Antes que lean el capítulo, si quieren leerlo en buena calidad, les recomiendo que lo lean por este enlace: "http/es." + "geocities." + "com/kajime" + "guion bajo" + "k/AP4.htm" (disculpen si lo pongo separado, pero es que el FF:net no me deja poner la dirección entera n-nUUU) Atte: Kajime
···························
CAPITULO 4
"Damn heart, damn feelings, damn love"
·········
"Cuando tu mayor debilidad es el amor, eres la persona más fuerte del mundo."
·········
Harry se despertó muy temprano ese día. Aún sentía el cuerpo adormecido y los ojos punzantes de cansancio. Cambió de posición, acariciando suavemente su almohada de plumas con su mejilla y siguió descansando unos minutos más, que pudieron prolongarse de no ser por que Trevor, el sapo de Neville, había empezado con un molesto e incesante croar muy cerca de su cama. Resignado a no poder seguir descansando, el joven mago pasó una mano por sus adormilados ojos, rozó su cicatriz, se levantó y corrió los doseles de su cama. Trevor estaba quieto sobre el baúl de Ron. Harry desvió su mirada a la ventana para contemplar la madrugada que esperaba con brisas alegres los primeros rayos del alba. Como no quería ni ver la hora en que se había levantado, el niño-con-semblante-adormecido fue directamente al baño, esperando despejarse un poco con una refrescante ducha fría
Todo lo que pasó ayer fue bastante significativo para él. Los recuerdos, la torre, Hermione, el regalo... Vaya! De sólo recordar la reacción que la Sra. Pomfrey había tenido cuando los vió a ambos, Hermione y él, bien abrazados caminando de vuelta a la torre de Gryffindor. A duras penas lograron convencerla de que Harry ya se encontraba presto para seguir con su vida y volver a la Torre de Gryffindor con los demás. Aunque la enfermera no los soltó hasta poco antes de la cena, Harry tuvo tiempo suficiente para ser asediado por sus compañeros, que lo abordaron para brindarle el pésame. Ginny y Luna lo estrecharon en un abrazo colectivo, al que luego se unieron Dean, Seamus, Neville, Justin, Ernie y Hannah. Parvati y Lavander se acercaron y le dieron un sincero abrazo, cada una, y un beso en la mejilla. Así, por consideración y por proporcionarle algún sosiego, muchos alumnos se animaron a darle el pésame y, los que tuvieron oportunidad de conocer al profesor, a manifestarle cuanto lamentaban la pérdida. Los hermanos Creevey, Terry Boot, Romilda Vane, Padma Patil, Lisa Turpin, Megan Jones, Kevin Whitby, e incluso una pequeña de 4to curso de Gryffindor, Natalie MacDonald, le estrecharon la mano y le abrazaron. Los más pequeños también se animaron y se le acercaron, compartiendo su aflicción. Harry nunca pensó que hubiera tantos alumnos en las 3 casas de Hogwarts, puesto que ningún Slytherin se unió a la comitiva de los que se le acercaban. Alumnos que conocía, los que sólo conocía de vista, incluso los que nunca había visto hacían fila para estrecharlo. Sólo hasta que la cena hubo terminado y los profesores empezaron a obligar a los alumnos a vaciar el salón, el trío dorado pudo abandonarlo y volver a la Torre de Gryffindor, antes de volver a ser asediados nuevamente en la Sala Común. Tuvieron que esperar a que la profesora McGonagall, harta del barullo, subiera y mandara a todos a la cama. Entonces, por fin, Harry encontró la oportunidad para darle a Ron la explicación, aunque modificada, que le había estado pidiendo con la mirada desde que Hermione subió al cuarto de las chicas, no sin antes estamparle un digno beso de buenas noches a su adorado novio.
El agua recorría suavemente el torso del joven. Su cabello azabache se agitaba y caía nuevamente sobre su rostro mientras él permanecía inmóvil, recibiendo mansamente el líquido que caía con fuerza sobre su cabeza, hombros y surcaba por su imponente espalda, su bien formado abdomen, sus robustos brazos y sus fuertes piernas (N/a: Ay! Si supieran como me lo estoy imaginando¬). Todo estaba tan bien. El agua estaba perfecta. Fría. Relajante. El dejo de dolor que le había parecido tener en la cicatriz antes de levantarse se había desvanecido por completo. Se sentía bastante bien. ¿Quién sabe? Tal vez todo lo que había pasado en los últimos dos días había sido un sueño. Tal vez cuando salga de esa ducha fría todos estarían felices, listos para empezar el año escolar, hambrientos y buscando el desayuno en el Gran Comedor y, aunque tal vez eso no le agradaría mucho, vería la ganchuda nariz de su profesor de Pociones y podría enojarse con él, mientras este le descontaba los primeros puntos del año. Tal vez, cuando bajara por su desayuno, se sentaría como siempre rodeado de Ron y Hermione. Tal vez Luna pasaría por ahí y se pondría a jugar con sus mechones azabaches y Herm se lanzaría sobre ella por hacerlo. Tal vez Ron y Ginny consigan separarlas y Luna se iría dándole un beso en la mejilla y contoneando las caderas. De seguro, Herm le recriminaría haberle dejado hacer eso. Tal vez vería a Tonks luciendo una nueva tonalidad de cabello mientras charlaba amenamente con Hagrid en la mesa de profesores. Tal vez habría un cielo despejado y un cálido sol en el techo del Gran comedor y, tal vez, vería a Hedwig pasar por entre las cabezas de sus amigos y por sobre su tarta de melaza para llevarle el correo de la mañana. Tal vez sea una carta de Remus, que por fin le escribía por su cumpleaños, ya que de seguro había estado ocupado en cosas de la Orden. Lástima por el regalo que había tenido en sueños, había estado bonito. Con suerte, podría preguntarle a Remus si de veras existía una caja con la figura de un fénix que guardara en su interior un pendiente de plumas de fénix, entregado por una gitana a las cinco grandiosas personas que recorrieron los pasillos de Hogwarts hace casi 20 años. En fin, tal vez todo había sido un sueño. Sí... De seguro había sido eso, sólo un sueño y ya le tocaba despertarse
Harry tomó una toalla y se la pasó por el cabello, echándolo para atrás dándole un aire bastante fresco y sexy. Furtivas gotas que surcaban por todo su torso, pasaban a su abdomen y morían en... Harry se sujetó fuertemente la toalla a la cintura y salió del cuarto de baño. Los demás ya se estaban levantando. Ron se frotaba los ojos y trataba de ahogar inútilmente un sonoro bostezo. Dean, por su parte, ya se había arreglado, repasaba su horario y colocaba sus libros su mochila, mientras Seamus pasaba fugazmente al lado de Harry y le dirigía un cándido "Buenos días" para desaparecer detrás de la puerta del baño. Por último, Neville seguía desesperadamente a Trevor, que iba de un lado a otro de la habitación sin dejar de croar
-Bueeeenos días, Ha-a-a-arry –saludó el pelirrojo entre bostezos -. ¿Qué tal dormiste? –Harry se agachó sobre su baúl y empezó a tantear en busca de sus boxers y un par de calcetines
-De maravilla, incluso creo que no me molestaría tener que ver a los Slytherin esta tarde, tengo ganas de darle mis saludos a Malfoy antes de acostarme –el chico se sentó en la cama y empezó a vestirse
-Bueno, ojalá estés de ese humor para McGonagall y Flitwick, porque a los Slytherin ya los tuve que aguantar yo solito ayer, mientras tú y Hermy se la pasaban de tortolitos en la Torre de Astronomía –le espectó el pelirrojo
-¿De qué hablas, Ron? Si hoy es lunes, primer día de clases –dijo Harry más para sí mismo que para su amigo
-No, Harry –le aclaró Ron, que al ver la expresión de su amigo cayó en la cuenta de que había asumido todo lo anterior como un mal sueño o una rara ilusión -. Hoy es martes. Tú estuviste ayer en la enfermería y luego saliste a la Torre de Astronomía, en donde Herm te encontró y pudiste conversar con ella sobre Remus y el regalo que te dio ¿recuerdas, Harry? -. No, no podía ser. Ron debía estar jugándole una mala broma. Pero¿cómo sabía el del regalo¿Cómo sabía él de lo que había soñado¿Acaso aún continuaba soñando¿Un sueño dentro de un sueño? - ¿Harry? Tierra a Harry... ¡Harry! – el aludido respondió dando un fuerte salto sobre su cama. Se incorporó y miró fijamente a su amigo. Tenía que saber la verdad, tenía que estar seguro. Neville, que aún no conseguía atrapar a su sapo, se había quedado quietecito al lado de la cama del moreno, observándolos a ambos como si algo digno de verse fuera suceder en esos momentos
-¿A qué te refieres cuando dices que hablé con Herm sobre Remus¿Qué pasa con Remus? –Ron se quedó perplejo ante eso. Agachó la mirada y le respondió con pena e incredulidad, como quién cuenta nuevamente a un niño pequeño la tragedia de una muerte
-Pues, se murió... –el silencio que se formó después de esta respuesta era tan denso que lo podían haber cortado con unas tijeras
-Chicos, creo que mejor bajamos a desayunar¿no creen? –Dean se había puesto la mochila al hombro y miraba a los tres manteniendo un semblante sereno y firme. Seamus salió del baño y se dirigió a su cama, sin percatarse de la tensión que se mantenía presente en el ambiente –Bueno, entonces ¿me acompañas tú, Neville? –el chico se acercó a su cama, tomó su mochila y se fue con Dean, que había capturado sin problemas al fugitivo Trevor
-Yo también bajo, chicos –Seamus, ya vestido, peinado y arreglado, se hizo de su mochila y se despidió de los chicos con una ademán, para salir del cuarto de los chicos de 7mo. Los dos restantes en el aposento lo escucharon bajar la escalera por breves momentos, hasta que nuevamente el silencio reinó en la habitación. Después de un momento, que pareció eterno, el pelirrojo, haciendo acopio de todo su aplomo, se levantó de su cama y se sentó al lado de su amigo
-Mira, Harry, comprendo lo doloroso que es esto para ti –apoyó su mano su hombro en son de apoyo -, pero nosotros somos tus amigos y siempre estaremos contigo –el joven agachó la mirada, habia algo en él que no podría soportar ese peso por mucho tiempo. "No es necesario que ellos se preocupen por lo que me pasa" pensó y, como si estuviese resignado a la verdad, respiró hondamente, volvió sus brillantes esmeraldas a su amigo y esbozó una media sonrisa
-Sí, lo sé, Ron. Gracias
-Bien. Ahora será mejor que nos arreglemos o Hermione va a subir a preguntar porqué demoramos tanto
-Sí, tienes razón –el pelirrojo se dirigió a su baúl y sacó el primer par de calcetines que encontró -. Por cierto, Ron –agregó el moreno cayendo en la cuenta de algo
-¿Qué pasa? –el aludido entró al baño
-Pues... –el sonido del agua caer se oía detrás de la puerta del baño -¿sabes dónde dejé el cofre de mi madre?
-Ah! Sí –el pelirrojo esbozó la cabeza por la entrada del cuarto de baño con un cepillo de dientes en la boca, el cual tomó y lo usó para señalar la mesilla de noche entre sus camas -. Lo dejaste dentro del cajón –el joven volvió a desaparecer por la puerta del baño y el joven de ojos esmeraldas se levantó y abrió el cajón de la pequeña mesilla. El mismo cofre color ocre apareció ante sus ojos y el fénix dorado de la cubierta le devolvió la mirada. Bien, al menos ahora ya estaba seguro de que no volvía a estar soñando. Mejor dicho, que nunca había estado soñando, y por un instante sus ojos reflejaron el odio y la frustración que sentía hacia su propio destino… Volvió a cerrar el cajón y terminó de vestirse, mientras Ron salía del cuarto de baño con un mejor aspecto y el cabello algo más arreglado, si es que eso era posible. En 5 minutos, ambos bajaban la escalera que conducía a la Sala Común, y la vieron. Su cabellera castaña caía delicadamente sobre sus hombros y Crookshanks jugueteaba con su falda, apoyado en el sillón más próximo a la prefecta. La joven les clavó una seria mirada y no la retiro de ellos hasta que ambos se pararon frente a ella. Tomándose en cuenta de que ella era la de estatura más baja, cuando tenía esa mirada hacía a los otros sentirse como unos pobres pitufitos
-Hermione, nosotros... –empezó el pelirrojo algo tembloroso
-Oh! No hay problema –respondió haciendo un ademán de desinterés -. Supuse que se demorarían hoy. De seguro se la pasaron hablando hasta tarde ayer
-Eh...
-¿Lo ven? Tenía razón – la joven cruzó los brazos y los fulminó con la mirada
-Hola, Herm –el moreno se le había acercado. El semblante de su novia cambió al verse reflejada en esas esmeraldas
-Hola, Harry –la joven le dedico una sutil sonrisa y ambos clavaron sus miradas uno en el otro
-Bueno –el pelirrojo terció la conversación –ya que terminaron de saludarse. Dos cosas: Buenos días, Herm. También me da gusto verte – Herm le obsequió una dulce sonrisa – y… ¿No creen que ya estamos bastante retrasados?
-Sí, creo que tienes razón, Ronny, y buenos días –la chica se dio la vuelta y se inclinó para acariciar al mínimo y tomar su mochila. Los otros dos ni se molestaron en voltear la mirada cuando la falda de la castaña empezó a elevarse a medida que ella se inclinaba
–¿Bien, podemos irnos? –inquirió Ronny
-Si. Claro, Ron –respondió la joven y empezó a caminar hacia el agujero del retrato. Los otros la siguieron –Ah! –la chica giró bruscamente y encaró al pelirrojo –Ron. ¿Tu insignia de prefecto?
-Ah, eso –contestó el joven con total desprecio -. Aquí está –y saco la insignia de su bolsillo. La pobre se encontraba sucia, quiñada y muy descuidada, por lo que la castaña lo tomó como un agravio al cargo de prefecto que al pelirrojo obviamente no le importaba. Hermione sacó su varita y apuntó directamente a la insignia que el pelirrojo acababa de ponerse a un lado poco visible de la capa
-Reparo –la insignia volvió a su estado normal, - Fregotego – y ahora la insignia ya estaba completamente limpia... –Como nueva n.n Ahora ¬¬ más te vale cuidarla bien y –la joven tomó la insignia y se la acomodó al pelirrojo sobre la insignia de la capa, en un lugar enteramente visible
-Sí, su majestad...
-Bueno, si están en ese plan los espero abajo –dijo el moreno e, inmediatamente, salió por el agujero del retrato. Por un momento, ambos prefectos cruzaron miradas perplejas…
-Harry, espéranos –la prefecta salió detrás de él y el pelirrojo, dando un resoplido, también se apresuró a seguirlos…
·········
Era una gran habitación, de 3 estancias bien separadas. El hermoso sol de mediodía se colaba por las ventanas e iluminaba las paredes aperladas. Los muebles, de un exquisito color champagne, y hermosos cuadros de flores y aves tiernas adornaban la primera estancia. La cama adoselada, de finas sábanas y almohadas suaves como nubes llenaban la segunda estancia, acompañadas por un bello tocador y un extenso armario, y sobre la cama, un vestido blanco descansaba suavemente, en compañía de un velo, mientras escuchaban la suave melodía que provenía de su derecha. En la tercera, una hermosa bañera, un pequeño estanque, una delicada laguna, se extendía desde el centro del recinto; extensa, de aguas puras, grifos de oro, y pequeñas estatuillas de marfil. La atmósfera estaba inundada de un olor a vainilla, mientras que aquellos pajarillos que pasaban por la ventana, atraídos por el canto, se posaban sobre las ninfas y los sátiros marfilados, y contemplaban a la criatura que deleitaba a las aguas con su tacto. Una joven de tez blanca y ojos de un negro profundo alzo una mano. Una avecilla blanca de pecho rojizo se posó sobre ella, ululando un canto acompasado
-Hola, pequeño –saludó la joven acariciando con suma delicadeza al pajarillo, pero este volvió la cabeza por un momento y después salió volando de la estancia, seguido por las otras aves. La joven sumergió sus manos en el agua nuevamente y se volvió hacia donde los pajarillos habían volteado a ver con una sonrisa -. No tenías que asustarlos¿o si? -. Otra joven de cabellos blancos y tez tan blanca como las nubes apareció en la habitación, recargada en la pared, cruzada de brazos y con los ojos cerrados. Vestía un hermoso vestido rojo, bien entallado, y el cabello sujeto en un moño alto que dejaba caer el resto de su cabello hasta los hombros
-¿Aún te estás bañando? Ya deberías estar preparada. Los invitados han empezado a llegar y el blanco está exasperándose – la joven descubrió unos hermosos ojos rojos brillantes y se acercó a la bañera -. Tenemos todo preparado – susurró -. La joven se levantó y subió la pequeña escalinata de la bañera, tomó una toalla y empezó a pasarla suavemente por su rostro
-¿Nerine (N/a: se pronuncia Nerín, ok?) ya está lista? –preguntó mientras se sujetaba la toalla alrededor del cuerpo
-Sí, ella irá con ustedes y se encargará de desactivar el sistema de seguridad de la mansión
-Perfecto –una alegre sonrisa tomó forma en su rostro y se encaminó a su cuarto dando pequeños saltitos y tarareando melodías infantiles -. Deberías haber tomado un baño también, el agua está deliciosa n.n –agregó mientras salía al balcón y estiraba briosamente sus brazos. Unos mozos que arreglaban las mesas en el jardín de abajo no pudieron evitar detenerse a verla y le pasaban la voz a sus compañeros. Ella, al verlos, hizo un ademán de saludarlos, hasta que una hermosa mariposa aliblanca se posó sobre su nariz, lo que la hizo reír cariñosamente.
-Natty, ya tienes que vestirte –dictaminó una voz en el interior del cuarto
-Ay, sólo un rato Leiden¿si? –la joven de ojos rojo movió la cabeza negativamente
-Luego jugarás, pero ahora Natalya tiene cosas que hacer ¿de acuerdo?
-Bueno, está bien –la joven cerró paulatinamente sus ojos y se encaminó nuevamente a la habitación -. Bueno, manos a la obra. Leiden, ayúdame con el peinado, por favor –le pidió mientras se soltaba el moño y su cabellera cayó hasta la altura de sus pantorrillas. La joven albina se acercó al tocador, tomó un hermoso cepillo de plata y empezó a cepillar prolijamente los cabellos de la joven, que tomó asiento frente a su gran espejo
·········
-Bueno jóvenes, espero ver sus ensayos mañana mismo en mi escritorio cuando llegue, y no hay motivo de quejas –, agregó la profesora McGonagall, cuando Seamus, Dean y Ron empezaron a objetar desde sus lugares -. Están cursando su último año en Hogwarts y los EXTASIS se les vienen encima. Así que espero que su compromiso para con sus estudios sea para ustedes lo primero en todo momento. A trabajar duro¿me han entendido?
-Sí, profesora McGonagall –fue la respuesta colectiva
-Muy bien, ahora, pueden irse -. Mientras los alumnos salían a tomar su descanso, el trío se acercó a la profesora -. ¿Sí¿Ocurre algo?
-Profesora McGonagall, nos preguntábamos si podíamos ver al profesor Dumbledore –explicó Hermione
-Oh! Es eso –señaló mientras fijaba su mirada en Harry -. Me temo que no podrá ser. El profesor Dumbledore está bastante ocupado con los últimos sucesos. ¿Supongo, señorita Granger, que usted si ha leído el profeta?
-Claro -contestó Hermione asintiendo con la cabeza.
-¿Podría hacerle saber que deseamos tener unas palabras con él, profesora? –dijo Harry de improviso, viéndose nuevamente observado por la mujer ya entrada en años que desde su entrada al colegio le había impartido clases de Transformación, arte que aún no lograba dominar a la perfección.
-De acuerdo, Potter, se lo haré saber. No obstante –agregó con una fuerte mirada-, el profesor Dumbledore estará ocupado mucho tiempo hasta que pueda separar un espacio de su tiempo para ustedes
-Si, está bien, profesora –asintió el joven-. Gracias
-No hay de qué, Potter –respondió la profesora con una media sonrisa -. Ahora, apresúrense, no querrán perderse su descanso
-Como diga profesora, hasta luego -un alegre Ron tomó a los otros dos del brazo y se los llevó hasta la puerta
-Hasta luego, profesora –se despidieron los otros mientras el pelirrojo los llevaba al pasillo
-Bueno, ahora, a disfrutar de un descansito y de ahí a DCAO –anunció contentamente el pelirrojo -. Tengo ganas de ver que nos va a enseñar Tonks hoy
-Pues, ahora que lo mencionas, no recuerdo haberla visto en el banquete de inauguración –comentó una Herm pensativa
-Ni en el desayuno de hoy –advirtió Harry
-Pero, de seguro tenía algo que hacer para la Orden. Lo más seguro es que ya haya vuelto –concluyó tranquilamente el joven Weasley, cruzando sus brazos detrás de su cabeza
-Ojala –Herm, abriendo un volumen bastante de grueso de su "Guía de Transformaciones VII"
-Merlín¿ya vas a empezar con eso? –se quejó el pelirrojo -. ¿Qué parte de la palabra "descanso" no entiendes?
-Mira, "Ronald", este año se nos vienen encima los ÉXTASIS y no pienso permitir que mis notas sean más bajas que las mejores. Prefiero estudiar desde ahora a estar sufriendo como tú en el último momento –aclaró la chica, echando sobre su interlocutor una de sus miradas levemente frías y llenas de suficiencia
-Bueno, a ver¿se supone que los ÉXTASIS van a hacer de este curso el peor de nuestras vidas? –preguntó con disgusto
-Eso sólo si eres tan tonto de ponerte a estudiar a última hora, como acostumbras a hacer –sentenció la joven
-No todos somos "superdotados"¿sabes? – se quejó con amargura mientras se dirigían a su siguiente clase, el descanso se estaba terminando -. Además, tenemos otras cosas de qué preocuparnos –agregó
-No mezcles esto con lo otro. Es muy diferente –la voz de la gryf sonaba muy decidida, pero al "elegido" no se le escapó ese dejo de tristeza que dejaron sus palabras
-Ustedes no se preocupen –Harry, que durante todo el día casi no había dicho palabra y se encontraba detrás de ellos, habló con una sinceridad alegre y despreocupada. Cuando sus amigos voltearon a verle, en su sonrisa sólo había paz y calidez. Como estos se quedaron mudos, repitió lo antes dicho -. Ustedes no se preocupen. Estudien mucho y dejen que yo me haga cargo de todo lo demás ¿de acuerdo? – y acentuó más su sonrisa. ¿Quién pudiera imaginar, al verlo sonreír de esa forma, que dentro de él se batían a duelo tantas fuerzas, que en su mente el dolor y el desasosiego se volvían caóticos? Tal vez, sólo aquellos que conocieran su situación, aquello por lo que estaba pasando, y sus amigos, aunque confundidos, lo sabían muy bien.
-Harry…
-No, en serio –interrumpió a su novia -. Creo que no deberían descuidar mucho sus estudios –y antes de que la gryf apelara, agregó -. Por ejemplo, tú eres el Premio Anual y no puedes bajar tus calificaciones ni tampoco ir por ahí peleando contra magos oscuros. Debes dar el ejemplo, amor. Y tú, Ron, no puedes empeorar o tu mamá nos matará. Con todo lo que ha pasado, no veo que podría hacerla más feliz que la impresiones con buenas calificaciones y dejes de poner tu vida en peligro. Además, tú también eres prefecto ¿no? De seguro harás muy feliz a tu madre así
-Bueno, pero, de todas formas,…
-¡Ron! –lo interrumpió el ojiverde -. Esta vez por la Sra. Weasley¿si? Se sentirá más tranquilla y ustedes podrán llevar una vida más tranquila –terminó el joven, retomando la marcha hacia el aula de DCAO. Los otros dos cruzaron miradas preocupadas y se apresuraron a seguirle, antes de perderlo de vista…
·········
-Muy bien, ahora sí estoy preocupado
-Es más que obvio que tenía algo que hacer para la Orden. No creo que le haya pasado nada serio, Ron –comentó la prefecta -. Además, podría jurar que estabas muy ansioso por no tener clases
-Eso no tiene nada que ver ¬¬ -gruñó el pelirrojo
-¿Y qué piensas tú, Harry? –preguntó inmediatamente, ignorando al pelirrojo, pero el aludido, tan absorto en sí mismo como estaba, no se percató de que su novia lo llamaba – ¿Harry¿Harry? –y aún sin respuesta, hasta que… -¡HARRY!
-¿QUE PASA? –el joven dio un gran salto en su siento, golpeándose terriblemente con su pupitre, que casi se vuelca por la fuerza del impacto. Para cuando se dio cuenta de lo que había pasado, gracias al terrible dolor de sus piernas, toda la clase los había rodeado para ver si se habían lastimado
-¿Estás bien Hermione? –preguntó algo tardía Parvati, mientras ella y Lavander le ayudaban a recoger los libros y Seamus reparaba los frascos de tinta que cayeron al suelo
-Lástima que esa tinta no se pueda reponer también –dijo, volteando los ojos hacia Hermione -. Pero seguramente este galán te los repondrá como disculpa –le sonrió
-Y hablando de Roma, si sigues con esta racha, amigo, la vamos a pasar muy mal en el siguiente partido contra Ravenclaw –dijo Dean, dando un bufido mientras tomaba a Harry por los hombros para ayudarlo a levantarse. Si no fuera porque lo estaban matando las piernas ya le habría dado algo con que callarle la boca. ¿Qué le importaba a él el partido con Ravenclaw ahora? Tenía otras cosas en que pensar y, además, faltaba mucho para el partido. Ya vería eso luego
-Bueno, gracias a todos por ayudar a mi amigos, los tórtolos. Me contento con que los ayuden a ellos y me dejen aquí tirado –recito el pelirrojo, con la camisa llena de tinta, debajo de unos de los tantos libros de la pelirroja
-Lo sentimos, Ron –dijo tímidamente Neville, mientras recogía los libros y le alcanzaba una mano
-Oye, hermano, si te duele mucho deberías ir a la enfermería –dijo Ron a su amigo, que por la cara que tenía se notaba que hacia un gran esfuerzo para aguantar el dolor
-No, estoy bien, ya se me pasará –le contestó, haciendo acopio de todo su brío para usar una voz tranquila y esbozar una sonrisa fingidamente plácida
-Ok, de acuerdo –contestó el pelirrojo mientras se levantaba -. Bueno, chicos, la fiesta se terminó. Todos a sus lugares. Ah! Y gracias por la ayuda – añadió el prefecto, mientras daba palmadas para que el tumulto de alumnos se dispersara -. ¿Saben? Esto de ser prefecto puede ser muy útil de vez en cuando –comentó risueño cuando la clase volvió a su semi-letargo original
-Claro, siempre que te convenga ¿no es así? –respondió la gryff de mal talante, ya sentada en su mesa –. Deberías hacer algo con tu camisa
-Ni se te ocurra echarme un Fregotego mientras la llevo puesta ¬¬ -se apresuró a decir el pelirrojo, antes de que la gryff intentara un ataque sorpresivo
-No se me pasaría por la cabeza –contestó la joven con donaire. Harry, que los observaba mientras sujetaba sus piernas doloridas, esbozó una media sonrisa al ver las típicas discusiones de sus amigos. Tanto los quería, ya incluso se había acostumbrado a hacer de intermediario cuando ambos se peleaban. Entonces¿por qué no habrían de seguir haciéndolo siempre? Seguir juntos, ayudándose, peleándose de vez en cuando.
-Supongo que no tendría que pasarles nada si dejaran de arriesgarse tanto –pensó el moreno mientras Ron ya estaba sacando la varita por algo que Hermione le había dicho
-¿Y sabes por qué se arriesgan? –le preguntó una vocecita muy interna entre sus pensamientos
-Porque están conmigo –respondió, y en esas palabras resonó el eco de su dolor
-¿Eso piensas¿Acaso…
-¿Qué? –preguntó el joven con cierta exasperación
-¿Acaso crees que sin ti estarían mejor? –el joven reflexionó un poco esas palabras
-Probablemente –respondió al final
-¿Probablemente?
-Si –afirmó -, porque sin mi ni Voldemort ni sus mortífagos vendrían tras ellos
-¿Y cómo sabes tú que no lo harán? –preguntó la voz con curiosidad
-Porque me quieren a mí –respondió el chico, aún más apagado
-¿Estás seguro¿No crees que podrían querer algo más que a ti?
-No lo sé
-¿Para qué te necesitan¿Por qué eres tan importante? -insistió
-Porque yo puedo detenerlo
-Entonces, no es a ti a quien quieren
-¿Tú crees? –preguntó con recelo
-Es lo más obvio
-Entonces¿qué quieren?
-Te quieren muerto
-¿Por qué será que no me sorprendo? –exclamó el joven con sarcasmo
-Entonces¿qué harías de bueno muerto?
-No sé. Al menos veré a mis padres, a Sirius y a Remus ¿no?
-¿Y que hay de tus amigos?
-Pues, obviamente, nada les pasará a ellos
-¿Cómo lo sabes?
-Porque yo daría mi vida por protegerlos
-Claro, lógicamente, pero…
-¿Pero qué? –la voz no habló por un momento, lo cual tensionó sobremanera al joven - ¿PERO QUÉ?
-¿Qué pasará con ellos cuando tú ya no estés? –el morocho suspiró profundamente y sus pensamientos hablaron con voz fría
-Si voy a morir, primero me llevaré a Voldemort conmigo y a todos los que pueda
-¿Y qué hay de…
-Sin embargo, si quiero conseguir eso, no puedo permitirles que estén a mi lado más tiempo o, de lo contrario, lo más probable es que sean lastimados y no pueda salvarlo. Ellos son mis amigos. Yo… yo nunca me perdonaría si les pasara algo
-¿Esa es tu decisión? –preguntó finalmente el sombrero
-No –respondió el joven con tristeza -, es mi única opción
-Entonces, si vas a hacerlo, intenta comparar la pena que sentirán tus amigos ante tu despecho con la que sentirán cuando estés muerto
-Cualquier cosa es mejor que tener que perderlos –dictaminó el joven. Esperó por un largo rato la respuesta, pero está no llegó -. Entonces, no me queda más que empezar… -. Lo prefectos seguían discutiendo, el morocho respiró hondo y soltando sus piernas, dejó que sus ojos tomaran una postura fría y su voz, una nota cruel -. Bueno, si no les molesta¿podrían dejar sus discusiones para otro momento? Ya cansan con esas tonterías –repuso de mal talante -. ¿Y ahora qué les pasa? –preguntó fríamente al notar las reacciones de sus amigos. Ron se había quedado medio bizco, con la boca entreabierta y con una expresión de sorpresa sólo superada por los de su compañera, cuyos ojos no quitaban la vista del moreno azabache que tenía en frente
-No, nada –respondió la joven, moviendo la cabeza negativamente -. Si te duele podemos acompañarte a la enfer…
-¿Qué parte de "estoy bien" no pueden entender? Si me siento mal, yo mismo iré a la enfermería¿de acuerdo?
-Está bien, Harry, cálmate. Herm sólo miraba si andabas bien. Es todo. No tienes que enfadarte
-Si, bueno, lo siento. Creo que me pasé –murmuró con voz quebrada, cambiando su semblante, estaba flaqueando-. Bueno¿qué me estaban diciendo?
-Ah! Eso! Bueno, no era muy importante –contestó la joven, mostrando un semblante sereno que no reflejaba en nada cómo se sentía en ese momento
-No, ya di el primer paso, ya no puedo retroceder –pensó el joven, agobiado. Su semblante volvió al invierno que mostró al principio -. Bueno, entonces, creo que talvez si vaya a la enfermería. Estoy cansado de estar aquí sin hacer nada –y dicho esto se levantó y aportó una postura normal, aunque con mucho esfuerzo, y se dirigió a la puerta
-Harry¿quieres que…
-No, gracias. Yo puedo ir sólo. No necesito que te me estés lanzando encima como si fueras mi madre todo el tiempo. Ya me tienes cansado. Ni siquiera sé porqué se me ocurrió estar contigo desde un principio. Es más, terminamos. No los quiero ver sus inmundas humanidades frente a mi más. Los dos me tienen harto –y antes de que alguien pudiera abrir la boca, detenerlo o hacer nada, la puerta se cerró estruendosamente y los prefectos, bueno, Ron estaba impactado, observando el lugar por el que su amigo había desaparecido y Hermione se había llevado las manos al rostro, pero aún así no logró contener las lágrimas silenciosas que escapaban furtivas de sus ojos
·········
La noticia de que Harry Potter había repudiado a sus amigos se expandió por el colegio como pan caliente. Aunque los Gryffindor ahí presentes apoyaron a sus amigos y guardaron el secreto, lo sucedido fue expuesto de tal forma que para la 4ta clase, hasta los fantasmas lo comentaban y Peeves inventaba nuevos cánticos memorando el suceso.
Aunque Ron se encontraba bastante dolido por la actitud de Harry, tuvo que aguantarse el dolor propio para consolar el de Hermione. Al acabar la clase de DCAO, ambos se dirigieron a la Torre de Gryffindor y se encerraron en la habitación de los chicos de 7mo curso, en donde Ron pasó las 3 horas siguientes consolando a Hermione. La joven estaba muy dolida. Le costaba mucho creer que Harry, su Harry, la hubiera tratado de esa forma. Sus ojos fríos, mirando directamente a los de ella, aún la hacían llorar. Ron, desesperado al ver que sus consuelos no servían de consuelo a la joven, estaba a punto de unirse al concierto cuando alguien empezó a llamar a la puerta frenéticamente
-Ron, soy Ginny. Abre la puerta –la voz de la pelirroja se oía a medias, debido a los sollozos de la castaña
-No creo que sea buen momento ¿sabes? –le gritó
-No seas tonto, si alguien puede calmar a una chica esa es otra chica –se escuchó gritar detrás de la puerta -. Además, por lo que escucho, no has logrado muchos avances
-Bueno¿qué me queda? –pensó el pelirrojo y tomo a la castaña, que estaba apoyada en su pecho para retirarla suavemente -. Herm, ya, vamos, no llores –le dijo mientras le separaba las manos de la cara
-Que fácil que es decirlo¿sabes? Aún no entiendo como es que no lloras –exclamó volviendo sus ojos al joven
-Los hombres no lloran, menos frente a las chicas –respondió este con una suave sonrisa
-Tonto. Mejor apúrate y ve a abrir para que te pueda seguir empapando la camisa (N.a: -.- Eso sonó mal)
-Está bien, tranquilízate. Mira –tomó una de las almohadas que tenía y se la dio -. Puedes ir empapando esto mientras regreso –la chica abrazó la almohada fuertemente y el joven se levantó de la cama con dirección a la puerta
-Ya era hora –la bella pelirroja entró a la habitación y fue directo hacia Hermione, quien dejó la almohada a un lado para poder responder a su abrazo
-Ginny…
-Ya, ya. Está bien. Todo va a salir bien. Si quieres seguir llorando, llora –le dijo la joven maternalmente, mientras la abrazaba
-¡Ey¿No se suponía que venías a ayudarme? –se quejó el pelirrojo, acercándose a ellas
-Ronny¿por qué mejor no te callas? –gruñó la joven –Y cámbiate la camisa. No es momento para tus exhibicionismos –el pelirrojo le lanzó una encrespada mirada y se dirigió a su baúl para buscar una nueva camisa
-¿Y tu sombra? –preguntó con frialdad
-Fue a ver a Harry y no la llames así ¬¬
-Me da igual –respondió sin darle importancia, mientras se desabotonaba la camisa
-No me digan que ustedes también van a pelearse –se escuchó decir entre sollozos, aunque más endebles
-No, Herm¿cómo crees? –Respondió Ginny con una sonrisa –Mi hermano será un idiota, pero es mi hermano y lo aguanto
-Gracias, pecosa, también te quiero –respondió el pelirrojo, ahora sin camisa -, pero no tienes que aguantarme si no quieres ¿sabes? –agregó y empezó a ponerse su camisa cuando…
-¡Alohomora! –la puerta se abrió bruscamente y una rubia altiva y notoriamente molesta entró en la habitación –Harry no está
-¿Qué dices? –preguntó exaltada la pelirroja, mientras los otros dos escuchaban
-El muy infeliz nunca apareció en la enfermería. La Sra. Pomfrey dijo que nunca estuvo ahí y que no lo había visto desde que lo dio de alta ayer –explicó apresuradamente casi dando gritos
-¿Qué Harry no está? –la castaña se había levantado de la cama. Ya no lloraba. Se calzó y camino hacia la puerta
-¿A dónde vas, Granger? –le preguntó la rubia con voz enérgica
-¿A qué más? Voy a buscar a Harry –respondió la prefecta
-No seas tonta. Si lo que todos cuentan es cierto, la persona menos indicada para hablar con él ahora eres tú, secundada por el pelirrojo de ahí atrás –dijo señalando a Ron por detrás de su espalda -. ¿Por qué no nos haces un favor y te pones esa camisa de una vez? -añadió coléricamente
-Mira, blonda, yo tampoco estoy de humor para aguantarte –le respondió el pelirrojo de muy mal carácter, mientras se abotonaba la camisa
-Ya, dejen de pelearse ustedes dos. Nos es momento para eso –intervino la pelirroja -. Lo más importante ahora es encontrar a Harry
-Si estos dos lo hacen los repudiará de nuevo –exclamó sin ninguna cortesía la rubia
-Aunque nos repudie otra vez, iremos a buscarlo –respondió el pelirrojo y se dirigió a la puerta con su amiga -. Vámonos, Hermione
-Sólo conseguirán hacerle más daño. Harry no es de lastimar a sus amigos y, obviamente, le fue doloroso y difícil hacerlo. ¿Por qué quieren ir derechito a hacerle más daño? –el pelirrojo estaba saliendo por la puerta cuando sintió la mano de la castaña tomándolo del brazo con fuerza, para que no avanzara más
-¿Hermione? –preguntó el pelirrojo. La joven permaneció cabeza gacha
-Aunque no quiera admitirlo, no puedo negar que esta vez tienes razón –exclamó la joven -. Talvez no seamos los indicados para llegar a Harry ahora, ya que él sólo piensa en rehusarnos –la castaña tomó aire y dándose la vuelta, encaró a la rubia, que la miraba fijamente -. Tú también eres su amiga¿no es así?
-Por supuesto –contestó la joven -. Eso ni siquiera tienes que preguntármelo
-Entonces, tengo que pedirte un favor…
·········
Una joven corría apresuradamente por los desiertos corredores de Hogwarts, ya era de noche y aún no había hallado pista de "el elegido". Había pasado por todos los pasillos, buscado en todas las aulas. Había ido a la biblioteca, al Gran Comedor, a la Habitación de los Requerimientos, a la Torre de Astronomía, en fin, a todos los lugares a los que podría haber ido el joven. Incluso echó un vistazo en el campo de Quidditch y la cabaña de Hagrid
-¿A dónde diablos se habrá metido? –se preguntaba furiosa la joven -. Ya busqué en todos lados, no puede desaparecer del colegio y no creo que haya sido tan estúpido de ir al bosque prohibido –se decía a sí misma, mientras corría, y entonces, un pensamiento repentino la sacudió-. Podría ser…
·········
El piso estaba lleno de polvo, las cortinas raídas, las ventadas tableadas, de tal modo que no se podía contemplar nada, ni dentro ni fuera. Una puerta abierta, la entrada a una habitación, la penumbra y el silencio completaban el cuadro de la soledad que ahí se encontraba. Una cama vieja, de sábanas sucias y raídas, tanto como el dosel que sobre ella colgaba, escondía entre su cobijo a un joven de tristes y perdidos ojos verdes, los cuales ya no expresaban más que el vació interior del alma de su dueño. El joven reposaba, recostado entre las polvorientas sábanas, observando a la nada. Su rostro era inescrutable, diáfano. Quizá, no, seguramente, esto se daba ya que no expresaba ni la más insignificante emoción
·········
Los cabellos dorados de la joven se ondeaban gradualmente con el viento, ya era casi de noche, el sol estaba a punto de ocultarse e iluminaba con sus últimos rayos las hojas inertes del gran sauce boxeador, viejo, pero fuerte. La joven se acercaba con paso seguro. Pensaba. Recordaba la primera vez que obtuvo conocimiento acerca de su destino. No obstante, algo le indicaba que el sitio al que se dirigía la llevaría hacia el joven que ella buscaba
··················
Flash Back
··················
-La Sra. Norris –exclamó la rubia, con voz entrecortada. En efecto, l vieja gata del conserje estaba a punto de girar la esquina y cuando lo hiciera se encontraría con una muy grande sorpresa
-Entra aquí ¡Rápido! –en medio del pánico, el joven de ojos glaucos divisó una puerta unos pasos a su izquierda. Tomó a su compañera por el hombro y, prácticamente, la empujó adentro y se lanzó él mismo, cerrando la puerta de golpe
-Ese fue un gran error¿no crees? –señaló la joven, intuyendo que el fuerte ruido de la puerta delataría su posición. Ante toda respuesta, el moreno se arrojó sobre la chica, arrinconándola contra un rincón, y cubrió a ambos con la capa invisible. Dentro de un momento, en el que su respiración se volvió más discontinua y el temor les hizo sentir muy cercanamente el latir de sus corazones conjuntos, los pasos del conserje empezaron a hacerse más audibles, hasta que se detuvieron enfrente del salón y las zarpas de la felina que maullaba acusadoramente se clavaron en la puerta
-¿Aquí, querida¿Estás segura? –se escuchó al conserje, mientras los jóvenes, atentos, casi no respiraban ya. Un maullido afirmativo y el chasquido de la puerta abriéndose -. Muy bien pequeñazos, sé que están aquí. No pueden esconderse. A ver, querida, encuéntralos por mí – la Sra. Norris, frente al conserje, inspeccionó con la mirada el salón. Ni Harry ni Luna respiraban, convencidos de que el mínimo sonido podría atraer la atención de la felina. Esta dirigió peligrosamente sus ojos al rincón en el que los chicos se encontraban, manteniendo la vista fija en ellos
-¿Nos habrá visto? –decía para sus adentros una Luna petrificada
-Ya, da la vuelta. ¡Vete! –rogaba el joven, haciendo esfuerzos para no moverse ni respirar -. Suficiente. Ya no lo soporto más –el conserje y la gata dieron un salto repentino cuando el armario del salón se elevó de golpe para luego caer estrepitosamente, desparramando por el suelo todo su contenido (frascos, libros, cajas, esas cosas). Harru, aprovechando la confusión, ya que el conserje se dirigió rápidamente al armario, tomó a Luna del brazo y avanzó con ella lo más cautelosamente posible hasta la puerta. No cruzaron palabra ni se detuvieron hasta llegar al final de la Gran Escalera en el primer piso
-¿Ya está bien? –preguntó la joven, recuperando el aire. El moreno, respirando entrecortadamente, asintió con la cabeza -. Genial –bufó la joven -. Ahora, por favor, devuélveme mi mano para que pueda estrangularte –le susurró la blonda con un dejo que denotaba profundo enojo
-Bueno, al menos –empezó a decir el joven, volviendo a su ritmo cardiaco natural -, al menos no puedes negar que por un momento fue divertido –terminó con una pequeña sonrisa, clavando en ella sus bellos ojos esmeralda (N/a: Típica táctica infalible que pueden usar tanto chicos como chicas para convencer a alguien muy cercano a hacer algo por más que no lo deseen n.-)
-Tonto ¬¬
-Ah? No seas… Ay! – la rubia empujó a Harry fuertemente, provocando que cayera sentado en el suelo – Oye, por si no lo sabias, caer sobre tu pobre humanidad duele
-Es lo menos que te mereces por darme un susto así. Además, alguien que ha enfrentado a la muerte tanto como tú no se va a morir por eso – subrayó la joven mientras se agachaba a darle una mano
-Bueno, no es que no me vaya a morir –le habló mientras se sacudía el polvo de los pantalones
-¿A no¿Entonces? –preguntó la blonda con curiosidad
-Pues… -la joven esperaba expectante la respuesta –pues…
-¿Pues? Dilo de una buena vez
-Bueno… no lo sé UU – respondió el joven con simplicidad
-¿COMO-ES-QUE-NO-SABES?
-Ey, no te enfades –se apresuró a decir el ojiverde con una sonrisa -. Además, se hace tarde y aún no hemos llegado a donde quiero llevarte
-Bueno, pero déjate de rodeos y vámonos de una vez¿te parece? –la rubia tomó la capa que aún yacía abandonada en el suelo y volvió junto al muchacho. Ambos se cubrieron bien por si alguien más se les cruzaba en el camino y avanzaron por los últimos corredores hasta el vestíbulo. Con mucho cuidado, abrieron las puertas de roble, evitando hacer el menor ruido -. No entiendo por qué tengo que hacer todo esto –decía la blonda para sí misma, aunque lo suficientemente audible como para que el joven a su lado la escuchara. De pronto, un repentino y alarmante pensamiento cruzo por su mente -. Harry, dime que no me estás llevando al bosque o-o – ante esto, el muchacho le paso una mano por sobre el hombro, por lo que la joven agachó la mirada antes de que el color llegara a sus mejillas
-No te llevo al bosque –respondió tranquilamente el mago -. Es fuera de los terrenos del castillo pero no te preocupes –agregó rápidamente cuando la joven levantó la cabeza con una mirada aún más alarmada -. Tomaremos un camino secreto para llegar sanos y salvos. Sólo confía en mí¿de acuerdo? –y dicho esto le guiñó un ojo asegurando más su cercanía con su fuerte brazo. La joven se dejó llevar por su amigo y se apoyó en su hombro, aún sonrojada
-Esta bien, Harry –respondió con una voz leve -. Voy a poner mi bienestar en tus manos por esta vez
-Wow –exclamó el joven con gracia -. Veo que te estás ablandando o¿será que por fin me agarraste confianza? –le preguntó con sorna, mientras le pasaba una mano por la cabeza en son de "buena niña" UUU
-Esto me saco por estar fiándome de ti ¬¬"
-Sólo bromeaba. Ya verás que todo saldrá bien
-Pero ay de ti que me defraudes, eh? ¬¬
-No te preocupes -sonrió el joven y con la mano derecha alzada reciró- "Juro solemnemente…
- ¬¬
-Pero déjame terminar .
- u.U
- …que no te defraudaré y cuidaré de ti hasta dejarte sana y salva en la entrada de tu sala común". Listo –y bajada su mano agregó -¿Feliz?
-No puedo esperar más de ti¿no? –arguyó sardónicamente
-Ya! No me psicosees -.- Además, mira, ya llegamos –ambos se detuvieron frente a un gran sauce en medio del jardín
-Eh… Harry, esto es un sauce boxeador –señaló la joven intrigada
-Así es –afirmó el joven -. Y no se te ocurra alzar la voz que nos mata –la joven asintió y permaneció quieta en su lugar (N/a¿eso es posible? O.o) observando como su amigo salia del refugio de invisibilidad para buscar algo entre la maleza -. Aquí esta –el joven sostenía en su mano una larga rama, se acercó cautelosamente al roble, mientras Luna no sabía si estaba loco o planeaba algo
-Ojala no se le haya ocurrido hacerle travesuras al sauce –pensó algo preocupada por el estado mental de su amigo. De pronto, unas ramas empezaron a agitarse y las raíces emitían un frenético sonido. El joven estaba más cerca del sauce cuando una rama se agitó y empezó a cortar el aire en dirección hacia él -¡HARRY! –gritó la joven, mas calló al contemplar que la rama, y en sí todo el sauce, se había detenido justo a unos centímetros de Harry. Este volvió la vista hacia su amiga con una sonrisa y le hizo gestos con la manó para que se acercara -. Espero que tengas una buena explicación para esto –le advirtió echándole una fiera mirada
-Bueno, no es muy difícil de explicar, sólo que no tenemos mucho tiempo, así que después de ti –le señaló con el brazo un agujero que se encontraba entre la raíces del sauce
-¿Quieres que entre ahí? –preguntó la joven sin darle mucho crédito a lo dicho
-Sí, y más vale que se pronto –agregó al escuchar el crujir de una ramas
-Pero…
-Vamos –Harry tomó a Luna por la cintura y se lanzó con ella al interior del agujero, justo a tiempo para no ser alcanzado por la rama que había recuperado su movilidad
-Arrg! Barro .
-Bueno, olvidé decirte que en estas épocas anda húmedo UU
-Si, qué gracioso –exclamó con un tono ligeramente (mentira -.-) sarcástico. No fue hasta que intentó levantarse que se dio cuenta de la posición en que estaban -. Eh… Harry, quítateme de encima /
-Ay! Lo siento, es que al momento de saltar…
-Sólo quítate ¿quieres? –la chica se levantó apenas sintió su cuerpo libre de peso y le dio la espalda al joven, aparentando arreglar sus ropas. Luego, echó una mirada al lugar. Era una especie de cueva subterránea, había unas escaleras al frente y todo ese camino estaba oscuro. Por las paredes el musgo se había expandido gradualmente y la humedad fría le daba el toque final a ese agujero de trolls, exceptuando claro de que nada parecía haber sido golpeado con un mazo
-Bueno, si ya observaste bastante, vamos a seguir con el tour más abajo –Harry sacó su varita y avanzó por el túnel -¡Lumus! –las escaleras de piedra se hicieron más visibles. Bajó esos peldaños y continuó avanzando por un camino igual de lodoso que el primero –Vamos, Luna –la joven sacó sujeto con fuerza su varita e imitó al joven
-¡Lumus! –la punta de su varita se encendió y empezó a seguir al joven, que se le había adelantado un buen tramo –Harry, espérame –le llamó mientras apresuraba el paso
-Está bien, aquí estoy –el joven la tomo de mano y siguió avanzando -. Debes tener cuidado, el pasillo se hace más angosto cada que avanzamos. Lo siento por tu capa, pero puede que tengas que avanzar en cuatro
-Cualquiera avisa¿no? –le dijo algo molesta la blonda
-Bueno, sólo no te alejes de mí. Vamos a estar aquí un buen rato…
···························
Fin del Flash Back
···························
La joven avanzaba por el corredor con mucha prisa. Tenía firmemente sujetada su varita, que iluminaba su camino. Poco le importo el hecho de que una de sus capas favoritas fuera desgarrada por algunas raíces sobresalientes. Se inclinó para poder avanzar con más facilidad
-Estoy segura que debe estar aquí. No hay otro lugar a donde pudo haberse refugiado –pensaba la joven, mientras avanzaba con más velocidad, tomando movimientos felinos a medida que el techo se le venía encima. Dentro de un rato vio luz del final del corredor. Aceleró el pasó y levantando aquella tapa de madera entró en la vieja y polvorienta residencia. Se apoyó en sus brazos para salir de un solo salto y, sin importarle en lo más mínimo el aspecto de la casa, se dirigió a inspeccionar, primero, en el despacho y, luego, en la sala…
··················
Flash Back
··················
-¿Aquí me querías traer? –la joven miraba sin mucho asombro la vieja y abatida casa
-Pues sí –contestó sin más el joven, encendiendo con su varita unas cuantas velas (N/a: no se preocupen que no es una velada romántica n.nU)
-¿Y que hay de especial aquí que me traías con tanta urgencia?
-¿No era lo que te esperabas? –preguntó graciosamente el joven
-Pues, hablando sinceramente, no
-Bueno, entonces, déjeme explicarle porqué la he traído hasta aquí, señorita –Harry tomó de la mano a Luna y subió con ella escaleras arriba
-Me siento rara cuando me hablas así¿sabes?
-Si tanto te molesta…
-No, no es eso. Sólo no estoy acostumbrada. Me siento más familiarizada con "Lunática" que con "señorita" –el joven rió ante esta pequeña confesión de la joven
-Bueno, Lunática, te traje porque quería que vieras un lugar en particular de aquí
-¿Así¿Y cuál es? –preguntó la joven intrigada
-Pues… aquí –el joven se detuvo frente a una vieja y gastada puerta. La empujó con suavidad y esta se abrió dejando paso a los jóvenes. El cuarto era igual de viejo y sucio que la casa. Más bien era una habitación, en donde se encontraban un tocador muy viejo, con un espejo roto, un armario y una cómoda muy antiguos y, pegada a la pared, con un raído y empolvoreado dosel, estaba…
-¿Una cama? –se preguntó extrañada la joven
-Después de ti –la instó a entrar el joven con una sonrisa. La joven, aún algo insegura y sorprendida, entró cautelosamente en la habitación, con el chico tras ella. Luna se detuvo unos centímetros antes de llegar a la cama, mientras que el joven se dirigió directo a esta y tomó asiento, levantando algo de polvo de las deterioradas sábanas. El joven palmo un lugar a su costado para que ella fuese a sentarse. Luna no sabía si ir o no. Dio un paso, perpleja
-Es Harry, nada malo debe traer entre manos –y pensando esto, se acercó a la cama y tomó asiento junto al muchacho. Este le palmeo la cabeza como antes lo había hecho, por ser obediente
-Bueno, como sé que te mueres de ganas de saber porque te traje, te lo diré –empezó el joven -. Una vez me dijiste que no te tenía mucha confianza. Me dijiste que no podríamos ser amigos de verdad si lo único que me hacías sentir era lástima, aunque fuese algo que te identificara conmigo. Entonces, decidí traerte aquí para darte una prueba de que te considero una gran amiga y que eres muy importante para mí –el joven le pasó el brazo por sobre el hombro y la inclinó suavemente hasta su pecho
-Ok –pensó la joven-. Queda claro que esto es extraño –concluyó al sentir el peso de la cabeza del joven apoyada sobre la suya
-Aunque te parezca raro, como me lo supongo por tu cara –comentó el joven -, este lugar tiene un extraño y, a la vez, especial significado para mí. Lo digo porque aquí, justo en esta habitación, me enteré de muchas verdades y cabe decir que parte de mi inocencia se quedo en estas paredes porque nada volvió a ser igual desde que salí de aquí aquella noche –contaba el joven nostálgico
-Ah! Era eso –se decía a si misma la joven (N/a: Tengo curiosidad por saber que habrán pensado uds. Conozco ciertas personitas que habrán pensado una que otra cosa fuera del contexto n.-)
-En fin, sólo quería que lo vieras. A veces vengo cuando quiero estar sólo un buen rato, sin que nadie me moleste, porque creo que la gran mayoría de mis amigos saben que me gusta la Torre de Astronomía -comentó con una leve sonrisa
-Pues, muy bien pensado. Nadie vendría a verte aquí –comentó la joven, corroborando lo dicho por el moreno
-Aunque me molesta algo
-¿Qué cosa? –preguntó ella con curiosidad
-Pues, siempre que vengo me pongo a pensar que talvez sí debí dejar que Sirius y Remus eliminarán a una rata –explicó el joven con un torno burlesco y serio a la vez (N/a: Si existe eso. A veces yo hablo así, como bromeando pero muy seriamente oO)
-Pero aún así te gusta venir aquí¿no es así? –esta vez el sonido de su voz se hizo más dócil, más compasible
-Claro, por más que me recuerde cosas que me hagan sentir culpa –respondió el joven, introvertido. La joven lo tomó de la mano instintivamente, siendo correspondida por el joven
-No entiendo –susurró la joven
-¿Qué cosa? –preguntó el joven entre murmuros
-Creo que nunca voy a poder entender porqué exactamente tú –explicó la joven. Hubo un amplio silencio
-Tampoco estoy seguro –respondió el joven. La joven pensó en acoplarse más con él, poder confortarlo, pero este prosiguió -. Talvez no sea el momento, pero pronto te contaré muchas cosas que no deben salir de aquí para nadie más¿de acuerdo? –le aclaró con voz más vivaz mientras acariciaba con un dedo sus labios
-Así esta mejor –se aventuró a decir la rubia -. Si se supone que soy tu amiga, espero me tengas algo de confianza
-Claro que sí, después de todo somos en parte parecidos –comentó el joven mientras volvia a acariciar su cabeza
-Sí, pero no me trates como a una pequeña o tendré que castigarte, Potter –el joven, con los ojos algo abiertos, empezó a reír y, de pronto, la rubia tampoco puedo evitar imitarlo. Ambos cayeron recostados en la polvorienta cama, uno al lado del otro, sin poder evitar esa incontenible pero, intrínsecamente, nonada risa…
···························
Fin del Flash Back
···························
La joven subió las escaleras. Si no estaba abajo, el único lugar a donde iría arriba era…
·········
El joven podía escuchar aquellos sonidos recostado como estaba en la añeja cama. Aunque, por un momento, se sintió amenazado, invadido, poco a poco el dolor que sentía le hizo no tomarle importancia. Se sentó en la cama. Oía el crujir de las tablas, los escalones le advertían la pronta llegada de un invasor
·········
-Ah! Aquí estás –la rubia había abierto la puerta de un gran golpe -. Ni siquiera te dignas a saludarme¿verdad? –no recibió respuesta –Vaya, que ingrato resultó ser el "elegido" –comentó tratando de acometerlo, pero como el joven so mostró indiferente agregó -. No tienes idea de cómo estás preocupando a todos –no hubo respuesta. Luna, ya histérica, se acercó con paso decidido al joven y bramó -. ¿Y qué fue eso que le hiciste a Hermione? Por mucho que no me agrade nunca creí que serías capaz de tratarla de esa forma –no supo porqué pero, sin darse cuenta, sus pasos la habían llevado a situarse de espaldas al joven, como… -'Como si no pudiera verlo a la cara' –pensó la joven. Desvió esos pensamientos con un movimiento de su cabeza y continuó -. ¿Qué está pasando contigo, Potter¿Se murió alguien más que tú querías y decides hacerte el machito¿Acaso crees que lastimando a los únicos que te quieren y están tan locos como para seguirte en las buenas y en las malas vas a conseguir algo, por lo menos, bueno¿Cuándo te dejarás de estás niñerías, Harry¡Entiéndelo de una buena vez! –gritaba la chica exaltada –Remus, Sirius, tus padres –el joven se estremeció al oír estos nombres -. Ellos ya están muertos y bien muertos, Harry. Bajo tierra¿me entiendes?. Y, por más que tú quieras, por más injusto que te sea, nada de lo que hagas los traerá de vuelta. Nada. Ni destruir a Voldemort, ni retar mil veces a la muerte, ni ningún poder que puedas algún día poseer. Nada. Entonces, Harry, dime por qué te empeñas en destruir el amor de las pocas personas que te aman y creen plenamente en ti. ¿Qué ganas con lastimarlos¿Con quedarte sólo? Dímelo, por favor, porque te juro que yo no lo entiendo –aunque un tanto perturbado el ojiverde permaneció quieto y callado -. Eres un estúpido, Potter¿lo sabías? –estalló la joven -. Eres sólo un estúpido, petulante y ególatra krunpifull (N/a: Dios sabrá que diablos es eso o.o), y, para colmo, eres un cobarde. No puedo creer que toda la maldita comunidad mágica esté tan desesperada para creer que un debilucho como tú es el "Elegido", el que vino a salvarnos de su real majestad maligna "Don Voldy". ¡Ay¡Disculpa! –exclamó con tono sardónico –"El-que-no-debe-ser-nombrado". Se me olvidó que podría hacerte saltar el nombre de aquel poderoso que acabó con tu dizque familia –un estremecimiento le indicó que continuara-. Y aún así tienes el descaro de ponerte triste. Tú que no haces nada, perdiendo el tiempo lamentándote y compadeciéndote. Tú, que te sientes tan desdichado, ni siquiera has sufrido la mitad de lo que lamentas. Hay personas que lo han perdido todo. Familia, amigos, sus casas, su identidad, el amor, la alegría, la esperanza, la libertad, e incluso la vida en esta batalla, y esto último lo sabes muy bien porque lo has sentido a través de los que han luchado contigo y perecido sólo y únicamente para brindarte un día más, otro amanecer, confiando y creyendo enteramente que tú eres el único, el que podrás realizar su anhelo de acabar con él, con Voldemort, que nada importa más que tú llegues a cumplir esa meta, TU meta –Luna, ronca de tanto gritar, sujetó su garganta con sus manos y agregó con un marcado tono de desprecio e irónica piedad - ¿Sabes, Potter? Me das lástima. Pero, aún puedes hacer algo¿sabes? Haznos un maldito favor a todos y púdrete aquí mismo y no vuelvas a salir jamás. Quédate aquí, sólo, en este hueco de ratas, como la que soltaste, porque, créeme, alguien como tú ni siquiera se merece que lo compadezcan –el silencio que precedió estas palabras prometía ser eterno. La joven no se movía, incluso parecía que ni respiraba, siempre atenta a cualquier reacción que pueda denotarse en el joven. Este, muerto en vida, permanecía inerte, con la mirada ida en algún punto desconocido del sucio suelo de la habitación. Ella no iba a estar ahí parada por siempre. Ella sabía muy bien que no estaría dispuesto a ello ni porque se tratara de Potter. También sabía muy bien que, conociendo lo rápido que se encendía, lo único que podía hacer para tentarlo era seguir "aguijoneándolo" con el mismo fondo de antes - ¡Ah¡Se me olvidó¡Qué descuido¿Cómo no mencionar a la pobre desdichada de tu madre? La muy tonta que se sacrificó hasta la muerte por ti. Perder la vida de forma tan horrible, sacrificarse por otro pobre diablo. ¡Vaya¿No es gracioso? Al parecer esas bajezas vienen de famil…
-¡Ya¡Cierra la boca! –se escuchó en un susurro. Ese fue el pie que dio paso a otra acometida
-No, no pienso callarme, Potter –bramó nuevamente la rubia -. Ya es hora de que alguien te saque en cara todas las tonterías que…
-¡Cállate! –Harry estaba rojo de furia, y mientras luchaba por controlarse, presionó sus puños con tanto ímpetu que de sus manos brotaban finos hilos carmesí (N/a¿Quién no se ha hecho eso? Mucha gente levanta la mano ¬¬ Yo me lo hice una vez, pero fue sin querer. ¿Quién hubiera pensando que las uñas pueden desgarrar la piel? OO) –Vete de aquí, Luna. ¡Déjame tranquilo! –clamó el joven
-No, no me iré –aseveró mientras se le acercaba decididamente -. ¿Qué te está pasando¿Qué diablos tienes en la cabeza¿Cómo puedes ser tan imbécil?
-¡CALLATE¿QUIEN ERES PARA VENIR A DECIRME ESAS COSAS¿QUIEN TE CREES QUE ERES PARA JUZGARME? –gritó con toda su alma. Las lágrimas se escapaban de sus ojos. Nuevamente, hizo presencia un terrible y aparentemente interminable silencio, hasta que el joven de los cabellos azabache murmuró -. Ni siquiera sabes como me siento…
-¿Ah, sí? –inquirió la joven escépticamente -. Entonces dime como te sientes, Harry. ¡Vamos! Me muero de la curiosidad
-¡Perdí a Remus¿Qué acaso no te has dado cuenta? Ya no tengo a nadie. Mis padres, Sirius, Remus… Lo único que tengo es una maldita reputación de adolescente suicida que va a morirse para que otros que ni han sufrido la mitad de los que murieron puedan salir luego a decir que todo ya pasó y que lo anterior ya no importa –declaró el joven con sumo resentimiento
-¿Y? –tentó la rubia
-¿Y qué? –respondió el joven con brusquedad
-¿Qué hay de los que quieres?
-¿Cómo que qué hay con los que quiero?
-Pues –la joven se sentó en la cama de lado, mirando la espalda del joven –no me vas a decir que sólo estas peleando para que todos sean felices¿o si?
-¿A qué te refieres? –inquirió el joven molesto
-Pues que yo pensé que había más de por medio –respondió la joven
-No me vengas con rodeos, Luna – exhortó indicó el joven -. Mientras más rápido terminemos, más pronto te podrás largar de aquí –la joven, haciendo caso omiso a esas palabras, prosiguió
-Me refiero, Potter, a que supuse que luchabas para proteger a aquellos a los que acababas de despreciar, aparte del que acaba de morir, claro, y también a tus conocidos –explicó la joven. El silencio del joven le hizo saber que había lanzado bien aquel dardo -. Ya decía yo que no podías dejarlos fuera del asunto
-Ellos ya no son mis amigos, nosotros no somos más nada –respondió el joven con una nota de sufrimiento
-Eso porque tú lo quisiste -alegó la joven -. Fuiste tú quien los hizo a un lado esta mañana. No vengas a hacerte una víctima
-¿Y qué si lo hago? –respondió colérico el joven – Soy huérfano desde niño, estoy solo, todo un imperio maligno me quiere matar, he sido apuñalado y traicionado innumerables veces, tengo la muerte asechándome en todo momento. ¿Por qué no podría ser yo una víctima? –hubo un leve momento de silencio –Por eso es que ni tú ni nadie, excepto Sirius, Remus y mis padres, podrán comprenderme
-Pero, tus amigos…
-Ahora, abre bien esos oídos de entrometida que tienes y óyeme bien. No pienso dejarlos a un lado. Ellos son algo aparte. Voy a luchar, porque no tengo otro destino que seguir. Ya no tengo nada, ni tampoco a ellos. Lo único que me queda es luchar y eso es todo
-Ahora eres tú el que me viene con rodeos, Potter –la joven le puso la mano sobre le hombro pero le, de un movimiento brusco, se separó de ella
-Hablas por que no sabes. Yo perdí todo. Desde que era niño no tuve nada. Perdí a mis padres a mi primer año, perdí a mi padrino luego de 14 años, perdí a Remus hace unos meses, perdí a mis amigos hoy. ¿Qué más puedo decir? Soy la persona más afortunada del mundo
-No me trates como si no supiera de lo que hablas –la joven agachó la mirada mientras el joven erguía la suya con una sonrisa irónicamente aplacada
-Dime, Luna¿has perdido ha alguien recientemente? –la joven no contesto -¿Has perdido a tus amigos? –continuó el joven -¿Algún mago loco todopoderoso te quiere echar mano al cuello? –nada, simple silencio -. Ellos murieron. Nunca más voy a volver a verlos. Tú no tienes idea de cómo se siente eso –susurró el joven con resentimiento
-Pues fueron muy imbéciles si decidieron morir por alguien como tú –respondió raudamente la joven, con suma serenidad
-¡CALLATE! –volvió a gritar -¡TU NUNCA SENTIRAS COMO ME SIENTO¡NUNCA SENTIRAS LO QUE ES PERDERLOS¡NUNCA…
-¡YO PERDÍ A MI MADRE! –el gritó de la joven fue tan fuerte, tan penetrante, que consiguió aplacar los gritos del muchacho. Este se cayó inmediatamente. Los sonidos provenientes del caer de las densas gotas retumbaron en el cuarto. Sollozos acompañados de recuerdos. Y ella prosiguió –. Nueve años, Harry. ¿Me dices qué nunca he sufrido? Por Merlín, yo estaba con ella. La deje por un momento, tan sólo por un momento. ¿Cómo crees que me sentí cuando entre a su laboratorio¿Cómo crees que me sentí cuando mi padre me cargó y cubrió mis ojos¿Cómo crees que me sentí cuando supe que no iba a volver? –los sollozos se hacían más intensos, más lastimeros -. Tú eres huérfano, pero eso no es lo que en verdad te duele. Por más que sean tus padres, no puedes sentir ese dolor. Nunca supiste lo que era pasar un día juntos, celebrar una fiesta por tu cumpleaños, esconderte en su cama cuando tenias miedo en las noches, las canciones de tu madre, las palmadas de aliento de tu padre, verlos pasar la noche en vela cuando estás enfermo, con rostros preocupados cuando estás triste, abrazándote y sonriéndote cuando logras alcanzar tus pequeñas metas o, como bien pudo ser tu caso, llevarte a comer helados después de comprarte la escoba que tanto querías por tu cumpleaños –la joven soltó una tenues carcajadas, aunque carentes de gozo -. No acepté su muerte en mucho tiempo. Insistía en que había ido de viaje, siempre que me lo recordaban. Lloraba noches enteras. Deje de comer, de jugar, de sonreír. Aún ahora la extraño terriblemente, me hace tanta falta. Cuando niña fui fuerte por mi padre, que no podía vivir viéndome morir lentamente en mi angustia. Cuando entré a Hogwarts, tenía siempre sus revistas conmigo, para no sentirme sola. No podía hacer amigos. Yo no era, exactamente, alguien que encajara entre los alumnos. Por eso, cuando volví a sentirme sola, me acordaba de ella, de que siempre me juraba estar a mi lado, y que de alguna manera aún lo estaba, como lo prometía. Empecé a comprender que ya no debía ser fuerte únicamente por mi padre, sino que yo también, íntimamente, quería ser fuerte. Me di cuenta que no podía opacarme por esto, que ella no lo deseaba así. Por más que me hacía tanta falta, crecí creyendo que algún día nos reuniríamos nuevamente. Creí que, mientras tanto, debía ser fuerte y tratar en lo más posible de ser feliz. A ella nunca le hubiera gustado que viviera triste, menos por su culpa. Yo la amo mucho, y esta vida que tengo es la vida que ella más amaba, por eso decidí luchar y seguir adelante. Por ella y, también por mí, porque la necesitaba -el joven se mostraba absorto, callado, meditaba las palabras de la joven. Finalmente, un suspiro de su corazón, una zozobra del alma, se expresó simplemente en dos palabras
-Lo siento… -la joven levantó la mirada antes decaída. Dudando, tomó una mano del joven y este no retrocedió. Fue entonces que se acercó a él, se sentó a su espalda, apoyando la suya contra su cuerpo, si soltar esa mano
-No voy a regañarte por eso, Harry –la joven recostó su cabeza suavemente hacía su hombro. Esta vez el joven le tomó la mano
-Tenías razón –murmuró -. Soy un completo imbécil –una media sonrisa iluminó su rostro mientras un Nilo de perlas brotaba por sus ojos
-Bueno, te aceptaré aunque seas un imbécil. De otra forma no podría llamarme tu amiga
-Pero tú y yo no podemos ser amigos –contestó el joven
-Ey, cuando mamá murió, yo hice los mismo –argumentó la joven
-Pero si permaneces a mi lado lo más probable es que…
-Bla bla bla –lo atajó la rubia -. Si quieres hacer algo realmente bueno por tus amigos, mi inocente Harry, sólo preocúpate en ser feliz y no nos tires por la borda; o¿acaso creías que no sabíamos en que nos metíamos siendo tus amigos? –Harry no dijo nada, así que la joven continuó -. Mira, nosotros estamos contigo, somos tus amigos. Al diablo con Voldemort y su circo de monos enmascarados. Nosotros vamos a apoyarte en todo momento, incluso si es necesario pelearemos a tu lado
-Eso es lo que no quiero –alegó el muchacho -. Si se involucran en una batalla pueden salir lastimados o podrían morir y yo –el joven titubeó, sujetó la mano de la joven con más ímpetu y declaró -yo jamás podría perdonarme que eso les pasara
-Pues, déjame hacerte conocedor de un hecho para nada insólito y bastante obvio. Creo que no te has hecho aún la idea de que nosotros, los grandiosos y amados amigos a los que tanto quieres proteger, tampoco nos perdonaríamos si algo llegará a pasarte a ti, don Héroe –las pupilas esmeraldas del joven brillaron y unas dulces lágrimas salieron de sus ojos
-Siento tanto todo lo que te dije, todo lo que les dije –empezó a expresar el joven -. Nunca quise… pero es que no encontré otro modo
-Ya, ya –lo calmó la joven -. Ya pasó, Harry - la joven se giró y abrazó fuertemente al muchacho. Este sujeto los brazos firmes de la joven y giró su cabeza, encontrando sus bellos ojos azulinos (N/a: No estaba segura si ese era el color, pero el los dibujos ella siempre sale con ojos celestes oO). Notó los rastros de las lágrimas en ellos y acercó cuidadosamente su mano para borrarlos de su tierno rostro de inocente niñez. Ella se dejó deslumbrar por le brillo de aquellas esmeraldas, acercando su mano para acallar el frágil lamento que despedían. Se abrazaron por un largo rato, tal como la primera vez que compartieron un momento en la estancia juntos
-¿Sabes algo? –preguntó de improviso la joven
-Claro, sé muchas cosas –respondió el joven, ya más radiante
-No, tonto, en serio –dijo la joven mientras lo empujaba sobre la cama
-Bueno, dime –el Harry que conocemos sonrió abiertamente y se pasó las manos por detrás de la cabeza
-Pues, creo que hay ciertas personitas esperando a que vayas a ponerte de rodillas y rogarles que regresen a ser tus amigos en una torre por allá en el castillo –terminó la joven con una sonrisita
-Si, tienes razón –la mirada del joven se torno un tanto triste -. ¿Crees que quieran perdonarme? –preguntó temeroso
-Pues, normalmente, te mandarían al diablo, te ignorarían y jamás volverían a dirigirte la palabra –el joven se volvió cabizbajo nuevamente -, pero, dado que son tus amigos, supongo que pasarán la página –Harry levantó la vista con los ojos algo más abiertos que antes -. No obstante, la primera salida a Hogsmeade tú nos vas a llevar a mi, a Ginny y a tu por el momento ex-novia a comprar muchas cosas y luego a tomar algo realmente bueno en las tres escobas –sentenció la joven
-¡Ey! Te olvidaste de Ron –reveló Harry, con una sonrisa pícara
-¡Ah! Sí. Supongo que a Ronald le bastará con algo de Zonko –agregó como sin darle mucha importancia
-Bueno, entonces, lo mejor será que nos vayamos –Harry se levantó de un salto de la cama y se dirigió a la puerta. Acto seguido, la abrió y señaló a Luna la salida de una forma muy galante -. Después de la señorita
-Muy bien –Luna se levantó y sacudió un tato el polvo de su falda y se dirigió a la puerta
-Bueno, vámonos. Con suerte te muestro mi regalo de cumpleaños –comentó alegre el joven mientras bajaban las escaleras
-¿Así? Pero tu cumpleaños ya pasó –arguyó la joven -. ¿Quién te lo regaló?
-Remus –respondió este con total naturalidad
-¡Vaya¿Y qué fue? –preguntó con curiosidad
-Tienes que verlo. Es un pendiente increíble –comentó emocionado -. Además, tiene unas plumas de fénix con las iniciales de mis padres y sus amigos escritas en dorado
-¿Plumas de fénix? –preguntó la joven
-Si –respondió este -. ¿Por qué me lo preguntas?
-Pues… Bueno, talvez ando un poco loca (xDD) pero cuando mamá murió yo me obsesioné con buscar algún fénix que me pudiera dar la pluma de su cola
-¿Y qué tiene que ver eso con tu madre? –preguntó este extrañado
-Cuando niña, padre me contó una leyenda que decía que los fénix tienen la habilidad de dejar una huella de su paso en el tiempo y que son capaces de abrir puertas a otras épocas, pero sólo aquellas en las que han vivido
-¿No es broma cierto? –preguntó el joven algo escéptico, aunque acostumbrado a las locuras de su amiga
-No, hasta dicen que hay un ritual para crear la entrada, pero desistí con ello hace tiempo. Asumí que sólo era una leyenda y no mencioné nada a padre para no preocuparlo
-Mmmm, ya veo. Pero, de todas, suena muy interesante –asintió Harry
-En fin, ya es bastante tarde, si no nos damos prisa, se irán a dormir –comentó, ojeando su reloj y entrando al túnel
-Entonces, veamos quién llega mas rápido –Harry entró al túnel de un salto y pasó al lado de Luna para adentrarse primero en el angosto pasillo
-¡Oye! No es justo, no estaba preparada –objetó la joven
-Lástima –vociferó el joven desde el túnel
-Ya verás cuando salgamos a campo abierto –amenazó la joven y se lanzó detrás del joven también
·········
Bueno, se terminó este cap (Lectores: Amén!). Ok, ha pasado más de medio año UU pero ya les traje el capítulo (que está bastante grandecito, por cierto UU). Sólo espero que lo disfruten y que no me manden críticas crueles -.-
En fin, pasemos a lo reviews n.n
-Nifhleim-Black: Ya sé que el anterior cap estuvo algo feeling (TOT), pero sip, como dice, lo bueno se hace esperar. Sobre los errores, ya corregido, eran una cosa del Yo ser inocente n.-
-Miss Diggory Krum: Harry está medio loco en el cap 3. En este too pero ya se le pasó. No te preocupes. Ah! Yo tmb soy cursi! o ¿No ser hermoso el amor? (HLF: Tonca ¬¬) UUU Por cierto, ojala con este cap te des una idea (porque está bien claro) del porqué del que el regalo sea justamente así Mi tener todo planeado ñ-n Y no te olvides del fic. Como estuve muerta todo este tiempo, recién me estoy poniendo al día. Voy en el cap 32 pro juró que te dejo review apenas termine todo, okis? n.-
-Tariney: o Gracias! Y sorry por matarte a Lupin UUU Es que tenpia ue ser así -.- Sobre Harry y Herm, pues… sólo te digo que serán felices, pero juntos o no, no sé o.o Ah! Ya te dejé tu review. Actualiza pronto, porke ahora soy yo kien te va a molestar xDD
-Herm: VOLVISTE A SER MI MAMI! O Bueno, gracias por el micro review (me dedicó 10 segundo de su tiempo. Debe estar enferma o.o) Bueno, ya lo continué n.n Ojalá que te guste el cap xDDD
-Lovelydeadgirl: Faith! o Bueno, don't worry. I'll do something good whit him o.o Just wait n.n Gracias por el review y aquí tienes el cap. Disfrútalo
Bueno, esos son todos Ojala hayan más la próxima. Ahora me despido, pero "juro solemnemente que tendré el cap listo para el estreno de HP4 Nos vemos. Un besote a todos, bueno, todas mis bellas, hermosas y encantadoras lectoras. Besotes. Las quiero. Kajime
