el mago tenebroso más grande de la historia, la mayor amenaza de ambos mundos? Y para colmo le aseguraba que esas muertes estaban bien, que todo era parte de la profecía, que se quedara de brazos cruzados mientras más gente moría por él. ¿Cómo podría? Sus padres, Sirius, Remus… ¿Qué pasaría si las siguientes personas en morir por el resultan ser Ron o Hermione? No, nunca, jamás se lo perdonaría. No iba a permitir eso. No iba a dejar que los separan a ellos también de su lado. Ni por la bendita profecía ni por nada.

Tan absorto estaba en sus pensamientos, que no se percató de que Dumbledore había estado buscando en uno de los bolsillos de su túnica. Después de un momento de búsqueda (sabrán los dioses que más tenía adentro o.o) sacó una pequeña caja rectangular color blanca con un bonito moño verde y una tarjeta que decía "Para: Harry… Feliz Cumpleaños. Remus". El mago se acercó al dueño del paquete y lo depositó a su lado en la cama. Éste levantó la vista y la posó en el pequeño obsequio que su director le había dado

-Creo que le gustaría que recibieras esto. A fin de cuentas, ya era tuyo. Feliz Cumpleaños, pequeño Harry –Dumbledore se dio la vuelta y salió sin decir más. Al cabo de un rato llegaron los prefectos, acompañados de la Sra. Pomfrey. Al acercarse a él, la joven prefecta noto el paquete, ahora en manos de Harry

-¿Qué es, amor? –preguntó inocentemente. Harry colocó el paquete en la mesita de al lado. No se molesto en abrirlo

-Es un regalo –contestó sin mirar a su interlocutora -. Un regalo de un buen amigo que ya no existe…

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Bueno, por fin, ya está arriba el segundo capítulo. Tendrán que disculparme la demora pero con todo esto de la Navidad y el Año Nuevo he estado que me subía por las paredes con todo lo que tenía que hacer. Este capítulo salió un poquito más largo y, lastimosamente, melancólico. Ojalá no me haya pasado de palabras… Me emocioné tanto escribiendo cada palabra de Dumbledore que de seguro le puse algo más que demasiado sentimiento. ¿Qué les puedo decir? La emoción fue indescriptible, al igual que mi gran tristeza ya que era consiente de lo mucho que hice sufrir a Harry y, talvez, haré sufrir a ustedes por este penoso acontecimiento. Pronto se irán dando cuenta de los cambios que tengo pensados. Les aseguro que esto también pasará. En último, ya que no deseo aburrirlos más, daré la contestación de mis dos únicos reviews. A esas otras 6 personitas que me dieron su crítica aparte también les agradezco, pero les agradecería más que en la siguiente ocasión me dejaran un review. Gracias desde ahora.

-pamylp: Gracias Melita, por ser la única del cuarteto que me dejó un review. Procuraré ser más conservadora cuando lleguen las escenas eróticas del fic. Aquí está el segundo capítulo, con la explicación de la trágica muerte de nuestro Moony o, mejor dicho, el Moony de Petipana xD

-Miss Diggory Krum: Gracias por tu review. Me alegra tanto que te haya gustado. Aunque me sorprende que mi sumary te haya llamado la atención, soy pésima con ellos. Estuve leyendo tu fic, me pareció genial. Te confieso que nunca pensé a James de esa manera, pero Sirius estaba tan encantador… Ahora que se arreglaron los problemas con el server te dejaré tu review. De todas formas, tengo tu historia en mis favoritos. Realmente me encantó. Espero que la continúes pronto. Una última cosa. Lee bien cada palabra del fic. Hay mucho más escondido entre estos párrafos de lo que te imagines. Con suerte, descubrirás el porqué de estos lazos tan especiales que he construido alrededor de los personajes

Bueno, sin más que deciros, me despido. Los veo en el siguiente capítulo. Besos. Bye… Kajime