CAPITULO 3

"Memories…"

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"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia delante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único"

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Harry despertó muy temprano la mañana siguiente. Aún estaba en la enfermería. Después de lo de ayer, ya no sintió más ganas de continuar y se tomó por las buenas la pócima para dormir que le había acercado la Sra. Pomfrey. Cerró fuertemente los ojos y se pasó una mano por la frente. Su cicatriz le dio un suave cosquilleo. Sobó suavemente sus ojos y se incorporó sobre la cama. Al instante, la sábana resbaló con delicadeza por su torso desnudo. Harry sintió la brisa fría de la madrugada rozar su cuerpo expuesto

-¿Qué…? –al fijarse bien, se percató de que sólo llevaba puesta su ropa interior. Miró rápidamente de un lado al otro, esperando no encontrar a nadie cerca que lo viese. Afortunadamente para él, las cortinas de su cama no permitían a nadie del exterior ver su preciado contenido. Harry, quién no tenía idea de donde quedo el supuesto camisón que le dieron en la enfermería, se levantó y se calzó. Asomó cautelosamente su cabeza fuera de las cortinas, rogando que no haya nadie quien pudiera verlo en una situación tan penosa como esa.

Comprobando dos o tres veces que no hubiese nadie, tomo una bocanada de aire y de un saltó, más rápido que un elfo retrazado en la cena, fue hacia el baño de la enfermería. Entró apresuradamente y cerró la puerta con pistillo. Ya adentro, se recostó un momento sobre la puerta, inclinando la cabeza hacia el suelo para tomar aire más calmadamente. Levantó la mirada, se acercó al lavabo y contempló su rostro en el espejo bordeado de plata que relucía a los rayos de sol que entraban por la ventana. A su espalda, una bañera esperando ser llenada lo llamaba a través de aquel espejo... Harry no lo pensó dos veces. Retirándose los cabellos de la mirada, se giró y se encaminó a la bañera. Dejó su bóxer a un lado y se ató una toalla blanca que por mucho dejaba sobresalir lo que para el bóxer que yacía en el suelo era obviedad.

Abrió ambos grifos, dando más potencia al de agua caliente, colocando algunas esencias y aceites. Terminada la faena, se dirigió a la ventana. Quería contemplar el paisaje antes que la bañera se llenara.

Era una mañana preciosa. A cualquiera le hubiera encantado sentarse a la orilla del lago, comiendo pasteles y tomando fresco zumo de calabaza. El calamar gigante se asomaba entre las aguas, dando aquel que pudiese verlo un vigoroso espectáculo. Más allàuna gran figura se alzaba entre los cultivos de calabazas. Sin duda, Hadrig estaba probando uno de sus nuevos fertilizantes.

'Vaya tranquilidad...', pensó Harry. De verás era hermoso contemplar al mundo seguir su curso. Todas esas vidas, que seguían conviviendo en paz, seguían viviendo en su mundo. Es por eso que él debía ser fuerte. El quería eso sobre todo. Lo que más quería ahora Harry, ahora que estaba contemplando toda su belleza, era protegerlo. Proteger ese mundo, un mundo lleno de hermosas y vibrantes vidas.

-Remus también quería eso –pensó -. Por eso fue su sacrificio ¿verdad?... Por eso él ya no esta conmigo ahora… Él también lo quería... -, las perlas que brotaban de los ojos del joven mago recorrían su rostro y desaparecían. Harry se alejó de la ventana. Se dio la vuelta, pensando que tal vez alguien podría percatarse de esas lágrimas. Siguió caminando hacia la bañera, borrando todo rastro de llanto en su rostro. Se arrancó la toalla y entró al calor tibio del agua, sumergiéndose hasta el pecho. Cerró los grifos y cerró los ojos, dispuesto a relajarse. Al parecer, también, dispuesto a olvidar...

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-Oigan chicos, ya quiten esas caras. No creo que a Remus le hubiera gustado verlos así ¿no creen? -fue otro de los tantos intentos de la pequeña Wesley por animar a los prefectos. Ambos estaban tan decaídos, tan ausentes. Sus miradas apuntando al suelo no mostraban signos de sentimiento alguno, más que contrariedad y confusión. Parecían perdidos en otro mundo.

Ginny Wesley caminaba con pesadez a su lado. Está bien, es lógico. Ella también estaba triste por la muerte de Remus. No quería, y tampoco creía poder, hacerse la idea de como la estaría pasando Harry ahora. No lo habían visto en toda la mañana. Ya se dirigían a almorzar y ni rastro de él. Sólo les quedaban las últimas clases de la tarde y luego se irían a visitarlo a la enfermería, pero hasta les parecía que eso sería imposible.

-Ey, muchachos -la inconfundible cabellera dorada de Luna Lovegood tomaba vuelo por la velocidad con la que cruzaba el pasillo hacia ellos. Se detuvo en frente, tomando bocanadas de aire entre jadeos -. Por fin los encuentro...

-Hola Luna -saludó Ginny

-Hola... -susurraron al unísono el pelirrojo y la castaña. La rubia suspiró y se dirigió a ellos, abrazando fuertemente a cada uno.

-Quiero que sepan que yo también lo siento mucho. Estoy con ustedes, si me necesitan ¿de acuerdo? -una sonrisa cálida iluminaba su rostro. Ambos asintieron

-Gracias, Luna -fueron las palabras de la castaña -. Ha sido muy duro para nosotros perder a Remus...

-Pero? -intuyó la joven, al ver el semblante de su amiga

-Me preocupa Harry. No sé como lo estará tomando. Ayer estaba bastante mal... -confesó la joven. Estaba tan dolida que Luna tuvo que abrazarla en ese instante para ayudarle a ocultar sus lágrimas del resto de gente en el pasillo

-Está bien, tranquila. Tienes que ser fuerte para apoyar a Harry ¿recuerdas? Todavía no puedes desmoronarte, claro, a menos que quieras que yo te cubra cierto? -bromeó la rubia guiñándole un ojo; mas, para su sorpresa, Hermione se secó las lágrimas inmediatamente y dándole un fugaz 'Gracias, pero yo me encargo' salió casi corriendo hacia la enfermería...

-Vaya!

-Sí. Vaya! Bien hecho, Luna

-Gracias, Ginny. Mmm… Sólo por curiosidad ¿ya había almorzado?

-Eh... no, estábamos por ir -respondió Ron que se acercaba a las chicas por detrás, aún siguiendo con los ojos la ruta de su amiga

-Bueno, entonces ya volverá... supongo

-Sólo si no encuentra a Harry

-¿Creen que regrese para Transformaciones? Porque, aunque McGonagall le tenga cariño no le va a gustar mucho esto

-Ni modo, Ron. Tendrás que excusarla y tomar los apuntes por ella -dijo la rubia con sorna

-Si, hermanito. Estoy segura que a ella le encantará que te hayas molestado en tomarle los apuntes de la clase -Ginny soltó una risita, mientras que Luna hacía esfuerzos por no reír con la pelirroja

-Ya, cállense! No es gracioso -.-"" -se quejó el prefecto, cuyo rostro estaba del mismo color que su cabello

-Está bien, está bien. Lo siento xD

-Sabía que no debía haberte dicho nada­. Y ni siquiera me sirvieron mucho tus consejos -Ron pasó de largo hasta el comedor, dejando atrás a las dos chicas, mientras balbuceaba cosas inentendibles por ellas, que por fin rompieron en carcajadas al verlo irse

-No debiste xD

-Óyeme ¿Cómo que "debiste"? Tú la empezaste -protestó la gryff

-Ey, yo sólo le dije que tomara los apuntes. Estoy totalmente absuelta de este crimen n.nUU

-Si, por supuesto (?)

-Eso es un sarcasmo?

-No, para nada. ¿Cómo crees? -la gryf retomó su camino al comedor y fue inmediatamente seguida por la rubia

-Esta bien, sólo un poquito de culpa n.-

-Préstame ese nuevo labial para el miércoles y te creo ¿te parece?

-Mmmm... No, prefiero que me digas 'por favor'

-Ni modo -la gryff dio un respingo-. Pero primero quiero comer. No me bastó el desayuno u-uU

-Golosa. Vas a engordar

-Tú también eres muy agradable ­-le respondió mientras ambas ingresaban al comedor

-Esta bien xD. Para. Tiempo fuera. Mejor vamos a comer ¿de acuerdo? Si no tu hermano nos deja sin nada

- n-nUU Okas, pero me prestas el labial? -Luna carraspeó suavemente -... ¿por favor?

-De acuerdo, pídemelo el miércoles en el almuerzo -respondió la rubia mientras le daba un beso en la mejilla y se dirigía hacia su mesa

-Bien, nos vemos -se despidió la pelirroja y, dándose vuelta, caminó hasta su hermano a la mesa de los leones (N/a: soy mala para estas cosas -.-UUU)

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Harry salió de la tina justo una media hora antes de que sus amigos, Ron y Hermione, salieran de su última clase de la mañana (Encantamientos) para ir al Gran Comedor en busca del almuerzo. Ya de vuelta en su cama, para su suerte, encontró su ropa del día anterior doblada cuidadosamente sobre una silla al lado opuesto de su cama y una mochila con ropa interior limpia para él. Así que, volvió a vestirse, agradeciendo a sus amigos que sin duda fueron los autores de aquel golpe de suerte... Bueno, ya estaba listo. La pregunta era "¿a dónde iría ahora?" Aunque el baño de veras le hubiera hecho muy bien, aún no se sentía lo suficientemente tranquilo y relajado para enfrentarse a todo un colegió de alumnos de miradas indiscretas, comentarios silenciosos y gestos de lástima en sus rostros cada vez que se apareciera en un pasillo. Tomó la mochila y salió camino a único lugar en donde, estaba seguro, nadie lo molestaría. El único problema fue que no se percató de que un pequeño paquete reposaba olvidado en la mesita…

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Hermione salió corriendo en dirección a la Gran Escalinata, el camino más corto a la enfermería. Se olvidó totalmente de sus amigos, de que tenía hambre y hasta de que tendría clases con la profesora más estricta de la historia de Hogwarts. En lo único en lo que podía pensar era en llegar lo más rápido posible al lado de su Harry. Tenía que verlo, ver como estaba, ya no lo soportaría más. Rebasó fugazmente a un grupo de Hufflepuffs de 5to, que tuvieron que hacerse a un lado del pasillo para no ser arrollados por la misma, y saltó para alcanzar la primera escalera que empezaba a cambiar de posición. Tomó la siguiente escalera y llegó al segundo piso. No podía esperar a que la tercera escalera se apiadara de ella y cambiara de lugar. Tomó el único atajo que se le ocurrió. Salió rápidamente y dio la vuelta al pasillo hasta llegar a un gran cuadro de un niño al lado de un árbol de limas. Sacudió las ramas del árbol haciendo caer una de las limas. El cuadro se abrió mientras el pequeño le dirigía una sonrisa a la joven en agradecimiento por la lima. Hermy entró al pasillo y subió por las escaleras. Salió detrás del cuadro de una niña que jugaba con hadas en un hermoso jardín. Ya casi llegaba. La puerta a la enfermería se encontraba al final del pasillo a la derecha. Unos pasos más y estaría a su lado. La joven corrió y dio la vuelta al pasillo, pero tuvo que frenarse en seco porque de lo contrario ya se hubiera visto en el suelo junto con otra persona. Poppy Pomfrey dio un saltó hacía atrás, evitando por los pelos el impacto con la joven Gryff. Su rostro parecía decirle a la joven que algo no andaba bien ahí

-Srta. Granger –dijo agitadamente, aún recobrándose del susto -. ¿Qué está haciendo aquí?

-Sra. Pomfrey, yo... –pero al ver el rostro de la mujer prefirió preguntar - ¿ocurre algo?

-Ahora que lo dice, tal ves usted pueda ayudarme –contestó la enfermera ya más recuperada del susto anterior - ¿Ha visto al Sr. Potter? No lo encuentro en la enfermería -. La cara de frustración cruzada con total sorpresa que apareció en el rostro de la joven le hizo ver a la enfermera, aunque tarde, que no debió haber hecho aquel comentario ante ella

-¿Cómo dijo¿Cómo que no encuentra a Harry? Se supone que el debe estar descansando en la enfermería –el tono de voz que había empleado en sus últimas palabras reflejaba la desesperante frustración que sentía en ese mismo momento por la noticia. La enfermera no tenía forma de explicarle lo ocurrido

-Me temo que debería, pero no estaba en su cama cuando regresé a la enfermería –se limitó a decir y luego sacó el mismo paquetito que el joven aludido había dejado olvidado en su huida. La joven volvió su vista al paquete, lo reconoció inmediatamente

-Eso es de Harry –susurró

-Eso supongo –contestó la enfermera -. Lo encontré en la mesilla de noche del Sr. Potter –la joven extendió las manos y tomó el paquete -. Yo continuaré buscando al Sr. Potter. Será mejor que usted se apresure o no alcanzará tiempo para su almuerzo –agregó con una sonrisa comprensiva al oír el lamento del estómago de la chica que clamaba por comida

-Sí, Sra. Pomfrey. Gracias n.nUU –concluyó la castaña antes de volverse y salir en dirección al pasillo, pero, a decir verdad, no estaba en sus planes darse por vencida. Si Harry no estaba en la enfermería sólo habría una forma de ubicarlo. Sin pensarlo más, llegó al retrato de la Sra. Gorda

-Buenas tardes, queridita. ¿Contraseña, por favor?

-"Libertad" –el retrato se abrió dejando paso libre al agujero que llegaba a la sala común de Gryffindor. La joven entró y subió directamente a la alcoba de los chicos de 7mo curso, mientras algunos pequeños de 3ro y un grupito de niñas de 4to la observaban con cierta curiosidad. Herm entró al cuarto de los chicos y llegó rápidamente al baúl de Harry

-Tiene que estar por aquí –se decía mientras revolvía las cosas en busca de la única cosa que podía ayudarle. Por fin, lo encontró. Aquel viejo pergamino permanecía escondido al fondo del baúl. La joven lo tomó y sin importarle lo demás lo desplegó -. Juro que mis intenciones no son buenas – recitó mientras lo tocaba con la punta de su varita (N/a: Adoro esa frase, sobretodo en inglés: "I solemnly swear I am up to no good" Que lindo sería decir eso siempre que se está dispuesto a hacer una "pequeña" travesura verdad? O.-). Inmediatamente, el mapa de los terrenos del castillo se dibujó en el pergamino y una gran cantidad de motas de tinta empezaron a aparecer en él. La mayor concentración (un manchón negro o.O) se encontraba en el Gran Comedor. Pudo verse a sí misma en la Torre de Gryffindor y a la Sra. Pomfrey buscando aún en el 4to piso. Empezó a buscar alguna motita solitaria fuera de los terrenos, en la cabaña de Hagrid o e cerca del lago, pero sin suerte. Siguió buscando dentro del castillo. Pudo ver a sus amigos que se separaban en la entrada del Gran Comedor y como la motita del pelirrojo se encaminaba al aula de transformaciones –. Por Merlín! –Exclamó exaltada llevándose una mano a la boca – Tenemos transformaciones ¿Cómo se lo explicare a la profesora McGonagall? –Nuevamente, volvió la vista al mapa y siguió buscando -. Bueno, ya pensare en eso. Harry es mucho más importante ahora -. Pasó su vista nuevamente por el ala este y, por fin, ahí estaba. Justo en la parte más alta de la Torre de Astronomía un pequeña y solitaria mota, con el nombre de "Harry Potter" al lado, se encontraba estático junto o quizás en el barandal de la ventana. Y mientras escribo estas palabras, Hermione ya había salido de la habitación, saltado los últimos 5 escalones y pasado fugazmente por la sala común hasta desaparecer por el agujero del retrato, ante la sorprendida mirada de los que ahí estaban. Pronto se encontró a sí misma dando un peligroso salto para no perder la escalera al último piso, en donde se encontraba la entrada a la torre en donde su amado estaba. Aún con el mapa en la mano, revisando que su novio aún se encontrara en aquel sitio. Subió por las escaleras que llevaban a la torre y cuando llegó a la puerta que lo separaba de su adorado, se paro en seco, conteniendo toda esa emoción que sentía. En cualquier momento, de un gigantesco arrebato, echaría la puerta de una patada y se lanzaría sobre el chico de sus sueños. No obstante, se contuvo –. Tal ves no sea la mejor manera. Él aún debe estar delicado por lo de anoche... –se lo pensó mejor, cerró el mapa y decidió avanzar lentamente. Empujó de la manija de la puerta con mucho cuidado. Al deslizarla lo suficiente, lo vio. Él se encontraba ahí, sentado en el grueso barandal de la ventana de la torre, con la mirada perdida, contemplando el cielo y la tranquilidad del comienzo de la tarde. La brisa le daba al rostro, elevando suavemente su cabellera alborotada que se deslizaba sobre sus ojos, dándole un aire fresco e inocente... (N/a: 'suspira' Amo a ese niño...) La pequeña terminó de abrir la puerta, la cual crujió por la vejez de sus bisagras, pero el niño ni se inmuto, seguía perdido en el paisaje. Hermione pasó al interior del cuarto y se acerco lenta y sigilosamente, cual gato cazando un despistado ratón, y se detuvo a espaldas del joven, que seguía en la misma posición, con el cabello sobrevolando su rostro - ¿Harry? –preguntó algo insegura

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Harry salió de la enfermería, dispuesto a ir a pasar una tarde tranquila en paz y soledad. El único problema era cómo lograría llegar a su destino y pasar inadvertido. Pensándolo bien, podría tomar un par de atajos que había notado en el mapa del merodeador. Bueno, alzó la vista al pasillo, por el que no pasaba ni un alma, y camino hacia la Gran Escalinata. Dio vuelta al pasillo y, antes de salir a las escaleras, se colocó frente al cuadro de un mago alquimista. El mago saludó cordialmente a Harry

-Hola, joven Potter. Que gusto verle de nuevo después de tanto tiempo. Lamento mucho su pérdida, señor –agregó respetuosamente, dando una leve inclinación de cabeza

-Gracias, Fausto –respondió simplemente el joven (N/a: Siempre me ha gustado el Fausto de Goethe, por eso quise darle un papel en el fic, por pequeñito que sea, y me pareció perfecto que sea el guardián de un pasaje secreto en uno de los tantos cuadros de Hogwarts. Ojalá les agrade mi idea ).

-Oh, lo siento. De seguro quiere usted usar el pasillo. Permítame –el cuadro se hizo a un lado, rebelando una par de escaleras, una ascendente y otra descendente. Harry pasó y dándole un último y débil "Gracias" al mago, tomó la escalera que llevaba hacia el piso superior. Tomó la siguiente escalera y salió dos pisos más arriba, tocando el lienzo de un cuadro suavemente. El cuadro se abrió y Harry salió al pasillo

-Ya veo que visitó al Sr. Fausto, mi pequeñín Potter. Que gusto tenerlo cruzando nuestro pasaje este año, y en el primer día – se escuchó decir mientras el cuadro se cerraba a espaldas de Harry y mostraba a una joven de verdes vestiduras y algas en los cabellos, saliendo de un pequeño lago

-Sí, necesitaba usarlo ahora, Jenny. Nos vemos –respondió el joven mientras tomaba su camino nuevamente, dejando a la Dientes Verdes con la palabra en la boca

-Bueno, sólo un par de pisos más... –se dijo a sí mismo el joven -. Espero que Jenny no se tomé a mal el que la haya dejado así o tendré que buscar un nuevo atajo –esa fue la primera sonrisa de Harry desde el día anterior. Jenny Dientes Verdes, el espíritu del cuadro, acostumbraba a permanecer casi siempre dentro de su pequeña laguna y sólo salía cuando una presa o Harry se acercaban. Era una persona muy amigable si se sabía tratarla y Harry, al contrario de otros que la consideraban espeluznante, solía tener charlas amenas con ella las veces en que pasaba por su lado y no había prisas. Ahora que lo pensaba, la primera vez que conoció a Jenny fue cuando tuvo que cruzar el pasillo para evitar a Filch y a Peeves y encontrarse con Remus y Sirius en la Torre de Astronomía. No sólo conoció a Jenny, sino también a Fausto, el viejo mago alquimista del cuadro anterior. El viejo mago era muy respetuoso y amable con Harry. Siempre que lo notaba nervioso o preocupado no dudaba en aconsejarle o darle apoyo. Le tenía mucho cariño y Harry le estaba agradecido por ello. Esa ves lo ayudaron mucho. Aún podía recordarlo como una película pasando ante sus ojos...

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Flash Back

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-Harry piensa, piensa! – el niño que vivió se encontraba en un tremendo dilema. Estaba atrapado en medio pasillo del 6to piso sin lugar a donde ir ni ocultarse. Por un lado, Filch, y por el otro, Peeves. Ni aún la capa invisible podría ocultar su materialidad, sobretodo si a ambos se les ocurría empezar una discusión. Harry pasó sus ojos desesperadamente sobre el mapa, esperando encontrar algún lugar donde meterse. Y ahí, en ningún otro mejor lugar, estaba la única salida que le quedaba para librar ese obstáculo. Un cuadro estaba a tres pasos detrás de él, a la derecha. Se acercó tan rápido como pudo sigilosamente y al llegar frente a su única salvación quedo perplejo al solo encontrar un viejo cuadro de una laguna pantanosa. Tocó el lienzo suavemente con la punta de su varita, más no ocurrió nada. Volvió la vista de nuevo al mapa, esperando encontrar algo que le sirviera de ayuda. Al lado del pasaje se había dibujado la inscripción "Jenny, la de Dientes Verdes, sal de las profundidades de tus verdes aguas, deja ver tus cabellos de algas". Harry levantó la varita hacia el cuadro y recitó el verso lo más suave que pudo. No ocurrió nada. Harry se estaba desesperando. Estaba a punto de volver a pronunciar aquel verso nuevamente cuando las aguas de aquella laguna pantanosa empezaron a quebrarse en su superficie. Algas emergían de la ruptura, unas manos verdes se alzaban. Poco a poco, una mujer de un verde flácido y apariencia espeluznante se elevó enteramente sobre las aguas del pantano, observando con sus ojos de un verde haba al joven mago que había osado interrumpir su letargo

-¿Quién crees que eres para venir a molestarme a estas horas? –preguntó con voz fría y arrastrada

-Eh... disculpe. Soy... Me llamo Harry Potter. Quería usar el pasaje... por favor, o me atraparán –balbuceó a las justas el joven. Nunca había visto una criatura como aquella.

-¿Así que quieres usar el pasaje que guarda Jenny, la Dientes Verdes? –preguntó soltando una carcajada sardónica –Ay, niño, niño. Eres un niño tan lindo ¿sabías? Me encantaría saber que tan bien combinarían esos hermosos ojos verdes con la vegetación de mi pantano

-¿Me dejas pasar, por favor? –Harry ya se estaba desesperando

-¿Tanto así es tu deseo de cruzar a mi pasaje? –preguntó más centrada la Dientes Verdes

-Sí, sino lo hago Peeves y Filch me atraparán. Necesito entrar a ocultarme –ya los oía venir, estaban tan cerca, sólo necesitaban cruzar la curva y estaba muerto -. Por favor

-Así que Peeves y Filch... Niño malo jejeje. De acuerdo, pequeño. Ven, apresuraos pequeñín, pasa al pasaje secreto de Jenny Dientes Verdes –el cuadro se hizo un lado y Harry entró en un instante, sintiendo el cuadro volver a cerrarse detrás de él. Pudo ver en el mapa del merodeador como sus cazadores se encontraban y escuchó como ambos se enfrentaban entre sí a través del lienzo. Pasó un buen rato hasta que Peeves lanzó uno de sus juguetes olorosos, robados de algunos pillos de tercero, según el canturreo de este, y desapareció a través de otro de los pasillos de la izquierda mientras Filch tomaba su propio atajo para seguirle. Harry respiró aliviado. Se volvió hacia el cuadro y tocó el lienzo. El cuadro se hizo a un lado nuevamente y Harry puso los pies en el pasillo, se acomodó la capa invisible, y notó como Jenny lo observaba

-Eh... gracias. Disculpa que te haya despertado –fue lo primero que le llegó a los labios. El espíritu sonrió y le dirigió una divertida cómplice mirada al joven

-No hay problema, pequeñín. Ven a visitarme más a menudo. Siempre serás bienvenido al pasaje de Jenny Dientes Verdes –concluyó al punto que desaparecía nuevamente en el pantano. Ya era bastante tarde. Había perdido alrededor de media hora en todo esto. Harry salió corriendo lo más rápido que pudo y pasando a través del tapiz que se encontraba dos pasillos a la izquierda, llegó al último piso, y a la entrada a la Torre de Astronomía

-Sirius, Remus, perdón por hacerlos esperar. Tuve un par de problemas y se me pasó el tiempo –Harry respiraba con dificultad por lo mucho que había corrido. La capa invisible se le había resbalado al entrar, mientras él apoyaba sus manos en sus rodillas con el fin de reponer fuerzas. Al levantar la vista, ambos magos aurores le dirigieron divertidas miradas

-Sí, igual que James. Siempre metiéndose en problemas

-Ya, déjalo en paz Sirius –le reprochó el otro, que se acercó a ayudar al recién llegado -. ¿Estás bien Harry?

-Sí, gracias Remus. ¡Deja de reírte, Sirius!o-ó -Harry se irguió y corrió hacia su padrino, que al verlo venir lo agarró de un -brazo y de un tirón lo aprisionó en una cariñosa despeinada que en el diccionario de sirisismos vendría a ser "Hola, Harry, que gusto verte"

-Bueno –Remus se aclaró un poco la garganta -, si ya terminaron de saludarse, tenemos unas cuantas cosas que discutir ¿de acuerdo?

-Ya, Moony, si quieres que te despeine solo dímelo –respondió Sirius recordando sus buenos tiempos –o es que ya no te gustan nuestros antiguos juegos?

-¿Harry, cómo estás ahora¿Sigues teniendo esos sueños? –preguntó el lobito, pasando olímpicamente a Sirius

-Sí, aún tengo ese problema, pero no fue por eso por lo que les pedí venir en realidad –ambos magos alzaron una ceja inquisitiva -. Les pedí que vinieran a verme porque quería hablar un momento con ustedes. Hablar, solamente, sin Voldemort, sin la orden, sin problemas ¿entienden? –ambos amigos se miraron profundamente por unos segundos, tanto así que a Harry hasta le pareció que se comunicaban con la mente. Un momento después, los dos se volvieron al pequeño Harry con unas divertidas sonrisas en sus rostros, que habían recuperado su vitalidad juvenil en aquellos minutos

-Si querías hablar de eso nos lo podrías haber dicho, Harry –le dijo Remus

-Sí, Harry ¿acaso creías que tío Moony y yo nos negaríamos a tan dulce petición? –Sirius y sus ademanes de ofendido... hasta Harry se apenó un poco por eso -. Está bien, pequeñajo. Ya sabes que te queremos

-Bueno...

-Aunque el único problema es que sólo nos quedan... menos de 30 minutos de charla –anunció con pesar el lobito después de echar un vistazo al reloj. Harry no pudo disimular su pena al oír esto. Si no se hubiera demorado tanto... Ambos magos cruzaron miradas nuevamente y, después de un pequeño momento, asintieron

-Bueno, vamos pequeñín, aún tenemos tiempo –le animó Sirius dándole unas palmadas en la espalda y sentándolo a su lado -¿De qué nos quieres hablar?

-Bueno... –Harry se interrumpió a sí mismo mientras se acomodaba entre Remus, que acaba de sentarse a su lado, y su padrino, que lo tenía bien abrazado – es que yo... –Harry poco a poco se estaba poniendo como un tomate. Tanto así que Sirius ya no pudo soportar reír

-¿Por qué mejor no los preguntas de otra forma? –aconsejó Remus mientras soltaba pequeñas carcajadas

-Bueno... pero ya! Dejen de reírse!

-Ya, ya, me callo... –exclamó Padfoot mientras sobaba su costado en donde Harry, harto, le había dado un codazo

-Bien, Remus, cuando eran jóvenes ¿alguna vez salieron con una chica? –una misma sonrisa pícara se dibujó en ambos (N/a: Como se nota que el chico no sabía con quién estaba tratando ¿verdad? xDD)

-Bueno, Harry –empezó el de brillantes ojos caramelo-, cuando éramos jóvenes no sólo salimos con una chica

-Verás, pequeñajo, nosotros solíamos salir mucho y, en honor a la verdad (xDDD), para nuestros 16 años ya habíamos pasado de simples salidas ¿verdad, Moony? –preguntó al lobito guiñándole un ojo

-Comparado contigo y James, yo era muy inocente –se defendió este

-Eso porque eras el único extraño que prefería su libro de pociones que la compañera de los fines de semana

-Sabes que no me gustaba hacerlo con chicas que no me gustaban –confesó el joven

-Además...

-Y además tenía que cumplir mis obligaciones como prefecto –interrumpió aclarando todo

-Bien podrías haber rechazado el puesto, pero ya no importa. Tuvimos un buen pasado, eran los buenos tiempos –suspiró airoso y nostálgico

-Si... De todas formas, tuvimos nuestra época y supimos aprovecharla de la mejor forma que pudimos y, por más que siempre me estaban metiendo en problemas con McGonagall, nos divertimos mucho –ambos contemplaban las estrellas recordando tan buenas épocas. Harry se acomodó mejor entre ambos que instintivamente lo abrazaron

-¿Y papá? –preguntó al rato el pequeño con cierta curiosidad

-Bueno...

-Eh...

-James siempre le fue muy fiel a Lily, Harry –soltó Sirius (mentiroso -.-"­). Remus le envió una mirada en forma de reproche y se volvió a contar su versión de la verdad

-Pero también tuvo sus épocas. Muchas chicas aprendieron mucho estando con él. Además, recién empezó su noviazgo oficial con Lily en 7mo curso

-¿Y de los 3 cual salió con más chicas?

-Esa, amiguito, será pregunta que responderemos otro día –concluyó el perrito, levantándose al igual que Remus. Harry se levantó y les dio un fuerte abrazo a cada uno

-Odio que el tiempo se pasé tan rápido en momentos como estos. Ojalá se pasara así de rápido en Pociones o Historia

-Sí... lo mismo me pasaba siempre que estaba en medio asunto con... –Sirius se tuvo que callar al mirar la advertencia en los ojos del lobito –Bueno, el punto es que se pasa rápido

-Ya nos volveremos a ver pronto –se despidió Remus de Harry con unas palmaditas

-Si, pequeñajo. Cuídate. Nos estamos viendo –ambos hombres sujetaron la pequeña recordadora que había sacado el lobito de su bolsillo

-¿Puedo ir para Navidad? –Remus pasó la vista de su reloj a Harry rápidamente cuando empezaron a elevarse

-Ya lo discutiremos. Adiós, Harry

-Nos vemos, Harry

-Adiós. Cuídense y suerte –el pequeño observó como ambos desaparecían llevados por el traslador. Tomó su capa invisible y se retiró de la torre, feliz de haber conversado con sus padres. Después de todo, eran su familia. Que feliz estaba de haber visto a ambos nuevamente...

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Fin del Flash Back

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Ahora que lo pensaba, esos dos nunca le respondieron esa pregunta. Lástima. Ahora ya no habría quién le dijera quién de los 3 tuvo más popularidad con las chicas (si supieras... n.nUU). Bueno, ni modo, y entre tanto y tanto pensar, Harry se encontró en frente al final de su camino

-Bueno, ya llegué... –se dijo así mismo el mago. Ese era su lugar favorito para pensar. Casi nadie pasaba por ahí, así que era bastante tranquilo. El joven abrió la puerta, revelando una gran escalera de caracol que trepaba hasta el cuarto superior de la Torre de Astronomía. Fue subiendo las escaleras, deteniéndose momentáneamente entre las ventanillas para contemplar el exterior, tan calmado como en la mañana.

-Ahí estaba. La vieja puerta de entrada al observatorio superior de la Torre de Astronomía. Abrió la puerta y entró al cuarto. La suave brisa corría libremente por toda la estancia. Fresca, alegre, jugueteaba con los alborotados cabellos del joven. Este, avanzó tranquilamente, dejando al viento danzar a su alrededor, para llegar al lugar en donde, seguramente, podría encontrar total tranquilidad

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Flash Back

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-¿Estás bien, Harry? –Remus se acercaba al joven, que se incorporaba con dificultad -. Será mejor que terminemos por ahora

-No, profesor Lupin, todavía puedo seguir. Déjeme intentarlo de nuevo –Harry había tomado su varita y se mantenía erguido frente al baúl que guarda al boggart

-No, Harry. Al menos tómate un descanso –agregó al ver el rostro resentido del joven -. Toma, te sentirás mejor –le dijo, extendiéndole una gran barra de chocolate. Harry no hizo más que tomarla, aún no desistía en su empeño de continuar -. Debes descansar o la Sra. Pomfrey nos regañará a los dos por no tener cuidado

-Pero, aún tengo fuerzas. Sólo necesito un poco más y lo conseguiré, por favor –rogó el joven. Su varita era presionada por su puño tembloroso. Lupin sacó otra barra de chocolate más pequeña, retiró la envoltura y empezó a comer muy animadamente ante los ojos de Harry

-¿Sabes, Harry? Cuando te veo así, me recuerda a James. Él también era igual de testarudo –ese comentario hizo a las mejillas de Harry tornarse de un gracioso bermellón -, aunque siempre persistía en todo lo que hacía y por eso mejoraba. Aunque, pensándolo bien, en algunas cosas ya no había forma de que empeorara –rió el profesor que ya se había ganado la atención de Harry con su charla -. Aunque siempre se metía en problemas y tu madre era la única que sabía como ponerle un alto. Era todo un espectáculo el ver como James Potter quedaba como un indefenso cachorrito en manos de Lily. Ella era una gran chica, una gran mujer. Tu padre tuvo mucha suerte de tenerla a su lado, Harry –. Remus reposaba suavemente, recordando aquellos momentos del pasado. La sonrisa de Lily, que relucía en sus recuerdos; los ojos avellanas de James, tan profundos, pícaros e intrépidos como siempre; el despeinado cabello de Sirius, la camisa afuera y la corbata suelta, siempre con su aire varonil; Peter, igual de dulce, pequeño y gordito, con esa tranquila mirada inocente; y él mismo, con su barra de chocolate del día, la sonrisa fresca, el rostro afable, viendo a sus amigos llegar en un día tranquilo y esplendoroso. Tan felices, tan apacibles, tan... –Esos eran muy buenos tiempos –dijo más para sí mismo que para Harry -, pero las buenas épocas tampoco son para siempre

-No tenía porque ser así... -susurró el joven. Remus le miró sorprendido

-Claro que no, Harry. Las cosas no siempre terminan así. Mas de algo estoy seguro y es que tus padres no se arrepienten y nunca se arrepentirán de la vida que llevaron. Se cazaron al salir de Hogwarts y se convirtieron en aurores excepcionales, concibieron un hijo tan o más maravilloso que ellos y murieron, sí, pero lo hicieron consientes de que así lograrían salvar tu vida. No creo que hubieran deseado otra cosa que no sea tu bienestar y, por eso, debes ser un buen chico y honrarlos cuidando de tu propia vida ahora –. Harry escondió la mirada, por lo que Remus decidió saltar ese tema -¿Sabes algo? –preguntó con voz más animada y a la vez nostálgica – Cuando éramos jóvenes tú padre era un chico bastante "travieso". Siempre estaba metiéndose en problemas, volvía locos a los maestros e iba de aventura tras otra. Todo para él era aventura. El adentrarse en el bosque prohibido, el merodear a media noche bajo la capa invisible –Harry alzó la vista de golpe al oír esto, mas no dijo nada -, ganar un partido de Quidditch (N/a: Según lo que yo sé, James Potter fue Cazador de Gryffindor, no Buscador. De ahora en adelante le pido a todo el que lea el fic que me deje su opinión en el review. La opción con mayoría de votos gana ) e incluso conquistar a una chica

-A decir verdad, yo no sé muchas cosas de mi padre. Sólo sé lo que las personas que lo conocieron me cuentan y me voy dando cuenta que también muchos lo querían, y no sólo a él, a mi madre igualmente. Todos hablan bien de ellos, exceptuando el Profesor Snape -a Remus le pasó por la mente todas las veces que habían molestado a "Quéjicus" en sus tiempos de juventud

-Es que Snape conoció una cara no muy buena de tu padre, pero tu madre nunca le hizo nada que fuese malo, es más, siempre fue todo lo contrario

-¿Y qué hacía papá cuando se sentía mal o quería estar sólo?

-Normalmente, eso le pasaba cuando discutía con tu madre. Él la amaba muchísimo y ella a él también, pero Lily era muy orgullosa y nunca le disculpaba a James si hacía algo que la agraviara. Tenía que pasar mucho tiempo e insistencia para que ella accediera, y tu padre siempre estaba teniendo problemas con ella. Cuando eso pasaba, él se desaparecía por todo el santo día. Cuando descubrimos dónde se escondía, callamos para que él no perdiera la confianza en ese lugar, pero siempre que desaparecía íbamos a verle. Muchas veces, recuerdo, que vi a tu padre llorar llamando a tu madre, a su pequeña. A veces sentíamos ganas de ir a apoyarle, pero nos la aguantábamos y lo dejábamos sólo. Al final, él siempre conseguía retomar la fuerza para volver con tu madre y que ella lo aceptara. Muchas cosas pasó solo y con tu madre en ese lugar. Por eso creo que, si él aún se encontrará merodeando por aquí, ese sería el lugar al que iría

-¿Y que lugar es ese? –preguntó Harry ilusionado, los ojos verdes le brillaban

-La Torre de Astronomía –respondió el lobito -. Hay una escalinata que te lleva a un cuarto superior, arriba de toda la torre. Incluso puedes subir al techo si deseas. Tu padre acostumbraba sentarse en el barandal de la ventana. Ah! Pero que no se te vaya a ocurrir hacer eso ¿de acuerdo, Harry?

-Ah! No, profesor Lupin. Bueno¿le parece si continuamos con la clase? –esa pregunta salvó a Harry de lo que hubiera sido una larga homilía acerca de los riesgos que conlleva la práctica de actividades riesgosas (N/a¿Alguna ves no les ha pasado que, por darles una idea de un posible e inocente travesura, los hayan sentado por casi una hora para lavarles le cerebro con la idea de que es malo y peligroso consumarlo? Oo Pues a mi sí. Ya hasta perdí la cuenta n.nUUU)

-No, Harry. Ya es tarde. Es mejor que vayas a descansar –concluyendo con esto Remus se dispuso a guardar el baúl con el boggart para la siguiente ocasión. Mientras Harry se dirigía a la puerta

-Nos vemos, profesor –se despidió, dispuesto a tomar una pequeña desviación antes de volver a sus aposentos

-¡Harry! –el aludido se volvió a mirar a su profesor que ya se encontraba en su escritorio

-¿Qué pasa, profesor?

-Sólo hazme un favor y –Remus soltó un leve suspiro antes de continuar –mándale un saludo a James de mi parte –. Harry esbozó una sonrisa y salió del despacho, directamente a la Torre de Astronomía

·········

Fin del Flash Back

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Ya sentado en su lugar favorito, apoyando un brazo en su rodilla flexionada y dejando su otro pie en el vacío, el joven Potter contemplaba con total placidez el hermoso paisaje que los terrenos de esa tarde le presentaban. Estuvo así, por un largo rato, contemplando el ir y venir de las copas de los árboles, el sonido de las hojas al ser mecidas por el viento, el canturreo de las aves y inquebrantable susurro del viento en su oído. No supo cuanto tiempo estuvo ahí. Su mente se perdía en ese paisaje. Sentía flotar en medio de todas esas sensaciones que llenaban de un indescriptible pero reconfortante sosiego. La fresca brisa que circulaba en la torre danzaba con sus cabellos y los invitaba a dar rienda suelta a su perfecta capacidad de movilidad. Bailaban al compás de la brisa, yendo de un lado a otro rozando constantemente el rostro del muchacho, quien no se sentía para nada importunado. Tan perfecta atmósfera rodeó al joven Harry durante incontables minutos, hasta que, improvisadamente, fue cortada por el crujir de las bisagras de la puerta. Una cabellera castaña, unas mejillas sonrosadas y unos inocentes ojos color miel se asomaron para contemplar único tesoro que guardaba celosamente el espíritu de la torre. La joven se adentró sigilosamente, acercándose más y más al joven, el cual, hasta ahora, no había mostrado indicios de haberse dado cuenta de su presencia.

-¿Harry? –le llamo con un dejo de inseguridad

-¿Sí, amor? –fue la respuesta que recibió por parte del joven que aún mantenía la misma posición. Su voz sonaba apacible y tan normal como siempre

-¿Estás bien, amor? – Preguntó acercándosele un poco más y poniéndole una mano sobre su hombro. Al contacto, las esmeraldas inexpresivas del joven se clavaron en ella, una leve sonrisa en los labios y aún con el viento soplando suavemente en su rostro. Esas esmeraldas, tan hermosas como siempre, pero...

-Sí, hermosa -. Le dirigió una media sonrisa y volvió su vista al paisaje -¿Sabes? Hace mucho que no veía tanta paz. Es increíble lo hermosas que son las cosas y tú nunca te das cuenta hasta que... –esa mirada, no había paz ni bondad en ella, sólo dos palabras: tristeza y resentimiento...

-Harry...

-No, está bien –cerró los ojos y, nuevamente, esa calma y bondad brillaron en esas hermosas esmeraldas, reflejándose en los castaños ojos de la joven prefecta -. Creo que todo va a estar mejor... – ese brillo... no, no era el mismo. Había algo diferente es esos ojos, algo que no parecía estar bien. No aún

-Claro, Harry. Todo va a mejorar. Te amo – la joven le envió una simple y delicada sonrisa. El joven sonrió también y abrió sus piernas acomodándose en el extremo del barandal

-Ven. Siéntate conmigo –le dijo, mientras palmeaba el sitió entre sus piernas flexionadas. La pequeña Gryff no necesito oírlo dos veces. Ladeó a su novio y se sentó en el barandal. Al instante, las manos del joven mago rodearon su cintura y la llevaron suavemente al interior de ese abrazo. La joven se apoyó en el pecho de su amado mientras este aún la rodeaba con sus brazos. Ahora era él quién no pensaba soltarla, aferrándose a ella para que nadie intentara quitársela. La abrazó dulcemente, apoyando su cabeza suavemente sobre su hombro. Ahora estaba ahí, con él. Nunca iba a dejar que le pasara nada. Nadie iba a tocarla. Nadie iba a hacerle daño a su princesa. Y así, de la nada, las palabras de Dumbledore resonaron en su cabeza... "Todas esas pérdidas, todo ese sufrimiento, son necesarios para prepararte a la batalla final" No, no podía ser. ¿Y si algo le pasaba a ella¿A su princesa? No, el sólo hecho de pensarlo lo estaba destruyendo por dentro. Ya era demasiado. Sus padres, Sirius, Remus. ¿Cuántas más?

Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos sin que él se hubiera percatado. La joven sintió la humedad de esas lágrimas caer y deslizase por su cuello. Los pequeños y débiles sollozos de su amado resonando en su oído. Él estaba llorando. Giro su cabeza hacía él, despegando su rostro de su cuello. Unos humedecidos ojos esmeralda le devolvían la mirada. Sin decir nada, la joven acarició el rostro de aquel niño, limpiando el rastro de sus lágrimas. Pasó una mano sobre sus labios y se inclinó para acomodarse en su pecho. Cómo si fuera un acto reflejo, el joven volvió a abrazarla, encerrándola entre tan fuertes y sobreprotectores brazos. Sus lágrimas aún le estaban ganando la batalla y cayeron sobre la cabellera de la castaña

-Harry, yo...

-No digas nada –la interrumpió el joven, aumentando la intensidad de su abrazo -. No digas nada. Sólo quédate conmigo, por favor. No quiero... –el joven calló, ahogando un lamento

-Está bien, Harry. No me iré. Me quedaré contigo –le susurró delicadamente. Harry sólo pudo besar su cabeza en forma de agradecimiento, y así abrazados le susurro entre lágrimas...

-No quiero que me dejes como los demás –esa frase... la pequeña hizo acopio de todo el valor y fuerza que le restaban para no derrumbarse por esa frase -. No quiero que te vayas y me dejes sólo como hicieron los demás, mi vida. Por favor... No quiero volver a sentirme sólo, pequeña, tan perdido, angustiado y desamparado como antes. No me dejes volver a caer en ese abismo, por favor –le rogaba, mientras que ella ya sentía como las lágrimas que con tanto esfuerzo trataba de contener acudían velozmente a sus ojos sin que pudiera hacer nada por detenerlas

-No te dejaré –le dijo entre ahogados sollozos -. Lo prometo. No voy a dejarte, Harry –ambos se abrazaron, compartiendo toda la pena y desolación que sentían. Se amaban más que nunca, rogando por que ese amor tan grande que se estaban profesando mutuamente los ayudara a erradicar todo ese sufrimiento de sus corazones, pero... esperen un segundo!

-¡Ay! –la joven prefecta pasó una mano por su costado, en donde algo la había lastimado al ser presionado contra ella por los fuertes brazos de su amado

-¿Qué pasa? –preguntó el otro, confuso y a la vez lleno de curiosidad por lo que su pequeña extraía de su bolsillo. Una pequeña caja color nieve hizo su aparición en la escena, tomando inmediatamente posesión de la vista y, en general, de toda la atención del joven. Hermione se percató de que había sido desplazada totalmente del centro de atención de su novio por aquel paquetillo del cual, hasta ahora, no conocía su procedencia.

-Harry, como presa de algún misterioso hechizo, tomó el paquete de las manos de su novia y rasgó la envoltura para descubrir una pequeña caja de color ocre, hermosos tallados y un hermoso fénix dorado tallado cuidadosamente y con las iniciales "L.E." finamente delineadas al lado inferior derecho de la cubierta. Ambos jóvenes quedaron pasmados ante la beldad de la caja, al cual observaron detallada y minuciosamente por varios minutos. Cruzaron miradas brevemente. Decidido, el joven Potter pasó una mano suavemente por la tapa y la levantó. Lo primero que vio fue un papel blanco doblado en 4. Una carta. Tomó el papel, dejando al descubierto una deslumbrante gema ambarina, tan diáfana que en su interior se podían apreciar perfectamente las 5 plumas de fénix, cada una con una fina inscripción en tinta negra. Ambos jóvenes observaron cuidadosamente las iniciales de cada pluma

-"L.E." –exclamó la castaña -. Es la misma inscripción de la caja. ¿Qué crees que signifique, Harry?

-Lily Evans –le respondió este, sin quitar la vista de la carta que aún seguía leyendo. Esta decía:

Querido Harry:

Si me decidí a poner esta carta en tu obsequio fue porque definitivamente no iba a poder ir personalmente a entregártelo en tu cumpleaños. La misión de la Orden debe haberse extendido demasiado como para que pueda ir a visitarte. Ojalá logres pasar un buen día.

Por cierto, supongo que te habrá llamado mucho la atención este pequeño cofre ¿verdad? Este cofre le perteneció a tu madre. Ella me lo obsequió el día que Sirius, Peter y yo fuimos a conocerte. Ella siempre me tuvo mucha confianza y era la única que veía algo especial en mí, aún después de enterarse de que era un licano. Era mi mejor amiga. Ella me la obsequió junto con el pendiente de nuestra amistad. Me lo dio porque tenía el presentimiento de que algo podría pasarles y no quería que este cofre y su contenido tan valioso para todos nosotros se perdiera. Este pendiente, cuyas plumas de fénix están marcadas con nuestras iniciales, fue hecha por una hechicera gitana cuando íbamos en 7mo curso. Ella nos dio las plumas de sus 5 fénix y escribió en ellas nuestras iniciales. Creó el amuleto, dándoselo a Lily para que lo protegiera. Nos advirtió que estas plumas nos traerían la suerte y la larga vida de sus fénix.

Como ves, eso no se cumplió, pero de todas formas he cuidado celosamente de este pendiente. Era el único símbolo verdadero de amistad que todos forjamos esa noche. Pensé que ya era hora de que te lo diera. Estoy seguro que te dará mucha mejor suerte y más vida que a nosotros, que ya no la necesitamos y que, algunos, ya no la poseemos. De igual forma, no creo que Lily hubiera estado más de acuerdo conmigo en entregártela. Siempre lo guardaba muy cerca de ella. Este cofre lo hizo ella misma con mucho empeño y dedicación para guardar nuestro tesoro. Cuídalo mucho, tanto como ella lo hizo. Estoy seguro que algún día encontrarás el propósito para el que fue creado. Si no nos funcionó a nosotros, tal vez, era por que fue hecho para ti. Así que abre bien los ojos, Harry.

Bueno, ya debo dejarte. Dumbledore acaba de llegar con nuevas indicaciones, así que tenemos reunión. Te enviaré el cofre con una lechuza después de regresar de esta misión. Discúlpame de nuevo por no poder visitarte en un día tan especial. Aunque, con un poco de suerte, puedo caerte de sorpresa y darte un fuerte abrazo y un pastel de cumpleaños¿verdad que si? De todas formas, te envió mis mejores deseos y todo mi cariño. Pasa un feliz cumpleaños y vívelos, porque 17 años no se cumplen todos los días. Te estaré visitando lo más pronto posible. Lo prometo.

Cuídate.

Remus

Harry dejó de leer la carta y pasó la vista hacia el pendiente que permanecía reposando en el pequeño acojinado terciopelo del cofre. Hermione tomó la carta, dándole una leída fugazmente y también se unió al joven, a contemplar el amuleto. Todo estaba ahí, tal y como se describía en la carta. Las 5 hermosas plumas de fénix, cada una con las iniciales de los 5 amigos; E.L.; J.P.; S.B.; R.L.: y P.P.; que brillaban con una luz dorada en medio del ámbar que las encerraba. Harry tomó el pendiente de la cadena dorada que lo sujetaba y lo sacó del interior del cofre, manteniéndolo suspendido en el aire en frente de ellos. Mientras giraba, emanaba hermosos colores que pronto iniciaron un leve espectáculo en la habitación. Los rayos de sol que penetraban dentro de ella se transformaban y salían como fuego de inmortales fénix que emprendían el vuelo nuevamente. Ese era el obsequio que le había dado Remus. El único legado y el mejor presente que le habían hecho nunca aquellos que le precedieron. Si el amuleto no les dio la suerte y vida prometida a ellos, de seguro se las daría a él y a los suyos. Y así, como otro fénix que renace, el-niño-que-vivió volvió a nacer y su sonrisa se plasmó nuevamente en su rostro, iluminada con los rayos rojos y dorados del valor

·········

Bueno, por fin, ya era hora. Discúlpenme la demora. Como ya empecé el colegio, no tengo mucho tiempo de escribir n.nUU y últimamente he estado sin inspiración, así que me disculparán mucho si el capítulo parece horrible. Muchas de las cosas que incluí fueron cosas de mi infancia, que me gustan recordar. Desde objetos a personajes e, incluso, frases y sentimientos de experiencias propias. Espero que lo encuentren agradable n.n

Bueno, ahora veamos los reviews ñ.-

-Herm25: Hola ex-mami xDD Que bueno que por fin te decidiste por leerlo y me dejaste un review. Ya descubrí que era eso de "no recibir reviews anónimos" y ya lo quite n-n Si dices que estaba bien, me alegro. A ver si la próxima te acuerdas n.nUUUU

-Miss Diggory Krum: ¿Qué puedo decirte? Eres la única persona que de verdad aprecia mi fic (sin ofender, Pamy n,n). Me leíste el pensamiento respecto al regalo. Ojalá te haya gustado el capítulo. Yo sigo aquí esperando ansiosamente por los tuyos n-n Y sí… Dumbledore habló mucho en el cap, por eso en este ya no saqué casi para nada xDDD Ojalá te guste la relación Harry/Hermione que cree y disfrútala porque, créeme, no durará mucho. Bueno, un besototote grande para ti. Muah!

-Natty Potter: Natty! Sobre los de impresionarte… pues tendríamos que ver. Conociéndote yo a ti ya has visto mucho como para impresionarte con simple lectura xDDDD Trataré de hacer un fic agradable. No quiero caer en el mal gusto n.nUU Espero que te gusté y, por el momento, preocúpate en terminar tus fics, que ya quiero leerlos Y, otra cosa, tenemos que reunirnos para discutir los datos de tu personaje ¿entendido? No me gustaría decidir por ti las características de TU personaje. Bueno, ojalá te guste este cap, aunque se que no te gusta el Harry/Hermione pero, no te preocupes, que él no la ha tocado ñ.-

Bueno, con esto concluyo por ahora. Esperen (pronto, si Dios quiere) el siguiente cap n-n. Un beso enorme para todos. Los quiero mucho. Byes. Kajime